Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.


Capítulo 7

El club al que me llevaron Nathan y los demás parecía similar a varios de los que había acechado en mis días de Strigoi solitario, y aunque había algunos Moroi aquí, estaba claro que no eran los clientes, sino la mercancía. Lo mismo con los dhampirs. No había un guardián por ningún lado, y los humanos que se habían colado estaban felizmente inconscientes del peligro que los acechaba mientras se alimentaban de la energía que irradiaba a su alrededor, bajándosela con una buena dosis de alcohol sólo por si acaso.

Nuestra presencia se notó de inmediato, pero a nadie parecía importarle. De hecho, varias de las mujeres tomaron nota e inmediatamente comenzaron a acudir en tropel hacia nosotros, sin tener en cuenta lo que debería haber sido su instinto natural. Sus faldas cortas, escotes bajos y tacones altos señalaron sus intenciones casi tanto como las siniestras sonrisas en sus rostros y la serie de cicatrices que subían y bajaban por sus cuellos.

Nathan no dudó en tomar a dos chicas del grupo y las condujo hacia un rincón oscuro de la pista de baile donde se encontraban las cabinas privadas. Un par de los otros hombres y mujeres de nuestro grupo también se unieron, incluyendo a Marko con el camarero quien le indicó a su compañero que se encargara de atender la barra antes de llevar a Marko a una puerta detrás de la pared de botellas, hasta que fui el único que quedaba.

—¿Vienes?

Alejé mi mano de las largas uñas que se arrastraban por mi brazo, clavando mis ojos en los de la chica. Cabello rojo, ojos verdes, pecas. Podría haber lucido angelical e inocente hace años, pero eso se había perdido hace mucho tiempo debajo del delineador de ojos oscuro, los tatuajes parcialmente ocultos y la adicción apenas enmascarada como lujuria que ahora portaba con orgullo.

Pero también había una chispa en sus ojos, a pesar de la desesperación que tenía por una mordida. La chispa que me recordaba a alguien más. Esa chispa fue lo que me hizo decir que sí, lo que me hizo tomarla por el hombro y acercarla a mí, provocándola un momento con un beso en sus cicatrices mientras ella presionaba su cuerpo contra el mío para dejarme sentir todo lo que tenía para ofrecerme. Había pasado tanto tiempo como para inundar mi mente de recuerdos mientras me sentía completamente nuevo al mismo tiempo.

No dudé en dejar que mis manos vagaran sobre su cuerpo, y ella no se resistió a hacerme saber que era libre de hacer lo que quisiera. Cuando mis dedos ahuecaron la hinchazón de sus pechos, a simple vista de quien estuviera dispuesto a mirar en medio de la pista de baile, se arqueó contra mí. Sin embargo, era mi juego, y ella era lo suficientemente inteligente como para saber que yo era el que tenía el control. Ella podría morder ese lindo y pequeño labio pintado y cerrar esos ojos todo lo que quisiera, pero yo sería quien decidiera cuándo y dónde iríamos, y qué haríamos. Mi mano firme contra la parte posterior de su cuello para jalar su boca contra la mía en un beso fuerte era sólo una prueba de eso.

Ella gimió, fundiéndose en mi cuerpo mientras mis colmillos tiraban de su labio inferior. Podía sentir cómo aumentaba su temperatura, el pulso de su sangre corría por sus venas cuando ambos comenzamos a sentirnos más emocionados ante las posibilidades de lo que vendría después.

Aún así, rodeado por las luces brillantes, el golpeteo del bajo de la música, y los cuerpos de los espectadores girando alrededor, no era el lugar para disfrutar de tales lujos. Necesitábamos algo un poco más privado para lo que ambos teníamos en mente.

Nathan se sentó en la cabina semiprivada de la esquina con las dos mujeres de antes, una ya aturdida por un mordisco mientras la sangre caía de su cuello sirviendo bebidas para ellos, mientras que la otra estaba posada en su regazo y ocupada con sus labios. Parecía que su mordida tendría que esperar un poco más, pero no parecía importarle en este momento.

—¿Hay algún lugar tranquilo al que podamos ir?

La chica, cuyo nombre no había preguntado porque no me importaba saberlo, asintió y me llevó hacia un pasillo con cortinas hacia el que había visto ir a varios de mi grupo. Pasamos varias puertas con suspiros, gruñidos y gemidos detrás de ellas antes de encontrar una abierta. Tan pronto como cerré la puerta con llave, la chica se presionó contra ella, su delgado cuerpo se levantó del suelo y las piernas se envolvieron alrededor de mi cintura para que pudiera alcanzar mi altura.

