Esther se acercó a la guerrera de Electra que estaba en el suelo doliendose de su herida, la examinó y noto que a pesar de ser bastante profunda no habia lesionado ninguna estructura vital.
-Esther- Caballero... su herida es seria, auque está estable pierde mucha sangre, si no es atendida pronto morirá...
-Aisha- No seas exagerada, es solo un rasguño, esto no es nada
Decia la de los ojos violeta mientras su rostro decia lo contrario por su palidez y las gotas de sudor que coronaban su frente, era evidente que tenia mucho dolor y estaba en bastante mal estado
-Aphrodite- Hanako, lleva tú a la Kumari, yo llevaré a Aisha... y tu... ¿crees poder seguirnos el paso?
Dijo mirando por encima del hombro a la pelirroja guerrera de Maya. Le entregó a la niña a Hanako, y se dispuso a cargar cuidadosamente a Aisha.
-Aisha- ¡Que humillación!
-Aphrodite- Si lo prefieres puedo dejarte aquí... o rematarte preciosa...
La guerrera de Electra aparto la vista de la descarada sonrisa del sueco, "¿Por que carajos tiene que ser tan apuesto?" pensaba la de los ojos violeta mientras el de piscis se ponía en pie con ella entre los brazos.
-Aphrodite- Vamos...
Y salió disparado a gran velocidad dejando una estela de luz dorada seguido por la guerrera de Merope quien le mantenía perfectamente el paso sin embargo ella solo se podía distinguir en la distancia como una fantasmal luz azulada que no dejaba estela luminosa como el santo dorado. Esther quedó sorprendida con el despliegue de velocidad de ambos peleadores. la guerrera de Maya aunque mas resagada los siguió hacia el palacio, llegando varios minutos después Piscis y compañía.
Cuando por fin llegó se enteró que Aisha estaba siendo atendida por los monjes y curanderas, mientras que Kalí ya se encontraba recuperándose en su aposento, la pelirroja acudio donde se encontraba la Kumari quien yacía en su cama a su derecha estaba su madre sosteniéndole la mano y a la izquierda de pie el santo de piscis con la guerrera de Merope apenas visible detrás de él pues su estatura y corpulencia tapaban casi en su totalidad la pequeña y delicada figura de la japonesa. y a los pies del lecho estaba Samira.
Poco a poco la mensajera niña fue abriendo los ojos y sonriendo al encontrar a su alrededor tantos rostros familiares.
-Kali- Caballero... ¿donde ha quedado el néctar?
Aphrodite saco el pequeño contenedor de uno de los huecos de su armadura, se acercó a ella e hizo un movimiento para entregárselo.
-Kali- No, deseo que seas tu quien cuide de él...
Samira y Esther pusieron cara de sorpresa y molestia, pues ellas eran sus guardianas, en todo caso debía de habérselo confiado a su guerrera mas poderosa, es decir Hanako, pero esta al no tener ni ápice de carácter resultaba un fastidio para el resto de las pleyades, siendo Aisha la líder auto nombrada, quien segun lo que habian dicho los monjes que la atendieron se encontraba ya fuera de peligro.
Samira se ofrecio a hacer guardia nocturna al pie de la cama de Kali, para que el resto pudiese descansar de la reciente batalla.
El sueco regreso a su habitación, donde después de despojarse de su armadura decidió darse un largo y relajante baño caliente, mientras se encontraba parcialmente sumergido en el agua de la bañera las palabras de la Kali durante ese extraño trance en la cueva resonaban una y otra vez en su mente: "Tu... caballero de Piscis, eres el elegido de la madre tierra, para despertar el cosmos del rey del inframundo... con este néctar cumplirás el destino de reiniciar el ciclo que los dioses tienen para la humanidad, el heredero de la casa de virgo marcará el fin de una era para dar inicio a la peor de las guerras santas. Mancharás tus manos con la sangre mas pura, seràs recordado en la historia como un traidor... pero tus acciones serán claves para que la justicia y la paz en la tierra reinen nuevamente entre humanos y dioses."
Miró hacia el tocador cercano donde brillaba el dorado frasquito donde se resguardaba las preciosas gotas del néctar de la Estrella de los Elíseos.
