Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 12
Ordené varios cambios de ropa para Rose, sabiendo que su camisa manchada de suciedad y sus vaqueros no le irían bien los pocos días que la retendría en su habitación de invitados. El saber que solamente yo la vería me brindó una oportunidad única, así que seleccioné algunas opciones muy poco prácticas, y que nunca le permitiría usar bajo la mirada de otro hombre.
Estaba seguro de que sólo escogería vestidos; no son prácticos para pelear, entrenar, o mucho más que sentarse en su habitación y debatir su futuro conmigo. Por una vez, el dinero no era un problema y estaba feliz de proporcionarle sólo lo mejor que hubiera disponible, y como algo adicional añadí algunos artículos para mí propia recreación visual que esperaba que ella usara cuando se sintiera un poco más cómoda en mi presencia. El sostén rojo sangre y las bragas a juego probablemente no durarían mucho en su cuerpo, pero se vería impresionante con ellas antes de que se las arrancara.
El único sentimentalismo del que caí víctima fue cuando vi un vestido verde hecho de suave cachemira que le quedaría como un suéter largo. Me recordó el vestido con el que me llamó la atención por primera vez en la academia cuando nos conocimos. No el negro que llevaba la noche del hechizo de lujuria, sino la noche de la cena de la reina Tatiana, donde la había visto desde mi puesto de guardia. Había sido la primera vez que la veía con algo más que no fuera ropa de entrenamiento o pantalones vaqueros casuales, y no pude evitar mirarla. Yo no había sido nada entonces. Pero... ahora podría darle todo y más.
Le ordené a Inna que se los llevara de inmediato mientras terminaba un negocio. Aunque deseaba poder pasar todo el tiempo con Rose convenciéndola de que viera el lado bueno de su situación, seguía teniendo responsabilidades aquí. No quería sacrificar mi relación con Galina. Nathan había entregado el reporte sobre nuestro cliente moroso más reciente, pero tenía una reunión con ella en menos de una hora para asegurarme de que no tuviéramos otros con pagos atrasados.
Llegué a tiempo para escuchar una voz gritando detrás de la puerta semi abierta del estudio de Galina.
—...poniendo toda la propiedad en peligro. ¿Qué pasaría si sale de esa habitación? O peor, ¿y si logra escapar de la propiedad?
—¿Estás cuestionando la seguridad del establecimiento? Si recuerdo correctamente, fuiste tú quien ayudó a configurar los sistemas de seguridad de las habitaciones de huéspedes, por lo que si hay algún tipo de fallo, creo que tú serías el responsable.
—Yo instalé y financié la compra de los sistemas, pero no soy un experto en seguridad, —se defendió Nathan—. Admito que un antiguo dhampir capacitado con experiencia en seguridad hubiera hecho mejor esa tarea. Los programas que hemos implementado han demostrado ser adecuados a lo largo de los años, pero nunca hemos tenido a alguien encerrado en una de las suites más de 48 horas. Cuanto más tiempo esté allí, más tiempo tendrá para tramar un escape.
—Si ella logra escapar…
—¡Esa chica podría liderar un ejército de dhampirs directamente hacia nosotros!
La ira matizó la voz de Galina al ser interrumpida, alzando una sola nota peligrosa de advertencia—. Si se escapa de esa habitación, los residentes la matarían en cuestión de minutos. Nunca vería el sol. Confío en Dimitri en este asunto. Él puede contener a la chica. Si ella estuvo dispuesta a rastrearlo en primer lugar, obviamente siente alguna clase de devoción por él y eso le dará una ventaja significativa para controlarla.
—Tú confías en Dimitri, pero yo cuestiono sus motivos. Ella nos podría ser útil de otras maneras.
Me quedé sin aliento, ahogándome mientras mi mano alcanzaba la perilla de la puerta.
—¿Cómo cuáles? —preguntó Galina.
—Perdón, espero no estar interrumpiendo nada. —Nathan me lanzó una mirada furiosa, sin creerse ni por un momento que no estaba al tanto de la conversación que estaba a punto de desarrollarse. Sin embargo, Galina me indicó que entrara.
—No, en absoluto, Dimitri. Por favor, toma asiento. Nathan, seguiremos hablando más tarde, pero por ahora, te ruego que no me cuestiones ni a mí ni a mi autoridad. Puede que valga la pena considerar tu consejo, pero mis órdenes son absolutas. Harías bien en recordar eso.
