La situación parecía finalmente controlada en el Departamento de Dimensiones. Aquel tiroteo había provocado algunos daños materiales en la estancia, dando lugar a una apariencia algo abandonada de la zona. El gran ventanal del laboratorio de Akari había quedado destrozado y esparcido por el interior del mismo. La científica, tras haber recibido aquel disparo de Chizuru, se dejó socorrer por las adolescentes Kyoko y Ayano, quienes realizaron el apaño para asegurar su protección mientras llegara el equipo sanitario y la llevaran al hospital más cercano.

Al mismo tiempo, Chitose había salido apresurada fuera del laboratorio para detener al fin a su hermana. Chizuru la había visto salir de allí, pero no trató de disparar contra ella siquiera, parecía una rendición en toda regla. Chitose la desarmó de inmediato y le leyó sus derechos. Yui apareció poco después, acompañada de Akari y las estudiantes.

—Acabo de informar a Furutani-san —dijo la agente Funami—. La patrulla que también estaba tras la pista de Chizuru no tardará en llegar.

—Muy bien... —Chitose, evidentemente, no mostraba satisfacción alguna en su respuesta. Solo se dedicaba a observar a su hermana con desaliento.

—¿Ya está? —preguntó Ayano, queriendo asegurarse de que estaban finalmente a salvo—. ¿Todo ha terminado?

—Sí —respondió Yui—. Arrestarán a Chizuru y tramitaremos vuestro regreso a la dimensión 21A. Todo volverá a la normalidad y las personas desaparecidas reaparecerán también.

Ayano suspiró de alivio al oír aquello. Hacía tiempo que no sentía tal tranquilidad, quizás demasiado. Chitose se encontraba totalmente apenada, pero comprendía con gran dolor que su hermana había obrado mal. Pero, aunque Chizuru siempre se había mostrado reacia a llevarse bien con la chica rubia, no acababa de entender que ese simple detalle justificara todo el daño que había hecho. Provocó la desaparición de la pequeña Saki, hija de Kyoko y Ayano en la dimensión 6L. También acabó con la existencia de la Kyoko adulta y con la propia felicidad de Ayano, siendo testigo de cómo su familia se destruía por completo. Parecía que actuaba de manera inconsciente y sin pensar en las consecuencias que podían acarrear sus actos.

—No tenéis ni idea... —alcanzó a decir Chizuru, en voz baja.

Tuvo entonces que actuar una última vez, de forma desesperada. Desde el suelo, utilizó su pierna sana para hacer tropezar a la Kyoko adolescente y retenerla contra su voluntad a punta de navaja. Parecía que la pistola de su hermana no era lo único que llevaba encima. Yui y Chitose mostraron sus armas de inmediato y Akari comenzó a pedirle a Chizuru que se tranquilizara, y que no hiciera daño a la chica rubia. Kyoko, asustada, trataba de no realizar ningún movimiento brusco que pudiera poner nerviosa a su agresora. Y Ayano, preocupada a niveles extremos, se llevaba las manos al rostro. Incluso llegaba a sentirse culpable, por no haber estado más atenta a la seguridad de Kyoko y haberla dejado a merced de Chizuru.

—No hagas tonterías, Chizuru —habló Chitose, apuntándola con su pistola con gran nerviosismo—. Suéltala ya, todo ha terminado.

—¡Dejadme ir o la mato! —decía con furia, mostrando su clara desesperación por salir de aquella situación.

La patrulla ordenada por Himawari, en su labor de jefa del departamento, llegó al lugar en cuestión de segundos. La tensión en aquella estancia aumentaba por momentos mientras Chizuru veía aparecer a una docena de agentes armados dispuestos a arrestarla.

—¡No os acerquéis! —gritó Yui, volviéndose hacia los recién llegados con ambas manos en alto.

Chizuru aproximaba cada vez más la navaja que portaba en su mano al cuello de Kyoko, incomodándola en el proceso. Ayano era incapaz de mirar directamente aquella afilada cuchilla que amenazaba con quitarle la vida a la chica rubia. La propia Chizuru se veía afectada, pues sus ojos se humedecían con cada segundo que pasaba.

—Aún no me has dicho por qué... —decía la agente Ikeda—. El por qué de toda esta locura. Y no me creo que sea por llevarte mal con Toshino-san. Más bien... es como si no tuvieras otra salida.

