El panorama en la clase de segundo curso era bastante distinto al habitual esa semana. Ayano evitaba encontrar a Kyoko con la mirada y le costaba mantener la concentración mientras atendía a las explicaciones de la profesora. Chitose, que acababa de ocupar su sitio después de aquel encuentro con Chinatsu en el pasillo, miraba de vez en cuando a la chica rubia sin comprender aún lo que podía rondar por su cabeza. ''Toshino-san... ¿de verdad estás saliendo con Yoshikawa-san?'', pensaba para sí misma la chica de las gafas.

—Bien, hagamos estos dos ejercicios en la pizarra —anunció la profesora—. Sugiura, Toshino, salid a resolverlos, por favor.

Ambas alumnas cruzaron sus miradas por primera vez en todo el día. Tener que resolver un ejercicio sabiendo que Kyoko estaba a escasos centímetros era lo que menos deseaba Ayano en ese momento. Ya era suficiente incómodo verla todos los días en clase y apenas hablar con ella. Kyoko se levantó la primera y se dirigió a la pizarra, esperando a que Ayano la siguiera.

—Sugiura —la llamó la profesora.

—¡Ah! Sí, voy —contestó ésta, levantándose rápidamente.

En cuanto Ayano se colocó al lado de la chica rubia, empezaron a resolver los ejercicios. Kyoko parecía muy concentrada, escribiendo de forma mecánica en la gran pizarra casi sin detenerse a pensar. La chica de la coleta, por su parte, estaba más atenta a los movimientos de Kyoko que a los suyos propios, con lo que le era difícil seguir su ritmo.

—Oye, Ayano —dijo repentinamente Kyoko, mirando de reojo a su compañera.

—D-dime —contestó la nombrada, fingiendo normalidad.

—Sé que no es el mejor momento, pero no se me ocurre otra manera de hablar contigo sin que me evites.

—¿Q-qué quieres?

—Lo he estado pensando y creo que deberíamos olvidar lo que ha pasado estos días, no quiero dejar de ser tu amiga.

''¿Toshino Kyoko me quiere? ¡Y un cuerno!'', pensó Ayano. ''¡Si me quisiera no me estaría proponiendo ser solo amigas! Chitose y Funami-san tienen que estar equivocadas, Toshino Kyoko está enamorada de Yoshikawa-san''. Se detuvo entonces en su escritura para mirar directamente a la chica rubia con indignación.

—¡¿Eso es lo que quieres?!

—Lo que no quiero es alejarme de ti...

—¡Pues deja de hacer esto!

—¡Sugiura! —intervino la profesora—. ¿Se puede saber a qué vienen esos gritos?

Ayano se sintió frustrada al tener que dejar a medias una conversación que, sin duda, no dejaba de enfurecerla. Pero prefirió disculparse y continuar escribiendo para no alarmar a las demás estudiantes. Las dos volvieron a sus asientos al terminar de resolver los ejercicios sin dirigirse la palabra, detalle que Ayano agradecía al sentir unas irreparables ganas de golpear algo.

...

Mientras tanto, las agentes Yui y Chitose despertaban en el apartamento dado por el DD después de una noche algo ajetreada, investigando las posibles vías de actuación para resolver la que estaba siendo la misión más confusa desde que empezaron a trabajar para el departamento.

—¿Qué hora es? —dijo Yui, levantándose de la cama—. Ayano ya debe estar en clase.

Chitose, en la cama contigua, también se levantó y se dirigió al salón a desayunar.

—¿Café? —preguntó, antes de salir.

—Sí, gracias —contestó Yui.

