Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 2
Podía sentir esa necesidad otra vez, esa profunda hambre presionando dentro de mí. Me carcomía constantemente día y noche, pero después de 60 horas sin sangre, estaba de mal humor por la necesidad de comer.
Había sido una estupidez por mi parte quedarme atrás cuando Nathan y los demás se habían ido, pero había estado tan concentrado en atrapar a Rose, sin importar lo loca que pudiera haber sido esa meta, que no había pensado con claridad. Interesante cómo la inanición te aclara la mente. Desafortunadamente, ésta era un proceso lento y ellos ya se habían ido. Ellos habían tenido teléfonos celulares, transporte y un plan de escape completo. Yo no tenía nada más que la ropa desgarrada que llevaba puesta, una tarjeta con un número de teléfono que Nathan me había dado para cuando "me diera cuenta que lo necesitaba", y un sentido general de la dirección a dónde ir a continuación, pero no tenía una idea real de qué hacer cuando llegara allá.
Sin sustento, mi energía estaba empezando a disminuir. La academia estaba a kilómetros de la civilización por una razón. Sabía que se trataba de una caminata de cinco días, al menos, a la ciudad más cercana con un aeropuerto, pero no había pensado en la necesidad de encontrar una ciudad más pequeña en el camino. Podía oler animales cerca y, aunque la idea me disgustaba, estaba casi en un estado de desesperación. Prácticamente cualquier criatura viviente serviría para controlar mi sed cuando capté el olor de algo. Como un espejismo, pensé que me lo había imaginado al principio, pero un momento después, el olor volvió con la brisa.
Rápidamente me volví hacia el norte, siguiendo el olor como un lobo al acecho. Sobre colinas y alrededor de árboles, a través de arbustos y arroyos, siguiendo el olor de sangre fresca que bombeaba a través de las venas de un hombre. A medida que me iba acercando, podía comenzar a detectar que no era solo el olor de una persona, sino de dos: similares pero no exactamente iguales.
Eventualmente, pude ver la pequeña casa de campaña gris y naranja entre el follaje. Un pequeño fuego ardía cerca, probablemente había sido apagado hace unas horas y ahora emitía un olor a humo en toda el área, pero incluso eso no podía disipar el olor de lo que había ansiado durante días. El campamento estaba bastante tranquilo. Quienquiera que estaba descansando adentro probablemente estaba dormido, incapaz de escucharme sobre el ruido del arroyo cercano y sus propios ronquidos.
Coloqué mis pasos con cuidado, esquivando ramitas sueltas y una envoltura de barra de chocolate que estaba tirada afuera, antes de abrir la tienda. Fue como levantar la tapa de una olla, mi boca se hizo agua al instante y me costó todo mi esfuerzo no gruñir por el hambre voraz.
Como era de esperar, vi dos bolsas de dormir y me dirigí silenciosamente a la primera. Había estado sin alimentarme el tiempo suficiente para saber que podía drenar fácilmente a ambas personas. Sin saber dónde o cuándo encontraría mi próxima comida, probablemente sería prudente hacerlo también. El sigilo sería mi compañero hoy.
El hombre, humano, apenas tuvo tiempo de registrar mi presencia antes de que mi mano cubriera su boca y mis colmillos perforaran su cuello. Gritó una vez, aunque mi mano amortiguó el sonido. Un rápido destello hacia la otra forma mostró que continuaba inmóvil. Me sorprendió la cantidad de resistencia que opuso para ser un simple humano, pero finalmente sucumbió a las endorfinas, y luego a la muerte. Me alimenté hasta que su corazón dejó de latir y luego hasta que un sonido me distrajo de mi premio.
Un pequeño gemido sonó, y un niño me miró con miedo. No. El miedo no alcanzaba a describir lo que había en sus ojos. Era terror. Terror completo y absoluto. Era un niño pequeño, tal vez siete u ocho años, tal vez incluso más joven por la forma en que se encogía lejos de mí, haciéndolo parecer mucho más pequeño.
Su padre cayó de mis brazos con un ruido sordo, aterrizando en el frío y duro suelo sin ningún signo de vida. Podía ver al niño mirar el cadáver en busca de algún tipo de salvación y, al no encontrarlo, comenzó a entrar en pánico. El viejo cuento de presas y depredadores había comenzado. León y cordero, zorro y conejo, lobo y venado. Vampiro y humano. Miró hacia la puerta de la tienda, pero incluso si este pequeño conejo pudiera escapar, solo sería por un momento. Él no viviría mucho tiempo.
Sin embargo, cuando lo sostuve en mis brazos, un pensamiento se abrió paso.
"Es sólo un niño. Un niño aterrorizado."