—¡Eso no te incumbe! —gritaba la gemela, queriendo imponer su autoridad sobre su hermana.

—¡Yo soy la ley aquí! —se crispaba Chitose, aún apuntándola con su pistola sin dar un paso atrás—. Y, además, soy tu hermana. Te conozco y sé que no es tu forma de actuar.

Chizuru evitaba la mirada desafiante de la agente. El secreto que llevaba guardando durante tanto tiempo era, cada vez, más difícil de esconder. Asimismo, Chitose no parecía tener intención de detenerse en su petición. Aunque Chizuru no tenía en mente obedecer y hablar de ello, tampoco veía otra escapatoria. No había forma de resistirse y vencer.

—Dímelo, Chizuru —le dijo—. Podemos ayudarte.

Las fuerzas de Chizuru se debilitaban poco a poco. Las lágrimas deslizaban por sus mejillas y el agarre que tenía a Kyoko iba disminuyendo. Eso tranquilizó en cierta medida a Yui y Ayano, las cuales podían asegurar que se les habría salido el corazón del pecho en cualquier momento.

—Yo... —intentaba decir Chizuru, entre lágrimas—. No tenía otra opción.

—Dime por qué —pedía Chitose—. Dime por qué las vidas de Ayano-chan y Toshino-san eran rentables para lo que debías conseguir.

—P-porque serían ellas o tú, Nee-san... —alcanzó a decir la gemela, con un hilo de voz.

—¿Qué? —la agente Ikeda no terminaba de comprender lo que su hermana quería transmitirle.

—El conflicto continental... El cargo de Sugiura-san... Y mi papel como infiltrada... Todo estuvo relacionado desde un principio, Nee-san... —narraba Chizuru—. Hace semanas que me reclutaron para provocar esta fractura dimensional y acabar con la carrera política de Sugiura-san... Ella... fue el alto cargo que consiguió negociar con el país enemigo y evitar el desastre, así que tenía que impedir que alcanzara ese puesto como fuera. Me aseguraron que si lo conseguía, ambas nos salvaríamos de la inminente masacre...

—¡¿Y no crees que era mejor no poner la vida de nadie en juego?! —preguntó Chitose, visiblemente alterada.

Chizuru suspiró y mostró una leve sonrisa, aunque no parecía demasiado alegre.

—No era... tan sencillo... —dijo—. Si no lo hacía, te matarían a ti.

Las acompañantes de la agente Ikeda se sorprendieron al escuchar aquello. Habían querido amenazar a Chizuru con su propia hermana, sin darle opción a defenderse.

—Pero eso no es posible... —decía Chitose, casi para ella misma—. Ambos países tienen buena relación. Sería impensable que quisieran acabar con nosotros desde las sombras.

—No lo sé, yo solo hice lo que me ordenaron —respondió Chizuru.

—¿Por qué no me dijiste esto antes? ¡Podríamos haber evitado todo esto! —los ojos de Chitose también brillaron a causa de las lágrimas.

—T-tenía miedo, Nee-san —Chizuru desviaba su mirada aunque siguiera hablándole—. Seguramente se lo habrías contado a Sugiura-san, y ella se habría puesto en contacto con el país enemigo, desenmascarándome ante ellos. Sabrían de mi traición e irían a por ti.

—¡Me niego a creer que el mismísimo presidente del país enemigo está metido en todo esto! —se alarmaba Chitose, ante tal insinuación.

—N-no lo sé, Nee-san... No quise arriesgarme y hacer preguntas inapropiadas...

Lo que parecía ser una simple rebelión aislada por parte de Chizuru, había sido algo más desde su origen, y significaba todo un escándalo político que atentaba contra la paz continental si no se aseguraban y lo detenían a tiempo. Chitose estaba dispuesta a llamar a la Ayano adulta de la D6L para informarle y pedirle que contactara con otro alto cargo del país enemigo. Pero, por el momento, debía garantizar la liberación de Kyoko y el arresto de su hermana.

—Te prometo... que no me pasará nada, Chizuru. Ahora suéltala ya, por favor. Ya hemos sufrido suficiente todos —insistía Chitose.

