El caballero de piscis salio de la cueva llevando en brazos a Kali, seguido de Hanako de Merope quien caminaba silenciosa tras ellos como si se tratase de una sombra. El sueco giro su bello rostro hacia la japonesa quien asintió con un gesto astuto a su acompañante, ambos elevaron sus cosmos llamando a sus respectivas armaduras que llegaron desde el cielo para posarse en cada parte de sus cuerpos. Justo cuando la ultima parte de la armadura de Merope cubrió a la oriental una espada se abalanzo en contra de su cuello siendo esta neutralizada por las pequeñas pero hábiles manos de la mujer.
El que blandía la espada era un hombre alto, piel blanca, ojos violeta, cabello rizado color azabache, dueño de facciones muy hermosas. Su armadura plateada destellaba con la luz azulada de la luna y las estrellas.
-Albert- Es un placer verte de nuevo, Hanako
Albert de Orion continuaba empujando la afilada hoja acercándola poco a poco a la garganta de la japonesa.
Aphrodite empuñó varias rosas para ayudar a la guerrera de Merope mientras con su brazo izquierdo mantenia a salvo a la pequeña Kumari. Sin embargo la enorme guerrera de Celeno se plantó frente al santo de oro.
-Pavarti- Extranjero, deberías preocuparte mas por ti mismo. Entrégame a la Kumari o muere...
-Aphrodite- Vaya, parece que ya se están quitando las caretas... así me gusta mas. Vamos trata de quitármela si es que puedes...
La guerrera de Celeno se abalanzo contra el santo de oro y en seguida se le unieron dos cosmos mas, uno de ellos atacándolo por la espalda con patadas y golpes y otro mas de frente junto a Pavarti. El caballero dorado era demasiado rápido para las tres mujeres, esquivando con suma facilidad sus ataques. Una de ellas era Ganesh de Asterope y Sarah de Taiget. Fastidiado del ataque de las guerreras el santo de oro se dispuso a mostrarles una parte de su poder.
-Aphrodite-¡Royal Demon Roses!
Las rosas rojas volaron a gran velocidad clavandose en brazos y muslos de la enorme guerrera Pavarti atravesando sin ningun problema su armadura, la mujer cayo de rodillas llevando sus manos a su hombro derecho donde aparentemente causaba mas dolor el tallo de la rosa. Sarah de Taiget se encontraba en cuatro patas en medio de un gran charco de sangre respirando dificultosamente.
Cuando sus compañeras lograron ver a la rubia sintieron el terror de estar ante el poder de un santo de oro. Sara levantó levemente su rostro el cual se encontraba deformado por una mueca de dolor sin embargo no podia esbozar un solo sonido puesto que de su boca y nariz brotaba sangre a borbotones, mientras llevaba sus manos al cuello el cual tenia una rosa roja que le atravesaba de lado a lado la traquea. La sangre le impedía respirar asfixiándola lentamente.
-Aphrodite- Con ese cosmos tan insignificante ni 50 de ustedes podrían tocarme...
Sonreía sádicamente mientras Sarah respiraba agónicamente por la falta de aire mientras su blanca piel tomaba un color azulado por la falta de oxígeno.
Mientras tanto Hanako retrocedía poco a poco ante la presión de la espada del caballero de Orion que claramente la superaba en fuerza física, sin embargo la japonesa era sumamente astuta y poseedora de un gran cosmos, sosteniendo la hoja de la espada entre ambas palmas de sus manos encendió las llamas azules con las que solía atacar.
-Albert- Estúpida, así no me podrás atacar, te cortaré el pescuezo maldita traidora...
La guerrera de Merope miraba fijamente los ojos violeta del santo de plata aunque este poco a poco logro que ella hincara una rodilla al suelo, sin embargo la espada al estar entre las manos llameantes de la nipona se fue calentando hasta llegar a estar al rojo vivo, haciendo que los puños de la armadura plateada de Albert también se calentaran rápidamente sacando una pequeña columna de vapor al comenzar a quemar las manos del hombre. Cuando el dolor de la quemadura se tornó insoportable el santo plateado no tuvo mas opción que soltar su espada y liberar a la acorralada guerrera de Mérope.
