N/A: aclaro, no voy a poner muchos duelos, no estoy muy familiarizada aun para hacerlo, sin embargo, intentaré alguna que otra vez.

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Yusei era muy estricto en su rutina diaria. Pero particularmente, los sábados, a diferencia de otros estudiantes que preferían hacer fiestas, salir a caminar por la noche y esas cosas, a él no le gustaban. Prefería descansar los viernes y estar de mejor humor el sábado.

Ya estaba en la arena de duelos. Estaba probando el nuevo simulador que habían traído de Kaiba Corp.; el lugar era una especie de domo gigante, y una enorme pista en el medio, donde se encontraba la división de un duelista y otro.

Le daba paz. Esto le gustaba. Sonría admirado de tanto avance en tecnología, e invertida para la academia, de manera que otros estudiantes puedan progresar académicamente.

Su sueño, después de egresar en la academia, era ir a la liga profesional. Estaba seguro que le faltaba un poco para estar listo, pero sabía que lo haría, y que daría su mejor esfuerzo, pero no solo por el dinero, sino porque lo hacía feliz. También lo hacía feliz ayudar a otros estudiantes que necesitaban subir el rango, y Pegasus muchas veces le había planteado el hecho de egresarse y continuar como profesor para dar clases, pero él se negó, decía que tenía mucho tiempo para dedicarse a eso, primero quería estar a la altura de duelistas profesionales.

Entre sus manos, llevaba una especie de tablet, de color gris. En la parte superior llevaba el logo de Kaiba Corp. Éste nuevo sistema iba a hacer más fácil el tipo de prácticas o de duelos, pues era más eficiente a decir verdad.

Modo de prueba— le susurró el aparato.

Modo de prueba, activado— fue la repuesta de la Tablet.

Unos enormes reflectores se movieron en dirección a la pista de duelos. Una holografía apareció con la leyenda "modo de prueba".

Yusei sonrió, su corazón palpitaba a más no poder. Sacó su deck de cartas, y la abrió en forma de abanico. Tomó su carta preferida entre sus dedos, y camino hacia uno de los lados de la pista, activo su disco de duelo.

—Invoco a… Stardust Dragon— declaró, apoyando la carta boca arriba, la imagen imponente y holográfica de un dragón blanco, con algunos detalles en celestes y purpura apareció de su lado de la pista de duelos, y Yusei no podía dejar de mirarlo.

Había peleado tantas veces con él a su lado, y ahora, se veía más grande de lo que ya lo había visto. Cerró los ojos al escuchar un lindo canto en su mente. Era como si lo imagen holográfica fuera real, y se quisiera comunicar con su dueño.

—Es demasiado real — dijo una voz detrás de él, logrando que Yusei se pegará tremendo susto y volteando a ver al dueño de la voz. Judai estaba con una de sus manos su cintura, mientras miraba al enorme dragón fascinado. Era de no creer—. Wow Yusei, ese dragón…, es hermoso. —le alagó, luego miró a su interlocutor, y se dio cuenta que lo había asustado. Un sonrojo tiño sus mejillas—. Lo siento Yusei, no quise asustarte— se acercó al chico para ver si estaba bien.

—No te disculpes— dijo Yusei, devolviéndole la sonrisa y luego se volteó a ver a Stardust. Judai tenía razón, su dragón era… maravilla. No tenía palabras—. Parece real, siento que me quiere decir algo.

—Eso veo — y Yusei volvió a verlo, extrañado por esas palabras. Judai se cruzó de brazos, como si estuviera analizando al monstruo.

— ¡Ah! Apropósito… ¿qué haces tan temprano en éste lugar? —le preguntó sorprendido. Judai no era el tipo de persona que pudiera levantarse temprano, y menos un sábado.

—Etto… —se rascó la nuca, y una pequeña carcajada salió —, es que… — no sabía si contarle o no. Aún estaba un poco resentido con Yusei, sin embargo, él parecía preocupado. Fingió una sonrisa—. No es nada Yusei. Recordé que hoy empezabas a dar las clases, y decidí venir a ver la nueva tecnología. — mintió.

No se lo comió, pero tampoco iba a insistir.

Retiró su carta del campo, y la imagen holográfica de Stardust desapareció. Se hizo a un lado, invitando a Judai a su lado, éste avanzo unos pasos hasta quedar a la altura de Yusei, y el otro chico se puso por detrás del castaño.

