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Los personajes de esta historia son propiedad de Disney.
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Anna contemplaba con la mirada perdida la intensa lluvia que caía en el exterior. Suspiró sabiendo de ante mano que no vería a Elsa ese día, pues el parque permanecería cerrado en días como aquel. El ruido de la puerta trasera abriéndose la hizo volverse, su madre entraba en la cocina con un par de bolsas cargadas de víveres y un paraguas color chillón que chorreaba agua por doquier.
-¡Condenadas lluvias de verano!- exclamó.
-Déjame ayudarte con eso.- ofreció tomando las bolsas de sus manos.
-Gracias, cariño. Solo a mí se me ocurre salir con la que está cayendo.- comentó sacudiendo su cabello tan pelirrojo como el de su hija.
-Ciertamente.- afirmó al tiempo que comenzaba a sacar los víveres de las bolsas.- ¡Oh! Compraste helado.- exclamó moviendo el pote delante de su madre, quien le sonrió.
-De tu favorito.- Anna devolvió el gesto.
-Puedo verlo… ¿Acaso tienes un plan para estaba noche?- cuestionó luego dejando ver una botella de vino californiano y una fuente con salmón congelado. Su madre ensanchó su sonrisa pero negó.
-Nada especial.- afirmó aproximándose al refrigerador y comenzando a aguardar las verduras en él.
-¿Con que nada especial, eh? Entonces, ¿qué te parece si pasamos la noche viendo películas viejas y bebiendo esto con algo de comida chatarra?- propuso.
-¡Vaya plan!- exclamó con un reconocido sarcasmo en la voz. Anna dejo de lado el paquete de chips que tenía en las manos.
-¿Por qué me parece que sí tienes algo planeado?- cuestionó. Su madre cerró la nevera y se volvió a mirarla.
-¿Sabías que Elsa está en la ciudad?- la boca de Anna seguramente se abrió y se cerró un par de veces, lo que de alguna forma fue respuesta suficiente para su madre, quien elevó las cejas y asintió.- Así que si, eh.-
-¿Tú… cómo lo sabes?- cuestionó. Su madre arqueó una ceja. Claro, el pueblo era tan pequeño como un pañuelo y los chismes solían correr como pólvora, pero no era suficiente razón como para que ella se enterara que Elsa estaba en la ciudad; así que Anna imitó su gesto.
-De acuerdo. Me la encontré en la tienda. Tendrías que haber visto su cara de horror cuando la envolví en un abrazo de esos que suelo darte a ti cuando vuelves a casa. Parecía que iba a infartarse.- su madre rió y ella estaba segura que podía imaginar perfectamente la cara de Elsa al tener a su madre estrujándola como a un panecillo.- Hablamos un rato. Me dijo que estuvo viéndote.- la mirada de Anastasia Arendelle se posó sobre ella. El rubor cubrió las mejillas de Anna quien se rascó la nuca.
-Sí, eso… olvide mencionártelo.- masculló. Su madre asintió.
-Bueno eso explica tus misteriosas huidas de esta semana. Me alegra saber que al menos no andas en las drogas.- le dijo volviendo a moverse por la cocina.
-¡Mamá!- exclamó ella indignada.
-Una nunca sabe, cariño. En fin, volviendo a Elsa… le pregunte donde se estaba quedando ¿sabías que tenía un departamento en la ciudad?- cuestionó. Anna se dejó caer en una de las sillas de la cocina.
-Sí. Ella… ella me comentó algo de eso.- admitió.
-Pues debe ser una maravilla si tiene vista al muelle...- Anna suspiró.
-Mamá, puedes dejar de divagar e ir al punto. No termino de entender que tiene Elsa que ver con nuestros planes para estaba noche, o mejor dicho, tus planes.- Anastasia se disculpó con un gesto.
-A eso iba. Me la encontré, charlamos y vi que estaba comprando una de esas horribles cenas instantáneas. "¿Cómo puedes comer eso?" le pregunte y ella se encogió de hombros. "tienes que venir a cenar esta noche" le dije, entonces ella…-
-¿Aceptó?- preguntó Anna que acaba de caer en cuenta de lo que su madre decía. Su corazón latió desmedido. Anastasia ocultó una sonrisa ante su tono ansioso.
-Claro que lo hizo… o al menos, eso creo. No la deje negarse. Le dije que la veríamos a las nueve y me marche recordándole nuestra dirección.- explicó. Anna miro atónita a su descarada madre.
-Eso no te asegura que vaya a venir ¿lo sabes, verdad?- Anastasia le restó importancia.
-Anna, cariño, conoces a Elsa mejor que yo. Sabes que es una persona bien educada y decente, es obvio que vendrá aunque no quiera hacerlo. Ella no dejaría a nadie con la cena preparada esperándola.- le dijo con una sonrisa suficiente. Anna quería saltar para abrazar y besar a su madre, así que eso mismo hizo.
-Eres una persona extraña, pero te quiero.- le dijo. Su madre se deslizó de sus brazos.
-También te quiero, hija. Ahora… ¿Carne o pescado?- cuestionó señalando la bandejas frente a ella.
-Pescado. Elsa realmente ama tu platillo de salmón y patatas.-