"El herdero de la casa de virgo..." pensaba... "¿acaso se referirá a Shaka o alguno de sus discipulos?" Meses antes de que partiera hacia Nepal se había enterado que tanto Shaka de Virgo como Camus de Acuario habían viajado hacia la India y Siberia respectivamente para entrenar a futuros santos de plata y bronce, sin embargo poco tiempo después Saga le había pedido al de virgo regresar al santuario a cambio de concederle dos armaduras de plata para sus discípulos. Si los estaba preparando para convertirlos en santos de plata obviamente no los consideraba al menos hasta ahora dignos de ser alguno de ellos su sucesor... tal vez y el mismo Shaka seria quien marcaría el fin de la era... todo era posible, pues las traiciones eran tan comunes que hasta el mismísimo Shaka podría ser capaz de tener dobles intenciones, después de todo el propio sueco era un traidor al aliarse al falso patriarca.
-Aphrodite- Los seres humanos somos una escoria... tal vez si deberíamos ser exterminados de una vez por todas..
Dijo para su mismo sombriamente, asqueado ante tanta intriga y traiciones, no podía confiar en absolutamente nadie mas que en si mismo.
Mientras salia de la bañera pudo sentir una presencia conocida muy cerca de él, se encontraba en su habitacion, tomó el pequeño contenedor y ayudado de una cinta roja que encontrón en uno de los cajones se colgó al cuello el néctar que todos ambicionaban.
Salio tranquilamente con una toalla amarrada a la cintura con aun los chorrantes cabellos celestes pegados al cuerpo.
-Esther- Caballero...
La guerrera de Maya estaba sin su armadura sentada al filo de la cama del santo, portando su delicado vestido de velos multicolores que resaltaban espléndidamente la palidez de su piel y su cabellera roja.
-Aphrodite- ¿que quieres mujer?
-Esther- A ti, caballero... Me gusta ser directa en todo, y tu me has cautivado, con tu poder, con tu belleza, tanto que no puedo resistirme mas, déjame pasar una noche entre tus brazos ...
La pelirroja se acercaba lenta y sensualmente al sueco mientras pronunciaba esas palabras poco a poco se iba despojando de sus ropas, revelando un hermoso conjunto de encaje rosa que resaltaba muy bien cada una de las curvas de su cuerpo. El santo de piscis continuaba altivo sonriendo de lado sutilmente, complacido con lo que veían sus ojos y lo que escuchaban sus oídos.
La mujer se lanzo a sus brazos y desesperadamente comenzó a besar los rosados labios de Aphrodite, mientras sus manos bajaban a través del escultural cuerpo del caballero dorado para despojarlo de una buena vez de aquella toalla que cubría su desnudez. Mientras tanto el de cabello celeste arranco de un par de tirones las delicadas prendas de la guerrera de Maya haciéndolas trizas con sus finas pero fuertes manos.
Poco a poco entre las desesperadas caricias que le regalaba la pelirroja se fueron acercando a la enorme y cómoda cama donde él quedó sobre el esbelto cuerpo de la de Maya, mientras el sueco permanecia besando sus labios e introduciendo su lengua en la boca de ella, sus manos bajaron al delicado cuello de la pelirroja y poco a poco hasta sus pechos deteniendose unos instantes en aquella zona para luego dejar que una de sus manos ligera se posara entre las piernas de la mujer introduciendo hábilmente sus dedos y masajeando su entrada con habilidad de un experto.
La pelirroja sonreía triunfal al ver al hombre totalmente absorto en ese intercambio de placer y caricias, estiró ambos brazos hacia arriba hasta tocar las almohadas cercanas a la cabecera de donde tomó un pequeño artefacto de cristal de forma cilíndrica, y en uno sus de los extremos brillaba una punta metálica, que con un rápido movimiento de la mano derecha de Esther lo clavo justo en la parte lateral del cuello del santo de piscis inyectando el transparente liquido que estaba en el interior de la jeringa.
Aphrodite continuo besando a la joven que parecía muy sorprendida de que el de cabellos azules no hubiera reaccionado ante lo que le acababa de hacer, así que un terrible miedo invadió su alma en ese momento, confundida con lo que pasaba continuo besando al sueco hasta que este atrapo la lengua de la mujer con sus dientes.
Ella trató de liberarse de esa celda de músculos que la aprisionaban contra la cama empujándolo para escapar, pero el santo en un movimiento muy rápido tomó ambas muñecas de la chica apretándolas violentamente contra el colchón sin dejar de hacer la fuerte presión con su mandíbula. La mujer se quejaba con chillidos ahogados agitando todo su cuerpo bajo la pesada y bella anatomía del santo dorado.
Pasaron varios segundos hasta que de un movimiento brusco Aphrodite separó sus labios de los de Esther dejando salir un fino chorro de sangre que unía ambas bocas. El santo de piscis tragó el pedazo de carne que acababa de arrancar de la boca de la de Maya y sonrió ampliamente dándole un aspecto muy siniestro por tener la boca, barbilla y cuello cubiertos de sangre.
