Lamento la demora, no tengo perdón. Para consuelo de algunos estuve publicando un Diakko (están invitados a leerlo por cierto). Espero leerlos por aquí o por allá. Y no olviden que su escritora los quiere. Por cierto, esta es una historia corta así que estaba llegando a su final.

Disclaimer: Frozen y todos los personajes de esta historia son propiedad de Disney.

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Elsa despertó sintiendo las suaves caricias de Anna en su espalda y le bastó con abrir los ojos para encontrarse con su sonrisa frente a ella.

-Buenos días, copito.- le dijo y eso fue suficiente para que ella sonriera también.

-Dime que esto no es un sueño- pidió. Anna se mordió el labio inferior y se aproximó a ella. El beso fue como un recuerdo, como una aventura rápida pero excitante.

-¿Convencida?- cuestionó la pelirroja al apartarse. Elsa negó.

-Aun no… tal vez necesitaría unas cuantas demostraciones más.- Anna rió ligeramente y le pasó los dedos por lo largo de la espalda.

-Puedo darle esas demostraciones señorita Winter, pero no ahora. Mi madre despertara esperando que tengamos listo el desayuno.- y con eso le planto un beso en la mejilla. Elsa soltó un quejido de fastidio.- anda, levántate.- le ordeno Anna ya sentándose en la cama.

-¿Desde cuando eres tan responsable?- cuestiono divertida al verla ponerse de pie. Anna se encogió de hombros.

-No lo sé. Un día solo… no estaba llegando tarde a la universidad y de pronto me gustaban las ollas y el café sin azúcar.- comentó quitándose la remera de dormir y regalándole a Elsa una postal de su espalda que la hizo sonrojarse y desviar la mirada a las interesantísimas sabanas.

-Creo que iré a cambiarme al baño.- murmuró y la risa de Anna lleno la habitación.

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Lo tenían todo listo; el café, huevos revueltos, fruta e incluso algunos hotcakes que Elsa había preparado.

̶ Mi madre no va a creerse esto.― comentó Anna dejándose caer en la silla mientras Elsa colocaba el ultimo hotcake sobre la pila con un sonrisa en el rostro.

― Será una agradable sorpresa supongo.― comentó dejando el plato sobre la mesa y comenzando a desatar el delantal que se vio obligada a usar. Anna la observó en silencio, y observó los detalles. La manera en que el sol se filtraba por la ventana, tras vencer finalmente a la tormenta, el decorado del mantel, el aroma de la mesa recién cocida mezclada con el café; en como Elsa pasaba sus largos dedos por su trenza mientras un pájaro cantaba alegre a la distancia.

― Ya, vale ¿Qué es lo que te causa tanta gracia?― le preguntó la rubia. Ella rió y escuchó el sonido de su propia risa y la Elsa, modesta y tranquila, la encontró elevando una ceja confusa y no pudo contra eso; así que se puso de pie se aproximó a ella y entrelazando sus brazos en su cuello la besó, porque así debía verse, sentirse la felicidad. Porque ese momento para ella era la felicidad y quería tenerla siempre. Quería tener a Elsa para siempre.

― Veo que solucionaron sus problemas en el transcurso de la noche.― ambas saltaron y se separaron al escuchar la voz alegre de Anastasia, que aun en bata las miraba desde el umbral de la puerta.

― ¡Mamá!― exclamó Anna con el rubor en sus mejillas.― No me avergüences.― comentó mirando a Elsa que no estaba mejor que ella.

― Pero si yo no te avergüenzo, hija. Es más, estoy feliz por ti y por Elsa.― dijo regalándole un guiño cómplice a ésta última y sentándose a desayunar.― eso sí, nada de sexo mientras yo esté en la casa.― agregó produciendo que Elsa soltara un chillido casi inaudible y que Anna cubriera su rostro con las manos mientras gruñía una advertencia a su madre.

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― Así que… ¿tienes que volver a Vancouver estaba semana?― cuestionó Anna secando la taza que Elsa le extendió.

― Solo serán un par de días. Tengo cosas que solucionar allí, trabajo pendiente y otras nimiedades.― comentó Elsa cerrando el grifo y mirando el rostro triste de Anna.― Oye, volveré cuando tenga todo resuelto y podremos ir al festival en el parque.― le aseguró con intensión de levantarle el ánimo. Anna dejo la taza de lado y luego suspiró volviéndose hacia ella.

― ¿Y qué sucederá después? Es decir, yo trabajo en la capital y tú… tienes una vida en Vancouver. Una vida que no puedo pedirte que dejes solo por mi.― susurró la última parte, pero Elsa la escuchó perfectamente. Ella se preguntaba lo misma ¿Qué sucedería después? Pero su vida sin Anna…

― Ya pensaremos en algo.― aseguró aproximándose a ella y sujetándole el mentón para poder ver sus ojos y concluyo que en eso momento no importaba el futuro. No, lo único que importaba en ese instante era poder besarla una vez más.