Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 4
En el momento en que llegué a Novosibirsk, sentí que podría relajarme un poco. No me gustaba la sensación de estar solo y expuesto. Cuantas más personas comenzaba a ver, aunque mucho menos de las que me habían rodeado en San Petersburgo, más cómodo me sentía. De esta manera podría mezclarme mejor, convirtiéndome en una parte del fondo. Tan pronto como una multitud decente se acumuló a mi alrededor para cubrir mi presencia en una charla sin sentido, llamé al número que había estado en mi bolsillo desde Montana. Sonó dos veces antes de que la persona en el otro extremo respondiera.
—¿Кто это? —la voz exigió, sin molestarse con sutilezas y solicitando mi nombre de inmediato.
—Dimitri Belikov.
La voz, que sólo podía asumir era de Nathan, se rió entre dientes, reconociéndome al instante—. Así que finalmente decidiste que no podías lograrlo tú sólo y ahora ¿qué? ¿Quieres que te enviemos un avión?
—No, estoy en Rusia, Novosibirsk. Creo que estoy bastante cerca, así que si tienes la amabilidad de darme las siguientes instrucciones sobre dónde encontrarte…
—¿Llegaste a Rusia por tu cuenta? Debo admitir que estoy impresionado, Belikov. No estaba seguro de que sobrevivirías solo el primer día y, sin embargo, lograste llegar hasta aquí. Dime donde estás y enviaremos a alguien a buscarte.
Habría preferido una dirección y acudir allí directamente, en mis propios términos, pero podía darme cuenta que era un movimiento calculado de su parte el no darme esa información. En lugar de pelear o presionarlo por el tema, le di mi ubicación general y el nombre de un restaurante local que parecía ser bastante popular por la cantidad de personas que entraban y salían.
Mi teléfono tardó casi una hora en sonar. No le di el áspero saludo que Nathan me había dado, sabiendo quién estaba ya en el otro extremo. Sólo había una persona que tenía este número, así que simplemente respondí.
—Estoy aquí. Encuéntrame en el lote detrás de la librería.
Tiré de mi labio con mi colmillo inferior. Si eso no era un signo de problemas inminentes, no sabía qué era. La librería que había pasado estaba a una cuadra de distancia, rodeada por otros negocios cerrados a esta hora. Ese lote estaría desierto ahora mismo.
Ya antes había caído ante Nathan. Tal vez si hubiera estado en mi mejor momento cuando lo había conocido, no cansado, herido y desgastado por las peleas anteriores, podría haber salido de esa batalla con un mejor resultado. Sin embargo, como nuevo Strigoi, también fue capaz de humillarme antes de mi primera alimentación. Había estado débil sin sangre. Cuanto mayor era un Strigoi, más fuerte era. Nathan siempre sería mayor que yo, y aún podría ser más fuerte que yo.
Pero ¿qué otra opción tenía?
Podría quedarme solo. Muchos Strigoi lo hacían. Toqué mi pierna un par de veces más, solidificando mi decisión anterior. Había venido aquí para reunirme con él y con los demás. Ya había pasado un tiempo solo y había decidido que el poder estaba en los números. No iba a renunciar a eso debido al pequeño temor de un callejón oscuro. Mi entrenamiento residual como guardián de nunca ir solo a un callejón oscuro por la noche era lo que me estaba deteniendo. Ya no era un guardián, era Strigoi. Y Nathan me había dado su número por una razón. ¿Por qué me traicionaría si me había dado su número de teléfono en primer lugar?
Mi ansiedad no se desvaneció cuando dejé el santuario de las farolas. Cuando Nathan no apareció de inmediato donde esperaba que lo hiciera, tomé mi teléfono para llamarlo otra vez, debatiéndome entre eso y llamarlo a gritos. Tampoco tuve la oportunidad de hacerlo antes de que el sonido de los guijarros en el pavimento llamara mi atención. Me giré justo a tiempo para ver una tabla de madera acercándose a mí.
