Chitose era consciente de que debía marcharse de allí. No solo por querer dejar a Kyoko y Ayano a solas, sino también por su propia seguridad. Una vez detenida la hemorragia, consiguió salir por su propio pié de la sala del consejo y dirigirse a cualquier lugar mientras sus compañeras se despedían.

—Ten más cuidado la próxima vez, Toshino Kyoko —decía Ayano, mientras volvía a cerrar la puerta de la sala.

''Qué tranquila debe ser la vida de mi otra yo en la dimensión 6L...'', pensó Ayano, recordando a aquella Chitose adulta que no fantaseaba.

—Jeje... Pensé que no se daría cuenta... —dijo la chica rubia, con notable cansancio por el breve momento de tensión anterior.

—Ella siempre se dará cuenta... —respondió la vicepresidenta, para después dar un gran suspiro—. Como si no la conocieras ya...

—Increíble. Debería trabajar como agente secreto o algo así cuando se haga mayor, se le daría bien.

''Ya lo hace, en realidad...'', contestó para sí misma Ayano, mientras volvía a ocupar su asiento.

—Por cierto, Ayano... No es necesario que me llames por mi nombre completo, puedes decirme ''Kyoko''.

—¡¿Eh?! N-no hace falta...

—¡Oh, vamos! Nadie llama a su amorcito por su nombre completo~

—¡¿Cómo que ''amorcito''?! —Ayano no pudo evitar sonrojarse al escucharlo.

—Vamos, Ayano, inténtalo~

La vicepresidenta intentó mantener la compostura, pero inmediatamente se rindió dando un suspiro. La chica rubia tenía razón, lo normal es que acabara acostumbrándose a llamarla solo por su nombre.

—K-Kyo... K-K-Kyo...- comenzó Ayano.

—¿''Kyo''? —Kyoko la miraba sorprendida por el esfuerzo que le suponía algo tan sencillo.

—K-Kyo... —siguió Ayano.

—¿Kyomori?

—¿Qué?

—¿Eh?

—¿Qué dices?

—No sé.

—Mejor déjate de tonterías y vete a casa —dijo finalmente Ayano—. Voy a tener bastante trabajo hoy y no quiero que llegues tarde por estar aquí conmigo.

—Está bien... —contestó Kyoko con pesadez—. Mañana nos vemos, Ayano.

Kyoko se dio la vuelta para dirigirse a la puerta del consejo y enseguida notó cómo Ayano sujetaba la manga de su uniforme para detenerla.

—¿Qué ocurre, Ayano? —preguntó extrañada la chica rubia, volviendo la vista atrás.

—¿N-no... me das un b-beso?

Los ojos de Kyoko parecieron iluminarse al oír aquello. Realmente le sorprendía que Ayano estuviera dispuesta a pedirle muestras de cariño de forma tan directa. Por su parte, el rostro de la joven vicepresidenta se enrojecía por completo, evitando que su mirada se encontrara con la de su compañera.

—Perdona, Ayano —se acercó Kyoko, encontrando así los ojos de la chica de la coleta—. Pensé que no querías.

—Q-que no te lo pida no quiere decir que no quiera...

La chica rubia le sonrió con ternura. Pocas veces podía sentir esa sinceridad en las palabras de Ayano. Con una de sus manos sujetó su rostro y la besó con delicadeza hasta que su pareja quisiera interrumpirla, pero, muy lejos de ese hecho, Ayano extendió sus brazos hasta llegar a los cabellos rubios de Kyoko y enredó sus dedos para evitar ser separada de sus labios. Casi no era capaz de controlar sus emociones cada vez que su piel hacía contacto con la de ella, para Ayano era una hermosa adicción a sus encantos.

—Me voy ya —dijo Kyoko, en cuanto tuvo oportunidad para hablar—. No quiero entretenerte si estás ocupada.

Kyoko se enderezó después de dar un último beso a Ayano y se dirigió a la salida del consejo. Ésta la observó sorprendida, sabiendo que no era un comportamiento que estuviera acostumbrada a ver en la chica rubia.

