La noche paso rápida como un suspiro, la hora en la que el néctar de los Eliseos debía ser ativado se acercaba poco a poco. Aisha y Samira custodiaban a la Kumari que rezaba frente aun gran altar de Buda en uno de los patios del su frente a uno de los pies de la gran estatua la pequeña rogaba por consejo del gran maestro Siddartha, para que este le ayudara a tomar la mejor decisión. Las guerreras Pléyades miraban hacia los alrededores en busca de algún enemigo que pudiese atacar girando sus cuerpos lentamente en todas direcciones mientras sus armaduras destellaban luces plateadas y de diversos colores. Samira mantenía su mano izquierda expectante sobre el mango de su Sable y Aisha destellaba chispas de ambos puños. La situación era tensa, muy tensa... Todos parecían ser enemigos, es agotador no tener nadie en quien confiar de verdad.

Dentro del Palacio el santo de Piscis comia una manzana roja mientras apreciaba los exquisitos vitrales del palacio. llevaba puesta una túnica color purpura abierta de la parte delantera que exponia la enorme quemadura de su pecho, además del pequeño frasco dorado que colgaba de su cuello. Paseaba nerviosamente de un lado a otro tambolierando los dedos sobre los finos muebles de madera y de vez en cuando apretando los puños con impotencia y desesperación.

-Hanako- La espera esta a punto de acabar, caballero

El santo de Piscis giro su rostro hacia el origen de esa serena voz haciendo flotar en el aire su abundante y azulada cabellera. La joven Japonesa vestia nuevamente uno de sus kimonos, como siempre en tonos escarlata, pero ese dia, llevaba puesto uno en especial bello, espectacular... con unos hermosos bordados en oro y plata y su bello tocado de piedras verdes. Al santo de Piscis casi se le para el pulso al ver a la joven oriental iluminada plácidamente por la luz solar que la besaba en finos rayos multicolores. Su corazón latia frenéticamente, sus manos comenzaron a sudar y su alma le punzaba molestamente por la culpa.

-Hanako- Esta noche...

La joven Japonesa avanzaba elegantemente acercándose cada vez mas al caballero de las rosas hasta quedar a una distancia de solo unos pasos, mirando con interés la línea ampollada que trazaba la blanca piel del perfecto pecho del sueco.

-Aphrodite- No... No fue una venganza por esto...

-Hanako- Seguramente dejara una marca

-Aphrodite- No tan profunda y dolorosa como la que te he dejado a ti.

La chica avanzo lentamente su pequeña mano hasta el pecho del santo de Athena delineando con sus dedos los bordes de la quemadura.

-Aphrodite- Después de todo, es una marca que deseo nunca se borre...

La mujer levanto levemente su rostro encarando las preciosas facciones del sueco quien comenzó a respirar pesadamente por la cercanía de la elegante nipona.

-Aphrodite- Pequeña flor...

Ella instintivamente se colgó del cuello del sueco para besar desesperadamente sus labios, Aphrodite no daba crédito a lo que sucedia, ella debería odiarlo, es mas, el mismo se odiaba por lo que había hecho, sin embargo recibia como recompensa el beso mas apasionado y sorpresivo que había tenido en toda su vida. Instintivamente rodeo con sus brazos a la joven para acercarla a su cuerpo hundiendo sus finos y blancos dedos entre las negras y brillantes hebras de la larga cola de caballo de la guerrera de Merope, mientras ella continuaba acariciando la amplia línea de ampollas en el pecho del de los ojos celestes.

-Aphrodite- Eres todo un misterio pequeña flor, jamás crei que en este mundo existiera una mujer tan fascinante como tu...

La Nipona continuaba seria aunque con respiraciones entrecortadas mirando fijamente al santo de Piscis mientras con sus manos deslizó hacia ambos lados la túnica morada que cubría la ancha espalda del sueco.

-Aphrodite- No... no tienes que sufrir mas por mi causa, si esto es lo que quieres te lo entrego voluntariamente y si quieres venganza mi vida también te la doy.

Dijo el santo de las rosas arrancando de un tirón la cinta que rodeaba su cuello en la que colgaba el frasco dorado con el néctar de la flor milagrosa, y de un movimiento suave y elegante lo colocò en una de las manos de la guerrera de Merope. Ella sorprendida por las palabras y acciones del sueco frunció levemente el seño mientras miraba brillar el diminuto frasco dorado en la palma de su mano derecha, y luego mirò nuevamente el rostro del apuesto santo de oro que la tenia firmemente sujeta entre sus musculosos brazos. Sonrio levemente y coloco el néctar sobre una mesita cercana a donde se encontraban y continuó besando los labios del hermoso caballero dorado, quien no pudo resistir mas ante los divinos y suaves toques de la japonesa alternados con el roce de la herida en su pecho contra las suaves sedas del espectacular kimono carmesí que Hanako lucia tan bella y elegantemente.

Sus manos, su cuerpo clamaban por arrancarle nuevamente cada prenda, cada suspiro y cada respiración a esa extraordinara y misteriosa mujer que para Aphrodite cumplia maravillosamente cada una de las cualidades que el admiraba: Belleza, elegancia, poder y misterio... tal vez esa ultima cualidad era la que le exitaba tanto, la que hacia que sus entrañas ardieran clamando por ella, desde que la sintió luchando en la obscuridad con el santo de plata algo de ella se le había metido en las venas y ahora ya no había marcha atrás.

