Aún no era demasiado tarde. La Chitose adolescente sabía muy bien que el tiempo se agotaba, pero había seguido teniendo la esperanza de que se descubriera la verdad. Ahora que veía a Kyoko salir del consejo estudiantil de forma apresurada, suspiró tranquila y se preocupó solo de detener su inminente hemorragia nasal. Era un alivio poder haber contribuido a la misión de la patrulla del Departamento de Dimensiones y que hubiera sido determinante para que todo volviera a la normalidad.
Kyoko, a su vez, se movía rápidamente recorriendo cada pasillo de la escuela. Incansable en su objetivo, buscaba a Ayano desesperadamente. Se cumplirían ya cuatro días desde que la ex vicepresidenta le confesó sus sentimientos por primera vez, y sentía que había estado perdiendo el tiempo de forma absurda. Tantos momentos, tantos besos y abrazos a los que se había negado durante esos cuatro días, y que en aquel instante parecía tener necesidad de recuperarlos.
Por su parte, las agentes Ikeda y Funami seguían con Ayano en los alrededores de la escuela esperando aquella llamada que les confirmaría el éxito o fracaso de la labor desempeñada por la Chitose de 14 años, agente infiltrado del departamento. Para la chica de la coleta estaba siendo un momento de máxima tensión. Que interrogaran a la persona que amaba para averiguar lo que ocultaba sobre ambas era inquietante, a la vez que provocaba que casi no pudiera controlar sus nervios. Nervios por saber qué diría Kyoko, o cómo reaccionaría. Optó entonces por confiar a las agentes la mayor de sus preocupaciones con respecto a la chica rubia.
—P-por cierto... —dijo.
—¿Qué ocurre, Ayano? —preguntó Yui.
—Tiene que ser un error... p-pero a veces... no he estado segura de que Toshino Kyoko sintiera algo por mí...
—¿Por qué lo dices?
—C-creí que podría estar enamorada de Yoshikawa-san...
—¡¿Chinatsu-chan?! —dijo Yui, alterada.
—S-sí... —contestó Ayano.
—Pero eso no es posible... —dijo Chitose, sorprendida.
—B-bueno... No estoy segura, solo era una sospecha... —contestó Ayano.
—¿Qué te hizo pensar eso, Ayano? —dijo Yui.
—Últimamente han pasado mucho tiempo juntas y se llevan muy bien... Nunca las había visto así...
—No creo que tengas que preocuparte... Porque Chinatsu-chan... es mi esposa —respondió Yui—. Y solo está enamorada de mí.
—¡¿Qué?!
—Yoshikawa-san no puede estar enamorada de Funami-san en una dimensión y de Toshino-san en otra. Recuerda que son la misma persona —dijo Chitose.
—¿E-entoces? ¿Qué estaba pasando? —Ayano se mostraba confusa.
—No le daría mucha importancia, conocemos los sentimientos de cada una —contestó Yui.
—Y-ya veo... —dijo Ayano.
—De todas formas, preguntaremos a la Chitose infiltrada también por ese detalle. No me gustaría arriesgarme a perder a mi esposa y mi hija —dijo Yui.
—¡¿Eh?! ¡¿Hija?! ¡¿Tienes una hija, Funami-san?!
—Aún no, está por nacer en nuestra dimensión.
—P-pero si Yoshikawa-san es tu esposa... Espera... ¡¿me estás queriendo decir que en vuestra dimensión podéis tener hijos entre vosotras?! —decía Ayano, totalmente sorprendida.
—Sí. El mundo de las dimensiones es complejo —dijo Yui, sonriendo.
—¡P-pero..! ¡¿C-cómo?! —preguntó la estudiante sin salir de su estado de asombro.
—Bueno... Genéticamente estamos preparadas para tener hijos entre nosotras —explicaba Yui—. Llega un periodo de días en los que somos más fértiles, como en vuestra dimensión. Y cuando dos chicas procrean en ese periodo de tiempo, una de ellas se queda embarazada al azar.
—No tiene mucho sentido, pero diré que lo he entendido... —dijo Ayano, rodando los ojos.
—¿No te gustaría tener una hija con Toshino-san, Ayano-chan? —dijo Chitose, entre risas.
—¡¿P-pero qué dices, Chitose?! ¡¿Y por qué me contáis todo esto?! —decía Ayano, alterada.
