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Sin animo de lucro.
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Lo primero que sintió Bellatrix fue el frio, una corriente helada soplaba con furia y le congelaba la sangre, para su buena fortuna estaba recostada sobre algo cálido, muy cálido, se acurrucó y abrazó a esa cosa que la mantenía tan abrigada y se envolvió entre las telas que la cubrían.
Soñó como cuando era pequeña, Cissy y Andy, Reggie y Siri, todos jugando, escondiéndose y comiendo ranas de chocolate, las cosas eran tan fáciles entonces, tan sencillas. Ojala nunca hubiese tenido que crecer y convertirse en la persona que era, pero eso ya no podía cambiar, tenía que ser una buena esposa y mortifaga para complacer al señor oscuro, ese era su único objetivo, la razón de su vida...
Si, se daba cuenta de que estaba loca y era cruel, ¿pero qué más esperaban?, Andy huyo con un sangre sucia, Cissy terminó casándose con ese narcisista Malfoy y Sirius se convirtió en un traidor a su familia y tradiciones, un Gryffindor que prefería a ese odioso Potter y su grupo de degenerados antes que a ellos.
Solo Regulus seguía la causa y el chico apenas podía conjurar suficiente odio para realizar sus maldiciones.
Ella terminó cargando con toda la responsabilidad, con todo lo que su familia no podía ni quería hacer, era demasiado, demasiado para una joven de tan solo quince con un contrato matrimonial y una reunión con el señor oscuro.
En esos días su señor era menos amable, más volátil e irascible. El cruciatus era algo diario, al igual que las noches…
Olía a hierbas y pergamino, ¿Por qué olía a hierbas y pergamino?, no tenía idea, pero le encantaba, su improvisado colchón subía y bajaba lentamente.
Un par de brazos la envolvieron y ella se hundió en ese abrazo, se sentía bien ser sostenida así, su marido nunca fue un hombre que disfrutase de eso, después de casarse y los primeros intentos por concebir un niño…
Pero pensar en eso dolía demasiado, además, no necesitaba a su marido, el señor oscuro la había tomado en su primera reunión, en una de las habitaciones de la mansión Malfoy antes de consumar su matrimonio, "prima nocte", le había dicho, y ella lo había complacido.
-¿Esto es dormir con alguien que no quiere nada a cambio?- murmuró despacio, sin darse cuenta de que había despertado, estaba oscuro y no tenía su varita.
Se levantó despacio y miro a su alrededor, apenas unas rocas brillantes iluminaban de forma precaria las paredes, -quizás este es el Hades, estaré atrapada aquí por siempre - pensó.
Sin el señor oscuro, esa cámara sumida en las tinieblas era toda la eternidad que le esperaba.
-Por Salazar, mi espalda…- se quejó alguien.
Snape estaba allí, -Severus, ¿también moriste?- ella sacudió su cabeza, era obvio, Snape era un traidor y ella le había fallado a su señor, ¿Qué peor castigo que pasar la eternidad junto a alguien que despreciaba?
-No sé qué de hablas Bella, pero no estamos muertos, ¿y podrías quitarte de encima?, apenas puedo respirar-
Ella se puso de pie y se alejó, -¡accio varita!- grito y en un instante tenía su varita en mano, Snape se había puesto de pie detrás de ella y con un lumus había iluminado la amplia caverna en la que estaban.
Se trataba de un túnel, uno bastante amplio por lo demás, la roca viva de las paredes estaba recubierta de piedras de todos los tamaños, entre ellas una serie de agujeros soplaban de cuando en cuando corrientes de viento, el piso se sentía especialmente húmedo.
Snape no le preguntó nada, tan solo la miró de arriba abajo un par de veces y empezó a esculcar las paredes, a ella le divertía un poco, lo recordaba siendo un chiquillo asustadizo en su primera reunión en la mansión Malfoy, Lucius lo había llevado para presentarlo ante al señor oscuro como la nueva promesa entre los reclutas, un brillante estudiante con la envidiable habilidad de diseñar y modificar hechizos y pociones.
