Una pesadilla. Tan solo podía ser una pesadilla. Una cruel ilusión que se burlaba de ella hasta el extremo de hacerla desvanecerse en un mar de oscuridad. En aquel profundo lugar, donde la paz parecía imperturbable, una única voz pronunciaba su nombre.

''Ayano''

Ésta alzaba su mano, en un intento por alcanzar a la propietaria de aquella voz. Podía escuchar su nombre repetirse una y otra vez, cada vez más cerca.

''Ayano, no me dejes ir''

Inquebrantable, la voz de Kyoko sonaba dulce y tranquila. Ayano quería abrir sus ojos y verla de nuevo, abrazarla de nuevo. Llegar hasta ella parecía imposible pues, por mucho que estirara sus brazos, no conseguía percibir su calor.

''Ayano...''

Aquella voz se alejaba. Ayano intentaba incorporarse para impedir que Kyoko se marchara de su lado, pero le era imposible.

—¡Toshino Kyoko, no te vayas! ¡No me dejes! —gritaba.

''Te quiero, Ayano'', dijo aquella voz, antes de desaparecer de sus sueños.

...

Chitose no sabía qué pensar. Sentada en una silla de la enfermería junto a la cama donde descansaba Ayano, aún inconsciente, temía que aquel último suceso dejara una profunda herida en el corazón de su amiga. Llevaba más de una hora postrada en aquella cama, sin dar señales de querer despertar. Quizás porque, si así lo hacía, volvería a aquella oscura realidad que la esperaba, impaciente.

Poco después de que las dos chicas de primer año, Sakurako y Himawari, se retiraran para ir a sus respectivas casas, Chitose llamó a las dos agentes de la dimensión 6L para explicarles lo acontecido. Ambas agentes no daban crédito, y afirmaban que jamás habían vivido nada igual. Conseguir solventar una fractura dimensional y que, tan solo un día después, se produjera otra, era algo inconcebible para las trabajadoras del departamento.

—¿Tendrá que ver con el subconsciente de Kyoko? —decía la agente Yui, mientras debatía con la estudiante albina al otro lado del teléfono—. ¿Y si una parte de ella sigue creyendo que no debe estar con Ayano y se manifiesta una y otra vez?

—¿Es eso posible? —preguntó la adolescente.

—No lo sé, nunca habíamos visto nada parecido. No es lo normal.

—Estoy muy preocupada por Ayano-chan, no sé qué pasará cuando despierte.

—Dile que no tema, y que nosotras lo arreglaremos. Le doy mi palabra.

Esto último reconfortó un poco a Chitose, pero no aliviaba su preocupación por completo. Ayano acabaría despertando y, seguramente, lo primero por lo que preguntaría sería Kyoko. ¿Y qué le respondería ella entonces? No estaba preparada para recordarle que la chica rubia volvió a descontrolarse y a negar sus sentimientos.

—C-Chitose... —escuchó la voz de Ayano, la cual parecía estar despertando.

—¿Ayano-chan? —la nombrada se giró para comprobar el estado de su amiga—. ¿Cómo te encuentras?

—M-me duele un poco la cabeza...

—Descansa un poco... Las agentes ya se están encargando de todo.

—¿Y... Toshino Kyoko..? —preguntó Ayano.

—No te preocupes, ellas lo arreglarán —contestó Chitose, decidida—. Estoy segura.

—Así que no fue una pesadilla... Ella realmente está... como antes...

Chitose no sabía cómo ayudarla. Lo único que podía hacer era esperar a que las agentes llegaran. Tal y como se encontraban, casi a última hora de la tarde, no habría muchas personas en aquella escuela que pudieran reconocer a las empleadas del Departamento de Dimensiones. Aún así, hicieron lo posible por no cruzarse con nadie hasta llegar a la enfermaría.

Unos golpecitos en la puerta hicieron que Chitose y Ayano prestaran atención a la entrada. Chitose se apresuró entonces a abrir desde el interior para dejar pasar a las agentes a la habitación.

