Aphrodite salio de la sala del patriarca rumbo a su respectivo templo con el fin de descansar, el día de mañana tendría que salir muy temprano rumbo a Nepal, así que tendría que organizar algunas cuestiones con la servidumbre de su templo y otros detalles menores. En realidad se sentía complacido que Saga le encomendara una misión, estaba mas que harto del encierro en su templo, desde que llegó de Groelandia tras completar su entrenamiento se había enclaustrado en la casa de Piscis cruzando palabras de vez en cuando con Saga y cortantes "si y no" con el resto de sus compañeros de armas, y siendo muy escasas veces visto por el resto de los habitantes del recinto sagrado, haciéndolo el santo dorado mas solitario de las doce casas y por lo tanto el mas misterioso, así que constantemente se creaban teorías y rumores sobre él. El sueco era consiente de las habladurías que había sobre su persona, de las cuales sobresalían el de su increíble belleza (el cual era cierto),de su extrema crueldad (que también era cierto) y de sus inclinaciones sexuales, este ultimo tema terminó siendo el rumor favorito de la gente del santuario, achacándole al santo de piscis bisexualidad, toda clase de parafilias y fetiches (algunas ciertas y otras no), haciendo el santuario de Athena un lugar insufrible para el caballero de las rosas.
Al encontrarse por fin fuera del palacio del patriarca se quitó el casco y agito su preciosa melena desenredándola con sus finos y blancos dedos, el clima era cálido y algo húmedo, así que ató su cabellera en una coleta baja y usando como broche la rosa roja que traía en los labios. Mientras hacia eso el resonar de una risa ahogada de una voz masculina hizo girar su celeste mirada en busca del origen de ese insufrible sonido, siendo el culpable un insolente guardia al que le pareció gracioso lo que el santo de piscis hizo segundos atrás.
-Aphrodite- Te parezco gracioso,¿no así?
El guardia palideció, pues obviamente no era ajeno a los rumores sobre el santo de las rosas.
-N...N... No señor.
El sueco se acercó al hombre que mediría alrededor de 1.90, siendo algo mas alto que él. Mientras caminaba lentamente levantó su rostro con expresión sensual y picara sonriendo de lado.
-Aphrodite- Así que tu también crees que soy un maldito marica...tú, un insignificante gusano también crees que soy un asqueroso depravado...
El guardia tragó saliva negando nerviosamente con la cabeza. Una ráfaga de viento azotó al guardia contra la pared, un aroma dulce y floral se fue haciendo notorio para el olfato del soldado, y al abrir los ojos el santo de piscis se encontraba a pocos centímetros de su cuerpo sonriendo cínicamente al aterrado soldado. Aphrodite se puso de puntillas para alcanzar el oído del otro hombre y le susurró con voz dulce y casi musical:
-Aphrodite- Te mostraré que tan depravado puedo ser...
Lo tomó del cuello con su mano derecha y haciendo gala de sus movimientos a la velocidad de la luz, en fracciones de segundo ya se encontraban en el salón de la casa de piscis. La escasa servidumbre del templo conocían perfectamente los arranques de ira del caballero dorado, así que cuando lo escuchaban llegar mas les valía no aparecerse por ahí si no querían que su amo les atravesara la garganta con una rosa.
El sueco soltó de su agarre al desafortunado hombre que jalaba aire a bocanadas recuperando el color en su rostro.
-Aphrodite- Eres afortunado, no muy seguido recibimos visitas en esta casa... Disculpa que no vengan las doncellas a atenderte, pero en realidad me es molesta la presencia de esas zorras...
El sueco dejó su casco dorado sobre una de las mesitas cercanas a un hermoso y elegante sillón rojo en el que tomó asiento.
-Aphrodite- Oh, ¡pero que modales los míos!, ponte cómodo, ¿quieres sentarte?
El guardia temblaba de terror sin poder articular palabra alguna.
-Aphrodite- ¿No? ¿acaso me vas a despreciar en mi propio templo? entoces...¡quédate de pie!
Dijo mientras lanzaba varias rosas rojas que se se estamparon en los hombros,y rodillas del guardia dejándolo clavado en la pared totalmente inmóvil. El hombre gritaba de dolor retorciendo su cuello y torso sin poder escapar de las rosas que atravesaban su cuerpo como clavos.
-Aphrodite- ¿En qué estábamos? ¡Ah si! en que tú y todo el mundo creen que soy un sodomita degenerado...
El peliazul decia friamente mientras se retiraba las hombreras y el peto de su brillante armadura.
-Aphrodite- ¿Sabes? en realidad no me molesta que piensen que soy homosexual, lo que me molesta es que lo tomen como broma o como chiste... cuando también por todos es sabido que los soldados se sodomizan constantemente, es mas, es una de las formas de escalar alto en su jerarquía militar, ¿no es así?
Retiró las ultimas piezas de su armadura y finalmente se colocó una hermosa bata de seda negra que dejaba admirar una buena parte del escultural pecho del santo de piscis.
-Aphorodite- No me sorprendería en lo mas mínimo que hayas pasado por la cama del viejo asqueroso de Gigas con tal de formar parte de la guardia del palacio del patriarca en lugar de estar tragando tierra como el resto de los inútiles y apestosos gusanos como tu...
Se acercó lascivamente y arrancó la parte delantera de la armadura del soldado incluyendo las protecciones de la pelvis, dejando completamente desnudo y vulnerable a su victima. El guardia comenzó a respirar agitadamente mientras el sudor le escurría a chorros por la frente y el pecho.
