¡Hola! Tardé un poco pero al fin conseguí terminar la segunda parte, admito que he disfrutado mucho continuar esta historia. Ojalá ustedes también lo hagan. ¡Un abrazo! ;)


It's not right but it's ok

¿Atracción o enamoramiento? Esas eran las dos palabras que rondaban la cabeza del ojimiel aquella mañana. Todo había salido mejor de lo que había pensado la noche anterior, él no estaba ebrio y justo en ese momento se preguntaba de dónde había salido aquel Blaine valiente y sin reservas que se había apoderado de él. No, no tenía ninguna respuesta para eso.

Una sonrisa apareció en su rostro sin su consentimiento, su acompañante seguía profundamente dormido a su lado y una de sus manos estaba aferrada a uno de los muslos del cantante. Era extraño pero no se sentía incómodo con él, había sospechado que tenían química pero nunca imaginó que pudieran complementarse tanto en un encuentro casual. Esa última parte lo hizo sentir mal, llevaba unos minutos observando el rostro del representante y comenzaba a encariñarse con la idea de repetir el encuentro pero no había olvidado que su plan era sólo por una noche.

Cooper le había dicho que el castaño no era igual que Jeremiah y, en gran parte, gracias a sus palabras fue que se animó a hacer las cosas diferentes pero por lo mismo no debía permitirse sentir algo más por ese hombre. Si lo pensaba eran como el agua y el aceite, Blaine amaba la música acústica y Sebastian prefería los hits del momento, eso lo había descubierto una tarde que lo había escuchado cantar en la oficina algo de Imagine Dragons; además, parecía que el ojiverde era adicto al trabajo porque se la vivía en la oficina y él, en cambio, sólo dedicaba unas cuantas horas al bar para tener algunos ingresos, ¿cómo podría funcionar una relación así?

Y claro, ¡era el representante de su hermano! ¿Cómo podía estar pensando en la remota posibilidad de una relación con el joven Smythe?

Los movimientos de su acompañante lo hicieron regresar al presente. El agarre del más alto se hizo más fuerte y una sonrisa se dibujó en el rostro del castaño mientras abría los ojos para mirar al hombre que tenía a su lado. No había sido un sueño, de verdad el menor de los Anderson había pasado la noche con él, ¿podía sentirse más feliz en ese momento? Estaba por averiguarlo... – Buenos días... – Musitó en cuanto sus miradas se encontraron.

– Buenos días. – Respondió con timidez el cantante.

– ¿Llevas mucho tiempo despierto? – Quiso saber mientras aflojaba su agarre al ver el ligero sonrojo de su acompañante.

– Lo suficiente para notar lo bien que luces dormido. – Dijo sin pensar el moreno recriminándose internamente por ello.

Sebastian no quería pasar desapercibido el comentario pero al moverse un poco sintió una punzada en el trasero que lo hizo hacer una mueca de dolor seguida de una carcajada. – Estuviste increíble anoche, si no puedo moverme será tu culpa. – Acusó al más bajo provocando su risa.

– No me haré responsable de nada. – Advirtió el cantante mientras observaba cómo su acompañante se acercaba peligrosamente a sus labios sin llegar a tocarlos.

– ¿Será que puedo devolverte el favor esta mañana? – Preguntó Smythe una vez que estuvo lo suficientemente cerca.

Esas palabras hicieron que una corriente eléctrica recorriera todo el cuerpo de Blaine y sin dudarlo mandó a dormir a esa parte sensata que le recordaba que todo eso se trataba de algo casual y sin ninguna implicación emocional. – Me es imposible decirte que no. – Soltó antes de cerrar la distancia entre los dos y esta vez dejó que fuera Sebastian quien llevara el mando.

La temperatura de la habitación se encendió en segundos y una vez que el moreno estuvo listo, el más alto se preparó para embestirlo con cautela, esta vez no tenía ninguna prisa por terminar rápido, Blaine a diferencia de sus otras parejas casuales significaba algo para él, todavía no estaba seguro de qué pero en cuanto se diera la oportunidad tenía planeado hablar con él para formalizar todo. Ni siquiera estando dentro de él podía creer lo afortunado que estaba siendo al ser correspondido por ese increíble hombre.

En cuestión de tiempo el ojimiel sintió la necesidad de encargarse de sí mismo y al notarlo fue Sesbastian el que llevó sus manos hasta su miembro para asegurarse de que ambos llegaran juntos al final. La sensación de tener un hombre a su alrededor complaciéndolo, como ni siquiera sus novios lo habían hecho, hizo sentir a Blaine de una manera que ni siquiera podía explicar con palabras pero eso no importaba todavía. Los movimientos se hicieron cada vez más rápidos y precisos, entre respiraciones agitadas, corazones desbocados y gemidos fue como llegaron ambos al orgasmo tumbándose el uno junto al otro en la cama.

No hizo falta que dijeran nada más, sus miradas se hicieron cómplices desde el primer momento en que se tocaron y las palabras sobraban en un momento como ese. Después de unos minutos y ya más tranquilos, ambos tomaron turnos para usar la ducha y se encontraron en el comedor para tomar el desayuno juntos.

Blaine no lo sabía pero el representante se estaba esmerando esa mañana, nunca le había preparado el desayuno a nadie ya que a sus compañeros ocasionales únicamente les ofrecía un vaso de agua si es que estaba de humor pero el castaño quería creer que con él era diferente. Café, jugo de naranja, fruta picada, huevos con jamón y un poco de yogur pareció perfecto para comenzar el día junto al hermano de su cliente, una parte de él no quería reconocerlo pero realmente estaba entusiasmado con dicha situación.

En cuanto el más bajo apareció para tomar un lugar, la sonrisa del joven Smythe se hizo más grande y su corazón dio un brinco en su pecho. – ¿Jugo? – Ofreció de inmediato al ver que tomaba con su mano el vaso de cristal y no la taza.

– Claro, gracias. – Respondió agradecido el moreno y desvió su mirada para averiguar qué tomaba su acompañante, café. Definitivamente eso no podría funcionar.

– Tengo que preguntarte algo. – Dijo Sebastian en cuanto ambos terminaron de tomar fruta del bowl frente a ellos.

– ¿Qué cosa? – Quiso saber el cantante.

– ¿Qué fue lo que cambió anoche? Estabas muy cortante cuando te vi y luego... Bueno, estamos aquí.

– Fue uno de mis últimos intentos por alejarte pero después de pensarlo un rato decidí que podría dejarme llevar por una noche y te tomé la palabra. – Confesó sin despegar la mirada de su desayuno por lo que no pudo ver la cara que había puesto el ojiverde.

– ¿Una noche? – Repitió para ver si había comprendido bien.

– Sí, fue más que estupendo pero eres el representante de mi hermano y no creo que nos convenga tener algo. – Agregó Blaine con naturalidad antes de tomar otro trozo de fruta con su tenedor.

– Claro. – Fue lo único que pudo decir el más alto ante aquel comentario que amenazaba con romper su corazón, dejó su tenedor a un lado pensando en una buena excusa para levantarse de la mesa y, por fortuna, su teléfono sonó. – ¿Me disculpas? – Agregó con una sonrisa forzada y de inmediato se dirigió a su habitación.

Tomó aire varias veces antes de tomar la llamada pero ni siquiera eso lo ayudó a controlarse del todo, cuando se dio cuenta ya no había nadie del otro lado de la línea y sólo recordaba dos cosas: su cliente, Cooper Anderson era el responsable de esa llamada y había dicho algo sobre un contrato firmado. No estaba seguro de lo que eso significaba pero definitivamente era una buena razón para salir corriendo de su departamento.

– Voy a tener que dejarte... – Se obligó a decir una vez que regresó al comedor e hizo un gran esfuerzo por reprimir sus ganas de decirle a su acompañante que estaba en su casa. – Cierras con seguro cuando salgas. – Pidió mientras bebía un sorbo más de café para después ponerse el saco.

– Probablemente debería irme contigo. – Comentó el ojimiel al sentir que el tono de su anfitrión había cambiado.

– No, termina tu desayuno y después te vas. – Casi ordenó el representante sin dirigirle la mirada.

– Gracias. – Respondió él regresando su atención a su desayuno.

– No hay de qué.

