Yui se quedó helada. Sospechaba lo que Akari intentaba decir con aquella pregunta, pero temía confirmar su significado.

—¡¿Los resultados revelan una intervención con una cápsula de repetición?! —preguntó Chitose, alarmada.

Akari asintió sin pronunciar palabra.

—¿Y qué significa eso, Akaza-san..? —irrumpió Ayano, preocupada—. ¿Es... peligroso para ella?

—Bueno... Como ya sabes, las agentes del Departamento de Dimensiones deben llevar en su equipamiento dos cápsulas, una de cada tipo. Una de ellas es la que ya conoces, la cápsula de amnesia. Las de repetición se efectúan sobre una persona de igual forma. Una cápsula de repetición es aquella que interviene directamente en la mente del individuo afectado, haciéndole retroceder en sus recuerdos para poder así sustituirlos por otros. Una vez que se rompe la cápsula en presencia de la persona a la que se quiere afectar, ambos retroceden no más de varias horas a un momento que el propietario de la cápsula decida. El efecto de ese cambio puede manifestarse horas después, y deben usarse con cuidado ya que pueden provocar grietas dimensionales. Y obviamente si se utiliza repetidas veces sobre la misma persona, incluso podrían provocarle un ictus, y sería mortal. Pero Kyoko-chan solo parece haber sido afectada un par de veces, así que no hay riesgo alguno —Akari dirigió su mirada a la chica rubia, viendo cómo ésta no separaba sus manos de su cabeza—. Pero es normal que al menos tenga esos dolores de cabeza.

—Hay algo que no entiendo, Akari —interrumpió Yui—. Ayano también tomó una decisión que no se correspondía con la realidad que conocemos, pero no acabó afectando en nada.

—¿Y cuál es esa decisión? —preguntó la científica.

—No besó a Kyoko cuando le declaró sus sentimientos.

—¡¿P-pero cómo voy a hacer eso?! —siguió Ayano, nerviosa.

—De hecho, lo hiciste. Nuestra Kyoko nos lo contó —le respondió Yui.

—¡P-pero..!

—Recuerdo que fui yo quien te aconsejó que lo hicieras así, Ayano-chan —siguió Chitose—. Y la Ayano de nuestra dimensión sí besó a Toshino-san, tal y como le dije.

—E-entonces... Yo también debería haber seguido tu consejo, ¿no? Se supone que todas las Ayano pensamos igual... —reflexionaba la joven.

—Exacto —contestó Chitose.

—P-pero lo importante es que me declaré a Toshino Kyoko, ¿no? Que la b-besara o no, no tiene tanta importancia... —decía Ayano, con un leve sonrojo en sus mejillas.

—En teoría, cualquier pequeño detalle puede cambiar lo que viene después, Ayano-chan —siguió Chitose.

—¿Y-y qué hay de Toshino Kyoko? ¿Qué le habría llevado a rechazarme si no es lo que ella quiere? —preguntó Ayano.

—He estado pensando mucho en ello —intervino Yui—. Después de hablar con nuestra Kyoko, estaba convencida de que fuiste tú misma la que alteró la conexión en la D21A. Pero...

—¿Qué ocurre, Funami-san? —preguntó Chitose a su compañera.

—La decisión de Ayano no provocó nada, porque la fractura ya se había formado antes —concluyó Yui—. Según la versión de Kyoko que nos contó la Chitose infiltrada, cuando Kyoko y Ayano se encontraron en el baño, Kyoko ya pensaba que Ayano no la correspondía.

—¿Pudo ser entonces una cápsula de repetición la que afectó a Toshino-san de alguna forma y que eso provocara la fractura dimensional? —cuestionó la agente Ikeda.

—Claro... —dijo Yui—. Y cuando Kyoko pareció perder sus recuerdos y volvió a negar sus sentimientos hacia Ayano, también fue por una cápsula de repetición. Tienen ese efecto, cambiar una pequeña parte de la realidad vivida por una persona..

Ayano, que se encontraba junto a Kyoko, no pudo evitar acercarse a ella preocupada al oír aquello. Sujetó el rostro de Kyoko, besó su frente y la mantuvo unida a la suya. Kyoko solo entreabría sus ojos mientras el dolor en su cabeza continuaba.

