Capítulo 7. El Pasado que atormenta.

¿Yo lo escribí?

Hermione seguía mirando a Severus como ausente. ¿Qué significaba eso? ¿Es que era alguna clase de rompecabezas? ¿Tal vez, había querido decir algo así como 'ya me fui'? Eso debió ser. Había escuchado mal. Tenía que ser eso.

La mente de Hermione estaba en corto circuito. Su monólogo interior lanzaba ensaladas de tonterías, en un vano intento de evitar la horrible verdad. Se mordió el interior de la mejilla y uno de sus pies comenzó a sacudirse, la única parte de su cuerpo que se las había arreglado para mantenerse fuera de la locura, y ahora, buscaba algo que patear.

Gradualmente, el entendimiento rodante logró abrirse paso a través de su cuerpo para llegar hasta su cerebro, la parte que maldecía.

¡¿Pero qué carajos pasa?!

Él estaba mirando al cielo raso. Aguardando. Ni siquiera tenía que mirarla para saber lo que se avecinaba.

"¿Qué tú… hiciste…qué?" Las palabras fueron pronunciadas como si fueran astillas a través de los dientes apretados.

Él se llevó los dedos al puente de su nariz. Había tenido tres días para pensar en un aplacamiento convincente. Tal vez si hubiera pasado todo ese tiempo planeando en lugar de pensando en follarla, tal vez ahora tendría algo más que solo silencio idiota en una cama de vergüenza.

"¿Estás diciendo que tu… escribiste este libro?"

El ceño de ella se frunció todavía más mientras miraba las páginas del dichoso libro que mantenía sus manos unidas.

"¿Tú eres… el Sr. Boats…?"

Severus cerró los ojos y se tocó la nariz con el dedo índice.

"Es un seudónimo."

"¡NO ME DIGAS!" Estalló ella.

Él dejó caer su mano y la miró con una expresión de resignación. No podía escapar de esto. Y no podía poner un hechizo silenciador tampoco. Tendría que aguantarlo. Estaba frente a 'la peligrosa Granger' otra vez y no había nada que pudiera hacer al respecto.

"¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Se te olvidó?" Preguntó ella, alzando una ceja con sarcasmo.

Severus se acomodó contra la almohada. Las próximas preguntas no necesitarían respuestas, solo expresiones de culpable remordimiento. Haría lo mejor que pudiera.

"¡SIÉNTATE Y MÍRAME!" Demandó ella, jalando de la mano pegada al libro.

Bueno, tal vez no.

Severus se sentó y se reacomodó contra el respaldar de la cama.

"Merezco una respuesta Severus."

Por Merlín. Lo había llamado Severus. Se oía… tan sensual, cuando ella lo pronunciaba con esa boca suya… esa boca…

"¿¡ME ESTAS ESCUCHANDO!?" De pronto, ella tenía la varita en su mano y la presionaba con fuerza contra la garganta de él. Si este, de verdad era su libro, entonces la maldición también lo era. ¿Acaso sabía él que esto pasaría? ¿Había planeado todo esto?

La manzana de Adán de Severus se movía como queriendo alejarse de la madera de la varita. Soltó un suspiro que parecía venir desde lo más profundo de su ser.

"Lo escribí hace doce años, sin pensar que alguna vez vería la luz del día. Una pequeña editorial lo publicó, unas cientos de copias nada más, y luego pareció que se había hundido en el olvido, donde pertenecía. Un día, encontré una copia entre los textos para el personal, en la biblioteca. Lo destruí, pero unos días después, fue reemplazado. Madam Pince siempre fue muy estricta con respecto al mantenimiento del catálogo. Sabía que no podía arriesgarme a destruir más copias o ella sospecharía e investigaría más." Suspiró de nuevo. "No quería que alguien lo leyera en caso que pudieran hacer la conexión hasta llegar a mí. Fue entonces cuando decidí ponerlo tras las cerraduras y las guardas… y entonces fue cuando puse el hechizo vinculante."

