Capítulo 2. La voluntad que alienta.

"¿Profesor?"

La urgencia en la voz de la joven fue seguida por un tembloroso gemido, mientras él sumergía sus largos dedos en los empapados y cálidos confines de su sexo. La chica estaba al borde del orgasmo, pero, aun así, le pedía permiso. Ella lo necesitaba.

"¿Profesor?" El rostro de la chica se contorsionaba, suplicando por el clímax.

Severus movía sus dedos al ritmo de los movimientos desesperados de ella. Finalmente, con el apretado canal estrujando y jalando de sus dedos pistoneantes, le permitió obtener lo que deseaba.

"Ahora, mi querida, ya puedes venirte. Vamos, goza para mí…"

"¡Profesor!"

El fuerte empujón en el hombro lo dejó balanceándose como un muñeco de resorte. "¿Qué?"

Hermione estaba de pie, junto a él, con el rostro contorsionado de urgencia. "Necesito usar el baño… urgentemente."

"Oh, claro." Todavía estaba perdido entre el mundo de Morfeo y el de la vigilia, como una sórdida serpiente que se retrae.

Aclarando la garganta, su mente se despertó y saltó al darse cuenta de la presencia de otra sórdida serpiente, que no tenía ni el buen juicio de retroceder en lo absoluto. En lugar de eso, lo atormentaba, vergonzosa, dolorosamente, al tratar de reacomodar el cobertor sobre su cadera.

"Si no te molesta, ¿me devuelves la túnica, por favor?" Ladró el hombre, estirando la mano libre expectantemente, tratando de desviar la atención de la chica.

Ella miró la prenda negra que se arremolinó en torno a sus pies, parpadeando. "Oh, no recuerdo haberme puesto eso."

"No lo hiciste." Severus movió la mano con insistencia. "Temblabas como una hoja y tus dientes hacían ruido. Parecías una ardilla. No me dejabas dormir."

Ella ladeó la cabeza con indignación. Primero el cabello y ahora sus dientes. Este hombre lanzaba insultos como con una catapulta. De mala gana, se quitó la túnica y maniobró hasta lanzar la prenda sobre la falda del hombre.

La miró con desconfianza mientras trataba de moverse sobre el banco de madera y trataba de envolver el negro género discretamente alrededor de su cadera, usando solo un brazo.

"¿Necesita ayuda?" Preguntó ella, casi saltando de un pie a otro.

"Soy perfectamente capaz de…"

"Lo que trataba de decir es, ¿puede apresurarse? Estoy a punto de… "Hizo un gesto, tratando de no usar alguna palabra que provocara que se hiciera allí mismo, o de pensar en aluna imagen que generara la misma reacción, algo que no estaba dispuesta a compartir. De ninguna manera.

"De acuerdo." Bufó el hombre, poniéndose de pie y sosteniendo la túnica torpemente alrededor de su cuerpo. "Por el corredor, está el baño de los estudiantes."

"Está muy lejos." Se frotó los nudillos sobre los muslos. El género de la falda se arrugaba bajo los urgentes movimientos de sus dedos. "Usaré el suyo."

"¡Definitivamente no!" Las cejas de Severus se arquearon amenazadoramente.

"¿Por qué no? Está justo allí." La chica señaló con la cabeza.

El tono de voz descendió dos octavas, al pasar a través de los apretados dientes de Severus. "Porque esos son mis aposentos privados."

"Su decisión." La chica tragó con dificultad, más aterrada de lo que podía hacer su vejiga traicionera que de la furia mañanera de Severus. "Déjeme usar su baño o me hago aquí mismo."

Él le lanzó una mirada furibunda por unos segundos antes de lanzarse a musitar palabras a medio formar. Hermione logró escuchar un 'joidasabelot', que parecía, sospechosamente, la versión trunca de 'jodida sabelotodo', pero a esas alturas, le importaba poco, así que dejó que la arrastrara hasta el baño. Le ladró órdenes para que quitara las guardas y para que abriera la puerta, para luego meterse como una tromba después de abrir la puerta casi de una patada. El lugar era pequeño, pero muy ordenado.

