Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead. Yo sólo me encargo de traducirla.
Capítulo 13
Rose continuó resistiéndose ligeramente durante las siguientes visitas. Se había molestado cuando se dio cuenta que Inna le había robado la ropa mientras se duchaba y ahora no tenía nada más que sedas y gasas para ponerse. Seguía protestando ligeramente cuando mis colmillos la mordían por primera vez, pero cada vez se rendía más rápido con cada visita. Era la tercera vez que había venido a verla, a probarla, y Rose sonrió y me dio la bienvenida. Habían pasado menos de dos días desde que había estado convencida de que nunca me permitiría cambiarla y ahora era ella quien venía a mí y rogaba por mi compañía.
—Mi Roza.
Estaba acostada en el sofá, pero se levantó de inmediato cuando entré, y rápidamente se arrojó a mis brazos abiertos. Su cuerpo se apretó contra el mío como si no pudiera acercarse lo suficiente, pero yo quería más. Siempre quería más. Dejé que mis manos se deslizaran por su espalda hasta que alcancé la curva de su culo y la agarré con fuerza, apretándola contra mí. Ella se rió en respuesta pero no hizo nada para detenerme. Reprimió un pequeño grito agudo cuando mis manos comenzaron a trazar el camino de regreso por su espalda, llevándose consigo la tela amarilla de su falda.
Antes de exponer su piel por completo, bajé la cabeza para acariciar el lugar que a menudo prefería. Su cabeza cayó hacia atrás de forma inmediata y automática, entregándose al placer de mi mordida sin cuestionarlo. Me encantaba su sumisión hacia mí. Ella me necesitaba. Necesitaba mi mordida. Necesitaba mi protección. Pronto vería que también necesitaba que la despertara para que pudiéramos gobernar este mundo juntos por la eternidad. Ella sería mía para siempre.
Me retiré dejando su garganta intacta por el momento, y ella se quejó en protesta.
—Pronto, cariño. Ahora dime, ¿qué has hecho hoy? —La llevé a la cama, acostándome antes de levantarla para sentarla a horcajadas en mi cintura. Lo hizo felizmente, trazando los pliegues de mi camisa como si fueran las colinas y los valles del campo. La pequeña gatita que ronroneaba encima de mí ahora estaba muy lejos del feroz tigre que había enjaulado aquí inicialmente.
—Nada, —puso los ojos en blanco—. La televisión rusa es muy extraña. Creo que he encontrado algunas contrapartes rusas de programas como "¿Quién quiere ser millonario?" Pero también me topé con algunos programas donde salen niños vestidos como animales y compitiendo para comer sandía o participando en una carrera de relevos y corriendo por el escenario con esos sombreros peludos. —Ella se rió ante la absoluta ridiculez de la escena—. No entendí ni una pizca de lo que pasaba, pero era tan... loco que no podía dejar de mirar. ¿Tienes uno de esos sombreros rusos?
—Se llaman Ushanka. Solía tener uno antes de irme a vivir a los Estados Unidos, pero ahora no. Sabes que tienes televisión por satélite, ¿verdad? Puedes ver la programación estadounidense en inglés.
Ella le quitó importancia a mi comentario—. Sólo estoy tratando de conocer la cultura, Dimitri.
La miré con escepticismo—. ¿Y cómo vas con eso?
Me dirigió una sonrisa falsa y bajó su voz a algo parecido a un tono burlón de un locutor masculino mientras decía la frase de uno de los programas que había visto—. ¿Kto khochet stat 'millionerom?
—No sé qué tan lejos podrías llegar con eso aquí, —comenté—. Especialmente porque tu pronunciación aún necesita practica.
—Da, —se mostró de acuerdo con un rápido asentimiento.
Levanté la mano para acercarla a mis labios, soltando su cabello en el proceso. Era mucho más dulce sentir sus mechones a mi alrededor, atormentando mi piel que era mucho más sensible a cada toque.
Antes de que pasara mucho tiempo, ella se encontraba meciéndose sobre mí y mi necesidad comenzó a crecer en respuesta. Pude sentir su pulso acelerándose cuando mi pulgar trazó la arteria en su cuello, y mi propio corazón comenzó a latir más rápido tratando de alcanzar el suyo. Rose siempre me había llevado a la locura, y la sensación de sus dedos sobre mí mientras desabrochaba los botones de mi camisa no hizo nada para calmar la locura dentro de mí.
