La mirada furiosa de la guerrera de Asterope llameba con odio y resentimiento clavada en el hermoso rostro del santo de Athena quien tras haberse recuperado de la impresión recuperò su expresión seria y expenctante. La mujer con dificultad se puso en pie y nuevamente elevo su cosmos al maximo para disponerse a atacar al santo de oro, sin embargo de algún lugar apareció el santo plateado de orion junto al enorme perro negro interponiéndose frente a sus aliados en actitud protectora.
-Albert- ¿Donde esta tu honor caballero? no conforme de haber asesinado mujeres le quitas el ultimo apice de dignidad a Ganesh.
-Aphrodite- ¿Mujeres? no me hagas reir... en el campo de batalla solo hay enemigos... dimelo tu que con tu bestia quisiste matar a una niña, no me trates de dar leccones de moral si es claro que somos iguales...
-Albert- Es verdad... tu también trataste de asesinar a la Kumari... ¿y ahora la proteges? ¿como fue que te convencieron?
Sonreía maliciosamente el santo de Orion, su rostro era muy parecido al de su hermana, sus blancos dientes brillaban entre sus carnosos labios con una expresión astuta y malpensada.
-Hanako- Dogan Dono, Kumari Dono ha aceptado su visita...
La guerrera de Merope apareció detrás del de piscis como si fuese una mancha de tinta negra en el agua materializándose desde ese pedazo de obscuridad. Samira fruncio el seño incrédula y el de piscis sonrio divertido.
-Hanako- Kumari Dono esta dipuesta a recibirle, a todos ustedes...
La elegante mujer asiática extendió su brazo para invitarles a pasar, recibiendo un movimiento de cabeza como asentimiento por parte del sacerdote, y posteriormente este entrò ante los sorprendidos ojos de la árabe mientras envainaba nuevamente su sable. Hanako, en ligeros y delicados movimientos propios de una Geisha, se arrodillo a los pies del de piscis para recoger el velo de Ganesh y ofrecérselo a su propietaria con una respetuosa reverencia.
Al santo de piscis le parecía sumamente interesante el código de honor de la japonesa, su piedad y respeto a los compañeros y enemigos le parecían propios del honor de los samurái de la época antigua, le maravillaban sus modales refinados, esa mezcla entre poder y vulnerabilidad, bravura en combate y humildad, la hacían una criatura sumamente misteriosa y bella ante sus ojos.
Ganesh sin dejar de mirar con odio al de piscis tomo su velo de manos de Hanako y nuevamente cubrió su rostro, y acompañada de Albert siguieron al sumo sacerdote para adentrarse en el palacio no sin antes lanzarle miradas asesinas a la guerrera de armadura negra y al hombre del ropaje dorado.
Kali se encontraba esperando ya al sumo sacerdote junto a la fiel Aisha que la custodiaba celosamente como si fuese una sombra,el sacerdote hizo una somlemne reverencia ante la diosa niña y esta con un ademan de su mano le invito a tomar asiento.
-Dogan- Gracias por recibirme, Dya Maiju, su valor es admirable ...
-Kali- Excelencia, sopongo que esta aquí porque ya sabe que he recogido el néctar de la estrella de los elíseos...
El sacerdote asintiò
-Kali- Por miles de años nos hemos mantenido al margen de las guerras santas, los dioses nos han bendecido con tierra fértil y conocimientos... sin embargo hace ya mucho tiempo que nuestro pueblo es azotado por hambruna y enfermedades.
-Dogan- Todo pueblo tiene épocas de abundancia y habruna, es la ley natural
-Kali- en efecto, pero no es posible que eso ocurra mientras dentro de estos muros y en cada templo el clero goce de riquezas escandalosas mientras alla afuera la gente muere de hambre...
-Dogan- La tradición ha sido...
-Kali- Tradiciones que han escrito los sacerdotes... solo cada 300 años la verdadera mensajera abre los ojos en este mundo, la que es capaz de traer a las siete guerreras celestes para cuidar el néctar de la flor de la cueva...Los dioses olímpicos nos han bendecido con no ser tocados en las guerras con tal de no utilizar esas mortíferas gotas contra ninguno de ellos...
El sacerdote continuaba serio y solemne.
-Kali- Y ahora tu...ustedes, no conforme con empobrecernos, humillarnos, dejarnos morir de hambre y miseria, nos vas a vender por ese néctar... ¿Qué te ha prometido esa deidad, Dogan? ¿poder?¿riqueza? ¿vida eterna?