—Así que Toshino-san ha sido afectada por dos cápsulas de repetición en pocos días... Ha debido de ser horrible... —dijo Chitose.

—Pero nosotras no hemos utilizado ninguna cápsula aún... —continuó Yui, que comenzaba a darse cuenta de una verdad que no era de su agrado en absoluto.

—Esa es otra de las razones por las que os he hecho venir aquí —continuó Akari—. Informé de ello a Himawari-chan días antes de que empezarais esta misión, pero no había tenido mucha importancia.. hasta ahora.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Yui.

—Chinatsu-chan y yo empezamos a notar que faltaban algunas cápsulas de repetición del laboratorio.

—¡¿Qué?! ¡¿Faltan cápsulas del laboratorio?! —repitió Chitose.

—Está muy claro —interrumpió Yui—. Hay alguien más aparte de nosotras interfiriendo en las conexiones. Esas cápsulas han tenido que ser robadas.

—¿Cápsulas robadas... para alterar la conexión de la D21A? —preguntó Chitose.

El silencio pareció inundar aquel laboratorio. Al fin sabían lo que había desestabilizado la mente Kyoko y cómo evitarlo. No volvería a ser afectada mientras la tuvieran escoltada ya que, para hacerla retroceder, tendrían que volver a romper una cápsula cerca de ella. No obstante, lo que en aquel momento les aterraba era tener constancia de la existencia de un enemigo y no conocer su identidad. Por lo pronto, no podían confiar en nadie. Podría ser cualquiera.

—Hay algo más que necesitas saber, Yui-chan —dijo Akari.

—¿Qué es? —respondió la nombrada.

—Kyoko-chan y Sugiura-senpai también me llamaron poco después de hablar contigo por teléfono. Se han percatado de que Saki-chan ha desaparecido de las fotografías que hay en su casa también.

—Y supongo que les has contado lo que había pasado, ¿no? Que Saki-chan ha desaparecido por completo.

—Era mi deber, no podía ocultarles eso. Y menos a Kyoko-chan, estaba muy asustada. Le dije que Ikeda-senpai y tú estáis investigándolo y que todo saldría bien... —Akari necesitó una pausa, pues se le empezaba a quebrar la voz levemente—. Pero cada minuto que pasa se vuelve más grave y no sabemos quién está detrás de todo esto.

—Nosotras lo descubriremos, Akaza-san —intervino Chitose—. No descansaremos hasta lograr que todo vuelva a la normalidad.

En ese momento, unos fuertes estruendos alertaron a las chicas dentro del laboratorio. Aquellos golpes eran propiciados por alguien fuera de la estancia, quien se esforzaba por descargar parte de su impotencia en los robustos cristales del laboratorio, desde el exterior. Yui no estaba preparada para enfrentar aquello, jamás lo estaría. Aquella chica rubia de 28 años de edad golpeaba una y otra vez el cristal, mientras las lágrimas deslizaban por sus mejillas. Con ella, otra chica peinada con una cola alta permanecía detrás de la primera sin poder contener su llanto.

—Kyoko... —dijo Yui con un hilo de voz.

Akari abrió la puerta del laboratorio para permitirles pasar, pero la Kyoko mayor se fue directa a su amiga de la infancia para encararla con rabia.

—¡Maldita Yui! —Kyoko se abalanzaba con la intención de agredirla, pero Chitose reaccionó rápidamente y la sujetó.

La repentina aparición del joven matrimonio impresionó a la Ayano menor, quien jamás pensó que podría llegar algún día a verse a sí misma 14 años mayor. El verse en aquel estado le hizo recordar su propio dolor por la desaparición de Saki, el cual había quedado por unos instantes en segundo lugar debido al gran aprieto en el que se encontraban. Aquella Ayano mayor dirigió su mirada hacia ella, y por un momento pareció leer su mente, pues eran capaces de sentir de la misma forma la pérdida de la pequeña.

—¡Kyoko, cálmate! —respondió Yui—. ¡Siento que todo haya acabado así!