''Bueno, al menos parece que voy a conseguir que madure un poco'', pensó Ayano antes de seguir con su tarea.

...

Las agentes Yui y Chitose descansaban aliviadas en uno de los bancos de aquel parque cercano a la escuela Nanamori. Sin muchos transeúntes debido a la hora lectiva en la que se encontraban, decidieron realizar una llamada a la dirigencia del Departamento de Dimensiones para informar del éxito de su misión. Al otro lado, Furutani Himawari, estaba preparada para escuchar el informe de su patrulla.

—Objetivo cumplido, Furutani-san. Están juntas, y Ayano volverá al cargo de vicepresidenta hoy mismo —dijo Yui, orgullosa.

—¡Me alegro mucho de oír eso, Funami-san! —contestó ésta—. Ya estáis acostumbradas a ello pero, ¿podría pediros que permanezcáis un par de días más en la D21A para aseguraros de que todo va bien?

—Sin problema. Además, aún debemos borrar los recuerdos de Ayano con la cápsula de amnesia.

—No os olvidéis de hacerlo, ya sabéis que nos corresponde legalmente —dijo Himawari.

—No te preocupes, no lo olvidaremos —finalizó Yui.

La agente Funami guardó su teléfono y volvió a entablar conversación con su compañera, sentada a su lado.

—Es una pena que Ayano-chan deba olvidarnos, ¿verdad? —dijo Chitose.

—Sí. Aunque, al menos, podrá también olvidar lo que ha sufrido estos días. Han sido muy intensos para ella.

—Tienes razón. De todas formas, dejemos primero que pase tiempo con Toshino-san. Ya tendremos tiempo de decírselo.

—Estoy de acuerdo —respondió Yui—. Creo que ahora mismo es lo único que ambas necesitan, estar juntas.

La ley ministerial que debía cumplir la totalidad del Departamento de Dimensiones exigía la eliminación de recuerdos relacionados con el departamento una vez completada una misión. Yui y Chitose, antes de marcharse a su dimensión, la D6L, tenían una última tarea por realizar. Legalmente, si lo creían necesario, podían tomar ayuda de un testigo. Precisamente, habían conseguido dejar solo uno, Ayano. Y en caso de la toma de testigo, deberían después borrar sus recuerdos para así evitar toda alteración desde ese punto de partida. Esa cápsula de amnesia que las agentes llevaban en su equipamiento, sería la que permitiría que Ayano olvidara únicamente lo relacionado con dimensiones, conexiones, y las propias agentes Funami e Ikeda. Sin embargo, en aquel momento, Yui y Chitose estaban dispuestas a esperar al día posterior para volver a ver a la vicepresidenta y mencionarle aquel detalle que ésta aún desconocía.

Igualmente, Ayano buscaba un momento para compartir con aquellas dos mujeres que tanto habían hecho por ella. Agotada de estar hasta muy tarde realizando tareas del consejo estudiantil, decidió esperar para ponerse en contacto y poder verlas una vez más. Sin duda, sabía que ellas no se quedarían para siempre, y confiaba en que no se fueran al menos sin despedirse. Así pues, con las energías renovadas después de una noche de descanso, Ayano partió hacia la escuela la mañana siguiente con ánimo y decisión. Aunque parecieran días corrientes como todos los demás, en la escuela Nanamori la esperaba aquella persona tan especial que la hacía suspirar de amor. Ya fuera en clase o en los pasillos, aquella rubia hiperactiva no temía mostrar sus sentimientos. Algo que a la chica de la coleta le producía una extrema timidez. No obstante, aunque su pareja no se rindiera, Ayano poco a poco iba desarrollando esa habilidad innata para mantenerla a raya.

A Kyoko le encantaba bromear y no dudaba en acercarse a Ayano ante cualquier oportunidad que se le presentara. Ésta, por su parte, se avergonzaba cada vez que la chica rubia se aproximaba de repente con la intención de robarle un beso.

