Capítulo 6. El negro que enceguece.

Resultó ser que Severus no necesitaba tanta ayuda, después de todo. De hecho, parecía que se había deshecho de su previo, molesto estado de apatía, y, en la mente de Hermione, finalmente le habían brotado las pelotas. Tal vez, después de revelar su fantasía masturbatoria, (aunque de ahora en más, sería su propia fantasía masturbatoria, también), él había llegado a la conclusión que ya no tenía nada que perder. Como fuera, claramente, había decidido tomar cartas en el asunto y Hermione se encontró en el inusual predicamento de sentirse sexualmente ansiosa.

No era como si hubiera sido la puta del pueblo en la universidad, pero definitivamente tenía experiencia con la anatomía masculina y era bastante hábil en una amplia gama de destrezas, como ya lo había demostrado la noche anterior. Pero este era un hombre quien, literalmente, podía hacerla tener un orgasmo tan solo usando palabras. Un Mesmer de la vida real. Y, mientras él la arrastraba, canasta de por medio, hasta sus habitaciones, ella comenzaba a preguntarse qué tan grande era su bolsa de trucos y que otras novedades contenía.

Se las arreglaron para llegar y meterse en la habitación antes de que él presionara la mano que sostenía el libro contra la pared, aprisionándola como el ratón que queda a merced del gato. Un muy hambriento minino. Pero a diferencia de la desenfrenada pasión del depósito, ahora su comportamiento era como a fuego lento, como contenido, acercándose a ella gradualmente, hasta que su boca estuvo a centímetros de la suya. En lugar de acortar más la distancia, sin embargo, inclinó la cabeza para rozar con su nariz, la de ella, deslizando la nariz hacia abajo, con inexorable lentitud. Hermione podía sentir su respiración sobre los labios.

Hacía menos de quince minutos, Hermione había tenido un orgasmo, pero ya estaba de nuevo lista para más, y su entrepierna vibraba y se desbocaba por la anticipación. Esos deliciosamente sensuales labios la provocaban. Se abrían seductoramente, tan ceca estaban que su calidez irradiaba sobre los de ella, pero conteniéndose, como una barrera de frenética tensión que los separaba.

La castaña podía sentir el pulso en su propio labio inferior, exquisitamente inflamado en preparación para la unión esperada, pero agonizantemente despojado de lo que deseaba. Y justo cuando ella estaba a punto de lanzarse sobre él, para capturar esos labios como una pareja que se une, él puso una firme mano, justo debajo de su garganta. El pulgar y el índice extendidos sobre la clavícula, sosteniéndola, presionándola contra la pared.

¿Acaso existe algo así como un atormentador de clítoris?

La respiración de Hermione era imposiblemente superficial, al punto en el que ella comenzó a preguntarse si le estaba llegando oxígeno al cerebro en lo absoluto. Mientras tanto, la mano sobre su pecho operaba como un fuelle, masajeándola en rítmicas oleadas que se dispersaban a través de todo su cuerpo. Su cabeza comenzó a flotar. Casi no se atrevía a respirar, por miedo a que los labios de Severus flotaran lejos de ella, como los pétalos de una flor que se van con la brisa.

Pero luego, ligero como una pluma, él se encendió. Solo un minuto. Solo un punto de contacto. La boca abierta. La más sedosa y húmeda caricia aleteando contra sus labios. Una, dos veces, y no más.

Ella gimió en la caverna de su boca, que amplifico el sonido como una cámara de resonancia, reflejando la necesidad que la embargaba. Entonces, él la tocó otra vez, como un fantasma, para luego acercar su boca al labio inferior de ella y deslizar esa dulce, suculenta lengua sobre la temblorosa superficie. Ella ni se atrevía a moverse mientras la mano de él la mantenía en su lugar, y los labios de Hermione se quedaban aguardando, abiertos, y él, con suavidad, deslizó la lengua sobre ellos, y luego, se sumergió en medio.

Lentamente evolucionando sobre su tórax, los dedos de Severus se deslizaron hasta encontrarse alineados sobre sus pechos y desde ahí comenzaron a descender por debajo del cuello de la blusa, hasta, finalmente, soltarla de su éxtasis, dándole permiso para responder. Acarició los labios de Hermione con la punta de su lengua, y ella aprovechó para succionarla gentilmente con su boca, acariciándola con su propia lengua, antes de soltarla para capturar más, lamiendo todo lo que podía, hasta que estuvo atrapada en la plenitud de sus labios, donde comenzó a lamer de nuevo, y a explorar, y a saborear cada parte de él.