—¡Dijiste que la volvería a ver! ¡Lo dijiste! —Kyoko seguía tratando de librarse del agarre de Chitose, pero le era imposible—. ¡Devuélveme a mi hija, Yui!

—¡Te prometo que la salvaré! —Yui, a pesar de que podría llevarse un puñetazo de su mejor amiga, se acercó hasta ella y colocó ambas manos en su rostro—. Y si no lo consigo, dejaré que me mates si es lo que deseas.

Kyoko no pudo sostenerse más en pie y cayó de rodillas ante las demás chicas. La chica rubia lloraba desconsolada mientras repetía una y otra vez el nombre de su hija. La Ayano mayor se aproximó a ella y la abrazó para darle el único consuelo que podía, pues ella también era incapaz de contener las lágrimas.

—Toshino-san... —decía Chitose, mientras observaba a Kyoko destrozada por el dolor.

—C-Chitose —la Ayano mayor llamó a la agente Ikeda con una voz bastante entrecortada-. ¿Hay... algo que podamos hacer?

—De momento, no... Pero creo que sería conveniente que Funami-san y yo habláramos con Toshino-san de la D21A —Chitose dirigió su mirada a la susodicha—. Tiene que contarnos con todo detalle lo que ocurrió antes y después de que Ayano-chan se declarara.

La Kyoko mayor se sorprendió al oír aquello. Ni siquiera se había percatado de que cerca de ellas se encontraban las chicas de la dimensión 21A. Levantó su mirada y la enfocó en aquellas dos estudiantes. La rubia se hallaba sentada en una camilla con aparente malestar, posiblemente jaqueca. La otra se situaba a su lado, de pie. El ver a Kyoko con 28 años y con un cuerpo totalmente desarrollado, hizo que la Ayano menor se sonrojase levemente en cuanto sus miradas se cruzaron. Pero poco duró esa sensación al ver el rostro tan triste de la chica rubia, realmente la pérdida de su hija le estaba partiendo el alma en dos.

—De acuerdo —dijo Yui—. Akari, ¿podrías recalcular la conexión mientras hablamos con Kyoko? Estaría bien saber qué puede ocurrir después para no llevarnos más sorpresas.

—No hay problema, Yui-chan —respondió Akari.

Yui no esperó más y se llevó a la Kyoko menor fuera del laboratorio. Chitose la siguió, dejando trabajar a Akari en compañía del matrimonio y la joven Ayano. Ésta seguía sin saber qué hacer ante aquella situación. Frente a ella, aún agachadas en el suelo, se encontraban sus identidades de la D6L y, a pesar de ello, no sabía qué podía decirles para mejorar sus estados de ánimo.

—Ayano —dijo Kyoko.

—¿Sí? —dijeron ambas Ayano, las cuales se miraron entre ellas un poco confusas.

—Me refiero a la adolescente —disipó la duda la chica rubia.

—D-dime —contestó la nombrada.

—Sé que Yui y Chitose van a intentar traer a Saki de vuelta, y que tú acabarás queriendo ayudarlas —decía Kyoko—. Solo te pido... que tengas cuidado. No soportaría perderte a ti también.

—Kyoko... —la Ayano mayor acariciaba el pelo de su esposa, dándole apoyo.

—Prométemelo, Ayano —continuó la chica rubia, sin dejar de mirar a la adolescente—. Prométeme que no te pondrás en peligro.

Ayano sabía que no cumpliría esa promesa. Pondría en peligro su vida si fuese necesario tan solo para salvar a su hija.

—Intentaré que no haya necesidad de ponerme en peligro... —respondió la joven.

Aquella respuesta no agradó demasiado a la mangaka, pues conocía a Ayano y sabía que, llegado el momento, sería capaz de jugarse la vida por Saki, al igual que la propia Kyoko.

—Kyoko —la llamó la Ayano mayor—. Volvamos a casa y descansemos un poco, no tienes buen aspecto.

—Sugiura-senpai tiene razón, será mejor que durmáis un poco —siguió Akari—. Os mantendré informadas de cualquier novedad.

—Cuento contigo y con la patrulla, Akaza-san —dijo Ayano, antes de ayudar a Kyoko a ponerse en pie y dirigirse a la salida.