—Tranquila, Ayano-chan. Solo bromeaba~
La conversación terminó en cuanto las tres oyeron el teléfono móvil de la agente Chitose sonar. Ésta atendió la llamada con nerviosismo, esperando escuchar buenas noticias al fin. Yui y Ayano la miraron casi sin pestañear, pendientes de cualquier gesto que mostrara la agente en su rostro. La albina sonrió ampliamente, despertando aún más la curiosidad de sus dos observadoras. En ese momento se podía permitir el lujo de hacerlas esperar. El obstáculo había desaparecido junto con los miedos de Kyoko, la cual corría eufórica por los pasillos buscando a aquella chica que tuvo la valentía de declararle su amor de forma reiterada. Chitose terminó su llamada y se dirigió a Ayano con una sonrisa.
—Ahora debemos dejarte sola, Ayano-chan —dijo—. Procura moverte por los pasillos del interior, para que ella te vea.
—¿Eh? ¡Chitose, espera! ¿Está... todo arreglado? —preguntó Ayano con timidez.
—¿No te lo dijimos ya? Las personas no cambian, solo cambian sus decisiones. Toshino-san sigue siendo tan imprudente como siempre —dijo entre risas.
La chica de la coleta, extrañada, obedeció a su amiga y entró en el edificio. Decidió caminar despacio por los pasillos para no molestar a las personas que ya estaban dando clase esa mañana, pero no pudo evitar detenerse a mirar a través de una ventana cercana poco después. Las agentes seguían allí, en los alrededores de la escuela. Parecían estar esperando algo.
Un escalofrío recorrió entonces el cuerpo de Ayano. Las agentes habían manifestado una urgencia tremenda por desaparecer de allí, y eso solo podía significar que alguien conocido iba a aparecer en cualquier momento. Ayano era consciente de que esa persona sería Kyoko, y que tendría que responder ante ella con la poca confianza que le quedaba.
Se dispuso a seguir su camino, pero un par de pasos le bastaron para detenerse de nuevo. Esta vez, podía ver a una chica rubia al final del pasillo, a la cual reconoció al instante. Era Kyoko, que también se había detenido en cuanto la vio a ella. Ayano ya no era capaz de prestar atención a nada más, parecía que el resto de la escuela se había esfumado en cuanto sus miradas se encontraron. A pesar de la distancia, pudo leer los labios de Kyoko pronunciando su nombre, para después mostrar una leve sonrisa. Tan pronto como hizo el intento de corresponder a su llamada, vio cómo la chica rubia abandonaba su lugar y empezaba a aproximarse caminando a paso ligero. Ayano tembló nerviosa, sin saber qué hacer. Pocos segundos después, Kyoko aceleraba su ritmo para correr hacia ella. No lo soportaría, los nervios la matarían antes de que aquella chica rubia la alcanzara. Una parte de Ayano gritaba pidiendo auxilio, queriendo huir de allí. Pero otra parte de ella tenía deseos de quedarse y abrazar a la chica por la que perdía la cabeza. Tenía el final de su sufrimiento tan solo a pocos metros, los que le quedaban a Kyoko por recorrer. Su corazón parecía prevenirle de la distancia que las separaba, latiendo cada vez con más intensidad. Finalmente, obedeció a sus deseos de permanecer allí y la chica rubia llegó hasta ella para envolverla en un abrazo.
—¡Ayano, perdóname! —decía aquella adolescente, con lágrimas en sus ojos—. ¡Perdóname por no confiar en ti desde el principio! ¡Todo es culpa mía!
Ahora lo entendía. Gracias a la Chitose de 14 años, Kyoko ya sabía toda la verdad. Ya conocía cómo eran realmente los sentimientos que Ayano tenía hacia ella. No le importó por el momento no recibir una respuesta a su confesión y la rodeó de la cintura con sus brazos.
—No te preocupes, ya ha pasado todo —contestó Ayano.
—¿Me perdonas? —dijo Kyoko, separándose levemente de su compañera sin deshacer el abrazo—. Soy una idiota...
—Ya contaba con ello —dijo Ayano, entre risas.
Kyoko, al mirar a la chica de la coleta, se percató de que también estaba empezando a llorar.
—¿Qué ocurre, Ayano? —dijo, preocupada.
—No es nada —respondió ésta con una sonrisa—. Me alegro de poder hablar contigo de nuevo.
Ayano percibió la cálida mano de Kyoko sobre su mejilla, intentando apartar aquellas lágrimas que recorrían su rostro. La chica rubia acariciaba suavemente su piel, causando un visible sonrojo que Ayano no tardó en intentar disimular.