El visceral gemido que escapó de la boca de Severus inyectó urgencia en los movimientos de Hermione, así que metió toda su lengua en la boca de él, penetrando, embistiendo, follando, justo como lo había descripto él, lo que había imaginado que su propia lengua quería hacerle.

Mientras tanto, los dedos de Severus habían migrado hasta los duros pezones que se presionaban contra el encaje del sostén, y los estaban rozando. Cada toque de sus dedos la ponían como loca, provocando que contuviera la respiración, aun con su lengua penetrando la boca de él.

Las piernas de Hermione comenzaron a temblar, y cuando los dedos de él apretaron un pezón de repente, ella emitió un grito ahogado por la boca de Severus, y él la sostuvo entre sus brazos.

La levantó del suelo con un solo brazo y la llevó con facilidad. Fue una impresionante demostración de fuerza física y ella se encontró derritiéndose contra los duros y vigorosos músculos que se presionaban contra ella.

La llevó hasta el cuarto de baño y cerró la puerta con el pie, pero en lugar de dejarla en el suelo, la presionó contra la pared, apretándola tanto que su rostro casi estaba pegado al suyo. Lentamente, levantó una rodilla por la pared, hasta que su muslo estaba apoyado con firmeza entre las piernas de ella, manteniéndola en su lugar. La presión de esa musculosa montura contra su inflamada vulva puso el cuerpo de Hermione en sobremarcha y su respiración se hizo más errática.

Severus se acercó más ella, quemando la piel de la castaña con su mirada ardiente, y repentinamente, se lanzó sobre sus labios, capturando su boca con un hambre carnal que se tragaba los gemidos de uno y otro. La forzó a abrir la boca con su lengua y le metió un largo y elegante dedo junto con la lengua y ella de inmediato respondió moviendo un poco la cabeza para acomodar el nuevo elemento para succionarlo en su boca. Él se retiró un poco para poder verla devorar su dedo. Succionarlo, lamerlo. Moviendo la cabeza para deslizar su boca sobre el largo del dedo. Esa boca. Ahora que podía ver el tratamiento que esa sensual y hermosa boca le había dado a su miembro, el mencionado se ponía más y más duro, y presionaba contra el pantalón, y toda la sangre de su cuerpo migraba hacia allí, poniéndolo imposible y dolorosamente duro.

Le metió un segundo dedo en la boca, encajándolos en la parte interna de la mejilla para tironear un poco y dejar al descubierto la elegante curva de su cuello, empapada de transpiración. Mientras ella lamía entre los dedos que tenía en la boca, él inclinó su cabeza hasta el punto pulsátil de su cuello y lo lamió. Los pechos se presionaban contra el con cada mordisco que dejaba en la sensible piel, que se apretaban más y él se deleitaba con la tentadora yuxtaposición de suavidad y rigidez del cuello de Hermione.

Deslizándose hacia arriba, su nariz encontró el lóbulo de la oreja de ella y lamió alrededor y luego lo succionó con avidez, jugueteando con la punta de la lengua, justo como ella sabía, haría con su clítoris. Y ella estaba segura de saber a dónde iría después.

Como si fuera un animal clavado en la mesa de disección, Severus la tenía atrapada por la mano que sostenía el libro, con los dedos afirmados en su boca y un muslo en medio de sus piernas, presionando su vulva, exponiéndola de modo tal que tenía toda la libertad de jugar con ella como quisiera.

Y a ella le encantaba.

Después de mordisquear y lamerle la oreja hasta que estaba empapada e hinchada, Severus sintió que ya la había sensibilizado lo suficiente, y ahora, era tiempo de meter ese caliente y mojado músculo en su apretado agujero.

Ella se sacudió, gruñendo y mordiendo un poco los dedos que tenía en la boca.

Los labios de Severus se cerraron sobre su propia lengua y quitó dedos de la boca de ella.

Estaba lista.

Aunque la creciente humedad que tenía esa chica entre las piernas y que se derramaba sobre su muslo era indicativo suficiente.

"Quítanos la ropa." Instruyó él.

Hermione estaba tan excitada que parecía que la sangre parecía haberse redistribuido lejos de su cerebro. Con la mente desenfocada, la muñeca laxa y las palabras casi arrastradas, lanzó hechizo tras hechizo, y como él no había dicho a quién desvestir primero, comenzó con él.