La Ayano adulta regaló una última mirada a su otra yo, con decisión. Ambas sabían que querrían llegar hasta el final, costase lo que costase.

El matrimonio cruzó la puerta del laboratorio hacia el exterior y se marcharon a su residencia. Por su parte, las agentes y la Kyoko adolescente seguían posicionadas un poco más allá de la salida del laboratorio de Akari. Yui y Chitose intentaban sonsacar alguna información útil que les permitiera averiguar quién estaba detrás de todo lo que estaba ocurriendo.

—Ya le conté a Chitose todo lo que pasó ese día —se quejaba la chica rubia, aún con dolor de cabeza—. Necesito descansar, este dolor me está matando.

—Por mucho que descanses no desaparecerá —contestó Chitose—. Es el efecto de que hayan utilizado sobre ti dos cápsulas de repetición en tan poco tiempo.

—¡Pero no hay nada extraño en todo lo que os conté! —replicó Kyoko—. Lo único extraño fue lo que ocurrió después de que Ayano me confesara sus sentimientos.

—Espera, ¿hay algo más? —preguntó Yui.

—Claro, tiene sentido —dijo Chitose—. Si la primera vez que fue afectada por una cápsula ocurrió antes de que Ayano-chan se confesara por primera vez, debe de haber otro cambio de recuerdos para la segunda vez que fue afectada, cuando Ayano-chan ya se había confesado y Toshino-san volvió a desestabilizarse.

—De acuerdo —comprendió Yui—. Kyoko, dinos a quién viste antes de que supieras que Ayano te iba a rechazar.

—Vi a mucha gente a lo largo de ese día, podría haber sido cualquiera.

—Alguien tuvo que tener la oportunidad de encontrarse contigo, Kyoko —dijo Yui.

La propia Ayano salió del laboratorio para asomarse y ver cómo iba aquel interrogatorio. Kyoko parecía pasarlo mal. Tener que responder preguntas confusas para ella con semejante jaqueca debía ser horrible, sin añadir el hecho de la tristeza que sentía por haber perdido a la pequeña Saki.

—Un momento, Funami-san... —Chitose meditó durante varios segundos—. No olvidemos que debe tener oportunidad para robar las cápsulas del laboratorio. Podría haber sido cualquiera con acceso a él.

—¿Podría haber sido Chinatsu-chan? —preguntó inocente Kyoko.

—¿Pero qué estás diciendo? —se quejó Yui—. Eso sería impensable, Chinatsu adora a Saki-chan y le encanta trabajar para el Ministerio. Además, está embarazada. Es imposible que pudiera hacer todo eso ella sola.

—¿No hay nadie más con acceso al laboratorio? —preguntó Ayano desde la puerta del mismo, despertando el interés de ambas agentes.

—¿Te refieres a... Akaza-san? —dijo Chitose.

—En realidad... —Ayano calló por un momento, como preparándose para dar una mala noticia—. Verás, Chitose... Esta noche, cuando llegamos hace unas horas aquí por primera vez... Bueno... Quizás no haga falta trabajar aquí para poder tener oportunidad de robar las cápsulas.

Flashback:

¿Estamos en un edificio? —preguntó Kyoko.

Estáis en uno de los edificios más importantes del país —explicaba Chitose—. Aquí se instala el Gobierno, junto con todos sus Ministerios.

¡¿El Gobierno?! —repitió Ayano—. ¿Seguro que podemos estar aquí, Chitose?

Por supuesto. Estáis escoltadas por nosotras —respondió Chitose—. Mientras vayáis con un agente, no hay de qué preocuparse. A Chizuru y Omuro-san les encanta venir de vez en cuando y ver nuestro trabajo.

Yui frunció el ceño indignada y habló inmediatamente.

—Me niego a creer que Omuro-san...

—No me refería a Omuro-san —interrumpió Ayano.

La agente Ikeda no articuló palabra, presa de su asombro. Su mejor amiga estaba acusando a su propia hermana, quien siempre había demostrado estar en desacuerdo con la unión de Kyoko y Ayano. Pero aquello solo era un gusto personal, ¿de verdad se tomaría tantas molestias por intentar separar al matrimonio?

