Como si de un huracán devastador lleno de emociones se tratara, la situación se tornó aún más oscura y trágica. Chitose no dejaba de derramar lágrimas. Su llanto, ahogado y profundo, era lo único que en aquella estancia se escuchaba. Ayano aún se encontraba en pie, frente a su mejor amiga, sin poder reaccionar. El dolor podía reflejarse en el rostro de ambas mientras permanecían en aquella habitación desde donde habían oído cómo la Ayano adulta suplicaba una y otra vez que Kyoko no la dejara. Aquella vicepresidenta adolescente jamás podría olvidar ese grito angustiado que profería su propia identidad en aquel último instante. Por sus mejillas, igualmente, deslizaban lágrimas sin afán por detenerse. Su cuerpo temblaba ligeramente, y su mirada mostraba el sentimiento de sentirse amenazada por un peligro incontrolable. Ayano miró de nuevo a Chitose, la cual seguía derrotada por aquella puñalada emocional de su propia hermana.
Pero su paciencia se agotaba.
Ayano reaccionó al fin y caminó hasta su amiga. No reparó demasiado en tomar a Chitose del brazo y mirarla cara a cara.
—Ni se te ocurra rendirte ahora, Chitose —decía Ayano, con decisión—. No voy a dejar que me quiten a mi familia. Aunque sea tu hermana, ¡juro que la detendré como sea!
—A-Ayano-chan... —alcanzaba a responder Chitose, entre lágrimas—. Yo... no entiendo nada... ¿Por qué Chizuru..?
—Vayamos a averiguarlo —contestó Ayano.
—D-de acuerdo... Esperemos hasta que Funami-san despierte e iremos de nuevo al laboratorio del departamento...
—Muy bien.
Sabía que tenían que esperar hasta que Yui despertara, pero tampoco ignoraba el hecho de que Chitose también necesitaba un tiempo para recomponerse. Había sido un golpe muy duro para ambas, pero Ayano no iba a rendirse hasta el final. Haría lo que fuera necesario para recuperar a Kyoko y a su hija.
...
El destino de Chitose parecía ser inevitable, debería enfrentarse a su propia hermana en ambas dimensiones. Por órdenes claras de Himawari, la Chitose adolescente de la D21A había sido informada de la situación y debía aprovechar cualquier ocasión para detener a la Chizuru de su realidad. Había certeza de que ambas gemelas estaban conspirando contra la unión de Ayano y Kyoko, por lo que Chitose no tuvo elección. Su papel de agente infiltrada sería culminado con la detención de un miembro de su familia.
Sin ninguna duda, fue audaz aquella noche. Solo tuvo que esperar a que su hermana se durmiera para atarla de pies y manos a su cama. No disponía de cuerdas, así que tuvo que atarla con las sábanas de su propia cama. Cuando Chizuru se diera cuenta de su situación, ya sería tarde porque Chitose se encargaría personalmente de estar allí para interrogarla. Para su sorpresa, Chizuru se mostró molesta al poco tiempo de ser inmovilizada y comenzó a intentar moverse con libertad mientras dormía. Sus ojos se abrieron segundos después, los cuales se dirigieron rápidamente al impedimento que suponían aquellas sábanas. Al sentir entonces su presencia, desvió la mirada hacia Chitose, la cual parecía haberse preparado para esperar pacientemente a que despertara. Sabía que su situación se debía al desastre entre la vicepresidenta y la chica rubia, pero desconocía cómo había descubierto que ella era la culpable.
—Chizuru... —habló Chitose—. Vas a contarme por qué lo has hecho ahora mismo.
—N-Nee-san... Yo no he hecho nada...
—¡Mientes!
Chizuru vio extraño que su hermana no la creyera. Habían estado juntas desde siempre y se conocían mutuamente. En todo caso, no tendría razón para negar la realidad. Su objetivo estaba cumplido al fin.
—¿Y qué? —respondió la albina, seriamente—. No podrás evitarlo.
—¡¿Por qué lo hiciste?! —insistió Chitose—. ¡¿Qué pensabas conseguir haciendo retroceder a Toshino-san?!
Chizuru no pudo evitar su expresión de sorpresa al oír aquello. Su hermana, quien pensaba que era una civil cualquiera, estaba al tanto de lo que había hecho. Ante la pausa de Chizuru, Chitose continuó.