Hermione sacudió la mano, casi a punto de estrujarle el cuello. "¡¿Tú pusiste el jodido hechizo?!"

"Si." Los ojos oscuros nunca dejaron de mirarla.

"Y entonces, ¿por qué mierda es que todavía estamos pegados a esta pila de basura?" La voz de la chica se elevaba.

"Porque…" El rostro se le estrechó al soltar el aire lentamente. "Porque olvidé… olvidé la frase."
La varita de Hermione dejó la garganta de Severus, cayendo sobre el pecho de él.

"¿Se te olvidó?"

Él se rascó un lado de la cabeza, entrecerrando los ojos ante la pregunta.

"¡Puta madre! ¡¿SE TE OLVIDÓ?!" La chica se puso de rodillas y lo miró con absoluto desdén.

Severus alzó la palma libre hacia arriba como toda respuesta.

"Al menos, ¿has tratado de recordar?" La chica se recargó sobre la varita como si fuera un bastón.

"En realidad, no, no lo he intentado." Retrucó él. "He estado meditando estos días. No se me ocurrió buscar en mi memoria por la solución, no."

"No estás en posición de ponerte sarcástico, amigo." Hermione alzó de nueva cuenta la varita y la movió frente a él. "Todo esto es tu culpa."

"¿Debo recordarte cómo empezó esto?" Severus alzó una ceja acusatoria hacia Hermione y ella estuvo a punto de clavarle la varita en el pecho.

"De hecho, no. Ya no estás calificado para recordarle nada a nadie." Dijo ella con enfado.

Se siguieron mirando con furia el uno al otro hasta que Severus rompió contacto visual y dejó caer su cabeza contra la cabecera.

Hermione nunca lo había visto tan derrotado.

Profesor Severus Snape. Maestro Pocionista. Uno de los hechiceros más poderosos en el mundo. Mente como un tamiz. Eso no cuadraba ni a los golpes.

Mientras lo observaba, sus pensamientos regresaron a los eventos de los días previos. La revelación puso una nueva perspectiva, sobre todo.

I. Boats.

Se tocó los labios con la varita. "Es un anagrama, ¿verdad? I. Boats… ¿quién es Tobías?"

"Mi segundo nombre." La voz sonaba llana y sin emoción. "Y era el nombre de mi padre."

Ella siguió evaluándolo. Él lo había escrito. Cada palabra en ese libro. Cada hermosa palabra. ¿De dónde había salido eso? Claramente, era un hombre elocuente, y por supuesto, sabía de pociones, pero… ¿Y la pasión? Bueno, solo tenía que recordar lo ocurrido hacía una hora. ¡Mierda! Él era el hombre más apasionado que había conocido en toda su vida. No había que pensarlo demasiado.

Pero la profundidad de sus palabras. La profundidad de sus sentimientos… de sus emociones. ¿Acaso sería él mismo el 'romántico trágico'?

Hermione suspiró. No tenía sentido estar enfadada con él. Sin duda, él ya estaba bien enfadado consigo mismo. Necesitaba que pudieran terminar el hechizo. Y la única forma de hacerlo, era ayudarlo a recordar.

Hermione se sentó junto a él, de la misma forma en la que se había acomodado Severus.

"¿Qué has intentado hasta ahora?" Preguntó con suavidad.

"Todo lo que se me ocurrió." Masculló él. "Cuando estabas dormida, pasaba horas tratando de recordar. Pronunciando cada palabra que se me ocurría, cada frase, cada pensamiento."

El silencio volvió a apoderarse de los dos.

"¿Por qué lo escribiste?"

Ahora fue el turno de Severus de suspirar. Se frotó la rodilla con los dedos.

"Fue por balance."

Hermione aguardó para que siguiera explicando.

