Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 10
Peiné el cabello de Rose hacia atrás mientras la acostaba en su cama. Su cama temporal. De una forma u otra, no podría quedarse mucho tiempo en esta habitación. Habría preferido vigilarla más de cerca en mi propia suite, pero Galina fue firme en que mientras insistiera en mantenerla aquí, tendría que estar firmemente encerrada bajo llave. Al menos me había permitido alojarla aquí en lugar de una las "habitaciones" más anticuadas y menos hospitalarias del sótano. Como no podría quedarme con ella en todo momento, podía ver el atractivo de tenerla encerrada por seguridad. Aunque los demás sabían que no debían acercarse a mi espacio personal, no podía estar seguro de que Rose no fuera a vagar por la casa, y no podía asegurar su protección más allá de los límites de esta habitación hasta que ella entendiera lo que tenía para ofrecerle.
Sabía que se despertaría pronto, probablemente dentro de una hora, y aún necesitaba alimentarme antes de reunirme con ella. Verla bajo la influencia de la sed de sangre sería una idea terrible en muchos aspectos, y aunque una víctima fresca probablemente sería mi mejor opción, un viaje a nuestro cuarto de alimentación sería mejor que nada.
Algunos de los soldados llamaban a este cuarto "El corral" debido a lo mucho que humanos, dhampirs y sí, incluso ocasionales Moroi que no pertenecían a la realeza, actuaban como ganado después de algunas mordidas. No sólo nuestra mordida era más intensa que la de los Moroi, sino que también tendíamos a forzar los límites de lo que era seguro antes de que un alimentador se desmayara o simplemente muriera por pérdida de sangre. Aun así, seguían regresando porque el nivel de endorfinas en nuestra saliva les proporcionaba un subidón más fuerte que cualquier droga en el mercado o en las calles, así que aunque hubieran visto morir a alguien el día anterior, estaban dispuestos a entregar su propio cuello la noche siguiente sólo por una mordida. Algunos incluso tenían la débil esperanza de conseguir la inmortalidad, aunque eventualmente la perdían al paso de las semanas o los meses en sus recuerdos borrosos debido al constante suministro de endorfinas, claro, si es que llegaban tan lejos. Nunca me había alimentado más de tres veces de la misma persona.
Apenas había saciado mi sed antes de que el teléfono en mi bolsillo empezara a vibrar. Instantáneamente me sacó de un estado de ánimo pasivo a uno ansioso y agitado en un momento.
—¿Qué? —Mi tono era plano, pero la palabra sonó cortante.
—Está despierta. —La voz al otro lado de la línea sonaba aburrida, pero al instante supe el significado detrás de su mensaje. Rose. No había ningún tipo de monitoreo audiovisual en las suites de invitados, pero no tenía dudas de que Rose podría darse a conocer si quería—. Será mejor que vengas para acá antes de que destruya el lugar.
Estuve a punto de sonreír al pensarlo cuando colgué el teléfono, el otro lado de la línea ya estaba muerto, y me dirigí de inmediato a las suites de invitados. Mi comida se aferró a mi pierna mientras estaba en el suelo de baldosas, rogando por otra dosis de su escurridiza droga, pero una patada rápida fue suficiente para dejarlo inconsciente hasta que alguien más pudiera atender sus necesidades. Siempre había alguien con ganas de sangre, y hasta que se secara, éste alimentador siempre estaría dispuesto a ofrecer la suya.
Samuel estaba sentado fuera de la sala de invitados y pude oír porqué me habían llamado cuando Rose se despertó. Era bastante obvio que estaba despierta, y aunque los golpes provenientes del final del pasillo eran muy débiles, debía estar haciendo mucho ruido en el interior para que se escuchara hasta acá. Las habitaciones eran prácticamente insonorizadas.
Miró por encima de la revista en cuya portada aparecía una mujer con poca ropa, y se encogió de hombros—. Probó el teclado dos veces y luego se quedó en silencio durante unos minutos. De repente, empezaron a sonar todos esos ruidos. Pensé que deberíamos llamarte. No sé qué está haciendo, pero ha encontrado algo para jugar. —En general, parecía más preocupado por su revista que por la persona que estaba detrás de la puerta y esa era una de las razones por las que lo apreciaba. Estaba seguro de que Galina sentía lo mismo. Siempre se apreciaban las personas que seguían órdenes sin hacer preguntas.
