Hola. Actualizo de pasada porque se supone que estoy preparando exámenes.

Gracias por sus comentarios.

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Todos los personajes de esta historia son propiedad de Disney.

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El sonido de la lluvia se colaba, junto con el aire fresco por la pequeña ranura que Anna había dejado al abrir la ventana. Estaba contemplando el techo, preguntándose si Elsa dormía o no. Había sacado la cama de debajo de la suya y la preparó para que una tímida Elsa se acomodara en ella. Anna intentó en vano apartar de su mente la imagen de Elsa con su cabello suelto, vestida una enorme camiseta del equipo nacional y pantaloncillos que dejaban sus largas piernas a la vista. Repitió para sí misma la imagen de la rubia y suspiro.

-¿Aún no duermes?- la voz de Elsa casi le produce un infarto.

-Si… No… es decir… hace mucho calor, supongo.- dijo girándose para verla.

-Lo mismo me pasa a mi.- respondió. La escasa luz que entraba desde la calle apenas le permitía ver los rasgos de su acompañante.

-Entonces… ¿qué se siente estar de nuevo en mi guarida?- preguntó en un tono que intento ser de broma. No hubo respuesta solo el sonido de las sabanas.

-Es extraño.- la voz de Elsa era como la seda.- Es decir, no me malinterprétes, solo no estoy acostumbrada a compartir habitación con nadie y que ese alguien seas tú es como…- la lluvia golpeteaba la ventana. Anna sentía sus manos sudar.

-¿Raro?- cuestionó. Elsa suspiró.

-Eso creo. A pasado tanto tiempo.- un relámpago tronó a lo lejos. Anna estiró su mano pero volvió a traerla hacia si de inmediato.

-Tal vez deberíamos comer más helado.- propuso de pronto. La risa de Elsa viajo por la habitación haciendo que su interior burbujeara.- y también deberíamos beber más vino.- agregó sentándose en la cama.

-¿Acaso te has vuelto una chica mala y no me lo has dicho?- indagó Elsa en un tono divertido. Anna deslumbró su silueta vuelta hacia ella en la cama.

-No, solo pensaba que podíamos recuperar un poco el tiempo perdido.- masculló entonces y se puso de pie para saltar sobre la cama de Elsa y abrirse camino hacia la cocina.

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-Tu habitación…- murmuró Elsa. Anna acomodó su cabello y la vio señalando el mural repleto de fotografías.- -No ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí.- terminó, ella misma paseó la vista por el cuarto. El mismo empapelado rosa, casi las mismas fotografías, un poster de una banda nuevo, el mismo escritorio color blanco con lápices y pinceles sobre él. Volvió la mirada a Elsa que llevaba una cucharada de helado a la boca con la vista fija en la ventana entre abierta. Allí. En ese lugar… era cómo si el tiempo nunca hubiera transcurrido. Anna sonrió ligeramente.

-Me gustaba como estaban las cosas en aquella época.- comento. Elsa se volvió hacia ella se clavó sus ojos en los suyos. Anna meneó la cabeza, se sentía ligera, como si estuviera envuelta en algodón a causa de que casi habían bebido toda la botella de vino, bueno, ella más que Elsa.- Aunque hubiera cambiado un par de cosas.-

-A mí también me gustaban y también habría cambiado un par de cosas.-murmuró. Anna entonces le dio un último y largo trago al contenido de su copa.

-¡Wow! Deberías tranquilizarte, amiga.- le dijo Elsa al verla. Anna sintió sus mejillas arder.

-Lo siento. El vino esta delicioso y tus estas aquí diciendo esas cosas, creo que si quiero conservar mi salud mental necesito esto… Espera… no quise decir que tú me alteras, porque lo haces. Es obvio que lo haces… es solo… creo que debería callarme, el alcohol está haciendo estragos en mí y…- se llamó al silencio cuando Elsa le quito la copa vacía de las manos y sonrió de lado.

-Puedo entenderlo. Yo estoy a punto saltar por esa ventana y luego correr al aeropuerto para volver a Vancouver y enterrarme en nieve para siempre.- confesó dejando la copa de lado.

-No podrías hacerlo.- dijo sujetando una de sus manos.- Yo iría tras de ti.- su movimiento fue algo torpe cuando se aproximó a la casi infartada Elsa.- Iría atrás de ti aunque tuviera que atravesar el polo norte y escalar una montaña para sacarte de cualquier castillo de hielo en que intentaras esconderte.- la respiración de Elsa le acarició el rostro.

-No eres un príncipe azul, Anna.- ella asintió. Su corazón latía como nunca antes y se moría de ganas por cortar la distancia entre ellas.

-No. No lo soy y no lo seré, pero si estoy segura de que no quiero dejar que te alejes de mí nunca más.- no supo si fue ella quien cerró el espacio o si Elsa lo hizo, solo supo que en esos momentos la boca de Elsa sabía a vino y algo más delicioso que ella quería descubrir. Perdió el equilibrio y terminó cayendo sobre el colchón con Elsa debajo, sintió sus dedos enredarse en sus cabellos. Sus manos se afianzaron en su cintura, no la dejaría ir, porque el mundo hacia explosión cuando ella estaba cerca y ahora que la besaba de aquella manera recordaba los fuegos artificiales, la lluvia de brillantina, todo.