Literalmente arranqué el top de su cuerpo, haciéndola reír mientras las delgadas bandas que lo mantenían unido a los lados se rompían en pedazos y caían al suelo. Todavía no lo sabía, o tal vez lo sabía y simplemente no se había preocupado todavía por sí misma, pero ya no lo necesitaba.

El color pálido de su piel contra la mía debería haber sido un contraste en mi otra vida, pero ahora casi combinábamos con mi tono pálido mortal. Ambos éramos del color de la crema en lugar del bronceado que había tenido una vez, sólo un tono más claro que el de la piel de Roza.

Me aparté de su pecho, encogiéndome ante el recuerdo indeseado. Estaba aquí para olvidarla.

—¿Todo bien? —Su voz estaba sin aliento, obviamente atrapada en lo que habíamos estado haciendo.

—Todo bien, —le aseguré, mordiéndole la oreja mientras volvía a percibir su aroma para centrarme en el aquí y ahora. Fue fácil perderme una vez más cuando sentí que se frotaba contra mí, permitiendo que la sensación y el deseo animal superaran el pensamiento racional, hasta que todo lo que había entre nosotros era sólo nuestra ropa interior. Si me hubiera permitido pensar demasiado en las cosas, podría haber relacionado el momento con otro momento y otro lugar donde me había movido demasiado rápido, pero a diferencia de entonces, esto no era el producto de un hechizo de lujuria construido sobre una base de verdadera emoción y sentimientos. Este era un momento de pura lujuria carnal.

Yo estaba duro, y ella estaba dispuesta. No había razón para no seguir adelante.

Pero no lo hice.

—¿Qué pasa? ¿Quieres algo más antes de que comencemos? —Sentí que se movía debajo de mí antes de que su mano rozara mi bulto erecto, deslizándose dentro de los calzoncillos y envolviéndose alrededor de mi longitud.

Mis ojos se volvieron hacia atrás, encogiéndome ligeramente ante la sensación de ser tocado por alguien que no fuera yo en lo que parecía una eternidad. Cuando su mano comenzó a acariciarme lentamente, escuché el gruñido bajo en mi pecho cuando empecé a moverme en su mano.

—Ahí tienes, bebé. ¿Te gusta eso? —Su aliento caliente en mi pecho no hizo más que aumentar las sensaciones.

Ni siquiera pude responderle. Me quedé sin palabras por el placer de su mano sobre mí. Asentí, ansioso por que ella continuara.

—Podría hacer otra cosa si quisieras. —Sentí algo húmedo y cálido en mi corazón; su lengua.

Gruñí ante el pensamiento, dejando que mi cabeza cayera sobre el delgado y gastado colchón debajo de nosotros. Tanto tiempo. Maldita sea, había pasado tanto tiempo. Nunca hubiera soñado con pedírselo a Rose, especialmente no aquella primera vez... mierda. Estaba pensando en ella otra vez.

—¿No? —La chica debía haber tomado la sacudida errante de mi cabeza como respuesta—. Muy bien. Prácticamente te tengo a punto de venirte en mis manos, ¿no?

Me aparté, rodando sobre ella y entornando los ojos.

Su ritmo no se detuvo, aunque me sonrió maliciosamente—. Un Strigoi grande y malo a mi merced. Sé lo que necesitas. No eres tan poderoso como yo.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando mi mano se envolvió alrededor de su garganta, cortando sus palabras y oxígeno. Sentí que me soltaba mientras sus manos volaban para tratar de arañar las mías.

—Uh-uh, —le advertí—. No dije que pudieras parar.

Sus ojos se abrieron sorprendida por mis palabras, pero aceptándolas mientras regresaba lentamente a su tarea anterior. Cuando comenzó a acariciarme lentamente otra vez, aflojé suavemente mi agarre sobre su tráquea, no lo suficiente como para dejarla hablar, sino lo suficiente para dejarla respirar.

—Ahora, así es como son las cosas en realidad. Vas a terminar conmigo, luego terminaré contigo. ¿Lo entiendes?

Ella asintió tanto como mi mano sobre su cuello se lo permitió.

—Y no olvidemos quién tiene el poder aquí. Ahora, sé una buena prostituta de sangre y gánate tu mordida, ¿entendido?

A estas alturas, las lágrimas brotaban de las esquinas de sus ojos y su aliento salía con pequeños y bruscos jadeos. Podía oler el miedo que se desprendía de ella y, aunque no era tan seductor como había sido antes la lujuria pura, también tenía un extraño atractivo. No lo buscaría activamente, aunque conocía a algunos en la organización que hacían precisamente eso. Decir que su corazón, mente y cuerpo ya no estaban más en esto era una subestimación. Haría el trabajo, pero a un precio.

