Capítulo 3. La fuerza que encuentras.
Hermione se despertó con la aguda sensación de haber perdido un miembro. El brazo que permanecía unido al libro, había desaparecido en mitad de la noche para ser reemplazado por un pedazo de carne sin vida, que comenzó a doler y a hormiguear en cuanto intentó moverlo.
¡Mierda! ¡Sí que duele!
Gimió y trató de ponerse de lado, pestañeando rápidamente por el dolor. Los ojos de él estaban abiertos. Limpios y alertas, La observaba. ¿Desde cuándo estaba despierto?
Ella se puso seria. ¿Es que acaso está esperando que le sonría? No era como si quisieran haber despertado juntos. La expresión de Severus era inescrutable. ¿Qué tal si estaba pensado 'cuánto te detesto'? Una sonrisa podía hacerla parecer una loca o una bruja malvada, dependiendo del filtro de odio de turno. También cabía la posibilidad de estar pensando demasiado las cosas.
"Buenos días." Dijo él con la voz rasposa, sin dejar de mirarla.
"¡Los son?" No quiso sonar tan sarcástica, Pero ¿qué más podía decir? Buenos días para ti también, dormilón. ¿¡Qué tenían de buenos!? Había dormido mal y su cuerpo se sentía como si hubiera pelado diez rounds con una bludger poseída. Además, estaba la encantadora proposición de pasar otro día con la mano pegada al arisco cascarrabias Profesor de Pociones, todo unido por un puto libro sexual.
Y ella apestaba. Se podía oler a sí misma. Él también podía olerla, seguramente. Le miró la nariz. ¿La estaría oliendo? Sería el colmo de la mala suerte. Y el olor se iba a poner peor. Necesitaba una ducha. O un baño de inmersión. Él también, posiblemente. Cerró los ojos, dejando escapar un gemido al darse cuenta de lo incómodo que iba a ser eso. Si pensaba que el asunto de ir al baño había sido malo, ¿cómo iba a lidiar con el prospecto de 'Nessy' en la ducha?
Está de muy mal humor. Pensó él. El rostro de la joven parecía mostrar que había comido un sándwich de moco de lombrices recientemente, y su cabello estaba haciendo una excelente representación de Medusa en un día muy malo. Severus se puso serio cuando ella alzó un brazo y se olió la axila. ¡Por las arrugadas pelotas de Merlín! ¡Ahí se fue toda la mística femenina!
Exhaló y fue a poner sus dedos en el puente de su nariz. Si iba a sobrevivir el día, sabía que tendría que hacer algunas dolorosas concesiones, de otro modo, las cosas se pondrían insoportables. Todavía más.
"Necesito una ducha."
¡Dios! Se apretó la nariz todavía más. Trataba de mantener a raya las imágenes que explotaban en su cerebro en todas direcciones, como un jodido collage, que se movían y se fusionaban, y pulsaban. No podía hacer eso.
"¿No puedes usar un scourgify?"
"Podría, pero solo si no me importara limpiarme como si de un caldero se tratara." Ladró ella. "Sin embargo, como no estoy hecha de metal, elijo la ducha. Además, si me pusiera un scourgify en el cabello, sería como aplicarle un trapo lleno de grasa…"
Se detuvo cuando sus ojos se posaron en los lacios cabellos que casi cubrían el rostro de él. Bueno, eso explicaba algunas cosas.
"Como sea, la respuesta es no. Además, necesito ropa limpia de mi cuarto. Me puedo duchar aquí o allá, no me importa."
Bueno, bueno, a él si le importaba. No quería que duchara con él cerca, donde fuera que eso fuera. Pero parecía muy determinada.
"¿Te has preguntado cómo vamos a ir hasta tus habitaciones?" Se pasó un dedo sobre la mejilla que se había puesto más oscura durante la noche. Hermione nunca lo había visto de otra forma que no fuera impecablemente afeitado. Ella se sintió muy atraída por eso. Significaba, a pesar de no ser por elección propia, que había perdido ligeramente el control.
"Bueno, pensé que podríamos ir caminando. Ya sabe, un pie delante del otro. La forma tradicional." Replicó ella.
Severus revoleó los ojos. Esto se estaba poniendo más y más complicado. "¿Y cómo se supone que crees que el alumnado y los estudiantes de Hogwarts van a reaccionar si ven a dos profesores caminando por ahí con las manos pegadas a un libro pornográfico?"
"He pensado en eso." El rostro de Hermione se iluminó mientras se sentaba. "Pondré un hechizo para que el libro se vea como una canasta."
"Una… canasta…" Se veía menos impresionado de lo que ella pensó fuera posible. "¿Y qué se supone que seremos? ¿Jack y Jill subiendo la colina? ¿Caperucita Roja y el Lobo Feroz?"