-Aphrodite- ¿Que pasa? ¿Tienes miedo a que te viole?
Dijo riendo burlonamente, al tiempo que sus bellas facciones se deformaban con una sonrisa sardónica.
-Aphrodite- ¿Jamás me rebajaría a metérsela a un adefesio como tu! ¿que no te has visto en el espejo?
En la mano derecha del de piscis apareció una rosa negra cuajada de gotas de roció que brillaban como diamantes con los rayos de sol que se colaban por las exquisitas cortinas de encaje que colgaban en los ventanales del gran salón del templo.
-Aphrodite- ¿Decepcionado? no te preocupes... igualmente nos divertiremos mucho...
Rosó el rostro del hombre con la rosa negra, quemado como si se tratase de ácido el rostro del desafortunado hombre dejando ampollas y derritiendo completamente los tejidos del rostro del hombre hasta exponer músculos y huesos. El soldado gritaba mientras sus ojos desbordaban lagrimas de sufrimiento mientras la rosa piraña iba devorando sus tejidos del rostro, cuello bajando lentamente hasta su abdomen como si se tratase de una caricia. El caballero de la ultima casa sonreía levemente dejando brillar sus blancos y perfectamente alineados dientes entre sus rosados y carnosos labios mientras sus bellos ojos se deleitaban con la agitada respiración de su victima. Se alejó unos pasos para admirar la reciente decoración en su muro y se sentó en el sillon rojo justo frente al pobre soldado.
Sonó una de las campanillas de cristal para llamar a la servidumbre, apareciendo rápidamente una de las sirvientas que miraba aterrorizada la escena, y armándose de valor y mirando directamente al piso le preguntó a su amo que era lo que deseaba.
-Aphrodite- Miriam, tengo sed, tráeme vino... vino rosado bien frió, por favor
-Miriam- Si mi amo
La mujer giro sobre sus talones para ir por lo que le había pedido
-Aphrodite- Miriam...
La sirvienta giro nuevamente temblando y con los pelos de punta.
-Aphrodite- No olvides traer una copa para nuestro invitado
-Miriam- No lo haré mi amo.
Tras un par de minutos, la joven regreso con un carrito que traía, una botella del mas fino vino rosado francés un par de copas de cristal incrustadas con oro y diamantes y una charola con fresas y chocolates, los favoritos del sueco. Acomodó todo en una mesita cercana al santo de piscis y se dispuso a salir de ahí lo antes posible. El sueco llevó una de las fresas a su boca y sirvo dos copas de su vino favorito.
-Aphrodite- ¿Que te parece? rosas. vino, fresas con chocolate... soy todo un romántico. Anda bebe...
Acercó la copa a los labios del guardia y el vino se derramaba por los destruidos labios y mejillas del rostro del apenas vivo hombre.
-Aphrodite- Oh si, pero te digo que no te ilusiones, que sea romántico no significa que te ame, en realidad amigo mio, yo no creo en el amor... creo en la pasión y en el placer, porque el amor nos hace débiles y estúpidos, ¿No lo crees?
Camino hacia la mesa para servirse otra copa de vino, y al no obtener respuesta a su pregunta, lanzo una rosa roja que se clavo justo en los testículos de su prisionero, que grito y se convulsionó por el insoportable dolor.
-Aphrodite- ¡Responde cuando te hablo, bastardo estúpido!
-¡Si!... tiene razon...toda la razon...
-Aphrodite- ¿Quien quiere amor, si se puede tener el poder?
Pasaron unos minutos hasta que los metalicos pasos de otro santo de Athena fueron retumbando en el templo de Piscis, eran apenas audibles opacados por los lamentos y gritos del torturado guardia que sangraba clavado en la pared, nientras el infame caballero de piscis de vez en cuando le lanzaba rosas a sus genitales como si de dardos se tratase.
-Milo- ¡Por Athena! ¿Aphrodite, que significa esta aberración?
El sueco solo giro levemente su cabeza para mirar al entrometido intruso que se disponia travesar su templo para legar al palacio del patriarca.
-Milo-¿Que diablos estás haciendo con ese pobre desgraciado?
Aphrodite solo sonrió levantando otra ceja al tiempo que lanzaba otra rosa que atravesaría el pene de su prisionero.
-Milo- No se que rayos pretendes con esto, pero matalo de una vez por todas.
- Aphrodite- Lárgate, yo jamas voy a tu templo a darte ordenes.
El caballero de la octava casa apretó los dientes y continuó su camino hacia el palacio patriarcal.
-Aphodite- ¿Lo oiste? dijo que te matara... Crep que esta vez el idiota de Milo tiene razon, ya no me diviertes, ya no tiene caso perder el tiempo contigo cuando tengo que preparar mi equipaje.
Lanzó una ultima rosa que le atravesó el craneo al guardia entrando desde una de las cuencas oculares hasta el muro en el que se encontraba clavado. Llamó nuevamente a la servidumbre para pedirles que limpiaran muy bien la sala principal y anunció que se ausentaria por una temporada del santuario, por lo que deberian cuidar celosamente los jardines de rosas del patio trasero y la escalinata hacia el palacio.
Ya en su habitación termino de ordenar sus pertenencias en una lujosa maleta negra y preparó también su armadura en su caja dorada, tomó un largo baño caliente y se metió en la cama, estaba ansioso por respirar otros aires, empaparse de una cultura nueva, olvidarse de todas las estupideces de Saga, Angelo y el resto de los caballeros dorados. Puso una de sus piezas favoritas de Chopin y se entrego al sueño entre las perfumadas sabanas de seda roja de su cama.
