Gracias por sus comentarios, chicos :)
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LOS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE DISNEY.
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El calor de junio se hacía sentir a pesar de que la noche ya había caído. El aire cálido le acarició el rostro, las chicharras cantaban; pero el sonido era suplantado por los gritos de niños que corrían con globos o algodones de azúcar. Anna sonrió cuando dio los primeros pasos dentro del parque de diversiones. Desde que se había marchado a la universidad que no pisaba ese lugar. Cinco años era mucho tiempo y le sorprendía ver que los cambios no eran grandes. Un puesto nuevo, un juego clausurado. Vio la torre en forma de reloj con sus luces que prendían y apagaban sin cesar. Su corazón se agitó. Recordó como la semana anterior había perdido el aire, como se había quedado atónita frente a la pantalla de su portátil y como tuvo que releer el mensaje unas diez veces. Dos años de silencio intermitente. Uno entero de silencio total. Se vio a sí misma escribiendo una repuesta rápidamente y corriendo por la ciudad para confirmar un pasaje de ida.
Se paró frente a la torre buscando entre caras desconocidas, dejo a sus oídos vagar entre voces extrañas; pero no la encontró. Comenzó a caminar, la torre era grande, podía estar del otro lado, chocó con una mujer mientras miraba un rostro tras otro, se disculpó lo mejor que pudo antes de seguir buscando a...
Estática. Completamente quieta.
El mundo entero dejó de girar, el aire se fue de la atmosfera, al igual que el sonido. Ella… era más alta de lo que recordaba. Su figura esbelta, su cabello que absorbía la luz de la luna. Se aproximó no atreviéndose a decir nada y se paró a su lado para mirar la torre junto a ella. Notó como los ojos azules la miraban a hurtadilla, sus manos sudaron y acomodó un mechón de cabello pelirrojo tras su oreja.
-Esta hermosa.- le dijo la voz de Elsa. Su corazón vibro ante esa voz.
-¿Me… me lo dices a mí?- preguntó tontamente. Elsa sonrió ligeramente destruyendo el mundo. Su mundo. Y asintió, con los ojos azules puestos totalmente sobre ella.
-Gracias. Tú… también te ves… hermosa. Siempre lo has sido, pero ahora es como… ¡Wow!-
-Gracias.- atinó a decir la rubia, guardaron silencio. Elsa volvió la vista a la torre.
-Este sitio parece no cambiar.- murmuro.
-Es verdad… aunque al fin cerraron el paseo del terror.- comentó. Elsa elevó una ceja.
-Olía a vomito.- Ella sonrió.
-Sí, y a orines de gato.- agregó. Ambas rieron.
-¡Al menos aun venden chocolate del bueno!- exclamó Elsa.
-Llevo años sin probarlos.- admitió. Elsa la miro y se encogió de hombros.
-Podríamos ir por unos. La rueda de la fortuna da su primera vuelta a las ocho… tenemos tiempo.- el corazón de Anna no iba a calmarse jamás.
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-Entonces… ¿Cómo esta Mérida?- cuestionó Anna, sabía que pisaba hielo quebradizo; pero la única que terminaría hundiéndose seria ella.
-Bien. Decidió quedarse en el hotel. Estaba algo cansada por el viaje.- respondió Elsa. La quedo mirando incrédula… luego forzó una sonrisa.
-¿Si? Que… que bueno.- respondió. Elsa clavó sus ojos en ella.
-Y… ¿Cómo esta Kristoff?- Ella tenía que estar de broma.
-Es el jugador estrella del equipo nacional. No lo veo desde hace un año, creo que va a ser padre, o algo así leí.- comentó. Elsa parpadeó un par de veces. Anna conocía ese gesto… realmente estaba sorprendida por su respuesta.
-¿Ustedes… rompieron?- indagó.
-Sí. Yo… creo que nunca lo ame en realidad.- confeso… no como a ti. Agregó, sin atreverse a decirlo. Elsa se puso de pie.