—Aún no te he dado mi respuesta de verdad.
Las palabras de Kyoko provocaron el aumento del ritmo cardíaco de Ayano, a la vez que sentía que se elevaba la temperatura de su rostro. Apenas podía susurrar el nombre de su compañera aunque lo intentara.
—Esta es mi respuesta, Ayano.
En un incesable deseo por poseer sus labios, Kyoko acortó la distancia que las separaba y la besó de forma apasionada. Ayano cerró sus ojos instintivamente, a la vez que dejaba de sentir el resto de su cuerpo. Su corazón pareció saltar de felicidad y su boca no tardó en responder a aquella muestra de amor de la chica rubia. No quería desprenderse de aquellos labios que la besaban sin cesar, aferrando más sus brazos y rodeando a Kyoko con firmeza. Juntas en ese instante, nada más existía excepto ellas dos.
—¿E-estoy soñando? —dijo Ayano, separándose levemente.
—No —respondió Kyoko con una sonrisa, antes de besarla nuevamente.
...
Ayano no podía estar más feliz esa mañana. Sentada en clase, en su pupitre de siempre, miraba a Kyoko con ternura mientras ésta escribía sus informes sin percatarse de su observadora. Sentía que se había liberado de toda la presión que tenía días atrás.
''Tengo que volver a ver a Funami-san y Chitose para agradecerles su ayuda'', pensó para sí misma, refiriéndose a las agentes de la dimensión 6L.
Ahora solo tendría que preocuparse de nuevo por su labor de estudiante, añadiendo el hecho de cuidar su relación con la chica rubia. Ayano no tenía experiencia en aquella nueva aventura que se le presentaba, pero sabía que si era junto a Kyoko, querría descubrirla por completo.
Con la finalización de las clases, Ayano tuvo que despedirse de Kyoko por el momento para atender su retomado trabajo en el consejo estudiantil. La vicepresidenta abrió con ánimo la puerta de aquel lugar ante la mirada de su amiga Chitose, la cual se alegraba de verla de vuelta a su cargo.
—Ya echaba de menos esta sala —dijo Ayano.
—Bienvenida de nuevo, Ayano-chan —dijo su compañera con una sonrisa.
—Es increíble que trabajes para ese departamento de otra dimensión, Chitose —decía Ayano, mientras se sentaba en su lugar y se disponía a realizar sus tareas del consejo—. Te agradezco mucho todo lo que has hecho por mí.
—No ha sido nada~ Y perdona por no decírtelo, mi contrato no me permitía contarte nada acerca del departamento.
—No te preocupes. Sé que has estado cuidando de mí desde que nos conocimos, así que con eso basta.
—De todas formas, ahora lo importante es que esté todo arreglado~ Por cierto... ¿qué tal con Toshino-san?
—Ah, b-bien... Me dijo que vendría para avisarme cuando se fuera a casa.
—Procuraré salir a recoger informes cuando venga para dejaros vuestro tiempo a solas~
—Procura mejor no morir de una hemorragia nasal... —decía Ayano, rodando los ojos.
El papeleo acumulado las obligó ese día a permanecer en aquella habitación bastante tiempo. Pasaban los minutos mientras Chitose esperaba emocionada la llegada de la chica rubia, al mismo tiempo que Ayano se dedicaba a adelantar sus tareas de vicepresidenta. Quería ponerse al día con todo lo que llevaba atrasado y, con un poco de suerte, tendría más tiempo libre para añadir a su rutina el dedicar una parte de ese tiempo a Kyoko. Su concentración solo fue interrumpida cuando, precisamente, la chica del club de entretenimiento abrió la puerta del consejo, saludando de manera amigable. Chitose no dudó en dedicarle una amplia sonrisa y buscar cualquier excusa para marcharse.
—Iré a comprar algo... De repente he sentido hambre~ Quédate todo el tiempo que quieras, Toshino-san~ —decía Chitose, a la vez que reía divertida ante la mirada fulminante de Ayano.
—¡Buen viaje, Chitose! —respondió Kyoko, a la vez que se volvía hacia Ayano y la besaba rápidamente—. Hello, Ayano~
—¡Puuoooaaarrgghhhh...! —Chitose, muy lejos de haber podido evitar ver aquella escena, fue víctima de una gran hemorragia nasal que obligó a las estudiantes a socorrerla de inmediato.
—¡Al menos espera a que Chitose salga de la sala, Toshino Kyoko!