– Supongo que nos veremos en algún momento. – Dijo Blaine un momento después a modo de despedida al notar que el castaño ya estaba en la puerta.

– Gracias por todo, nos vemos. – Esas fueron las únicas palabras que salieron de su boca antes de salir del departamento, ni siquiera había querido regresar la mirada hacia donde estaba el menor de los Anderson, necesitaba alejarse de él cuanto antes.

La puerta se cerró y el castaño apretó el paso para salir con rapidez, utilizó las escaleras en lugar del elevador y una vez en la planta baja tuvo la fantástica idea de estrellarse contra la pared pero la mirada del portero no se lo permitió. Continuó su camino con paso firme, la oficina no estaba muy cerca pero Sebastian decidió que no pagaría un taxi esa mañana, tenía suficiente energía como para correr detrás del camión del transporte público.

Veinte minutos más tarde apareció en la oficina de su cliente y antes de que Cooper pudiera decir algo tomó el folder frente a él y comenzó a revisarlo con velocidad. El mayor no dijo nada, únicamente se dedicó a observarlo y se abstuvo de preguntar por qué había llegado todo sudado al trabajo. No sabía lo que estaba pasando pero tenía un mal presentimiento al respecto, mismo que pudo comprobar una vez que su representante vio su firma en el documento. – Maldita sea. – Espetó más para sí mismo que para su cliente pero no se aseguró de usar el tono adecuado.

– Espera, ¿no deberías estar feliz por mí? – Preguntó el ojiazul al ver su reacción.

– ¡Soy tu representante Cooper! Debo saber de estas cosas antes de que firmes cualquier cosa. – Se quejó Sebastian con molestia.

– Sé lo que significa que seas mi representante pero he tomado decisiones como ésta en otras ocasiones y no te pones así. – Dijo el actor levantándose de su asiento. – ¿Qué te sucede? – Quiso saber mientras le quitaba el contrato de las manos.

Hasta ese momento el castaño comprendió que no había servido de nada salir corriendo de su departamento. – Lo siento Cooper, creo que me desquité contigo... – Se disculpó con su cliente. – No volverá a pasar. – Le aseguró soltando el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Cooper comenzó a preocuparse aún más, nunca había visto así a su representante y temía que hubiese pasado algo con su hermano. Sin embargo, no podía averiguarlo directamente. Por eso fue que también tomó un respiro y caminó hacia él. – Ven Sebastian, acompáñame... – Le pidió con calma mientras lo guiaba a su minibar. – ¿Un trago? – Ofreció sacando una botella de whisky.

– Gracias. – Dijo en respuesta sin poder negarse, necesitaba algo fuerte aunque fuese tan temprano.

– Lo que me gusta de trabajar con la gente que tengo es que sé que puedo contar con ellos como amigos y quiero que sepas que tú también cuentas conmigo como un amigo. – Comentó su cliente mientras servía algo para sí mismo. – ¿Por qué no me dices lo que sucedió Seb? – Lo animó para que pudiera desahogarse.

– Te lo agradezco mucho Cooper pero no es nada de importancia. – Respondió a la defensiva, ¿cómo podría explicarle que su hermano acababa de romperle el corazón? Simplemente no lo haría.

– Tiene que ser de importancia si te pusiste así... – Insistió el actor, quizá no era psicólogo pero apostaría que hablar del tema le serviría al castaño.

– Lo lamento mucho Cooper, no va a volver a pasar y te aseguro que en otro momento te tomaré la palabra pero esto no es nada.

– Está bien, no insistiré. – Dijo Cooper rendido. – Tómate el día, ¿quieres? No hay nada más que hacer hasta mañana. – Agregó ante la condición de su representante.

– Pero me llevo el contrato para revisarlo, ¿de acuerdo? – Negoció el ojiverde.

– De acuerdo. – Aceptó el mayor mientras bebía su trago.

En cuanto el vaso de Sebastian estuvo vacío, se levantó de inmediato para tomar el folder del escritorio y se volvió hacia su cliente. – Nos vemos Cooper y gracias por el trago. – Dijo antes de darse la vuelta para salir sin esperar alguna respuesta. No tenía ningún plan en realidad pero sospechaba que una botella de whisky sería su compañía perfecta esa tarde.

El mayor de los Anderson no había obtenido la información que quería, pensaba que sus palabras ayudarían para que su representante fuera más abierto con él pero seguía temiendo que su estado anímico estuviera relacionado con su hermano menor. Por ello fue que en cuanto Sebastian salió del edificio decidió que también se tomaría el día para pasar el rato con su hermano y averiguar lo que había ocurrido.

Al llegar a su casa se sorprendió de que Joe y Kitty corrieran a recibirlo, eso sólo podía significar que su hermano no había llegado todavía. Acarició a los pequeños y fue a ver su tazón de comida vacío, resignado se dirigió a la alacena y sacó la bolsa de alimento para rellenar los tazones, esa tarea siempre la hacía su hermano pero no le molestaba ayudar de vez en cuando. Después de todo, esos pequeños eran queridos por todos en la casa y, a pesar de no adorar los gatos, ambos se habían sabido ganar su corazón.

En eso estaba cuando escuchó ruido en la puerta y vio entrar a su hermano con la ropa del día anterior, no pudo evitar sonreír al verlo tan relajado y sonriente pero ese hecho sólo había terminado de confundirlo más, ¿por qué Sebastian estaba enojado si Blaine parecía muy contento? No lo sabía pero pensaba averiguarlo. En cuanto guardó la bolsa de croquetas se dirigió a la sala y el ojimiel lo miró sorprendido. – Hola Coop... – Lo saludó con timidez.

– Hola perdido, no llegaste anoche. – Señaló el mayor aumentando su incomodidad. – ¿Será posible que me hayas tomado la palabra? – Agregó con curiosidad.

– Quizá... – Soltó desviando la mirada el más bajo.

– No entiendo. – Pensó el actor en voz alta.

Al escucharlo Blaine rodó los ojos e intentó disimular su sonrisa. – Es muy sencillo Coop, hice lo que dijiste y digamos que tuve un poco de acción con tu representante. – Explicó con satisfacción al recordar todo.

– ¿Y todo salió bien? – Se obligó a preguntar sin querer enterarse de detalles, amaba a su hermano pero cómo vivía su vida sexual no era algo de su incumbencia.

– Sí, creo que ambos la pasamos muy bien. – Respondió feliz ante tal respuesta.

Sin embargo, nada tenía sentido. Si todo había salido bien, ¿por qué Sebastian estaba tan enojado? – Sigo sin entender... – Pensó en voz alta nuevamente y su hermano se molestó un poco.

– Sólo fue una noche Coop, no tienes que entender.

– No, no me malentiendas. Me refiero a que... – Se apresuró a decir pero de pronto comprendió algo. – Un segundo… ¿Dijiste que fue sólo una noche? ¿No lo vas a volver a ver? – Preguntó cuidadosamente.

– No, le dejé en claro que había sido cosa de una vez porque es tu representante. – Contestó con tranquilidad el cantante.

– ¿Y él cómo lo tomó? – Se atrevió a preguntar su hermano.

Blaine iba a dar una respuesta elaborada sobre que ambos eran adultos y lo habían comprendido pero se quedó pensando un momento. – En realidad no lo sé, recibió una llamada y tuvo que salir de inmediato. – Comentó un poco confundido.

– Ahora lo entiendo. – Soltó finalmente el ojiazul y el menor volteó a verlo por primera vez a la cara.

– ¿De qué hablas? – Quiso saber.

– No me hagas caso hermano.

– Dime lo que estás pensando Cooper Anderson, has estado diciendo cosas que no entiendo desde que llegué. – Exigió con firmeza.

– Ay hermanito... Creo que he cometido un error. – Confesó el actor sintiéndose un poco culpable por Sebastian.

– ¿De qué hablas?

– Bueno, creo que compliqué un poco las cosas porque yo esperaba que después de lo de anoche tú aceptaras tener una relación con Seb. – Respondió con honestidad y esperó la reacción de su hermano.

– ¡¿Qué?! – Casi gritó el menor ante aquel comentario. – Es atractivo y muy bueno en la cama pero de ahí a estar enamorado de él hay una gran distancia. – Se obligó a decir ante la postura de su hermano.

