¡Hola! Aquí un nuevo capítulo, espero lo disfruten y recuerden que siempre pueden pasarse y leer mi otro fic ElsAnna "Mil girasoles" que, si el tiempo me lo permite, estaré actualizando dentro de poco.

Gracias por leer. Por cierto, ¿vieron la imagen que se filtró de Frozen 2? ¿Qué opinan? A mí me ha gustado, quiero una Elsa empoderada y una Anna muy dulce. ¿Qué esperan ustedes de la secuela? Leeré sus opiniones en los review.

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. La obra es idea original de Snyag.

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Salieron del parque y se perdieron en las calles de la ciudad por insistencia de Anna. Elsa se marcharía al día siguiente y a pesar de su promesa de regresar lo antes posible ella deseaba tenerla a si lado todo el tiempo que pudiese. Quería hacer esa noche eterna. Así que caminaron de la mano y hablaron, hablaron como si el tiempo no existiese en realidad, como si esa tormenta que amenazaba con caer nunca se atreviera a llegar. Estaban pérdidas, la una en la otra. Perdidas entre la arena de la playa que se hundía bajo sus pies. Anna estaba perdida en la sonrisa de Elsa y ella parecía perdida en sus ojos.

―La lluvia está a punto de comenzar.― dijo Elsa señalando el mar que golpeaba con olas feroces la costa.

― Deberíamos buscar un lugar seguro.― comentó Anna y Elsa sonrió sabiendo de ante mano donde llevarla.

― ¡Ven!― susurró y fue suficiente para que Anna la siguiera.

La lluvia las atrapo de sorpresa a medio camino del apartamento de Elsa, así que cuando llegaron allí ya ambas estaban empapadas de pies a cabeza.

― Entra. Quítate los zapatos, te traeré una toalla.― la sonrisa se asomaba por la comisura de los labios de Elsa cuando se marchó por el pasillo hacia donde estuvieran las toallas. Anna estudió el apartamento. Si bien no era la primera vez que estaba allí, si era la primera vez que notaba la majestuosa vista del muelle, pues en veces anteriores la exquisita decoración y las sonrisas de Elsa se habían robado su atención. Pero en ese momento, con solo la luz del recibidor encendida y con la tormenta tras el ventanal, la vista era maravillosa. La dejaba sin palabras.

― No había notado que puedes ver todo el muelle desde aquí.― comentó. Elsa balbuceó algo que no llego a escuchar antes de aparecer en la sala con un par de toallas.― ¿Qué fue lo que dijiste?― cuestionó tomando la que ella le tendía. Elsa sonrió y comenzó a secar su largo cabello despeinándolo de manera encantadora en el proceso.

― Te decía que desde la habitación se ve todo la ciudad.― Anna se quedó de pie observándola. Su camisa color celeste se le pegaba a la piel y era casi transparente. Paso saliva cuando siguió una gota de lluvia que descendía por su cuello y se perdía más allá de su pecho La temperatura pareció subir cuando alzo los ojos y se encontró la una mirada leonina, con el cabello como luz de luna echado a un lado.

―Anna, si no te secas vas a pescar un refriado.― le dijo Elsa. Solo entonces cayo en cuenta que estaba arruinando su preciosa alfombra. Se disculpó enredando las palabras a lo que Elsa sólo respondió arrebatándole la toalla de las manos.

―Permíteme ayudarte.― murmuró acortando la distancia y produciendo que el pulso de Anna se disparara. Sus ojos se clavaron en el rostro de Elsa, en sus labios, en la curvatura de su mentón, en sus cejas como alas. El movimiento se detuvo.― Anna.― dijo su nombre con una voz casi ronca y no había nada en especial en su tono, pero su vientre se retorció. Perdió el equilibrio que mantenía sus pies en el suelo y sus manos en su sitio. De pronto sus labios estaban besando los de Elsa, mientras con una habilidad que le era impropia comenzó a desabotonarle la camisa. Una parte de ella le gritaba que se detuviera y otra insistía en seguir quitando cada prensa, para su gran satisfacción Elsa respondió tirando de su camiseta y elevándola por sobre su cabeza. Una pausa donde sus ojos se buscaron, donde sus corazones acompasaron su ritmo.

―Anna.― repito Elsa y esa vez el deseo se sintió en cada matiz y termino arrastrando con él su cordura.

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Había arrastrado a Anna hasta la habitación, una manera elegante de describir el camino a ciegas que hicieron tropezando y rompiendo quizás algún jarrón en el proceso. Ahora besaba su piel con desesperación. Jamás había sentido tanta necesidad, tanta hambre. Elsa estaba segura que jamás deseo nada como en ese momento deseaba seguir besando a Anna. Como deseaba tocarla, sentirla, amarla. Y también estaba segura que jamás un tacto la había quemado tanto como lo estaba haciendo el de Anna, sus manos, su piel era un fuego que se esparcía a lo largo de su cuerpo y ella quería quemarse entre esas llamas. Repartió besos ansiosos por su vientre bajando delicadamente para encontrarse con la única prenda que su compañera poseía, las demás se quedaron atrás en algún momento y ahora eran solo parte de una decoración improvisada de su departamento. Pasó las manos por los muslos de Anna y beso el límite de aquella prenda color rosa, Anna soltó un suspiro ella volvió a besar esa zona y el suspiro se transformó en un gemido ahogado. Un sonido que desató algo dentro, un nudo que sostenía su vida, que la mantenía en equilibrio.

― Elsa. Hazlo, Elsa. ¡Tócame!― fue un pedido amable que debía obedecer porque ya estaba perdida, porque siempre lo había estado. Siempre estuvo perdida en esa constelación de pecas, en el cabello pelirrojo, en esa sonrisa, siempre estuvo perdida en Anna y ahora por fin, luego de tantos años vagando, al fin sentía que volvería a encontrarse, así que obedeció el pedido. A ese y a todo los que siguieron, porque estaba perdida y solo en Anna podría encontrarse nuevamente.