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El otro extremo del túnel por suerte no bifurcaba, por lo que de uno u otro lado la salida los esperaba, y si nadie sabía de esas cosas entonces el lugar en que las encontraron no era la salida. Severus podía apostar que al fin iban en la dirección correcta.

Quizás el enfrentar a Bellatrix con la realidad no haya sido la mejor manera de lograr que destrozase la puerta siendo que existían otros caminos como alimentar su ego, pero Severus Snape no hacia ese tipo de cosas a menos que fuese estrictamente necesario y en ese momento, no lo creyó necesario. Quizás de tratarse de algo importante como el salir vivo de una reunión con el señor tenebroso, o evadir a la orden del fénix y los aurores lo habría hecho. Esa clase de cosas sí ameritaba un enfoque más sensible.

Y además había un elemento de satisfacción en recordarle que bastó un rumor muggle y un mortifago descuidado para acabar con el reino de terror de Voldemort.

Ahora solo debía esperar a que la marca oscura se borrase por completo, si es que se borraba. No conocía bien el intrincado diseño del tatuaje pero de seguro Albus podía encontrar la forma como recompensa por el excelente servicio que él, Severus Snape, había otorgado al mundo mágico.

Lo de volar la puerta era necesario, necesitaban una salida y por mucho que quisiera deshacerse de su forzada compañía Bella era útil, tan útil como para arriesgarse a recibir la maldición que posiblemente estuviese imbuida en esa puerta.

Y las cosas iban mejorando, le bajó el ego a Bella, conseguía una salida y todo sin salir lastimado.

-"¿No tuviste una fantasía como esta Severus?, cuando eras más joven y me encontrabas… hermosa"- de todas las cosas que ella pudo haber recordado para sacarle en cara esa era una de las peores.

Él era un adolescente entonces, todavía herido por el incidente con Lily, destrozado al saber que ella nunca lo perdonaría y tener a alguien de la altura de Bellatrix Black prestándole atención, sonriéndole encantadoramente y entrelazando sus dedos con los suyos era…

-¿Crees que los perdimos Snape?- le dijo la bruja a su lado, respirando agitadamente y sosteniendo aún su varita.

Un alarido profundo hizo reverberar el túnel, seguido por muchas voces apenas distinguibles una de otras.

-Tenemos que seguir, no estaré tranquilo hasta salir de este lugar- le respondió mientras limpiaba con su manga el sudor acumulado en su frente.

Bellatrix lo miro como si no le conociese, luego sonrió ampliamente y siguió caminando tan rápido como podía.

Él se quedó perplejo por algunos segundos, nuevamente sorprendido por la peculiar reacción de la bruja.

Y muy a su pesar admitió que disfrutaba, solo a veces, de su peculiar relación.

Severus caminó también, cansado por el largo recorrido hasta que finalmente llegaron a otro muro mucho más grande que el anterior, una puerta similar a la que Bellatrix había destruido les esperaba allí, con un cobertizo adyacente que no perdieron tiempo en revisar. Aparte de algunas herramientas, posters y demás basura no había nada útil, Bellatrix estaba obviamente aburrida y preguntaba para que servían algunas cosas mientras las examinaba con desdén. Severus tomó provecho de la situación educándola sobre lo que sabía del mundo muggle.

Ella no estaba impresionada.

Los gritos se habían convertido en murmullos lejanos y habiéndose encontrado ambos exhaustos y hambrientos se dirigieron a la puerta, pero antes de que Severus pudiese examinarla Bellatrix lo atajó.

-Déjamelo a mí, la última vez que te encargaste de buscar una salida casi nos matas-

Severus se indignó, fue a ella a la que casi asesinan esos inferis cuando de rodillas le pidió morir, y hablando de inferis, ¿desde cuándo portaban armas?