Esquivé a la izquierda, librándome de una posible conmoción cerebral por una o dos pulgadas y respondiendo con mi propio contraataque en milisegundos. No era el cabello rubio de Nathan, sino el cabello teñido obscenamente de rosa de alguien mucho más joven. Debía de tener unos quince años cuando la habían despertado, pero su juventud era un arma feroz. Era pequeña, rápida y fácilmente subestimada. Había aprendido a no subestimar a las jóvenes hace mucho tiempo, mucho antes de conocer a Rose. No crecías en una casa llena de ellas sin saber de que manera podían luchar cuando querían.
En el siguiente golpe que hizo, agarré la tabla y la saqué de su brazo, o se le rompió la muñeca. Cualquiera que haya sido no importaba porque ella rugió de ira cuando la levanté y la arrojé contra la pared cercana. Necesitaba dejarla fuera de combate cuando dos oponentes más se dirigieron hacia mí.
Estos hombres eran mucho más grandes. Uno era casi de mi tamaño, y probablemente un luchador entrenado antes de ser convertido en Strigoi. El otro era más bajo, pero un segundo oponente haría esto mucho más difícil. Rompí el status quo tradicional, tomando al oponente aparentemente más débil primero usándolo como un escudo contra el primero. Por supuesto, esto requería romperle la clavícula primero para ponerlo en posición antes de romper su cuello para mantenerlo fuera de juego completamente. No lo mataría, no en este estado de no-muerto, pero le tomaría bastante tiempo volver a ponerse de pie.
El otro hombre, ligeramente sorprendido de que me hubiera atacado a su compañero en lugar de a él, se quedó en suspenso el tiempo suficiente para que yo pudiera atacar por mi cuenta. Sin una estaca ni ninguna otra arma capaz de matarlo de verdad, tuve que hacer mi mejor esfuerzo para incapacitarlo con mi propia fuerza física y un poco de lucha sucia.
No fue el momento más orgulloso de mi carrera en cuestión de pelea, pero primero lo golpeé en la ingle para detenerlo. Lo mandé al suelo después de unos segundos cuando lo golpeé en las piernas, y lo mantuve inmovilizado, mientras le sacaba los ojos con los pulgares.
Esperé a otro atacante, la adrenalina bombeando por mis venas, pero no escuché los sonidos de alguien más acercándose. En cambio, oí... ¿aplausos?
Nathan se acercó con una sonrisa maliciosa en su rostro mientras aplaudía perezosamente—. Eso fue bastante bueno, novato. Amy y Erik son luchadores bastante buenos y tú los eliminaste sin problemas. No debería sorprenderme, por supuesto, antes eras un guardián muy respetado, pero esperaba que estuvieras un poco desnutrido. Parece que estás bien. ¿Por qué, entonces, estás recurriendo a tu maestro? —La voz de Nathan parecía más decepcionada que curiosa—. Oh, y es mejor que saques tus dedos de la cara de Erik. El jefe no apreciará que uno de sus soldados esté ciego.
Me retiré cuando él gimió, pero aún estaba sangrando y no hizo ningún movimiento para levantarse, ni nadie más lo hizo. Sabía que nada de lo que había hecho sería permanente para ellos, pero probablemente les tomaría unos minutos, tal vez incluso una hora más o menos, para que se recuperaran por completo. Si hubiera estado luchando contra un humano, Moroi, o incluso con otro dhampir, podría haber matado a alguien.
—¿Hay alguna razón por la que decidiste atacarme? —La actitud despreocupada de Nathan me divertía menos que él, pero su tono cambió en el momento en que lo interrogué.
—Te di la oportunidad de unirte a nosotros antes, y decidiste no hacerlo. ¿Creías que simplemente podrías llamar cuando las cosas se pusieran difíciles? No, no funciona de esa manera, Dimitri. Exijo orden aquí. Si quieres convertirte en parte del grupo, debes demostrar que tienes algo que ofrecernos. Ahora, obviamente puedes luchar, y parece que tienes suficiente sentido común y habilidades de supervivencia para vivir solo...
—¿Eso significa que puedo unirme a ti y a tu banda de renegados?
—Ah, desafortunadamente, esa decisión no depende de mí. —Me dirigió una sonrisa, pero la sensación detrás de ella era todo menos amistosa. No parecía que esta particular señal de hostilidad estuviera dirigida hacia mí.
—Entonces, ¿a quién tengo que ver para mi juicio oficial?