—Lo sé todo. Sé que has estado interfiriendo en esta realidad para condenar la relación de Ayano-chan con Toshino-san.
Chizuru rió.
—¿Te parece gracioso..? —se molestó la agente infiltrada.
—No tienes ni idea, Nee-san.
Chitose abandonó su lugar para acercarse a su hermana y mostrarse ante ella con autoridad.
—Pues ya puedes ir soltándolo todo, quiero ver lo lista que eres.
El rostro de Chizuru pasó de burlón a irritado, puesto que ya nada podría exculparla. Chitose esperaba su respuesta, pero necesitó unos segundos para meditar sobre lo que iba a hacer. Aunque, en realidad, tampoco podía negar que no había aguardado un momento como el que se le presentaba aquella noche.
—Es irónico —dijo.
—¿Qué es lo que ves tan irónico? —preguntó Chitose.
—Que ambas seamos agentes infiltradas y no hayamos descubierto a la otra. Supongo que es señal de que no se nos da nada mal pasar desapercibidas.
—¡¿Qué..?! ¡¿Tú... también trabajas para el Departamento de Dimensiones?! —había algo en aquella confesión que la inquietaba, por lo que no se demoró en preguntar.
—No. En realidad... Somos enemigas, Nee-san.
Chitose cubrió su boca con su mano, aterrada. Ambas eran agentes que habían sido elegidas para infiltrarse entre civiles, ambas vivían bajo el mismo techo y ninguna de ellas se había percatado de que la otra tenía su mismo papel. Además, al hecho añadido de que su hermana era una infiltrada que trabajaba para otra entidad distinta, Chitose había revelado su identidad sin dudarlo. Se mostró desprevenida y cometió un error fatal. El departamento estaría ahora al descubierto a través de ella. No podía dejar que pasara a mayores pero, ¿qué iba a hacer entonces? ¿Ejecutar a su propia hermana para no dejar testigo de aquel descuido?
—N-no... No es cierto... —decía Chitose, nerviosa—. ¡Dime que no es cierto!
—Mi objetivo era evitar toda posible relación entre Sugiura-san y esa Toshino no sé qué —respondió Chizuru.
—¡¿Por qué?! —Chitose volvía a acercarse a su hermana, esta vez para agarrar el cuello de su pijama—. ¡¿Por qué quieres romper su unión?!
Chizuru desvió la mirada, con gesto preocupado. A Chitose le dio impresión de que aún ocultaba algo.
—¿Para quién trabajas? —preguntó.
—Para el país que nos destrozará en la guerra continental que se avecina —contestó Chizuru, aún sin dirigir la mirada a su hermana—. Aquella guerra que se evitó en la dimensión 6L.
—¡¿Qué?! —Chitose no podía creerlo—. ¡¿Estáis conspirando para cambiar la conexión y destruir nuestro país?!
—No pasa nada, Nee-san. Nosotras no moriremos si el conflicto tiene lugar.
—¡¿Pero qué estás diciendo?! —Chitose se enfurecía cada vez más al ver que su hermana no le respondía—. ¡¿Y qué hay de las demás?! ¡¿No te importa que personas inocentes mueran?! ¡¿Cómo puedes hacerle esto a tu propio país?!
—¡Cállate! —Chizuru la miró, sus ojos estaban humedecidos—. ¡Tú no lo entiendes!
—¡Pues explícamelo, Chizuru! —insistía Chitose.
—¡Sabía que ella moriría! —gritó—. ¡Sabía que si las separaba, esa rubia moriría!
—¡¿Has hecho todo esto para matar a Toshino-san?! ¡¿Cómo te atreves a manipular sus vidas?! ¡Su hija ya ha desaparecido y Ayano-chan está destrozada!
Chizuru volvió a callar. Ella desconocía el hecho de que Kyoko y Ayano tuvieran una hija, aunque tampoco esperaría ver a Ayano en sus peores momentos. Después de todo, esa posible hija solo existía en una dimensión que no era la suya.
—Quedas arrestada, Chizuru... —dijo Chitose de inmediato—. No esperes que esté a tu favor después de lo que has hecho.