Si tiempo para observar el lugar apropiadamente, la primera impresión que llegó a Hermione era la de un refinado, pero muy masculino estilo.

'Le queda.' Admitió la castaña. Era un reflejo de su apariencia general y pose. Pero al moverse a la velocidad de la luz a través del lugar, hacia el dormitorio, se dio cuenta que el cuarto de Severus, era un asunto totalmente distinto.

Había una belleza sensorial evidente. Los cobertores y los muebles le recordaban a un hermoso sendero, iluminado por la luz del sol, que alguna vez había encontrado en compañía de Ginny, en el Bosque Prohibido. Unos almohadones suaves y esponjosos, forrados de aterciopelados verdes y dorados. Imposiblemente finas alfombras, de las que son suaves y confortables bajo los pies descalzos. Candelabros de cristal y lámparas de cristal cortado, que desplegaban joyas de luz sobre las paredes. Estaba tan entretenida que casi se olvidó de su vejiga hasta que fue impulsada a través de la puerta final, hasta el baño.

Severus se volvió hacia ella y la miró con enfado, respirando pesadamente.

"Profesor, si me da un momento," le habló con toda la dignidad que fue capaz de encontrar, considerando que estaría tocando su mano mientras hacía su asunto.

Aguardó hasta que él se diera la vuelta, y aún, a pesar de estar a punto de explotar, se tomó la precaución de poner un hechizo silenciador.

'¡Cómo se atrevía!' Severus estaba que echaba humo. Tan solo un par de personas habían sido permitidas en sus habitaciones en las casi dos décadas que llevaba enseñando en Hogwarts. 'Y exige entrar, ¿para qué? ¿Para ensuciarle el baño?'

Al cabo de algunos momentos, notó el reflejo de la joven, distorsionado sobre la superficie reflejante de las paredes, como una pintura surrealista animada, pero aún, irrefutablemente ella, desabotonando… su… falda…

Contuvo la respiración. ¿Debería cerrar los ojos? ¿O no? No. No lo haría. Tenía que ver. ¿Qué hará? ¿Bajará la falda o la subirá? Esa falda. Esa falda que la aprieta con tanta intimidad. Como los pétalos de una flor, que abraza una suavidad mayor…

Hizo un gesto, mientras se hacía el distraído y miraba un poco más. ¿La levantará? Mostrándome sus rodillas, los muslos, su…

Tragó saliva con dificultad. No. Estaba descendiendo. Los dedos extendidos, deslizando la tela sobre los suaves muslos, arrugándose al paso de la mano. Y ahora ella también descendía. Abajo. Abajo. Ahora, el único reflejo que podía ver era el de la cabeza y de los hombros. Los dedos de la mano libre se deslizaban sobre el cabello color caramelo.

Y él podía sentirla. Ese dedo que se frotaba contra el de él. Que se movía. ¿Por qué se estaba moviendo? Para acariciar el suyo. Dios. Era como una tortura Acuática. Goteo por goteo. Caricia por caricia.

Cerró los ojos, tratando de obligar a su miembro a cooperar. Para que obedeciera. Entendía su excitación. Había pasado una indecente cantidad de tiempo desde que habían visto algo de piel, excepto por la particularmente y poco placentera oportunidad en la que Rolanda Hooch había insistido en que la ayudara y le quitara esa astilla del trasero.

Pero esta vez, no era la piel lo que estaba en cuestión. No. Y ambos, Severus y su miembro, lo sabían. Era la particular persona que era dueña de esa piel.

¿Por qué había tenido que regresar? Apenas había logrado reinar sobre sus pensamientos, después de años de obsesión por ella. Había sido su estudiante y, como tal, había respetado la relación, nunca dejando lugar a algún comportamiento inapropiado, muy a pesar de las oleadas de deseo que casi lo habían vuelto loco durante el año final de la joven. Y ahora se presentaba como 'la nueva profesora', toda burbujeante y brillante, y hermosa, y curvilínea, y cubierta de miel.

