Era una fría mañana de invierno en la ciudad de Takaoka, pocas semanas antes de la festividad navideña. La agente Ikeda Chitose de la dimensión 6L caminaba por las amplias calles, sujetando con sus manos ambas solapas de su abrigo para protegerse de aquel gélido viento. Llegó a una farmacia cercana al edificio donde trabajaba; pensó que podría así comprar el medicamento que necesitaba, antes de ocupar su puesto de trabajo. Nada más entrar a aquella farmacia, reconoció a la que era su mejor amiga.
—¡Ayano-chan! —se alegró al verla.
—¡Chitose, buenos días! —respondió ésta—. ¿Tú también has venido a por algo para el resfriado?
—Hace mucho frío estos días y me he descuidado —dijo Chitose, antes de hacer una pausa para sacar del bolsillo de su abrigo un pañuelo y llevárselo a la nariz—. ¿Tú también te resfriaste, Ayano-chan?
—Ah, no. Es para Saki. Kyoko se queda toda la mañana con ella en casa para cuidarla, y me pidió que me pasara por la farmacia antes de trabajar para comprar la medicina que le recetó su médica —explicó Ayano.
—¿Cómo está Saki-chan? No sabía que estaba enferma...
—Anoche empezó a tener fiebre y la llevamos a urgencias. No es grave, solo un catarro típico de esta época del año —la tranquilizó su amiga.
—Espero que mejore pronto. Si necesitáis cualquier ayuda...
—Lo sé —le sonrió Ayano, sabiendo que su intención era buena y sincera—, y te lo agradezco. Aunque se podría decir que la que necesita alguien que la cuide eres tú.
La trabajadora del Ministerio rió divertida después de hacer aquel comentario, mientras que Chitose se mostraba confundida.
—¿No me dijiste que habías salido en un par de ocasiones con Akaza-san? —preguntó Ayano, dejando atrás las indirectas—. Pensé que os habíais vuelto más cercanas.
—¡Ah, eso! ¡Solo estamos saliendo como amigas! —Chitose comenzaba a ruborizarse—. ¡Nada más!
—Pero... ¿ella te gusta? —Ayano parecía estar cada vez más interesada en la vida amorosa de su mejor amiga.
El rubor en las mejillas de Chitose se hacía más intenso; Ayano veía claro el interés que comenzaba a tener la agente Ikeda por la científica, Akaza Akari.
—En la escuela era yo quien sentía vergüenza cada vez que nombrabas a Kyoko, pero siempre me animabas a intentarlo —decía la política del Ministerio—. Ahora puedo devolverte el favor.
Chitose suspiró, rindiéndose así ante las palabras de su amiga. No podía seguir negando una realidad que se hacía más visible cada día.
—Hoy... Hoy iba a preguntarle si podía invitarla a cenar... —decía, con timidez—, y tenía pensado decirle que... Bueno...
—¿Tenías pensado decirle que te gusta? —completó Ayano.
—¡No! —negó Chitose, con rotundidad—. Solo quería decirle que me gustaría que nos viéramos más y ser un poco más cercana a ella...
—No creo que Akaza-san sepa que te gusta solo con decirle eso —afirmó Ayano—, siempre ha sido una chica muy inocente.
—¡No es mi intención que sepa eso, Ayano-chan! —corrigió, nerviosa.
—¡Ah, entiendo! Lo siento, Chitose —se disculpó Ayano, entre risas—. Pues llámame luego y me cuentas qué tal ha ido todo.
—Sí, de acuerdo. Me voy ya a trabajar, Ayano-chan. Después te llamaré —se despidió finalmente Chitose.
Ayano le dedicó una sonrisa y se dispuso entonces a comprar las dos medicinas: la de su hija y la de su amiga. "Te olvidaste comprar la tuya, Chitose", pensó para sí misma.
...