– Y ése es el problema, creo que él en serio se enamoró de ti… – Explicó el actor cautelosamente.

– ¿Quieres decir que es probable que le haya roto el corazón? – Preguntó Blaine con preocupación.

– Yo diría que es un hecho, esta mañana llegó muy molesto y ahora sé por qué.

– No puede ser... Esto no estaría pasando si no te hubiera hecho caso. – Se quejó el menor tomando su cabeza entre sus manos.

– Lo siento, yo creí que ambos estarían en el mismo canal... – Se disculpó Cooper al sentirse responsable de lo que había pasado.

– ¿Crees que sea bueno que le llame? – Quiso saber el cantante.

– Probablemente no debería opinar al respecto, haz lo que te indique tu corazón. – Concluyó el más alto sabiendo que no debía volver a jugar a ser cupido y menos con personas tan importantes para él.

Blaine no se sentía tan bien como cuando llegó, después de lo que había escuchado comprendía por qué el castaño había tenido tanta prisa al salir del departamento. No quería aceptarlo pero probablemente lo había hecho sentir muy mal y esa no era su intención. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? Si decidía llamarle, ¿qué iba a decir? "Llamaba para ver si estabas bien porque mi hermano me preocupó y ahora desearía que lo de anoche nunca hubiera ocurrido." No, eso no sonaba prudente de su parte.

Quizá la mejor opción sería dejar las cosas como estaban, después de todo ninguno de los dos podría regresar el tiempo.


De esa forma, las siguientes semanas ambos tuvieron cuidado de no toparse el uno con el otro. Blaine no visitó ni siquiera una vez la oficina de su hermano y cuando se quedaba de ver con él siempre se aseguraba de que estuviese solo. Por su parte, Sebastian volvió a concentrarse al cien por ciento en su trabajo y eso rindió frutos tres semanas más tarde al conseguir que su cliente ganara el protagónico de una nueva película que tendría mucho éxito en taquillas.

Ambos estaban muy contentos con ese acierto pero el castaño tuvo que rehusarse a celebrar en casa de los Anderson, sabía que era un gran momento para Cooper pero no podía hacer como que nada había sucedido entre él y Blaine, ni siquiera había pasado un mes de aquella noche y no se sentía capaz de verlo como si nada, por eso fue que le dio la peor excusa a su cliente para justificar su ausencia: infección estomacal. El mayor sabía que era mentira pero decidió no presionar al castaño, valoraba su trabajo y, en todo caso, él no tenía derecho a meterse en su vida, no de nuevo.

Desafortunadamente esa no fue la única ocasión en la que el joven Smythe declinó invitaciones del actor por lo que muy pronto comenzaron a agotarse las excusas. De eso se dio cuenta el ojiverde cuando Cooper le avisó con anticipación que la noche del siguiente martes tendría una premier a la que estaba obligado a asistir, ese proyecto lo había terminado meses antes de que comenzaran a trabajar juntos pero el lugar de un representante está junto a su cliente en ese tipo de eventos.

Sebastian tuvo una semana para mentalizarse, no estaba seguro pero apostaría un riñón a que Cooper acudiría acompañado de su novia y su hermano al estreno, después de todo era el protagonista. Las clases de yoga por internet ayudaron para que no estuviera tan estresado e incluso había ayudado a organizar la conferencia de prensa pero al llegar el día no se sentía listo para salir de su departamento, sin embargo tuvo que hacerlo.

Esa noche llegó el castaño antes que todos para asegurar que se hubiesen cubierto los detalles que había pedido con la prensa. Aproximadamente una hora después comenzó la alfombra roja y enseguida la rueda de prensa para la que estaban todos listos a excepción de su cliente. Por alguna razón estaba retrasado y no respondía el celular, Sebastian comenzaba a perder la paciencia cuando escuchó una voz familiar detrás de él. – Lamento la demora es que estábamos… – Comenzó a decir su cliente muy agitado pero no lo dejó continuar.

– Cooper respira, te están esperando en el pódium. Actúa normal y todo saldrá bien. – Dijo intentando sonar tranquilo mientras veía que detrás del actor estaban su hermano y su novia, justo como lo imaginaba.

– Más vale que así sea porque nunca había llegado tan tarde a un evento como éste. – Comentó el ojiazul un poco preocupado.

– Sólo consigue llegar a tu lugar y todo saldrá bien. – Insistió el representante.

– Ok, enseguida los veo. – Fue lo último que dijo Cooper antes de dirigirse a su destino y los tres lo observaron detenidamente.

El corazón del joven Smythe latía como loco y no tenía nada que ver con su trabajo. Sabía que no tenía que mantener ninguna conversación con el hermano de su cliente pero tan sólo el saber que estaba detrás de él lo hacía sentirse nervioso. Un poco avanzada la conferencia Cooper comenzó a hacer unas señas hacia ellos que él no logró entender. – Yo me encargo, sostén mi bolso por favor. – Dijo la novia del actor mientras se dirigía hacia él por la parte de atrás del panel y el ojiverde deseó que se abriera un hoyo para que se lo tragara la tierra.

Blaine estaba a escasos centímetros de distancia del castaño pero no estaba muy seguro de cómo actuar. La realidad era que no planeaba acercársele pero ahora se había quedado a solas con él y no sentía que fuese muy cortés ignorarlo. Por eso fue que al finalizar la conferencia decidió que tenía que decir algo, lo que fuese. – Lamento que hayamos llegado tarde, todo fue mi culpa. – Soltó sin pensar esperando una respuesta.

El castaño tuvo que hacer un esfuerzo por no dejar de lado el comentario y decidió darle la cara al joven que estaba detrás de él. – No te preocupes, lo importante es que ya quedó la conferencia de prensa y sólo nos queda el estreno de la película.

– Creo que esa parte es más sencilla, ¿no crees? – Comentó el moreno tratando de aligerar el ambiente.

– Supongo que así es… – Se obligó a responder pensando en qué lugar le tocaría para ver la película, ¿sería posible que se retirara antes del evento?

– Y... ¿Cómo has estado estos días? – Se atrevió a preguntar Blaine después de un largo silencio entre los dos.

– No me quejo. – Respondió secamente el representante mientras buscaba con la mirada a su cliente.

– Lamento que hayas tenido que irte esa mañana. – Soltó sin pensar el cantante captando la atención de su acompañante.

– No te preocupes, así fue mejor. – Dijo Sebastian mirándolo a los ojos por primera vez. – Después de todo sólo fue una noche, ¿no? – Agregó con una mezcla de decepción y coraje en la voz.

– Yo… – Comenzó a decir el ojimiel pero no pudo continuar.

– Disculpa que te deje, tengo que averiguar qué sucede por allá… – Lo interrumpió el representante señalando una multitud del otro lado de lugar.

– Supongo que me lo merezco. – Dijo para sí mismo el más bajo y lo miró perderse entre la gente.


Luego de aquel encuentro las cosas mejoraron un poco para el castaño, no supo exactamente por qué pero parecía que con aquel comentario había logrado sacar algo de lo que sentía hacia el cantante, lo peor ya había pasado. De pronto las cosas ya no parecían tan complicadas y le fue más sencillo asumir que seguiría encontrándoselo a menudo ya que se trataba del hermano de su cliente y, al final le había dado la razón, todo hubiera sido muy complicado si quisieran ser algo porque él era el representante del mayor de los Anderson.

No valía la pena seguir torturándose por lo que había pasado ni por lo que no ocurriría. Por eso fue que decidió acercarse más a sus amigos, al menos a Jeff y a Nick quienes llevaban muy bien su relación y lo habían hecho partícipe de un gran paso para ellos, su boda. Este evento tenía bastante entusiasmado al rubio y Sebastian comenzaba a verse contagiado, incluso su cliente había notado el cambio y, aunque no conocía el motivo, se sentía muy feliz por él.

El ojiverde no podía negar que de vez en cuando recordaba la noche que había pasado con el moreno pero, lejos de seguir recriminándose por fallar la primera vez que había decidido entregar su corazón, conservaba aquello como un buen recuerdo de una gran noche.