Haciendo memoria, no pudo pensar en ninguna instancia de su educación mágica en la que algo de esa naturaleza se presentase, aunque era de esperarse con el curriculum de Hogwarts en lo concerniente a Defensa contra las artes oscuras. Solo entonces recordó algunas historias que su padre solía contar cuando llegaba demasiado ebrio de la planta. Eran cuentos sobre soldados reanimados y cadáveres andantes demasiado fantasioso como para tomarlos en serio. Su madre le decía que no le prestase atención, que tan solo se trataba de las historias del abuelo Snape, ya fallecido, y de su paso por la gran guerra muggle que se suscitó durante el reinado de terror de Grindelwald.

Quizás el abuelo Snape de verdad vio algo terrible durante la guerra y se lo contó a su padre, no que eso excusase en algo su comportamiento, pero era posible.

-"¿Puedes imaginarlo?, tu abuelo montado sobre un tanque y peleando en nombre de la reina, rodeado de enemigos que nunca caen, soldados como él pero destrozados por la metralla que no se detenían ni siquiera después de ser aplastados por las orugas. Apuesto a que no hay nada así en tu mundo de fenómenos, ¿he chico?-

Él le había escuchado una noche relatarle a su madre esa historia mientras le enseñaba las medallas que había recibido el abuelo Snape, junto con su arma de servicio y siete brillantes balas.

Tragando saliva se deshizo de esos recuerdos, no era el tiempo ni el lugar de recordar los momentos en que sus padres no gritaban.

Bellatrix aparecía un momento después picándole las costillas con algo.

-He Snape, ¿no es esto uno de esos cañones de fuego muggle?, una StG… sin número. No puedo leer esto…- le preguntó la bruja que sostenía una arma entre sus manos.

Severus retrocedió recordando haber visto algo así en las películas muggles y sabía que era peligroso.

Tentativamente desvió el caño esperando que la bruja no disparase, -¿de dónde sacaste esto?- le preguntó en un hilo de voz.

Ella apunto al cobertizo, -estaba en un estante con un montón de cajitas de metal, no sé por qué insististe en mostrarme toda esa otra basura cuando tenías algo tan genial como esto-

Severus alzó una ceja, -no pensé que una bruja sangre pura tuviese interés en armas muggles-

Bellatrix siguió revisando su nuevo juguete con un peculiar brillo en los ojos, -Andy se escapó una vez a ver una "película" muggle y tuve que seguirla-

Ante la mirada de asombro e incredulidad ella también enarco una ceja, -no soy completamente ignorante Snape, sé sobre los muggles-

Encontró esa pieza de información… interesante, parte del rompecabezas para entender a Bellatrix era su odio irracional por los que no eran de sangre pura, no que él les tuviese cariño, pero ella superaba ese desprecio a leguas.

-¿Entonces lo es o no?- le preguntó la bruja irritada ante su falta de respuesta.

Severus la miro a los ojos, -es una, y deberías tener cuidado adonde apuntas esa cosa o podrías dispararla-

Bellatrix rodó los ojos, -esta cosa ni siquiera debe funcionar- con eso la sacudió y al no pasar nada la soltó.

Una ráfaga de balas salió disparada haciendo que los dos saltasen por la impresión.

Cuando estuvieron seguros de que nada más ocurriría ambos abrieron los ojos, el arma muggle seguía tirada en el piso, completamente inofensiva a diferencia de la emocionada bruja que entre el nerviosismo y la curiosidad se debatía por volver a tomarla.

-Absolutamente no- siseó Severus.

Ella le saco la lengua y fue por el arma, poniéndosela nuevamente al hombro.

-Creo que me quedare con esto-

Severus planeaba una estrategia para quitársela pero luego lo pensó mejor, sería útil tener algo además de sus varitas para defenderse si veían a más de esas cosas, y si su padre pudo manejar una de seguro él también podía.

-¿Habían más donde encontraste esa?-

Bella le respondió, -¿Cómo está?, no. Pero hay una diferente, puedes quedártela y yo conservaré esta-

Severus se introdujo nuevamente en el cobertizo y encontró el estante metálico abierto, se dirigió a el y conjurando una bolsa guardo todos los cargadores que pudo encontrar. Valía la pena estar prevenido.