Fue una lucha tanto para mí como para Nathan mantener una cara seria mientras intentaba mantener la suficiencia fuera de mis labios, y observé sus dientes apretados firmemente ante la frustración de la reprimenda pública.
—Ahora, pasemos a los negocios. No tenemos clientes entrantes esta semana, pero sí necesitamos cobrar algunos pagos de algunas de las instituciones con las que estamos asociados en las ciudades locales.
Asentí, enumerando algunas de ellas en mi mente. El club al que Nathan me había llevado al principio era uno de los negocios mencionados, pero había muchos otros "asociados" con Galina. Un bar o dos, otro club, un orfanato, uno de los refugios para personas sin hogar, un salón de tatuajes, un pequeño club de estilo jazz que atendía a pequeñas bandas y un restaurante de alto perfil que estaba abierto hasta altas horas de la noche. Ocasionalmente, Galina llevaba clientes allí, y ellos preparaban una comida muy especial para adaptarse a la noche. Cada uno pagaba una pequeña tarifa por los servicios que les prestábamos, ya fuera protección, eliminación de cuerpos indeseables o en exceso, uso exclusivo, etc.
—Afortunadamente, tampoco tenemos clientes morosos esta semana, así que deberíamos tener un poco de tiempo extra para encargarnos de los asuntos pendientes que tenemos en casa. —Galina me lanzó una mirada significativa con claras intenciones.
—Nathan, quiero que revises nuestras transacciones comerciales recientes del trimestre y te asegures de que todo esté en orden. Dimitri, Nathan ha expresado inquietudes acerca de si nuestra seguridad está totalmente actualizada o no. Me gustaría que te encargaras de revisar eso.
—Galina... —Nathan comenzó vacilante.
Ella apenas alcanzó a abrir la boca, con palabras ásperas en la lengua, antes de que yo respondiera.
—Muy bien. Me encantaría asegurarme de que todo esté completamente seguro. Podría hacerlo en la semana, siempre y cuando tenga las especificaciones y los planos de la casa mañana mismo.
Sus ojos se estrecharon ligeramente hacia Nathan—. Asegúrate de entregárselos. Es una orden.
Nathan apretó la mandíbula y asintió una vez en lugar de responder.
—Aparte de eso, creo que hemos terminado por hoy. Me gustaría felicitarte por el cierre exitoso de nuestro cliente moroso, Dimitri. Bien hecho. Ya se pueden retirar.
Me puse de pie, listo para cambiarme y volver con Rose, pero me detuve cerca de la puerta cuando me di cuenta de que yo era el único que se estaba marchando de la habitación.
—Si pudiéramos continuar nuestra discusión…
—Retírate, Nathan. No quiero saber más sobre eso hoy. No empeores las cosas para ti haciéndome enojar más, ¿entendido?
—Entendido.
Me fui, sin molestarme en ocultar mi engreimiento ante la reprensión de Nathan ahora que no me costaría perder el favoritismo de Galina. Ni siquiera intentó ocultar sus pasos cuando apareció detrás de mí. En el momento en que sentí que su mano tocaba mi hombro, lo agarré del brazo y aproveché mi movimiento para presionarlo contra la pared.
Aún así, actuó como si tuviera la ventaja sobre mí—. No te saldrás con la tuya, lo sabes. Sé que estás tramando algo. Sea lo que sea, lo descubriré. No me engañas tan fácilmente. No puedes reemplazarme y Galina no dejará que su propiedad caiga en manos de un debilucho enamorado y su mascota. Es posible que hayas alterado el equilibrio, pero primero hará frío en el infierno antes de que obtengas el control.
Me burlé de su ridícula idea de mí y la conspiración de este gran plan que supuestamente tenía. Si quería correr en círculos como un perro persiguiendo su cola, estaba bien, que eso lo mantuviera ocupado. Yo tenía mejores cosas que hacer. Aún así, no pude evitar molestarlo un poco.
—Te equivocas, —sonreí diabólicamente—. Ya te he reemplazado.
Lo sacudí una vez más contra la pared antes de dejarlo caer al suelo y me alejé sin pensarlo dos veces. Que intente seguirme, no ganaría contra mí y él lo sabía.