"Estaba sumergido. En el subterfugio. En tortura y muerte. ¿De qué otra manera podía sobrevivir? Era mi manera de procesar el dolor. De recordar que había esperanza… y… belleza… que eso todavía existía. En algún lugar. En algún lugar lejos de todo ese horror."

El pecho de Hermione se puso tenso. El libro había sido su terapia. Pero había sufrido tanto. Demasiado. Y, sin duda, el no poder recordar tenía que ver con el trauma.

Estiró la mano y tomó la de Severus que estaba sobre la rodilla, frotando con suavidad el dorso con el pulgar. Los hombros de él se relajaron visiblemente. Se volvió para mirarla con fijeza. Ni una palabra. Solo la intensa mirada de él sobre la suya. Esa mirada penetrante, desarticulando cada parte de su ser.

Las emociones de Hermione eran un lío en ese momento. Deseaba quitar el dolor tan profundo de esos ojos, pero al mismo tiempo, deseaba escapar. Necesitaba su propio tiempo, su propio espacio. Necesitaba procesar aquello… necesitaba procesar todo ese caos.

Y obviamente, él también quería que ella le quitara el dolor, porque su mano comenzó a moverse de su rodilla, y sus dedos comenzaron a migrar sensualmente hacia el interior del muslo de ella.

Hemione sintió que su cuerpo reaccionaba de inmediato. Esa parte de ella estaba más que de acuerdo con eso de 'una follada por piedad', pero no podía dejar que eso ocurriera ahora. Severus necesitaba enfocarse. Los dos.

"No." Aplastó los dedos de él contra su muslo, como quien aplasta una araña. "No sucederá nada más hasta que logremos retirar el hechizo."

El rostro de él cambió y puso cara de niño regañado. Parecía más preocupado por el prospecto de no tener sexo con ella que cualquier otra cosa. Entonces, comenzó a farfullar. Ella casi se le ríe en la cara. Estaba desesperado por tratar de atinarle a la frase que los liberara. La mayoría de lo que decía parecían tonterías. De verdad, parecía que estaba escarbando el fondo del barril.

Lo cierto era que el negarle el sexo hasta que pudieran separase era tanto un castigo para él como para ella. La entrepierna de Hermione estaba en llamas de nuevo y era muy incómodo, como si se tratara de una caricatura que se encendía fuego con un solo toque de la mano de él.

Ella también había estado fantaseando sobre él. La forma en la que la había levantado del suelo, así nada más, con una sola mano, para poder llegar hasta sus pechos… y ahora, está resuelta a averiguar si era capaz de la misma maniobra para llegar hasta su entrepierna. ¿tal vez me pueda colgar de sus hombros? ¿O me pueda balancear?

"¿Qué es tan gracioso?"

"Nada. Nada." Tuvo que desviar la mirada.

Bueno, bueno, piensa Hermione. De mala gana, alejó la imagen mental de él, presionándola contra la pared, mientras hundía el rostro en su vulva.

Nada de lo que había leído hasta ahora, tenía algún uso. Él se había pasado tres días tratando de recordar y no había podido. Y ella estaba tentada a empezar a lanzar palabras y frases, como él lo habían intentado, para ver si alguno de los dos acertaba, pero las chances de que eso ocurriera, eran virtualmente de cero.

La castaña se mordió el labio. ¿Qué tal si…?

Lo miró y vio que ya se había dado por vencido con las murmuraciones y ahora solo miraba al vacío.

"¿Legeremancia?"

A él le tomo un segundo responder con un seco movimiento de la cabeza. "Ya lo intenté."

"No. Tú no. Yo. Yo lo haré. Buscaré en tu memoria y trataré de hallar la respuesta."

"¿Y desde cuando estás entrenada en legeremancia?" No era todo lo cáustico que solía ser, pero había un dejo de la acidez Snape por ahí.

"Me auto enseñé al final de mi tiempo en la universidad." Respondió ella, tratando de no sonar demasiado arrogante. "Pensé que sería útil siendo docente. Para entender por qué algunos alumnos tienen problemas con ciertos tópicos."