Y él era casi el doble de viejo. Y ella lo odiaba. Y con buena razón. Porque él había sido un completo idiota con ella. Pero era la única forma de aguantar. Y era la única forma de aguantar ahora.

"¿Ya terminaste?" Escupió él. "¿O seguirás con la imitación de las cataratas del Niágara toda la mañana?"

Hermione deseó haber puesto el hechizo silenciador sobre él. Se puso de pie cuando hubo terminado. De hecho, tal vez se había tomado más tiempo del necesario. Entonces se dio cuenta. Era muy posible que él también estuviera desesperado por ir, pero era demasiado orgulloso para decirlo en voz alta.

Suspirando, se limpió con un hechizo, se reacomodó la ropa y vació el váter. Quitando el hechizo de silencio, tironeó del libro.

"Su turno."

Girando para mirarla, ¿por qué cada movimiento que hace tiene que parecer el de una serpiente que ataca?, achicó los ojos, pero no la contradijo.

Se acercó al váter y le lanzó una mirada acusatoria, como si la chica hubiera sugerido algo impropio.

"¿Necesita ayuda?" Preguntó ella, repentinamente molesta por la silenciosa acusación.

"¿Y para qué podría necesitarla?" La mano libre de Severus se movió sobre la ingle, claramente desesperado por alivio.

"Oh, no lo sé. Pero tiene una obsesión con los botones, así que pensé, tal vez, el asunto también incluía a su ropa interior."

"Claro que lo pensaste." Las palabras y el tono de voz estaban tan secos como pergamino.

Hermione ya lo había dicho. "No se preocupe. No tengo intensión de mirar." Rápidamente, colocó un silenciador sobre él y se dio vuelta antes que Severus pudiera retrucar.

'¿De verdad piensa que estoy tan patéticamente desesperada?' Si, era cierto. La había atrapado tratando de procurarse literatura erótica, al querer desbandar el complicado sistema de seguridad, que ciertamente era más complejo que el que guardaba las joyas de la corona. ¿Tal vez solo tenía debilidad por los retos? No era como si no hubiera visto una buena cantidad de genitales masculinos. La había pasado bastante bien en la escuela de profesores. Parecía que no faltaban los muchachos dispuesto a mostrar sus atributos. Pero ya habían pasado varios meses desde que había visto o hecho algo. Así que por eso había ido por el libro. Así que, por eso, se encontraba en medio de aquel fiasco.

Ya debería haber terminado, ¿no?

Giró la cabeza apenas un poco. ¿Todavía está en eso?

Volteó un poco más.

¡Por las jodidas pelotas de Merlín!

Acababa de resolver algunos misterios. Uno de ellos sería el misterio del Monstruo del Lago Ness. Con justa razón no se lo podía encontrar. Había estado escondido en los pantalones de Snape todo este tiempo.

Hermione abrió los ojos, llena de sorpresa. Ni siquiera está del todo fláccido. Tal vez por eso le está tomando tanto tiempo…

Algo le sacudió el brazo violentamente. Él la estaba mirando. Y estaba enojado. Le estaba gritando algo, tratando de cubrirse. ¡Como si fuera posible! Pensó la chica, mientras miraba hacia otro lado, gimiendo en medio de una mezcla de excitación y miedo.

Sintió una serie de tirones más suaves en su brazo, como cuando un pez se retuerce en la línea de pesca. Solo que este pez en particular, no era uno que ella pudiera atrapar así de fácil. De repente, la jaló, estrellándola contra su pecho duro. La tenía sujeta de la blusa con la mano libre, mientras que la mano atrapada por el libro fue a parar hacia atrás, dejando a Hermione en una posición incómoda. Severus respiraba pesadamente.

Ella tuvo que torcer el cuello para poder verlo a la cara, que estaba roja de pura furia.

"Lo siento."

Era todo lo que podía decir o pensar. Él estaba temblando contra su cuerpo, claramente molesto. Y ella no sabía por qué estaba tan molesto. Pero este era Snape. Probablemente tuviera toda clase de razones para estarlo.