Y lo era. Estaba temblando en mis brazos. Su muerte era casi segura y creo que él lo sabía a este punto. No había esperanza para nada más. Estaba llorando, pero no rogaba. Podía escucharlo susurrar por su padre en voz baja, pero no pidió que le perdonara la vida.
Así que agarré su cara con mis grandes manos, haciéndolo que me mirara. Cerró los ojos, pero mantuve mi firme agarre sobre él hasta que finalmente sus ojos se abrieron un momento después con una morbosa curiosidad. Podía sentir su pulso latiendo salvajemente bajo mis manos y me volvía loco sólo de pensarlo, pero lo miré fijamente hasta que sus ojos se encontraron con los míos y en el momento en que lo hicieron, hablé.
Con calma y cuidado, le dije—: Todo estará bien. Verás a tu padre pronto. Lo prometo. Todo estará bien. ¿Entiendes?
Sus ojos se tornaron ligeramente vidriosos y su cabeza se movió suavemente entre mis palmas mientras asentía, pero lo más revelador fue la constante disminución de su pulso mientras se relajaba.
—Bien, —sonreí, observándolo devolverme el gesto—. Lo prometo, esto terminará pronto.
Y luego, con un rápido giro de mis manos, se fue.
Su cabeza cayó hacia atrás, los ojos bien abiertos, ni siquiera lo suficientemente conscientes como para registrar la sorpresa antes de que lo matara. Su rostro seguía adornado con esa sonrisa confiada, producto falso de mi compulsión. Una parte de mí estaba en shock por lo que había hecho.
Esta no era la primera vez que había matado. Lo había hecho docenas de veces. El matar se había vuelto casi natural para mí. Incluso como Dhampir, cada vez me afectaba menos el hecho de poder terminar con una vida de manera rápida y eficiente. Para eso me habían entrenado, ¿verdad? Y desde que había despertado, era literalmente una necesidad para sobrevivir.
Pero tomar una vida tan inocente...
Matar con mis propias manos sin un arma...
Hipnotizar a alguien para que confiara en mí y luego matarlo sin remordimientos por lo que había hecho...
Eso era poder.
Podía sentir la adrenalina corriendo a través de mí, mi propio corazón latiendo más rápido ante la posibilidad de lo que era capaz de hacer y lo que esto podría significar para mí en el futuro. Sí, éste era un niño, débil y fácil de controlar, pero con el tiempo podría obligar a cualquiera a hacer cualquier cosa.
Me hundí en mi víctima, mi premio, probando la recompensa de mi victoria. Su sangre era dulce, de la misma forma en que la ternera y la res eran iguales, pero al mismo tiempo completamente diferentes. Sin embargo, tuve que hacer un esfuerzo significativamente mayor para drenarlo, tanto porque ya estaba muerto como por el hecho de que era mucho más pequeño. Si bien la carnicería resultante no fue tan mala como la de mi primer asesinato, al final, terminó un poco más ensangrentado que su padre durante el proceso.
El campamento me proporcionó también un poco más de ayuda, a parte de mi primera comida decente. Después de limpiarme un poco, con sus suministros bien surtidos pude cambiarme de ropa. El padre no era tan alto como yo, pero su camisa me quedaba lo suficientemente bien debajo de mi chaqueta y era significativamente mejor que la que estaba desgarrada y manchada de sangre. Afortunadamente, los pantalones que llevaba habían terminado en mejores condiciones durante la batalla de varios días antes. El negro tendía a esconder bien la sangre.
En segundo lugar, una rápida mirada en su billetera me proporcionó unos doscientos dólares en efectivo y unas pocas tarjetas de crédito. Puede que no me duraran mucho, pero teniendo en cuenta que actualmente no tenía efectivo, era mejor que nada. La hielera que traían aún estaba llena de comida y de hielo, así que algo me dijo que nadie los estaría esperando al menos durante unos días más. Nadie se daría cuenta de su muerte por algún tiempo, así que mientras no me excediera en los gastos, probablemente podría utilizar las tarjetas para otros suministros necesarios.
Por último, un juego de llaves de automóvil fue el gran premio final en esta búsqueda del tesoro. El Jeep al que pertenecían reduciría los días de mi viaje hacia el Norte y haría que el viaje fuera mucho más agradable. Incluso podría usar una de las bolsas de dormir para protegerme de la luz solar si tenía que permanecer en el auto.
El plan era dirigirme hacia Missoula, y desde allí tomar el primer vuelo a San Petersburgo. No sabía cómo iba a llegar allí, pero estaba familiarizado con Rusia y algo familiar era lo mejor que podía pedir en este momento. Eso, y Nathan me había dejado un número de teléfono para encontrarlo con el código de una ciudad rusa. También había un código de área local, pero no podía recordar exactamente de donde era en este momento y el teléfono celular del hombre no tenía señal para investigarlo o hacer una llamada, inclusive si pudiera desbloquearlo.
