Capítulo 8. Las últimas líneas.
Ella seguía sin hablar. No había dicho nada desde que salió de su mente. En lugar de decir algo, solo se había recargado contra la cabecera de la cama y miraba al vacío. Severus no podía romper ese silencio. No era su lugar.
"¿Por qué yo?" Preguntó Hermione con la voz queda.
Él sabía de lo que estaba hablando, pero necesitaba más detalles para poder contestarle apropiadamente.
"Dime lo que viste, tal vez pueda contestarte."
Ella inclinó la cabeza hacia un lado para mirarlo.
"¿No sabes lo que hay en tu propia cabeza?"
"Lo que sé y lo que pudiste haber visto son dos cosas totalmente diferentes. La Legeremancia es una herramienta roma. Cualquier cosa puede ser mal interpretada o fácilmente manufacturada."
Ella sabía lo que había visto. Era una cosa o la otra. Ni siquiera se le ocurría cómo podía ser posible que alguna de esas imágenes pudiera tener alguna defensa plausible.
"Empecemos con eso de estar acechándome en mi último año."
Él alzó una ceja. "No estaba yendo tras de ti a propósito, aunque no desviaba la mirada cuando aparecías en mi campo de visión. Lo que viste son recuerdos que mi cerebro consideró eran dignos de ser conservados. Todo lo demás se ha ido esfumando con el paso de los años. Eso significa que tú, de verdad, eres digna de ser recordada. Nunca estuve rodeado de felicidad. Tu energía se sentía… tranquilizadora."
"Pero sí me estabas observando."
"Si. Estaba intrigado. A través del caos, tú mantuviste una… honestidad… que yo admiraba."
"¿Honestidad?" Ciertamente nunca le habían dicho algo así.
"Tú eras dulce, pero fuerte, valiente, pero también vulnerable. Y lista. Brillante en realidad."
¿Brillante? Hermione sintió que una sonrisa le estiraba los labios.
Severus aclaró la garganta. "¿Ya terminamos?"
"No." La sonrisa en el rostro de Hermione desapareció. "Me estabas mirando el escote."
Él recordaba vagamente. "¿Y cómo interpretaste eso?"
"Pensé que sería bastante obvio. Estabas tratando de verme las tetas."
Severus asintió brevemente. "Enteramente posible. Pero también podría ser que estuviera sorprendido de ver algo así, ya que, de acuerdo con las normas de vestimenta de Hogwarts, no debería haber oportunidad de verte el escote."
Hermione recordó. En su último año, había pasado por una fase rebelde, en la que solía dejar algunos botones sueltos de su camisa, como un pequeño acto desafiante a las reglas de la escuela, una expresión de su floreciente sexualidad y un intento de atrapar la mirada de alguien, quien ya no podía recordar. NO había visto nada más como eso entre sus recuerdos. Quizás decía la verdad.
"Entonces, ¿sobre los años siguientes? ¿Cuándo yo ni siquiera estaba aquí?"
Él hizo un vago gesto con la mano que descansaba sobre su rodilla.
"Dejaste una gran impresión en mí. Podía aceptar que la banalidad de mi existencia aquí era infinita, o podía imaginar algo mejor. Una fantasía de esperanza, tal vez. Tú eras un símbolo de… potencial. No para mí necesariamente, pero en general. Y de nuevo, la esperanza, incluso si solo es dentro de una fantasía, suele ser lo único que tenemos."
Ella recordó que en esos años, no había tenido mucho sexo. Habían sido imágenes en las que paseaban juntos, conversaban, se reunían. "¿Qué era lo que imaginabas?"
Severus alzó los hombros. "Como legeremante puedes ver imágenes, pero las emociones, por lo general, están ausentes. En efecto, pueden ser interpretadas como quieras. Estaba imaginándome en una vida en la que era reconocido como algo más que el profesor asexuado, que siempre imaginan los estudiantes, que es parte de lo que significa ser Profesor."
Era un buen punto. La responsabilidad de ser un docente de tiempo completo, especialmente en Hogwarts, en donde no descanso del rol, tomaba mucho de uno, incluyendo grandes trozos de tu propia identidad.