Por mucho que su hermana le hablara en aquel momento, Chizuru no parecía mostrar emoción alguna. Lo único que hacía era dirigir su mirada hacia ella, de forma serena. Chitose se encontraba ante su primera y más difícil detención. Sin perder la compostura, utilizó su teléfono móvil y contactó con el Departamento de Dimensiones para dar el aviso de que había cumplido su objetivo: tenía a una de las Chizuru inmovilizada y lista para ser llevada por la justicia.
...
Pasadas las oscuras horas de la madrugada, en la dimensión 6L la mañana comenzaba a regalar sus primeros rayos de sol. En aquella residencia que la Chitose adulta compartía con su hermana, Ayano y ella se disponían a salir de nuevo hacia el laboratorio de Akari. La agente Yui había despertado escasos minutos antes, preguntando repetidas veces qué le había pasado y cuánto tiempo había estado en estado inconsciente. Aquella noche había sido larga y, aunque comenzaba a hacerse de día, la claridad era mínima, pues el cielo había amanecido encapotado. Parecía que se preparaba para castigar con una intensa tormenta en cualquier momento.
El trayecto era bien conocido por la joven Ayano. Avenidas grandes y un intenso tráfico que en aquellas horas demasiado tempranas era poco visible, permitiendo a las agentes y a la vicepresidenta tomar las calles con libertad. Acudieron lo antes posible al moderno edificio del Ministerio del Interior y utilizaron el ascensor para llegar a la planta más visitada esos últimos días: la del Departamento de Dimensiones.
La sorpresa fue mayor aún cuando entraron de nuevo al famoso laboratorio de Akari. La Kyoko adolescente seguía allí, sin ningún rasguño. Las agentes no lo acababan de creer, pero Ayano prefirió no preguntarse nada más y corrió hacia ella para envolverla en un abrazo. La chica rubia no entendía demasiado la actitud de Ayano, pues ni siquiera era consciente de la desaparición de su propia identidad de la D6L.
—¿Ayano, qué te ocurre? —preguntaba Kyoko.
—¡Te he echado tanto de menos! —Ayano lloraba levemente, le era imposible separarse de ella en aquel momento—. ¡Pensé que te había perdido!
Kyoko no sabía a qué se refería con aquellas palabras, aunque le preocupaba el estado en el que Ayano se encontraba. Quería hablarle con tranquilidad para calmar su inquietud, la veía muy angustiada. Pero tuvo que olvidarse de pronunciar cualquier palabra en cuanto Ayano la besó con necesidad. Por un instante había creído que no podría volver a verla, que no volvería a besar aquellos labios. Parecía un auténtico milagro que la Kyoko adolescente no se hubiera esfumado también. Ayano tan solo tenía una frase en mente para describir a aquella chica rubia todo lo que sentía.
—No sabes cuánto te quiero —decía, mientras seguía rodeándola con sus brazos y regalándole tantos besos como le fuera posible.
Ambas agentes que habían entrado junto a Ayano en aquel laboratorio, muy lejos de perder más tiempo apreciando la tierna escena, se dirigieron a Akari con urgencia.
—Akaza-san, la Toshino-san de esta dimensión ha desaparecido también —anunció Chitose.
—¡¿Qué?! —dijeron tanto Akari como la joven Kyoko aún entre los brazos de Ayano.
—¿Tienes ya el informe de la información que trae la conexión con la D21A, Akari? —pidió Yui.
—Está terminando de generarse, pero podéis leer lo que ya ha sacado impreso —Akari señaló la impresora que había sobre su escritorio, la cual trabajaba imprimiendo hojas por ambas caras.
Chitose se apresuró a leer cada palabra de aquel informe. Por mucho que doliera lo que pudiera estar escrito en aquellos papeles, debía conocer qué pretendía conseguir su hermana con sus actos. En él aparecía el conflicto continental como primera consecuencia directa, pero aquello no fue lo que más le horrorizó ver.
—¡Funami-san! —exclamó la albina—. ¡El conflicto continental empezará con un atentado en nuestra ciudad! ¡Colocarán una bomba en un edificio y éste se derrumbará! ¡También hay una lista de víctimas del atentado!
—¿Alguna víctima que te resulte familiar? —preguntó Yui.
—¡T-Toshino-san!
—¡¿Qué?!