Yui tenía a los pies de su cama las tres posibilidades que habían estado desarrollando esa madrugada. Una primera solución que tenían pensada era que Ayano volviera a declararse y, esta vez, Kyoko aceptara sus sentimientos. Sencillo y contundente, la conexión se mantendría casi intacta a la que recordaban. La segunda opción era algo más arriesgada. Las agentes tendrían que mostrarse ante la chica rubia y contarle la verdad acerca de su objetivo, algo que querían evitar a toda costa. Esto era porque, entre el equipamiento que llevaban las agentes, se encontraban las dos valiosas cápsulas que se permitían llevar por ley del Departamento de Dimensiones a cada misión. Su valor era muy elevado debido a su escasa y compleja producción y, por lo tanto, solo llevaban una cápsula de cada tipo. Una de ellas, la llamada cápsula de amnesia, sería la que les permitiría borrar los recuerdos de la Ayano adolescente una vez completado con éxito su objetivo, de ahí la razón por la que no debían crear más testigos en su visita a la dimensión 21A. La última de las posibilidades que habían estado meditando era la más drástica y, además, tampoco garantizaba que la conexión que querían mantener permaneciera sin cambios. Si el problema que había en Kyoko no se solucionaba, habían acordado pedir un permiso especial al DD para trasladarse a una dimensión anterior y evitar que Ayano y Kyoko se llegaran a conocer. La feliz vida que las dos chicas llevaban juntas en el futuro quedaría en nada, un sueño que nunca ocurrió y unos recuerdos que nunca se grabaron en sus memorias. Yui, como mejor amiga de la chica rubia, no sabía si sería capaz de llegar a tal extremo con tal de cumplir su objetivo, pero había algo de lo que sí estaba segura: que moriría en el intento con tal de no llegar a esa tercera opción.

—Supongo que tendremos que esperar hasta que Ayano-chan salga de clase —dijo Chitose al ver a Yui entrar al salón para sentarse a desayunar.

—Eso parece —contestó.

—¿Todo bien, Funami-san? —Chitose había notado la falta de ánimo en el rostro de su compañera.

—Es solo que... ¿Estarías dispuesta a separar a Ayano de Kyoko para siempre con tal de cumplir esta misión?

—Claro que no —dijo la albina con una sonrisa—. Por eso vamos a resolver esto sin tener que recurrir a ello. Sé perfectamente cómo son los sentimientos de Ayano-chan por Toshino-san, y no podría soportar ver cómo le arrebatan a la persona que más quiere sin siquiera dejarle recuerdos de su existencia...

Oír esas palabras le devolvió parcialmente la sonrisa a Yui, quien parecía ya estar algo menos preocupada. Las dos agentes siguieron desayunando con tranquilidad esperando la hora en la que Ayano tendría que salir de clase, que al no trabajar ya en el consejo estudiantil, podría salir del centro educativo incluso antes, comparado con su rutina anterior.

...

Llegaba el breve descanso para la comida de media mañana en la escuela Nanamori. Ayano procuraba no estar pendiente de Kyoko, pero le era imposible apartar la vista de ella cuando ésta se veía realmente inquieta o, al menos, más de lo normal. Chitose se levantó y rápidamente se trasladó hacia donde se sentaba Ayano.

—A-Ayano-chan... —comenzó la chica de las gafas.

—¿Hm? ¿Qué ocurre, Chitose?

—Hace unos días... cuando me dijiste que creías que Toshino-san y Yoshikawa-san podían estar saliendo juntas... ¿Es que acaso viste algo que te lo confirmó?

—Hm... La verdad es que no... pero siento que están ocultando algo —decía Ayano con semblante triste—. ¿Por qué lo preguntas?

—¿Eh? P-por nada, Ayano-chan...

Ayano suspiró.

—Tú también lo piensas, ¿verdad, Chitose?

—¡No! Eso es imposible...

—Aunque he dejado el consejo estudiantil, no ha servido de mucho. La sigo viendo todos los días en clase..

—Ayano-chan...

La ex vicepresidenta bajó la mirada y volvió suspirar. Fue entonces cuando vio algo que se iluminaba dentro de su maleta. Era su teléfono móvil recibiendo una llamada. Ayano se agachó y contestó.

—¿Ayano-chan? —dijo amablemente el emisor, aunque la adolescente no tardó en darse cuenta de quién era.

—¡Chit...! —contestó Ayano, tapándose la boca para no terminar de revelar su nombre.

Ante la mirada curiosa de la Chitose que se encontraba a su lado, Ayano se levantó de golpe y salió del aula.

—¡No recuerdo haberos dado mi número de teléfono! —decía la chica de la coleta, una vez fuera.

—Sigo siendo tu mejor amiga, Ayano-chan~

—Y también sabías cuándo llamarme para pillarme en la hora de la comida, ¿verdad?- dijo, rodando los ojos.

—Jeje. Ya sabes que yo también estudié en esa escuela~

—¿Q-qué pasa? ¿Habéis averiguado algo?

—Aún no, pero no te preocupes, lo solucionaremos. Te llamaba para decirte que nos reunamos cuando salgas de clase.