Ingresé el código de acceso a la habitación de Rose y abrí la primera puerta, preparándome cuando el ruido cesó de repente. Para no ser una presa fácil por completo, continué presionando el siguiente código y esquivé el repentino ataque de Rose con la silla que probablemente había estado usando antes para intentar escapar. Como casi todo lo que había en la habitación, la silla era prácticamente irrompible, hecha especialmente de madera vera y en el menor número de piezas posible. Era más probable que se rompiera los huesos que la silla.
Pero no eran sus huesos los que intentaba romper, eran los míos. Honestamente, creo que ella habría estado satisfecha con asestar al menos un golpe después de lo que había sucedido antes. Había esperado que Rose volviera a dudar cuando me viera una vez más, y vi el mismo reconocimiento en ese momento en que nuestros ojos se encontraron, pero se dirigió hacia mí con toda su fuerza.
No importaba. La empujé hacia atrás y recuperó el equilibrio a varios pies de distancia antes de volver a mirarme, gruñendo de frustración. Podía sentirlo a su alrededor en este encuentro, reflejado en mis propios sentidos. Esto tampoco era lo que yo había planeado. Pero mi decepción iba en aumento también. Yo le había enseñado a actuar de una manera más sensata, y no así. Le había ensañado a pelear con la cabeza clara, a dejar la emoción y los sentimientos fuera de la ecuación. ¿Cómo podría confiar en que ella estaría segura por sí misma cuando ni siquiera podía enfrentarme?
En el momento en que la silla estuvo a mi alcance, se la arrebaté de las manos y la estrellé contra la pared. El silencio sólo duró un segundo, pero fue estruendoso. Su aliento llegó en jadeos, su corazón latía fuerte y rápidamente en su pecho. Mi propia respiración era más controlada pero con un gruñido bajo que no pasaba inadvertido.
De repente, todo sucedió en una ráfaga de movimientos que duraron unos segundos. Ella me lanzó una patada baja, nada más que un truco para acercar mi cuerpo a su alcance antes de que golpeara mi garganta rápidamente. La tomé del brazo, retorciéndolo detrás de su espalda, pero ella se alejó. Todo era un juego que habíamos jugado una y otra vez en circunstancias mucho menos graves en las que el premio era una sonrisa o el roce de una mano. Esta vez, era la vida o la muerte.
Nos movíamos de un lado a otro por la sala como en un baile, leyendo los movimientos del otro como si fuéramos libros abiertos. Podía sentir exactamente cuando estaba a punto de atacarme y ella era capaz de predecir mis contraataques. Era casi inútil, éramos como titanes que luchaban entre sí.
—Rose, —empujé otra patada suya lejos antes de que se escudara detrás del sofá en busca de distancia—. Estás perdiendo el tiempo. ¡Détente!
Su repentino gemido fue suficiente para confirmar que aún tenía algún efecto sobre ella, por más que Rose estuviera luchando contra ello, literal y figurativamente. Sus instintos de lucha se convirtieron en desesperación cuando retrocedió hacia la pared. Sus dedos escudriñaron la monótona superficie lisa hasta que tocó el borde del estante, agarró el reproductor de DVD desde su posición y lo colocó frente a ella, arrancándolo de su lugar con cables y todo.
Con un grito primitivo, me lo arrojó mientras se balanceaba, pero éste voló violentamente desviándose de su objetivo, lo que me permitió esquivarlo fácilmente. Se rompió en cientos de pedazos a nuestro lado, aproveché el momento para jalarla, aturdida e inmóvil, y envolverla en mi agarre antes de que volviera al ataque.
—No voy a hacerte daño. ¡Roza! Por favor, para.
Ella sólo desaceleró su lucha un momento antes de que renovara sus intentos inútiles de patearme. Logró golpearme en un área sensible lo que hizo que mi molestia llegara a su límite, la volteé y la empujé de frente contra la pared y usé mi propio cuerpo para sujetarla allí. Su parte trasera se apretó contra mí, encendiendo una parte primordial que siempre parecía estar presente cuando luchábamos, pero la empujé, y a ella, hacia atrás.
—Deja de pelear conmigo. —La insté de nuevo, permitiéndome un momento para disfrutar de lo cerca que estaba de ella. Con su espalda presionada contra mi pecho, su rostro se volvió, podía oler su sangre justo debajo de su piel. Con lo duramente que habíamos estado luchando, apuesto a que podría verla pulsando, esperando mi mordida. Respiré hondo, y solté el aliento contra la columna de su cuello y observé los mechones sueltos de su cabello oscuro moviéndose a un lado—. No voy a herirte.