No había sido sencillo llegar a ese punto pero ya habían transcurrido seis meses de aquel evento y parecía que sería más fácil que todo siguiera su curso. Prueba de ello había sido que el representante había aceptado acudir a una fiesta privada del actor donde seguramente se encontraría con el joven pianista. Cooper esperaba una negativa pero se sorprendió gratamente en cuanto fue confirmada su asistencia, por supuesto su hermano estaría ahí pero confiaba en que ambos afrontarían la situación como dos adultos.

Esa noche la presencia de Sebastian era algo que no esperaba el menor de los Anderson pero al verlo moviendo suavemente la cabeza al ritmo de la música no pudo evitar sentir un cosquilleo en el estómago y decidió pasar a saludarlo. – ¡Hey! Es bueno verte relajado para variar. – Comentó a modo de saludo cuando llegó a su lado y escuchar su risa fue refrescante.

– Decidí seguir mi propio consejo… – Respondió el castaño con un gesto desenfadado.

– ¿Una copa? – Ofreció Blaine señalando hacia la barra para poder platicar con él.

– Te lo agradezco pero... – Comenzó a decir pero no pudo terminar porque alguien más se unió a ellos.

– Aquí tienes Sebby, lo que a ti te gusta. – Dijo un joven alto y rubio entregándole una copa al ojiverde.

– Gracias cariño. – Respondió con dulzura el representante mientras le guiñaba un ojo a su amigo. – Blaine, éste es Jeffrey Sterling. – Los presentó sin perder de vista la reacción del cantante.

– Mucho gusto. – Respondió intentando fingir una sonrisa.

– Al fin tengo el placer de conocer en persona al pianista de mi bar preferido, eres un gran artista amigo... – Dijo Jeff genuinamente emocionado pero su comentario fue ignorado.

– ¿Y ustedes se conocen desde hace mucho? – Quiso saber el moreno.

– Digamos que nos reencontramos recientemente y aquí estamos. – Contestó el rubio rodeando con un brazo a su amigo por la cadera.

A lo lejos, el anfitrión contempló la escena y al ver el gesto de su hermano decidió que era un buen momento para intervenir. – ¡Hey! Parece que llegué en buen momento, ¿cómo la están pasando mis invitados favoritos? – Dijo animado para romper la tensión.

– Muy bien Cooper, gracias de nuevo por aceptar que Jeff me acompañara. – Le hizo saber Sebastian con una enorme sonrisa.

El actor estaba a punto de responder pero una nueva canción comenzó y Jeff decidió interrumpir. – Si nos disculpan, llevaré a este galán a la pista de baile. – Dijo tomándolo de la mano y Blaine tuvo que mirar hacia otro lado.

– Adelante, diviértanse. – Fue lo único que pudo decir el ojiazul y los observó caminar hacia la pista.

– ¿Sabías que vendría con él? – Tuvo que preguntar su hermano una vez que estuvieron solos.

– No, sólo me dijo si podría traer a alguien y le dije que sí. – Se defendió el más alto al notar su molestia.

– Pudiste avisarme.

– No creí que te interesara hermanito. A no ser que hayas cambiado de opinión respecto a él. – Dijo el actor con un toque de curiosidad.

– Muy tarde para hacerlo al parecer... – Respondió Blaine para sí mismo y comenzó su camino hacia la barra, de pronto se le había antojado un Martini seco.

Desde la pista de baile, el rubio observaba con fascinación la escena y fallaba terriblemente en su intento de contener la risa. – ¿De qué tanto te ríes? – Le preguntó Smythe sin perder el ritmo.

– No sé si era tu objetivo pero Blaine está muy celoso. – Explicó acercándose un poco más a él al sentir la mirada del moreno.

– No sé si eso cambie algo... – Dijo sin expresión alguna.

– Hemos comprobado que siente algo por ti y tú dijiste que tiene un pasado complicado, ¿por qué no le das otra oportunidad? – Quiso saber el rubio al notar la mirada de su amigo.

– No lo sé...

– Sé que estás herido pero también sé que sigues enamorado de él. – Sentenció Jeff sabiendo que si no lo enfrentaba él, nadie lo haría.

– ¿Se me nota? – Preguntó divertido el representante.

– A kilómetros. – Respondió en el mismo tono su amigo y ambos se echaron a reír.

– Olvida eso, sigamos bailando y después te llevo con tu prometido. – Propuso dándole una vuelta.

– Tú mandas cariño. – Aceptó el rubio con una sonrisa, sabía que presionándolo no llegaría a ningún lado.

Poco antes de la media noche los amigos salieron de la fiesta después de agradecerle a Cooper por la invitación. Sebastian no había visto a Blaine en los alrededores y supuso que ya se había retirado. Como lo prometió, pasó a dejar a Jeff al departamento de Nick y se siguió en el taxi hasta su edificio. Subió por las escaleras ya que el elevador no funcionaba y mientras lo hacía fue aflojando el nudo de su corbata, había pasado una grata velada en compañía de su amigo y sus comentarios lo habían dejado pensando.

Para estar celoso necesariamente tienes que sentir algo por alguien, ¿o no?

No, no iba a seguir pensando en ello. Los últimos meses había estado bien sin pensar en una pareja y no quería regresar a lo de antes. En cuanto llegó a su departamento se dejó caer en el sofá y estiró los pies sobre la mesa de centro, no le gustaba esa costumbre pero esa noche había bailado demasiado y sentía que se merecía ese lujo. Sin darse cuenta el sueño comenzó a invadirlo haciendo que cerrara los ojos, su cuerpo se relajó y unos segundos después el sonido insistente del timbre lo obligó a levantarse para abrir la puerta.

– ¡Hola Seb! – Lo recibió una voz familiar del otro lado de la puerta pero no sonaba como él recordaba.

– ¿Blaine? ¿Bebiste? – Preguntó al notar lo distinto que se veía.

– Sólo un poquito. – Respondió el más bajo entre risas provocando la preocupación del otro.

– Pero va iniciando la semana, ¿no tienes más presentaciones?

– Estaré bien. – Lo tranquilizó el ojimiel. – ¿Me vas a dejar entrar o...? – Quiso saber mirándolo a los ojos.

– Claro, pasa. – Contestó el castaño sintiéndose un poco tonto al no haberlo ofrecido antes.

– ¿Tienes un poco de vino por ahí? – Preguntó el pianista mientras llegaba con desequilibrio hasta el sofá.

El más alto lo meditó un momento antes de responder. – Probablemente debería decir que no. – Dijo un poco inseguro.

– Vamos Seb, sólo una copa para que me acompañes. – Intentó de nuevo el menor de los Anderson.

– Lo siento Blaine, será mejor que te pida un taxi... – Concluyó el ojiverde tomando el teléfono de la sala.

Al notar lo decidido que estaba, el cantante se acercó a Sebastian e intentó que dejara el teléfono a un lado. – No... Mejor bésame... – Agregó mientras intentaba llegar a sus labios.

– Blaine no... – Lo detuvo el más alto mientras dejaba el teléfono en su lugar.

– ¿Por qué? ¿No estás solo? – Preguntó preocupado mientras miraba a su alrededor. – ¿O es que no te gusto? – Investigó sin moverse ni un milímetro.

– Blaine, estás ebrio... Esto no está bien. – Le hizo saber el joven Smythe.

– Vamos, no es la primera vez que lo hacemos y me gustaría mucho repetir esa noche. – Confesó sin tapujos el artista mientras se aferraba a la cadera del representante.

– Blaine, me encantas pero... – Dijo sin pensar el castaño al sentirlo tan cerca.

Al escuchar esas palabras Blaine reunió la fuerza que le hacía falta para terminar con la distancia que los separaba. – Sólo bésame y déjate llevar... – Alcanzó a decir antes de que sus labios se encontraran.

Sebastian no pudo evitar corresponderle y disfrutó el sabor a alcohol que había en su boca, sin embargo eso le recordó que al día siguiente Blaine no recordaría nada y el que resultaría más herido sería él. Por eso fue que le siguió el juego un momento, mordió esos labios que tanto había extrañado y que seguramente no tendría la oportunidad de volver a probar pero, como supuso, el moreno había bebido demasiado y el sueño lo venció rápidamente.

Lo tomó en sus brazos para llevarlo a su recámara, lo metió bajo las sábanas y depositó un beso en su frente antes de salir, esta vez le tocaría dormir en la sala.