—Tenemos un problema, y muy grave —dijo la agente Yui, nada más entrar.

—Ay, dios... —suspiró Ayano.

—Me alegra que ya hayas despertado, Ayano-chan —siguió la Chitose adulta—. ¿Te duele algo?

—E-estoy bien, Chitose —contestó ésta.

—Apenas nos queda tiempo ya —decía Yui—. Hemos decidido presentarnos ante Kyoko.

—¡¿Qué?! —ambas estudiantes se sorprendieron al oírlo.

—No vemos otro remedio —intervino la albina mayor—. Nos gustaría saber qué está pasando, pero no creo que podamos detenernos a investigarlo. Necesitamos que Toshino-san vuelva a recordar que todo estaba arreglado entre vosotras aunque para ello debamos tomar otro testigo.

—¿Tomar otro testigo? ¿De qué estáis hablando? —preguntó Ayano.

—El departamento nos proporciona una cápsula de amnesia para poder borrar los recuerdos de un testigo en cuanto cumplamos nuestra misión... —dijo la agente.

—¡¿Borráis los recuerdos?! —volvió a preguntar Ayano, desconcertada—. Entonces... ¿os olvidaré?

—Son las reglas del departamento, Ayano-chan... Lo siento...

—Pero ahora que vamos a tomar a Kyoko como testigo, una de vosotras no podrá olvidar y deberá recordar todo este infierno —completó Yui.

—¿Pero... por qué? ¿Por qué solo una de nosotras podrá olvidarlo? —preguntaba nerviosa la vicepresidenta.

—Porque solo podemos llevar una capsula de cada tipo. Esa es la razón de que Kyoko siga sin recibir un puñetazo de mi parte en esta dimensión —concluyó Yui.

—Así que era por eso... —comprendió finalmente Ayano.

—Ayano, confía en nosotras —se aventuró la agente Yui—. Aunque esta vez haya ocurrido algo nunca visto, seguimos siendo profesionales en esto.

—Pero... ¿cómo pensáis conseguirlo? —preguntó la joven Chitose.

—Esta es una situación extrema, por lo que utilizaremos un método algo extremo —respondió Yui.

—Funami-san, ¿qué es eso? —se interesó Ayano al ver un trozo de papel sobresalir del bolsillo de la agente.

Yui sacó el trozo de papel de su bolsillo y se lo entregó a Ayano. Ésta vio que se trataba de una fotografía y que en ella aparecía una chica rubia de ojos azules de temprana edad que las dos estudiantes pudieron reconocer al instante.

—¿Toshino-san de pequeña? —observó la Chitose adolescente.

—Le pedí a Furutani-san que nos la consiguiera —dijo Yui.

—Espera, Chitose —interrumpió Ayano—. ¿No ves algo extraño en esta fotografía?

—¿Hm? ¿A qué te refieres, Ayano-chan?

—No lo sé exactamente, pero... Toshino Kyoko en esta fotografía... Es como si no fuera realmente ella.

—No esperaba menos de ti, Ayano —dijo Yui—. Solo tú serías capaz de distinguir de pequeña a tu esposa de tu hija.

—Por supuesto que... ¡¿Qué?!

—¡¿Ayano-chan y Toshino-san tienen una hija?! —gritó Chitose, con una amplia sonrisa y un pañuelo en su mano para cualquier emergencia.

—De hecho, sí —respondió Yui—. Tiene poco más de un año.

—Es una niña muy educada~ —completó la agente Chitose—. ¿Ayano-chan, estás bien?

—¡¿T-T-T-T-T-Toshino Kyoko y yo tenemos una h-hija?! —Ayano tartamudeaba sin control.

—¡¿Chitose, estás bien?! —preguntaba a su vez Yui a la adolescente.

—¡Ppppoouuuuggggghhhh...! —el derrame nasal en la estudiante se hizo inminente en pocos segundos.

—¡Calmaos las dos de una vez! —dijo Yui.