—¡Toshino Kyoko! ¡Este no es ni el momento ni el lugar para esas cosas!

—Oye, Ayano, he estado pesando en que podríamos intentar darnos un beso cada vez que Chitose no nos mire.

—¡¿Me estás escuchando?! Ahora vuelvo a ser vicepresidenta, no puedo ir por ahí dando besos —Ayano se cruzó de brazos con autoridad—. Tengo que dar ejemplo.

—Las dos sabemos que aunque no fueras vicepresidenta no querrías, cielito mío.

—Lo estás haciendo a propósito, ¿verdad? ¡Y deja de llamarme así!

—Lo haré si me das un besitoo~

Kyoko podía conseguir ruborizar a Ayano siempre que quisiera, pero Ayano también contaba con sus propias armas.

—Ah... Así que quieres jugar conmigo, ¿eh? Muy bien...

—Vamos, cielito mío~ Dame un beso-Tarteso~

—Vuelve a llamarme así y no te volveré a besar.

La chica rubia contuvo todos los apodos cariñosos posibles que pensó para Ayano en cuanto oyó aquella advertencia. Aunque casi parecía una declaración de victoria por el rostro de la vicepresidenta, que mostraba una sonrisa vencedora.

—Lo que usted diga, Ayano-sama —dijo Kyoko, acompañando su respuesta con una reverencia.

Ayano rió divertida al ver que su estrategia había tenido éxito.

—Volvamos a nuestros asientos, la clase va a empezar pronto —Ayano se dispuso a dirigirse a su asiento, pero se detuvo y volvió a mirar a Kyoko con timidez—. S-si quieres, quedamos después de clase...

La chica rubia sonrió ampliamente y se lanzó para abrazar a Ayano.

—¡Te recojo después en el consejo estudiantil y vamos a donde quieras! —dijo Kyoko, antes de besar la mejilla de su compañera e irse a su pupitre.

''Nunca cambiarás, Toshino Kyoko'', pensó Ayano con una sonrisa.

Parecía un nuevo comienzo, una nueva vida para ambas. Cada jornada escolar podría ser una aventura, y cada momento un sinfín de emociones. Ayano planificó adecuadamente su tarde aquel día, con la intención de pasar algo de tiempo con Kyoko para después intentar reunirse con las agentes Yui y Chitose. Un mensaje de texto le bastó para ponerse en contacto con su mejor amiga de la dimensión 6L y acordar aquel encuentro.

Así, después de sus clases, Ayano pudo comenzar a ocuparse del consejo estudiantil de nuevo con la agradable garantía de que no tendría mucho trabajo por realizar.

—¡Ah, Sugiura-senpai! —la llamó Sakurako, ante su entrada en la sala—. ¿Cómo le va con Toshino-senpai?

Chitose no pudo evitar reírse levemente mientras Ayano contemplaba a su kouhai, impaciente por oír una respuesta.

—P-pues... bien, muy bien. G-gracias por preocuparte, Oomuro-san.

—¡¿Se han besado ya?! —preguntaba feliz aquella estudiante.

—¡¿Eh?! —Ayano se ruborizó mientras las risitas de Chitose pasaban a hemorragia nasal.

—¡Sakurako, sé más considerada! —intervino Himawari—. Esas cosas no se preguntan.

—¡Pero si tú también querías saberlo, Himawari! —replicó la nombrada.

—¡Pero no se lo pregunto!

—M-mejor pongámonos a trabajar... —dijo Ayano, sentándose en su lugar a la mesa.

—¿Toshino-senpai va a venir a verla? —volvió a preguntar Sakurako.

—¡Sakurako! —volvió a regañar Himawari.

—¡No he preguntado nada malo, monstruo pechugón! ¡Tú vienes a verme todos los días y no somos pareja!