Me quité mi ropa formal, un traje negro bastante parecido al que usaba en mis días de Guardián y que encajaba mejor con los vestidos más elaborados de Galina y las camisas y sacos de Nathan. Mientras que Nathan a menudo parecía que podría haber venido de algún club de campo de gente rica del noreste de Norteamérica, yo prefería un traje negro clásico. Algo sobre el blanco y negro de mi vida pasada se sentía cómodo, aunque en lugar de mi mal ajustado uniforme de guardián, era mucho más feliz con mi diseño italiano hecho a la medida. Sin embargo, eso era algo que sólo usaba para nuestras reuniones. Siempre preferiría mis jeans más casuales o ropa de entrenamiento a cualquier otra cosa. Eso y mi gabardina. Los viejos hábitos nunca morían.
Me preparé mientras pulsaba el código de la segunda puerta de la habitación de Rose. Aún no había emitido ningún sonido, pero podía estar fácilmente esperándome detrás de la puerta. Cuando entré sin ser asaltado de alguna manera, pude mirar alrededor tranquilamente.
Estaba dormida en la cama, y ni siquiera se había molestado en meterse entre las sábanas. Negué con la cabeza ante la vista, preguntándome si se había quedado dormida así debido al agotamiento o la obstinación, o, más probablemente, a ambos, antes de cubrirla con la manta que estaba tirada sobre el sofá.
Inna me había dicho que la comida que yo le había traído la había devorado completamente, para mi satisfacción. Demasiado para su huelga de hambre. Si su fuerza de voluntad no era lo suficientemente fuerte como para durar incluso unas pocas horas, podría ser capaz de romperla más fácilmente de lo que inicialmente pensé.
Parecía ser que mi segundo regalo no la había emocionado tanto, sin embargo. Me había dado cuenta de que aún llevaba puesta la ropa desgarrada que traía cuando la había arrastrado hasta aquí. La ropa que le había comprado estaba en la mesa de café. La obscena prenda de encaje rojo estaba tirada en el suelo cerca de la papelera.
Su terquedad eventualmente sería su caída, pero dos podrían jugar a este juego. Tarde o temprano ella tendría que quitarse esa ropa y cuando lo hiciera, se la llevarían. Así que no le quedaría más opción que usar la ropa que le había proporcionado o caminar desnuda, no me importaba. La verdad sea dicha, tal vez preferiría esta última. Estaba siendo generoso ofreciéndole ropa en absoluto.
Puse la lencería de nuevo sobre la pila de vestidos y me senté en el sofá levantando mis pies y estirándolos a lo largo del mismo, y abrí mi libro para leer hasta que ella se despertara. Uno de los mejores beneficios de la inmortalidad era la cantidad de tiempo que ahora tenía para leer los libros que siempre había querido, pero que antes no había tenido la oportunidad de hacer. Había explorado historias y géneros de los que no estaba totalmente seguro que disfrutaría antes, siempre confiando en mis viejos libros de mi limitada biblioteca. Ahora mi librero estaba lleno de cualquier libro que quisiera y más. Cualquier cosa que me llamara la atención, aunque fuera sólo un poco, ahora era mía, y a menudo leía un libro nuevo al día, si no más.
Estaba a la mitad de mi libro de bolsillo actual cuando Rose repentinamente se levantó de la cama, aparentemente dormida en un momento y despierta al siguiente. Me vio en un instante y se levantó de la cama.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Apenas y la miré cuando terminé mi párrafo—. Esperando a que despertaras.
—Suena un poco aburrido. —Sonaba demasiado confiada para alguien que estaba presionada contra la pared. En un momento inusual de valentía, se acercó a mí, alrededor del otro lado del sofá, de modo que estuviera frente a mí completamente, antes de retroceder de nuevo hacia la pared. Se inclinó casualmente, con los brazos cruzados delante de ella, pero la postura defensiva no engañaba a nadie.
—No tan aburrido, tenía compañía. —Levanté el libro que había sido escrito un par de años antes, y que era de uno de mis escritores favoritos. Ciertamente estaba a la altura de sus otros trabajos.
Capté la sorpresa y la maravilla en su rostro cuando vio mi elección de libro. Dudé que ella lo reconociera o tuviera algún interés en él. Rose no era una fanática de los libros del viejo oeste, o que yo supiera, de la lectura en general. Ciertamente, Rose no había hecho casi nada por diversión desde que la conocía. Sin embargo, parecía que mi libro la fascinaba. Cuando su inspección pasó de la portada del libro a mi cara, me di cuenta de que lo que la sorprendía tanto era el hecho de que yo estuviera leyendo, y no el libro en sí.