Él se quedó mirándola. Se veía conflictuado. Ella le sostuvo la mirada. Era una buena idea. Y ella no entendía por qué él parecía querer negarse.

Al final, se apretó la nariz otra vez, hablando a través de la palma de la mano.

"Verás cosas… que puedes encontrar… perturbadoras."

Ella sintió. Claro. Comprendía. Había sido un Mortífago y espía. No sabía en qué clase de cosas había estado metido. Si había sido participante activo en las torturas y las matanzas, pero sin duda, tuvo que haber participado en algo de eso para poder permanecer en el círculo interno de Voldemort.

"Entiendo." Dijo ella, mirándolo solemnemente.

Severus tenía esa expresión afligida de nuevo. "De hecho, no creo que lo entiendas." Exhaló. "Tenía veintiocho años cuando puse el hechizo. Solo… ve bastante hacia atrás y… trata de ignorar todo lo que veas hasta entonces."

¿Qué creía que iba a hacer? ¿Sentarse por horas, revisando cada mundano recuerdo y cada ácido pensamiento desde ese momento y hacia atrás? Aunque le resultara fascinante la idea, tenía cosas más importantes que hacer.

"De acuerdo." Dijo ella. Él todavía se veía incómodo, pero ya no tenían más opciones. "Dime cuándo estés listo."

Severus cerró los ojos por un breve instante, luego los abrió y la miró. "Procede." Fue todo lo que dijo.

Esa fue la menos entusiasta propuesta que jamás hubiera recibido Hermione, pero tendría que aceptarla.

Mirándolo fijamente a los ojos, Hermione pronunció el encantamiento y de inmediato se encontró deslizándose en lo que parecía ser un túnel con imágenes animadas en las paredes. Le llevó algunos minutos el darse cuenta cómo controlar la velocidad de su avance, para empezar, y las imágenes se veían borrosas, así que no podía distinguir lo que veía. Gradualmente, se las arregló para bajar la velocidad y las imágenes pudieron verse con nitidez.

¿Pero qué carajos?

En la imagen frente a sus ojos, se veía a sí misma yaciendo de espaldas, con las piernas abiertas y el miembro de Severus follándola furiosamente.

¡Pero si nunca hicimos eso…! ¿Cómo es posible que…? Entonces se dio cuenta que no era un recuerdo, era un pensamiento, una fantasía. Oh, entonces había estado pensando en… en… follarla. Bueno, eso no era ninguna sorpresa, no después de los eventos de los últimos días.

Continuó con la siguiente imagen. Otra vez ella. Esta vez, tenía toda la polla de él metida en la boca, hasta la garganta, y se veía mucho más feliz y cómoda de lo que se vería en la vida real. Qué bueno que tenga el mundo de fantasía para esa. Y luego otra. Al menos casi podía asegurar que era ella. El pelo lucía como el de ella, pero en esta, Severus se la follaba por detrás. ¿Me lo está poniendo por el culo? Apretó los labios. Bueno, se puede ver un patrón aquí.

Avanzó con un poco más de velocidad, siempre en el mismo túnel, como si estuviera corriendo por uno de los pasillos de Hogwarts, pero tapizado de imágenes animadas. Y prácticamente todas la incluían a ella. Era como un santuario del porno animado. Su semen cayendo sobre su rostro, sobre sus pechos, en su vagina, deslizándose sobre su mentón. Pero bueno, miren nada más, un cambio de escenario. El semen de él chorreando desde su trasero y su vulva al mismo tiempo. ¿Había alguien más involucrado o acaso estaba fantaseando con tener dos pollas?

Muchas de sus fantasías estaban más centradas en el semen y la polla. Parecía ser que no se había movido mucho de las clásicas fantasías masculinas. Bueno, no, tenía que reconocer que ella misma hablaba en algunas. Bueno, si decir, 'fóllame' o 'fóllame fuerte', o algún equivalente se pudiera considerar como hablar. Difícilmente era una conversación inspirada.

