Capítulo 4. La palanca que acciona.

"¿Cómo se supone que lo hagamos?" Preguntó Hermione, mirando a Severus quien estaba sentado, como avergonzado, sobre la cama de ella.

"Tú vas primero y yo te sigo, supongo." Se veía tan incómodo como ella.

"Pero si te toma mucho tiempo, no tendré oportunidad de terminar." Suspiró ella.

"Más me preocupa que te entusiasmes y bebas mucho de mi multijugos."

Por supuesto, estaban hablando de las dificultades de dar clases juntos. Después de hablar con la Directora McGonagall y explicarle, una parte, del dilema, les había indicado que no tendrían más opción que dar clases juntos al día siguiente.

"Así que, supongo que yo puedo comenzar a explicar los años de historia de la tele y la radio muggle a los chicos de segundo y tú puedes explicarles cómo funcionan."

Severus alzo una ceja desdeñosa. "División de trabajo en función del género, por lo que veo. Pero qué liberal Profesora Granger."

Ella le echó una mirada enojada, preguntándose qué tan difícil sería arrastrar su cuerpo si decidiera matarlo.

"No me molestaría hacerlo al revés. Yo les explico cómo funcionan si tú das la introducción."

"¿Y sabes cómo funcionan?" Se recostó sobre el brazo estirado.

"Me las arreglaré para explicar cómo funcionan y luego yo…"

"Ya. Ya." Bufó con irritación. "Yo lo haré."

Hermione se tragó la respuesta agresiva porque en realidad, no tenía ni idea y ciertamente, no quería quedar en evidencia frente a él, y menos, en frente de su clase.

"Luego puedo ayudarte a preparar los ingredientes para tu clase de pociones." Dijo ella lo más cordialmente que pudo.

"Excelente." Murmuró él. Se puso de pie abruptamente. "Es hora de irnos."

Hermione había tenido suficiente de su desprecio. No era ni estúpida, ni estaba desahuciada, y no apreciaba ser tratada ni sentirse de esa manera. Siguió echando humo hasta que el, repentinamente, se detuvo y la miró de cerca, alzando las cejas. "Imagino que continuaremos con esa impresionante y convincente ceremonia de la canasta."

Hermione suspiró y puso el hechizo ilusorio. De verdad era un bastardo.

"Quiero ir a la biblioteca y tomar notas, pero estoy harta de estas estúpidas plumas. ¿Podrías tomar la pluma fuente que está en mi mesita de noche?"

Él se inclinó y abrió el cajón, y entonces, ella murió. Rodando entre los bolígrafos, las baterías y los artículos varios, estaba el más brillante, rojo y torpedesco vibrador jamás visto.

Severus se detuvo por un momento.

"¿Cuál es la pluma fuente?" Preguntó sin mirarla.

"La negra." Chilló ella, antes de aclarar con fuerza la garganta.

"No… es… la…"

"¡Yo la tomaré!" La chica se lanzó hacia adelante y tomo la dichosa pluma fuente para luego cerrar de un golpe el cajón y comenzar a tironear de él hacia la puerta.

Ella sabía que él estaría haciendo gestitos de autosuficiencia, sin siquiera mirarlo. Oleadas de sorna llegaban de él. Y el rostro de la chica estaba tan rojo como el jodido vibrador. ¡Qué le den! Ni siquiera había tenido la oportunidad de poder usarlo.

Pasaron otro día extenuante leyendo en la biblioteca, sosteniendo la canasta y no hablando demasiado.

Las visitas al baño fueron respetuosas y se consumió estrictamente lo necesario. Pero ella sabía que ambos estaban pensando en el vibrador.

Las palabras de texto tras texto danzaban frente a sus ojos:

'Ejemplos de hechizos vinculantes permanentes, que datan de la época de los vibradores...'

'Algunos de los hechizos vinculantes más poderosos y maléficos fueron perpetrados por Lord Vibrador…'

Soltó un cansado suspiro. Tal vez era hora de irse a dormir.

"Hoy dormiré en mi propia cama." Informó ella, cerrando el último libro de su pila.

"Ah, ¿sí?" respondió el con sarcasmo.

Hermione lo miró adormilada, notando las oscuras sombras bajo los ojos de él. Claramente, él estaba tan cansado como ella.

