La joven vicepresidenta había quedado fascinada por el momento que presenciaba. Cada vez se sentía más segura de querer pertenecer al futuro de Kyoko, aunque tuviera que superar miles y miles de obstáculos en su camino.

—Ayano, estabas ahí —dijo Kyoko, notando el ensimismamiento de la joven de la coleta.

—Ah, sí. Lo siento.

—¡Mami! —Saki reconoció también al instante a Ayano, quien no pudo evitar acercarse y acariciar sus cabellos rubios.

—Hola, Saki —respondió a su llamada.

—Aún no sabe hablar demasiado, pero me encanta oír su voz —afirmó Kyoko.

—Por cierto, ¿por qué está aquí con nosotras?

—Chitose cree que estando con ella tendré menos riesgo de perder mis recuerdos.

Ayano acompañó a las dos chicas rubias y se sentó con ellas en aquella cama. Saki, que se encontraba rodeada por los brazos de la vicepresidenta, finalmente le había empezado a prestar atención al peluche que Kyoko le dio.

—Se parece tanto ti —apuntó Ayano—. Funami-san me dijo que la que se quedaba embarazada era la que aportaba la mayoría del aspecto físico.

—Ya veo... —respondió Kyoko, sonriendo con dulzura a la pequeña—. Aunque personalmente me recuerda mucho a ti.

—B-bueno... Y-yo también soy su madre —dijo Ayano, evitando mostrar su enorme sonrojo—. E-es lo normal, Toshino Kyoko.

—¿Cómo que "Toshino Kyoko"? Antes me llamaste solo por mi nombre —reprochó la chica rubia, recordando el momento en el consejo estudiantil.

—¡¿Eh?! Eso fue... ¡F-fue la emoción del momento!

—No mientas. Estabas deseando darme un besito, huhuhu~

—¡T-tenía que hacer algo para que recordaras! —dijo, fingiendo enfado.

—Pero yo... no he olvidado nada, Ayano.

—¿Cómo que no? De repente, te comportaste como si no hubieras vivido lo mismo que las demás.

—Hmm... No lo sé... Estoy un poco confusa... —decía Kyoko, colocándose su mano en la frente.

—Mejor no hablemos de ello. Mañana Akaza-san nos dirá qué te ocurre.

—Sí...

—Wiiiii —se escuchaba a la pequeña Saki, jugando con su peluche entre los brazos de Ayano.

Ambas estudiantes la miraron y sonrieron. Aquel momento era tan agradable que realmente se sentían como una verdadera familia.

—Oye, Ayano.

—¿Qué ocurre? —contestó la nombrada.

—Te quiero mucho.

—¡¿Q-qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿P-por qué?!

—Y me encanta tener una hija contigo en esta dimensión.

—¡¿Ah?! —Ayano se enrojecía a niveles jamás alcanzados.

Kyoko no encontró más motivos para esperar y se acercó para besar levemente a Ayano, la cual permaneció inmóvil ante la sorpresa. "Me va a matar de un ataque al corazón un día de estos...", pensó la vicepresidenta.

—¡Yo, yo! —decía la pequeña al percatarse del beso de sus madres, pidiendo atención.

—Hoo~ ¿Tú también quieres un besito, Saki-chan? ¡Tú lo has querido, ataque de besos! —gritó Kyoko, antes de acercarse a su hija y besar su rostro repetidas veces.

Ayano no pudo evitar reírse de la situación. Adoraba ver cómo Kyoko mostraba afecto por Saki, y deseaba que, en aquel instante, el tiempo se detuviera durante varias horas para poder disfrutar al máximo de aquel momento con las dos chicas rubias. Lamentablemente, en la situación en la que se encontraban no podían permitirse el lujo de divertirse demasiado.

Tras varios minutos, Chitose se acercó a la habitación para informarles de que todo estaba dispuesto para que cenaran. Las agentes habían colaborado para prepararles algo nutritivo antes de dormir. Una ración de carne acompañada de arroz sería una buena opción para adquirir proteínas y energía, después del viaje. Ayano y Kyoko se habían sentado a la mesa dejando un hueco entre ellas para Saki. La temprana edad de las dos adolescentes las hacían parecer, más bien, las hermanas mayores de la pequeña, en lugar de sus progenitoras.

