El atardecer comenzó a colorear de melocotón y dorado el cielo de la lejana población de Nepal. Kali se fue internando entre la exuberate vegetación rumbo a la extraña cueva de la profesia, su carita infantil denotaba serenidad y gran valor tratando de mirar hacia adelante mientras se aferraba a la brillante armadura de Samira de Alcione quien se guía muy de cerca a Aisha y al Santo de oro que caminaban unos metros delante de ellas y al final del contingente la guerrera de las llamas azules vistiendo su negra armadura sobrepuesta a las sedas rojas de su ropaje tradicional.
Cuando por fin llegaron a la mítica cueva entraron cuidadosamente hasta dar con el misterioso manantial. La planta que se enredaba a la bella estatua ya había perdido todas sus flores por lo que aquel fragante aroma de la primera vez brillaba por su triste ausencia.
Aisha extendió una bella alfombra multicolor para que la Kumari bajara sin tocar el piso, y una vez posada sobre ella se sentó en posición de loto mirando de frente al místico manantial.
-Kali- Ahora solo debemos esperar... cuando los rayos de la luna toquen la cabeza de la estatua será el momento de activar el néctar. Deben saber que solo se pueden usar tres gotas y en una sola persona o deidad cada 300 años...
-Aisha- Dya Maiju... ya sabe usted en quien va utilizar ese preciado don
La niña sonrio alegremente mirando a la de la cabellera alborotada.
-Kali- En realidad los dioses ya lo han hecho por mi, solo debemos asegurarnos que su voluntad se cumpla...
Hanako se mantenia de pie cerca de la orilla del manantial a varios metros de la Kumari apenas visible por los llamativos colores de su kimono completamente abierto para permitirle libre movimiento de sus piernas santo de oro continuaba cerca del grupo de Kali con las otras dos pleyades sin embargo sus ojos no abandonaban la elegante figura de la guerrera de Merope.
-Samira- Dya Maiju... necesita usted las gotas del elíseo
El santo de Piscis salió de su ensoñación con estas ultimas palabras sacando de entre su pechera el pequeño frasco con el milagroso liquido que guardaba.
-Kali- No.. no... no es necesario que me lo entregues aun, caballero. Prefiero que sigas resguardándolo como hasta ahora.
Poco a poco los escasos rayos de sol se fuern extinguiendo hasta que por algunos instantes la obscuridad se apodero del lugar y poco a poco la luz de la luna fue penetrando por las finas rendijas de la cueva, materializándose en platedos rayos que atravesaban el lugar.
-Kali- Ya están cerca... es ahora donde se decidirá todo.
El cosmos del santo de orion se acecaba a gran velocidad junto al de Ganesh que emanaba una hostilidad terrorífica, pero en esta ocasión eran diferentes, se podían sentir mas grandes poderosos y agresivos que la ultima vez.
Como una ráfaga de viento un golpe trajo consigo un enorme bulto que se estrello en el herido costado de Aisha, cue tan rápido que no logro anticiparlo, siendo lanzada varios metros de donde se encontraba. No era mas que el enorme perro negro que acompañaba a su hermano, el santo plateado de Orion. Sus enormes colmillos brillaban con la escasa luz de luna que se metia por las grietas del la cueva mientras la guerrera de los trueños le acerto un golpe en la parte lateral del cráneo a la bestia para evitar ser atrapada por las horribles fauses.
Samira y Aphrodite se colocaron rápidamente en posición de ataque frente a la alfombra donde estaba Kali, y en un instante la onda expansiva de un golpe se hizo sentir a varios metros de distancia. Ese era Albert que nuevamente se había abalanzado en contra de Hanako lanzando fatales estocadas que la guerrera esquvaba grácilmente y devolviendo uno que otro golpe al santo de plata.
Samira se apresuro a ayudar a la de los ojos violeta girando hábilmente el gran sable que empuñaba con su mano izquierda logrando hacerle unos cortes al moustruoso animal que presionaba a su compañera para que por fin la liberara del peligro de ser herida por esos filosos dientes. Por ultimo Ganesh salio disparada de entre las rocas emanando una siniestra aura verde a su alrededor sus garras destellaban fantasmales llamas verdes agitándose con fura tratando de alcanzar al santo de oro que también sin ningún problema continuaba evitando los ataques de la guerrera de Asterope.
