La noche ya había caído en la exótica tierra de Nepal, Kali miraba nostragicamente por la ventana en dirección a la misteriosa cueva donde se hallaba la flor del Eliseo. Aisha la resguardaba fielmente a pocos metros de distancia. La joven de ojos violeta miraba intrigada a la pequeña diosa quien quien continuaba absorta observando el paisaje en penumbras.

-Aisha- Dya Maiju… esta bien?

Kali miro hacia su guardiana con una leve sonrisa

-Kali- No... No mi fiel Electra... tengo dudas y tengo miedo.

-Aisha- Dya Maiju… puedo preguntarle algo?

La niña asintió con la cabeza para que la guerrera del rayo le expusiera su duda.

-Aisha- ¿Por que le ha dado esas preciadas gotas al santo de Piscis? ¿Qué no confía en nosotras que somos sus guardianas?

La pequeña podía leer lo herida que se sentía la de Electra por no ser considerada de su confianza para cuidar tal tesoro.

-Kali- Porque a èl nadie podría quitárselas...

-Aisha- Hanako podría haberlas resguardado, ella seguramente es tan fuerte como ese hombre, inclusive mas

Era muy raro que la guerrera de los ojos violeta aceptara la superioridad de la de Merope, pero dadas las cicunstancias hablo con tal sinceridad que las palabras le salieron solas.

-Kali- Porque de Hanako es de quien mas debemos tener cuiado, Aisha...

-Aisha- ¿acaso Hanako también es una traidora?

-Kali- Si te refieres que Hanako es capaz de hacernos daño o poner en riesgo este lugar te equivocas... Hanako es la guerrera mas honorable que he conocido... solo que lo que piensa hacer con el elixhir es una completa ofensa a los dioses... es algo verdaderamente terrible

-Aisha- Dya Maiju… no entiendo, por favor confie en mi...

La mensajera niña sonrio hacia su mas fiel guerrera y le tomo ambas manos.

-Kali-El néctar de la Estrella de los Eliseos es un raro tesoro entregado a nuestro pueblo para nunca ser usado para la maldad, una gota cura cualquier enfermedad, dos gotas darán juventud eterna y tres gotas harán un veneno para matar hasta un dios.

-Aisha- Dya Maiju! como pudo darle semejante tesoro a ese moustruo?¡ es capaz de hacer una atrocidad con el!

Kali hizo un ademan para que la de Electra se tranquilizara.

-Kali- Aphridite no tiene intención de matar a ningún dios... si llega a usar el néctar será para que el veneno de su sangre no acabe con su vida.

Aisha abrió los ojos grandes en un gesto de sorpresa.

-Kali- Si... las voces me lo han dicho... El santo de piscis tiene la sangre mas venenosa de todas las generaciones de su legado, tanto que poco a poco su vida se va consumiendo por su toxicidad. El solo desea librarse de esa maldición y regresar a Grecia.

-Aisha- Aun asi, no podemos permitir que un malnacido asi se cure con ese preciado elixir

-Kali- Por ahora necesitamos de el para resguardar las gotas, Dogan pretende entregárselas a Apolo y eso supone un gran problema no solo para nuestro pueblo, Sino para todos. Además para que sean usadas deberán ser activadas por mi cosmos, en la cueva y jamás permitiría que se usaran para algo o alguien maligno

-Aisha- ¿Y Hanako?

-Kali- Aunque las intenciones de Hanako son honorables y justas si logra quitarle las gotas al santo dorado,una gran desgracia se desatara, el orden natural de las cosas será alterado, y no solamente este mundo seria castigado por la ira de los dioses primordiales... de ninguna manera podemos permitir que Hanako se lleve el néctar de la Estrella de los Eliseos.

-Aisha- ¿Llevarselo?¿A donde?

-Kali- A su mundo...