—Tendrás que entenderme si me cuesta creerlo. —Me dio un codazo y, en lugar de empujarla contra la pared de nuevo, la estreché más contra mí, disfrutando de la sensación.
—Si quisiera matarte, ya estarías muerta. Ahora, si vas a seguir luchando, tendré que atarte. —Sonreí levemente, intrigado secretamente por ese pensamiento, pero agradecido de que no pudiera leer mi mente—. Si te detienes, te soltaré.
—¿No temes que me escape?
—No. —De todas las formas posibles en que esta confrontación podía terminar, el que ella escapara de esta habitación con vida no era una de ellas. Y cuanto más rápido lo entendiera, sería mejor para todos.
Pude sentir el momento en que se dio por vencida y dejó de luchar. No era tan estúpido como para creer que era la última vez que intentaría pelear conmigo, pero nuestra batalla había terminado por el momento.
—Está bien. —En lugar de alejarse de mi agarre, se relajó un poco entre mis brazos. No pude evitar notar la promesa de esa pequeña acción; una que ni siquiera estaba seguro de que ella supiera que había hecho. Le habían enseñado toda su vida a temer y evitar a los Strigoi. Eran sinónimo de muerte. Si Rose dejaba esta habitación, ese sería el caso. Pero aquí, conmigo, ella estaba a salvo. Instintivamente, de alguna manera ella lo sabía. Todo lo que tenía que hacer era derribar el muro que el mundo Moroi y su entrenamiento en la Academia habían puesto entre nosotros y entonces ella vería el potencial de vivir de esta manera. La semilla estaba allí, solo necesitaba fomentar su crecimiento.
En el momento en que la solté por completo, ella respondió bruscamente, girándose para mirarme de frente y alejándose. Me miró con recelo, pero podía ver la duda en sus ojos. Rose continuó estudiándome, catalogando mis rasgos como si eso de alguna manera la ayudara a entenderme. Tal vez le haría más fácil tratar de matarme o justificar el intento de hacerlo. Sin embargo, nunca tendría otra oportunidad.
—¿Por qué viniste aquí? —Pregunté, de repente curioso. Ciertamente, ella no podría haber pensado que realmente lograría matarme. Sí, era la mejor en su clase, pero eso no era suficiente. No contra mí. Rose había logrado asestarme un par de golpes en la Academia, pero la única que valía la pena mencionar era nuestra pelea durante las pruebas de campo. Ahora era más rápido y más fuerte. Incluso aunque ella hubiera continuado entrenando y luchando contra otros Strigoi, en mi nuevo estado, sólo había tenido una pequeña posibilidad de derrotarme. Si no la hubiera matado directamente, al menos la habría lastimado seriamente. Solamente eso podría ser suficiente para acabar con su carrera.
Estuve a punto de reírme, dándome cuenta de que eso ya no importaba. Su carrera ya había terminado. No importaba si de alguna manera salía de aquí con vida. El año escolar aún no terminaba y, ya que ella estaba parada frente a mí, debía haber abandonado la escuela. Estaba acabada, no se graduaría, no recibiría la marca de la promesa, no sería la guardiana de Lissa. Había renunciado a todo por una misión inútil.
Su valentía se filtraba a través de la máscara que llevaba, con los brazos cruzados sobre el pecho como una barrera contra mí—. Porque me golpeaste en la cabeza y me arrastraste aquí.
—Eso no es lo que quise decir, y lo sabes. —Quería escucharla decir las palabras—. ¿Por qué estás aquí?
—¿En Siberia? —Preguntó fríamente—. Vine a buscarte.
Premié su honestidad con honestidad—. Yo vine aquí para alejarme de ti.
La confesión pareció sorprenderla, aunque era raro que Rose se quedara sin palabras. En cambio, soltó lo que asumo que fueron los primeros pensamientos que se le ocurrieron—. ¿Por qué? ¿Porque podría matarte?
—No. Porque de esa manera no estaríamos en esta situación. Sin embargo ahora estamos aquí, y la elección es inevitable.
—Bueno, puedes dejarme ir si quieres evitarlo.
Me moví hacia una de las sillas de cuero en el área de estar frente a su cama, invitándola a sentarse junto a mí en la otra silla o en el sofá. Una parte de mí quería estar cerca de ella, animarla a sentarse a mi lado y demostrarle que no quería hacerle daño si cooperaba, pero sabía que tenía que esperar un momento. Rose seguía nerviosa, toda una vida de entrenamiento superaba ese atractivo natural que teníamos el uno hacia el otro. Por lo tanto, le daría un poco de espacio por ahora.