El santo de oro empuño varias rosas azules entre sus dedos y con movimientos rapidos y elegantes las lanzo a su alrededor con una increíble presicion. dejando clavados contra los muros de la cueva a Ganesh y al moustruoso perro negro del santo de orion. Sin embargo El santo de plata continuaba en ileso e intercambiando golpes con la hábil japonesa de la armadura negra.
Ganesh quien se encontraba totalmente inmovilizada atravesada por los filosos trallos de las dragger roses respiraba con dificultad llorando de rabia y frustracon de no poder siquiera herir al maldito santo dorado que le había arrancado su dignidad y a su amada Esther.
-Aphrodite- Estas derrotada, mujer
-Ganesh- Nunca... nunca me rendiré ante un bastardo como tu! prefiero que me mates a saberme derrotada por alguien como tu!
El impulso asesiono del mortifero caballero de las rosas le empujaba casi inconsientemente a rematar lenta y dolorosamente a la encapuchada con una nuve de sus rosas pirañas, pero cuando estuvo a punto de soltar la ráfaga de mortíferas flores la fina voz de Hanako que resonaba entre ecos de la cueva lo detuvo de efectuar la cruel acción que pretendía
-Hanako- Jin!... Aphrodite!
El santo dorado giro su rostro hacia donde la bella guerrera de las llamas combatía espectacularmente con el hábil santo de plata mientras le recitaba rítmicamente al son de su hábiles movimientos.
El caballero dorado desaparecio de su mano el ramillete de rosas pirañas mientras recitaba para el y la joven japonesa el tercer preceptp del código samurái.
-Aphrodite- Jin... Piedad...
La joven nipona sonrio conmovida con el acto del sueco... la muerte siempre es una tragedia, aun siendo la de un enemigo, siempre es honorable evitar el mayor numero de muertes posibles. El santo de plata reía divertido ante la conversación del santo de Athena con la guerrera de Merope, y sin darse a esperar demasiado se inmiscuyo en la conversación.
-Albert- Vaya... conque ahora le das lecciones de Bushido a ese malnacido
La japonesa se limitaba a esquivar las estocadas del santo de plata mientras lo miraba con recelo.
-Hanako- Es curioso que te atrevas a enseñar la senda del guerrero cuando tu sola existencia es una ofensa para el honor de los samurái...
El santo de oro sintió hervir su sangre por las viperinas palabras del joven de ojos violeta.
-Albert- ¡Hanako! dime tu... ¿que dicta el séptimo precepto?
La chica evidentemente cambio la expresión serena de su rostro por un gesto de furia con el santo de plata, dejo de defenderse y finalmente encendió las llamas azules de sus manos y comenzó a atacar.
Samira y Aisha finalmente habían contenido a la terrible bestia negra neutralizándolo con un relámpago que le atravesó uno de los costados y con un veloz movimiento de sable Samira consiguió decapitar al enorme perro negro del hermano de la de Electra. Obviamente alcanzaron a escuchar las sarcásticas palabras del santo de Orión y notaron el repentino cambio de movimientos de la poderosa guerrera de Merope.
-Albert- Anda, maldita bruja ¡Respóndeme! ¿Cuál es el ultimo de los siete principio del código Bushido?
Mientras todos los ocupantes de la cueva observaban atentamente el combate de Orión contra Hanako, Ganesh se fue liberando poco a poco de las infames rosas azules que atravesaban su cuerpo poco a poco recuperando su movilidad mientras el Santo de Oro no perdía detalle de la batalla que se desarrollaba a algunos metros de distancia.
Ganesh nuevamente saco sus afiladas garras y se abalanzó contra el santo de oro con el único fin de arrancarle la cabeza con un zarpazo sin embargo la sombra de una figura grácil y ligera le impidió acercarse al hombre. Miro fijamente su abdomen para encontrarse con el enorme sable de Samira atravesándola de lado a lado y sus bellos ojos azules llameando con su ardiente cosmos.
