Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 3

En Rusia, las cosas eran más fáciles. El idioma familiar me envolvía como un edredón, aunque me distraía escuchar tantas conversaciones a la vez y poder entenderlas. Al menos cuando estaban en inglés, podía desconectarlas de manera efectiva como una charla sin sentido de fondo. Ahora podía escuchar todo, incluso mejor que antes, y entendía cada palabra. Si bien ahora no eran tan apetitosos, los olores provenientes de los restaurantes locales también eran bienvenidos. Puede que no estuviera interesado en lo que los puestos y restaurantes estaban vendiendo, pero la comida, mi comida, también era ciertamente abundante en San Petersburgo. Observé cómo un pequeño grupo de estudiantes universitarios de mayor edad entraban en un club mientras otro hombre, mayor y claramente con algunas bebidas de más, tropezó cuando salía por la misma puerta. Sería fácil encontrar mi próxima comida entre el ajetreo y el bullicio de ésta gran ciudad.

Sin embargo, aún me debatía entre si quería quedarme solo o buscar a Nathan como él me había sugerido. Si bien no era común que los Strigoi vivieran en grupos, especialmente grupos grandes, durante mucho tiempo, esto había demostrado ser bastante eficaz en el ataque a la Academia. Nos habían abrumado totalmente. Asumiendo que eran el mismo grupo que había masacrado a los Badica y Drozdov, habían matado a esas familias con pocas o ninguna baja de su lado. Quién sabía de qué eran capaces.

Sin embargo, la posibilidad de encontrarlos hoy era muy reducida, especialmente cuando aún no tenía teléfono. Afortunadamente pude arreglar eso bastante rápido. En una ciudad lo suficientemente grande, puedes encontrar prácticamente cualquier cosa que necesites. Un teléfono desechable sin contrato a la vuelta de la esquina, una habitación privada en un hostal decentemente limpia durante una semana a la vuelta de otra esquina. Probablemente podría optar por algo un poco más de lujo, pero era más fácil permanecer bajo el radar rodeado de mochileros y estudiantes universitarios que buscaban "encontrarse" entre el vodka y los clubs nocturnos.

Mis primeros días estuvieron bien. Fui capaz de fundirme en mi pequeña comunidad sin que nadie me mirara. Algunos de los trabajadores del hostal me reconocían y me saludaban cuando iba y venía, pero de ahí en fuera me ignoraban. No tenía ningún interés en interactuar con las otras caras olvidables donde me escondía durante las horas del día.

Sin embargo, la noche era mía. Me llenaba de adrenalina el salir para encontrar a mi presa y acecharlos como el cazador que era. El primer día, mi comida fue un hombre humano rubio corriendo entre la gente con los ojos clavados en su teléfono. Sólo levantaba la vista para gritar obscenidades a las personas con las que casi chocaba, antes de que sus dedos volvieran a su furiosa tarea sobre el teléfono.

Seguirlo fue un juego de niños. No hubo entretenimiento en absoluto. Sin embargo, al verlo darse cuenta de que lo habían acorralado, lo había alejado lenta pero estratégicamente de la multitud dentro de un callejón en donde nadie pudiera escuchar sus súplicas desesperadas de ayuda, fue satisfactorio. Sin embargo, no fue tan satisfactorio como el sentir que la vida se le escapaba. No era poderoso, o no era tan poderoso como él mismo se sentía, pero robar el poco poder que tenía era muy cautivador.

Había vivido alrededor de gente pagada de sí misma durante toda mi vida. Personas que pensaban que eran mejores que yo por una u otra razón. Siempre encontraban las razones más pequeñas para colocarse en un pedestal uno sobre el otro, y las personas como yo eran las más bajas de todas en sus ojos. Me habían enseñado a doblegar mi voluntad a la de ellos y someterme a mí mismo, incluso cuando demostraban su desagradable estupidez una y otra vez. Ante estas personas yo no había sido nada. Ahora, ellos no eran nada para mí.

Nada más que un cuerpo para alimentar mi ira.

Ahora era poderoso, y me sentía más parecido a Dios con cada gota de sangre que extraía de éste hombre. Controlaba su vida y su muerte, manteniéndolo al borde de lo que era fatal antes de robarle el último momento de mortalidad.