Debía haber esperado algún cambio dramático. Parecía ser que Rose seguía esperando que yo fuera alguien completamente diferente a quien ella había conocido antes. Pero las viejas historias eran mentira. Ella no se daba cuenta de que yo era prácticamente la misma persona... sólo que mejor. Ya no me frenaban los límites mortales, así fueran las limitaciones de mi cuerpo, mis emociones defectuosas, las convenciones sociales innecesarias, etcétera. Una vez que comprendiera que nada había cambiado, excepto que yo era más fuerte, más seguro y más capaz de cuidarme a mí mismo y a ella, me rogaría que la despertara.
—Dormiste por mucho tiempo, —comenté con ligereza, desviando su inspección—. Y comiste. —No pude evitar añadir el comentario.
—Sí, bueno, el pepperoni es mi debilidad. ¿Qué quieres?
Coloqué mi marca páginas en mi libro y lo hice a un lado—. Verte.
Sus ojos se abrieron momentáneamente y pude ver su mandíbula temblar ligeramente, pero esa fue la única señal de su reacción al significado subyacente detrás de mis palabras. En el momento en que se recuperó, escupió una respuesta sarcástica—. ¿En serio? Pensé que tu único objetivo era convertirme en una muerta viviente.
Bajé las piernas del sofá, me senté derecho y le di unas palmaditas al cojín a mi lado—. ¿No estás cansada de estar siempre de pie?
—Me acabo de despertar. Además, si puedo pasar una hora tirando los muebles alrededor, estar un poco de pie no es tan difícil.
—Sentarte tampoco es tan difícil. Ya te lo dije antes, no te voy a hacer daño.
—"Daño" es una especie de término subjetivo. —Aún así, se sentó en la silla frente a mí. Hubiera preferido sentir su piel junto a la mía, pero este era un progreso aceptable—. ¿Ya estás feliz?
Le dirigí una pequeña sonrisa, como una especie de un pequeño acuerdo pacífico—. Sigues igual de hermosa, incluso después de dormir y pelear.
Antes, cualquier cumplido que le hubiera hecho me hubiera ganado fácilmente una sonrisa de adoración. Ahora, Rose no me ofrecía nada más que escepticismo.
Asentí con la cabeza a la ropa entre nosotros—. ¿No te gusta ninguno?
Ella se burló, moviendo el material rosa de una falda sobre la obscena y diminuta prenda de encaje roja—. No estoy aquí para jugar a disfrazarme. La ropa de diseñador no me va a convencer de unirme al club Strigoi.
Honestamente no sabía cómo manejarla. Bueno, en algunos casos lo sabía. Su sarcasmo y terquedad eran molestos pero tolerables. Era una de las cosas que la hacían interesante. Sin embargo, no podía entender sus motivaciones. ¿Qué es lo que quería? Si pudiera averiguar qué ofrecerle, qué incentivo ansiaba, entonces podría usarlo contra ella. Esa sería la clave para convencerla.
Algunos ansiaban fuerza, algunos riqueza, y otros la inmortalidad. El poder era adictivo para mí, aunque no era algo que inicialmente había buscado. Pero Rose... Rose no estaba revelando su secreto.
Ahora podía darle todo lo que ella quisiera fácilmente. Pero la riqueza nunca había sido realmente una preocupación para ella. Aunque nunca fue rica, nunca se había quedado con las ganas de tener algo con Lissa a su lado. Y aunque ella no era tan fuerte como un Strigoi de ninguna manera, no parecía temer mi fuerza más de lo que debía. Parecía darle la bienvenida a la muerte, así que no podía usar eso o la tentación de la inmortalidad sobre ella. El poder... quizás, pero algo me decía que preferiría la libertad sobre el poder. Y si ella tuviera verdadera libertad, probablemente correría de regreso con Vasilisa. No estaría mejor si la liberara, de ninguna manera.
No, no tenía nada que usar para convencerla porque no me estaba ofreciendo nada. Se encerraba en sí misma y no hablaba en nada más que gruñidos y comentarios sarcásticos.
—¿Por qué no confías en mí?