-Samira- Lo siento Ganesh, pero yo no sigo los preceptos del samurái...
El santo de oro miro sorprendido la escena, no esperaba que la espadachina zurda de alcine le pudiera ayudar en ese momento de distracción.
-Samira- No lo malinterpretes, Caballero. Yo solamente deseo que el destino que nuestra mensajera ha visto sea cumplido.
Nuevamente Aphrodite regreso su atención a la batalla que se desarrollaba mientras sentía incendiarse poco a poco el cosmos de Kali, estaba sucediendo, la Kumari activaría por fin el néctar de la flor de los Eliseos, su vicoria estaba ya asegurada, eran cuatro contra uno y evidentemente Hanako estaba conteniendo sus fuerzas con el enfurecido santo de plata.
-Hanako- Makoto...
-Albert- Dilo mas fuerte, que no te escucharon todos...
-Hanako- Makoto...
-Albert- Mensajera de Patan, Guerreras Pléyades y tu también Santo Dorado de Piscis... espero que escuchen bien las hipócritas palabras de esta serpiente...
Enfurecida Hanako lanzo de una vez por todas su remolino de fuego para hacer callar al santo de Orion.
-Hanako- ¡Hi no uzumaki!
El remolino de fuego nuevamente rodeo al santo plateado quien escapo grácilmente por el ojo de aquel huracán de llamas.
-Albert- Te olvidas que la misma técnica no funciona dos veces con un caballero.
El gemelo de Aisha se lanzo con furia contra Hanako lanzándole una técnica muy parecida a la de su hermana.
-Albert- ¡Tunder Dash!
Una gran ola de rayos eléctricos golpearon a la del kimono rojo haciéndola caer de detrás de ella el santo de orión para darle un golpe a traición con su espada.
-Albert- Makoto... Makoto significa VERDAD... maldita impostora
Todos los presentes no daban crédito a las palabras del santo de plata, en un rápido movimiento el santo de oro se interpuso entre la espada de Albert y el cuello de Hanako deteniendo el ataque del de Orión con una sola mano.
El santo de plata sonrió triunfal al tener a un par de pasos al poderoso Piscis con el precioso frasco del veneno de los dioses brillando con lus propia al ser ser activado en esos momentos con el cosmos de la Kumari que oraba a orillas del sagrado manantial.
-Albert- Caiste...
El santo de piscis fruncio el seño ante el omentario del santo platedo que aunque hábil en batalla seguía siendo muy inferior a el. pero repentinamente de su mano izquierda noto como una luz dorada salía disparada directamente ante su rostro para evitarle Aphrodite solto la espada de Albert y detuvo la extraña cosa con su mano derecha, sin embargo lo que le arrojo no parecía en si un ataque o un objeto pues se movia aleatoriamente aleteando muy ceca de su cara produciéndole un agudo dolor en la parte izquierda de su pecho.
Con un rápido movimiento de sus brazos golpeo a la extraña criatura de luz dorada y regio del sueño a Hanako alejándose del santo de orion una buena distancia.
-Aphrodite- Que fue eso?
-Albert- El cuervo de Apolo... Sin su ayuda seria imposible que nos enfrentaramos a un santo de oro y a esa mujer...
El santo de piscis sintió como su cuerpo comenzaba a entumecerse y a perder lentamente las fuerzas de su cosmos.
-Albert- El dios Apolo mando a su cuervo para que atacara uno de tus puntos vitales que serbia como un filtro para las toxinas de tu sangre, ahora sin ese filtro la toxicidad de tu propia sangre acabara contigo, Santo de Piscis...
Hanako no deba crédito a lo que acababa de ocurrir, el dios Apolo habia mandado un sucio truco para debilitar al poderoso santo de oro, y asi apoderarse del néctar de la estrella de los Eliseos.
Aphrodite arrodillado ante la debilidad que le causaba su propia toxicidad busco la cinta que ataba el pequeño frasco del precioso néctar de la flor sin tener éxito, el extraño cuervo dorado no solo lo había herido de muerte sino también le había quitado las gotas.