—Probemos tus cartas — le dijo cerca de su oído. Judai contuvo la respiración, mientras apuñaban sus manos con fuerza. ¡Qué sensación tan rara que sentía! Todo su ser se estremecía a la cercanía del chico.

Yusei tomó el brazo derecho de Judai, y lo levantó a la altura de pecho del chico. Yuki, obligadamente, miró a su compañero de costado, y el bicolor asintió.

Estaba seguro que sus mejillas lo traicionaron cruelmente mientras se sonrojaba. Sacó una de sus cartas de su deck, y al mirarla, sus ojos brillaron mientras sonreía. Yusei conocía esa carta.

—Invocó a Neos — dijo, y repitió la acción que había hecho Yusei hace un momento atrás. El héroe apareció de manera holográfica, imponente, atractivo. Los dos miraban a la figura, y una vez más, no podían creer lo real que parecía.

Aunque…, Judai si podía creerlo.

Yusei se irguió para verlo mejor.

—Conservaste a Neos — comentó, mientras ponía sus brazos en jarra, sin quitarle la vista a héroe.

—Sí, es la que me regalaste. Nunca me desharía de algo que me hayas regalado — confesó honestamente Judai, haciendo que Yusei sintiera un pinchazo en su pecho. Cerró los ojos, mientras tenía una sonrisa ladina—. ¡Hey, Yusei, tengamos un duelo!— desafió de repente el más pequeños. El bicolor arqueó una ceja.

—De acuerdo, pero no tendré compasión — acepto, tomó su Tablet, mientras de camino a su lugar opuesto a Judai, activaba el modo de duelo.

Modo de duelo, activado.

Yusei llegó a su lugar y activo su disco de duelo.

— ¡Duelo! — declararon los dos, y por encima de ellos, aparecieron de manera holográfica los life points de cada uno.

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El duelo lo había ganado Yusei en cuatro turnos. Y no podía negar en absoluto que Judai era bueno creando estrategias espontáneamente, pero Fudo era mucho mejor, y él lo sabía. Sonrió ante ese hecho.

Judai también podía ser mucho mejor, si se tomará enserio los duelos. En eso, no había cambiado nada.

—Oh... Judai, aún falta una hora para empezar— comentó Yusei mientras ordenaba su mazo y lo guardaba en su estuche especial, caminó cerca de Judai hasta quedar de frente, el bicolor le sonrió —. Sí quieres, podemos ir a la cafetería en lo que esperamos, ¿qué te parece?

— ¡Me encantaría!— exclamó Judai con una sonrisa en sus labios, y los dos salieron de la cafetería.

Una chica de pelo rojo fucsia presenció la salida de los dos chicos. Llevaba la chaqueta de Silfer red, y frunció el ceño al verlos tan juntos. Sin embargo, parecia que esto se iba a poner interesante.

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Cuando Yugi iba a la primaria, sus compañeros le hacían bullying, ya sea por su estilo de peinado, o por su manera de ser. Era demasiado tímido, sin embargo, él no tenía problemas con nadie, y se ponía a llorar cuando alguien lo golpeaba.

Un día, un tipo de nombre Ushio, le dio tremenda golpiza apenas lo vio en el pasillo de la escuela. Había sido así durante varios días.

Yugi no le había dicho a nadie sobre lo que estaba pasando, realmente sentía que podía ser una molestia si lo hacía, y sentía que era mejor dejarlo así, tal vez, Ushio podía cansarse... pero no.

Ushio le daba paliza tras paliza en los momentos que lo veía solo. El más pequeño ya no podía más. Sobre todo cuando se dio cuenta que no podía respirar ni siquiera del dolor, y al parecer, tenía una costilla rota.

Y la última vez que lo estaba por intentar, fue cuando Yugi había ido al baño a vomitar sangre, ya no daba más, sin embargo, el bastardo sin piedad de Ushio apareció detrás de él, cuando Muto estaba frente al lavabo, él sintió que estaba por clavarle el puño en la espalda, y sabía que si eso pasaba, quizá ya no la contaba.

Pero se sorprendió al ver que el puñetazo nunca pero nunca llegó, algo le decía que tenía que voltearse a ver, y cuando lo hizo...

... encontró que una mano sostenía fuertemente el puño. Abrió los ojos como platos...