—Procura masticar bien, ¿de acuerdo? —le decía Ayano a su hija.

Saki tenía buenos modales. Era tranquila y le encantaba pasar tiempo con las amigas de sus madres. Estando con Yui y Chitose, era incapaz de aburrirse. Y aún menos aquella noche, donde dos chicas como Kyoko y Ayano cuidaban de ella en todo momento. El enorme parecido que veía en las dos estudiantes con sus verdaderas progenitoras hacía que se mostrara confiada rápidamente. Saki tampoco entendía quiénes serían aquellas chicas, pero igualmente había sentido un vínculo especial que la unía a ellas.

—Hoy deberíamos dormir temprano —sugirió Yui—. Probablemente, Akari nos llamará mañana a primera hora, en cuanto haya analizado vuestros resultados.

Nadie estuvo en desacuerdo. Se quedarían unos minutos en el salón de aquel apartamento después de haber cenado y se dispondrían a dormir. Kyoko seguía entreteniendo a la pequeña Saki mientras Ayano preparaba un lugar en la habitación de ambas para que su hija durmiera con ellas.

—Según me dijo Ayano-chan de esta dimensión, Saki-chan también es muy tranquila para dormir. Seguro que no os da ningún problema —aseguró Chitose, mientras le hacía compañía a Ayano en la habitación.

—La verdad es que es encantadora, Chitose —dijo Ayano—. Me gustaría poder pasar tiempo con ella sin tener que pensar en todo lo que está sucediendo. Tengo miedo de que Toshino Kyoko vuelva a olvidarlo todo.

—Estoy segura de que Toshino-san opina igual que tú, y que también tiene miedo de perderse a sí misma de nuevo.

Estaba en lo cierto, Kyoko temía más que nada volver a su estado de negación de sus sentimientos. Volver a pensar que Ayano no la quería u olvidar a su hija, era una de las razones por las que no se separaba de la pequeña en ningún momento.

Chitose se despidió de Ayano y se dirigió a su habitación para dormir. Segundos después la siguió Yui, quien ocuparía la habitación contigua.

—¡Hora de dormir! —decía Kyoko, mientras se aproximaba a Ayano por aquel pasillo de habitaciones con Saki en brazos.

—Mami —llamó la pequeña a la chica de la coleta.

—¿Qué ocurre, Saki? —le respondió con una sonrisa.

—¿Quieres tenerla tú un momento, Ayano? —preguntó Kyoko—. Voy a preparar mi cama para hacerle un hueco a Saki-chan.

—De acuerdo —dijo Ayano, antes de que Kyoko le tendiera a la pequeña y se dirigiera a la habitación—. Os he colocado una barandilla para que Saki no tenga riesgo de caer de la cama.

Kyoko acomodó su cama para poder dormir con la rubia menor. Dispuso correctamente las sábanas y añadió una manta algo más gruesa para evitar que Saki pasara frío durante la noche. Ayano, por su parte, esperaba con la pequeña en brazos mientras la observaba.

—Mami —la volvía a llamar, agarrando con su mano uno de los mechones de su madre. Quería un poco de atención de parte de su otro pilar familiar. La vicepresidenta se percató de ello y le sonrió instintivamente.

—Eres preciosa —dijo Ayano, besando después su mejilla.

La pequeña se reía levemente. Había heredado uno de los detalles que más amaba de Kyoko, su alegre sonrisa.

—¡Listo! —dijo la rubia mayor—. Ya podemos dormir.

Ayano dejó a Saki sobre la cama de Kyoko y le dio otro beso antes de dirigirse a la suya.

—Buenas noches, Saki —le dijo.

—Eh, ¿y yo qué? —reprochó Kyoko—. Yo también quiero besito~

—¡¿Eh?!

—Antes, en el consejo estudiantil, estabas muy valiente —decía, intentando bromear con ella—. ¿Ahora vuelves a ser una cobarde? Jojo~

—¡¿A-a quién llamas cobarde, Toshino Kyoko?!