-Albert- ¡Maldita zorra!
La guerrera de la armadura negra tomó nuevamente su posicion de defensa mientras brillaban las llamas en ambos puños.
Pavarti de Celeno se arrancó las rosas que tenia clavadas en brazos y piernas y se puso en pie nuevamente, mientras la guerrera de Asterope quien había salido ilesa del ataque de rosas diabólicas se lanzaba a gran velocidad contra el sueco. de sus manos parecían sobresalir unas enormes garras metálicas que hacían silbar el viento cada vez que las agitaba, la encapuchada era claramente mucho mas rápida que la rubia que yacía inerte en el piso y que la enorme mujer de cabeza rapada que también se disponía a lanzar sus ataques contra el de piscis que seguía esquivando graciosamente los ataques de ambas mujeres mientras sostenía a la niña con su brazo izquierdo y colocaba una rosa roja en sus labios.
De repente un relámpago impactó contra el costado derecho de Ganesh y un escudo cristalino cubría a Hanako de las estocadas de la espada del santo de Orion.
-Aisha- Sentí una presencia extraña en este lugar...
-Aphrodite- Vaya... ¿ahora quien es la que llega tarde?
-Aisha- Cierra la boca...
La guerrea de Electra chocó ambos puños sacando chispas y provocando un relámpago, parecía ansiosa por pelear aun tratándose de sus compañeras de orden. Mientras Esther miraba horrorizada el cuerpo sin vida de la rubia guerrera de Taiget que había quedado de un color purpura y una mueca de sufrimiento, sin poner mucha atención al enemigo del que trataba proteger a Hanako.
Aisha se lanzo contra Ganesh, la encapuchada, dejando a la herida Pavarti como contrincante del santo de oro.
-Aisha- ¡Tunder Punch!
La guerrera de Electra golpeo en el pecho a la encapuchada atravesándola con un rayo eléctrico, haciéndola caer de rodillas mientras sus ropas despedían humo. Aisha no conforme con eso se lanzó contra ella dándole una lluvia de patadas que destellaban como flashes fotográficos sobre todo el cuerpo de Ganesh.
Pavarti golpeo con ambos puños la tierra creando una enorme grieta que por un momento hizo perder levemente el equilibrio a todos los combatientes incluyendo al poderoso santo de piscis, aprovechando esta distracción la guerrera se desplazo tan rápida como el sonido a espaldas del caballero de oro tomándolo del cuello para intentar estrangularlo.
-Pavarti- Veo que tu especialidad son los ataques a distancia, tal vez tu cosmos sea enorme, y tus rosas sean muy letales, pero te supero por mucho en fuerza física...
Aphrodite no soltaba de su abrazo a la niña diosa, a pesar de la fuerte prensa en su cuello creada por los largos y musculosos brazos de Pavarti. Hanako salio del escudo de Esther para seguir luchando con Albert, sin embargo al notar que la alta guerrera de Celeno estrangulaba a Piscis cambio de dirección para ir en su ayuda, recibiendo un fuerte ataque de energía en uno de sus costados.
-Albert- Tu oponente soy yo, mocosa...
Hanako- ¡Hi no uzumaki! (Remolino de fuego )
La japonesa lanzo con ambas manos lo que parecía un enorme cono giratorio hecho de sus llamas azules que rodeó rápidamente al santo plateado haciéndolo gritar. Inmediatamente giró sus ojos negros hacia Aphrodite .
El santo de oro permanecía con su hermoso rostro totalmente calmado, con su mano derecha levanto una rosa negra la cual pasó por arriba de su hombro estampándosela directamente en la cara a Pavarti quien inmediatamente soltó de su agarre al guerrero.