En cuanto desabrochó el último, la lancé debajo de mí, soltándola el tiempo suficiente para quitarme la camisa y arrojarla al piso antes de lanzarme sobre ella de nuevo. Su pierna se envolvió alrededor de la mía en una súplica silenciosa y respondí acercando más su cadera antes de morderle suavemente el hombro y la clavícula. Básicamente, la mordía suavemente en todas partes, menos en donde sabía que ella me quería. Quería que estuviera tan loca de deseo como yo antes de que le permitiera ese alivio.
—Te necesito. Por favor, Dimitri. —Sus gemidos me encendieron casi tanto como la forma en que empujaba sus caderas contra mí. Sus manos buscaban cualquier apoyo que pudieran encontrar, y un momento después volvían a vagar. Mientras tanto, su boca paseaba de mis labios a mi mandíbula, y cuando las sensaciones la abrumaban, simplemente suspiraba contra el aire libre.
—¿Qué quieres? ¿Una mordida? ¿La cabaña? —Sus uñas se clavaron en mi brazo por ambas sugerencias.
—Cualquiera de los dos. Ambos. —Soltó un pequeño grito cuando mis manos ahuecaron sus pechos que seguían completamente cubiertos por la delgada tela de su vestido—. Sólo dame algo.
—Te lo dije, Rose. Podemos tenerlo todo, pero ya sabes qué es lo que tienes que hacer.
Ella se apartó y me lanzó una sonrisa que no había visto en mucho tiempo. Era una sonrisa secreta que me había dirigido más de una vez y que la había visto lanzársela a otros muchachos una o dos veces cuando estaba tratando de coquetear y usarlos a su favor. Antes de que pudiera darme cuenta de lo que iba a preguntarme, sentí que su mano me tomaba con un suave apretón.
Habían pasado semanas desde que alguien me había tocado. Mi propia mano no era suficiente, y sentir a Rose, de todas las personas, usar sus hábiles manos para desabrocharme los pantalones, me volvió loco. Tenía muchas ganas de rendirme ante ella. Gemí cuando comenzó a deslizar sus dedos más allá de mi cremallera antes de soltar un gruñido y apresar sus dos manos sobre su cabeza de nuevo.
La alegría en sus ojos cambió rápidamente cuando se dio cuenta que mi movimiento había sido provocado por la furia y no por un juego previo.
—No, Rose. Soy yo quien decide qué pasa y cuándo. ¿Entiendes?
Ella me miró fijamente en un pequeño acto de desafío, pero sólo durante un momento antes de bajar la mirada.
—Dilo. Quiero oírte decirlo.
Ella se mordió el labio antes de responder ante mi orden—. Lo entiendo, Dimitri. Tú decides qué pasa y cuándo sucede.
Acaricié el lugar donde la había mordido unas horas antes. Los cortes habían disminuido por los vendajes, pero todavía eran bastante visibles. A este ritmo, probablemente tendría una cicatriz y una insignia permanente de mi propiedad sobre ella, y no pude evitar deleitarme con el pensamiento. Aunque mi cuerpo se había curado y se había vuelto más fuerte una vez despertado, aún mostraba las peores marcas de mis heridas de batalla. Esta marca se quedaría con ella.
—Buena chica, —la elogié, ganándome un pequeño ronroneo de su parte. Luego la recompensé por su buen comportamiento con el éxtasis que sabía que ansiaba.
Nunca podría llenarme por completo de ella, especialmente alimentándome tan a menudo, así que me detuve cuando se debilitó en mis brazos. Lamiendo las últimas gotas de sangre de sus heridas recientes, agarré el pañuelo manchado de sangre que habíamos usado antes y dejé que se lo pusiera en el cuello.
Rose estaba saciada y relajada para el momento en que volví a acomodar mis pantalones y encontré mi camisa. No me molesté en abrochar todos los botones ya que iba a cambiarme, había venido justo después de una reunión con Galina, pero dejé que sus ojos viajaran sobre mí cuerpo antes de irme. Me tomé un momento para disfrutar de la vista de su cuerpo también. Sus senos amenazaban con derramarse desde la parte superior del vestido donde los había acariciado, y su falda yacía sobre sus muslos. Pensé seriamente en volver con ella y tomarla por la fuerza, pero sabía que necesitaba mantenerme fuerte, para mí más que para ella.