Hermione hizo un gesto. La última opción no estaba tan lejos de la verdad. "Soy una adición reciente, esforzándose por llevar una considerable cantidad de libros y usted, se supone que es un profesor con considerable experiencia, quien ha accedido a ser mi mentor y me está asistiendo con mi aprendizaje de la enseñanza."
Él la miró con un gesto de desdén. ¿Quién cuernos se iba a creer esa basura?
"O le podemos decir a todos que somos amantes." Sugirió ella.
Eso lo puso en tensión. Antes de poder darse cuenta, Severus se había puesto de pie y la estaba arrastrando tras de sí.
"Ya haz…" Los músculos de la mandíbula se le pusieron más tensos que nunca. Ella sabía que iba a querer decir 'puta canasta', pero no podía articular la palabra. "…canasta."
Con un movimiento de su varita, puso el hechizo en su lugar. No podía transfigurar el libro, ya que el hechizo que lo unía a sus manos, evitaba cualquier manipulación directa. Era solo una ilusión, que cuando estuvo lista, se veía convenientemente convincente. Se veía como si ambos estuvieran sosteniendo la canasta de la manija. Era grande y cargada con muchas cosas que se veían pesadas, pero que, en realidad, no lo eran.
"Se siente como si fuéramos de picnic." Remarcó ella.
Esta vez, pudo escucharlo con toda claridad. "¡Me cago en la mierda!"
En verdad, recibieron muchas miradas. De hecho, era más como miradas de asombro y bocas abiertas, pero nadie se atrevió a decir algo fuera de lugar, o siquiera hacer un gesto de sorna, porque el rostro del Profesor Snape era la misma imagen de la furia, y profesorado y alumnado por igual, se quedaron petrificados en el lugar.
Hermione, sin embargo, encontraba la situación bastante graciosa. Le sonreía y saludaba a todo el mundo, caminando tranquilamente, siguiendo el paso suave que Severus había optado por seguir para no parecer que la estaba arrastrando por ahí.
Eventualmente, llegaron a su habitación, que estaba ubicada cerca de la Torre de Gryffindor, y ella no pudo evitar la mueca de gracia que se le presentó en el rostro cuando él cerró la puerta con fuerza en la cara de una horda de estudiantes boquiabiertos.
Pero el camino de la vergüenza había hecho su trabajo. Se veía como la mierda. Era cada vez más evidente para Hermione, que Severus no se entendía para nada bien con la humillación.
Bueno, pensó ella, está metido en el predicamento errado. Libro pornográfico: chequeado. Pegado a la insufrible sabelotodo, chequeado. Miembro semi erecto visto por la susodicha, chequeado. Desfile frente a toda la escuela, compartiendo una canasta con la mujer que más odia en el mundo. Chequeado. A punto de desnudarse frente a la misma mujer odiada, quien va a pretender que no va a mirar, chequeado.
Severus estaba haciendo ese gesto raro de nuevo. Con el brazo libre cruzado sobre el pecho, dando golpecitos irritados sobre el hombro. Hermione decidió que solo quedaba tomar ventaja. Deshizo el hechizo sobre el libro y se dirigió hacia sus cajones. Sacó ropa interior limpia, para luego ir hasta el clóset por una blusa y una falda. Él la siguió petulantemente, sin decir ni una palabra.
Cuando hubo recolectado todo lo que necesitaba, lo guio hasta el cuarto de baño. Era casi la mitad del cuarto de baño de él, pero es que el de ella no tenía una tina. El escaso espacio iba a ser un absoluto problema.
"Por favor, cierre la puerta." Instruyó ella.
Él lo hizo, pero su mano se quedó contra la madera, presionando con fuerza. Hermione sintió como una pequeña sacudida que la atravesó. La acción era difícil de interpretar. Parecía que estaba desesperado por huir… o por tenerla atrapada allí. La respiración de la castaña se hizo más veloz al ver que los dedos de Severus se deslizaban sobre la puerta hasta dejar de tocarla, y comenzaba a acercarse a ella. ¿Estaba tratando de intimidarla o trataba de sentirse seguro?
Hermione tragó saliva y alzó la barbilla. La profundidad de esos ojos oscuros parecía no tener fin, pero los destellos de algo, que podían percibirse en ellos, como los reflejos del sol en las nubes, la traspasaron y provocaron que las piernas comenzaran a temblarle.
Severus comenzó a enderezarse. Sus hombros se reacomodaron y se hicieron más anchos, como un ave enorme que estira las alas. Era Severus Snape en su más intimidante forma, como un insondable incubus.
"¿Vas a ducharte o no?" Preguntó alzando una ceja.