La guerrera de los rizos negros no entendía lo que pasaba, ahora resulta que Hanako era pero no era una enemiga... y pensándolo bien era cierto la japonesa era tan distinta al resto de las guerreras Pléyades... su velocidad, su fuerza, su forma de hablar moverse, actuar no correspondían con su edad, tiempo y rango. Era increíble que pudiese darse el lujo de perdonarle la vida a Albert un santo de plata sumamente poderoso y feroz en batalla, era capaz de seguirle el paso a las grandes velocidades del santo de oro entre muchos otros detalles que se negaba a aceptar para no sentirse inferior a la joven nipona.

-Aisha- Dya Maiju…¿Cuándo activara el néctar de la estrella de los Eliseos?

-Kali- Mañana... mañana en la noche es la fecha que mandan las profesias… debemos estar preparadas, Albert y también Ganesh van a estar esperándonos junto a Dogan. Mi fiel Aisha, me duele tanto que tengas que enfrentarte a tu propio hermano...

-Aisha- No se preocupe Dya Maiju… yo luchare para proteger a este pueblo, a usted.

-Kali-Esta batalla va mas allá de este pueblo, Aisha...debemos... debemos de asegurarnos de que el destino se cumpla, de otra forma alteraremos el destino de la humanidad. Debes confiar en mi, Aisha... pase lo que pase debes confiar en mi... lo he visto si evitamos que las gotas sean usadas incorrectamente Athena lograra salvar este mundo, algunas tragedias no podrán ser evitadas, pero son el precio que se debe pagar para que la mayoría pueda salvarse.

La hermosa guerrera del rayo se arrodillo frente a la Kumari con un puño en el corazón.

-Aisha- Dya Maiju… la seguiré hasta el fin de esta batalla, daré hasta mi vida para que Athena salga triunfante y la humanidad sea salvada.

Mientras tanto en una de las terrazas del palacio Aphrodite contemplaba el obscuro paisaje salpicado por las estrellas. Muchas, muchas veces había cometido actos atroces, había asesinado, torturado y engañado, incluso había traicionado a la diosa a la que debía servir, actos que no le causaban mayor pesar puesto que creía firmemente que el fuerte debía de gobernar sobre los débiles, esa era la justicia, la ley del mas fuerte. Sin embargo no podía encontrar tranquilidad en su alma, esa sensación de culpabilidad le carcomía el alma y los nervios.

En su mente flashaban las imágenes del bello rostro de Hanako con expresión de terror luchando por defenderse, su cabello azabache desparramado sobre el húmedo césped de los jardines y sus dulces labios como pétalos de una fresca flor de cerezo. Su aroma, su inocencia, toda ella le hacían perder el control, de alguna manera se sentía arrepentido de haberla tomado de tal forma... aunque no podía negar que estando dentro de su cuerpo sintió mas que placer, sintió que algo mas complejo lo invadia de pies a cabeza, una especie de locura y obsesión que jamás había experimentado con nada ni nadie.

-Aphrodite- Hanako de Merope… mi pequeña flor...

Suspiro pesadamente mientras tocaba la ampliq quemadura que escocia en su pecho. Muy pocas personas habían tenido el poder de haberle tocado en una batalla, y nadie, nadie le había herido de tal forma la joven japonesa en verdad era fuerte no pudo evitar que su llama le alcanzara si no fuera por la escencia de las rosas diabólicas reales de ninguna forma hubiera podido tomarla por la fuerza. Paso sus dedos a lo largo de la zona ampollada deseando, anhelando que la quemadura dejara una cicatriz, una marca de la fascinante guerrera de orgullo samurái. Repasaba una y otra ves los hechos sin olvidar ese ultimo instante donde ella le rodeo con sus piernas...

Recorrió suavemente la trayectoria de la quemadura soportando estoicamente el ardiente dolor mientras decía para si mismo.

-Aphrodite- Quedate conmigo pequeña florecita... toma mi vida... o quédate en mi piel...