Pulsando el código de la puerta, le lancé una última mirada—. Recuerda Rose, podemos tenerlo todo. Sólo tienes que pedírmelo. —Después de eso me fui sin dejarla responder.
Necesitaba una ducha urgente después de nuestra interacción. Todavía podía sentir sus manos sobre mí, incluso 15 minutos después, y nada lograría hacer que evitara imaginarme lo que podría haber sucedido si no la hubiera detenido. Sabía que era lo correcto para mantenerla al borde del deseo, pero eso no me hacía sentir mejor. En todo caso, me frustraba aún más.
El agua caliente bañó mi cuerpo por un minuto más o menos, permitiendo que mis músculos se relajaran antes de que la imagen de Rose recostada en la cama con su pequeño vestido volviera a mi mente. Parecía casi inocente, un cordero que no le temía al lobo merodeando cerca. Podría romperla en pedazos en ese estado de aturdimiento, y Rose no habría hecho nada más que sonreír como si yo fuera todo para ella.
Me puse duro de nuevo, imaginándola dándome la bienvenida con tanto entusiasmo como lo había hecho hoy, entregándose a mí y gimiendo con cada una de mis caricias. Pero yo quería a mi corderito dócil. Quería destrozarla. No pasó mucho tiempo antes de que dejara de imaginarla a horcajadas sobre mí desabotonando mi camisa. Dejé de imaginarme besándola y sintiendo su pulso elevarse rápidamente bajo mi toque.
Mis pensamientos se volvieron más... primitivos. La vi mirándome y me di cuenta de mi poder sobre ella. Reconocí el momento en que comenzó a temerme como debería, y el momento en que decidió correr. Vi el momento en que se dio cuenta de que era inútil.
No dudé en jalarla hacia mí por el pelo cuando trató de escapar. Su cabeza se sacudió hacia atrás mientras luchaba por liberarse, pero mi agarre no se aflojó y envolví los mechones de su cabello alrededor de mi mano hasta que estuvo lo suficientemente cerca para agarrarla. Envolví un brazo alrededor de su cintura, y pasé el otro a través de su pecho hasta agarrarla donde alguna vez pensó que el corazón residía. Ella había estado equivocada, por supuesto, pero su pecho me llenaba la mano. Me daría una vista bastante decente tan pronto como le sacara este vestido.
"Eres mía, Rose. No sirve de nada huir de la verdad."
Gemí debido a mi fantasía, apretando mi mano alrededor de mi miembro erecto mientras comenzaba a bombear lentamente desde la punta hasta los testículos. Mis ojos se cerraron, viendo a Rose otra vez luchando contra mí en mi mente.
Sus aterrorizados gemidos no hicieron más que incitarme. Ya no era la gatita obediente que acababa de dejar. Mi corderito estaba listo para el banquete y yo estaba hambriento. No estaría satisfecho hasta que no me llenara de ella. Sin límites en mi fantasía, todo era justo. Nada podría ser más delicioso que eso.
Dejé que mis dientes le rozaran el cuello, desde la base de su hombro hasta la oreja, sintiéndola estremecerse mientras pellizcaba y tiraba de su pequeño arete—. Tan hermosa y toda mía.
Su cabeza cayó hacia atrás con una ligera rendición y aproveché la oportunidad para romper la tela del pecho de su vestido. La fábrica se desgarró hasta el estómago, revelando todo. La conmoción la hizo luchar nuevamente, pero la apreté contra mí otra vez, con una mano pellizcando su pezón y observándola hacer una mueca hasta que su labio quedó atrapado entre sus dientes y su culo presionado contra mí.
Rose gimió cuando solté lentamente su pezón hinchado, lo rodeé con suavidad para calmarla y luego la asalté una vez más con un movimiento brusco de mi dedo. Cuando ella protestó, golpeé el otro pecho, observando la huella de mis dedos aparecer lentamente sobre su piel.
Su grito se quedó atrapado en algún lugar entre el dolor y el placer; justo donde quería que ella estuviera. Pero mi propia incomodidad comenzaba a superar mi placer.