En un último esfuerzo para recuperar un poco de placer en este trato, moví mis dedos. Su grito se transformó rápidamente en un gemido y luego en un suspiro cuando mi mordida atravesó su piel y las endorfinas se introdujeron en su sistema. Un fuerte empujón en su palma le recordó su trabajo y sólo me tomó unos momentos más antes de que gruñera por mi liberación. Un momento después, su mano se aflojó cuando su corazón se detuvo por completo.

Me aparté de su cadáver, todavía estaba caliente pero ya comenzaba a repelerme, y me senté a su lado con el rostro en las palmas. Había sido una mierda pasable, pero no valía la pena el esfuerzo, y ahora tenía un cuerpo del que deshacerme. Levantando mi cabeza lo suficiente como para mirar las extremidades extendidas sobre el lúgubre colchón y el desorden de cabello rojo, natural en lugar de teñido, al menos podía sentirme cómodo con una cosa: cada vez era más limpio en todo el proceso. Apenas había derramado una gota extra de sangre.

El pensamiento me provocó una risa errante mientras estiraba los brazos por encima de mi cabeza, estirando los músculos tensos antes de levantarme para ajustarme. Sabía que probablemente encontraría a Nathan en el pasillo pronto, así que saqué mi libro de bolsillo para esperarlo fuera de mi habitación. Me había hartado de este lugar, al menos por ahora. Si iba a cazar, decidí, prefería que mi presa no se lanzara contra mí. Tal vez estaba chapado a la antigua.

Nathan emergió diez minutos después, salió de una habitación cerca de donde me encontraba esperándolo. Iba sólo al igual que yo, y con una gran sonrisa en el rostro, como la de un gato que había atrapado al canario. Parecía que ni siquiera el verme fue suficiente para eliminarla.

—¿Ya terminaste, Dimitri? Sabes que no es una carrera, ¿verdad? ¡Diviértete un poco! —Me dio una palmadita en el brazo, una que obviamente tenía la intención de sacudirme, pero no hizo nada para moverme de mi posición en la pared.

—Ella terminó siendo un poco menos cooperativa una vez que llegamos aquí. —Me encogí de hombros, guardando mi libro—. Sin embargo, lo hice funcionar. Sólo quiero saber qué hacer con lo que queda. —Abrí la puerta ligeramente, permitiéndole ver la figura desnuda dentro.

—¿Muerta? —preguntó, levantando las cejas.

—Muerta.

—Es una pena, era bastante bonita. No me hubiera importado probarla, incluso aunque fueran tus sobras. De todos modos, deja su sueldo en la mesita de noche y cuelga la tarjeta roja en el pomo de la puerta. Alguien recogerá el cuerpo y tomará su pago como compensación. —Se rió para sí mismo—. Si era buena, siéntete libre de dejar una propina.

Se rió de nuevo de su propia broma antes de retirarse por el pasillo hacia la música fuerte y ponerse a bailar nuevamente. Miré hacia la habitación de donde había salido y noté el letrero rojo que colgaba del pomo de la puerta, sorprendiéndome por no haberlo visto antes cuando salió. Varias de las otras puertas también tenían carteles rojos, y dos o tres tenían amarillos. Me pregunté por un momento qué significaban esos antes de dejar que el pensamiento cayera a un lado y entrar a mi habitación una vez más.

No nos quedamos en el club mucho más tiempo después de nuestro negocio. Nathan aprovechó ese tiempo para explicar por qué nos había traído aquí mientras nos invitaba unos tragos, sorprendentemente traídos por una de las chicas con las que había visto a Nathan apenas unas horas antes.

—Muerde a una, duerme con la otra, —me guiñó un ojo, bebiendo de su trago—. Este es uno de los lugares con los que Galina tiene contratos, lo que nos permite hacer negocios y pasar desapercibidos. No tenemos que preocuparnos por los Guardianes o los malditos Alquimistas irrumpiendo en el lugar y haciendo preguntas. Se nos permite ir y venir como nos plazca y obtener nuestro pago.

—¿Así que hay otros, entonces?