—¡Toshino-san es una víctima del atentado!
La propia Kyoko adolescente se asustó, que reaccionó sujetando uno de los brazos de Ayano. Ésta se percató de ello, pero igualmente la sorpresa de lo que Chitose decía la atemorizó.
—¡¿Cómo es posible?! —la agente Yui se acercó a su compañera para leer también aquel informe—. ¡Pero si Kyoko y Ayano no viven en esos apartamentos!
Chitose siguió leyendo y explicando en voz alta lo que leía en los papeles que tenía en su poder. Yui se llevaba las manos a la cabeza sin saber qué hacer, presa del miedo de perder para siempre a su mejor amiga. Jamás habría imaginado que aquella simple misión rutinaria del departamento podría llegar a acabar así.
—Ayano-chan y Toshino-san no están casadas en esta realidad —explicó la albina—. Al haberlas separado la Chizuru de la dimensión 21A, Ayano-chan no será el alto cargo del gobierno como ya sabíamos, y no evitará ni la guerra ni el atentado. Saki-chan no nacerá, Toshino-san no vivirá con ella y morirá cuando el edificio se derrumbe. ¡Por eso solo ha desaparecido la Toshino-san adulta, porque morirá poco antes de cumplir 28 años!
—La conexión con la D21A debe estar terminando de enviar la información... —respondió Yui—. Estaremos perdidas si no atrapamos ya a Chizuru.
—Himawari-chan envió una patrulla para arrestarla, pero aún no la han encontrado... —afirmó Akari con preocupación.
El silencio reinó de inmediato en aquella estancia. Nadie se atrevía a decir nada, aunque todas sabían que su tiempo de actuación podía haberse agotado por completo. Sus intenciones no habían estado ligadas en ningún momento al hecho de rendirse, pero si la gemela no aparecía todo sería en vano.
Sin embargo, como si de un acto divino se tratara, Akari vio a la propia Chizuru entrar por la puerta del departamento y dirigirse al pequeño laboratorio habitado por todas ellas. Aunque aquello de acto divino no tuvo nada, pues Chizuru iba armada y no dudó en apuntar con su pistola al ventanal acristalado del laboratorio.
—¡Al suelo! —gritó Akari.
Chizuru abrió fuego repetidas veces contra aquel cristal, el cual voló en pedazos por toda la sala donde se encontraban los objetivos de sus disparos.
—¡¿Chitose, qué ocurre aquí?! ¡Tu hermana va armada! —le decía Yui a su compañera, ambas agachadas en el suelo.
—¡Debe ser la mía! —respondió ésta—. ¡Siempre dejo una en casa para cualquier emergencia! ¡Chizuru debe haberla cogido!
—¡Más emergencia que ésta no creo que haya! —se quejó Kyoko, mientras se cubría con Ayano detrás de los aparatos de medida y pruebas.
—¡Debió llevársela después de atacarte en nuestra casa, Funami-san! —explicó Chitose.
Chizuru no daba tregua al tiroteo, seguía efectuando disparos sin descanso.
—¡Akari! —se dirigió Yui a la pelirroja, agachada bajo su escritorio, donde había estado trabajando hasta ese momento—. ¡¿Tienes algún tranquilizante que podamos usar contra ella?! ¡No creo que Chitose y yo tengamos el valor de dispararle!
—¡Es posible, pero está al fondo del laboratorio! —contestó.
—¡No te preocupes, lo buscaré! —se ofreció Yui.
—¡Tardarás demasiado, mejor yo me ocupo de ello!
Akari se levantó rápidamente y corrió hacia la parte de atrás de la estancia. Chizuru la vio al instante y no dudó en apuntarla y disparar contra ella, hiriéndola en un hombro. Un grito ahogado se escuchó acto seguido. La pelirroja sintió su brazo arder al completo y se llevó su otra mano a la herida mientras se agachaba de nuevo.
—¡Akaza-san! —Ayano y Kyoko podían verla a la perfección, pues Akari se encontraba a pocos metros de ellas.
—¡Idiota! —gritó la chica rubia—. ¡No creas que tu falta de presencia te va a librar de todo! ¡Quédate ahí, Ayano y yo vamos a hacerte un torniquete para que no pierdas mucha sangre!
