La luz del alba fue poco a poco coloreando de rosa el cielo de aquella lejana tierra, los criados del palacio casi mueren de un infarto cuando tuvieron que limpiar la alcoba del santo dorado, el invitado favorito de la Kumari, quien permanecía en el lugar desvergonzadamente siendo atendido a cuerpo de rey infundiendo el terror en la gente del palacio y fuera de él cn su sola presencia, y como consecuencia de ello aumentando las dudas sobre la legitimidad dela benebolencia de la mensajera niña, desatando incontables rumores y supersticiones al respecto. Obviamente Aisha y Samira estaban llenas de rabia y deseo de venganza por el reciente asesinato de su compañera de armas.
-Aisha- ¡Ese desgraciado! ¡es un mosntruo!
-Samira- De verdad no me di cuenta de nada... Aisha, no pude sentir elevarse su cosmos, ni el del santo dorado... de otra forma hubiera ido en su ayuda
-Hanako- Esther nos estuvo engañando al igual que Sarah, entró a la habitación del Aphrodite para robarle el néctar, y también trató de matarlo.
Las otras dos la miraron extrañadas, la japonesa raramente hablaba, y mas que eso que defendiera así al intruso les parecia ofensivo y por demás una idiotez.
-Hanako- La asesinó sin necesidad de incendiar alto su cosmos, y la debilito al puntó que ella no pudo usar el suyo. Samira, si hubieras intervenido tu también ya estarías muerta... además como les dije, también era una traidora.
Aisha, llevo una de sus manos a la frente y luego hacia sus alborotados cabellos en un ademan de frustración, le costaba admitirlo pero Hanako tenia razón. Ahora el santo dorado tenia en su poder el néctar y ¿quien sabe para que lo podria usar una persona tan perversa como él?, ademas de que la Kumari se lo hubiese entregado voluntariamente, todo era demasiado extraño, nada parecía tener sentido. La de Electra se puso en pie de su asiento y tras revisar que el vendaje que tenia estuviese bien ajustado chocó ambos puños para sacar chispas y trueno llamando a su celeste armadura la cual la vistió en pocos segundos, y luego se acercó agresivamente a la oriental jaloneandola violentamente de su bello kimono.
-Aisha- ¿Que rayos pasó en esa cueva?
La japonesa seguia silenciosa y su carita de muñeca permanecía inexpresiva.
-Aisha- ¡Habla ya! ¡que te lo estoy ordenando yo!... ¿para que demonios sirve ese néctar?
Hanako dio un paso hacia atrás liberándose del agarre de la de Electra.
-Aisha- ¡Que me lo digas ya! ¿o acaso tienes miedo?
La guerrera de Merope dio la vuelta en dirección de la salida
-Aisha- ¡Como siempre, eres una cobarde y una estúpida! tal vez seas fuerte, pero de nada te sirve por no tener agallas,¡ todo lo echas a perder!
La de Electra le lanzo un golpe cargado de chispas hacia la cabeza de la nipona pero esta, dando un rápido giro la detuvo sin problema con una mano tomándola por la muñeca.
-Hanako- No... No soy debil...
Entonces incendio la llama de su mano, haciendo que la de Electra tuviera que retirar su brazo de forma refleja ante el ardor del fuego.
-Hanako- No vuelvas a hablarme de esa forma o te quemaré las manos igual que lo hice con tu hermano. Si le tuve piedad es por respeto a ti...
Hanako se esfumo del lugar dejando a sus compañeras rechinando los dientes de coraje, en especial a la de ojos violeta. Para Aisha, era humillante ese supuesto respeto que la nipona tenia por la vida de su hermano, ese que amó con todo el corazón, que parecía ser tan igual a ella por fuera y por dentro. Pero ya las cosas eran muy diferentes...
Hace diez años ambos fueron entrenados por su propio padre el antiguo santo plateado de Triangulo, al ser gemelos ambos nacieron bajo la misma estrella y por tal también fueron candidatos a obtener el mismo cloth, pero solo uno de ellos podría lograrlo. A pesar de ello ambos competían de manera sana y sin dejar de amarse como lo que eran, los mellizos mas unidos que pudiésemos conocer.
Con el pasar de los años la personalidad de cada uno fue tornándose mas distinta al del otro siendo Aisha mas impulsiva pero con un sentido del honor muy arraigado, y Albert mas astuto, calculador, y al igual que su melliza muy orgulloso .También fueron tomando visibles diferencias, destacando en el dominio del cosmos la mayor de los gemelos.
Cuando ambos se batieron en combate para obtener la armadura de orion Aisha fue la ganadora obteniendo el título de Amazona de plata a los 16 años de edad. Tras obtener el rango acudió junto a Simon de Triangulo al santuario para presentar a la recién nombrada amazona de plata y rendirle su lealtad a Athena y al Patriarca. Sin embargo lo que ambos santos de plata encontraron a un patriarca completamente diferente al que Simon conoció en su juventud, siendo el santuario un burdel y circo romano donde se cometían las mas espantosas injusticias.
Aisha por ser sumamente impulsiva y orgullosa renunció a su titulo y armadura en la que debia haber sido su presentación ante el recinto, siendo una gran ofensa para el santuario, así que Gigas llamó a cuatro santos de plata para que en ese mismo instante castigaran a la insolente chiquilla. Padre e hija se enfrentaron a sus compañeros de orden sin portar sus armaduras a modo de protesta por las injusticias cometidas en nombre de Athena y no querer ser parte de ello, siendo vencidos, humillados y dados por muertos. Tras ser lanzados como basura a las afueras del santuario como la gran cantidad de cadáveres que los sicarios de Arles tiraban por ahi. Instantes después Aisha recobró el conocimiento sin embargo su padre nunca mas despertó.