En medio de las fantasías, estaban los recuerdos reales. Imágenes vistas a través de sus ojos.

Observándola dormir. Observándola comer. En el baño, cuando se hacía el que no veía… el hombre misterioso perdía más y más misterio con cada segundo. De hecho, podía hacer un compilado de los últimos minutos y clasificarlos como '¡demasiada información!'

Comenzaba a dolerle la cabeza.

Se movió más rápido y se sumergió en los recuerdos más antiguos y se sintió conmocionada al encontrarse allí también. ¡Estos son de antes de regresar a Hogwarts! Fue todavía más atrás. Años atrás. Y ella seguía apareciendo. Pero no eran recuerdos. Ninguno de ellos lo era. Severus había estado pensando en ella. Mucho.

Y entonces, llegó a los recuerdos de su último año como estudiante de Hogwarts. Su imagen estaba en cada lugar del corredor. Debió estar observándola todo el tiempo. Desde momentos en el comedor, en los terrenos del castillo, en clase de pociones, observándola reír con Ginny, llorando sobre el hombro de Harry, mirándole el escote cuando ella se inclinó para levantar unos libros. ¿Qué edad tenía? ¡Apenas legal!

Salió de la mente de Severus, respirando con dificultad.

"No…" Dijo él con una mano alzada, antes que ella pudiera decir algo.

"Pero…"

"Lo sé. No lo digas." Refutó él, mortificado.

Hermione parpadeó furiosamente, y con la voz tensa, dijo. "Tienes mucho que explicar Severus."

Él asintió con resignación.

No era de extrañar que no la quisiera allí. Se quedó mirándolo por un rato más, antes de tomar una gran bocanada de aire y volver a entrar en su mente. Pasó de largo las últimas semanas, meses, años incluso, hasta que alcanzó los recuerdos de antes que ella llegara a Hogwarts. Muchos de los rostros que aparecieron frente a ella no le eran conocidos, aunque había algunos que los conocía bien, como las versiones más jóvenes de Dumbledore y McGonagall. Un poco de sexo por aquí y por allá, pero no mucho. La mayoría, encuentros con mujeres en lugares sórdidos. Prostitutas seguramente. Todo se veía oscuro, gris. Exhaló. Todavía le dolía la cabeza. Y esto se estaba poniendo deprimente.

Él la miraba con atención.

No podía culparla si lo odiaba después de esto. Por supuesto, su mente era el pináculo de las experiencias penosas y tétricas. Pero claro, él siempre había pensado que lo que ocurría en la privacidad de su mente, seguiría siendo privado, solo para su propio consumo. Y ahora, ella lo había visto todo. Y claramente, la había dejado inquieta.

El rostro de la castaña estaba pálido y tenía el ceño profundamente fruncido, y sus ojos se movían de lado a lado. Respiraba rápido, casi como si fuera a quedarse sin aliento. De pronto, su rostro se deformó en un rictus de dolor. ¿Dónde estaba? ¿Qué había encontrado?

Ante sus ojos, los ojos de la chica se pusieron llorosos, como un estanque reflejando la ambarina luz de la tarde, y entonces, las lágrimas comenzaron a caer. Tenía que sacarla de allí.

Antes de poder hacer nada, Hermione se salió de su mente y cayó de lado, cubriéndose la boca con la mano, lloriqueando.

"¿Encontraste algo? ¿Encontraste la frase?" Se inclinó hacia ella, hablándole con urgencia.

Ella no respondió, solo siguió llorando contra su mano.

Severus tironeó de su brazo. "¡Hermione!"

Finalmente, ella lo miró.

Y asintió.

N/T: Como dije, ahora es cuando empieza la parte dramática del tema. Espero no decepcionar a nadie. ¡Saludos!