—¡Yui-chan! —dijo Akari como pudo, dirigiéndose a las agentes—. ¡Mi ordenador puede que haya terminado ya de generar el informe con los datos de la fractura dimensional! ¡Si los miras, quizás puedas saber por qué Chizuru está haciendo todo esto!
—¡De acuerdo! —contestó Yui, tratando de situarse cerca del pequeño escritorio de Akari para leer los informes.
—Pero... no lo entiendo... —habló Chitose—. ¿Por qué Chizuru ha venido hasta aquí? Ella sabía que podía coincidir con nosotras si venía al laboratorio, y hace pocas horas lo único que hizo fue huir.
—Muy fácil... Porque aquí es donde está su objetivo —le respondió Yui.
—¿Qué? —Chitose se mostraba confundida.
—Su objetivo es Kyoko.
No tuvieron que esperar mucho más tiempo para oír a Chizuru pronunciarse exigiendo lo que quería.
—¡Entregadme a la rubia y os perdonaré la vida! —decía.
Ayano no pudo evitar aferrarse más a Kyoko al escuchar aquello, totalmente asustada. No dejaría que Chizuru se acercara a la chica rubia mientras viviera, tendría que matarla a ella en primer lugar. Pero Kyoko, indignada por la situación y por el hecho de que Chizuru estuviera pidiendo su cabeza, se incorporó para gritarle desde la distancia.
—¡¿Qué?! —se asomó desde detrás de las máquinas del laboratorio—. ¡¿Por qué eres tan cruel, Chizuru?! ¡¿Es que acaso tu corazón es de diamante..?!
El silencio volvió a hacerse protagonista durante unos segundos en aquel lugar. Incluso Chizuru había dejado de efectuar disparos, extrañada.
—¡¿Pero qué dices?! —gritó Yui, irritada.
Chizuru reaccionó finalmente y apuntó a Kyoko, quien fue agarrada rápidamente por Ayano agachándola de nuevo para protegerla.
—¡Deja eso para otra historia, Toshino Kyoko! —le regañó.
Yui, crispada ya por el inconsciente atrevimiento de su amiga, no dudó en actuar.
—¡Maldita Chizuru! —gritó Yui mientras se levantaba y sacaba también su pistola para apuntar a la gemela.
—¡Funami-san, no! —intentó detenerla Chitose.
—No voy a herirla, solo a asustarla —dijo Yui—. Si le apunto tendrá que cubrirse, y en ese momento no nos disparará. ¡Aprovecha para terminar de leer esos informes!
Chitose tomó la propuesta de su compañera sin dudarlo. Chizuru, al ver a la agente apuntarle, bajó su arma inmediatamente y corrió a cubrirse para evitar ser alcanzada por las balas de Yui.
—¡Vamos, Chitose! —exigió Yui, sin apartar la vista del escondite de Chizuru y disparando de vez en cuando para retenerla allí—. ¿Qué dice el informe?
—¡A-Ayano-chan no podrá soportar la muerte de Toshino-san y perderá las fuerzas por luchar a favor de nuestro país! —dijo, entre sollozos—. ¡Después perderá también la vida a manos de un terrorista!
El despiste de Yui fue lo que hizo que Chizuru saliera de su escondite y abriera fuego de nuevo, provocando que ahora la agente tuviera que agacharse y cubrirse. Debía tener más cuidado. Si volvía a descuidarse, Chizuru podría matarla de inmediato.
Akari y las dos adolescentes escuchaban cada palabra de Chitose con verdadero horror en sus rostros. Ningún futuro esperaría a Ayano y Kyoko si eran separadas finalmente, ni siquiera su hija llegaría a existir. Yui, por su parte, llegó a su límite. Se enfureció y disparó una y otra vez hasta herir a Chizuru en una pierna. El grito de la propia Chizuru fue lo que alertó a Chitose.
—¡Detén a tu hermana ahora o te juro que yo misma la mataré! —gritó Yui.
Chitose, al levantarse y mirar más allá del ventanal del laboratorio, pudo ver a Chizuru quejarse por el dolor mientras maldecía el nombre de la agente Funami. Parecía que no podría derramar más lágrimas, pero se equivocaba. No había duda de que aquella imagen era una de las más tristes que había visto en su existencia.