La tercera noche fue donde encontré mi obsesión. No era la sangre. No era el poder. Era ella.

Debería haber sabido que mi inmortalidad no me cambiaría tan significativamente como para que ella no encontrara la manera de abrirse camino en mi vida. Roza siempre estaría allí de alguna manera.

Por supuesto, ésta chica no era Rose; sin embargo era una dhampir. Su pelo era bastante similar, oscuro, largo, con ondas. Podía imaginarme corriendo mis dedos entre sus sedosos mechones. No tenía el mismo cuerpo musculoso de una guardiana entrenada, pero obviamente se había ocupado de su condición física. Lo más probable es que frecuentara uno de los bares de Moroi de por aquí y sirviera como una prostituta de sangre. Cuanto más la seguía, más dhampirs y Moroi podía sentir alrededor hasta que la perdí en un local protegido.

Por el aspecto de una docena de personas que entraban y salían por la misma puerta sin marcar, parecía ser uno de los pocos clubs subterráneos Moroi en el área. Sabía que estaban alrededor, pero aún tenía que buscarlos. Había más que suficientes humanos vagando por las calles por la noche que no había sentido la necesidad de encontrar una comida de "alta gama".

Pero estaba fascinado por la chica que se parecía a Rose. Esperé mientras la gente iba y venía, observándola a ella y sólo a ella. Se quedó dentro por horas, pero tenía todo el tiempo del mundo de mi lado. El frío gélido no era nada contra mi piel, la quietud no hacía mella en mis huesos, y la única mujer solitaria, lo suficientemente desesperada como para acercarse al hombre solitario en la oscuridad, fue rápidamente despachada y no fue vista en el área durante el resto de la noche.

Eventualmente, ella emergió, pero no estaba sola como yo había esperado. No debería haberme sorprendido, considerando su ocupación. Aún así, ver a alguien tan parecido a Rose en los brazos de alguien más no hizo más que provocar una necesidad primordial de marcar mi territorio.

El intoxicado hombre Moroi tenía un brazo colgando del hombro de ella, prácticamente necesitando que su "cita" lo apoyara para la noche. No parecía tener un guardián con él, así que más allá de su mordida, no podía imaginar que tuviera mucho que ofrecerle a la joven. Ciertamente no era su encanto lo que ella buscaba. Mientras la chica se reía de sus chistes malos y sus tergiversaciones, era bastante fácil para alguien decentemente sobrio ver que ella estaba fingiendo su entusiasmo.

Después de algunos intentos más para sacarle una dirección, ella finalmente buscó dentro de su bolsillo. Él saltó, sonriendo diabólicamente con un comentario acerca del entusiasmo de la chica antes de que ella sacara su billetera para encontrar su identificación y dirección. Sin embargo, antes de que ella pudiera dar la vuelta en la dirección correcta, me interpuse en su camino.

—Whoa… no te vi. —El tonto comenzó a reírse bajo su aliento tóxico otra vez, irracionalmente divertido por su propia observación.

—No me sorprende. Con lo mucho que has bebido esta noche, dudo que pudieras ver tu propia mano al final de tu brazo, y mucho menos la belleza que de alguna manera has podido obtener esta noche. Yo diría que eres un hombre afortunado, pero creo que ambos sabemos que eso no es verdad.

La copia de Rose me miró con el ceño fruncido, pero el Moroi sonrió, completamente inconsciente de la ligera amenaza hacia él.

—La suerte no tuvo nada que ver con eso. Un poco de conversación suave y las chicas lindas simplemente caen a mis pies. ¿No es cierto...? —miró a la chica con una cara en blanco que dejó en claro sus últimas palabras.

Parecía que ésta Rose había visto esto antes de los hombres que frecuentaba porque no la desconcertó en lo más mínimo, pero fue la gota que derramó el vaso para mí. Le di una palmada al hombre en el hombro, manteniéndolo firme mientras mi pierna se movía hacia sus rodillas en rápida sucesión. El alcohol embotó sus sentidos por lo que ni siquiera gritó hasta que ambas rodillas se doblaron hacia atrás de forma poco natural y caía al suelo. Lo tomé del cabello, sosteniéndolo lo suficientemente alto para que pudiera verme.