—Tan pronto como estos chicos se despierten, —señaló a sus compañeros, que estaban empezando a moverse un poco más—, te llevaré con ella.
—¿Ella? —Mi sorpresa debe haber sido exactamente lo que él estaba esperando porque su respuesta ya estaba en la punta de su lengua.
—Somos una sociedad muy progresista, Dimitri. Intenta seguir el ritmo.
Me vendaron los ojos unos diez minutos fuera de los límites de la ciudad. Nos dirigíamos hacia el este la última vez que vi una señal, pero pronto perdí la cuenta de cuántos giros habíamos tomado y en qué dirección habíamos ido cada vez. Cuando finalmente paramos, estimé que había sido otra media hora más o menos. Me sacaron del auto y asumí que me harían quitarme la venda, pero siguieron guiándome por un camino sinuoso durante unos minutos más antes de hacerlo. Cuando me pidieron que me quitara la tela, estábamos en medio de un gran laberinto de arbustos decorativos. Las paredes tenían diez pies de altura, haciéndome lucir pequeño incluso a mí, pero sobre el borde de la parte superior, podía ver la cima de un techo que pertenecía a una gran estructura. Sólo pude asumir que este era nuestro destino final.
Nathan y los demás caminaron confiados hacia el edificio, dirigiéndose casi siempre hacia él, pero ocasionalmente daban vueltas en el retorcido laberinto en dirección contraria sin preocupación alguna. Traté de memorizar su camino, pero era casi imposible hacerlo. Las huellas en el suelo también parecían superponerse entre sí, contradiciendo el camino por el que estábamos caminando.
—No te molestes. Hay varias maneras de entrar y salir, pero la mayoría sólo te hará perderte aún más. Tenemos hombres caminando por el laberinto varias veces por la noche para desgastar los caminos, así que intentar seguir las huellas no te ayudará. Además, varias de estas paredes son falsas y se pueden mover, por lo que si bien este camino funciona ahora, podría ser completamente inútil en una hora.
—Interesante. —Paranoico.
Finalmente llegamos al final del jardín, dirigiéndonos a una gran área pavimentada al descubierto, aún cercada por los mismos setos que desaparecían de la vista detrás de la finca. Ventana tras ventana, todas cubiertas por una película protectora y cortinas gruesas, bordeaban la antigua fachada de estuco y las gigantescas puertas de roble en la parte superior de las escaleras delanteras parecían más imponentes que acogedoras. Todo esto hablaba de una riqueza increíble, especialmente para un grupo que esencialmente estaba manteniendo un perfil bajo.
Los hombres y las mujeres que vivían en este refugio me miraban con curiosidad, no exactamente con malicia, pero sin duda cuestionando mi presencia. Nadie me detuvo a mí ni a los que me acompañaban para preguntar por qué estaba allí. Vi sobre todo a otros Strigoi, pero también me sorprendió ver a algunos humanos. Comencé a salivar al instante, lamentando mi decisión de no alimentarme mientras esperaba a Nathan y los demás en la ciudad. Sin embargo, algo me dijo que sería de mala educación atacar sin invitación antes de que me aceptaran oficialmente en esta congregación extraña, así que me resistí a mis deseos innatos y sólo esperé que la hospitalidad finalmente triunfara en algún momento.
Si bien el exterior del edificio lucía antiguo, el interior era mucho más actual, combinando elementos tradicionales como las chimeneas de mármol y algunos de los detalles arquitectónicos originales con accesorios de iluminación ultra modernos, equipos de vigilancia de alta tecnología y otros detalles que no esperarías de lo que de otro modo se consideraría una raza barbárica de criaturas sedientas de sangre.
Nathan me llevó más allá de la mayoría de lo que parecían ser las áreas comunes de la finca, y de vuelta hacia un pasillo y una puerta cerrada. Golpeó, esperando pacientemente durante casi un minuto hasta que un caballero abrió, ajustando sus dos botones superiores y asintiendo a Nathan.
—Es Nathan, y parece que trajo a un amigo.
—Déjalo entrar.