A su marido no le agradó mucho, aunque sí a su cuñado, solo la idea de que resultaba ser un mestizo les impedía socializar con él, para ese entonces ella estaba bastante… complicada con sus propios asuntos, había superado varias cosas, acostumbrándose a otras y así.
Y como no muchos pasaban de saludarla por respeto pero luego desaparecían llevaba gran parte de la noche sin conversar, decidió abordarlo solo para comprobar que Lucius exageraba.
En parte había tenido razón, Snape todavía necesitaba crecer, ese día sin que él lo supiese ella revisó sus recuerdos y vio su pelea con la sangre sucia y como eso le terminó convenciendo para aceptar la invitación.
Pero en cuanto a talento lo tenía, y mucho, de seguirse aplicando llegaría lejos incluso con su desafortunado apellido, después de todo, la causa no discriminaba a aquellos que resultaban útiles, solo a aquellos que siendo inferiores se negaban a someterse a sus mejores.
Sin embargo, lo que guardaba en secreto era la impresión personal de Snape respecto a ella…
-Creo que encontré algo- la llamó el mago apartándose para enseñarle una de las piedras, luego, tocándola con su varita le enseño le indicó su hallazgo.
-Están grabadas con hechizos, iluminación, comunicación, incluso tienen un pequeño escudo contra apariciones y trasladores, alguien dedicó mucho tiempo a diseñar esto-
Ella apenas le prestaba atención, solo quería regresar a su pequeño viaje por los recuerdos y pensar en su señor.
Su señor que torturándola le enseño los más oscuros secretos de la magia.
Su señor que termino corrompiendo su carne, dejándola estéril…
-Una bruja que no puede darme herederos me es completamente inútil, no sé en qué pensaban mis padres al aceptar la proposición de los tuyos- le recriminaba la iracunda voz de su marido.
Día tras día de intentos fallidos solo para descubrir que su útero estaba seco, que aquellas humillantes experiencias habían sido en vano.
-Tenemos que irnos-
Allí estaba Snape nuevamente, de pie frente a ella y con los brazos cruzados, como si pudiese impresionarla con esa pose.
Estaba cansada, decidió concederle algo de tiempo al pocionista, después de todo se había molestado en amortiguar su caída y servir de lecho sin quejarse demasiado, eso era todo un logro para alguien tan desagradable como él que no dudaría en vociferar su molestia por el excesivo contacto físico.
Así fue como Severus Snape la guio, enseñándole como unos rieles se encontraban ocultos en el piso de la caverna, -estoy seguro de que los muggles trabajaron para algún mago construyendo esto, quizás el mismo Grindelwald recorrió estos túneles antes de que el anciano lo detuviera- platicaba el serio maestro de pociones.
Bellatrix se debatía, estaba de luto y tenía que guardar compostura, pero el silencio empezaba a fastidiarla y cosas malas sucedían cuando ella se sentía fastidiada.
-¿Planeas enseñárselo a tus alumnos si es que regresas a Hogwarts?- le preguntó tratando de sonreír, provocando que Snape alzara una ceja como respuesta.
-Soy maestro de pociones, no sé mucho dé historia, de eso se encargará Binns-
Claro, ese era el puesto que el señor oscuro tenía pensado para él, -no me extraña, siempre fuiste hábil con eso de las pociones-
Severus casi sonríe haciéndola bajar sus defensas, poniéndola nerviosa y obligándola a dar una carcajada demente para evitar la incómoda cercanía.
-Se suponía que tomaría el puesto de defensa contra las artes oscuras-
Ella sacudió la cabeza, -ese puesto nunca fue para ti-
Severus frunció el ceño, presintiendo lo planeado por su señor antes de que consiguiera la profecía.