-Aphrodite- Veneno... que ingenua...
Se acercó a su oído para susurrarle un secreto.
-Aphrodite-¿ Sabes? yo soy el ser mas venenoso de este mundo... tu ridículo intento de asesinarme solo logró que me den mas ganas de divertirme contigo...
La pelirroja soltó un ronco gruñido ya que sin su lengua no podía articular palabras, para luego escupirle al rostro a Aphrodite toda la sangre que se había juntado en su boca.
-Aphrodite- Ssshhhhhh!... la Kumari esta durmiendo... no querrás despertarla con tus obscenos quejidos...
De repente una lluvia de pétalos rojos cayo sobre ambos cuerpos hasta cubrir por completo la cama, la mujer de cabello rojo dejó de luchar por safarse de su captor yaciendo sin fuerzas por aspirar el dulce aroma que emanaban todos esos suaves pétalos carmesí.
El santo dorado se levanto y tomó un pedazo de las destruidas prendas interiores de la de Maya para colocársela como mordaza y evitar que hiciera demasiado ruido.
Se arrodillo frente a ella colocando cada una de sus piernas a lado de sus caderas para luego admirar la entrada de la mujer. Se inclino nuevamente sobre ella apoyandose con la mano izquierda justo por arriba del hombro de Esther y colocando nuevamente la mano derecha entre las piernas de la pelirroja y nuevamente penetrarla con los dedos.
-Aphrodite- ¿Te gusta? mmmhhh...
Poco a poco fue introduciendo cada uno de sus dedos hasta tener toda su mano dentro del cuerpo de la de Maya que con las pocas fuerzas que tenia se retorcia debilmente ante el toque del de ojos azules, poco a poco el rostro de la pelirroja se fue tornando cada vez mas álgico y desesperado hasta que sus ojos derramaron abundantes lagrimas mientras el vientre de la mujer se iba tornando cada vez mas abultado y rojo como si su piel se fuera estirando desde adentro.
El dolor que sentia Esther se había vuelto inhumanamente demoledor, tanto que a pesar de su estado semiconsciente por el efecto de los pétalos comenzaba a soltar quejidos de su garganta.
-Aphrodite- Ssshhhhhh!
Reprendia para que dejara de hacer ruido y al no ser obedecido posó su mano izquierda en el cuello de Esther para que de una vez por todas dejara de quejarse, y ella con lo último que le quedaban de fuerzas subió ambas manos a su cuello como ultimo intento de liberarse de su asesino, de repente la presión que sentía en su abdomen bajo se liberó al ser reventada la piel dejando ver unas tres rosas pirañas que emergieron desde dentro de su cuerpo.
Pronto la desafortunada mujer murió por la asfixia o tal vez por la hemorragia, así que el sueco se separó de su cuerpo y saco su mano derecha de entre las piernas de su victima.
Se puso de pie y tomó la toalla que traía en la cintura para limpiarse las manos y la cara y colocandose nuevamente la toalla para cubrir su desnudez. Caminó lentamente alrededor de su cama examinando lo que recientemente había hecho con un rostro serio. Abrió levemente las esplendidas cortinas de su ventanal para admirar las estrellas, y después de un movimiento rápido y hábil nuevamente sacó a Hanako de las sombras escondiéndose a base de ilusiones creadas por su cosmos.
-Aphrodite- ¿Disfrutaste la función?, ¿No te quedó claro que odio que me espíen?
La guerrera de Merope también había sido afectada por el perfume de los pétalos de Aphrodite, sin embargo tenia aun suficiente fuerza para moverse y tal vez con un golpe de suerte escapar del mortífero santo dorado.
El sueco miró la preciosa cara de la japonesa que por primera vez le mantenía la mirada aunque con una expresión temerosa. Sus bonitos ojos negros y su pequeña boca en forma de flor de Sakura le parecieron encantadores al santo de los peces.
-Aphrodite- Eres débil... Hanako de Merope...
Dijo suavemente mientras levantaba con delicadeza el mentón de la chica para besar suavemente sus labio mientras la sostenía firmemente de la cintura para levantarla a su rostro por la diferencia de la estatura de ambos.
Tras separar sus labios de la nipona. El santo de oro salio por la ventana hacia los jardines, dejando a una aun aturdida Hanako arrodillada en el suelo de la habitación del de piscis. Su cuerpo temblaba, cada uno de los vellos de su cuerpo estaba erizados y el corazón latía frenéticamente, tal vez por la horrible escena que había presenciado, tal vez por el efecto de los petalos venenosos, o tal vez por el beso del santo dorado...