"No quiero pelear." Suspiró ella. "Solo necesito dormir."

Severus exhaló profundamente, bufando a través de los labios apretados. "Está bien."

Ejecutaron de nuevo su poco entusiasta número de la canasta en silencio, e incluso, habiendo llegado ya a la habitación de ella, solo se dijeron los estrictamente necesario. Ella lo ayudó a quitarse la levita, utilizando un hechizo para deshacer las costuras, luego procedieron a quitarle las botas y los pantalones.

Bóxer de satén negro. ¿Qué clase de cosas yacen en esas oscuras profundidades?¡Cállate Hermione! Puso mala cara y miró para otro lado, usando su varita para desvestirse y ponerse un camisón de algodón.

Se subió a la cama King size, (la cual había sido transfigurada más temprano, para poder estar lo más lejos posible uno de otro), y Hermione se encontró moviéndose con toda la elegancia que tiene un elefante bebé que pretende salir de una piscina de lodo. Eso de andar en cuatro patas, con una sola mano, no parecía ser su fuere, y terminó cayendo de bruces un par de veces, hasta que se las arregló para arrastrarse hasta su lugar.

Sin duda, logró tener una buena vista. Pensó ella, mientras depositaba su brazo sobre la frente, exhausta. Ya no le importaba. No era como si no hubiera visto la mercancía ya.

El, por otro lado, se deslizó entre las sábanas junto a ella, con la camisa abotonada hasta el cuello, como una pantera que había sido entrenada en seducción. ¿Cómo es que se mueve de esa forma?

Desactivando el lumos de su varita, para no tener que seguir siendo testigo de su gracia, yacía en la oscuridad, escuchándolo.

Su respiración era bastante tranquila, sobre todo para alguien con semejante nariz. ¿Por qué era que tenía pensamientos tan poco caritativos cuando se sentía inferior? ¿Era como un intento patético de igualar los tantos? ¿O era solo que quería, simplemente, tratar de evadir la verdad de la cuestión? Que lo encontraba dolorosamente sexy y que casi le costaba el tener que mirarlo.

Ahora no podía dormir. La palabra 'sexy', había hecho que las ganas volvieran. ¿Tal vez el Sr. Boats tenía algo que decir sobre el asunto?

"¿Te molesta si leo?"

"No."

No le dijo lo que iba a leer. Seguramente ya sabía.

Activó un Lumos y se puso de lado, luego, puso las manos de ambos en posición tal que pudiera abrir el libro. Los ojos de él estaban cerrados, pero sus dedos, ahora bien estirados, formaban como un atril para que pudiera leer. Hermione podía ver su muñeca, justo por encima de la línea de lectura. La piel casi traslúcida se acentuaba en el azul fulgor del hechizo. Sacudió la cabeza tratando de quitarse de la mente las imágenes que la invadían y como para auto castigarse. No estaba allí para observar la muñeca del hombre, tenía cosas más importantes que hacer.

Capítulo 2- El juego previo.

'Venga, dámelo todo. Pensó ella, echando una ojeada a Severus, como para asegurarse que no la hubiera visto lamiéndose los labios.

Pasó por alto la introducción y la descripción de los procesos de preparación de las pociones, y fue directo a la parte más interesante.

La poción excitante ha sido diseñada para intensificar la estimulación femenina. Combina elementos de agrandamiento y retracción, y ha sido diseñada para ser aplicada, mediante un gotero, directamente sobre el clítoris.

Volvió a mirar a Severus con nerviosismo. Los ojos todavía estaban cerrados.

Los efectos de esta poción dependen de la dosis, aunque es mejor aplicar solo una gota a la vez, hasta lograr el nivel de estimulación clitoriana deseado.

¿Estimulación clitoriana? Podría hacer un buen uso de eso.

El agrandamiento causa vasodilatación local, incrementando el flujo sanguíneo en la región y realzando la inflamación clitoriana hasta unas cuatro veces. El elemento de retracción causa el retraimiento de la capucha del clítoris, al punto de exponer al máximo la parte carnosa del órgano. Por favor, nótese que la estimulación directa del clítoris inflamado en este punto, puede inducir sensaciones desde extremo placer hasta severos dolores. Las actividades deberían incluir un suave masaje del área circundante, sólidos refrescantes y la aplicación de una lengua juiciosa.