Ella continuó relatándole lo que en verdad había pasado, -veras Snape, el señor tenebroso te necesitaba como espía, pero con las sospechas sobre ti sabía que Dumbledore no te pondría en el puesto de defensa, no esperaba que regresases exitoso de esa entrevista-
Al ver el horror en el rostro del joven pocionista ella continuo, aliviada de hacerle daño al menos con sus palabras y así distraerse, -él estaba bastante decepcionado contigo, pensaba deshacerse de ti eventualmente, si no hubiese sido por esa profecía…-
Vio a Severus tragar saliva, -¿Cómo te enteraste de eso?-
-Me lo comentó una noche después de… entretenerse conmigo- le dijo casualmente.
Severus se quedó en silencio un buen rato, -por eso eras su favorita- le escuchó susurrar.
Bellatrix quería sonreír, pero tenía un sabor amargo en la boca, muchas de las amantes del señor oscuro no sobrevivían más de una noche, no con las cosas que él solía hacerles, así que ella terminó tomando ese lugar con mucha regularidad, con el consentimiento tácito de su marido que con el tiempo había aprendido a estar orgulloso de compartir a su mujer con su señor.
Su compañero mortifago se detuvo a mirarla, de no ser por la cuidada compostura en sus pasos y la manera en que dejaba su rostro libre de sentimientos la fibra de emoción que cruzo por sus ojos no se hubiese notado, pero allí estaba, por un instante algo diferente a apatía y desprecio nubló al oscuro pocionista, algo parecido a la empatía.
-Tenia buen gusto- le dijo Snape antes de seguir andando.
Bellatrix rechino los dientes mientras se sonrojaba, recordando muy bien aquello que el joven Severus había pensado al verla por primera vez.
Quizás fue por el pronunciado escote o el contoneo exagerado que puso en sus pasos, pero a él se le ilumino el rostro cuando le saludo, esculcó su mente, tan solo un vistazo y encontró la pelea con la sangre sucia y a su primo y sus amigos, el odio que el joven Snape sentía en contra del mundo estaba en constante puja contra el amor por la pelirroja.
Por suerte su corazón ya estaba roto, era para mejor, pasaría tarde o temprano al igual que con ella y al menos tendría esa noche, en que la mayor de las hermanas Black volcaba toda su atención en él.
Severus estaba orgulloso de tener su atención en esos días, e incluso lo sorprendió teniendo una que otra fantasía con ella.
Eso hasta que lo encontró en su iniciación, totalmente quebrado, incluso peor que muchos de los nuevos reclutas pero él no fue consumido por la angustia y el dolor, tan solo se puso de pie.
Y ella ya no pudo leerlo.
-Has estado sorprendentemente silenciosa Bella, ¿acaso se acabaron al fin las acusaciones de traición y los insultos?-
Severus Snape se había convertido en un completo bastardo después de su iniciación, uno cuya crueldad no venía de brutalidad cruda y salvajismo, sino de un cuidado exacerbado y complejo de las formas, un ejercicio exacto de dolor en que aplicaba todo su conocimiento, toda su malicia en precisas cantidades, mesurando incluso el odio, tanto, que cualquiera que no le conociese sería incapaz de ver la pasión detrás de su trabajo.
-Aún sigo pensando que eres un traidor Snape, intentaste huir cuando nuestro señor te necesitaba- le recriminó ella, todo con tal de acallar los pensamientos confusos sobre Severus.
Habían llegado por fin a un muro con un portón doble de acero bajo el cual se perdían los rieles.
-¿Por qué intentaste huir?- le preguntó antes de poder detenerse.
El mago examinaba la puerta en busca de maldiciones y hechizos ocultos o cualquier otra trampa que pudiese haber quedado para los intrusos, -como tú lo dijiste soy un traidor, la muerte del señor oscuro me es beneficiosa-
Ella retrocedió, lista para maldecirlo en ese mismo lugar, -dime que no es cierto, dime que mientes Snape-
Él se dio vuelta y su expresión lo confirmaba, no mentía, Snape de verdad se alegraba de la muerte de su señor, aún sin ser el directo causante no hizo nada para detenerlo, para salvarlo, lo dejo perecer como si nada.