—¡Déjame ver esa foto de nuevo, Funami-san! —se acercaba la joven Chitose para visualizar aquella fotografía, consciente de que era la pequeña hija de Kyoko y Ayano—. ¡Esto debo guardarlo para siempre en mi memoria!

—¡Ayano-chan, estás muy roja! ¡¿Tienes fiebre?! —decía la agente albina al ver a Ayano aún hablando para sí misma en voz alta mientras tartamudeaba con nerviosismo.

—¡Basta ya!- gritó Yui, llamando la atención de todas—. Tranquilizaos y os lo explicaremos todo.

—¡A la orden! —contestó la chica de las gafas, entusiasmada y tratando de limpiar la sangre que salía de su nariz.

—Ya lo sabías, Ayano —dijo Yui—. En nuestra dimensión podemos tener hijos entre nosotras. Es algo muy común.

—¡P-pero no dijiste nada de que yo tenía una, Funami-san! —respondió la nombrada.

—Ten en cuenta que vosotras empezasteis a salir con 14 años, os conocéis más que de sobra con nuestra edad. Os casasteis hace dos y, el año pasado, tuvisteis a Saki-chan.

—Saki... Así se llama mi... hija... —decía Ayano.

—Es un bonito nombre~ —dijo la joven Chitose, sentada a su lado.

—Recuerda que, en nuestra dimensión, una de las chicas se queda embarazada al azar. Una vez que esto sucede, la que se queda embarazada aporta la mayoría del aspecto físico, y la otra aporta la mayor parte de la personalidad —explicó Yui.

Ayano volvió a mirar aquella fotografía con atención. Los cabellos dorados y ojos azules replicaban la viva imagen de Kyoko, aunque había ciertos rasgos que reconocía como propios. En realidad, se apreciaba que aquella niña mantenía fija su mirada a la cámara que la retrató, curiosa. Su expresión era claramente la de la vicepresidenta. Ayano posó sus dedos por la superficie de la foto, había quedado ensimismada al ver aquel regalo de la vida que fue fruto del amor que ella y Kyoko sentían. Solo las palabras de Yui provocaron que despertara de su estado.

—Ella será la primera víctima si no actuamos rápido ante esta fractura dimensional —afirmó la agente Yui.

—¿Por qué lo dices, Funami-san? —preguntó Ayano.

—¿No te das cuenta? Si Kyoko y tú nunca acabáis juntas, ella desaparecerá.

Aquello golpeó moralmente a Ayano. Ni siquiera conocía a aquella niña y, hasta segundos antes, tampoco sabía de su existencia, pero no podía evitar sentir un dolor profundo, como si de una daga atravesando su pecho se tratara. Quizás no fuera realmente su hija porque ella nunca existiría en su realidad, pero temía por su vida y estaría dispuesta a protegerla si fuera necesario.

—Pensamos entonces en traer la foto y enseñársela a Kyoko. Ella seguramente también notaría la diferencia al igual que tú, pero no sabemos si ayudaría a que volviera a la normalidad... —siguió Yui.

De repente, un fuerte estruendo hizo que todas las chicas en la sala de la enfermería se asustaran. Todas dirigieron su mirada hacia el lugar de donde provenía aquel sonido, deteniéndose en la puerta de entrada. Fue entonces cuando la poca tranquilidad que tenían fue mermada, Kyoko había abierto la puerta de golpe, posiblemente para saber cómo se encontraba Ayano tras su desmayo. Miraron atónitas cómo la chica rubia pocos segundos después se detenía al percatarse de la presencia de dos adultos en la sala, y cómo sus ojos mostraron confusión al notar el parecido de su amiga Yui en una de las mujeres. Pero, sin duda, lo que acabó por horrorizar a Kyoko fue ver a dos personas con la identidad de Ikeda Chitose.

Un silencio sepulcral inundó aquella estancia. Ninguna de las presentes se atrevía a decir nada, ni siquiera la recién llegada, la cual solo era capaz de dirigir su mirada a las dos extrañas.

—Funami-san, ahora —se apresuró la agente Chitose.