—Si planeas morder y acostarte con una chica, deberías recordar su nombre.

Él asintió frenéticamente, instantáneamente sobrio y tomando mi lección en serio antes de que golpeara su cabeza en el callejón empedrado. Su cuerpo se contrajo una o dos veces, con los ojos bien abiertos y la sangre se acumuló donde su cráneo se había abierto, pero su muerte había terminado.

—Tú lo... lo mataste. —La chica estaba presionada contra el muro de piedra, lo más lejos que podía de mí y del cuerpo.

—Eras demasiado buena para él. Ni siquiera podía recordar tu nombre. Te merecías algo mejor que eso.

—Pero... tú... simplemente lo mataste como si no fuera nada.

—No era nada. Ya he matado antes. —Me acerqué a ella, dejando el resguardo de las sombras detrás de mí.

Presionó su espalda aún más contra la pared, buscando una salida antes de acorralarse ella misma en una esquina. No había manera de que esta chica hubiera tenido un entrenamiento adecuado—. ¡Eres un Strigoi!

—Sí, lo soy. Y estás atrapada. —Mi voz era firme, simplemente declarando los hechos.

Como un conejo al darse cuenta repentinamente de que estaba en una trampa, esta pseudo Rose miró frenéticamente a su alrededor antes de mirarme valientemente, permitiendo que sólo un breve temblor de sus labios traicionara sus temores—. También me vas a matar, ¿verdad?

—Probablemente. —La miré un momento, considerando la situación. Parecía valiente, mirándome así. Se parecía un poco a Rose. Tal vez podría arreglármelas con ella. O tal vez siempre la encontraría carente de sus cualidades.

De una forma u otra, ésta Rose eventualmente moriría en mis manos.

—Sí, te mataré. —Los hombros de "Rose" se hundieron ligeramente ante mi respuesta, pero se mantuvo firme mientras trazaba con mis dedos las cicatrices de años a lo largo de su cuello—. Pero antes de hacerlo, te daré la mejor mordida de tu vida. Sin embargo, primero necesito saber algo.

—¿Sí? —Ya podía sentir que la sangre comenzaba a bombear más rápido por sus venas en anticipación de lo que acababa de prometerle—. ¿Qué quieres saber?

Aparté su cabello oscuro, tan parecido a los mechones que recordaba con tanto cariño aunque no era igual del todo, exponiendo su cuello—. ¿Cuál es tu nombre?


Nada puede durar para siempre. Ni siquiera para alguien inmortal. Mi tiempo en San Petersburgo llegó a su fin más rápido de lo que creí cuando supe por qué los Strigoi eran criaturas nómadas por naturaleza.

Pude cazar por mi cuenta unos días más, pero cuando me vi obligado a regresar al club en el que había encontrado a Annika, me puse demasiado arrogante. Debería haber ido a por otra gacela herida, pero vi a otro hombre con alguien que no se parecía a Rose, pero que la hizo reír. Tal vez podría haberlo dejado pasar, pero el hombre era una copia de ese bastardo Ivashkov. Quizás era un primo suyo perdido hace mucho tiempo.

Sabía que conmigo fuera del camino, no le tomaría mucho tiempo a Adrián empezar a perseguirla de nuevo. Probablemente ni siquiera esperaría hasta mi funeral. Demonios, incluso podría pedirle que fuera su pareja para mi funeral. Él era implacable y le encantaba restregarme en la cara cualquier oportunidad que tuviera con ella. Ahora no tenía nada que se interpusiera en su camino. ¿Cuánto tiempo le tomaría a Rose finalmente rendirse ante él?

Ella se merecía algo mejor de lo que yo podía darle, al menos en aquel entonces. Ahora, sin embargo... ahora podría darle algo que él nunca podría. Podría darle la inmortalidad. Poder, riquezas, esas se podían ganar. La inmortalidad sólo podía obtenerse con agallas e Ivashkov no tenía lo que se necesitaba.

Pero yo sí, y un día, Rose lo vería.

Pero hoy, sin embargo, tenía la oportunidad de resolver un poco la frustración sobre su relación. Me acerqué a él rápidamente, arrancando a la chica de su brazo con brusquedad y atacando para matarlo sin fanfarria. Apenas había tenido la oportunidad de probar su sangre antes de sentir que arrancaban mi cuerpo del de él y una quemadura me atravesaba el hombro.