Con desesperación las manos del sueco desataron los complicados nudos de Obiage pero esta vez sin tener resistencia departe de Hanako, al contrario, se sentía alentado a hacerlo por el camino de besos que ella trazaba por su cuello y pectorales, una vez descifrada la compleja atadura dejo caer la larga tira de tela en el piso para dedicarse a retirar cada capa de finas sedas que componen la bella indumentaria tradicional de la joven guerrera, cada prenda le causaba una fascinación inexplicable como si se tratase de los pétalos superpuestos de una rosa siendo retirados para llegar al dorado y fragante corazón oculto por la sedosa y colorida corola. Cuando por fin logrò despojar a la nipona de la ultima prenda, el santo de oro quedo maravillado ante la pálida piel de la chica y su delicada y bella figura logrando que bajo su pantalón su miembro clamara por ser liberado.

Ella colocò sus manos en el botón del pantalón del sueco sin embargo temblaba frenéticamente sin poder siquiera descifrar el simple mecanismo de la prenda.

-Aphrodite- ¿Tienes miedo?

-Hanako- ¿Que seria de nuestras vidas si no sintiéramos miedo de vez en cuando? el miedo me ha traido aquí, por el miedo sigo viva y por el miedo es que lucho. Tu... ¿nunca tienes temor, caballero?

-Aphrodite- Todo el tiempo, mi pequeña flor... pero si no existieran temores que superar no habría victorias que saborear ni cosa alguna que valiese la pena

El hombre poco a poco se despojò de las ultimas prendas que cubrían su cuerpo abrazando fuertemente a la joven de cabello negro que tenia frente a èl, rápidamente se colocaron en uno de los esplendidos sillones del lugar para continuar con el efusivo intercambio de besos y caricias hasta que instintivamente nuevamente el sueco se posiciono por encima del cuerpo de la japonesa, pero esta vez era él quien temblaba entre los brazos de ella. ¡Que dulce venganza, ella le había propinado!. El orgulloso Aphrodite de Piscis temblaba de deseo por el toque de una mujer.

Indeciso y temeroso ante las discretas reacciones de la portadora de las llamas azules se mantenía expectante justo a la entrada de su cuerpo con sus celestes orbes mirando los profundos ojos negros de Hanako que tendida sobre el brillante tapiz escarlata del sofá le regalaban la mas sensual y exótica belleza admirada por los ojos del santo de Athena.

Ella bajò sus manos desde los hombros del sueco hasta sus caderas recorriendo cada uno de los bien trabajados músculos de su espalda, cuando por fin llego a las firmes caderas del sueco las presiono acercándolas a si misma invitándole a nuevamente entrar a su cuerpo haciendo que el de cabello celeste suspirara pesadamente ante el electrizante y húmedo contacto en su sexo. Nuevamente tal y como la noche anterior Hanako rodeo la cintura de Aphrodite con sus piernas apretándolo mas a su cuerpo haciendo que este se clavara mas profundo en su interior provocándole un increíble placer que le arrebato un discreto gemido mientras su espalda se arqueaba involuntariamente.

El santo de piscis se inclinò mas hacia su adorada Hanako pegando su herido pecho a los senos de ella uniendo sus boca nuevamente un húmedo y sensual beso que se prolongo por varios minutos solo interrumpidos por los movimientos de sus cuerpos por el choque frenético de sus caderas. Las manos de Hanako jugueteaban con el celeste cabello del santo de las rosas mientras las manos de Aphrodite se aferraban a los glúteos de la japonesa acercándolos mas a su cuerpo con el fin de conseguir una penetración aun mas profunda, ambos habían perdido completamente el control,la noción del tiempo, tanto que olvidaron el porque se encontraban en ese lugar sus respetivos objetivos y ambiciones, en el mundo no existía nadie mas que el uno para el otro, no había pasado, no había futuro, solo las mágicas sensaciones de mutua necesidad que se tenían el uno por el otro.

De repente, un estallido de calor se apodero de ambos amantes incrédulos de lo que pasaba y sentí ese breve instante de entrega. Y al haber terminado todo permanecieron fuertemente abrazados por algunos minutos, en silencio... había tantos secretos, tantos misterios que las palabras podrían develar cosas que jamás quisieran escuchar, por eso dejaron que sus corazones hablaran su propia lengua por breves instantes hasta que decidieron romper el abrazo.

-Aphrodite- ¿Te arrepientes?...

-Hanako- No...

-Aphrodite- Yo si... no debi...

Ella tomo ls piezas de su ropaje y se cubrió con ellas aunque sin colocar las partes de forma correcta.

-Hanako- Mi vida no se caracteriza por tener buenos comienzos, pero de alguna forma también deseaba que todo esto ocurriese... es difícil de explicar, pero lo que siento es inevitable y no tiene remedio...

El santo de oro Miraba intrigado a la preciosa chica que tenia a su lado, ese extraño sentimiento que le escocia en la piel y en el alma era algo que le conmovia hasta la medula.

-Aphrodite- Esta noche todo terminará... Las ayudare a proteger el néctar y una vez que todo haya acabado me ire de aquí.

-Hanako- No usaras el néctar de la flor de los elíseos.

El santo de oro sonrió irónicamente mientras se colocaba nuevamente la túnica morada que estaba tirada en el piso.

-Aphrodite- No, fui enviado a buscar la cabeza de Athena. Kali no es Athena, así que ya no tengo nada que hacer en este lugar...

-Hanako- Y las gotas...

-Aphrodite- Debo admitir que me sentí tentado a usarlas en mi beneficio, sin embargo...

Tomo el rostro de la nipona en su mano derecha acariciando con sus dedos la aterciopelada piel.

-Aphrodite- Cuando el momento llegue, el néctar te lo entregare a ti, mi pequeña flor... solo tu tienes el poder para decidir adecuadamente que hacer con ese objeto. Confió que tu poder traerá justicia verdadera.

Besó por ultima vez los rosados labios de Hanako y desapareció por una de las puertas llevándose consigo el pequeño frasco con las gotas de la estrella de los Eliseos.