-Mientes Snape, sé que estas mintiendo-
Severus le sonrió con crueldad, -claro que no te miento Bella, pero a él, a Lord Voldemort le mentí hasta el final, ¿no me digas que no lo esperabas?, después de todo me has llamado traidor por mucho tiempo, ¿no te alegras de haberlo confirmado?-
Ella sacudía la cabeza, sus mejillas tan rojas como húmedas, su varita temblando, -¡cállate!- le grito mientras su corazón latía salvajemente.
De ser posible la sonrisa de Severus creció aún más, -el mundo mágico por completo estará mejor sin el señor tenebrooso, incluso tú estarás mejor sin su presencia, sin contar a toda la gente que no perderá su vida por el sueño demente de un megalómano-
-¡bombarda máxima!- grito Bellatrix tratando de matar al hombre que abiertamente había insultado a su amo, ningún otro mortifago, ni siquiera los traidores y espías que atrapaban se atrevían a insultar a su señor de esa manera y menos sabiendo las cosas de las que ella era capaz con tal de protegerlo.
La maldición, potente y viciosa hizo explotar parte del muro y destrozó la puerta, dejando cero rastro de Snape, ella jadeaba, sorprendida por su buen trabajo, una infantil carcajada estaba a punto de surgir de su garganta cuando una oscura figura se arrojó sobre ella.
Sudando y acelerada se encontró a si misma de espaldas con el peso del mago sobre su cuerpo, el sostenía sus manos por sobre su cabeza impidiéndole apuntar la varita.
-Y ahora que sabes la verdad, ¿Qué planeas hacer?-
Le escupió en el rostro, de inmediato y sin decir palabra alguna.
Severus no se limpió, pero sus fosas nasales se abrían y cerraban mostrando lo molesto que estaba, -no esperaba algo tan… infantil-
Ella estaba mortificada, el mestizo la había hecho perder el control, no que tuviese mucho de eso, pero se las había arreglado para mantener su temperamento en orden incluso con la pérdida de su señor, no debió haber caído en un truco barato como ese.
-¿No tienes nada que decir?-
Una sonrisa despiadada se apodero de sus labios, puede que Snape ya fuese inmune a muchas de las humillaciones y ofensas habituales, pero recordaba algo, o mejor dicho a alguien y tenía justo la forma de enrostrárselo.
Ronroneando se removió bajo el hombre arqueando su espalda seductoramente, -no sabía que te gustase estar arriba-
La mandíbula del pocionista se tensó como el resto de su rostro, -no juegues conmigo bruja- le siseó con malicia.
-¿Y quién dijo que estoy jugando?- pregunto inocente, luego, se relamió los labios y miró hacia abajo, al punto en que sus cuerpos se unían, -además, no puedes negar que esto te gusta-
Snape parecía no estar afectado salvo por dos diminutos puntos rojos en sus mejillas, ambos sudaban por la reciente actividad y el rose que tenían.
-¿No tuviste una fantasía como esta Severus?, cuando eras más joven y me encontrabas… hermosa-
Ella sabía que a esas alturas su rostro era completamente distinto al que solía mostrar, sus labios ligeramente abiertos y sus mejillas sonrojadas, su voz lustrosa y sus ojos entrecerrados en deseo.
Si, ella era una mujer deseable, su señor se lo hacía saber cada vez que la tomaba en su despacho después de una buena noche, luego se saciar su sadismo con las mujeres que secuestraban Bellatrix había terminado por formar parte del mundo que la había quebrado y dado nueva forma.
La seducción era una de las muchas herramientas que su señor la instigó a usar.
En tanto el joven pocionista resguardado tras sus escudos mentales se preguntaba cómo la mortifaga podía recordaba los desvaríos y fantasías de un adolescente, no que desconociese la increíble mente detrás de aquella perversa persona, pero una nimiedad como esa no valía la pena recordarla.