Aún estaba presionada contra la pared donde la había dejado, no del todo acorralada, pero ciertamente no tenía ganas de estar más cerca de mí de lo absolutamente necesario. Cerré los ojos por un momento, sintonizándome con las sensaciones de la habitación, específicamente con aquellas que la rodeaban. Podía escuchar su respiración silenciosa y rápida. Sabía que estaba tratando de mantener la calma, pero estaba fallando. Su pulso se aceleraba un poco también. Nuestra breve pelea había terminado hace bastante el tiempo como para saber que no se trataba de la energía residual disipándose. Rose me tenía miedo, y debería tenerlo hasta cierto punto. Tal vez eso era una parte importante de su reacción, pero había más.
—Eso ya no es posible. No después de haberte visto, —dije abriendo mis ojos otra vez para estudiarla. Sí, había miedo e incertidumbre en ella. Estaba presente en la rigidez de sus hombros y la forma en que sus talones estaban levantados y listos para saltar. Pero su piel también estaba enrojecida. Eso no era un signo de miedo. Tampoco la mirada en sus ojos y la forma en que sus pupilas comenzaban a dilatarse sobre los iris de color marrón claro. Y, ah, ahí estaba... sus dientes tirando de su labio inferior en un suave mordisco. Estaba excitada y eso era más que suficiente permiso para mí—. Sigues siendo tan hermosa como recordaba, Roza. Aunque no debería haber esperado algo diferente.
Su espalda golpeó la pared, y se abrazó a si misma en una forma miserable de defensa contra mis palabras que me confundió.
—Puedes sentarte, —le ofrecí.
—Estoy bien aquí.
—¿Hay algo más que quieras?
—¿Que me dejes ir?
Eso casi me hizo sonreír. Era tan característico de ella hacer bromas, incluso en las circunstancias más extremas. Ciertamente ella sabía que no iba a dejarla salir de aquí... pero aún así...
—No, Roza. A lo que me refiero es si necesitas algo, ¿Comida diferente? ¿Libros? ¿Entretenimiento?
—¡Lo haces parecer un hotel de lujo! —Su voz se elevó levemente mientras agitaba sus brazos haciendo gestos alrededor de la habitación.
Me encogí de hombros—. Lo es, hasta cierto punto. Puedo hablar con Galina, y ella te conseguirá todo lo que desees.
—¿Galina?
Pude escuchar un indicio de algo detrás de su pregunta. ¿Protección? ¿Algo más? Tenía la tentación de usarlo a mi favor sabiendo que Rose se encelaba fácilmente, pero decidí que la honestidad me serviría mejor en este caso. Quería que ella confiara en mí más temprano que tarde, y jugar con sus emociones para obtener un ascenso a corto plazo no me haría ningún favor a largo plazo.
—Galina es mi vieja instructora, de cuando estaba en la escuela.
—¿Es Strigoi?
—Sí. La despertaron hace varios años, en una pelea en Praga. Es relativamente joven para un Strigoi, pero es bastante poderosa. —Señalé hacia la habitación—. Todo esto es de ella.
—¿Y vives con ella? —los celos se notaban en sus palabras, y prácticamente podía verla golpeándose mentalmente por ello.
—Trabajo para ella. —Insistí, sacando a Rose de su miseria—. Ella es una de las razones por las que regresé aquí cuando me despertaron. Sabía que ella era Strigoi, y quería su guía. —Si bien eso no era completamente cierto, esperaba que le diera un poco más de confianza acerca de mi posición en la organización y en cómo podría asegurar un lugar para los dos aquí.
—Y porque querías alejarte de mí. Esa es la otra razón, ¿verdad?
Asentí, confirmando sus palabras. Eso pareció relajarla un poco mientras bajaba un poco la guardia y miraba a través de la oscura ventana.
—¿Dónde estamos? Estamos lejos de Novosibirsk, ¿verdad?
—Sí, la finca de Galina está fuera de la ciudad. —Mantuve mi respuesta intencionalmente vaga, sabiendo qué era lo que ella estaba tratando de hacer.
—¿Qué tan lejos? —Sus palabras fueron muy dulces. Era el mismo tono que usaba cuando trataba de lograr que le diera una mañana de práctica libre. No había funcionado en la Academia y no funcionaría aquí.
—Sé lo que estás haciendo, y no te voy a dar ese tipo de información.