"De verdad lo siento mucho." Dijo ella con convicción. De verdad lo sentía. "Pensé que ya había terminado. Le estaba tomando tanto tiempo que pensé que…"

Severus la miró con intensidad mientras los labios del hombre se movían, pero no salía ni un solo sonido. Hermione se acordó entonces de quitar el hechizo silenciador.

"Ni… siquiera… me… hables."

Si Hermione pensó que sería incómodo estar físicamente atada a su ex – Profesor de Pociones, a través de un libro sexual, esto era peor. Ahora, Severus parecía determinado a pretender que ella no estaba allí., arrastrándola por el lugar como si se tratara de una niñita mal portada, como uno de esos niños con arneses, como los que había visto alguna vez en el supermercado.

A pesar de su enfado, Snape se movía expeditamente, aunque claro, ella había dejado de resistirse y ahora solo se dejaba llevar, tratando de evitar colisionar contra los muebles. Para cuando finalmente le permitió tomar asiento, ocupando los lados opuestos de un muy caro sofá cerca del fuego, él ya había sido capaz de enviar un mensaje a McGonagall para decirle que las clases de ambos debían ser canceladas ese día, había logrado acumular una temblorosa pila de libros de su colección privada, la cual ahora se inclinaba hacia ellos desde la pequeña mesita de café, ordenado a un elfo doméstico que les trajera el desayuno, (el cual estaba frente a ellos, humeando, en ese momento), y había fruncido el ceño en tal demostración de consternación, que Hermione solo pudo preguntarse, a pesar de la claridad de sus acciones, que tal vez el hombre había perdido la cabeza.

Severus tomó un libro de la pila, lo abrió y lo colocó sobre el brazo del sillón, y sus oscuros ojos escaneaban eficientemente la página.

Hermione observó las invisibles oleadas de furia que continuamente irradiaban desde él. La chica se puso a tamborilear los dedos sobre la varita y a preguntarse qué hacer. De verdad, el hombre estaba un poco fuera de sí, pero ella sospechaba que decirle algo así no iba a ayudarla de ninguna manera. Decidió que iba a hacer lo que siempre hacía en situaciones como aquella. Beber té.

Usando la varita, sirvió dos tazas. En realidad, ella sabía cómo bebía él el suyo. Era algo a lo que solía prestar atención, una especie de cortesía que hacía que la gente se sintiera especial. Hermione no estaba segura cómo podría sentarle eso al Profesor 'no soy ni apenas un poco especial, a pesar de tener un miembro enorme'. O tal vez, él pensaba que era demasiado especial. La verdad, ella no podía estar segura.

Decidió preparar su té como a él le gustaba. Fuerte, con azúcar y crema. Lo cual era extraño, porque solía tomar su café solo, negro y sin azúcar, sus kippers término medio y las tostadas bien hechas.

¡Mierda! ¿Cómo era que sabía tanto sobre él? Pero si solo había estado una semana…

Incluso sabía que solía dar vuelta la tostada para ponerle manteca.

Suspiró para sus adentros, preguntándose cuánto sabría él de ella. Severus era un absoluto bastardo con ella. Siempre lo había sido. Y lo estaba siendo ahora. Pero es que ahora era consciente de una serie de molestas dudas que la seguían acosando sin piedad. Había cosas que no encajaban. Esas miradas furtivas, esos suspiros, ese ceño no tan fruncido. Estaba segura que no estaba imaginando esas cosas. Al menos no todo.

Desconcertada, usó un leviosa para acercarle la taza. El ruido de los platos y la tetera pareció sacarlo de su distracción. Se quedó mirando el té por unos momentos.

"Gracias." Al menos esa palabra estaba completa. Bien pronunciada y concreta. Había sido sincero.

Hermione soltó el aire que había estado conteniendo. Tal vez, esa era su rama de olivo. Pero aún estaba segura que no había hecho nada malo, pero que ambos tenían un serio problema del que ocuparse, y tendrían que trabajar juntos para resolverlo. Ser capaces de conversar iba a ser muy importante.

Ella comió un poco de avena con miel después de su té. Luego, tostadas con mermelada. Para cuando hubieron terminado, cálidos y llenos, se sentía como si la tensión se había disipado considerablemente.