Había sentido esa quemadura antes, caliente como el sol y punzante como el ácido en mi piel. Era una estaca de plata. En mi búsqueda de venganza lleno de celos, había actuado descuidadamente y había olvidado incluso buscar un guardián, y mi estupidez casi me había costado la vida. Afortunadamente, el guardián parecía tan novato como yo en su nuevo rol en la vida, y solo me había rozado. Dolía como el infierno, pero no era una herida mortal.

No esperó por otra oportunidad para estacarme, aprovechó la apertura que fingí mordiendo el anzuelo como un pez. Torcí su brazo, haciendo mi mejor esfuerzo para ignorar el dolor que causó su estaca cuando se deslizó contra mi brazo y cayó al suelo. Tan pronto como estuvo libre, le zafé el hombro de la coyuntura y le disloqué el brazo, incapacitándolo. Aunque a la mayoría de los guardianes se les enseñaba a luchar con ambos brazos en caso de que se enfrentaran a una ocasión como esta, incapacitar el brazo principal solía ser más que suficiente para derribar a un luchador. Unas cuantas costillas rotas por si acaso y no pudo hacer mucho más que recostarse sobre su espalda mientras yo drenaba a su cargo.

La pelirroja con la risa de Rose había sido lo suficientemente inteligente como para correr en cuanto me vió. Si tuviera que adivinar, podría apostar a que ésta no era la primera vez que se había enfrentado a una amenaza en este lado de la ciudad, y con instintos así, probablemente duraría más que la mayoría de las personas en ésta área, no importaba si eran humanos, moroi, o dhampir.

El hombre moroi, no tendría tanta suerte. No viviría para ver la luz del día, y él lo sabía.

—Por favor. Te daré dinero, autos, lo que sea.

Sonreí, caminando hacia él mientras me suplicaba misericordia. Todo lo que podía ver era a Adrián de rodillas y rogando por su vida. Tenía que admitir que era una vista agradable.

—Tengo amigos poderosos. Puedo conseguirte lo que quieras. Solo déjame vivir. —Ahora estaba llorando, el hombre de buena pinta por el que las chicas se desmayaban, al parecer no era nada más que un niño patético.

Me agaché frente a él, proyectando una sombra sobre su forma acurrucada—. No hay nada que tengas para ofrecerme porque lo único que quiero es verte muerto y drenar personalmente cada gota de tu sangre.

Su mano ahogó un sonido lastimero, atrapado a medio camino entre un grito ahogado y un sollozo, pero el destello de la luz de la calle reflejada en su muñeca atrajo mi atención. Toqué los gemelos de oro, grabados con un escudo familiar, uno de los doce que me habían pedido que memorizara en la escuela, y sonreí.

—Adiós, Ivashkov.

Es cierto lo que dicen: la sangre Moroi es realmente la más satisfactoria. La sangre humana hacía el trabajo, llenaba tu estómago y calmaba la sed, pero nunca eliminaba completamente el deseo. La sangre Dhampir te hacía sentir fuerte, como lo haría una comida saludable y abundante antes de ser convertido. Sentía que podía entrenar durante horas, lleno de energía y completamente nutrido. Pero había algo acerca de la sangre Moroi que era completamente diferente. Te hacía sentir poderoso; como si pudieras conquistar el mundo, y según algunos, cuanto más "pura" o "real" fuera la sangre Moroi, más poderoso te hacía sentir.

Quizás era su magia, tal vez era algo sobre su biología en general, pero había algo en su sangre que los convertía en la presa ideal. Podía ver por qué los Strigoi los habían cazado casi hasta el punto de la extinción antes, y continuarían cazándolos para siempre. Era adictivo sentir el poder fluyendo dentro de ti, mientras ellos perdían lentamente esa lucha por su vida. Era casi tan adictivo como la mordedura de un vampiro para los humanos. Casi, pero no del todo.

Mi víctima estaba casi muerta, lo último que quedaba de su vida era sólo un destello de luz en un túnel largo y oscuro, cuando oí gritos que se acercaban a mí. Alguien había pedido refuerzos. No sé si había sido el guardián o la chica, pero quienquiera que hubiera sido, sus refuerzos se estaban acercando rápidamente.