La mensajera niña mirò hacia los guerreros que seguían al sacerdote
-Kali-Ignoro que fue lo que les ocurrió para ser corrompidos de esta manera... lo he visto... Athena ha vuelto y aunque aun no ha despertado por completo su verdadera reencarnacion camina en este mundo,y por razones que ignoro, no solamente ella... otros dioses ya están en este mundo, han roto la ley... aquí no pueden derramar sangre, el voto de neutralidad ya no existe.
La niña mirò a Dogan junto a sus aliados y después a Piscis junto a la guerrera de Merope mientras pronunciaba las ultimas palabras.
-Kali- Jure no hacer uso del néctar de la flor de los Eliseos con tal de mantener la neutralidad de nuestro pueblo... pero la muerte y la misceria no la han traido las guerras, las han traido ustedes... y no estoy dispuesta a continuar con esto.
En ese intante el cosmos de Kali se fue encendiendo brutalmente, al tiempo que las inscripciones luminosas se iban apoderando de su piel y los ojos se le ponían en blanco.
-Kali- El destino ya fue escrito... la tregua termina en cuanto pongan un pie fuera de este palacio. Teman... el espíritu de la muerte ronda este palacio... no interfieran mas y sus vidas no serán tocadas.
Aisha se poso frente a Dogan como un relámpago y amenazante le apunto con su mano mientras múltiples chispas salían de su puño.
-Aisha- Largo de aquí...
El sacerdote palidecio de miedo ante la posesión de la Kumari, y con un movimiento de cabeza indicó a la guerrera de Asterope y al santo de Orion que lo siguieran hacia la salida.
Mientras los tres intrusos salían del palacio junto a su veintena de guardias Kali fue saliendo lentamente del trance que la poseía cayendo lentamente en su gran alfombra multicolor, para luego ser atendida por los monjes y sus padres que se encontraban muy cerca presenciando toda la escena. Aisha rápidamente organizo la guardia.
-Aisha: No podemos confiarnos, esos tres quieren el néctar...
Miro con desconfianza al santo de Athena, sin embargo por ahora tendría que hacer alianza con él, después de todo era quien resguardaba el preciado elixir.
-Aisha- Hanako vigilaras el exterior del castillo...
La japonesa continuaba inmutable como siempre.
-Aisha- Caballero tu y yo guardaremos el interior del palacio...
-Afhrodite- Tu no me das órdenes, mocosa...solo me interesa saber cuando la Kumari va activar con su cosmos el néctar de los elíseos, solo por eso permanezco en este lugar
-Aisha- ¡La Kumari ha confiado en ti!, ¡no puedes hacer eso!
-Afhrodite- Por si no te has dado cuenta ya estoy haciendo lo que me viene en gana.
El sueco se alejó dejando furiosa a la guerrera de Electra mientras aun se dolía de la profunda herida que tenia su abdomen.
Horas mas tarde mientras el sol comenzaba a ocultarse en el ocaso, el santo de Piscis paseaba desvergonzadamente por los jardines del palacio olfateando las exóticas flores que colgaban de una de las enredaderas. Después de un grave suspiro giro las celestes orbes en dirección a una de las fuentes cercanas a donde se hayaba.
-Afrodite- Rei... ¿no es asi, mujer?
La japonesa una vez mas apareció de entre las sombras, pillada por el santo de oro.
-Hanako- Un alma sin respeto es una morada en ruinas
El sueco cortò la llamativa flor y se acercò a la nipona que continuaba de pie justo a lado de la hermosa fuente donde estaba escondida la guerrera de las llamas azules.
-Afrodita- El código Bushido. El honor de los Samurai...
Se acercó elegantemente a la joven del kimono rojo ofreciéndole la flor como ofrenda, sin embargo la nipona permanecía estática como una elegante muñeca de porcelana. El santo de Piscis arqueo las cejas, era la primera vez que una de sus ofrendas no era efusivamente recibida por una mujer, para luego sonreir fascinado ante aquella intrigante criatura acercándose cada vez mas a ella y prendiendo la hermosa flor en la negra cabellera, bajÒ su blanca mano por el rostro de la chica para acariciar su aterciopelada piel con las puntas de los dedos.
-Hanako- Aun los enemigos merecen honor... Ganesh San...
-Afhrodite- Yo no quise humillar a esa mujer...
La joven de cabello negro sonrio leveme asintiendo con la cabeza, lo había visto todo, Piscis decía la verdad.
-Hanako- Lo se, caballero. Pero ahora Ganesh San te odia mas que a nadie... tu asesinaste a Esther y has descubierto su rostro.