Él asintió, haciendo una mueca por lo fuerte de su bebida—. Sí, es por eso que estamos esperando a un par de personas. Al orfanato que está al final de la calle no le importa perder una o dos bocas que alimentar cada mes, siempre y cuando seamos lo suficientemente cuidadosos para mantener la cabeza baja y no ser demasiado regulares al respecto

La idea de esos viejos cuentos con los que mi abuela solía asustarnos en la noche pasó por mi mente. Historias de Baba Yaga robando niños que vagaban de sus hogares hacia el bosque sin permiso, o que eran capturados por no ser "puros de corazón." Pero la bruja rusa ayudaría u obstaculizaría dependiendo de a quién le preguntaras y qué lección deseabas enseñar a tus hijos ese día. No, estas pesadillas eran mucho más parecidas a las del Boogeyman americano que se escondía debajo de tu cama: siempre mirando, siempre esperando, y en el momento en que pensabas que estabas lo suficientemente seguro como para dormir...

—Si te hace sentir mejor, una muerte rápida podría ser mejor para algunos de esos niños. Siempre está abarrotado y con fondos insuficientes. Más personas mueren sin nuestra ayuda que con ella, y es demasiado fácil para ellos enmascarar nuestros asesinatos como otra muerte más o huida.

La rubia que había traído a Nathan su primer trago trajo otro, a pesar de que el primero estaba medio lleno, y lo tomé en el momento en que golpeó la mesa acabándome la mitad en unos pocos tragos y saboreando la quemazón en mi garganta. Cuando tuvo el descaro de entrecerrar sus ojos ante mis acciones, solté un pequeño gruñido y Nathan sólo se rió de nuestra interacción.

—Tráele otro, Natalia. Parece que lo necesita más que yo. —Una palmada en el culo fue todo el aliento que necesitó.


Lee se quedó con nosotros en la finca, para sorpresa de nadie. No parecía decepcionado ni aliviado, sólo parecía resignado.

Había ido a decirle a Galina lo que Lee me había pedido si esto llegaba a suceder, pero ella ya estaba un paso por delante de mí, como siempre. Galina había querido guiarme personalmente en mi primera transformación usando a Lee. Una parte de mí estaba esperando a ser expuesto frente a toda la organización nuevamente, demostrando mi ignorancia en tales asuntos, pero ella me aseguró que para comodidad de Lee, realizaríamos la transformación en la tranquilidad de su suite de invitados. Después de que fuera incluido en las filas, se le entregaría su propia suite personal. Las únicas personas que asistirían serían Galina, Nathan, Lee, yo mismo y algunos otros miembros de mayor rango.

Sin embargo, Galina no demoró la ceremonia y la programó sólo unas horas después de decírmelo. Ni siquiera tuve la oportunidad de hablar con Lee antes de que me llevaran a su suite, aunque parecía bastante informado de lo que sucedería. Tranquilamente estrechó la mano de los que entraron, moviéndose rápidamente hacia el sofá mientras Galina tomaba el mando de su habitación.

—Ahora, Lee, ¿alguna vez te han mordido?

—No, señora.

—Bueno, no puedo prometer que será completamente indoloro, pero el dolor será de corta duración. Unos minutos como mucho, antes de que el mordisco de Dimitri te inunde con endorfinas. Tendrá que drenarte casi completamente, y cuanto menos luches, más fácil será para los dos. Luego, beberás de él. Esa será la peor parte, pero será breve. Te desmayarás y, cuando abras los ojos, estarás despierto por toda la eternidad. ¿Lo entiendes?

El asintió.

—¿Alguna pregunta? ¿Y tú, Dimitri?

Ambos dimos un rápido no, aunque podía sentir mi corazón latir un poco. Sabía que eran sobre todo nervios, recordando los momentos de mi juventud cuando Galina me explicaba un movimiento nuevo y complejo. Sabía que ella me instruiría desde el margen como hace años, ajustando mi técnica y todo lo que tendría que hacer era escuchar su guía, pero existía la vieja presión de no querer decepcionarla, a pesar del hecho de que había estado inactiva durante más de media década.

—Bien entonces, comienza.

Lee sonrió confiado, exponiendo su cuello y respirando profundamente. En el momento en que mordí, lo escuché gruñir, pero después de eso, no hubo nada más que silencio. No hubo lucha, sólo su respiración y su agarre firme en el sofá.

Sentí que su sangre me inundaba de inmediato, despertando mi sed y satisfacción. Inmediatamente supe por qué Galina había querido que me alimentara la noche anterior, era sólo para mantener mi sed de sangre a raya hoy, pero también pude ver que nada sofocaría completamente el deseo de acabar una vida por completo y reclamarla como mía.

En cambio, traté de concentrarme en el flujo de su sangre, el latido de su corazón, el sonido de su respiración entrando y saliendo de sus pulmones. Todas las señales sobre su vida y cuánto quedaba de ella. No había miedo en él como en mis víctimas, pero Lee no era una víctima, sino un sacrificio voluntario.

