Gracias por los comentarios. Voy a estar subiendo capítulos desde mi móvil, así que si ve errores pueden señalármelos ya que éste suele cambiarme palabras sin razón alguna.

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Todos los personajes de estaba historia son propiedad de Disney.

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Era la tercera vuelta que deban. Elsa había insistido en que tenían que hacerlo. Así que allí estaban, en aquel pequeño cubículo con diez vueltas pagadas por antelación; una sentada frente a la otra. Anna observó a Elsa masticar gomitas de colores mientras ella sacaba un chocolate del pequeño arsenal que tenía en sus bolsillos. La noche era cálida y estaban esperando…

-¿Me recuerdas que es lo que esperamos ver?- cuestionó. Elsa sonrió mientras la rueda se detenía una vez más.

-Una lluvia de estrellas.- comentó entusiasta.

-Oh, sí. ¡Claro! Era algo de tus cosas de niña nerd.- bromeó. Elsa le arrojó una gomita a modo de respuesta- ¡Oye! Mi cabello. Ten cuidado con lo que haces Winter.-

-Eso te ganas por decirme nerd. No lo soy, y tampoco soy una niña.- Anna la observa. La forma de su rostro, la manera en que sus labios se habían llenado, el alto de los pómulos. Bajó la mirada por su cuello pero se detuvo, era muy consciente de las curvas de Elsa. Más de lo que era sanamente necesario para su salud mental. El juego volvió a moverse y las canastas se mesen.

-Sé que ya no eres un niña.- Elsa la mira y se reacomoda en el asiento incomoda, Anna sabe que debe decir algo más.- Pero… en cuanto a lo de ser una nerd, eso no lo ha cambiado.- agregó con un tono de burla que parece funcionar pues Elsa frunce el ceño.

-¡Eres de lo peor Anna Arendelle!- le dijo con aires de ofendida. Anna sabe que es broma así que continua hablando, porque eso es mejor que caer en el silencio incomodo en que se habían visto envueltas los días anteriores a ese.

-¡Vamos! Sabes que tengo razón.- ella provecha una extraña confianza que comienza a sentir para agregar con cierto encanto.- Además, nunca dije que eso fuera malo.- Elsa la miró con desconfianza. Anna tomó un nuevo chocolate y lo llevó a su boca.

-¿Vas a decirme que te atraen los nerds?- contraatacó Elsa elevando una ceja cuidada hacia ella. Anna tosió un par de veces mientras la rubia reía suavemente. Allí se iba su confianza.- Es lo que pensaba.- le dijo cruzando el mínimo espacio que las separaba y sentándose a su lado. Anna no tardó en sentir las suaves palmaditas en su espalda. Su corazón se disparó al escuchar que la risa burbujeante de Elsa seguía allí, y eso casi hizo que ella riera también.

La rueda se detiene. También la risa de Elsa.

Anna se volvió hacia ella dispuesta a decirle que la única nerd que le había atraído era rubia, media uno ochenta y tenía el trasero más espectacular del mundo con la intensión de hacerla reír nuevamente. Porqué ella podía dedicar su vida entera solo a hacer reír a Elsa, una y otra vez, hasta que sus días se acabaran. Pero se encontró con que los ojos azules y profundos brillaban vueltos hacia el cielo nocturno.

-¡Allí!- indicó con un leve movimiento de su mentón.

Las estrellas corrían sobre ellas. Puntos de luces infinitos.

Eternos.

La ciudad comenzó a parecer opaca antes esa imagen, la mismísima torre del parque era nada comparada con todas aquellas luces. Una canción vieja comenzó a sonar y Anna perdió el aliento mirándolas caer y caer.

Y cuando el cielo estuvo lleno de luces y pareció que el hombre del juego se olvidó por completo de ponerlo a girar nuevamente Elsa habló envuelta en lo que parecía magia. Una magia mística que solo Elsa era capaz de producir.

-Una historia dice que en realidad no son estrellas; sino espíritus que migran.- Anna se volvió a hacia ella. Las estrellas giraban en el cielo y parecían fundírsele en el cabello.- Que vuelven y van a seguir volviendo hasta que quede solo una estrella. Y esa estrella seguirá viniendo para siempre, con la esperanza de que algún día, si ella vuelve y vuelve lo suficiente; otra estrella la encuentre. Y no esté más sola.- Elsa estiró la mano como si deseara, realmente deseara que una de aquellas estrellas bailara en la punta de sus dedos. Anna no se sorprendería si eso ocurría. Llenó sus pulmones de aire, su cuerpo de valor y estiró su mano para tomar la de Elsa. Ella la miró con el mundo mismo cayendo con aquellas estrellas.

-Gracias por ser una nerd.- susurró. La rubia entrelazó sus dedos con los suyos.

-De nada.- murmuró antes de que el juego volviera a girar y el corazón de Anna se detuviera por aquella sonrisa que guardaría para siempre. Una sonrisa colmada de estrellas y galaxias.