Conforme avanzaba la mañana, Chitose se replanteaba si ir o no a ver a la joven Akaza Akari a su laboratorio. No quería molestarla si estaba trabajando en la producción de nuevas cápsulas de amnesia o repetición, pero tampoco veía otra buena ocasión; Akari era muy trabajadora, y no solía tomarse muchos descansos. Chitose podía verla perfectamente desde su mesa de trabajo, puesto que en la gran sala del Departamento de Dimensiones donde trabajaba se encontraba también el laboratorio de la pelirroja. El panel acristalado del que disponía dicho laboratorio era el que le permitía ver a aquella chica en sus labores como científica, mientras daba instrucciones a su ayudante, Chinatsu.
—Aquí tienes, Akari-chan —dijo Chinatsu en el interior del laboratorio, a la vez que entregaba a su compañera una pipeta.
—Gracias, Chinatsu-chan —respondió Akari con la mejor de sus sonrisas—. Casi hemos terminado el encargo de Himawari-chan.
—¡Menos mal! —suspiró cansada Chinatsu—. Ya estaba harta de separar muestras...
—Parece que se tomó en serio nuestro aviso de hace unos días sobre la falta que notamos de cápsulas en el laboratorio y nos ha pedido hacer mayores cantidades.
—Es un poco extraño que hayamos usado tantas, no ha habido misiones importantes estas últimas semanas —comentó Chinatsu—. Al menos solo hemos perdido tres o cuatro de ellas.
—Tomémonos un descanso, con tu embarazo no deberías exigirte mucho —propuso la pelirroja.
—Estar embarazada no me hace minusválida, Akari-chan. Puedo trabajar sin problema —corrigió Chinatsu—. Por cierto, ¿qué tal con Ikeda-senpai? Has estado quedando con ella últimamente, ¿no?
—¡Muy bien! —contestó Akari, feliz—. Ikeda-senpai siempre ha sido muy amable y dulce, ¡como una abuela!
—Una abuela... —repitió Chinatsu.
—¡Y siempre me regala pepinillos encurtidos! —seguía una ilusionada Akari.
—Sí... Eso es genial, Akari-chan... —se resignaba Chinatsu al ver que su compañera no se percataba de nada—. ¿Tú le has regalado algo a ella estos días?
—¡Sí! ¡Le regalé un anillo!
—¡¿Qué?! —Chinatsu no lo podía creer—. ¡¿Cómo se te ocurre, Akari-chan?!
—Era muy bonito, ¡y de chocolate! —continuó la pelirroja.
—¿De chocolate? —Chinatsu se llevó una de sus manos al rostro, en señal de asombro—. ¿Le regalaste a Ikeda-senpai una... golosina en forma de anillo?
—Aunque no se la comió. Me dijo que no tenía hambre y que la guardaría para comérsela en casa —completó.
"Eso pudo ser la tragedia del año...", pensó Chinatsu al escuchar la narración de Akari. La inocencia de su amiga empezaba a resultarle un impedimento demasiado importante como para dejar que los sucesos siguieran su curso natural.
—Akari-chan... —Chinatsu intentó mostrarse confiable—, ¿sientes algo por Ikeda-senpai más allá de la amistad?
—¡¿Eh?! —al fin la pelirroja parecía darse cuenta de adónde quería llegar su ayudante—. ¡Oye, eso es privado!
—¡Tan privado que ni siquiera tú pareces enterarte, Akari-chan! —se quejó Chinatsu—. ¿Ella te gusta o no?
—¡No lo sé! —gritó la pelirroja.
Chinatsu pensaba sacarle la verdad aunque tuviera que usar una de sus cápsulas de repetición y revivir aquel momento hasta que confesara, pero su acción se quedó en un mísero intento cuando alguien abrió la puerta del laboratorio para pasar al interior.
—Perdón por la intromisión... —se asomaba una tímida Chitose— ¿Interrumpo?
—¡Claro que no, Ikeda-senpai! Siempre es bienvenida —aseguró Chinatsu.
—Quería comentarle algo a Akaza-san —dijo, con su amable y habitual sonrisa.
—¡Claro! ¡Por supuesto! ¡Efectivamente! ¡Concuerdo con Ikeda-senpai! —respondió una nerviosa Chinatsu—. ¡Me voy a tomar un café y ahora vuelvo!
—Gracias, Yoshikawa-san. Solo será un momento —agradeció Chitose.