Chizuru retiró del cuello de Kyoko la navaja lentamente, bajándola hasta el suelo. La chica rubia pudo respirar tranquila al fin, dando un enorme suspiro de alivio. Chitose se acercó con cuidado y apartó la navaja con su pie, alejándola de su hermana. Fue la señal que necesitó la patrulla para aproximarse rápidamente y arrestar a Chizuru de inmediato. Su expresión delataba su absoluta rendición ante la autoridad.

Tan pronto como Kyoko fue liberada, Ayano la estrechó entre sus brazos sin dudarlo. Pensar en la mera posibilidad de perderla de nuevo había sido la peor de las sensaciones. Ningún atisbo de vergüenza le impidió besar a la chica rubia, la cual le correspondió con entusiasmo. Yui también fue hasta su mejor amiga y la abrazó, una vez que Ayano la dejó respirar.

—Entonces... Eso quiere decir que ellas volverán ahora, ¿verdad? —dijo la vicepresidenta, comprobando su teléfono móvil. Buscaba aquella fotografía que tomó de Kyoko con la pequeña Saki. Si la conexión estaba asegurada, la niña debía volver a aparecer en ella.

—Bueno, aún debemos enviaros de vuelta a la dimensión 21A e interveniros con una cápsula de amnesia —respondió Yui—. Pero sí, seguramente en unas horas acabarán regresando.

La alegría se hizo visible una vez más en el rostro de Ayano, pero no tardó demasiado en convertirse en lástima al dirigir su mirada a su mejor amiga. Chitose aún se situaba de pie, con ambos brazos caídos y sosteniendo su pistola en una de sus manos. La vicepresidenta se acercó a ella y posó con timidez sus dedos sobre la espalda de la albina.

—Estaré bien, Ayano-chan... —dijo la agente, sin molestarse en girar para mirar a Ayano—. Chizuru tendrá un juicio justo. Debe pagar por lo que hizo.

—Pero ella no actuaba por propia voluntad...

—Aún así, no tiene justificación. Quizás la pena no sea tan estricta, pero deberá tener su castigo por haber colaborado —Chitose al fin le devolvió la mirada a la vicepresidenta, sin poder aún sonreir—. No te preocupes, estaremos bien.

Ayano dirigió su mirada a Yui acto seguido, queriendo saber su opinión acerca de la actitud de Chitose. Ésta asintió, indicando que su compañera decía la verdad.

Chizuru fue llevada por la justicia al cabo de unos segundos, dejando así a Chitose la única tarea de llevar ante Himawari a las jóvenes de la D21A. Yui la ayudó realizando previamente una llamada rápida para comunicar que la segunda Chizuru había caído también por fin. Ambas agentes condujeron entonces a las estudiantes ante la jefa del Departamento de Dimensiones, pues ella debía ser quien diera la orden final de cerrar definitivamente la misión.

—Me alegro de que no estéis heridas —comunicó Himawari a sus cuatro invitadas, una vez entraron a su despacho—. Akaza-san pasará unos días en el hospital, pero no os preocupéis, tengo entendido que no es de gravedad.

Ayano y Kyoko estaban realmente sorprendidas por la belleza que mostraba la madurez de una de sus kouhais. Himawari era ya toda una mujer, y el traje de chaqueta oscuro que llevaba realzaba aún más su elegancia. Ambas estudiantes sabían que aquella chica de instituto se había convertido en alguien a quien verdaderamente admirar.

—Me disculpo por todo lo que habéis tenido que pasar aquí —se dirigió ahora a dichas estudiantes—. Pronto estaréis en vuestra dimensión sin peligro alguno.

—G-gracias, Furutani-san —respondió Ayano.

Unos golpecitos en la puerta del despacho de Himawari fueron escuchados por todas las presentes. La jefa del departamento dio permiso para entrar, y una Ayano adulta vestida también de traje pasó al interior. No tenía buen aspecto, y parecía agotada. Era evidente que no había dormido en toda la noche.

—Ah, Sugiura-senpai —la saludó Himawari—. Siento haberle pedido este favor de forma tan repentina y conociendo su situación.

—No hay problema. No he podido dormir mucho de todas formas —respondió la Ayano adulta —. He realizado aquella llamada al gobierno del país que me pediste. No parecían tener conocimiento de lo que estaba ocurriendo aquí, así que les informé de la situación. Al parecer, un grupo de radicales perteneciente a uno de los Ministerios actuó por propia voluntad, a espaldas de los altos cargos. Ambos gobiernos se están encargando de ello y deteniendo a estos individuos.