Derrotada y dolida regresó a casa junto a su hermano a quien le contó todo lo sucedido. Pero Albert culpó a su gemela de la muerte de su padre desatándose un gran odio y deseo de venganza hacia su misma sangre.
Pronto fue llamado por el santuario para otorgarle a él la sagrada armadura de Orion, en tanto a Aisha un año despues, cuando la Kumari Kali fue entronizada la armadura de la estrella de Electra surgió de entre la tierra al ser partida por dos relámpagos eligiéndola por sus nobles ideales, su honor y orgullo inquebrantable para unirse al la milenaria guardia celeste del pueblo que no va a la guerra.
Mucho fue el dolor de la guerrera de Electra cuando su hermano se reveló en la batalla de las afueras de la cueva como uno de esos enemigos que buscaban la Cabeza de la Kumari. Se sentía profundamente humillada por Hanako ya que ella siempre lo supo, y obstaculizando la misión por sentimentalismos absurdos que a ella no le competen.
-Samira- Aisha...
-Aisha- Estamos perdiendo esta batalla... la hemos perdido desde antes de empezar, las siete nunca estuvimos unidas, al parecer ese hombre tiene razón, todos aquí son unos farsantes...
Y la bella guerrera de rizos negros se sentó nuevamente a llorar de rabia e impotencia.
Al medio dia Dogan, el sumo sacerdote se presento resguardado por varios monjes alegando que tenia un mensaje para el Santo dorado.
Como era de esperarse Samira de Alcíone se cuadró en la entrada para impedir que el sacerdote se acercara a la diosa niña, pues era claro que Pavarti y Ganesh habían sido reclutadas por el anciano, y después de lo que había pasado a las afueras de la cueva ya eran abiertamente enemigos.
-Dogan- vengo en son de paz, guerrera de Alcióne, solo debo entregarle esto al santo de piscis, al parecer ya Arles se ha impacientado por su larga ausencia.
La mujer de Hihab extendió la mano para que le entregara la carta.
-Dogan-El patriarca Arles insistió que fuera yo quien la entregara, personalmente...
La árabe saco su sable de la vaina apuntando al cuello del monje junto a su mano derecha indicandole que le diera la carta por las buenas, pero al mismo tiempo los guardias del sacerdote cruzaron dos lanzas frente a él para que la afilada hoja de la espadachina no pudiese tocarlo.
-Samira- ¡Entrégame eso y lárgate de aquí!, yo no soy tan clemente como Hanako...
-Dogan- ¡Ni tan poderosa! así que no presumas y obedece
De repente a espaldas de Samira la elegante figura del santo de piscis se hizo presente destellando reflejos dorados de su brillante armadura.
-Aphrodite- ¿Con que una carta de Arles?...
Se acerco al viejo haciendo un elegante ademan para que le entregara el papel, el anciano no tuvo mas remedio que entregarlo sin pisar el interior del palacio. El sueco abrió el pergamino frente a todos y se dispuso a leerlo en silencio.
-Aphrodite- Gracias por su gentileza, su excelencia.
De repente como si se tratara de un animal rabioso Ganesh de Asterope despojandose de una capa como la que traian los guardas se lanzó en contra del sueco tratando de hundirle sus garras.
-Ganesh- ¡Bastardo! ¡Monstruo!
El sueco esquivaba hábilmente los ataques de la encapuchada que parecía poseída por el mismísimo diablo, mientras emanaba su cosmos de una forma realmente hostil y llena de resentimiento. La guerrera de Alcíone estaba estupefacta con la facilidad con la que el de piscis esquivaba cada ataque.
-Ganesh- ¡Eres igual a todos!, ¡eres un desgraciado!, ¡te sacare las tripas con mis garras hijo de la gran puta!
Aphrodite en un movimiento muy hábil inmovilizó ambos brazos de la encapuchada con una sola de sus manos sujetándolas a espaldas de ella pero quedando de frente al sueco.
-Aphrodite- Con que esta es para ti una visita en son de paz...
La encapuchada se arremolinaba con todas sus fuerzas para tratar de safarse de su captor, y en uno de esos intentos le propino un par de patadas directo al hermoso rostro del santo de los peses haciendo que su cabello celeste se agitara con cada movimiento de la enfurecida mujer. Visiblemente molesto Piscis le dió un solo golpe de puño en el abdomen dejándola fuera de combate aunque aun consiente. Al mismo tiempo que todos los guardias se abalanzaron para entrar al palacio siendo muy fácilmente neutralizados por la hábil espadachina zurda de Alcione que con gráciles movimientos de su sable dejo fuera de combate a la veintena de monjes que traía Dogan.
Con un par de movimientos elegantes de sus brazos Aphrodite lanzo a la de Asterope a los pies del sacerdote, pero sin darse cuenta, uno de los ornamentos de su armadura dorada se habían atorado con el velo que cubría el rostro de Ganesh, quien tras levantarse parcial y dificultosamente reveló un rostro completamente desfigurado por horribles cicatrices de quemaduras.
El sueco fruncio levemente el seño ante la sorpresa del rostro de la guerrera, en realidad era algo que no se lo esperaba.
-Ganesh- ¿que pasa? ¿te doy asco? Un hombre como tu me hizo esto, y ahora tu tambien me has arrancado lo que mas amo en la vida...