Ella dejó salir el aire. Maldito bastardo. Obviamente, no estaba acostumbrado a que una mujer tomara las riendas. No le sentaba bien a su increíblemente enorme, y, aun así, su paradójicamente frágil, ego. Bueno, él no era el único que sabía cómo jugar el juego de la intimidación.
Dándose la vuelta, Hermione metió la mano en la ducha y giró las perillas. Mientras el vapor comenzaba a formarse, puso un pie sobre el váter y se quitó la sandalia, para luego arrojarla a una esquina. Hizo lo mismo con la otra, usando solo una mano. De igual manera, comenzó a desabotonar la falda, quitándola lentamente hasta que gradualmente logró deslizarla hasta el piso.
En todo ese tiempo, los ojos color miel no dejaron de ver a los oscuros, y se podía ver con claridad que le estaba afectando. Los movimientos involuntarios se hicieron presentes en el rostro del hombre, y los casi imperceptibles movimientos de las cejas, daban cuenta de las emociones que le llegaban, la más evidente, el deseo.
Hermione se quitó la falda del todo y la pateó a la misma esquina en la que estaban las sandalias. Luego, llevó su mano hacia el primer botón de la blusa.
Podría haberse quitado todo con un movimiento de la varita, pero el lento progreso de desvestirse estaba teniendo un muy claro y profundo impacto. ¿Acaso había despertado al monstruo dormido?
Con agonizante lentitud, desabotonó la blusa, hasta que el último botón se soltó y la prenda quedó abierta, como una extraña cortina, enmarcando la vista más tentadora que Severus había visto en su vida. Ella debió oír el gutural gemido que se le escapó a Severus por encima del ruido que producía el agua, porque sus movimientos se volvieron todavía más provocativos.
Echó la cabeza hacia atrás, para dejar ver la suave y pálida piel del cuello, y permitir que la blusa se deslizara hacia abajo, amontonándose en la muñeca.
Los ojos de Severus se cerraron cuando ella comenzó a desabrochar el sostén de encaje, dejando que se soltara y dejara libre los firmes pechos. Luego, deslizó los tirantes sobre los cremosos hombros para revelar un par de pezones escarlata.
Severus respiraba con dificultad por la boca, haciendo que los pulmones le dolieran. Ella movió la muñeca un poco más y las prendas fueron a dar al suelo, junto con las bragas.
Los ojos de él fueron a posarse en el suave vello entre las piernas de la joven, y no notó nada hasta que fue muy tarde. De pronto, Hermione se había metido en la ducha y había cerrado la puerta con fuerza, atrapando la muñeca de Severus.
"¡MIERDA!"
"Oh, lo siento." Dijo ella, asomándose un poco. "Olvidé que estabas ahí."
Hermione escuchó algunas maldiciones más desde el agua. Que le sirva de lección. NO era como si él no hubiera tratado de intimidarla por casi la mitad de su vida.
Intentando ignorar la oscura sombra que se veía del otro lado de la puerta de la ducha, tomó el jabón y comenzó a lavarse. De hecho, era bastante difícil ignorar la mano de él, la cual estaba en la ducha con ella, todavía unida al libro. Todavía tocando su mano.
El libro, sin embargo, permanecía seco. A pesar de su agitación, Hermione se descubrió hechizada por el objeto, observando cómo las gotas de agua se desviaban, como si fueran repelidas magnéticamente. Él había tenido razón. Estaba fuertemente protegido por el hechizo, al menos, eso parecía según sus lecturas. Y parecía ser que la única forma de terminar con el mismo, era encontrar la fase que los liberara.
¡Bueno, eso simplifica un poco las cosas! Pensó amargamente. Podría ser cualquier frase, en cualquier idioma del mundo entero. Sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos. ¿Qué tal si no pudieran resolverlo? ¿Así iba a ser su vida? ¿Permanentemente unida al hombre que la buscaba para ser su antagonista y que ella misma buscaba para serlo también?
Le echó una mirada de enfado a esos dedos largos y elegantes. Quería llorar de nuevo. De verdad que eran hermosos. Y ahora, prácticamente inútiles. Le había sido arrebatada la magia. Y ella ni siquiera había tenido en cuenta cómo se estaría sintiendo él. ¡Pero que maldita!
Girando con torpeza, logró poner un poco de champú en su mano y se lo pasó por el cabello. NO se sentía tan bien como hacerlo con las dos manos, pero tendría que aguantar. Rápidamente se enjuagó el champú y se puso acondicionador, antes de darse un enjuague final y cerrar el agua.
Se mordió el labio, incapaz de aguantar el tener que verlo a la cara.
"¿Me podría pasar la toalla?"
Momentos después, una esponjosa y blanca toalla apareció por el hueco y ella la tomó de entre los dedos de él.
"Gracias."
Se envolvió lo mejor que pudo, asegurándose que solo se viera la cantidad de piel necesaria y abrió con cautela la puerta.