¡Dios! ¡Como deseaba una lengua juiciosa!

El solo pensar en una cálida y húmeda lengua, insistentemente jugando con su inflamado clítoris, provocó una tensión en su abdomen y una nueva descarga de humedad en sus bragas.

Se tuvo que esforzar para respirar por la boca y dejar de sonar como el Expreso de Hogwarts.

'Tal vez, esta no había sido una buena idea.'

Los ojos de Severus todavía estaban cerrados, pero Hermione no pensaba que estuviera dormido. Sin duda, podía sentirla respirar, aunque no la oyera. Repentinamente, sintió miedo. Lo último que necesitaba, era que abriera esos ojos casi negros y la viera, que la atrapara, toda excitada y gimiente. Movió su varita y quedaron envueltos en la oscuridad, recostándose con lentitud sobre su almohada.

Bueno, se dijo a sí misma… hora de dormir… ¡Ja! Como si pudiera.

Todavía tenía la varita en la mano. Si ponía un hechizo silenciador, tal vez podría salirse con la suya. Tan despacio como pudo, susurró el hechizo de silencio y luego uno de vibración para su varita, provocando que se estremeciera entre sus dedos. No era perfecto, pero tendría que bastar.

Con sumo cuidado, movió la vibrante varita hasta abajo, deslizándola sobre su abdomen, hasta que la punta llegó al elástico de sus bragas. Continuó su camino hasta que encontró el vello púbico, vibrando y susurrando y haciendo cosquillas hasta llegar a deslizarla entre sus…

"Puedes usar tu… aparato, si quieres." La profunda voz hizo un tajo en el aire.

¡Ay, mierda!

¡No su aparato!

Contuvo la respiración.

"¿Quieres que te lo busque?"

¡Oh, dios!

Estaba paralizada. La varita estaba expectante a punto de acariciar los labios mayores. Él esperaba una respuesta. Pero claro que lo quería. ¿Cómo no podría? Con él, yaciendo justo allí. Era demasiado mortificante como para considerar cualquier cosa. Pero bueno… él había dicho… había… ofrecido… ¡Oh, dios! ¡Era demasiado extraño! ¡Todo el asunto lo era! ¡Pero es que estaba taaan excitada!

Al final, dejó que la decisión la tomara su vagina.

Retiró su varita, cálida y húmeda, de sus bragas, y quitó los hechizos silenciadores y vibratorios, y respondió con un gemido tenso.

"Si, por favor."

Escuchó que buscaba el en la oscuridad. No se atrevía a accionar un lumos y sostener su varita empapada, recién salida de su entrepierna, cerca de su rostro para ayudarlo a ver. Tendría que aguardar, en agonía, mientras él ubicaba su… 'aparato', por tacto.

Eventualmente escuchó que abría el cajón y su mano se deslizaba sobre los objetos allí dentro. Hermione podía imaginar esos hábiles dedos, tan adeptos para la preparación de pociones, y tan poderosos a la hora de lanzar hechizos, ahora en plena búsqueda del vibrador perdido. Lo podía oír moviendo los objetos más pequeños. Sin duda, estaba poniendo ese agudo cerebro de él al servicio de la búsqueda. Casi podía imaginar lo que pensaba. 'No… no tiene forma de torpedo… mmmm… demasiado pequeño…'

Cerró los ojos, preguntándose por qué los constantes murmullos de su cerebro parecían determinados a hacer del más vergonzoso momento de su vida, todavía peor.

Al cabo de algunos minutos de incesante ruido de búsqueda, se produjo el silencio. Una de dos. O se había cansado de buscar o lo había encontrado. Hermione tenía la sensación que, sin importar cuánto tomara, Severus no iba a darse por vencido.

La habitación estaba por completo a oscuras, y ella no estaba enteramente segura de lo que estaba pasando hasta que algo duro y suave, repentinamente la golpeó en el rostro.

Usando la mano libre, localizó el largo cilindro, como un regalo del hada de los dildos, y lo puso bajo su almohada.

"Gracias… pondré un hechizo silenciador…"

"No."