Toma mucho menos tiempo de lo que piensas para que un hombre, ya sea humano, dhampir o Moroi muera. Sin la lucha habitual, fueron aproximadamente dos minutos, pero podía sentir su corazón desacelerándose considerablemente. Cuando intenté alejarme, escuché a Galina detrás de mí.

—Sigue adelante.

Unos segundos más, y me detuve de nuevo.

—Aún no...

Va a morir pronto.

—¡No te detengas!

—Ga… —Alguien trató de intervenir.

—No hasta que yo lo diga.

Esperé un latido de corazón más, antes de alejarme y rasgarme la muñeca con mi propio colmillo y presionarlo contra su boca. Sus ojos ya estaban cerrados, pero dejé que mi sangre goteara en su lengua, esperando desesperadamente que hubiera algún tipo de reacción. Miré a Nathan por el rabillo del ojo, pero por la forma en que se negó a mirarme, me dijo más de lo que quería escuchar.

El silencio llenó la habitación por un rato.

—Que pena. Al menos tuviste una buena comida, Dimitri. Sigue tu instinto la próxima vez. —Se volvió hacia la puerta, varios de los demás la siguieron—. Nathan, muéstrale dónde desechar el cuerpo, ¿quieres?

Nathan puso los ojos en blanco y resopló molesto en el momento en que la puerta se cerró, dejándonos a él, a mí y a Lee solos. Hizo una llamada, pidió un carrito y luego se dejó caer en una de las sillas y encendió la televisión, mientras yo miraba el cuerpo del hombre que había confiado en mí.

—Oh, no te preocupes demasiado. Si ella hubiera querido asegurarse de que él viviera, hubiera dejado que alguien con un poco más de experiencia lo hiciera.

—Sabía que tenía que parar. Sabía que estaba listo. —Mi voz era baja y, aunque sabía que podía escucharme, las palabras no eran exactamente para él.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

—Ella me dijo que no lo hiciera. —Lo miré como si la respuesta fuera obvia. Él estaba ahí; el la había escuchado—. ¿Qué se suponía que debía hacer?

Se encogió de hombros, tomó una de las cervezas de la pequeña nevera en la cocina y me ofreció una—. Como quieras, —fue todo lo que tuvo que decir cuando la rechacé, y el resto del tiempo lo pasé en silencio hasta que alguien apareció con un carrito para ayudarnos a cargar el cuerpo, tirarlo en un camión y desecharlo a lo largo de un camino abandonado en medio de la nada.

Recordé a mi madre escribiéndome sobre cómo estas carreteras se habían vuelto particularmente peligrosas en la última década debido a los ataques de Strigoi a los conductores que pasaban, y tuve que preguntarme si las historias eran ciertas o si era sólo un vertedero masivo para Galina y sus operaciones. Como no se esforzaba mucho en esconder realmente el cuerpo o cualquiera de sus heridas, adivinaba que era lo último.

En el momento en que regresé a la finca, me encerré en mi habitación y cerré los ojos contra el mundo. Traté de olvidar el día. Traté de olvidar la forma en que Lee me había sonreído antes de morderlo. Intenté olvidar la forma en que su corazón se desaceleraba. Intenté olvidar la forma en que algo dentro de mí me decía que parara y lo había ignorado. Y cuando no pude olvidar, abrí los ojos.

La silla golpeó el espejo, volviéndolos fragmentos de destrucción catártica.


Chicas, por fin, después de dos semanas de ausencia aquí tienen el capítulo nuevo. Espero que les haya gustado.

Empezamos a ver una etapa aún más oscura de Dimitri, y como les dije en el capítulo anterior, Lee juega un papel muy importante en su evolución ya que fue quien lo hizo cambiar de opinión con respecto a Galina. Como Dimitri mismo lo dijo, aún tenía miedo de decepcionarla, pero después de que ella jugara de esa manera con él y Lee, las cosas cambian totalmente en la cabeza del Ruso.

Y adivinen qué, ya por fin en el próximo capítulo vuelve a aparecer Rose en la vida del Ruso que tanto esfuerzo hace por olvidarla, ¿cómo creen que tome la noticia de que lo está buscando para matarlo?

Como les comenté en la actualización de "Meet Me in the Memory" es posible que me vuelva a atrasar en los próximos días debido a los exámenes finales en la escuela, pero en cuanto lleguemos a los 500 reviews publicaré el próximo capítulo.

Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.