Severus exhaló con fuerza y limpió las miguitas de tostada que le habían quedado al frente de la levita.

"Estos son todos los libros que poseo sobre hechizos y maldiciones. Entre los dos, tendremos que leerlos y tratar de encontrar una solución."

Era lo más razonable que Hermione había escuchado de él… al hablarle a ella, claro.

Hermione se inclinó hacia adelante y tomó el libro que estaba hasta la cima de la pila. Leyeron tranquilamente, dando la vuelta a las paginas, chequeando índices y referencias, frotándose los ojos cansados, y Hermione, ocasionalmente, escribía notas en un pedazo de pergamino que había tomado prestado del escritorio de Severus.

Llegó el almuerzo y se fue. Lo mismo con la cena.

Hermione estaba a mitad del cuarto libro cuando notó que él estaba dormido, con la mano sosteniendo la mandíbula. Cerró el libro y tomó la oportunidad de observarlo, propiamente, sin que estuviera frunciendo el ceño. En realidad, no inspiraba tanto miedo cuando su rostro estaba relajado y acunado por la suave mano del sueño. Su piel, aunque muy pálida, era sorpresivamente fina, como alabastro pulido, y sus labios, apenas abiertos, tenía que admitirlo, se veían particularmente deliciosos. ¿Acaso dije deliciosos? Bueno, no se podría utilizar otra palabra, pero tampoco podía pensar en otra. Y ahora no podía dejar de pensar en eso.

Su boca, casi siempre era una línea tensa, ahora un poco abierta, revelaba unos labios carnosos, ondulantes y sensuales picos y valles, por los cuales se deslizaban sus palabras, como joyas. Esa voz. Los dedos de Hermione se deslizaron sobre el brocado del sofá. Esa boca transformaba cualquier palabra en oro, y Hermione estaba pensando en lamer cada murmullo que saliera ahora mismo de esos suaves y sensuales labios. ¡Mierda! Su mano se había posado, inadvertidamente, sobre su propia boca y se estaba mordiendo muy fuerte el espacio entre el índice y el pulgar.

Estiró un poco los dedos para disipar el dolor, pero se dio cuenta que solo había una cosa por hacer. Lo único que ahora quería hacer. Consultar al Sr. Boats.

Dejó el libro sin finalizar sobre la mesa y despacio, maniobró el libro al que tenía la mano pegada para poder leerlo. Observó a Severus por si acaso el movimiento lo había despertado. Nada. Abrió el libro.

Prefacio.

El arte del sexo, de hacer el amor, en todas sus formas, puede ser exquisito, mejorado y aumentado por la mano de un pocionista hábil y apasionado. Las diez pociones de pasión descriptas en este libro han sido escogidas por su potencia y capacidad para inducir y aumentar el placer sensual y sexual. Cada proceso de preparación está acompañado por una descripción detallada de cómo debe aplicarse la poción para su máximo efecto. (I. Boats)

El sonrojo de Hermione se hizo más intenso. ¿Acaso esto era una buena idea? Ya estaba empapada y excitada por las imaginaciones previas. Además, ¿qué clase de alivio esperaba obtener? No era como si él fuera a permanecer dormido durante todo… bueno, durante cualquier tipo de actividad vigorosa. ¿Y qué podía pasar si la atrapaba en el acto? Así, con las manos en la masa, por decirlo de alguna forma. Bueno, no era como si no fuera a estar amasando algo… ¡Ay mierda! ¡A veces de verdad odiaba su mente!

Comenzó a leer el primer capítulo.

Pociones de pasión:

Seducción.

Siente cómo te rindes al deseo. Los labios que se acercan. Se entrometen, pellizcan. Un movimiento sutil. Una gota. Un trago nervioso. El líquido se estremece y suspira. Alargándose perezosamente, ante los ojos entornados.

La boca de Hermione se abrió en shock. ¡Diablos! ¡Un poeta! Un forjador de palabras. Su absoluta debilidad. Definitivamente, ese no era momento para…

"Así que pasamos de hipótesis científicas a la línea pornográfica, ¿no?"