-Mejor vamos a la rueda de la fortuna de una vez.- dijo rápidamente. Anna tuvo la sensación de que ella quería terminar de una vez con este encuentro. Caminaron hasta allí con el murmullo de la gente y la música de la feria a su alrededor. Todo aquello parecía ser inmune al paso del tiempo.
-Puedes tomar mi mano si deseas.- murmuró Elsa estirando la mano antes de que pudieran subir. La pelirroja miró el gesto un segundo.
-Ya no le tengo miedo a las alturas.- susurró. Las mejillas de su compañera se tiñeron de rojo, y esto hizo que Anna tomara su mano. Entrelazó los dedos con los suyos disfrutando la sensación de equilibrio le brindaba. Elsa la elevó una ceja curiosa y se limitó a sonreír.
-Prométeme que no vas a soltarme.- Elsa suspiró, su vida misma se fue en ese momento.
-Jamás lo haría.- dijo mirándola a los ojos.
El vértigo vino antes de que el movimiento comenzara. Anna sentía que el espacio era muy reducido y el calor sofocante.
-Así que, ¿Mérida… vino a conocer la ciudad?- preguntó Anna, sin mirar a Elsa.
-No. ella se marcha mañana de hecho.-la voz de Elsa pareció un susurro. Anna volvió los ojos a su rostro y se encontró con el océano en los de ella.
-Pensé que ustedes…-
-¿Que estábamos juntas?- Elsa completo la frase por ella. Asintió, la brisa de verano le arremolinó el cabello.- No. Jamás lo estuvimos. Ella solo es una buena amiga y quería cerciorarse de que yo no huiría.- la mandíbula de Anna cayó.
Todas aquellas fotos que habían visto de ellas juntas, abrazadas, sonriendo. Las teorías que construyó cayeron como un castillo de naipes golpeado por el viento.
-Huir… ¿Huir de qué?- logro preguntar. La rueda se detuvo con ellas en la cima. Elsa miro sus manos entre lazadas.
-De ti. De… todo esto que jamás deje de sentir.- confesó. El corazón le saltó del pecho. Buscó la torre del parque porque ya no podía seguir viendo sus ojos.
-Dejaste de escribirme.- murmuró con una lagrima amenazando en salir.
-No quería que estuvieras atada a una promesa infantil.- Anna vio el anillo color azul que Elsa sacada del bolsillo de su pantalón.- Cuando me dijiste que comenzaste a conocer a alguien, que te gustaba, pensé…- ella llevó la mano a su cuello buscando la cadena y un anillo, igual que el de Elsa, brilló con la luz artificial del parque. Elsa no dijo más.
-¿Por eso te alejaste?- preguntó. La rubia asintió y la ruleta volvió a girar.
El silencio.
Un abismo.
Ambas aun sostenían la mano de la otra; pero entre ella parecía haber un muro invisible. Un muro que se terminó de cerrar cuando bajaron del juego, separaron sus manos y caminaron discutiendo con sus propios demonios entre la multitud. ¿Cuánto habían cambiado? ¿Cuánto se conocían en realidad? ¿Cuántas cosas no se habrían dicho? ¿Cuántos sentimientos aun guardaban?
-Gracias por haber venido está noche.- dijo Elsa deteniéndose frente a la torre.
-¿Vas a quedarte?-
-Unos días.-
-¿Volverás al parque?- Elsa la miró un segundo.
-Cada noche.- susurró. Anna asintió.
-Entonces… ¿nos vemos?-
-Nos vemos.- se giró para marcharse. Dio un paso y otro entre la gente. ¿Cuánto tiempo había pasado? Volvió la mirada; Elsa contemplaba en silencio el titilar de la enorme torre. Anna sintió el titilar dentro suyo. Uno que no se había marchado a pesar de los años. Uno que seguía allí, y que ahora, brillaba con más intensidad que nunca.