Sus manos se aferraron al sillón, y las puntas de sus dedos se pusieron blancas por la tensión—. ¿Cómo puedes preguntar eso? Me secuestraste. Matas a personas inocentes para sobrevivir. No eres el mismo.
—Soy mejor, te lo dije. Y en cuanto a los inocentes... —Me encogí de hombros, sabiendo que no debía darle más información de la absolutamente necesaria sobre los negocios más importantes—. Nadie es realmente inocente. Además el mundo está formado por depredadores y presas. Los que son fuertes conquistan a los que son débiles. Es parte del orden natural. Solías disfrutar ese tema, si mal no recuerdo.
Era una de las pocas clases en las que Rose realmente había sobresalido más allá de sus clases de guardián. Biología y comportamiento animal. Incluso había llegado a mostrarme algunos de los pasajes que más le interesaban.
Un día después de que habíamos terminado de entrenar y yo estaba recogiendo las cosas, ella comenzó a hablar sobre como la visión, la audición y el olor eran mayores en los depredadores, lo que les permitía cazar de manera más efectiva.
"¿Cuál preferirías? ¿Mejor vista, oído u olfato?" Ella me había mirado desde el banco donde estaba acostada boca abajo, el libro extendido frente a ella mientras escribía notas.
"Oído." Sólome había tomado un momento de reflexión antes de que le respondiera. Tiré la última colchoneta azul sobre el resto con un ruido sordo y agarré mi botella de agua para unirme a ella. "La música sonaría mejor, con más matices, y creo que la gente comenzaría a hacer cosas más interesantes si tuviera una audición más avanzada. Además, no estaría mal poder escuchar a los enemigos desde la distancia."
"Siempre pensando como guardián," se había quejado ella. "Además, solo escuchas música country y tecno-pop de los 80. ¿Quieres que suene mejor?"
No pude evitar reírme de su mirada de disgusto, burlándose de mí. Ella tenía un punto. Por mucho que actuara como si estuviera lo suficientemente pulido como para disfrutar de la música clásica, no podría distinguir la diferencia entre un compositor y otro.
"Bueno, señorita sábelo todo, ¿qué elegirías? ¿Olfato?" Me senté en el suelo junto a ella, mirando su libro.
"Oh, Dios, no. ¿Ves con cuántos tipos tengo que lidiar por aquí? Ya los huelo lo suficiente." Su sonrisa había sido brillante. Siempre lo era cuando teníamos conversaciones simples como esa. "Visión."
Pensé que era una elección extraña para alguien que ya tenía una "vista" excepcional, aunque inusual. Su vínculo con Lissa le permitía ver cosas que yo y la mayoría no podían. Ella era una de quizás un puñado en el mundo con esta habilidad, y la única que conocíamos actualmente.
"Ver tanto como lo permita el mundo, reconocer el movimiento más pequeño por el rabillo del ojo, ver en la oscuridad. Hay muchas posibilidades." Había un tono maravillado en su voz cuando me miró. "Me gustaría ver el más mínimo detalle en lo que haya frente a mí".
Lo que no se dio cuenta entonces era que ya podía ver más de mí que nadie más.
Pero ahora, no era un juego de coqueteo entre amantes potenciales. Ahora éramos la presa y el depredador, y yo tenía una audición indescriptible, vista, y sí, incluso un olfato mucho más desarrollado que el de ella. Yo era el depredador que ella debería temer.
—Es diferente, —insistió ella.
—Pero no en la forma en que piensas. —Le dirigí una mirada inquisitiva—. ¿Por qué debería ser tan extraño para ti beber sangre? Has visto a los Moroi hacerlo. Has dejado a una Moroi hacerlo.
Ella se estremeció al recordar, pero sentí una rápida punzada de celos de que alguien más hubiera probado su sangre. Yo aún no lo había hecho, y estaba ansiando ese primer trago...
—Ellos no matan, —respondió secamente.
—Y no saben de lo que se están perdiendo. Es increíble. —Cerré los ojos ante la oleada de poder que me inundaba, los recuerdos de mis asesinatos más recientes—. Beber la sangre de otro... ver cómo la vida se desvanece de ellos y sentirla derramándose en ti... es la mejor experiencia del mundo.
Había el mismo temblor en su mandíbula que había visto antes, acompañado por un suave mordisco en su labio. Ignoré el brillo en sus ojos cuando susurró—: Eso es retorcido, enfermo, y está mal.
