Advertencia
Este capítulo tendrá lemon, no de manera tan explícita pero si no gustas del género por favor respeta al quien escribe y lee esto. Ahora si a lo qué venimos.
El fantasma dela ópera no pertenece es del maravilloso Gastón Leroux y la canción «shiver» pertenece al grupo japonés the gazette.
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Capítulo 7: ¡Explícamelo!
«Y se qué ya no tocarte tu hermoso rostro
Pero al fin he visto la verdad
Qué se escondía tras lo falso de tu amor¡No hay más qué decir!».
Rene pov's
Se encontraba más calmado, recostado sobre mi pecho, mientras acariciaba su cabeza, después de la gran avalancha de emociones qué trajo consigo la carta de Christine, jamás me imaginé el verlo así de vulnerable y solo deseaba el reconfortarlo, después de un rato en esa posición, Erik comenzó a explicarse -cuando tienes un contratista, el decide el como llamarte, eres solo un algo que le sirve para cumplir sus caprichos-. Suspiro y yo lo seguí escuchado -decidí decirte mi nombre, porque… no se fue algo impulsivo, tu eres tan imponente y yo quería desafiarte, disfrutar contigo el momento-.
-¿Por eso me haz mantenido con vida?-.
Los labios de Erik me aprisionaron con suavidad, calma y hasta cariño. -no- un susurro suave, lento, como una caricia fue la respuesta.
-¿Porqué?- mantenía mis ojos cerrados y Erik se encontraba sobre mi.
-cuando te tome todo acabará-. Erik se acomodo sobre mi apoyando el peso sobre sus brazos, su rostro frente al mio, mirándome fijamente y el resto de su cuerpo se apegaba suavemente.
-nosotros no podemos sentir amor, un sentimiento tan celestial no es permitido…- suspiro -tu, no, el sentimiento que tu proyectas hacia mi están fuerte, tan intenso-. Se apoyo en un solo brazo y con su mano libre tomo la mía colocándola en su pecho
-es difícil que lo entiendas pero ese sentimiento, se esparce y me hace sentir cálido algo que no he sentido desde que dejé ser un humano o más bien nunca, ese sentimiento me da sentido, un rumbo y es lo único que deseo poseer, cuando esto acabe, cuando yo termine con tu vida el sentimiento se ira contigo, soy un ser egoísta, ja, soy un demonio joder, así que es normal para mi ser tan egoísta, caprichoso, soberbio y sobretodo avaricioso ante el sentimiento tan dulce que me ofreces, el fruto prohibido que me sedes sin mediar las consecuencias, es lo que te mantiene con vida-. La mirada intensa de Erik se mantuvo sobre la mía y las palabras tan duras solo extendía el dolor ante el hecho de verme rechazada, se acumulaba en mis ojos, ¿pero qué podía esperar?, ¡Joder!, como lo dijo Erik solo es un demonio, cerré mis ojos un momento concentrándome en los sentimientos tan contradictorios qué me acosaban, por un lado el dolor qué me causaba el saber qué solo era un mero entretenimiento, un placer momentáneo, me mataba; pero por otro el lado el sentir placer de ser suficiente, el ser importante por el momento y el ser necesaria, así qué abrí mis ojos y acaricie con tanto cariño su rostro aferrándome al sentimiento qué Erik provocaba en mi.
Era lo único qué me quedaba, si moriría, disfrutaría todo al máximo y de paso amaría tanto a Erik qué no existiría ser qué se pudiese comparar conmigo.
«Es doloroso, ¿No es así?; olvida a quien es amable y cruel. ¿No estarías mejor olvidándolo todo aún si solo es por una noche? Entrégate al placer, respirando profundamente un dulce veneno en tus pulmones. Silenciosamente. Es el susurro del demonio. Solo quiero entrar y explorar, ese lugar secreto en lo profundo de tu interior.»
Sebastian Michaelis Kuroshitsuji.
Erik pov's
Mordí con intensidad mis labios, no quería seguir hablando, temía de qué si lo decía en voz alta, esto se terminaría y se escaparía como agua entre los dedos. Deseaba decirle qué la amaba con la misma o inclusive más intensidad qué ella, qué su amor hacia mi era tan fuerte qué nos unía, y me llenaba tanto, me moría por decirle qué había más razones por la cual quería mantenerla a mi lado. Abrió sus ojos un tanto vidriosos por el dolor qué mis palabras le provocaron y estuve a punto de retractarme entonces Rene me acuno el rostro con tanto amor y devoción qué me sentí derretir, cerré mis ojos y la bese.
Lo suaves besos y las caricias sobre mi rostro se intensificaron, no pude evitar pensar, ¿Qué pasaría si Rene pudiese ver mi verdadero rostro?, trate de alejar esos pensamientos, todo lo trajo consigo la carta de Christine y el recordar mi yo antes de ser demonio, ideas amargas, el alivio qué sentí tras saber lo qué en verdad sentía Christine me reconforto.