Le quitó la levita primero, como quien pela una fruta, para luego continuar con la camisa blanca, luego los pantalones, lo que requirió un poco de fricción extra para su vagina. La verdad, tal vez, y solo tal vez, había frotado la prenda más de lo necesario, pero es que la sensación de las fibras de la prenda contra su clítoris era demasiado exquisita.

El último artículo en ser removido fue el bóxer de satén negro, el cual estaba deformado por la impresionante erección. Rompiendo las costuras, Hermione logró que el panel posterior cayera al suelo, mientras la parte frontal se quedaba cubriendo el mimbro como la brillante capa de un mago, aguardando la revelación final.

"Apresúrate." Gruñó él, sabiendo lo que ella hacía.

Con un movimiento de varita, quitó lo que quedaba del bóxer y pudo ver, por primera vez, al Monstruo de Polla Ness, totalmente erecto y vibrando majestuosamente entre sus piernas.

Hasta ahora, Hermione había pensado que la combinación de desnudez total y zapatos era tan erótica como ver a Filch en tanga, pero ahora, siendo testigo de la delgada musculatura de Snape en la tenue luz, con ese negro vello en el pecho, el camino hacia abajo, y alrededor de tan magnífico miembro, y con esas botas de diseñador negras puestas, en plena pose sexual, como un Adonis, tenso y listo para la acción, sintió una nueva oleada de excitación escurriéndose de su cuerpo y empapando la pierna de él.

Mientras ella miraba su cuerpo, el rostro de él se metió en su campo de visión, con la ceja arqueada, como pidiéndole que se apresurara. Rápidamente, se quitó la ropa con magia, cayendo como una cascada de tela, hasta el suelo, dejándose puestos los tacos, los cuales se quitó uno a la vez, en una demostración seductora.

Severus había visto brevemente los pechos de ella, cuando se había desvestido frente a él, la primera vez, pero ahora, los tenía a unos centímetros y sus ojos se cerraron de deseo, al deslizar la mirada sobre esos pechos cremosos, firmes, hasta posarse en los rosados pezones.

"Agua." Gruñó de nuevo como pudo.

Le llevó un momento a Hermione entender que quería decir que abriera la ducha. Con otro movimiento de varita, puso el agua a correr y todo se llenó de vapor en segundos.

Él deslizó el brazo que tenía en la espalda de la chica, y ella se preparó para que la depositara en el suelo, pero en lugar de eso, la tomó de la cadera y la alzó para ponerla bien contra la pared con un solo y fuerte brazo, posicionándola hasta que estuvo casi sobre él. La presionó contra sí todavía más, manteniéndola contra la pared y poniendo las piernas de la chica alrededor de su cadera. Ahora, los pechos de ella estaban a la altura de su boca. Este, claramente, era un hombre que no se inclinaría ante nada ni nadie.

Ella lo observó cuando Severus inclinó un poco la cabeza y se acercó más, para luego tomar en su boca el duro pezón y la piel circundante, pero en lugar de succionar, mantuvo la boca abierta, sosteniendo la piel, saboreándola, como quien disfruta de una fruta deliciosa, usando la lengua para probar cada parte. Ese delicioso dominio era casi más de lo que Hermione podía soportar. Luego, él soltó el húmedo pezón y frotó sus labios y el mentón sobre él, claramente disfrutando del suave y erecto tejido contra su piel.

Cuando finalmente comenzó a succionar, Hermione soltó un agonizante gemido, echando la cabeza hacia atrás y aferrando el cabello de él con la mano libre. Su desesperada vulva necesitaba ser llenada, preferiblemente hasta el fondo, pero tuvo que conformarse con frotarse contra el tenso abdomen de él, mientras Severus seguía con sus pechos hasta que no pudieron estar más duros.

Los gemidos de la castaña indicaron al oscuro hombre que había elegido bien al comenzar con sus pechos, pero su miembro, ya goteando, y esa vagina frotándose frenéticamente contra su estómago con ese deseo líquido, lo convenció de que era tiempo de pasar a otra cosa.

Hizo que la chica se deslizara entre sus brazos hasta que pudo verla a los ojos y con su duro miembro metido entre las piernas de ella, tan largo era que Hermione podía sentirlo en su trasero. Él la sostuvo contra su cuerpo mientras se quitaba las botas y metía a ambos en la ducha.