En lugar de eso, me levanté del sofá, la agarré y la tiré donde había estado recostado hace unos momentos. Un segundo después me puse encima de ella. Sólo la mitad de mi cuerpo estaba sobre ella, permitiendo que mi entrepierna presionara contra su muslo, aliviando algo de la creciente sensación que su presencia había estado causando en mí. Entre eso y los recuerdos del poder que brindaba el tomar una vida, estaba casi listo para tomarla ahora mismo.
—No, no lo es, —le dije—. Y ahí es donde tienes que confiar en mí. Te encantará. —Pasé mi nariz por su mandíbula y por su mejilla, captando el olor de su cabello y la sentí temblar debajo de mí—. Quiero estar contigo, Rose. Estar realmente contigo. Seríamos libres de las reglas que otros nos imponían. Podríamos estar juntos ahora, ser los más fuertes y tomar todo lo que queramos. Eventualmente podríamos ser tan fuertes como Galina. Podríamos tener un lugar como este, todo nuestro.
Rose no se resistió, pero estaba rígida debajo de mí. Era casi peor que si hubiera peleado conmigo. Preferiría que intentara escapar de mi agarre, ya que inevitablemente eso me llevaría a abrazarla con más fuerza.
—No quiero nada de eso.
Entonces la verdad me golpeó. Nada... no había nada que pudiera ofrecerle aquí que la convenciera de ser despertada. Excepto...
—¿No me quieres? Me quisiste una vez.
—No. —Miró a la izquierda, rompiendo el contacto visual. Era una de las maneras más fáciles en que me daba cuenta que estaba mintiendo. Ella nunca había sido capaz de mentirme con eficacia a la cara.
—¿Qué quieres, entonces? ¿Volver a la Academia? ¿Servir como esclava de los Moroi que te pondrán en peligro sin pensarlo dos veces? Si querías ese tipo de vida, ¿por qué viniste aquí?
—Vine aquí para liberarte. —Su fuego había vuelto y trató de levantarse, ganando nada más que un empujón de mi parte para volverla a sostener contra el sofá con mis manos y mis caderas.
—¡SOY LIBRE! Y si realmente hubieras querido matarme, lo habrías hecho. —Me moví, frotándome contra ella otra vez cuando puse mi boca en su cuello y dejé que mis colmillos rozaran su piel mientras hablaba—. No pudiste hacerlo.
Ella se alejó—. Me equivoqué, pero no volverá a suceder.
—Supongamos que eso fuera cierto. Supongamos que pudieras matarme ahora. Supongamos que incluso pudieras escapar. ¿Qué harías entonces? ¿Volverías a casa? ¿Volverías con Lissa y dejarías que continara sangrando en ti la oscuridad del Espíritu? —Morir por mi propia mano, rápida y relativamente sin dolor era una cosa, pero la muerte lenta causada por la locura mientras que ella no era más que una esclava de un sistema anticuado, era más de lo que podía soportar mi ira.
—No lo sé. —Y pude escuchar la verdad en su voz. Había confusión y duda allí. Podría usar eso a mi favor.
—Te consumirá poco a poco y lo sabes. Mientras siga usando su magia, no importa a qué distancia vayas, siempre sentirás los efectos secundarios del Espíritu. Al menos mientras ella esté viva.
Intentó apartarme, pero cuando falló, se apretó contra el cojín—. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Te unirás a Nathan y la perseguirás?
—Lo que le suceda a ella no es de mi incumbencia; tú lo eres. Si te despertara, Lissa ya no sería una amenaza para ti. Serías libre. El vínculo se rompería.
—¿Y qué le pasaría a ella? —Preguntó con miedo—. Se quedaría sola. —Su lealtad hacia Lissa era casi tan patética como la de un cachorro maltratado hacia su amo. No importaba cuantas veces la patearan, siempre regresaría con la cola entre las piernas como si fuera la única culpable.
—Como ya dije, eso no es asunto mío. Estar contigo lo es.
—¿Sí? Bueno, yo no quiero estar contigo. —Había desafío allí, pero yo podía ver a través de su fachada.
—No te creo.
—Cree lo que quieras, pero ya no te quiero.
Empecé a sentirlo y a olerlo. Su miedo y algo más. Allí también había excitación—. Estás mintiendo. Puedo darme cuenta cuando me estás mintiendo. Siempre he sido capaz de hacerlo. —No era una mentira. Si bien es posible que no hubiera sido capaz de sentir de la misma manera antes, siempre me había dado cuenta cuando ella me mentía.