Luego lo vio. Era igual al que el abuelo Snape tenía en sus fotografías, el pobre hombre había sobrevivido a la primera guerra y fue a la segunda con la esperanza de regresar a salvo, pero a su retorno, apenas era una sombra de su anterior ser. Sin embargo en esas fotografías era un hombre muy diferente allí, con su rifle y su uniforme.

Su padre nunca lo creyó capaz de seguir el legado del abuelo Snape, por considerarlo un fenómeno claro, pero si Bella podía darse el lujo de actuar infantil frente al rostro de la posible muerte entonces él se daría el mismo lujo.

Aplicando un hechizo para reducir su peso cargó el rifle en su espalda al igual que su abuelo lo hacía en una de sus fotos, al salir del cobertizo Bellatrix lo esperaba apuntando a la gran puerta metálica.

-No hay nada peculiar con esta Snape, logré abrirla sin problemas pero no pienso entrar sola, creo que tú deberías ir primero-

Su tono no era de consulta, era una orden. Empuñando su varita entró en la oscura estancia y con un potente lumus pudo ver lo que se ocultaba tras las puertas.

No había más de esas cosas, pero lo que encontró fue bastante malo.

El enorme espacio superaba con creces al túnel, el techo se elevaba varios metros y algunos focos colgaban de este, de pared a pared uniformes viejos y roídos contenían huesos que se mezclaban con armas muggles y en medio de todos ellos, una criatura parecida al horror que vieron al final del túnel yacía despanzurrada con los restos de un carro metálico empotrados sobre ella.

-Por Circe-

Bellatrix había entrado detrás de él, observando también la cruenta escena.

Severus recorrió con cuidado el lugar, cerciorándose de no tocar nada. Encontró al final, entre las pilas de cadáveres, una puerta que dirigía a una oficina la cual podía ver a través de una rejilla. Aparte de eso no había mucho más, todo era un desastre desde las marcas en las paredes hasta el mismo suelo aun cubierto de cenizas y hollín bajo el polvo.

Bellatrix seguía observando el enorme cadáver, sin pestañear y totalmente inmóvil, el hangar estaba congelado lo que era raro, dado que el túnel a pesar de estar húmedo se sentía bastante agradable.

La culpa le asfixiaba, se acercó a la bruja y la hizo retroceder hacia la puerta pero ella apenas se movía.

-¿Qué nos está pasando Snape?- preguntaba ella mientras sus ojos se humedecían y su labio inferior temblaba, -¿Qué nos está pasando?-

Él no le respondió, suponía que tarde o temprano algo así pasaría. Bellatrix había mantenido admirablemente la compostura por mucho tiempo pero eventualmente tenía que quebrarse, aunque él no entendía que evento en realidad desencadeno esa reacción.

Llegaron a la puerta cuando al salir vio que algunas de esas cosas se las habían arreglado para seguirlos, seres deformes con apéndices metálicos que se arrastraban produciendo emanaciones verdosas.

Maldiciendo cerró la puerta y buscó otra salida, pero su visión se oscurecía, algo extraño les estaba afectando a ambos.

Bellatrix se sentó, abrazaba sus rodillas mientras sus dientes castañeaban mientras que Severus cayó frente a ella he imitándola se puso a pensar, primero en su madre, luego en su padre, en los mortifagos muertos, en que Albus probablemente dejaría de buscarlo después de unos días y se pudriría allí abajo junto a esa loca.

En que tanto Regulus como Lucius estaban probablemente muertos y que eso también era su culpa por no salvarlos a tiempo.

En como Lily jamás sabría que al final ella tenía razón, pues terminó convirtiéndose en mortifago, todo un mago oscuro consagrado, dispuesto a matar y torturar por una cuota de poder y gloria siempre que le besase los pies a esa serpiente. Lily, que siempre lo recordaría como el peor de los amigos, el más horrendo de los traidores, que le sonreiría a los merodeadores y descansando su cabeza sobre el hombro de James Potter le diría en voz baja, -tenías razón- y aquel cerdo arrogante se ufanaría por ello.