—Entiendo... —dijo Himawari—. Imagino que esos radicales no estaban de acuerdo con el trato de paz que se estableció gracias a sus negociaciones con el gobierno.

—Era un grupo bastante numeroso. Introdujeron varios espías en nuestro país con el objetivo de localizar a Chizuru-san y hacerle creer que toda la entidad estaba en su contra. Supongo que tampoco ha sido fácil para ella.

—Desde luego —concluyó la jefa del departamento—. Gracias por su ayuda una vez más, Sugiura-senpai. Le avisaré en cuanto Toshino-senpai y su hija hayan regresado. Debería descansar hasta entonces, se ve muy cansada.

La Ayano adulta se despidió de su subordinada y, antes de marcharse, se acercó un instante a las dos adolescentes.

—Me alegro de que estéis bien —dijo, abrazando a ambas chicas con suma delicadeza.

Las jóvenes aceptaron y correspondieron a aquella mujer tan enigmática, pero a la vez tan conocida. Su abrazo era muy cálido y agradable. Tras ello, se retiró tranquilamente del despacho de Himawari.

Pero, además de la visita oficial al despacho de la jefa del Departamento de Dimensiones, Ayano y Kyoko tenían una tarea más por realizar. Debían rellenar el correspondiente informe al haber sido ambas tomadas como testigos durante la misión. En él describirían todo lo que habían vivido desde el instante en el que supieron de la existencia de más de una dimensión y de toda la organización que se llevaba a cabo por las agentes Chitose y Yui. Tuvieron que permanecer en aquel despacho más tiempo del que les hubiera gustado, pero comprendían que era necesario por las particulares circunstancias de su caso. Sabían que, legalmente, solo se permitía tomar a un testigo por cada misión. Pero la gravedad de los hechos en esa ocasión había obligado a las agentes a tomarlas a las dos e, incluso, trasladarlas a una dimensión ajena a la suya.

Una vez finalizaron aquellos informes, se los entregaron a Himawari. Estaban ya dispuestas a marcharse cuando la jefa del departamento las detuvo.

—Esperad —ambas estudiantes se giraron—. Nos habéis ayudado mucho, poniendo en riesgo vuestras vidas y demostrando mucha determinación. Quería agradecéroslo de todo corazón.

—No ha sido nada, Himacchan —respondió Kyoko—. También nosotras queríamos que todo volviera a la normalidad.

—Lo sé, pero quiero compensaros de todas formas —insistió Himawari—. Tenemos indicios de que vuestra hija Saki está volviendo a aparecer, y quiero que podáis verla antes de marcharos.

Kyoko y Ayano no dijeron nada, pero sus rostros lo expresaban con claridad. Se alegraban enormemente de saber que Saki estaba regresando, y deseaban verla una vez más antes de cerrar aquel capítulo de sus vidas. Ayano sacó de nuevo su teléfono móvil y comprobó aquella fotografía, en la cual ahora podía ver a la pequeña chica rubia en los brazos de Kyoko. La vicepresidenta no pudo evitar derramar algunas lágrimas de alegría al saber que Saki estaba a salvo.

Aunque permitió a Chitose unos minutos de descanso por estar tan involucrada emocionalmente, Himawari no tardó demasiado en conseguir que la agente Yui preparara una de las salas de reuniones de las que disponía el departamento para llevar allí tanto a Saki como a sus madres adultas de la D6L. Llegadas a aquella entrada en compañía de la jefa de dicho departamento, tan solo una puerta separaba a las dos jóvenes chicas de su pequeña hija y de la Kyoko adulta, la cual había sido otra de las desaparecidas junto a la pequeña. Ambas sentían que el corazón les latía de forma acelerada a causa de los nervios.

Ayano, finalmente, se decidió a abrir aquella barrera y encontrarse con los preciosos ojos azules de la pequeña Saki, la cual se percató al instante de su presencia. La niña se encontraba entre los brazos de su yo adulto, quien no cesaba de regalar besos a la Kyoko adulta. Había sido tan doloroso perderla de aquella forma que su regreso era casi una bendición para ella.

—¡Mami! —gritó la pequeña, mirando a las jóvenes recién llegadas.