A la mañana siguiente el castaño se levantó temprano, hizo el desayuno antes de visitar a su invitado y una vez terminado se dirigió a su habitación con un vaso de jugo y una pastilla. No supo si el ojimiel ya estaba despierto o él lo había despertado pero una vez adentro sus miradas se encontraron de inmediato. – Buenos días dormilón, toma esto para tu jaqueca y si quieres desayunar te veo en cuanto salga de la ducha. – Dijo poniendo lo que llevaba en la mesita de noche y dirigiéndose al clóset para tomar una toalla.

– Sebastian, ¿qué sucedió anoche? – Tuvo que preguntar el pianista al comprender dónde estaba.

– Se te pasaron las copas y dormiste aquí. – Respondió con tranquilidad sin distraerse de su tarea.

– Tú y yo... – Insinuó Blaine mientras esperaba la respuesta.

– No, tranquilo. Me quedó claro que sólo era cosa de una noche y yo dormí en la sala. – Le hizo saber el castaño y con su toalla en la mano se dirigió al cuarto de baño.

– Yo... – Comenzó a decir el moreno sin saber exactamente cómo continuar. – Lo siento.

Sebastian se volteó para mirarlo y pudo notar que estaba hablando sinceramente. – No te preocupes, descansa un poco. – Dijo antes de entrar al baño y dejarlo a solas.

Un suspiro escapó de la boca del artista mientras recordaba cuán diferente había sido la última noche que había estado ahí. Su dolor de cabeza lo distrajo de aquella imagen que aparecía en su mente, miró hacia la mesita de noche y decidió tomar lo que le había llevado el representante de su hermano.

No sabía cómo pero después de lo que había sentido la noche anterior al ver a Sebastian con otro se había propuesto dejarle en claro sus sentimientos. Los últimos meses habían sido complicados para él, primero se había sentido culpable y después había comenzado a extrañar esos momentos en los que se encontraba con el ojiverde en eventos o en la oficina de su hermano. Ahora sabía con certeza la razón, era momento de admitir que ese apuesto neoyorquino se había estado ganando su corazón con pequeños gestos y temía que fuera demasiado tarde para decírselo.

El sonido del teléfono lo sacó de sus cavilaciones y sin pensarlo tomó la llamada. "¡Tío Sebby! ¿Qué crees? ¿Qué crees? ¡No vas a creerlo! Mamá dijo que podría pasar contigo esta semana porque algo pasó con la abuela. ¿Puedes creerlo? ¡Voy a ir a L. A. contigo! ¡¿No estás emocionado?!" Escuchó una tierna voz del otro lado de la línea y en ese momento comprendió que no podrían buscarlo a él en casa de alguien más.

"Amm... Hola, tu tío Sebastian está ocupado en este momento..." Tuvo que decir ante el silencio que se hizo.

"¿Ocupado? ¿Quién eres tú?" Preguntó la pequeña con curiosidad.

"Alguien que probablemente no debería estar tomando esta llamada, ¿quieres dejarle un recado?"

"No has respondido mi pregunta..." Insistió con firmeza.

"Claro, soy Blaine. Amm... Un amigo de tu tío..." Dijo un poco inseguro.

"Mucho gusto Blaine, yo soy Iris."

"Un gusto Iris y lamento no poder comunicarte con tu tío, ¿le digo que te llame?" Ofreció el pianista al no poder hacer algo más.

"No, yo lo llamaré más tarde." Lo tranquilizó la niña.

"Bien, entonces..."

"¡Espera! No cuelgues." Casi gritó Iris interrumpiendo su despedida.

"¿Qué sucede?" Preguntó atento.

"Cuéntame, ¿qué haces en casa de mi tío si él está ocupado?"

"En realidad no estaba ocupado cuando llegué pero hace un momento se metió a bañar." Respondió apresuradamente el ojimiel.

"Ustedes son..." Insinuó Iris con suspicacia.

"Amigos, sólo eso y creo que voy a colgar ahora..." Concluyó Blaine antes de que la pequeña le preguntara algo más.

"Ok, amigo de mi tío..."

"Nos vemos Iris." Se despidió finalmente.

"Eso espero Blainey, nos tienes que acompañar a cenar mañana." Respondió ella con una invitación.

"Claro, le diré a tu tío."

"¡Hasta mañana!" Dijo lris entusiasmada antes de cortar la llamada.

– Ya veremos… – Espetó para sí mismo el cantante y se levantó para hacer la cama mientras Sebastian terminaba de bañarse.

En cuanto terminó se llevó su vaso a la cocina para lavarlo y esperó en el comedor al ver que el desayuno ya estaba servido. Minutos después el castaño lo alcanzó mientras secaba el cabello con una toalla. – ¿Estabas diciendo algo mientras me bañaba? – Preguntó confundido en cuanto llegó a su lado.

– Yo, eh... Contesté tu teléfono... – Respondió algo apenado.

– ¿Quién era? – Quiso saber el ojiverde.

– Tu sobrina Iris…

– No, no es cierto. ¿Qué te preguntó? – Dijo preocupado al conocer a la pequeña.

– Amm… Dónde estabas y quién era yo... Pero no te preocupes, le dije que un amigo tuyo, sólo eso. – Contestó de inmediato al ver el gesto del más alto.

– Bien, gracias por atender.

– ¡Oh! Y me invitó a cenar con ustedes mañana. – Tuvo que agregar Blaine o más tarde se sentiría culpable por ocultárselo.

– ¡¿Qué?! – Gritó el ojiverde sorprendido.

– Creo que va a pasar la semana contigo y... – Comenzó a explicar pero no pudo terminar.

– Ok, olvida eso y no te sientas obligado a venir. – Lo interrumpió el representante mientras tomaba su lugar en la mesa.

– ¿Y si quisiera hacerlo? – Se atrevió a preguntar el moreno.

– ¿Cómo? – Preguntó Sebastian creyendo haber escuchado mal.

– Sí, no me gusta faltar a mi palabra así que si no te incomoda...

– ¿Por qué querrías pasar la noche conmigo y mi sobrina? – Quiso saber el castaño.

El ojimiel pensó en desistir ante aquella idea pero se sentía valiente en ese momento y consideró que era una buena oportunidad para escuchar a su corazón. – Bueno, quizá me gustaría verte en tu papel de tío... – Dijo después de un momento.

– Blaine, no es neces... – Comenzó a decir el joven Smythe pero esta vez fue él quien no pudo terminar de hablar.

– Quiero hacerlo. – Soltó con firmeza el cantante. – Escucha, sé que estás conociendo al chico de ayer y probablemente estén saliendo pero si terminé aquí anoche fue por una sola cosa. – Añadió sosteniéndole la mirada a su acompañante.

– ¿Qué cosa?

– Tengo que reconocer que en verdad me gustas y no puedo seguir tratando de alejarme de ti. – Dijo finalmente provocando que el corazón del castaño amenazara con detenerse.

– Pero tú...

– Sé lo que dije y lamento que haya sonado tan mal pero quisiera que empezáramos de nuevo. – Se aventuró a decir. – ¿Qué piensas? – Preguntó al no obtener ninguna respuesta.

– Yo...

– Si es muy tarde lo comprenderé... – Se apresuró a decir al recordar que Sebastian había acudido acompañado la noche anterior.

El joven Smythe se quedó observándolo un momento, no parecía que se tratara de una broma, en cambio podía notar la incertidumbre del cantante al decir aquello último y las palabras de Jeff hicieron eco en su cabeza. – También me gustas, por si no lo habías notado. – Decidió decir una vez que se sintió listo. – Podríamos intentarlo pero no me gustaría involucrar a mi sobrina en todo esto, ella suele hacerse historias en la cabeza y si esto no funciona... – Agregó con cautela.

– Entiendo, no voy a hacer nada para que estés incómodo. – Aceptó Blaine tomando una de sus manos para ver su reacción.

El ojiverde observó el gesto y regresó la mirada hacia la suya. – ¿En serio te gusto? – Tuvo que preguntar con incredulidad, tenía que asegurarse de que no estaba entendiendo nada mal.

– ¿Te has visto en un espejo? Yo creo que traes locos a varios por aquí... – Le hizo saber el moreno un tanto divertido.