—¿Después de clase? C-claro, no hay problema...

—Funami-san y yo te esperaremos en el mismo parque en el que estuvimos ayer, está cerca de la escuela.

—De acuerdo, allí estaré...

Ayano terminó de hablar y volvió a su aula para seguir con su jornada de estudiante. Las clases trascurrieron lentamente o, al menos, eso le pareció, ya que no podía dejar de pensar en qué querrían las agentes. En cambio, sabía perfectamente que tendría que colaborar y ayudarles mientras estuviera en su mano tal y como ellas se lo pidieron, si no, no se habrían mostrado ante la ex vicepresidenta asumiendo el riesgo de ser descubiertas.

Llegada la hora de salir de la escuela, Ayano se despidió de Chitose, la cual debía quedarse en el consejo estudiantil, y caminó hacia el lugar acordado para encontrarse con las agentes del DD. Antes de llegar a su destino, pudo verlas en la distancia. Se apresuró entonces corriendo hacia ellas.

—¡Ya estoy aquí! —dijo la estudiante, algo cansada después de la carrera.

—Gracias por venir, Ayano-chan —respondió Chitose con una sonrisa.

La estudiante tomó aire antes de preguntar.

—¿Y bien? ¿Para qué me habéis citado aquí?

—Como ya sabes, tenemos una misión que cumplir y necesitamos tu ayuda esta tarde para lanzar nuestro primer ataque —dijo Yui.

—¡¿Ataque?! —se sorprendió Ayano.

—Se refiere a nuestro primer intento para resolver el problema que se ha creado por la alteración de la conexión entre dimensiones, claro —explicó Chitose.

—Hoy necesitamos que vuelvas a declararte a Kyoko —dijo Yui.

—¡¿Qué?! —la chica de la coleta se sonrojó de inmediato, sabiendo que tendría que declararse dos veces a la misma persona y en la misma semana.

—Y esta vez, nosotras estaremos allí espiando~ —respondió Chitose, sonriente.

—Analizando, Chitose, analizando... —corrigió Yui.

—Ya sé que no me lo vais a decir, pero... ¿por qué tenéis tanto interés en que Toshino Kyoko y yo acabemos juntas? —preguntó Ayano.

Las dos agentes la miraron en silencio, como esperando a que la estudiante se arrepintiera de haber hecho esa pregunta y la olvidara, pero no fue así. Yui y Chitose cruzaron sus miradas por un momento para después Yui tomar la palabra.

—Es lo mejor para las dos. Me gustaría poder contarte algo más, pero no se nos permite. Son las reglas del departamento.

Ayano agachó la cabeza, rindiéndose.

—Además, debemos actuar ya —volvió a decir Yui—. El tiempo juega en nuestra contra. Ya hace dos días que tú y Kyoko deberíais haber empezado a salir.

—D-de acuerdo... —dijo finalmente Ayano.

—Pronto llegará la hora de salir del club, así que iremos a buscar a Kyoko —explicó Yui, dirigiéndose a Ayano—. Tú solo tendrás que hacer lo mismo que ya hiciste, ser sincera y decirle lo que sientes.

Ayano asintió tímidamente, intentando ocultar lo nerviosa que estaba.

—Iremos al apartamento que yo utilizaba cuando iba al instituto, seguro que estará allí —dijo Yui.

Pasados unos minutos, las tres se encaminaron hacia dicho apartamento con la esperanza de que Kyoko estuviera allí y Ayano pudiera volver a confesarle sus sentimientos. Las dos agentes se quedaron en el pasillo, en una zona desde la que pudieran observar la situación, y Ayano se colocó frente a la puerta del apartamento para llamar al timbre.

—Vamos allá... —pensó Ayano.

En el interior del apartamento, las cuatro integrantes del Gorakubu pasaban tranquilamente lo que quedaba de una agradable tarde de entretenimiento y diversión.

—Iré a preparar más té. Espérame, Yui-senpai~ —decía Chinatsu, mientras se levantaba del suelo.

—B-bien... Gracias, Chinatsu-chan... —contestó Yui con una sonrisa forzada.

—¡Yo te ayudaré, Chinatsu-chan! —dijo Akari, también levantándose.

—Por cierto, Kyoko... ¿todo bien? —le dijo Yui a su amiga en cuanto se quedaron solas—. Te noto un poco distraída.