No podía ver a la dueña de la voz que llamaba desde la habitación, pero su familiaridad me llamó la atención. Supe al instante que la había oído antes, en algún lugar de mi pasado. Comencé a pensar rápidamente, tratando de recordar dónde podría haberme encontrado con alguna poderosa Strigoi sin mi conocimiento. Sin embargo, los segundos que tuve para repasar mis dos décadas de vida no fueron suficientes para encontrar una respuesta, antes de que me encontrara con la persona que había hablado y con suficientes recuerdos para hacerme sentir como un idiota por haberla olvidado en primer lugar.
Ahora podía escuchar su voz cada vez que me gritaba que pusiera más empeño en la última vuelta de la pista. Podía verla indicándome que estableciera otro conjunto de ejercicios cuando los tres primeros no la habían satisfecho. Podía sentir el orgullo cuando finalmente cumplí con sus rigurosas demandas y cómo eso me había diferenciado de mis compañeros como el mejor de mi clase, preparándome para ingresar en mi carrera mucho antes que la mayoría de los graduados
Cómo había terminado aquí, mirándome ahora con ojos de color rojo sangre, estaba más allá de mí imaginación.
—Guardiana Sinekopova. —Me dirigí a ella automáticamente, inclinando mi cabeza en respeto por mi antigua mentora, a pesar de que habían pasado años desde que habíamos perdido el contacto e incluso más tiempo desde que la había visto en persona.
Un gruñido bajo emanó a mi lado cuando el shock de Nathan se disolvió en una forma de falta de respeto.
—Dimitri, —se rió ella, apartando su cabello que ahora era mucho más largo de lo que lo había sido antes—. No sé si debería sentirme ofendida o halagada de que sientas la necesidad de dirigirte a mí con un título del que me deshice hace años.
—Mis disculpas. No sé cómo dirigirme a usted con el respeto que se merece.
Su pequeña sonrisa se torció en una sonrisa completa mientras me estudiaba un momento más—. Tan encantador como siempre, Dimitri. No suenas hipócrita como lo hacen otros. —No me perdí la mirada rápida que le dirigió a Nathan, y dudo que él lo hubiera hecho—. Siéntete libre de llamarme Galina.
—Creo que me estoy perdiendo algo aquí, —interrumpió Nathan—, ¿cómo es que se conocen?
Galina hizo un gesto para quitarle importancia antes de avanzar hacia el área de descanso en su sala, así que me hice cargo de contestarle a Nathan mientras la seguíamos—. Galina era mi mentora cuando estaba en la escuela. Ella me entrenó para ser Guardián. Perdí el contacto con ella a lo largo de los años, así que me sorprende verla aquí, pero creo que el destino me ha sonreído.
Ella me ofreció una copa de vino tinto, la copa bordeada con un líquido marrón oscuro que era tan espeso que apenas goteaba por los lados. Mientras la levantaba en un brindis, pude oler el bouquet del vino más de lo que lo había hecho antes, cada nota individual que me había perdido cada vez que mi madre y mis hermanas me insistían en que probara un poco durante las celebraciones de nuestro pueblo, pero lo que realmente resaltaba era el sabor a sangre que complementaba el de las uvas dulces y el alcohol amargo. Privado de sangre durante todo el día, fue todo un reto permanecer civilizado y no lamer la copa como una bestia. En cambio, lo bebí lentamente, saboreando el sabor en mis labios.
—Creo que el destino nos ha sonreído a ambos, Dimitri.
Chicas, ¿qué les ha parecido este capítulo? Es uno de los que más me gusta porque demuestra lo fuerte y lo mortal que es Dimitri quien es capaz de defenderse de dos Strigoi más viejos y más fuertes que él.
Por fin ha llegado a su destino y se ha reencontrado con Galina, ¿cómo creen que se desarrollle la relación de estos dos? Parece ser que Nathan no espera este desarrollo de los hechos, ¿creen que Dimitri represente un peligro para la posición de Nathan dentro de la organización de Galina?
Muchas están ansiosas por que llegue Rose, Dimitri se entera que ella está en Rusia y que lo está buscando en el capítulo 8, ósea que ya sólo nos falta la mitad para que Rose entre en escena de nuevo.
El capítulo siguiente lo subiré cuando lleguemos a los 330 reviews o el próximo Domingo. No olviden dejar sus comentarios, me encanta leer sus opiniones y fangirlear con ustedes. Cuídense mucho y nos leemos en el próximo capítulo.