Atem... — solo pudo pronunciar en estado de shock, no podía creerlo. Atem era el popular de la escuela, el mejor de la escuela por sus notas, y el mejor en los duelos de cartas. Él se estaba preparando para entrar a la Academia, lo sabía, pues los rumores corrían.

Era un chico que no hablaba con mucha gente sin embargo, y Yugi se podía sentir totalmente invisible para él, pero al parecer... ahí estaba su salvador.

Yami, aunque en la escuela le llamaban Atem, apretó más el puño, haciendo gemir de dolor a Ushio en ese momento, lo miró fijamente mientras sus cejas se unian en una línea.

Espero que aprendas a meterte con alguien de tu tamaño, Ushio. —el hombre solo pudo asentir, con tal de que lo soltase.

Asique lo soltó, y el muy cobarde desapareció enseguida. Atem miró a Yugi, y le examinó el rostro, se notaba su mirada preocupada en ese momento. Se mordió la piel de su labio de la impotencia.

«— ¿Te encuentras bien, Yugi? —le preguntó, mientras que con sus manos, delicadamente, le revisaba las heridas. Luego le reviso las costillas, levantándole la chaqueta de la escuela. A Yugi se le formó un gran sonrojo, pero cuando respirar, se le escapó un gemido de dolor.

«Se notaba demasiado su dificultad para recibir oxígeno. Atem chasqueo la lengua—. Tenemos que ir a la enfermería. ¡No puedes estar así Yug!— el corazón del más pequeño se aceleró al escuchar como lo llamó.

No quiero ir —protesto con vergüenza, pero nuevamente la entrada de aire le estaba ganando, abrazándose a sí mismo, mientras cerraba los ojos con fuerza. Atem lo tomó de los hombros.

No tienes opción, debemos ir, de lo contrario, iré a hablar con el director sobre esto, y créeme, tengo influencias, Yugi— amenazó el tricolor más grande, logrando que Yugi apretará su mandíbula. Asintió sin quedarle otra.

Pasó su brazo por su hombro para ayudarlo a caminar hasta la enfermería.

Atem se quedó con él todo el tiempo que estuvieron ahí, lo cuido y ayudo a curar las heridas. La doctora de la escuela, le había dado una orden para hacerse estudios en un hospital, pues se notaba que el chico no podía respirar muy bien, y temía que pudiera ser grave. Además de que lo acorralo para que dijera quien le pegaba de esa forma.

A Yugi no le quedó otra que hacerlo, sin embargo, Atem le prometió cuidarlo siempre. El chico lo acompaño al hospital, y hasta le había pedido permiso al abuelo Salomón para quedarse con él.

No solo eso, Atem aplicó mafia cuando encontró a Ushio solo en la escuela... le había dado una lección para que aprenda que no debe molestar a nadie, ni por el motivo que fuere.

Desde ahí, a Yugi empezaron a tratarlo mejor - o a no tratarlo -, pero al menos, ya no lo molestaban, y pronto, Yugi y Atem se hicieron muy amigos.

El día que Atem partió de la escuela para entrar a la academia, se hicieron la promesa que volverían a verse allí, y Yami le había pedido por favor, entrenase mucho para los duelos de monstruos. Yugi prometió no decepcionarlo.

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Aunque Yami lo había empezado a ignorar al principio de año, y luego de que Wheleer lo haya abusado, empezó a ser cada día más cercano, como desde ese primer día, sin embargo, un sentimiento de culpa brotaba de su conciencia, no quería ser débil, no quería ser siempre la dama en peligro, para ser salvado por él. Y quizá, Atem se sentía culpable con el hecho de que ha estado muy solo.

Sin embargo, Yugi hizo saberle que no tenía ninguna obligación de protegerlo, pero Atem era demasiado terco, asique después de cada clase, iba a buscar a Yugi, que agradecía que siempre estuviera con su amigo Judai.

Ya habían pasado unos cuantos días después de lo de Joey, y por suerte, nadie se había atrevido a hacerlo, pero temía descuidarse.

Y había empezado la clase de tutoría con Yami, pues, se sentía muy cercano de ésta manera también. Aunque él ayudaba a todos, de cierta forma, sentía otro trato para con él.

Una vez que terminó la hora, y mientras Yugi se estaba por retirar, la voz de Yami lo hizo detenerse.