Dos contra uno era mucho más difícil que la batalla inicial que había enfrentado. Además estos guardianes tenían mucha más experiencia que el muchacho anterior. Me fui con más rasguños y casi no lo logro. Al final, decidí irme con mi vida en lugar de con mi dignidad.


Atendí mis heridas en la oscuridad de mi habitación del hostal. La mayoría estarían curadas por la mañana, pero los cortes más profundos necesitarían un día adicional o incluso dos para curarse completamente. Robé algunos de los suministros de primeros auxilios de la cocina compartida antes de esconderme, y vendé mi hombro lo mejor que pude por mi cuenta. El único otro corte grande estaba en mi espalda y ese tendría que curarse por sí solo, ya que no podía alcanzarlo. Probablemente podría necesitar algunas puntadas mientras la cortada sanaba, pero eso hubiera sido sólo para mi propia comodidad y desafortunadamente no era una posibilidad en este momento. Me reí sardónicamente, agradecido de que los Strigoi fueran incluso menos propensos a las infecciones que los dhampir y los moroi juntos. Si bien se sabía muy poco acerca de su vida cotidiana y su naturaleza física fuera de las batallas, se recuperaban de sus heridas con bastante rapidez. Todo lo demás que el mundo Moroi "sabía" acerca de los Strigoi eran suposiciones basadas en un reconocimiento muy pequeño de los últimos siglos e historias que se transmitían y modificaban con el tiempo. No era como si hubiera un libro de referencia o un experto al que pudiera pedirle consejos sobre mi nuevo estilo de vida.

Mi teléfono estaba colocado tentadoramente en la mesita de noche por lo demás vacía. Había una persona a la que podía llamar. Mi estadía en el hostal estaba llegando a su fin rápidamente y, a menos que quisiera ofrecer otro par de miles de rublos para poder quedarme unos días más, tenía que decidir qué quería hacer a continuación.

Descubrí la ubicación general de Nathan según su código de área local. Novosibirsk. Eso no lo limitaba demasiado, considerando que Novosibirsk era la tercera ciudad más grande de Rusia. Aún así, era sólo una quinta parte del tamaño de San Petersburgo.

Descolgué el teléfono, comprobando su peso como si de alguna manera me ayudara a sopesar las opciones que tenía. Llamar ahora sería como pedir ayuda; no sería admitir la derrota total, pero estaría proclamando que no era lo suficientemente fuerte como para lograrlo por mi cuenta. Quizás era parcialmente cierto, pero sólo en el sentido de que no quería estar solo. Sabía que había fuerza en los números. Lo había visto con mis propios ojos. Había sobrevivido solo y lo había demostrado, pero también era lo suficientemente inteligente como para saber que no conocía los entresijos de este nuevo estilo de vida y podía beneficiarme de una educación adicional. Y quién puede decir que eventualmente no podría superar a ese grupo con el tiempo, pero por ahora, sería para mi beneficio.

Sin embargo, quería unirme a ellos en mis propios términos. Quería llegar desde un lugar de poder, no herido y encerrado en una habitación esperando a ser rescatado.

Así que, con mi decisión tomada, tiré el teléfono a un lado, hice planes para empacar mis escasos suministros al día siguiente y comenzar el viaje hacia Novosibirsk.


¡Hola chicas! Me sorprende que hayan llegado a la meta tan rápido, parece ser que este Dimitri oscuro las tiene intrigadas.

¿Qué les pareció este capítulo? Parece ser que nuestro Ruso sigue obsesionado con Rose. Y parece ser que su odio por Adrián se intensificó aún más, creo que si alguna vez se hubiera cruzado con él lo hubiera matado sin piedad.

Dimitri está a punto de llegar con Nathan, Galina y los demás. ¿Qué creen que suceda? Yo sé que esta parte de la historia es como leer un libro nuevo para ustedes, espero que les esté gustando el desarrollo de los hechos hasta el momento.

Muchas gracias de nuevo por todo su apoyo, no olviden seguir comentando y agreguen la historia a sus alertas y a sus favoritos.

Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.