Yui caminó deprisa hacia la puerta y la cerró, dejando que Kyoko se quedara en el interior de la enfermería. La chica rubia se giró despacio y contempló a su amiga.

—¿Y-Yui..?

—Sí, Kyoko. Soy yo —respondió.

—P-pero... No puede ser posible...

—Lo es. Siéntate, la historia será larga.

Kyoko dudó por un momento, pero en seguida confió y obedeció a su amiga. A Yui ya no le quedaba más remedio que contarle la verdad. La Chitose adulta dejó que su compañera se encargara de la situación, y Ayano solo permaneció atenta a cualquier cambio que presentara Kyoko, esperando que aquello ayudara a que volviera a recordarlo todo. Veía a la chica rubia sorprenderse ante lo que Yui le contaba, incluso mostrarse muy confundida cuando nombraba a la hija de ambas.

—¿Ayano y yo? —Kyoko miró a Ayano por un instante—. ¿En tu dimensión ella está enamorada de mí?

—En todas, Kyoko, en todas. La Ayano que está en esa cama también está enamorada de ti —contestó Yui, señalando a la vicepresidenta y haciendo que ésta se sonrojara por completo.

—¿Qué? Pero si ella dijo que yo no le gustaba, yo la oí —respondió Kyoko.

—Otra vez con eso... ¿Y recuerdas lo que hizo Ayano después de aquello? —se interesó Yui.

—Me confesó sus sentimientos en el baño, como si estuviera jugando conmigo. Hasta envió a Chitose para preguntarme y acabé contándole lo que yo sentía por ella.

—¿Y qué ocurrió después?

—¡Se alejó de mí! ¡Ayano sabía que yo tenía sentimientos por ella y aún así lo hizo!

Ahora era Yui la sorprendida. No había demasiados hechos contradictorios entre la versión de Kyoko y la que habían vivido las demás, pero era como si la chica rubia hubiera vuelto algunos días atrás.

''¿Qué diablos está pasando aquí..? ¿Qué te has hecho en la cabeza, Kyoko?'', pensó Yui.

—Toshino Kyoko, ya basta. No quiero oírte más —dijo Ayano, de repente—. Si piensas que te he declarado mis sentimientos solo para burlarme de ti, es que no me conoces en absoluto.

—Quizás yo no, pero Chitose te debe conocer a la perfección porque se lo cuentas todo, incluso lo poco que te gusto —contestó Kyoko, enfadada.

Ayano se indignaba cada vez más, parecía que nada era suficiente para convencer a Kyoko. La Chitose adolescente intentaba calmar a su amiga, pero ésta ignoró toda advertencia y se levantó de la cama.

—Toshino Kyoko, bésame —dijo.

—¡¿Qué?!

—L-lo que has oído. Así te demostraré que lo que piensas no es verdad.

—¡N-ni hablar! —se negaba Kyoko, sonrojándose.

—¡Hazlo de una vez!

—¡No! —dijo, abriendo la puerta de la sala y corriendo a través de ella.

—¡Toshino Kyoko, ven aquí! —gritó Ayano, siguiéndola.

La joven Chitose yacía ya en el suelo de la enfermería con una nueva hemorragia nasal por la escena que acababa de presenciar. Por su parte, las agentes permanecían inmóviles, mirando aún hacia la puerta.

—¿Alguien me explica qué es lo que acaba de pasar? —preguntó Yui, perpleja.

—Es como si se hubieran intercambiado~ —contestó su compañera.

—Esto es absurdo, quizás deberíamos hacer que chequearan a Kyoko en la D6L.

—¿Te refieres a llevarla con nosotras, Funami-san?

—Sí. Aunque, de todas formas, dejemos que Ayano la entretenga por un momento, así tendré tiempo de llamarla y hablar con ella.

—¿Te refieres a...?

—Exacto. Voy a llamar a Kyoko, a nuestra Kyoko. Hay algo extraño en todo esto y quiero preguntarle algunas cosas...