—Saki-chan —llamó Kyoko la atención de su hija—. ¿Verdad que Ayano debe darme un besito de buenas noches?

La niña ladeaba la cabeza sin comprender demasiado, pero por pura inercia acabó asintiendo.

—¿Ves? —dijo Kyoko, con aire victorioso.

—No metas a Saki en esto —advertía Ayano, rodando los ojos.

Ayano se acercó a Kyoko y posó una de sus manos sobre su rostro. La chica rubia prefirió no realizar ningún movimiento brusco, facilitando que su compañera le regalara un leve beso en la mejilla. Ayano buscó sus labios después, fundiéndolos con los suyos en un segundo beso.

—B-buenas noches —decía la chica de la coleta, sonrojada.

—Buenas noches, Ayano —respondió Kyoko con una sonrisa.

La vicepresidenta siguió con su semblante sonrojado, incluso cuando se metió en su cama para disponerse a dormir. Las dos rubias se acomodaron enseguida en la otra y Kyoko tapó con las mantas a Saki para abrigarla adecuadamente.

...

La noche las acogió a todas, excepto a Ayano. Seguía dándole vueltas a la situación de Kyoko, y cómo harían las agentes para solucionar cualquier problema que Akari les presentara al día siguiente. Giró su rostro hacia la cama que ocupaban aquellas dos rubias, esas que se habían convertido en uno de los mayores tesoros de su vida. Solo verlas dormir tan plácidamente provocaba que en los labios de Ayano se dibujara una dulce sonrisa.

"Os quiero tanto..."

Ayano dirigió su mirada al techo de la habitación de nuevo. Las manecillas del reloj que había en la pequeña mesita de noche junto a su cama marcaban la medianoche, pero no se encontraba demasiado somnolienta debido a su descanso en la enfermería de la escuela horas antes.

Una leve tos irrumpió el silencio y los pensamientos de Ayano. Volvió a mirar a las chicas de la cama contigua, notando que Saki había despertado entre los brazos de Kyoko. La vicepresidenta se levantó y se dirigió hacia su cama, bajando la barandilla y arrodillándose para estar frente a ella.

—¿Qué ocurre? —le preguntó, dulcemente—. ¿No tienes sueño?

—¿Ayano? —dijo una adormilada Kyoko, al abrir sus ojos con dificultad—. ¿Todo bien?

—Saki se había despertado —contestó la vicepresidenta—. La escuché toser un poco.

—¿Hm? Espero que no haya cogido frío —respondió la chica rubia, mientras abrigaba a su hija.

Saki bostezó y se acurrucó de nuevo en los brazos de su madre. Ayano solo extendió su brazo para alcanzar y acariciar los cabellos rubios de la pequeña.

—Se te da muy bien esto, Kyoko-mamá —bromeó Ayano, en voz baja.

—Jeje. Nada se resiste a Super Sexy Comando Kyoko.

—¿Puedo tomaros una foto? Estáis muy tiernas juntas y me gustaría tener un recuerdo de Saki.

—Claro. Adelante, Ayano-mamá.

Ayano rió divertida y cogió su teléfono móvil. Kyoko abrazó a Saki y esbozó el símbolo de la victoria con sus dedos.

—¿Preparadas? —dijo Ayano, antes de tomar la fotografía—. Perfecto, ya está.

Consultó entonces su teléfono para ver la foto y, en cuanto lo hizo, se percató de algo extraño.

—¿Hm? ¿Has tapado a Saki? No la veo aquí —decía Ayano.

—¿Eh? No, no la he tapado.

—Ella no aparece en la foto —afirmó.

—Pero tú la enfocaste, ¿no?

—Claro, pero en lugar de Saki hay un hueco entre tus brazos.

—¿Qué? —aquello no le pareció muy corriente a Kyoko.

—Mira —dijo, acercándose a la chica rubia para mostrarle aquella evidencia.

Efectivamente, la pequeña no figuraba en aquella fotografía con Kyoko. Esto empezó a alarmar a las dos adolescentes, quienes se miraban con preocupación pensando que podía significar algo peligroso. Ayano se dispuso a comprobar que su hija no tuviera nada malo, posando sus manos sobre sus mejillas y preguntándole si se encontraba bien.