Él estaba mirando al suelo, con una mano apoyada contra la pared.
No era necesario ser un legeremante para darse cuenta de lo muy herido y enfadado que estaba.
Deseando desesperadamente el poder disculparse, pero no siendo capaz de hacerlo, salió de la ducha.
"Usa el scourgify conmigo." La voz de Severus sonaba baja y sin emoción, y se rehusaba a mirarla.
NO podía hacerlo.
"Profesor… yo…"
"¡HAZLO!" Gritó él, tomando la varita de ella que estaba sobre un gabinete cercano y poniéndola en su mano a la fuerza.
Ella estaba temblando, al borde de las lágrimas, pero de alguna forma, envalentonada por la sensación de tener la suave madera de su varita en la mano.
Respirando profundamente, se forzó a mirar esos ojos, llenos de acusación y dolor, algo antiguo y profundo.
"Cometí un error, lo lamento." Masculló la chica. "No me he estado sintiendo como yo misma. No debí hacerlo. Yo solo…"
Tragó con dificultad.
"Es que… de verdad…necesita una ducha…" Trató de decir.
La postura de Severus era muy rígida. Los músculos parecían resortes apretados. La desconfianza de él casi la quemaba. Nunca iba a poder convencerlo.
Cerró los ojos y tomó aire. Luego, despacio, con suavidad, comenzó.
Habiendo pasado tanto tiempo con Ginny, quien tenía la piel más sensible del mundo, había aprendido algunos hechizos de limpieza, que no eran todo lo rústicos que era el scourgify. Murmurando hechizo tras hechizo, logró desenredar los nudos de su cabello, y limpiarlos con Aqueus y saponify. Luego siguió con la piel. Usó el exfoliatus y el dermatticum, lo que causó que la ropa que llevaba puesta se moviera en olas. Al principio, Severus se puso tenso, pero luego, gradualmente, comenzó a relajarse, dejando que la magia le quitara la tensión.
Para cuando Hermione hubo terminado, se había relajado visiblemente. Ahora, solo lucía triste.
Sin decir ni una palabra, Hermione dio un paso adelante y puso una mano sobre el hombro de Severus, guiándolo para que se sentara sobre la tapa del váter. A pesar del intenso ceño fruncido, accedió. Ella llenó el lavabo con agua caliente y dejó su varita para tomar una cuchilla de afeitar nueva. Con una sola mano, puso gel en su palma y luego se acercó a él.
El primer contacto frío con el gel, provocó una sacudida en el hombre, pero ella se quedó quieta, esperando que él se relajara. Eventualmente, se dejó tocar. Despacio, Hermione esparció el gel por sus mejillas y sobre el mentón, como si esculpiera los contornos y planos de su rostro y cuello, hasta que toda la piel estaba cubierta.
Fijando la mirada en la sien de él, comenzó a pasar la cuchilla, inclinándose un poco hacia él, debido al extraño ángulo y porque no le era posible sostenerse con la otra mano. Con movimientos firmes y fluidos, afeitó cada centímetro del rostro de Severus, dejando piel suave a su paso. La manzana de Adán se movía con nerviosismo, mientras ella deslizaba la cuchilla sobre su cuello y ella se las arreglaba para navegar las ondulaciones sin perder la confianza. Finalmente, al tiempo que Hermione se acercaba para negociar las crestas alrededor de la nariz y la boca, sintió que Severus se volvía a poner tenso, pero ella era cuidadosa y pronto el ritmo tranquilo de su respiración, regresó.
Al finalizar la última pasada de la cuchilla, la dejo sobre el lavabo y buscó una toalla, usándola para limpiar con suavidad cualquier residuo que le quedara en el rostro. Él la miraba con intensidad, hasta que deslizo su propia mano sobre la de ella para tomar la toalla él mismo y pasársela sobre el rostro.
Ella volteó con una respiración apretada que le oprimía el pecho. La totalidad de la operación había sido llevada a cabo en silencio, excepto por el ensordecedor sonido de los latidos de su corazón que resonaban en sus oídos. Ahora que ya no estaba enfocada en el proceso, estaba a punto de ser sobrepasada por la intimidad del asunto.
"Debo vestirme ahora." Dijo ella, con la voz tensa.
Por el rabillo del ojo, Hermione logró ver que Severus volteaba rápidamente, y ella a toda velocidad, tomó su varita y la usó para secarse y ponerse la ropa, para luego abotonarse y ponerse el calzado. Luego, se peinó el cabello.
"Todo listo."
Ella se animó a regalarle una pequeña sonrisa en cuanto él se dio la vuelta para mirarla. Y cuando él le respondió con un lento asentimiento, sin reservas, ella exhalo de alivio.
Él la había perdonado.