– Eres un tonto. – Dijo Sebastian entre risas y se soltó de su agarre para servir un poco de jugo para ambos.

– Me encanta tu sonrisa. – Pensó en voz alta el pianista provocando que su sonrisa se hiciera más grande.

Una vez terminado el desayuno Blaine le ayudó a dejar la cocina en su lugar y se despidió de él depositando un beso en su mejilla, no pensaba presionarlo.

En cuanto salió del departamento comenzó a tararear Love is in the air sin siquiera darse cuenta, se sentía feliz y capaz de cantar por horas y horas las canciones más románticas que pudiesen existir. Tomó las escaleras porque tenía mucha energía y una vez en la planta baja se encontró con el portero del edificio. – ¡Hasta pronto! – Se despidió entusiasmado, con un poco de suerte, probablemente lo vería más seguido por ahí.

Su corazón latía como loco y decidió caminar hasta su casa. No tardó ni veinte minutos en llegar a su destino sorprendiendo a su hermano con toda la energía y felicidad que irradiaba. – ¿Y esa sonrisa? – Tuvo que preguntar el mayor al verlo así.

– A que no sabes de dónde vengo... – Lo retó el cantante sin dejar de sonreír.

– ¿De dónde? – Preguntó Cooper sin ganas de adivinar.

– Del apartamento de Seb.

El ojiazul lo miró un momento para descifrar si se trataba de una broma pero parecía que su hermano hablaba muy en serio. – ¿Y bien? – Quiso saber después de un momento.

– Le dije que me gustaba y quedamos en conocernos mejor.

– ¡Al fin! – Gritó el actor emocionado ante tal noticia.

– ¡Estoy muy feliz Cooper! – Le hizo saber su hermano mientras se unían en un abrazo.

– Y yo estoy feliz por ti, ya verás que todo saldrá bien para ambos esta vez. – Le aseguró el más alto con una sonrisa.

– ¿Cómo lo sabes?

– Tengo una corazonada. – Dijo antes de guiñarle un ojo y Blaine quiso creer en sus palabras.


Después de ese día las cosas cambiaron para bien. Ambos se esforzaron por cumplir el propósito de conocerse y comenzaron a salir por un café ocasionalmente, a disfrutar de un helado en el parque, una comida en el restaurante favorito de Blaine o una copa en un buen lugar para bailar. Poco a poco las cosas fueron evolucionando entre los dos, ninguno tenía ganas de acelerar su relación y estaban muy contentos con el resultado.

Habían pasado dos meses desde que compartieron aquel desayuno, dos meses en los que habían tenido la oportunidad de confirmar que eran más que compatibles en muchos sentidos y Blaine se preguntaba si era un buen momento para formalizar la relación. Le gustaba tanto pasar el tiempo con el castaño que en los últimos días tomaba cualquier pretexto para visitar la oficina de su hermano y, al menos, sacarle una sonrisa.

No quería admitirlo y no lo diría en voz alta todavía pero, aunque adoraba la idea de sostener la mano del ojiverde cuando estaban juntos o el saborear sus labios de vez en cuando, extrañaba tenerlo más cerca. Sabía que quería respetar el ritmo de su pareja pero ansiaba volver a compartir la cama con él y para eso quería estar seguro de que Sebastian estaba listo para dar el siguiente paso.

El cantante había pensado muchas formas para plantear la situación al representante pero al final había decidido que lo correcto sería hablar con él directamente y, ¿por qué no?, pedirle que fuese su novio oficialmente. Para ello planeó una velada especial en un restaurante con terraza, se trataba de una noche ideal para contemplar las estrellas y no podía imaginar mejor compañía que la del castaño.

Después de arreglarse para la ocasión fue informado por su hermano del paradero del neoyorquino y se dirigió de inmediato a su oficina. Se tomó su tiempo para entrar mientras veía a través de la puerta de cristal lo concentrado que estaba, con un poco de suerte esperaba convencerlo de suspender sus labores para disfrutar de una exquisita cena. – Hola guapo... – Saludó después de un momento captando la atención del hombre frente al escritorio.

– Hola... – Respondió con una sonrisa que de inmediato fue correspondida.

– ¿Estás muy ocupado? – Investigó el menor de los Anderson sin perder el tiempo.

El castaño dejó a un lado los papeles y se levantó para acercarse a él. – Supongo que puedo tomarme un minuto para saludarte correctamente. – Dijo antes de terminar con la distancia entre ellos para saborear sus labios.

– ¿Valió la pena tu sacrificio? – Quiso saber Blaine en cuanto se separaron y observó orgulloso la cara de felicidad del castaño.

– Por supuesto… – Contestó antes de soltar un suspiro de satisfacción pero enseguida regresó a su lugar en el escritorio. – Y respondiendo a tu pregunta, tu hermano quiere hacer un comercial así que tengo que terminar de revisar el contrato. – Agregó tomando unas hojas entre sus manos.

– ¿Y es sumamente importante? Porque creí que podríamos salir esta noche… – Se aventuró a decir el cantante esperando que su plan no se viera comprometido por ese contrato.

– Cualquier otro día no me negaría a esa propuesta pero hoy estoy algo cansado y prefiero terminar para desocuparme temprano mañana. – Comentó con sinceridad mientras hojeaba el resto del contrato. – ¿Te molestaría si te compenso por esto mañana? – Agregó con esperanza mientras buscaba la mirada del moreno.

– Supongo que debí preguntar primero, espero que termines pronto y dejamos esto para otro día. – Terminó diciendo sin poder evitar sentirse un poco tonto.

– Gracias por ser tan comprensivo… – Le dijo Sebastian mientras se levantaba para abrazarlo pero el ojimiel no pudo hacer otra cosa más que sonreír.

Una vez que se separaron el pianista decidió despedirse y salió de inmediato de la oficina para no hacerlo perder más su tiempo. Sin embargo, tras pasar la puerta se detuvo y comenzó a recriminarse por no haberle dicho toda la verdad al castaño, quizá las cosas hubieran sido diferentes si le hubiera comentado sobre su reservación en aquel restaurante. ¿Acaso no tenía que ser completamente honesto con él? Pensando en eso regresó unos pasos para confesarle su plan al representante pero al escuchar que acababa de tomar una llamada decidió que podía esperar un momento antes de entrar de nueva cuenta a la oficina.

El joven Smythe se sorprendió al escuchar el sonido de su celular a esa hora, no esperaba que alguien estuviese buscándolo y menos tomando en cuenta que Blaine acababa de irse pero su sorpresa desapareció cuando vio en el identificador de llamadas: Jeffrey S. "¿Hola?" Dijo al tomar la llamada.

"¿Estás listo para esta noche?" Preguntó enseguida el rubio tan emocionado como siempre.

"¿Debería estarlo?" Respondió confundido.

"Sé que no lo esperabas pero necesito hablar con mi padrino."

"¿Qué tienes planeado?" Quiso saber el castaño.

"Pensaba que podríamos pasar por un trago al bar, ¿qué dices?" Propuso su amigo con tranquilidad.

"La verdad es que tengo algo de trabajo y estoy cansado." Comentó un poco desanimado.

"Te prometo que sólo serán unos minutos, en serio necesito hablar sobre algo contigo… ¿Por favor?" Dijo Jeff en tono suplicante.

"Dame treinta minutos y te veo en el bar, terminaré de revisar el contrato en el camino." Terminó aceptando sin muchas ganas.

"¡Te adoro!"

"Yo también te quiero Jeff, nos vemos." Le hizo saber entre risas ante la emoción de su amigo.

La llamada terminó, el representante tomó su lugar nuevamente sin saber que alguien había escuchado la mitad de la conversación y en ese momento se dirigía hacia la salida apresuradamente.

El panorama no era muy alentador para el ojimiel, el tal Jeff había logrado lo que él no había podido conseguir. ¿Por qué con él si podía salir de la oficina sin terminar de revisar aquel contrato tan importante? Decepción y coraje eran algunos de los sentimientos que lo invadían, probablemente no debía haber escuchado detrás de la puerta pero todo había sido tan accidental que ni siquiera podía sentirse culpable pero engañado sí.