"¿Perdón?"

"No es… necesario…"

¿Qué no era necesario? O sea, que no quería que lo hiciera. O sea, que quería escucharla masturbarse. O sea, ¡¿QUÉ?!

Tomó el vibrador y lo deslizó sobre su mejilla, pensado en lo raro del asunto y se detuvo. ¿Quería escucharla teniendo un orgasmo? Se puso roja de vergüenza. No era algo que hubiera anotado en su lista de ocurrencias diarias. Pero es que estaba tan desesperada por ese jodido orgasmo Con o sin audiencia, lo haría. ¿Podría ser tan malo? Seguro podía mantener el volumen… ¿bajo?

Inhaló profundamente y encendió el aparato para que empezara a vibrar, como se supone que hacen los vibradores. Podía tratar de meterlo en sus bragas y ya, manteniendo cierto semblante de normalidad, sobre lo que se suponía debía ocurrir en ese marco de decoro, pero también supuso que ya no le quedaba suficiente dignidad que salvar. Su vulva había aguardado demasiado.

Levantó el camisón hasta la cadera y se quitó las bragas, lanzándolas lejos de la cama. Abrió bien las piernas y aplicó ese reverberante cohete sobre su clítoris. Sin… muchas… vueltas… Y la sensación fue absolutamente… divina. Se le cerraron los ojos involuntariamente. Alzó la barbilla y gimió hacia el cielo. Ya te pusiste ruidosa muchacha.

Con suavidad, comenzó a masajear el duro apéndice, enviando ráfagas de placer a través de los labios y su entrada. Deslizó el suave vibrador más abajo, hasta las puertas de su cuerpo, y penetró solo con la punta, esa entrada que ya parecía un río, lista para engullir todo el aparato entero. La suave superficie, en combinación con la generosa lubricación de su cuerpo, era una pareja creada en el cielo, permitiéndole penetrar profunda y rápidamente el empapado canal.

"¡Uuuuhhhhhh!" Se contorsionó de placer bajos las atenciones del vibrante amigo.

Comenzó a gemir, masturbándose con largos movimientos, apretando el vibrador con firmeza, sintiendo las pulsaciones que atravesaban su pelvis. Los movimientos se aceleraron y sus gemidos se hicieron más agudos. Cada vez era más y más difícil mantener el aparato entre las piernas, entre sus vibrantes músculos, porque la lubricación corría generosamente, haciendo difícil sostenerlo.

Con un poco de esfuerzo, logró sacarlo, como una espada que se retira de su amorosa vaina, y volvió a acariciar su clítoris, acelerando el proceso. Luego, comenzó a deslizar el aparato sobre la longitud de su vulva, estimulando el clítoris y los labios al mismo tiempo, y ocasionalmente, penetrando un poco, que se contraía más y más con cada pasada, apretado como un resorte.

Finalmente, introdujo el vibrador de nuevo en su vagina, en una sola estocada, larga y poderosa, y gimió a todo volumen, dándose cuenta que no había pensado en Severus hasta ese momento. Pero su atención no fue desviada por el jaleo que estaba armando ella sola. El dedo de Severus. Lo podía sentir. Ese dedo acariciaba el suyo, con suavidad, rítmicamente.

"¡Mierda!"

Se vino en medio de una ruidosa cacofonía, con su mojado canal apretando el juguete, como si tratara de eyectarlo de sus resbaladizos dedos. Apenas siendo capaz de moverse, Hermione estaba vagamente consciente de la mano de Severus, que descansaba en su muslo interno, sin moverse, solo sosteniéndola en medio de las violentas convulsiones de su orgasmo. Eventualmente, su cuerpo dejó de sacudirse, pero dentro, la revolución siguió vibrando al sentir los dedos de Severus acariciando con suavidad los planos internos de su muslo.

Tratando de recobrar el aliento, comenzó a buscar su varita. Todo su lado de la cama necesitaba urgentemente ser limpiado. Tocando sobre la superficie que podía alcanzar, finalmente encontró algo. Y lo tomó. Y… 'Ay, mierda…' Pensó Hermione. ¡Esa no es mi varita! ¡Es Nessy!

N/T: ¡Nessy! ¡Lo llama Nessy y yo me parto de risa!