"Entonces, ¿no me encontrabas atractiva en lo absoluto?"
"¿Tú qué crees?"
"Quiero escucharte decirlo." Los ojos castaños lo miraron con intensidad.
Las cejas de él se alzaron mientras miraba sin ver, como si estuviera contemplando la imagen de ella en su mente. "Te habías convertido en una mujer hermosa. No solo físicamente… pensé que eras una persona genuinamente adorable."
Hermione se sonrojó. No había contado con que fuera tan honesto. Sin embargo, persistía el asunto de los eventos más recientes, algo que no pensaba que Severus pusiera explicar con tanta facilidad.
"Así que hemos llegado a la más reciente fanfarria sexual."
Él bufó y alzó los hombros. "¿Qué puedo decir? Soy un hombre. Y uno que no había follado en una enorme cantidad de tiempo."
Me pudo haber engañado. Ella nunca había conocido a alguien tan experto. No le extrañaría si descubriera que había sido apuntado como el Profesor del Sexo.
"Y," continuó él, "de repente, la persona en la que había estado pensando por años, quedó, literalmente, pegada a mí. Y podía sentirla frotándose contra mí, cada microsegundo del día. Luego descubro que parece ser que no me detesta tanto como había pensado. De hecho, parece que me tolera. E inexplicablemente… ella procede a hacerme la mejor mamada de mi vida."
Hermione sonrió en su interior. Parece que no había perdido su toque.
"Admito que mi pene ha estado llevando a cabo la mayoría de mis pensamientos los últimos tres días. Era un desastre. Totalmente fuera de mí. Mucho de lo que viste, ni siquiera eran fantasías, solo imágenes desarticuladas, flotando por ahí por cuenta propia."
Hermione pensó en su propia mente y cómo parecía que tenía pensamientos propios. Si él le hubiera leído la mente en esa última hora, se podría haber visto a sí mismo en, por lo menos, diez diferentes poses y en varias formas distintas de comerle la entrepierna. De hecho, habían sido sus propios pensamientos lujuriosos los que los habían puesto en esa situación. A Hermione se le dificultaba ponerse en un pedestal de alta moral.
Él se volvió para mirarla, con la intensa mirada clavada a los ojos de ella. "Pero entenderé si, después de esto, he perdido tu confianza."
Eso la hizo ponerse en alerta. La golpeó directo al corazón. ¿Era intuición? ¿El destino? Fuera lo que fuera, las palabras de él la pusieron en acción.
Era tiempo. Ya había decidido qué hacer.
Se levantó un poco, haciendo fuerza con la mano que sostenía el libro, para ponerse en cuatro patas y luego ponerse a horcajadas de la cadera de él. Se acomodó en su regazo y lo miró a los ojos.
La expresión de él era una mezcla de intriga y confusión. Hermione esperaba que entendiera. Eso haría las cosas más fáciles. Pero era poco probable que Severus entendiera hasta que ocurriera.
Hermione se quedó viéndolo directo a los ojos. Esos oscuros ojos. Más oscuros que cualquiera que hubiera visto jamás, pero más llenos de sentimientos que todos. Con una profundidad que ahora mismo iba a explorar, sin saber en dónde estaban los límites.
Hermione levantó la mano pegada al libro, sin dejar de mirarlo, y habló.
"Confío en ti."
El libro, repentinamente se soltó y cayó en medio de los dos. Libres. Ahora, extrañamente inocuo, yacía sobre las sábanas.
El rostro de Severus registró el shock y luego algo más. Un repentino entendimiento comenzó a arrastrarse sobre su piel, consumiendo sus facciones, con un entendimiento largamente oculto. Y ella había tenido razón al ponerse tan cerca de su cuerpo. Él la necesitaba.
Severus hundió su rostro en el abdomen de ella y la envolvió con sus brazos, mientras ella le sostenía la cabeza cerca de sí misma, y el cuerpo de él comenzaba a sacudirse en medio de sollozos.