El santo de oro levanto una ceja, no entendia del todo lo que la nipona quería decir.
-Hanako- Hace cinco años, si no me equivoco mientras Ganesh se encontraba en Arabia Saudita para conseguir la armadura de Asterope un grupo de hombres la atacaron, la torturaron, violaron y quemaron su rostro con acido. Todo porque aún en su país una mujer no es considerada digna de realizar ciertas formas de vida, como ser guerrera. Desde entonces ella tiene un odio desmedido a todos los hombres, hace poco cuando Kumari Dono nos reunio, Esther y Ganesh se volvieron... muy... cercanas... y ahora que supo de su muerte puedo imaginar que desea matarte a como de lugar.
-Afhrodite- Vaya, una historia trágica. Sabes mucho, Pequeña flor... ¿Qué hay de tu historia? ¿me la contarías algún día?
El sueco apretó con mas fuerza el rostro de la chica y con la otra mano aprisiono uno de sus brazos con rudeza y desconsideración. La joven asiática forcejeo para escapar del caballero de Athena, pero a este parecía gustarle mas que la chica opusiera resistencia.
-Afhrodite- ¿No me lo dirás?
Sonreía sádicamente mirando fijamente a la de Merope que en respuesta comenzó a formar llamas en ambas manos, acertandole un golpe en el pecho causandole una amplia y dolosa quemadura en forma de pincelada que atravesaba de lado a lado ambos pectorales, al santo de piscis le pareció sumamente excitante la fiereza de la guerrera pléyade así que soltó el rostro de la mujer y con un rápido movimiento de su cuerpo la tumbó en el suelo quedando el sobre Hanako aprisionando con una de sus manos ambas muñecas por arriba de la cabeza de ella y con la otra nuevamente tomandola del cuello.
Los labios del sueco fueron a parar a la boca de Hanako quien quedó totalmente petrificada con el contacto, su lengua exploraba toda su boca y la mano que estaba en su garganta recorrió sin pudor el pecho de ella rosando sus senos hasta abrirse paso por las sedas de su kimono para tocar su entrepierna.
-Afjrodite- Eres fascinante pequeña flor...
Las llamas azules se apagaron en las blancas manos de Hanako arrancándole una sonrisa triunfal al de piscis, quien mordió sensualmente el labio inferior de la chica mientras apartaba las estorbosas sedas del complicado ropaje. Ella se retorcía tratando de liberarse de su captor al saber lo que este pretendía hacerle. El embriagante aroma a rosas que despedía el hombre la iban debilitando poco a poco impidiendo que pudiese elevar su cosmos, tal y como ocurrió en la alcoba con Esther.
-Afhrodite- Eso... lucha, resístete...
A pesar de todo Hanako no gritaba ni pedía ayuda, luchaba con las pocas fuerzas que le quedaban a pesar que su hermoso rostro mostraba miedo.
-Afjrodite- ¿Por que no pides ayuda?
El miembro del de piscis ya estaba siendo liberado de entre sus ropas posicionándose a la fuerza en la entrada del virginal cuerpo de la nipona.
-Afrodita- Oh vaya... si... tu código de honor, seria muy humillante que alguien tenga que rescatar a la poderosa Merope de...una violación... Error... grave error... solo consigues excitarme mas...
Le dijo al oído mientras la penetraba lentamente al tiempo que ella fruncía el seño con una mueca de dolor tratando por todos sus medios contener las lagrimas y quejidos. Las caderas del sueco se agitaban con frenesí sin piedad, sin cuidado gruñendo gravemente y apretando sin toscamente las delicadas muñecas de la de la japonesa. Hanako continuaba luchando debajo del cuerpo del santo dorado mientras gemia y se quejaba con agudos y apenas audibles sonidos que encendían aún más al hombre que la poseia sin permiso.
Poco a poco sin poder evitarlo mas, la sometida fue derramando lágrimas lo que enloqueció aún más a Aphrodite que con su mano libre acariciaba los muslos de Hanako quien poco a poco fue relajado los músculos de su cuerpo rodeando con las piernas la cintura del sueco y relajado las manos inmovilizadas por el santo de las rosas entre frenéticos y salvajes besos que propinaba en el cuello de la mujer. Un fuerte gemido de satisfacción sono en el oído derecho de la japonesa seguido de aquella sensación de humedad entre sus piernas...
-Aphodite- entonces...¿tambien vas a querer matarme? Estaré feliz de medirse con la única pléyade que vale la pena.
Susurro en voz baja en el oído de Hanako mientras salía de ella y cerraba su pantalón.