La furiosa lluvia los recibió, como un torrente sobre los calientes planos de sus pieles, haciendo que el vapor los hiciera parecer una pintura impresionista. Los labios de él se encontraron con los de ella en medio del agua. Dando un paso al frente, presionó a la chica contra la pared, sosteniéndola contra su duro cuerpo, mientras que, con la mano libre, acomodaba la pierna izquierda de ella y se envolvía con ella, para colocarla sobre el brazo que sostenía ese infernal libro.

Cuando ella pudo, finalmente, deslizarse hasta quedar en una posición relativamente de pie, solo sostenida por un pie, porque su otra pierna estaba bien encajada en el brazo de Severus, exponiendo su vagina abierta no solo al agua que caía de la ducha, sino también a esos elegantes y largos dedos de él, sintió que esos dichosos dedos exploraban su entrada y luego se sumergían bien profundo.

"UUUUNNNNHHHHHH…." Gimió la castaña a todo volumen y los ojos se les cerraron involuntariamente mientras se aferraba al brazo de él para mantenerse erguida.

Severus empujaba sus dedos rítmicamente en la apretada manga entre las piernas de ella, dándose cuenta que la joven iba a necesitar un poco más de preparación para poder penetrarla con su miembro, si quería que entrara sin problemas. Inclinando la cabeza de la chica, devoró su boca, metiendo su lengua en lentas intrusiones, para que se sintiera igual que sus dedos en su vagina empapada. Cuando metió un tercer dedo, ella se quedó de pronto, sin aliento.

Con suavidad, continuó penetrándola, moviendo los dedos dentro y fuera, de lado a lado, estirando un poco más el pasaje, hasta que pudo meter un cuarto dedo y la abrió un poco más, sin dejar de follarle la boca con la lengua. Ella era una conflictiva mezcla de tensión líquida debido a sus atenciones, pero eventualmente, Severus sintió que ella ya estaba lo suficientemente lista como para recibir su rígido miembro, ese que ella había estado mirando con celo durante todo el tiempo que él la estuvo penetrando con los dedos.

Usando su mano libre, levantó la otra pierna de Hermione, y ahora la tenía contra la pared, con las piernas bien abiertas y exponiéndola totalmente y mirándola directamente a los ojos. Ya había logrado la preparación que quería, pero deseaba que fuera ella la que eligiera el desenlace. Sin dudarlo, ella rebuscó entre los dos cuerpos y tomó esa polla enorme, posicionando la cabeza contra su entrada, antes de dejar que se deslizara entre sus dedos y se hundiera en ella con una sola acometida de la cadera de él.

"¡DIOS!" Gritó la chica y puso los ojos en blanco.

Su cuerpo completo se puso en tensión y él se detuvo a medio camino, esperando a que ella se relajara. Los jadeos de la joven eran entrecortados, debido a la presión en su pelvis, pero eventualmente, la chica fue capaz de respirar con libertad de nuevo, e hizo un apenas perceptible movimiento de cabeza, indicando que ya podía continuar.

Sosteniendo los muslos de la chica bien abiertos, Severus penetró un poco más, observándola con cuidado. A pesar de la tensión en los hombros de ella, la boca de Hermione estaba abierta y floja y las pupilas dilatadas con lujuria. Él sabía que no estaba incómoda, y cuando percibió que su respiración se relajaba, siguió metiéndose despacio en ese estrecho y vibrante canal, poco a poco, hasta que, con un movimiento final de la cadera, logró llegar hasta el fondo, y sintió la cabeza de su pene alcanzó a tocar la cerviz.

"¿Estás bien?" Murmuró él, cerca de su oído.

Ella asintió rápidamente.

Con lentitud, Severus comenzó a moverse, pero era como si la vagina de ella se hubiera sellado al vacío alrededor de su miembro. Estaba tan estrecha. Esa caliente y húmeda succión en su polla era más allá de exquisita y Severus gimió gravemente con puro placer carnal, algo que no había experimentado en años. Cada vez que se retiraba, se sentía como la primera vez. Las lubricadas paredes de ella los apretaban y se ceñían a su alrededor, provocando que el hombre siseara a través de los dientes y sus testículos se contrajeran con avidez… demasiada avidez.

Hermione estaba siendo follada hasta un estado de incoherente locura. Nunca se había sentido tan llena por algo o alguien. El ardor que había sentido al principio había dado paso a un delicioso calor que crecía con cada frote del miembro de Severus, hasta que sintió que estaba a punto de sentir que su vulva estaba lista para la explosión nuclear. Normalmente, necesitaba estimular su clítoris para detonar semejante tensión tan profundo dentro de su cuerpo, pero parecía que solo con esa polla, estimulando y frotando cada nervio, con cada firme estocada, era suficiente para que sus músculos estallaran en un frenesí.