Porque Severus no saldría de ese lugar, no en un día ni dos, ni en una semana ni en meses.

Pasaría la eternidad bajo tierra, sepultado en vida.

La bruja frente a él rechinaba los dientes y maldecía en voz baja, en menos de un día había perdido a su señor, a su marido, su cuñado y probablemente el resto de su familia.

Severus pensó que por el dolor al fin Bellatrix se quitaría la vida, era lógico, después de todo nadie podía negar que Voldemort estaba muerto, realmente muerto y nada podía traerlo de vuelta.

Ya no quería detenerla, no tenía razón para detenerla. Era mejor dejar que la bruja tomase su propia vida y quizás él… haría lo mismo.

Un brillo verde como el de las criaturas se materializo entre los dos, Bellatrix no se movía, tan solo musitaba en voz baja sobre el señor tenebroso mientras prometía comportarse.

Severus tampoco quería ver, pero la curiosidad fue demasiada.

Entre ellos la pálida y trasparente criatura flotaba examinando a los mortifagos, ataviado en un uniforme militar con algunas medallas, un casco y lo que parecían ser muchos agujeros en su pecho.

-¿Americanos?- preguntó con dificultad.

Severus negó con la cabeza, reconociendo en algo el acento germano del espectro.

-¿Ingleses?- volvió a tratar y él asintió para volver a contemplar a la patética bruja que temblaba frente a su persona.

-Dementor- suspiró el fantasma, Severus reconoció esa palabra, pero era imposible, los dementores estaban confinados a Azkaban, a servir al ministerio inglés, no eran agentes independientes y por todo lo que sabía el ministerio alemán no guardaba nada por el estilo.

Vio nuevamente a Bella y notó como su aliento cálido se congelaba en sus labios los cuales ya se estaban poniendo azules, pocas criaturas podían desarmar de tal manera a un mago o bruja experimentados.

Concentrándose trató de invocar un patronus, la complicada magia requerida para ello aún se le hacía un concepto confuso, toda su felicidad estaba relacionada a la tristeza, ninguno de sus momentos se libraba del todo de la amargura de vivir.

La cierva de luz surgió como un escudo a punto de quebrarse, una barrera que en cualquier instante sería despedazada por la oleada de rencor y auto desprecio.

El fantasma se acercó a él, -Bien hecho- lo felicitó el espectro con una diminuta inclinación, -ven, ven, sígueme-

Con eso, el espectro se desplazó entre los cadáveres en busca de algo, una compuerta oculta entre los cadáveres, -es seguro, aquí, seguro- repetía incesante.

Severus se levantó, su patronus no resistiría mucho y aun no podía averiguar desde donde había salido el dementor.

Bella ya no se movía.

Su ojo izquierdo sufría de espasmos, no le quedaba mucho y ciertamente arrastrar a la catatónica bruja le pondría en inmediato peligro.

Se giró y el fantasma estaba cruzado de brazos, -ella también- dijo, -o no saldrán-

-Esta será la última vez que ayude a alguien- pensó, tratando de reconfortarse ante la idea de que por sacarla de la presencia de un dementor Bellatrix le debería un favor, era lo justo.

A duras penas llegaron a la compuerta y luego de abrirla y caminar aun arrastrando a la mortifaga el fantasma le pidió que la cerrara.

Se encontró a sí mismo en un largo corredor que se mantenía bastante bien aunque con señales e abandono.

-Aquí es seguro, el dementor no puede entrar-

Severus apenas escuchaba, llevaba demasiado tiempo corriendo y sin comer ni descansar definitivamente no le quedaban fuerzas, sentía el mundo colapsar a su alrededor, su visión se nublaba.

Pronto se quedó dormido, apoyado contra la compuerta y sosteniendo entre sus brazos a la bruja que se quejaba y lo abrazaba.

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