—Creo que tiene algo de fiebre, Ayano —anunció Kyoko, quien era capaz de saberlo debido a que se situaba cerca de ella.

—Hay que decírselo a Chitose y Funami-san —propuso la vicepresidenta.

Ambas rápidamente salieron de la habitación y se dirigieron a las que ocupaban las agentes. No sabían a qué se debía la falta de la pequeña Saki en aquella fotografía, pero no les parecía algo usual, ni siquiera en la dimensión en la que se encontraban.

—¡Chitose! ¡Funami-san! —gritaba Ayano, golpeando las dos puertas.

Las agentes despertaron de inmediato y abrieron las puertas de sus habitaciones. Ayano sostenía su teléfono móvil en su mano y mostraba aquella foto que había tomado segundos antes. Pero la joven vicepresidenta comenzó a asustarse de verdad cuando vio el rostro que mostraban las dos agentes al ver la fotografía.

—No puede ser... —decía Yui, volviendo al interior de su habitación y buscando entre sus prendas la otra fotografía que ella poseía, aquella que mostró a Ayano y Kyoko cuando les habló por primera vez de la existencia de su hija.

—¡¿Qué ocurre?! —preguntó Kyoko, angustiada.

Ante la atenta mirada de las tres chicas, Yui encontró lo que buscaba al fin. Nada más observar su fotografía, pareció quedar petrificada por lo que vio. Lentamente, alzó su mano para mostrar a las demás el hallazgo.

—¡Oh no! —dijo Chitose, llevándose las manos a su rostro.

Kyoko y Ayano no podían apartar la vista de aquella foto. Donde antes se podía ver a la pequeña Saki con total facilidad, ahora solo era posible apreciar el paisaje que había detrás. La pequeña había desaparecido de aquella foto de igual manera.

—¡¿Qué está pasando?! —decía Ayano, también confundida.

La duda se disipó en cuanto vieron a Yui y Chitose apresurarse por llegar a la habitación donde habían estado durmiendo las dos adolescentes con su hija. Kyoko y Ayano las siguieron rápidamente, aún sin saber con certeza la situación en la que se encontraban. Pero todo pareció aclararse en cuanto vieron unos destellos alrededor de su hija, aún acostada en la cama donde la dejaron. La pequeña no solo empezaba a desaparecer en las fotografías, también lo estaba haciendo en la realidad, pues su figura se empezaba a mostrar translúcida a los ojos de las cuatro chicas.

—¡Saki-chan!

Yui corrió hacia ella, pero poco pudo hacer antes de que ésta desapareciera por completo, dejando algunos destellos que pronto se desvanecieron igualmente.

Kyoko cayó de rodillas sin creerlo aún, y Ayano no pudo detener las lágrimas que comenzaron a deslizar sin control por sus mejillas. Acababan de presenciar cómo su hija se esfumaba en tan solo pocos segundos.

—¡Agghhh! —el gritó ahogado de Kyoko las despertó a todas de aquel silencio.

—¡Kyoko! —se acercó Yui—. ¡¿Qué te ocurre ahora?!

—¡Mi cabeza! ¡Agghh! —la chica yacía de rodillas en el suelo llevando sus manos al lugar donde sentía el dolor.

—¡Kyoko! —Ayano, aún con lágrimas en sus ojos, se arrodillaba para socorrer a la chica rubia.

—¡Funami-san, llama a Akaza-san! ¡Rápido! —intervino Chitose—. ¡Yo me ocuparé de ellas!

Yui obedeció a su compañera. A pesar de encontrarse en plena madrugada, marcó rápidamente el número de Akari sin pensarlo dos veces.

—¡Akari! —la llamó Yui, nada más escuchar que la pelirroja descolgaba el auricular—. ¡Saki-chan ha desaparecido!

—¡¿Qué?! ¡¿Podría ser...?!

—¡Estoy segura! ¡La conexión está empezando a enviar la información de la D21A a las demás dimensiones! ¡¿Hemos fracasado?!