Las palabras que ella había pronunciado habían abierto algo en él. Habían fracturado, roto, la pared que había protegido, y al mismo tiempo, defraudado, todos esos años. Hermione sabía que Severus ya podía ver las mismas imágenes que ella había visto.
Una joven mujer, con un bebé en los brazos, que enredaba sus deditos de angelito en el cabello rojizo de su madre.
LA voz de Severus, profunda y fervorosa, apretada de emoción. "No dejaré que nada te pase. A ninguno de ustedes."
Y la respuesta de esa mujer, temerosa pero fuerte. "Lo sé, Severus. Confío en ti."
Esas tres palabras. "Confío en ti." Las últimas palabras que Lily Potter le había dicho a Severus. Palabras con las que se había castigado desde entonces. Tal vez, había escogido esas palabras para el hechizo porque consideraba que era lo último que alguien podía decir por accidente. Hacia él en particular. Como si él no fuera digno de escuchar tal cosa.
Hermione los acurrucó con dulzura y le acariciaba la cabeza, manteniéndolo cerca de su cuerpo, mientras él seguía llorando, con la cabeza hundida entre sus pechos. Y mientras el lloraba, ella lo acunaba entre sus brazos, como a un niño, como si fuera un antiguo instinto de confortar y brindar solaz. Parecía que brindaba alivio, ya que gradualmente, él dejó de llorar y de estremecerse, para simplemente mantenerse aferrado a ella.
Se quedaron así, conectados, por lo que parecieron horas. La cabeza de él, ahora más floja contra su cuerpo, aunque sus brazos seguían envolviéndola apretadamente, como si temiera dejarla ir.
Al final, él se separó un poco de ella, despacio, un poco dolorido por la prolongada unión, y la miró. Los ojos del hombre estaban enrojecidos al igual que su rostro. Se veía tan inseguro y ella no quería prolongar su sufrimiento. Necesitaba que él supiera.
"De verdad, Severus, confío en ti." Susurró ella.
Severus entrelazó los dedos con los de ella, esas manos que habían estado unidas, tocándose, y uso la otra mano para acercar su rostro al de ella.
Los suaves labios capturaron los de la chica en un beso que contenía tal tierna dulzura que ella sintió que se le contraía la garganta. Severus era un alma sensible. Tan horriblemente expuesta, y, aun así, tan dispuesto a mostrar vulnerabilidad. Hermione presionó su frente contra la de él, con las respiraciones sincronizadas, reflejándose infinitamente en los ojos de los dos.
Y entonces, su mente, su magnífica, traviesa y caprichosa mente, intervino.
Ya pudieron separarse. El hechizo había terminado. Pero lo más importante, la suspensión del sexo se había terminado.
"Vas a estar muy ocupado." Murmuró ella.
Sintió que él alzaba una ceja contra su frente.
"Tienes diez pociones de pasión que preparar."
Severus inclinó hacia atrás la cabeza y una genuina sonrisa iluminó su rostro, la primera vez que ella veía algo así.
"¿Cuál te gustaría probar primero?" LA voz de ese hombre, sensual y grave.
"Comencemos por la del estimulador clitoriano y luego vemos desde ahí." Ella sabía que la expresión en su rostro era hambrienta, pero no podía evitarlo. Estaba desesperada por él.
Una pícara mirada apareció en el rostro de él mientras se acercaba despacio a ella, empujándola de apoco para ponerla sobre la cama.
"No necesito una poción para eso." La cremosa voz, como sexo líquido, se derramó sobre ella.
¡Cómo si no lo supiera! Su clítoris ya estaba inflamado y vibrando. Y mientras él seguía con sus murmullos graves y lujuriosos en su oído, Mermerizándola, Hermione se sintió flotar, como si la llevaran entre las nubes. Entrelazó las manos con las de Severus, pero esta vez, no tenía intención de dejarlo ir.
Era libre.
Y con esa libertad, Hermione escogió a Severus.
N/T: Y es el final. Espero que les haya gustado. Tengo pensado traducir un par más en los próximos meses. Se agradecen profundamente los comentarios y los alertas. Muchas gracias por seguir acá.
¡Hasta la próxima historia!