—¿Entonces, qué estás haciendo? —Se volvió hacia mí rápidamente, sus palabras cubiertas de azúcar se encendieron instantáneamente cuando sus manos volaron hacia un lado—. ¿Por qué me retienes aquí? Mátame o déjame ir. Y si vas a encerrarme y torturarme con tus juegos mentales o lo que sea, entonces preferiría que me mataras.
—Palabras valientes. —Su nariz se enrojeció por la ira cuando me puse de pie y caminé detrás de la silla en la que había estado sentado—. Casi te creo.
—Es verdad. Vine aquí para matarte. Si no puedo hacerlo, entonces preferiría morir.
Levanté mi ceja en reconocimiento. Estaba seguro de que no estaba mintiendo. Rose había querido matarme. Y en lugar de eso, probablemente no le importaría morir. Desafortunadamente, ella ya había perdido la capacidad de tomar la decisión por su cuenta. Era yo quien tenía la sartén por el mango ahora.
—Fallaste, ya sabes. En la calle.
Tuvo la gracia de lucir avergonzada, al menos por un momento, antes de que su típica expresión sarcástica regresara con toda su fuerza—. Sí, me di cuenta de eso cuando me desperté aquí.
Me moví tan rápido que su aliento quedó atrapado en su garganta cuando me vio ante ella. Eso y la reacción física de su cuerpo ante mi proximidad, me hizo sonreír, enseñándole mis colmillos y todo. Pude escuchar un pequeño gemido proveniente de ella antes de hablar.
—Estoy un poco decepcionado de ti. Eres tan buena, Rose. Muy, muy buena. Tú y tus amigos dando vueltas y cazando Strigois causaron un gran revuelo, ¿sabes? Algunos Strigoi incluso te tienen miedo.
—¿Pero tú no? —me desafió.
—Cuando escuché que eras tú... hmm... No. Sólo sentí curiosidad. —Estaba tan tentado de tocarla. Estábamos a sólo unos centímetros de distancia—. Si hay alguien que podía haberme matado, eres tú. Pero como dije, vacilaste. Fui tu prueba definitiva de mis lecciones y reprobaste.
Sus dientes se apretaron y sus ojos se estrecharon—. No dudaré la próxima vez.
—No habrá una próxima vez. —Casi lamentaba la forma en que parecía estar aferrada a esa esperanza—. Y de todos modos, por más decepcionado que esté de ti, estoy feliz de estar vivo, por supuesto.
—No estás vivo. —Sonaba forzado como si fuera algo que ella había ensayado para creérselo ella misma y no yo—. Estás muerto. Tu estado no es natural. Hace mucho tiempo me dijiste que preferirías morir antes que ser así. Por eso te voy a matar.
—Sólo lo dices porque no conoces nada mejor. Yo tampoco lo sabía en aquel entonces.
—Mira, lo que dije lo dije muy en serio. No voy a jugar tu juego. Si no puedo salir de aquí, entonces mátame. ¿De acuerdo?
Tenía que mostrarle que había algo más que la vida y la muerte. Algo más para nosotros que las horribles cartas que el destino nos había repartido. Tracé su mejilla, reprimiendo el temblor que sus palabras me habían provocado.
Ella jadeó, mirando mis ojos con seriedad cuando mis dedos giraron alrededor de un mechón de cabello suelto y lo colocaron detrás de su oreja.
—Matarte... bueno, no es tan simple.
Ella me miró inquisitivamente, sin saber por qué querría hacer otra cosa que no fuera matarla aquí mismo.
—Hay una tercera opción, —susurré, suavemente—. Podría despertarte.
Chicas, lo lograron. Llegaron a la meta en dos días y eso me sorprendió y me tomó desprevenida. La verdad no pensé que lo lograrían y me confié, por lo tanto no había terminado el capítulo. Pero como se lo prometí a todas las que hicieron esto posible, aquí tienen el capítulo nuevo. Duendha aún no supero la canción de Hércules XD
Quiero agradecerle a todas las personas que dejan sus comentarios, siempre me hacen reír y me alegran el día. Me da un gusto enorme saber que no soy la única obsesionada con el Ruso.
Bueno, ahora si ¿qué les pareció éste capítulo? A mí me encantó esa primera interacción de Rose con el Dimitri Strigoi. Me encantaron todos los sentimientos de Dimitri, el deseo que siente por ella, sus ganas de tocarla y sentirla cerca. A ustedes ¿qué parte les gustó más?
Bueno chicas, de verdad espero que el capítulo haya llenado sus expectativas. El próximo capítulo lo subiré el viernes o cuando lleguemos a los 700 reviews. Muchas gracias por todo su apoyo.