Si no recordaba mal, Jeff era el chico alto y rubio que había acompañado al representante de su hermano a aquella fiesta privada. ¿Acaso había estado saliendo con ambos al mismo tiempo? Esa idea no le gustó para nada y comenzó a caminar un poco más rápido sin saber qué hacer con exactitud. ¿No podría mudarse a Canadá esa noche? No, esa no era la solución. La primera vez que lo habían engañado había huido de sus problemas y esta vez pensaba enfrentarlos, además creía saber en qué bar se encontrarían ese par.

Sin perder el paso se dirigió a su destino y saludó con rapidez a Sam mientras le indicaba que quería reunirse con él en su camerino. El encargado se encontró con él después de dejar todo listo para la noche de karaoke y prometió avisarle cuando viera llegar al castaño al local. El rubio no había querido preguntar nada más porque su amigo se veía muy molesto pero conociéndolo sabía que un motivo de peso tendría para estar en esas condiciones.

Más tarde Sebastian y Jeffrey se encontraron en la entrada del local, Sam los vio abrazarse y en cuanto estuvieron en una mesa decidió que era momento de avisarle a su amigo. Blaine los observó un momento detrás de la barra, quizá sólo era un malentendido y él estaba sacando conclusiones equivocadas pero esa idea fue desechada cuando vio que el ojiverde tomaba las manos del rubio entre las suyas mientras le decía algo con una enorme sonrisa en el rostro.

El pianista no pudo contenerse por más tiempo y en cuanto el micrófono del karaoke fue desocupado decidió que había encontrado la mejor forma de enfrentar aquel engaño.

Desde una mesa del fondo la mirada del ojiazul se hizo más grande al ver que el pianista subía al escenario con una mueca de molestia. – No me dijiste que vendría Blaine esta noche. – Comentó confundido a su acompañante y éste volteó de inmediato al escenario.

– No lo haría... – Dijo sorprendido al notar que tomaba el micrófono después de indicar una canción al encargado.

– Esta canción es para quien haya sido engañado alguna vez. – Espetó el ojimiel alzando una copa hacia el rincón donde se encontraba Sebastian provocando que el rubio se deshiciera del agarre de su amigo antes de que la pista comenzara a sonar.

Friday night you and your boys went out to eat, uhhh
Then they hung out
But you came home around three, yes you did
If six of y'all went out, ah
Then four of you were really cheap, yeah
Cause only two of you had dinner
I found your credit card receipt

It's not right, but it's okay
I'm gonna make it anyway
Pack your bags up and leave
Don't you dare come running back to me

It's not right, but it's okay
I'm gonna make it anyway
Close the door behind you, leave your key
I'd rather be alone than unhappy, yeah, uh

I've been through all of this before

That's why you have to leave (Say yeah, yeah, yeah, yeah, yeah, yeah)
So don't turn around to see my face (Don't you turn around)
There's no more tears left here for you to see

Was it really worth you going out like that?
Tell me, oh
See I'm moving on
And I refuse to turn back
See all of this time

It's not right, but it's okay…*

Mientras Blaine continuaba con la canción el representante se preguntaba por qué lucía tan molesto, no creía haber hecho algo para que él se sintiera de ese modo y unos minutos atrás creía que todo iba bien con ambos. Sin embargo, las miradas llenas de dolor y coraje no dejaban de ser dirigidas hacia donde se encontraba con Jeff por lo que… ¡Claro! Ahora recordaba que había algo que no le había dicho al cantante y seguramente el encontrarlo en el bar con el rubio después de haberle cancelado no era algo fácil de ver.

– Creo que tienes problemas... – Le hizo saber su amigo mientras el cantante desaparecía del escenario tras haber terminado.

– Enseguida regreso... – Dijo Sebastian sin perder el tiempo pero su amigo lo detuvo.

– No lo hagas, ve con él y te llamo después. – Lo tranquilizó mientras dejaba el dinero sobre la mesa para pagar la cuenta.

– Gracias Jeff. – Fue lo último que pudo decir antes de apresurarse hacia el camerino del ojimiel.

Blaine estaba apagando la luz cuando el castaño lo interceptó, en cuanto lo vio acercarse desvió la mirada y se concentró en llegar a la salida para cerrar la puerta. – ¿Blaine? – Lo llamó con cautela el más alto.

– Voy de salida, lo siento. – Dijo con determinación dándole la espalda.

– Blaine, espera. – Pidió el castaño deteniendo la puerta.

– ¡No quiero! Regresa con tu amiguito y déjame en paz.

– Blaine, por favor... – Intentó de nuevo mientras encendía la luz.

– Una vez me engañaron Sebastian y juré que jamás volvería a sucederme. – Le recordó con lágrimas en los ojos que no pudo contener.

– Pero Blaine, no te estoy engañando... – Dijo el ojiverde tomando sus manos entre las suyas.

– ¿Y por qué preferiste salir con ese flacucho en lugar que conmigo? – Reclamó dolido el moreno.

– Jeff y yo sólo somos amigos...

– Claro y yo nací ayer. – Espetó soltándose de su agarre.

– No te estoy mintiendo Blaine, tú eres el único que puede volverme loco... – Insistió el joven Smythe sosteniéndole la mirada.

– ¡¿Entonces por qué lo preferiste a él?! – Casi gritó dejando salir el coraje que estaba sintiendo.

– Porque soy su padrino, ¿ok? Se va a casar pronto y necesitábamos ver algo de la boda. – Explicó con tranquilidad sin poder reprimir una sonrisa.

– ¿Boda? Pero él salía contigo, ¿no? – Dijo Blaine de pronto muy confundido.

– Yo jamás te dije que estuviera saliendo con él. – Le recordó esta vez el castaño.

– Pero le dijiste cariño la otra noche...

– Quería comprobar una teoría. – Reconoció mientras se acercaba un poco más a él.

– ¿Qué teoría? – Preguntó con curiosidad.

Sebastian se acercó más al cantante y lo atrapó entre sus brazos. – Que yo te interesaba y no me equivoqué... – Agregó con suficiencia y de inmediato sintió cómo el menor de los Anderson ocultaba la cara en su pecho.

– ¿Por qué no me dijiste antes? Pude haber evitado este circo...

– Me gustó verte celoso… – Tuvo que admitir. – En realidad no lo sabía pero me enciendes cuando te pones así… – Agregó en su oído provocando que el pianista se retorciera entre sus brazos.

– Seb...

– Además no se había dado la oportunidad. – Reconoció divertido al notar el sonrojo del menor de los Anderson.

– Lo siento... – Dijo éste levantando la cara para verlo a los ojos. – Quizá debería ofrecerle una disculpa a tu amigo también… – Agregó con preocupación provocando la risa del más alto.

– No creo que eso sea necesario, además Jeff se fue hace un rato. ¿Será que puedo caminar contigo a casa?

– Se me ocurre algo mejor. Caminemos a tu departamento y veamos qué sucede… – Propuso esperando una respuesta afirmativa.

– No quisiera que hicieras algo sólo por culpa. – Se obligó a decir el castaño, aunque la idea sonaba muy tentadora.

– Si con 'algo' te refieres a tener el mejor sexo de mi vida contigo, en serio me gustaría hacerlo. Después de todo llevo tiempo deseándolo y… – Aclaró el cantante ante la reacción del otro.

Sebastian lo miró un poco aturdido por lo que acababa de escuchar. – ¿Cómo que llevas tiempo deseándolo? ¿Por qué no me lo habías dicho? – Logró preguntar.

– Quería darte espacio y no sabía en qué punto de nuestra relación estábamos así que planeaba hablar contigo sobre eso después de nuestra cena de hoy pero… – Explicó con sinceridad el ojimiel.

– ¿Cena? ¿Preparaste algo para mí? – Lo interrumpió sin pensar.

– No tanto así, sólo fue una reservación que…

– Dios, no sigas… – Pidió sintiéndose una cucaracha por no haber averiguado el plan del más bajo para esa noche. – Creo que después de todo, esto es mi culpa también. A veces suelo enfrascarme mucho en el trabajo y quizá si hubiera dedicado más tiempo a nuestra relación no tendrías que planear una cena para decirme lo que sientes o lo que necesitas… – Dijo tomando sus manos entre las suyas.