-Aphrodite- Rosas pirañas...
Dijo suavemente cual si fuera un murmullo, mientras la rosa negra se multiplicaba en decenas de flores que giraban al rededor de la cabeza de la pleyade como si se tratara de un enjambre de abejas. Los gritos de Pavarti eran desgarradores, entre el cumulo de pétalos negros se podía notar como la piel de la cabeza y rostro eran arrancados a girones por las espinas de las rosas pirañas, seguidas de los músculos y vasos sanguíneos, salpicando por doquier sangre y saliva. Pronto la mujer cayó de rodillas y después pecho tierra cuando las rosas bajaron la velocidad de sus giros, hasta poco a poco parar y desaparecer, dejando el cráneo desollado con una cuenca ocular completamente vacía, mientras el tórax de la guerrera se expandía y contraía dificultosamente en esos últimos boqueos de agonía.
La de Merope sintió un hueco en el estómago de ver la forma en que el de piscis había asesinado a Pavarti, ciertamente los ataques que había mostrado al momento no eran altamente destructivos pero si eran terriblemente crueles dando una muerte lenta y dolorosa a cada una de sus víctimas, la fama de ser el mas temible de los doce santos de Athena no era para nada una exageración.
Misntras Ganesh de Asterope recibía la lluvia de patadas por parte de Aisha, elevó lo que le quedaba de su cosmos escapando en una fracción de segundo de la de ojos violeta dando un gracioso giro en el aire cabeza abajo y extendiendo sus piernas alcanzo a acertarle una buena patada en el rostro a la portadora del rayo mandándola a volar a pocos metros de ahí. La guerrera de Electra se levantó como una fiera chocando sus puños uno con el otro para sacar chispas y relámpagos, y nuevamente se lanzo contra Ganesh quien en un movimiento muy veloz agacho su cuerpo para quedar justo debajo de la de Electra y usar sus piernas como resorte para embestirla con sus garras metálicas.
-Ganesh- ¡Ghost Claw!
La garra metálica cargada de cosmos alcanzo el abdomen y costado de la de Electra provocándole un profundo corte que la hizo caer. Mientras Ganesh caía exahusta de rodillas junto a la del afro negro.
Albert se levanto tambaleante mientras una lanza transparente apuntaba a su cuello, pues Esther de Maya flotaba junto a él evitando con su arma que el de Orion escapara.
-Esther- Hanako, acaba con él, solo tú o el santo de Athena tienen la fuerza para matarlo...
Hanako abrió los ojos como platos mientras la guerrera de Maya daba un puntapié en la espalda del santo plateado para ponerlo a los pies de la del kimono rojo, la cual al momento disminuyó el tamaño de sus llamas.
-Aisha- ¿Que te pasa? Hanako, mátalo o el nos matara después...
Hanako miró con los ojos llenos de lagrimas a la de Electra que yacía con las manos cubriendo el enorme corte en su abdomen. Pero en fracción de segundos la encapuchada Ganesh se lanzo contra la japonesa para evitar que matara a su compañero. Hanako esquivo graciosamente las garras de la encapuchada pero esta tomo en brazos a Albert para luego desaparecer de un salto de aquel lugar.
-Aisha- ¡Estupida! ¡eres una cobarde!
Esther y Hanako corrieron a auxiliar a la de Electra que estaba gravemente herida mientras el santo de piscis continuaba con la inconsciente Kumari resguardada en su regaso, observando inmóvil y silencioso la escena.
-Aisha- ¿Como pudiste dejarlo ir?
Hanako agachó nuevamente la mirada dejando escapar un par de cristalinas lágrimas que mojaban su rostro.
-Esther- Caballero, ¿que fue lo que pasó? ¿a que vinieron a este lugar? ¿por que los atacaron?
-Aphrodite- Al parecer lo que buscaban era esto...
Refiriéndose al pequeño fresquito en el que habían recolectado el néctar de la estrella de los Eliseos...