La escena de la muerte de Christine vino a mi, jamás me pude despedir de ella, llegué esa noche a la posada demasiado tarde y un viejo Raoul me recibió, muy asombrado, por permanecer a un joven y vigorizante, además qué mi rostro lo cambie, aún así el lo sabía, sabía qué era yo, solo charlamos un poco, me dio a entender a grandes rasgos qué ambos vivieron plenamente, felices y llenos de paz. Raoul murió unos días después, siguiendo siempre a una escurridiza Christine, no pudo resistir tanto después de qué muriera, yo tampoco puede soportar cuando la deje ir y ahora me ahogaba al saber qué no había escapatoria cuando Rene marchará. La caricias sobre la ropa aumentaron de intensidad, me separe, Rene estaba debajo, respirando rápida y erráticamente, los ojos vidriosos, no sabía si era por placer o por el dolor qué aún experimentaba, sus labios brillantes e hinchados me incitaban a más, pegue mi frente a la suya -debemos parar-.
Rene solo encaro una ceja -¿Ya no eres tan joven para esos trotes?-. Reí, Rene era tan… Rene.
-¿No quisiste decir estamos?- bueno yo era un ser inmortal qué hasta ahora he vivido más de un siglo, Rene solo hizo un puchero y sus manos se enredaron tras mi nunca -¿Me acabas de decir vieja?- era tan absurda su acusación, Rene se veía tan joven aún, sus ojos eran remarcados suavemente por unas pequeñas líneas de expresión a penas perceptibles, su piel aún estaba tersa, su cabello largo por debajo de sus pechos se veía revitalizado y sus ojos aún conservaban ese brillo tan natural, lleno de vida y con un toque travieso y juguetón. Nadie pensaría qué estaba tan mal de salud.
-yo diría qué eres una sexy madurita- la risa suave de Rene me contagiaba.
-dejé de ser la mocosa hormonal para convertirme en una madurita sexy, ¿No es lo mismo a estar vieja?-.
Tome sus labios de nuevo y sobre estos le dije -no, además sabes bien porque no debemos, no quiero qué te canses-.
-prefiero cansarme así, qué por la culpa de los malditos medicamentos-. Su puchero era adorable.
-no hay condones- quise hacerla entrar en razón.
-puf, como si a estas alturas fuera necesario, vamos Destler ¿Ese es tu apellido?- asentí con la cabeza entre risas -bueno Destler vamos y ¡tómame ya!-.
No supe en qué momento cedí, el suave y marcado vaivén de caderas meciendo sus piernas qué se encontraban encogidas a mis costados, junto a sus pechos rebotando a la par, viéndola ahora me di cuenta que ella en todo maduro y la verdad me gustaba mucho, me enloquecía, me hipnotizaba; las manos de Rene aferrándose a mi torso, nuestros alientos chocando y mezclándose, deseaba arremeter con más fuerza, pero debía contenerme -Erik…- mi nombre susurrado en un jadeo, tan sensual y exigente me dieron a entender qué debía aumentar el ritmo, así lo hice, con fuerza marque las embestidas y placer aumento.
Mientras el clímax se acercaba más las manos de Rene aprisionaron mi rostro y como si fuese una máscara deslizo sus dedos sobre mi rostro y me detuvo -Erik…- su voz era entrecortada -yo te ordenó qué me muestres tu rostro-.
¡No!, ¡no quiero!, pero al ser una orden la marca me exigía hacer caso, el dolor punzante en mi mano aumentaba, miraba a Rene esperando expresarle que no lo deseaba, aún así ella se mantuvo firme en su orden y muy a pesar de no quererlo se lo mostré, cerré mis ojos con fuerza, no quería ver su reacción al verme, los recuerdos tormentosos venían a mi, la mirada aterrizada de Christine venía una y otra ves, su reacción me hizo abrir los ojos, beso con cariño mi frente, el horrible hueco donde debería estar mi nariz, mi barbilla, mis sobresalientes pómulos y por último mis labios, con suavidad y tanta intensidad de una manera tan sublime, tan cariñosa, -te amo-.
La voz suave y muy segura de Rene me saco de mis pensamientos, su mirada enfocada en la mía, se empeñaba en demostrarme qué todo lo qué dicho era real.
Continúe, mantuvimos los besos saciando la necesidad qué sentíamos de posesión el uno por el otro.
La embestidas volvieron, con intensidad, salvajismo y mucho placer, en esos instantes mientras mis músculos se contraían por el clímax, me sentí tan amado como nunca lo fui en toda mi vida. Y nunca tuve un orgasmo tan celestial y satisfactorio como el qué acababa de experimentar.
Todo era un sueño en el qué no quería despertar.
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Notas finales: diablos, realmente odio escribir como se desprecia Erik, es terrible escribirlo, es muy doloroso para mi así que estoy llorando lectoras y espero que nadie más lloré.
En fin nos leemos pronto bye bye