La castaña dio un salto, alzando la vista para ver los oscuros ojos que la taladraban.

"De hecho," replicó ella rígidamente, tratando de calmar sus atrevidos deseos. "Este libro está lejos de ser pornográfico. En realidad, es bellamente poético."

Severus bufó.

Así que ella le lanzó la munición pesada. En su más oscura y seductora voz.

"Siente cómo te rindes al deseo. Los labios que se acercan. Se entrometen, pellizcan. Un movimiento sutil. Una gota. Un trago nervioso. El líquido se estremece y suspira. Alargándose perezosamente ante los ojos entornados."

Él la miró por unos momentos antes de bufar de nuevo. "Suena como los delirios de un lunático borracho."

"Es un forjador de palabras."

"Más bien, un follador de palabras."

"El Sr. Boats no es un 'follador'."

"¿El Sr. Boats?" Sonrió él con sorna. "Más bien es un imbécil. Nunca había escuchado a nadie tan feliz con su propio absurdo y sincopático vocabulario."

Severus se volteó y ella siguió leyendo el libro.

"Pero mira nada más quién habla." Murmuró ella entre dientes, deseando no haberle leído eso.

Claramente estaba celoso. ¿Y por qué no habría de estarlo? El autor era un hombre que era capaz de hacer que las mujeres empaparan las bragas con unas simples líneas de prosa. Si bien no podía negar que el hombre frente a ella tenía talento en lo tocante a las palabras, la mayoría de las veces solo lograba molestarla con su 'prosa', con esa típica palabrería Snape. Pero entonces, cometió el grave error de imaginarlo a él leyendo esas líneas. Cómo su boca se movería al pronunciar palabras como 'trago' y lo que le haría ese sonido a sus pezones, y lo que haría entre sus piernas, escuchar a esa voz decir 'alargándose perezosamente'. Estaba corriendo el riesgo de ponerse en vergüenza al empapar el costoso sofá en el que estaba sentada. Tenía que moverse de allí.

"¿Puedo asumir que dormiremos aquí?" Dijo ella de pronto, poniéndose de pie. "Puedo transfigurar la otra silla en una cama. Será más cálido y, espero, más cómodo."

Él asintió, sin levantar la vista de su libro.

Mientras ella se ocupaba de preparar dónde dormir, él se permitió hacer una mueca. ¡CARAJO! ¡Desearía que no le hubiera leído esas jodidas líneas! ¡Y con esa voz!

Su miembro estaba ya como loco desde las últimas veinticuatro horas. Mucho más de lo que había estado en los últimos años. Y, además, no tenía oportunidad de aliviarlo, o apenas de darle un respiro, permitiéndole salir de los dolorosos confines de sus pantalones. Cuanto antes resolvieran ese asunto del libro, tanto mejor. Estaba en el punto en el que tenía casi ningún control sobre sus emociones y funciones corporales. Y era humillante. Necesitaba alejarse.

Hermione yacía en la oscuridad, con su mano pegada a la de él. Era ridículo en realidad. Se veían como dos amantes deseosos, y al mismo tiempo, como si quisieran correr uno del otro, tan pronto y rápido como fuera posible.

Las sillas no eran cómodas.

Hermione deseaba haber sugerido ir a la cama. La de él o la de ella. Cuanto menos dormía, más difícil le resultaba aguantar el errático comportamiento de él. Al menos, en una cama, estaría calentita. De hecho, él podría intentar tocarla. ¿Lo dejaría hacerlo? Bueno, eso dependía de lo que usara para tocarla. ¿Qué tal si lo hiciera con esa impresionante polla que tenía? Podría demostrarle, en poco claros términos, por qué él era el amo de las Serpientes…

N/T: Hola de nuevo. Voy a tratar de actualizar una vez a la semana. Son ocho capítulos en total, así que no voy a tardar tanto.

Muchas gracias por las alertas y los cometarios.

Si bien, tiene un inicio bastante animado, en los últimos capítulos se puede poner un poco dramático. Les aviso, por las dudas.

¡Un abrazo grandote!