Varios segundos de silencio tuvieron que pasar para que Sakurako se diera cuenta de que sus propias palabras la avergonzaban. Himawari se ruborizó levemente, para después comenzar una discusión con su compañera que parecía no tener fin. Ayano las miraba curiosa y con la sospecha de estar contemplando lo que, algún día, podría desencadenar algo más que una simple amistad en un futuro.

''Debo preguntarle a Chitose con quién está casada Furutani-san en su dimensión... Ya siento curiosidad'', pensó.

El ambiente no terminaba de calmarse cuando Kyoko irrumpió en el lugar con su ya característica imitación de Ayano, gritando su nombre completo ante la mirada de las demás chicas.

—¿No llegas un poco pronto, Toshino Kyoko? —preguntaba Ayano.

—¡Tengo un plan al que no podrás decir que no, Ayano! —respondió la chica rubia, decidida.

—¡Bienvenida, Toshino-senpai! ¿Llevará a Sugiura-senpai a algún lado? —dijo Sakurako.

—Exacto, Sakucchan. ¡Vengo a secuestrarla!

—No deberías ir diciendo eso con tanto orgullo... —replicó la vicepresidenta.

—Vamos, Ayano, será divertido~ —decía Kyoko, mientras se aproximaba y la rodeaba con sus brazos.

—¡T-Toshino Kyoko! —se quejaba Ayano.

—Espero que lo paséis bien, senpais —apuntó Himawari—. Es un bonito día para salir a pasear.

—¡Bien dicho, Himacchan! —contestó Kyoko, emocionada—. Yo también pienso lo mis...

Todas dirigieron su mirada a la chica rubia, extrañadas ante su interrupción. Kyoko permanecía callada, pareciendo no ser consciente de que había estado hablando hasta ese instante.

—¿Toshino-san? —llamó su atención Chitose.

La estudiante no tardó en reaccionar al escuchar su nombre, pero seguía en un estado de desorientación.

—Toshino Kyoko, ¿estás bien? —preguntó esta vez Ayano.

—S-sí... —alcanzó a decir la chica rubia.

La extraña tranquilidad en Kyoko desapareció en cuanto vio sus brazos alrededor de Ayano. Pareció asustarse y se alejó rápidamente.

—¡¿Qué estoy haciendo?! —dijo.

—T-Toshino Kyoko, ¿qué te ocurre?

La vicepresidenta comenzaba a preocuparse, pero al intento de dar un solo paso para acercarse a Kyoko, ésta se alejaba aún más.

—¡¿No te lo dije ya?! ¡Lo siento! —seguía Kyoko, en su intento por evitar a Ayano.

Ésta sintió un escalofrío al volver a escuchar aquella frase con una entonación que reconocía no de forma agradable. En su mente solo se repetía el momento en el que había sido rechazada por primera vez.

—Toshino-san, tranquila —intervino Chitose—. Dinos qué te ocurre.

Pero Kyoko no pudo responder con palabras, ya que algunas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Ayano la miraba al borde de entrar en estado de shock, parecía haber vuelto unos días atrás en el tiempo.

—¡Y-ya te dije que no! ¡Lo siento, pero no quiero salir contigo!

Con ello Kyoko sentenció la poca esperanza que le quedaba a Ayano. La chica rubia se apuró por salir de aquella sala, dejando a todo el consejo estudiantil conmocionado. Chitose se encontraba casi tan impactada como su amiga vicepresidenta, la cual no pudo soportar más la presión y calló inconsciente sin previo aviso. Gracias a la chica de las gafas, que rápidamente reaccionó y la sujetó, se evitó que Ayano se golpeara. Chitose se dispuso a cargar a su amiga para llevarla a la enfermería ante la atónita mirada de sus dos kouhais, aunque ambas abandonaron ese estado de desconcierto pocos segundos después para ayudarla. Parecía que todo aquel tormento comenzaba de nuevo. Sin duda alguna, con Ayano desmayada y Kyoko volviendo a negar la realidad, Chitose solo podía hacer una cosa: contactar de nuevo con las agentes de la D6L.