– Bueno, ambos tenemos parte de la responsabilidad. – Admitió el ojimiel. – ¿Vamos a estar bien después de esto? – Quiso saber sosteniéndole la mirada al representante.

– Yo creo que vamos a estar mejor. – Respondió éste antes de darle un beso en los labios. – Y estaría encantado de caminar contigo a mi departamento, también te he extrañado…

– En ese caso, no perdamos el tiempo. – Concluyó Blaine mientras apagaba la luz nuevamente y cerraba el camerino para poder continuar con su noche.

Esta vez las cosas fueron un poco diferentes al llegar al departamento, ambos se entregaron con pasión el uno al otro pero sin ninguna urgencia. Era cierto que se extrañaban pero tenían toda la noche para demostrárselo y, con suerte, una vida. – Te quiero... – Susurró Sebastian una vez que ambos llegaron al clímax, sus corazones seguían latiendo a una gran velocidad y se sentía como si sus cuerpos fueran uno solo.

El menor de los Anderson no pudo evitar sonreír antes esas palabras, estaba muy seguro de que su relación estaba pasando a otro nivel y se sentía la persona más feliz del mundo. – Yo también te quiero Seb. – Añadió con dulzura y sus labios se encontraron nuevamente antes de que los dos cayeran en un profundo sueño.

Por la mañana la luz del sol provocó que el ojiverde despertara pero fue la calidez del cuerpo que tenía a su lado la que lo hizo sentirse completo. Recuerdos de la noche anterior inundaron su cabeza precipitadamente y una enorme sonrisa se apoderó de su rostro sin darse cuenta de que su acompañante lo observaba complacido. – Hola... – Decidió saludar éste una vez que sus miradas se encontraron. – Me gusta despertar en esta cama... – Le hizo saber antes de darle un beso de buenos días.

– Y a mí me encanta que seas lo primero que ven mis ojos por la mañana. – Reconoció el neoyorquino pensando en cómo había cambiado todo desde que lo había conocido.

– Y… ¿Tienes trabajo hoy? – Quiso saber el moreno antes de cualquier otra cosa.

El representante meditó un momento con el ceño fruncido pero de inmediato suavizó su gesto. – Nada que no se pueda posponer si hablo con tu hermano... – Contestó con diversión acercándose aún más a su pareja.

– Me gusta cómo suena eso... – Dijo Blaine con alegría mientras sus labios se volvían a encontrar.

Las caricias comenzaron de inmediato y sus miembros comenzaron a prepararse para el momento pero el sonido del timbre lo arruinó todo. – ¿Esperas a alguien? – Tuvo que preguntar el cantante con un poco de frustración.

– No, sólo dame un minuto. – Pidió el joven Smythe antes de medio vestirse y salir para averiguar quién tocaba. ¿No podrían haber demorado treinta minutos más? Un poco de coraje corría por sus venas por lo que apresuró el paso y de inmediato abrió la puerta sorprendiéndose con lo que había del otro lado.

– ¡Tío Sebby! – Lo recibió una voz inconfundible.

– ¿Iris? – Preguntó al comprender lo que estaba pasando.

La niña llevaba con ella una pequeña maleta a su lado por lo que su presencia sólo podía significar que se quedaría con él unos días. Al ver su reacción el hombre que acompañaba a su sobrina comenzó a disculparse. – Lo siento Sebastian, Mich me dijo que había intentado llamarte pero no respondiste. – Explicó un poco apenado.

Su cuñado no tenía buena cara y, aunque no era santo de su devoción, presentía que algo malo estaba sucediéndole. – ¿Otro problema con tu mamá? – Preguntó lo más discreto posible provocando un gesto de dolor en el otro.

– Es su corazón... – Respondió con voz entrecortada y el castaño lo abrazó un momento.

– Lo lamento, si puedo hacer algo...

– ¿Podías quedarte con Iris otros cuantos días? – Pidió intentando mantenerse fuerte.

– Claro. – Aseguró el ojiverde recordando que la pequeña estaba ahí también. – Pasa hermosa. – Le dijo tomando su maleta y ella obedeció.

– Gracias, te llamamos más tarde. – Aseguró el papá de la niña forzando una sonrisa.

– Te quiero papi. – Dijo la pequeña abrazándolo antes de que se fuera.

– Yo también te amo preciosa, sé buena con el tio Seb…

– No te preocupes, somos un gran equipo. – Lo tranquilizó su cuñado. – ¿Verdad? – Agregó con un ataque de cosquillas a la pequeña para distraerla y la puerta se cerró detrás de ellos.

– ¡Ya! – Gritó Iris una vez que se cansó de reír y su tío cedió. – ¿Te desperté? – Quiso saber la menor mirándolo a los ojos.

En ese momento el representante recordó que había una situación que tenía que solucionar en ese momento. – Algo así... ¿Me esperas en lo que me cambio? – Dijo esperando que su sobrina hiciera más preguntas.

– Claro, veré televisión. – Aceptó la niña tomando el mando a distancia para poner su programa favorito en la sala.

– Bien, no te muevas de ahí. – Casi suplicó su tío mientras corría a su habitación para averiguar qué hacer con exactitud.

Camino a su destino recordó que tenía un asunto pendiente con su pareja pero aparentemente tendría que conformarse con la noche anterior y esperaba no decepcionarlo. Al entrar se dio cuenta de que. justo como imaginó, Blaine no se había movido ni un centímetro del lugar en el que lo había dejado. – Entonces... ¿Habrá segunda ronda esta vez? – Preguntó con voz seductora el artista en cuanto lo tuvo a su lado.

– Temo que no, mi sobrina está aquí. – Respondió directamente el castaño.

– ¿Iris? – Quiso saber con la sorpresa reflejada en su voz y de inmediato se sentó al ver que Sebastian asentía con la cabeza. – ¿Qué quieres que haga? – Preguntó mientras buscaba con la mirada su camisa en la habitación.

– No lo sé...

– ¿Todavía quieres mantenerla al margen? – Averiguó el ojimiel mientras se vestía a toda velocidad.

– No estoy seguro. – Reconoció el más alto al sentir que después de todo lo que habían pasado quizá valdría la pena hablar con su familia sobre lo que tenían.

– Tranquilo, haremos lo que quieras. – Le dijo Blaine al notar lo pensativo que estaba y tomó sus manos entre las suyas.

– Eres increíble... – Pensó en voz alta su pareja mientras lo acercaba hacia él.

– Eso es porque en verdad te quiero. – Aseguró con una sonrisa el moreno y terminó con la distancia que separaba sus labios.

Desde la puerta una personita se había quedado mirando la escena con una sonrisa, finalmente su tío había encontrado a alguien que lo hacía feliz y eso la hacía feliz a ella también. – Hacen una linda pareja… – Pensó en voz alta provocando que la pareja se separara de inmediato y dirigiera la mirada hacia donde se encontraba. – Ups, lo lamento... – Se disculpó ante de salir corriendo del lugar.

– ¡Iris! – Gritó su tío pero ella no hizo caso a su llamado.

– Creo que es muy tarde como para ocultarme. – Comentó el moreno mientras se sentaba en la cama para pensar en otra alternativa pero Sebastian lo hizo levantarse nuevamente y lo tomó entre sus brazos.

– No pretendía que lo hicieras. – Le hizo saber antes de darle un beso. – Blaine, ¿quieres que te presente como mi novio? – Quiso saber mirándolo a los ojos.

– Bueno, no me lo has pedido aún... – Advirtió con diversión provocando la risa del castaño.

– ¿Quisieras hacerme más feliz y aceptar ser mi novio oficialmente? – Quiso saber el representante sin liberarlo de su agarre.

– Había estado esperando mucho por este momento... – Reconoció emocionado mientras acomodaba sus manos detrás de la cabeza del más alto.

– ¿Entonces?

– Sí, claro que quiero ser tu novio. – Dijo de inmediato sellando el momento con un beso más apasionado que los anteriores.

Finalmente ambos habían logrado vencer las barreras que habían construido entre ellos por miedo a lo que sentían, habían aprendido cosas importantes sobre una relación y ahora la pareja se encontraba en el mismo canal, lista para afrontar los nuevos retos que les presentaría el futuro pero, esta vez, juntos.


*Canción original: It's not right but it's Ok – Whitney Houston.