-¿Aún lo recuerdas verdad?, yo lo recuerdo, sé que fantaseabas con tomarme en la vieja aula de pociones, despojarme de mi túnica y atarme las manos tras la espalda, ¿no era eso lo que tenías en mente?-
-Silencio Bella- gruñó Severus, completamente mortificado por la exactitud en que la viuda de Lestrange recordaba esos detalles.
Ella siguió con lo suyo, relatándole cada detalle, -luego me hacías subir sobre el escritorio del profesor y me besabas lentamente, descendiendo hasta mis piernas y cogiéndome con tu lengua-
El rostro de Severus ya no era una máscara de indiferencia, estaba marcado por profundas líneas, rencor y odio se acrecentaban en sus facciones y por sobre todo vergüenza, pura e inadulterada.
-Y al final entrabas en mí y me hacías gemir de placer, acababas en mi interior y me dejabas sin aliento Severus-
Él estaba a punto de levantarse, arrepintiéndose de sus planes
-Me hacías todas las cosas que nunca podrías hacerle a tu querida Lily Potter-
El tono dulce y la enfermiza risa que le regaló fueron el toque final, el ver como el maestro de pociones terminaba castañeando los dientes y rodando hasta caer a su lado era impagable, le había herido en su orgullo evocando a quien, según ella sabía, era la única persona capaz de despertar emociones en el de otro modo austero joven.
Severus Snape podía ocultárselo a todos, incluso a su propio amo pero no a ella y esto lo confirmaba, seguía sintiendo algo por la sangre sucia y eso lo hacía débil.
Bellatrix reía abiertamente, sabiendo que a su lado un avergonzado Snape trataba de recomponerse, de buscar una manera de devolverle el daño sin caer del todo en el uso de maldiciones, ella nunca lo entendió completamente, pero la violencia visceral no le aplicaba, se contenía y eso le aseguraba que él no trataría de usar una imperdonable en contra de su persona.
En cuanto pudo sentarse vio a Snape apuntándole con su varita, sus nudillos blancos contrastaban con la oscuridad que siempre parecía rodearlo.
-¿vas a maldecirme Sev?-
-¡Sectumsempra!- grito el mago.
La maldición estuvo a punto de alcanzarla, por suerte pasó por sobre su cabeza, Bellatrix rodó en el piso para defenderse pero Snape no le prestaba atención, tan solo veía al punto en el que ella estaba apenas un instante atrás.
Allí, un cuerpo mutilado se agitaba partido a la mitad, desde el lugar en que había estado la puerta de acero una horda de criaturas hinchadas se abrían paso desde las sombras.
-¿Qué son esas cosas Snape?- le preguntó al mago a la vez que se disponía a luchar.
-No tengo la menor idea-
Retrocedieron juntos, viendo la multitud de pálidos cadáveres hasta que de entre los cuerpos surgió una criatura que sobrepasaba en tamaño a todas, una montaña de carne y ligamentos con una armadura de múltiples placas cubiertas en runas que brillaban.
Sobre ella en lo que se suponía era su cabeza, un bulbo carnoso, una amalgama de rostros vagamente humanos unidos por tubos desprendía un humo verdoso y pútrido con cada exhalación, su voz, quebrada y e ininteligible se detuvo al notar una nueva presencia en su santuario.
Con un rugido ensordecedor la criatura avanzó entre sus pares apartándolos como si nada, sacudiendo sus esqueléticos y largos miembros que terminaban en largas garras como agujas, ambos magos oscuros se miraron entre sí, dieron media vuelta y corrieron.
Tras ellos la criatura chocaba contra el techo del túnel y buscaba la forma de arrastrarse, bloqueando temporalmente a los otros horrores que habiendo sentido la magia tan cercana buscaban una salida.
Los horrores infinitos de aquel castillo apenas comenzaban.
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