Y los movimientos de Severus comenzaron a hacerse más veloces, y ella podía escucharlo gruñendo en su oído, y la brutal necesidad de él fu suficiente para llevarla directo a la orilla, sus propios gemidos haciendo eco en la perfecta acústica de la ducha.

Ella se aferró del mojado cabello de él y lo atrajo hacia sí, hasta que la frente de él estaba presionada contra la de ella. Quería verlo venirse. Las gotas de agua quedaban atrapadas en las largas pestañas de ese hombre, y su casi dolorosa expresión y su explosiva respiración a través de los labios abiertos, le indicaron a ella que ya casi estaba listo. Hermione bajó los ojos para ver el miembro enrojecido, entrando y saliendo de su vagina, y no pudo evitar que la imagen provocara nuevas contracciones.

"UUUUUUNNNNHHHHH."

Ella lo observó mientras el rostro de Severus se contraía y las convulsiones se trasferían a su propio cuerpo, contra la pared, mientras su vulva engullía y se lubricaba más. Severus se veía como si tratara de mantener el equilibrio en medio de un terremoto, hasta que al final, sucumbió, y sus testículos se contrajeron violentamente y comenzó a eyectar chorro tras chorro de semen muy profundo dentro del tembloroso canal de Hermione, cubriéndolo con libertad con el denso fluido, marcándola por dentro como quien pinta las paredes de una cueva.

Estaban ambos en la cama. Ella trataba de leer, pero sus ojos seguían moviéndose en dirección del rostro de él, mientras Severus dormitaba pacíficamente a su lado. Cada vez que lo miraba, todo lo que podía ver eran los mordiscos apasionados de su boca, esos labios apretados alrededor de sus pezones, o esa expresión de éxtasis en su rostro cuando se vino. Todavía tenía el cabello mojado luego que ella le había dado el lavado que tanto necesitaba. Irónicamente, a pesar del hecho que ambos habían necesitado con desesperación estar limpios, la gran mayoría del fregado había ocurrido entre las piernas de ella.

Suspirando, dejó el libro sobre maldiciones antiguas a un lado. En ese momento, no estaba necesitando ninguna de las estimulantes descripciones del Sr. Boats, ya que ahora se sentía mucho más que satisfecha por las actividades previas, pero si estaba interesada en su filosofía y sus pensamientos, los cuales llenaban los capítulos del libro y capturaban su imaginación, tal vez más que cualquier otra cosa.

Movió un poco el libro y abrió en el final de un capítulo, y comenzó a leer.

Ser amado es que acepten todo de uno. Desde pequeños pecados hasta abominaciones. El espectro completo. Para ser de verdad amado, uno debe ser amado por la fragilidad que significa ser humano.

Hermione sintió que se le contraía la garganta.

Ser humano es también ser vulnerable. Tantos propósitos del romántico trágico, concebidos en medio de las lágrimas, nacen para morir ahogados.

"¿Estás bien?"

Los ojos de ella se volvieron hacia él, que la estaba mirando. Ella limpió una lágrima que se deslizaba sobre su mejilla y negó con la cabeza.

"Es solo algo aquí, en el libro. Algo que leí."

Ella se limpió otra lágrima e inhaló profundo.

Ella tomó su oportunidad. Y le leyó el pasaje. Cuando hubo acabado, él cerró los ojos y le dio la espalda.

Hermione sintió que la ira la embargaba. De verdad no lo entiende. Debería haber sabido que sería desperdiciar poesía con él.

"¿Cómo sigue?"

Ella no registró de inmediato lo que había dicho, por estar inmersa en la ira.

"¿Cómo sigue la frase?" Repitió él.

Ella bajó la vista hasta el libro. Si, había más.

"Y, aun así, debemos vivir más allá de eso. Más allá de nuestros peores miedos, Las profundidades de nuestras pérdidas. Porque el agobio de la condición humana no debe ser experimentado en soledad…"

"Sino que debe ser compartido." Concluyó él.

Ella se quedó mirándolo. "Has leído este libro." Susurró ella.

Los oscuros ojos de Severus se clavaron en los de Hermione. La infinita profundidad se veía como un largo y solitario camino, pavimentado de dolor.

"Yo lo escribí."

N/T: ¡CHAN! ¿Y ahora? Y se lo dice después de semejante escena en la ducha…