Kyoko parecía no haberse percatado de que Yui estaba dirigiéndose a ella, mientras miraba a través de la gran ventana que iluminaba el salón del apartamento.

—¿Kyoko? —la volvió a llamar.

—¿Eh? —la chica rubia respondió finalmente a la llamada de su amiga.

—¿Estás bien?

—Claro.

—Esta semana has tenido un comportamiento un tanto extraño, ¿sabes?

—Oh...

—Bueno, y no eres la única. Entre que Ayano ha dejado el consejo estudiantil y tú que no sabes a veces ni dónde estás, me estáis preocupando.

Con su mirada dirigida a Yui, Kyoko no fue capaz de articular palabra. Pero con solo oír el nombre de Ayano, algunas lágrimas empezaron a asomar desde sus ojos.

—¡Kyoko! —Yui cogió rápidamente una servilleta e intentó secar las lágrimas de su amiga—. ¡¿Qué te pasa?!

Akari y Chinatsu volvieron al salón con el té y se sorprendieron al ver la escena.

—¿Yui-chan, qué sucede? —Akari miró a Kyoko y se dio cuenta—. ¡Kyoko-chan!

—¡¿Kyoko-senpai, estás bien?! ¡No es normal verte llorar! —decía Chinatsu.

—Jeje... No es nada... —Kyoko se esforzaba por disimular, pero no parecía conseguir engañar a sus amigas.

En ese momento, escucharon el timbre sonar. Todas se miraron entre sí extrañadas, las cuatro estaban ya allí reunidas y no esperaban la llegada de nadie más.

—Miraré quién es a través de la cámara —dijo Yui, tomando el mando control que tenía su apartamento para manejar las funciones de la cámara.

—¿Quién es, Yui-senpai? —preguntó Chinatsu.

—Es... Ayano —contestó Yui.

Kyoko pareció quedarse sin respiración por un instante.

—Iré a abrirle —dijo Yui, levantándose.

La chica rubia permanecía callada mientras veía cómo Yui desaparecía al entrar en el pasillo que conectaba con la puerta de su apartamento. No podía evitar estar inquieta sin saber por qué Ayano había ido hasta allí. Sus pensamientos se interrumpieron en cuanto su amiga volvió al salón.

—Kyoko, Ayano quiere hablar contigo.

Aunque era una de las posibilidades que Kyoko tenía en mente, era la que menos deseaba. Que Ayano quisiera hablar con ella no hacía más que confundirla, sintiendo un nudo en su estómago del que no era capaz de liberarse. Con indecisión, Kyoko se puso en pie para encaminarse hacia la entrada de la casa de su amiga, donde Ayano la esperaba. Yui, por su parte, permaneció en su salón para que pudieran hablar con tranquilidad. Sentía que el comportamiento de sus compañeras de clase se debía únicamente a alguna disputa entre ellas que debían solucionar. Una vez que Kyoko llegó a la entrada, saludó a la chica que la esperaba al otro lado de la puerta.

—Hey, Ayano.

—H-hola, Toshino Kyoko... —dijo Ayano con timidez.

Las dos se quedaron de repente en silencio, hecho que empezaba a desesperar a la agente Funami Yui, escondida junto con su compañera.

—¡¿Pero qué hacen?! ¡Ayano, díselo de una vez! —decía, indignada.

—Dale tiempo, Funami-san~ —respondió Chitose, intentando tranquilizarla.

—¡Es que no entiendo que hace ahí parada sin decir nada! ¿Tanto le costaba a Ayano hablar con Kyoko?

—Si yo te contara... —Chitose parecía estar acostumbrada a ese tipo de situación.

Ayano seguía sin decir nada, pero Kyoko se atrevió y volvió a hablar.

—¿Qué querías, Ayano?

—Ah... B-bueno... Quería decirte algo.

La chica rubia se tensó al instante, recordando la última vez que la ex vicepresidenta le dijo aquella frase. Temiéndose lo peor, retrocedió levemente hacia atrás.

—T-Toshino Kyoko... tú... hmm... —comenzaba a decir Ayano.

—¿Hm..?

Aunque fuera ya la segunda vez que iba a declararse, le resultaba igual de difícil hablar sin rodeos.

—T-tú... m-me... me...

—¿Es un nuevo juego de palabras?

—¡No! ¡Me gustas, idiota!