—Es la verdad. Te quería, pero ya no. —Con cada declaración, sus palabras se volvían cada vez más vacías.
Me acerqué más a ella, seguro de que ahora podía sentir mi excitación tanto como yo podía sentir la de ella. Estábamos a un soplo de distancia, tan cerca que podía sentir la brisa en mis labios cada vez que ella exhalaba—. Mi exterior... mi poder, sí, todo eso es diferente, mejor. —Oh, mucho mejor—. Pero aparte de eso, sigo siendo el mismo, Roza. Mi esencia no ha cambiado. La conexión entre nosotros no ha cambiado. Es sólo que aún no puedes verlo.
Sin embargo yo si podía. Sus ojos se oscurecieron cuando hablé y masajeé el lugar donde la sostenía contra mí. Se retorció ligeramente ante mis atenciones pero finalmente se relajó un poco, buscando más—. Todo ha cambiado. —Su negación fue un débil susurro; no lo suficiente fuerte como para convencerse a sí misma, y mucho menos a mí.
—Si soy tan diferente, ¿por qué no te convierto a la fuerza? ¿Por qué te estoy dando la opción?
Ella buscó algo, cualquier cosa, para discutir contra mí y se quedó muda. La incertidumbre se reflejaba en sus rasgos. Podía sentir el éxito justo a mi alcance. Estaba tan cerca de tenerla. Su cuerpo, su sangre, todo estaba al alcance de mis manos.
Cerré la distancia entre nosotros, escuchándola inhalar rápidamente cuando dejé que mis labios jugaran en la esquina de su boca—. Y si soy tan diferente, entonces ¿por qué me devolviste el beso antes?
Cuando me aparté para ver su reacción, sus ojos estaban cerrados, pero su boca persiguió la mía por un momento. Su cuerpo la traicionó, a pesar de la ira en sus ojos. Y esas llamas no hicieron más que alimentar el fuego entre nosotros.
Aún así, su silencio lo dijo todo. Era todo lo que necesitaba escuchar.
—No tienes respuesta. Sabes que tengo razón.
La besé con fuerza, poniendo todo mi peso contra ella para que estuviera completamente atrapada debajo de mí. Sus brazos tiraron de los míos, buscando la libertad para luchar, y de repente... se detuvieron.
Tan rápido como había comenzado a pelear conmigo solo unos momentos antes, ahora estaba presionándose contra mí. Dejé libre una de sus manos y esta encontró de inmediato mi hombro, agarró la tela y me sostuvo con fuerza contra ella. Permití que mis dedos se enredaran en su cabello, controlando el beso mientras sus piernas me envolvían en mis caderas. Su cuerpo buscaba alivio en mí y el mío en el de ella, pero jugué con ella, disfrutando de los sonidos de protesta que hacía cada vez que me alejaba y sus desesperados gemidos en el momento en que la besaba con más pasión.
Estaba listo para hacerla mía una vez más. Ella se mostraba tan complaciente, tan dispuesta. Ahora era el momento. Mi mano se deslizó por su espalda, sintiendo el calor de su piel. Hacía mucho más calor ahora que antes. Ella era como el fuego, pero el peligro de sus llamas sería fácilmente sofocado en unos minutos.
Su cabeza cayó hacia atrás y lejos de mí, no en éxtasis, sino en un molesto momento de pensamiento racional—. No, no podemos hacer esto.
—¿Estás segura? —La obligué a mirarme de nuevo jalándola del cabello. Si ella iba a negárseme, sería mejor que me mirara a los ojos mientras lo hacía. Sin embargo, traté de permanecer tranquilo y gentil para persuadirla—. Hace un momento parecía que no te importaba. Todo puede ser como antes… como en la cabaña...
Su respiración se aceleró un poco cuando mencioné nuestra pequeña escapada antes de que todo se fuera al infierno. Mientras que los lamentables hechos que habían sucedido después de eso me habían llevado a mi ascenso a la inmortalidad y al poder, también me la habían arrebatado a ella. Ahora no la dejaría escapar otra vez. Y pude sentir el recuerdo de su cuerpo en el mío esa noche, y todo lo que había sucedido entre nosotros. Ninguno de los dos podía negar cuán satisfactorio había sido finalmente rendirse a lo que la naturaleza nos dictaba y la sociedad nos prohibía. Nos pertenecíamos el uno al otro. La tendría ahora, ella era mía. Sólo tenía que recordárselo.