—Yugi, quédate — le pidió en súplica. Él había utilizado otra arena de duelos parecida a la de Yusei. Muto estaba cerca de la puerta cuando todos se hubieran ido, se volteo a verlo y Atem le dio una sonrisa—. Vayamos a almorzar, quiero hablar contigo.

Sintió saltar su corazón de alegría al escuchar esas palabras.

—Sí, está bien— aceptó. Yami terminó de apagar algunos reflectores, y luego salieron, cerró la puerta y caminaron juntos al salón comedor.

— ¿La pasaste bien? — le preguntó seriamente.

—Sí, creo que tengo que practicar más — admitió Yugi algo avergonzado, sintió la mano de Atem en su hombro para tranquilizarle.

—Si necesitas hacerlo, solo me tienes que decir— le guiñó el ojo—. Siempre que pueda ayudarte, lo haré.

Muto sonrió agradecido por las palabras de su amigo, pero lo tenía preocupado el "quiero hablar contigo". Se preguntaba, ¿qué podría ser? ¿Será que hizo algo que le molesto a Yami?

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Al rato de llegar a la mesa, se habían comprado unas hamburguesas mientras almorzaban en silencio. De repente, y después de tanto pensarlo, el tricolor más pequeño se animó a decirlo.

— ¿De qué querías hablar? —le preguntó cuándo le dio un sorbo a su soda. Yami abrió los ojos, como si hubiera recordado eso, asique se tomó su tiempo para acomodar las palabras en su cabeza.

—Quería pedirte perdón— le dijo luego de correr la bandeja de comida hacia un costado, entrelazando sus propias manos. Miraba seriamente al muchacho. Yugi tragó, pensaba que podía ser peor—. Me comporté como un patán al iniciar el año.

—N-no te preocupes, Atem— el chico escondió la mirada mientras empuñaba sus manos por arriba de su regazo. A Yami se le estremeció el cuerpo al escuchar su antiguo nombre.

Solo él lo podía llamar así.

—No era mi intención. Solo quería que estés en el mismo rango, ¡Soy un idiota! —le dijo, ahora era él quién empuñaba sus manos con fuerza, pero las suaves y delicadas manos del tricolor más pequeño lo aliviaron cuando las tomó.

—Ya paso— Yugi le sonrió ampliamente—. No quiero que te sientas así, y daré mi mejor esfuerzo por llegar a tu nivel… —de repente, su sonrisa fue más ladina—, incluso, pienso superarte.

Con esas palabras, lo había conformado, dejando a un Yami más tranquilo y aliviado. Luego de esa charla, continuaron con su almuerzo lo más normal posible.

Pero Atem sentía algo extraño en Yugi…, no sabía que era, pero se iba a encargar de averiguarlo.

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Cuando Yusei terminó, apagó todo y cerró la arena. No se dio cuenta que Judai lo estaba esperando afuera, y se sorprendió al verlo así.

—J-Judai…— solo pudo tartamudear.

— ¿Tienes algo que hacer ahora? —le preguntó algo curioso.

—Etto… —en realidad, Yusei era demasiado aplicado con sus responsabilidades, muy pocas veces estaba de ocio.

Pero entonces, una voz femenina interrumpió la amistosa charla:

—Yusei-sensei, disculpe que lo moleste— una chica de cabello rojo-fucsia con chaqueta roja como la de Judai se acercó a él con algunos libros entre sus brazos—. Sé que ya terminó, pero tengo algunas dudas.

El castaño se decepcionó un poco, al parecer, Yusei estaría ocupado.

—Dame cinco minutos — le manifestó el bicolor a Judai, le sonrió cálidamente. Bueno, no estaba tan decepcionado, pero la chica estaba MUY cerca de su rostro, y algo le punzó en su pecho al verla tan cerca—. Sí claro —le respondió luego a la chica que le estaba sonriendo—, ¿tú eres…?

—Aki, Izayoi Aki— le respondió la chica, parecía que lo estaba haciendo incomodar a Yusei, pues se notaba que el chico intentaba alejarse un poco.

Judai bufó tan fuerte que hasta su fleco voló de su cara, y se puso rojo de… ¿celos?

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Continuará…

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N/A: ¡Perdón la demora en actualizar! Espero que les éste gustando, todo va lento por el momento, pero queda mucho aún por delante.

¿Qué querrá esta chica Aki?

Y si llegaste hasta acá, te agradezco que leas y que comentes, hacerlo me ayuda a continuar.

¡Muchas gracias!

Yuki Kou.