Las adolescentes no perdieron tiempo y se acercaron rápidamente a abrazar a aquella niña. La Ayano adulta se había percatado de su llegada y liberó a Saki para que pudiera ir con ellas.

—¡Saki! —la joven vicepresidenta no se molestaba en reprimir sus lágrimas mientras se agachaba y abrazaba a su hija—. ¡Menos mal que estás bien!

Kyoko igualmente dejaba escapar alguna que otra lágrima por la ilusión que le provocaba ver de nuevo a la pequeña, aunque se convirtieron en algunas más al abrazarla también.

—¡Me alegro de veros de nuevo, extranjeras! —dijo la Kyoko mayor, llamando la atención de las estudiantes.

—Nosotras también a ti, Kyoko —respondió la joven Ayano—. Es un alivio que estés bien.

Himawari las observaba desde el umbral de la puerta con una sonrisa. No era lo más adecuado, pero estaba satisfecha de haber hecho que se encontraran de nuevo. Resultaba una escena de lo más tierna, viendo cómo las madres adultas hablaban amablemente con sus propias identidades más jóvenes y Saki miraba de un lado a otro a ambas parejas con mucha atención. Era innegable que la pequeña era consciente de que las cuatro personas allí presentes eran de su absoluta confianza. Jugaba de vez en cuando con el pelo de la Ayano mayor, y se reía de las esporádicas bromas de la Kyoko menor.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó a modo de saludo la agente Yui, que llegaba a aquella sala junto a su compañera Chitose.

—Es realmente hermoso verlas juntas —señaló Himawari—. ¿Habéis venido ya a llevaros a las chicas?

—No te preocupes por eso —dijo Yui—. Avísanos cuando hayáis terminado y completaremos el último trámite.

—¿Cómo se encuentra, Ikeda-senpai? —se interesó la kouhai.

—Estoy bien —respondió ésta, con notable seriedad—. Podré realizar el cierre de la misión con Funami-san.

La jefa del Departamento de Dimensiones asintió y volvió a dirigir su mirada a la familia. Dejaría unos minutos más para que las dos adolescentes disfrutaran un poco de la compañía de Saki y después resolverían ese último trámite.

—Mami —Saki no paraba de llamar y sonreír a la Kyoko joven, pidiendo su atención.

—Ven aquí —Kyoko la tomó entonces en brazos y besó su mejilla—. Me ha encantado conocerte, aunque fuera solo para unos días.

—Saki —se acercó también la Ayano adolescente a las dos chicas rubias, deteniéndose a acariciar los cabellos dorados de su hija—. Pórtate bien, ¿de acuerdo? Y no juegues nunca al escondite, que nos podemos llevar un disgusto...

Sin esperar a que la pequeña pudiera intentar entender nada, Ayano besó su frente y envolvió a ambas rubias en un tierno abrazo.

—Os quiero tanto —confesó Ayano, en voz baja.

—Nosotras también a ti, Ayano —respondió Kyoko, para luego dirigirse a su hija—. ¿Verdad, Saki-chan?

—¡Sí! —afirmó la pequeña.

Himawari concluyó que ya era hora de ponerse en marcha, así que dio un paso al frente y llamó la atención de las dos adolescentes. Tanto Kyoko como Ayano no querían irse tan pronto, pero debían obedecer a la petición de aquella mujer. Las dos chicas se dispusieron entonces a abandonar la sala, no sin antes despedirse adecuadamente de sus propias identidades de la D6L y de la pequeña Saki.

—Mami —las llamó su hija una última vez.

Ayano y Kyoko, situadas ya en el umbral de la puerta junto a Himawari, se giraron y sonrieron a la pequeña.

—No te preocupes, Saki —dijo Ayano—. Solo tendrás que mirar hacia atrás para saber que siempre estaremos contigo.

Las dos adolescentes se marcharon finalmente, sintiendo que dejaban parte de su alma en aquel lugar, junto a la que era su única hija. Saki se giró entonces hacia atrás como Ayano le había indicado y pudo ver a sus dos madres adultas, esperando por más besos y cariños para su pequeña. Porque la joven Ayano tenía razón, Saki jamás sería separada de las personas que más la amaban. Tenía frente a ella a las mismas chicas que le dieron la vida y que, con un amor incondicional, la cuidarían cada día el resto de sus vidas.