—Ciertamente lo deseabas entonces...
Y santo Dios, vaya que lo había deseado. Recuerdos de ella debajo de mí, retorciéndose mientras empujaba dentro de su cuerpo, gritando mi nombre mientras me venía. Ella había estado perfecta, tan hermosa y tan dispuesta.
—No, —suplicó ella—. No quiero.
Reprimí el impulso de arremeter contra ella y acerqué mi cara a la suya para ocultar mi frustración. Después de recuperar el control, decidí tomar un camino diferente.
Suavemente, dejé que mis besos se deslizaran por su mejilla, su mandíbula y hacia su cuello. Mi amabilidad fue recompensada con un gemido que estaba a medio camino entre el placer y el dolor. Sabía que todavía se resistía a mí, pero sus manos se apretaban contra mis brazos.
—¿Y esto? —Pregunté—. ¿Quieres esto?
No tuvo tiempo de preguntar a que me refería antes de que la mordiera, probando su sangre por primera vez. Era euforia pura; sentirla tensarse y relajarse debajo de mí. Su grito de sorpresa se convirtió rápidamente en un largo y prolongado gemido de placer y presionó su pecho más cerca, exigiendo más.
Sólo me permití una gota más antes de alejarme y dejarla con ganas. No podía negar que también estaba desesperado por más, pero quería escucharla rogarme por ello. Quería escucharla pedirme que la despertara.
Sus ojos se abrieron en aturdida confusión mientras limpiaba un poco de su sangre de mis labios—. ¿Por qué... por...? dijiste que sería mi elección... —sus palabras se arrastraban ligeramente bajo el tirón de las endorfinas.
—Y lo sigue siendo, —confirmé. Si bien no me estaba suplicando que la despertara, la forma en que sus pechos se elevaban y su respiración pesada me hacía sentir fuerte contra su muslo. Si no quería que la despertara ahora... bueno, no había nada que me impidiera divertirme hasta que se entregara a lo inevitable—. No estoy haciendo esto para despertarte, Roza. Una mordida como esta no te convertirá. Esto… —asentí con la cabeza hacia donde goteaba sangre de la herida fresca sin molestarme en ocultar el gruñido de sed en mi voz—. Bueno, esto es sólo por diversión.
Ella no peleó contra mí cuando regresé a su cuello, alimentándome con avidez de ella mientras sus manos se enredaban en mi cabello. Sus dóciles gritos diciendo mi nombre mientras se entregaba a mí eran casi tan intensos como fue el sentirla rompiéndose a mi alrededor, y una vez que terminé, me miró con esos mismos ojos suaves que una vez me habían mirado felices en esas paredes de la cabaña. Le ofrecí una sonrisa complacida y satisfecha antes de que esos mismos ojos castaños se cerraran y su respiración se calmara.
Me aseguré de revisar su pulso, buscando un latido fuerte y regular antes de moverla a la cama. La metí debajo del edredón blanco y busqué un vendaje de algodón en el baño adjunto. Ni siquiera se movió cuando incliné su cuello hacia mí y la limpié. Tenía la tentación de extraer más sangre, pero sabía que en este momento eso significaría su muerte o despertarla, y quería mantenerme fiel a mi promesa. Ahora sólo empeoraría las cosas si no lo hacía.
Después de otra media hora, la dejé para comenzar a trabajar en algunas de las tareas que Galina me había encargado, pero sabía que volvería pronto. Este nuevo método de persuasión con Rose sería mucho más entretenido para ambos.
Chicas, otro capítulo intenso en esta historia. Parece ser que Dimitri está siendo consumido por el deseo que siente hacia Rose, aunque eso no le quita lo retorcido y malvado.
¿Qué les pareció éste capítulo? Ya la mordió por primera vez, y de aquí en adelante comenzará el infierno disfrazado de paraíso para Rose.
Espero que les haya gustado el capítulo. Este año seguiremos con la dinámica de los reviews, ya saben que si no llegamos a la meta el siguiente capítulo lo publicaré la semana siguiente. Por lo mientras, si quieren el capítulo nuevo antes del próximo martes tenemos que llegar a los 900 reviews.
Cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.