—¡Aún no! Solo cuando esa información termine de enviarse, la dimensión 21A se quedará desconectada de las demás. ¡No nos rendiremos hasta ese momento, así que venid al laboratorio ahora! ¡Estoy analizando los resultados de Kyoko-chan, me daré prisa en daros una explicación!

—¡De acuerdo, vamos para allá! —dijo Yui antes de colgar, sin siquiera esperar más respuesta por parte de la pelirroja.

Cuando se giró y volvió a mirar a las demás chicas, vio cómo Chitose y Ayano seguían rodeando a Kyoko con clara preocupación en sus rostros. Temía seguir adelante y recibir malas noticias de nuevo, pero era su obligación como agente del departamento. Además de ello, era su mejor amiga la que se quejaba de aquel dolor punzante. Dolor que se reflejaba en la propia Yui, provocando que algunas lágrimas cayeran por sus mejillas. Con más miedo que confianza, agarró a Kyoko por el brazo y la levantó de inmediato.

—Nos vamos al laboratorio de Akari —anunció.

Chitose podía notar la angustia y la desesperación en las formas de su compañera. Ayudó entonces a Ayano ponerse en pie y caminar. A la pobre chica casi no le respondían las piernas después de lo acontecido. Debían salir de allí e ir al laboratorio del departamento lo antes posible. La fractura dimensional creada en la dimensión 21A estaba empezando a transmitir a través de la conexión la información a las demás dimensiones, y los hechos contradictorios comenzaban a compatibilizarse en función a lo que dictaba dicha fractura. La desaparición de la pequeña Saki solo era la primera prueba de que el futuro entre Kyoko y Ayano empezaba a ser improbable. Y con ello, el gran conflicto continental se aproximaba. Chitose comenzaba a ver una profunda herida también en Yui, y esperaba con esperanza que Akari consiguiera darles alguna vía de escape. Alguna salida para aquel abismo al que todas se asomaban sin poder retroceder.

Poco antes de la una de la madrugada, las agentes llegaban de nuevo al departamento junto con las dos estudiantes. Una de ellas seguía con fuerte jaqueca, y otra no se creía aún lo que acababa de presenciar algunos minutos antes. Aquel último destello azulado se había quedado grabado en su memoria junto con la imagen de su hija, la cual descansaba inocentemente mientras desaparecía. Esta vez, Akari las recibía mostrando un semblante serio, o más bien preocupado. La chica pelirroja seguía trabajando en su laboratorio sin descanso para poder analizar los resultados que obtendría de las pruebas realizadas anteriormente a las dos adolescentes.

—Akari... ¿qué opciones nos quedan? —preguntó Yui con un hilo de voz, nada más llegar.

—Bueno... Después de obtener los resultados de Kyoko-chan, he empezado a analizarlos mientras veníais hacia aquí —decía la científica dimensional—. Y es cierto que he visto algo extraño, pero a la vez muy familiar.

—¿Algo familiar? —repitió Chitose.

—Sí. Pensé que lo de Kyoko-chan se debía a algo interno, a sus propias decisiones. Pero creo que me equivocaba.

Yui se temió lo peor. Si Kyoko no había causado la fractura dimensional cuando rechazó a Ayano, podría ser la propia Ayano quien lo empezó todo.

—¿Podría haber sido Ayano? —cuestionó Yui.

Ayano dirigió su mirada hacia las adultas, aterrada. No quería ser la culpable de todo lo que estaba ocurriendo y, mucho menos, de causarle daño a Kyoko.

—Sí, sería lo más lógico —sentenció Akari.

—¡No! Yo... ¡Y-yo no he podido hacerlo! ¡Nunca he querido hacerle daño a nadie! —se defendió Ayano, entre lágrimas.

—No se preocupe, Sugiura-senpai. No he dicho que sea cierto —respondió Akari, calmándola.

—¿Entonces? —reclamó Yui.

—Toda esta situación carecía de lógica, pero las pruebas no mienten.

—¿A qué te refieres? —preguntó Yui.

—Yui-chan, ¿cuándo pensabas decirme que Kyoko-chan ha sido afectada por una cápsula de repetición?