La joven Japonesa trato de auxiliar a su amado santo de oro pero este le indico con un ademan de su mano que no se acercara, ya que como sangraba de la herida que le había producido el picotazo del cuervo el veneno de su sangre podía afectar a la guerrera de Merope si se acercaba a el. De pronto se materializo de una de esquina el siniestro sacerdote Dogan extendiendo la mano para que Albert le entregara el frasco. Kali continuaba orando mientras las inscripciones luminosas en su piel iban ascendiendo desde sus pies poco a poco cubriendo toda la superficie de su cuerpo, era muy importante que el ritual se completara para que el precioso elixir se activara exitosamente.
El agua del manantial comenzó a arremolinarse tal como la ultima vez y la Kumari comenzó a flotar a poca distancia del piso ante los ojos sorprendidos de las Pléyades sobrevivientes. Aisha al notar que Dogan se había apoderado el pequeño frasco se abalanzo en contra del sacerdote traidor en forma de relámpago en un intento desesperado de recuperar el néctar sin embargo su hermano menor le cerro el paso chocando ambos gemelos en una explosión de chispas y centellas eléctricas.
Aphrodite poco a poco fue perdiendo sus cinco sentidos por la acción de su propio veneno en su sistema nervioso, nublando su conciencia lentamente mientras caia pesadamente en el suelo.
Al ver severamente herido al caballero de Athena la japonesa fue presa de la ira y se lanzo con todo su poder contra el pérfido sacerdote de túnica blanca quien emanaba un cosmos sumamente poderoso, un cosmos casi divino que detuvo en seco la embestida de la poderosa guerrera de las llamas azules. rompiendo en pequeños trozos la armadura de Merope.
-Albert- Hermana... por que los defiendes? acaso no sabes tu que ese hombre es cómplice de terribles crímenes en el santuario en Grecia?
Aisha resoplaba ante las provocaciones de su hermano. Aunque tenia razón, había jurado confiar en las ordenes de la Kumari, y ella le ordeno expresamente que Aphrodite de Piscis debería tener el néctar de los Elíseos una vez completado el Ritual.
-Aisha- Hanako! quitale el néctar a Dogan!
-Albert- Acaso estas loca! Hanako es aun peor que el santo de Piscis... no es mas que una impostora, una hipócrita que se jacta del honor de los samurái cuando ha profanado uno de los valores mas importantes!
-Aisha- Callate Albert, tu también estas traicionando a Athena
La lucha de los gemelos era tan pareja que seria imposible decir quien de los dos podría vencer al otro...
La guerrera de Merope se puso poco a poco en pie mirando con preocupación al inconsciente santo de piscis que respiraba irregularmente presa de la toxicidad de su propia sangre.
-Albert- HANAKO! Dile de una vez por todas a todos quien eres o lo hare yo... si tienes un dejo de honor revela tu verdadera identidad y muere con honor!
Le dijo el santo de Orion mientras Dogan preparaba un ataque entre sus manos.
El sacerdote Dogan emanaba una presencia no humana, su cosmos era tan sobrenatural y divino como el de Kali, pero a diferencia de este el cosmos que emanaba el anciano inspiraba peligro, el terror de enfrentarse al poder de un dios... Apolo había elegido como representante en la tierra al malvado Dogan así que a través de el se apoderaría de las gotas del Eliseo para matar a Athena aprovechando que aun se encontraba lejos del santuario desprotegida y sin siquiera haber despertado en lo absoluto. En cambio Apolo una parte de su espíritu podía manifestarse a través de su representante y una vez de regreso en su totalidad no habría manera de interponerse en su deseo de apoderarse de la tierra.
-Dogan- ¡Mujer! has desafiado las leyes naturales... te has atrevido a cambiar la historia alterando el tiempo y espacio, has desafiado el orden divino de las cosas... deberas ser destruida...
-Hanako- El samurái nace para morir. La muerte no es una maldición a evitar sino el fin natural de toda vida. Estoy lista para morir... Yo no soy la guerrera de Merope...YO SOY HANAKO DE KER...