—¡Tómense su tiempo! —seguía Chinatsu en su afán por no molestar, mientras atravesaba el umbral de la puerta del laboratorio.
—¿Ocurre algo, Ikeda-senpai? —preguntó Akari, extrañada.
—¡No hay prisa! —se asomó Chinatsu una última vez al interior, antes de marcharse definitivamente.
—¡Vete ya, Chinatsu-chan! —se avergonzó Akari.
Chitose rió divertida al ver la reacción de sus dos kouhais; siempre había supuesto que la amiga más cercana a Akari se percataría del interés que empezaba a sentir por la chica pelirroja, pero nunca imaginaría que la propia Chinatsu pareciera más nerviosa que ella misma.
—Bueno, solo venía... para preguntarte si estarías libre para cenar... esta noche —propuso la agente albina.
—¡Claro, no hay problema! Siempre es divertido salir contigo, Ikeda-senpai.
—¡Genial! —Chitose parecía realmente feliz—. Tengo algo de trabajo esta tarde, pero trataré de terminar lo antes posible.
—De acuerdo —contestó Akari, con una sonrisa.
—¡Ya estoy aquí! ¡¿Me he perdido algo?! —se oyó de nuevo a Chinatsu, esta vez llegando para abrir la puerta de golpe. Al ver los rostros extrañados de Akari y Chitose, la ayudante de laboratorio trató de disimular como pudo—. Quiero decir... ¿han terminado ya de hablar?
Chitose volvía a reír ante la insaciable curiosidad de Chinatsu, y Akari se avergonzaba de nuevo. La agente albina comprendió que era el momento de una retirada estratégica, sobre todo para evitar todo intento de interrogatorio por parte de su kouhai. Esa tarea, lamentablemente, correspondería a la chica pelirroja en cuanto Chitose saliera por aquella puerta de la estancia.
Una vez fuera, la agente podía ver a través del panel acristalado cómo Chinatsu no se contenía en lanzar sus preguntas a una tímida y visiblemente avergonzada Akari. En el fondo, sabía que algo así ocurriría; y, aún así, se arriesgó a ello. ¿Qué importaba? Quizás, después de aquella cena, todo se tornaría diferente entre ellas dos.
Regresaba entonces a su mesa para continuar con su labor en el departamento cuando vio que su compañera Funami Yui había llegado ya a su puesto de trabajo. Cumplía con su horario tranquilamente en su escritorio, así que Chitose pensó en llevarle algo de café para armonizar aquella mañana.
—Buenos días, Funami-san. ¿Café?
—Ah, Chitose. Sí, gracias.
Chitose se sentó en su mesa, la cual era la contigua a la de Yui.
—Últimamente no hay mucho trabajo, ¿verdad? —dijo la albina.
—Sí... Todo es muy aburrido.
—Acabo de ver a Yoshikawa-san, pero no le he preguntado por su embarazo. ¿Cómo se encuentra?
—Bien... Ayer tuvo algunas molestias, pero el médico dijo que no era nada.
—Debe ser muy lindo llevar el embarazo juntas...
—Sí, pero a veces pienso que nos preocupamos demasiado. De todas formas, estamos muy contentas y ansiosas de que nazca. Solo quedan unos dos meses.
—Eso es estupendo, Funami-san.
De repente, una alarma en forma de alerta empezó a sonar por todo el departamento. Chitose y Yui se levantaron de sus asientos y se miraron entre ellas; en ambos rostros podía verse la preocupación que sentían.
—¿Qué gravedad tiene? —decía Yui tecleando en el ordenador de su mesa—. ¡¿Una fractura?!
—¡Funami-san, el nombre de Ayano-chan viene escrito en el informe de alerta! —dijo Chitose.
—¡Tenemos que contactar con la dimensión, y rápido!
—Me pondré de inmediato a ello —dijo Chitose intentando buscar conexión.
El teléfono de la mesa de Chitose empezó a sonar y ésta se temió lo peor. Era cuestión de tiempo que la jefa del departamento, Furutani Himawari, se pusiera en contacto con ellas para lo que parecía ser una importante misión.
"Lo siento, Akaza-san, pero parece que hoy no podré ira cenar", pensó la agente albina justo antes de descolgar.