Así que hasta entonces, mi objetivo era poner tanta distancia entre Roza y yo, y volver a mi hábitat más natural. Tomé todo lo que sentía que podía serme útil del campamento, dejando la hielera y la tienda de campaña abiertas al viento con la esperanza de que el olor de la sangre y la comida atrajera a grandes depredadores para cubrir mis huellas, y me fui siguiendo las marcas de los neumáticos por el camino.
Tardé otro día en llegar finalmente a mi destino, sólo porque tuve que esconderme del sol. Encontré una pequeña ciudad en el camino en dónde pude conseguir ropa limpia, una maleta y todo lo que me faltaba antes de que el sol saliera por el horizonte con tiempo suficiente para registrarme en un motel. Tan pronto como cayó la noche, me marché.
El último obstáculo fue el boleto a Rusia. Un boleto de último minuto costaría varios miles, incluso la opción más barata. Eso era mucho más que el dinero en efectivo en mi bolsillo y, ciertamente, levantaría sospechas si usaba la tarjeta. Sin embargo, había otra opción. Varios hombres de negocios cansados entraban y salían por las puertas del aeropuerto, y aunque el aeropuerto no estaba tan lleno como algunos que había visto en el pasado, estaba lo suficientemente concurrido para que mi plan funcionara. Todo lo que necesitaba era una persona.
Busqué al blanco más débil del grupo, de la misma forma en que una manada busca a los heridos antes de atacar. Lo encontré mientras éste tropezaba con el bordillo, dejando caer su equipaje, maletín y café, todo a la vez. En lugar de ira o molestia, su rostro se llenó de desdicha y odio hacia sí mismo. Perfecto.
Me apresuré a ayudarlo a recoger sus pertenencias mientras él limpiaba el líquido caliente de su chaqueta, disculpándose como si de alguna manera me hubiera ofendido con su mera presencia.
—¡Soy un completo...¡ ¡Dios! Lo juro, este es mi tercer vuelo esta semana y estoy empezando a pensar que solo quieren mantenerme fuera de la oficina.
—¿Oh? ¿A dónde te están mandando esta vez? —Respondí, entregándole su maletín y sonriendo mientras escondía cuidadosamente mis colmillos detrás de mis labios, como había visto a Iván y a los otros hacer tantas veces en el pasado.
—China. Nanjing, específicamente. Estoy haciendo otro viaje de servicio al cliente. ¿Tú a dónde vas? —Levantó la vista, luciendo honestamente curioso, o tal vez necesitando algún contacto humano real. De cualquier manera, se había equivocado severamente al elegirme.
—Rusia. San Petersburgo. —Sus ojos comenzaron a nublarse mientras continuaba hablando—. Y vas a comprar mi boleto, ¿de acuerdo?
—Por supuesto. —Asintió, como si mi petición fuera la cosa más obvia del mundo, y por un momento sus ojos se deslizaron hacia mi boca, pero rápidamente empujé su maletín hacia él.
—No te preocupes por eso. Ahora, vamos a ver lo de nuestros boletos, ¿de acuerdo?
Conseguir el boleto fue más fácil de lo que había pensado. La única piedra en el camino había sido el problema de mi pasaporte, pero una sonrisa rápida y unas palabras de compulsión fueron suficientes para solucionar eso. Ciertamente, habría sido más fácil volar en una aerolínea privada, estoy seguro, pero cuando me relajé en mi asiento de cuero de primera clase con espacio adicional para las piernas y una copa de champán de cortesía, no me preocupé. Después de todo, era un boleto sólo de ida, así que no tendría que volver a tratar con este desagradable negocio de las aerolíneas. No sabía su nombre, pero mi gacela herida había hecho bien con la mejora de mi boleto. Era una lástima que no fuera a llegar a su destino final, pero bueno, al menos no tendría que preocuparse por más viajes de negocios.
Ahora solo faltaban 23 horas para llegar a mi destino. Con una bebida en la mano, una novela del oeste en el bolsillo y varias miradas sutiles de la azafata, estaba bastante seguro de que iba a estar bien.
Chicas y chicos, ¿qué les pareció éste capítulo? La primera vez que lo leí, se me rompió el corazón con la escena de la casa de campaña, pero especialmente con el niño.
Sumergirme en ésta nueva personalidad de Dimitri es un tanto difícil. Ver su lado oscuro es interesante pero a la vez triste. Y déjenme decirles que entre más tiempo pasa y mas asesinatos comete, su comportamiento se corrompe más y más.
Bueno, espero que les haya gustado. Cuéntenme qué les pareció. Si quieren seguir con la dinámica de los reviews, el capítulo 3 lo subiré cuando lleguemos a los 130 reviews y sino hasta el próximo jueves.
Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.