—Chizuru... —la nombró Kyoko—. Recuerdo haberla visto antes de encontrarme con Ayano en el baño.

—¿Y volviste a verla después? —preguntó Yui.

—Sí. Fue ella la que me dijo aquella mentira acerca de Ayano —respondió Kyoko, confundiendo aún más a sus acompañantes.

—¿Qué mentira acerca de Ayano? —volvió a cuestionar Yui.

—Me dijo que una noche que Ayano se quedó a dormir en casa de Chitose, le escuchó decir que estaba harta de mí y que alguien como yo sería lo último que quería cerca.

Ayano lo pensó por un momento. Era eso a lo que se refería aquella vez en la enfermería. Tenía que haber sido producto de la segunda vez que interceptaron a Kyoko con una cápsula de repetición.

Flashback:

Toshino Kyoko, basta. No quiero oírte más —dijo Ayano, de repente—. Si piensas que te he declarado mis sentimientos solo para burlarme de ti, es que no me conoces en absoluto.

Quizás yo no, pero Chitose te debe conocer a la perfección porque se lo cuentas todo, incluso lo poco que te gusto —contestó Kyoko, enfadada.

Yui no pudo evitar quedarse sin habla durante unos segundos. Segundos en los que pensaba agarrar por el cuello a su amiga.

—¿Tenías algo tan importante en tu memoria y no nos lo dijiste? —replicó la agente Funami.

—¡No pensé que fuera importante! —se molestó la chica rubia—. ¡Todas pensabais que yo tenía la culpa de todo lo que estaba ocurriendo!

—Tiene razón, Funami-san... —intervino Chitose—. Y... Chizuru podría haberlo hecho, ella ha tenido acceso al laboratorio cuando venía conmigo.

—Oh vamos, Chitose —insistió Yui—. Chizuru nunca se ha llevado bien con Kyoko, pero no creo que sea razón para hacer todo esto. Estaría destruyendo la vida de Ayano también, y a ella sí la aprecia.

—Kyoko —Ayano se acercó a la chica rubia llamándola por su nombre, lo que provocó que ella prestara atención al instante—. Cuando hablaste con Chitose y le contaste tu versión de lo que había pasado, ¿viste después a Chizuru en algún momento?

—Sí... —respondió con cierta timidez.

—¿Y qué ocurrió? —volvió a preguntar Ayano.

—Nada más salir del consejo estudiantil para buscarte y decirte que lo sentía, Chizuru apareció para decirme aquella mentira sobre ti —narró la chica rubia.

—Entonces... Para ti lo que ocurrió después en el pasillo simplemente no sucedió... Ya no lo tienes en tu memoria... —se lamentaba Ayano, comprendiendo que Kyoko ya no había vivido aquel beso con el que comenzaron su relación en ese pasillo, poco después de que la chica rubia aclarara la situación con la Chitose infiltrada y saliera corriendo en su busca.

—Lo siento, Ayano... —se disculpó la otra joven, para luego mostrar una actitud molesta—. Esa Chizuru me las pagará.

—Debemos informar a Furutani-san. Si ha sido ella, impondremos una orden de arresto inmediato —interrumpió Yui, dirigiéndose a su compañera de patrulla poco después—. Puedo pedirle que te aparten del caso por motivos personales, Chitose. No creo que sea muy agradable darle caza a tu propia hermana...

—Ni hablar, Funami-san —dijo rápidamente la agente Ikeda—. Esta misión ya nos ha dado demasiados problemas. Necesito llegar hasta el final.

Aquel brillo que Yui podía apreciar en la mirada decidida de Chitose, no se debía a la emoción de terminar al fin con aquella misión que tanto se les había resistido y que, con toda seguridad, acabaría con herirlas a todas de alguna u otra forma. Yui sabía perfectamente que aquel brillo en su mirada solo se debía a las lágrimas que trataba de contener con todas sus fuerzas ante el trágico desenlace que podría esperarles, y que implicaba directamente a alguien a quien la agente Ikeda quería con toda su alma.