Caminamos hacia el sofá hasta que sentí que sus muslos se presionaban contra el brazo de éste y luego la empujé hacia adelante. Apenas se contuvo a sí misma para amortiguar su caída con las manos, pero mi mano estaba sobre su espalda antes de que pudiera levantarse de nuevo.
Levanté su falda, llevando su hermoso culo hacia mí. Habían sido tantas las veces que lo había visto en la Academia, mirándola inconscientemente mientras corría por la pista hasta que me veía obligado a regresar a nuestra desafortunada realidad. Ahora, nada me impediría tomarla.
—Dimi…
—¡Silencio! —Un golpe fuerte puntualizó mis palabras cuando esa firme nalga se sacudió con mi bofetada. No la necesitaba hablando por ahora. Sólo la necesitaba a ella.
Rasgué la pequeña tanga entre sus piernas y dejé que mi dedo se deslizara entre sus pliegues. Ya estaba tan mojada para mí y se presionó contra mi mano.
Tan ansiosa. Tan dispuesta.
Me desabroché los pantalones y los dejé caer al suelo, hundiéndome en ella en el momento en que mi polla estuvo libre. Su grito no me detuvo ni a mí ni a mi ritmo, y cuando trató de alejarse, usé su cabello y caderas para jalarla hacia mí.
Mis dedos se clavaron en ella mientras ella se aferraba a la tela del sofá. Los oscuros mechones de su cabello estaban enredados contra mi mano, forzándola a gritar contra el aire con cada una de mis embestidas.
Y mi mano bombeaba más fuerte mientras lo veía todo en mi mente. Con una mano me sostenía contra la pared de la ducha, y con la otra tiraba de mi pene con furia. Dejé que mi dedo rozara el delicado nudo de nervios debajo de la punta con cada pasada mientras imaginaba el cuerpo de Rose resistiéndose y sucumbiendo ante mí en igual medida hasta que no pude soportarlo más. Mi liberación llegó con un gemido y me permití un momento de relajación mientras bajaba de las alturas. Mi espalda golpeó la pared y el agua lavó la evidencia de mi placer.
Sin embargo, mi frustración sólo fue aliviada momentáneamente. Por más que había disfrutado de mi pequeña fantasía, la realidad de no poder follar a Rose de la forma en que me moría por hacerlo me estaba volviendo loco.
Estaba loco por la necesidad de tenerla tan cerca. Y ella ya había dejado perfectamente claro que estaba bastante dispuesta a ofrecérseme en bandeja de plata. Por supuesto, eso no era exactamente lo que me estaba deteniendo.
No, me estaba conteniendo porque en el momento en que lo permitiera, ella controlaría una pequeña parte de mí. Y no podía dejar que nadie me controlara.
Yo controlaba a Rose, no al revés. Ella vivía o moría según mis órdenes. Ella vivía bajo mi protección. Su seguridad dependía de mi. Su sangre era mía, al igual que su cuerpo. Su despertar me pertenecería y su placer también.
Galina había había hecho un contrato con un líder local Strigoi en el norte que quería sacar del camino a una alcaldesa que estaba causando problemas con un negocio que éste Strigoi estaba administrando y había pedido la ayuda del Estado, así que varios miembros de la organización participarían en una redada. Como cualquier trabajo por contrato, estaba abierto para cualquiera de nosotros que estuviera dispuesto a ser voluntario, y aunque dudaba en dejar a Rose sola, también estaba ansioso por demostrarle mi lealtad a Galina. Sabía que Nathan seguía tratando de socavarme. Si no continuaba luchando por el terreno en esta batalla, perdería la guerra. Alisté a Samuel para que la vigilara mientras yo estaba fuera, y acepté el trabajo sabiendo que volvería antes del amanecer el día siguiente.
El trabajo salió según el plan. La escena fue demasiado caótica para que alguien, excepto un alquimista, la reconociera como un ataque Strigoi, y era dudoso que se involucraran sin que alguien los llamara. Ningún Moroi o dhampir estuvieron involucrados. Sólo la alcaldesa, su esposo, una niñera y tres hijos. Parte del trabajo era hacer que pareciera un robo. Algunos de los chicos abrieron la caja fuerte, uno derribó un gran televisor y yo fui por el joyero de la alcaldesa.
Estaba lleno de diamantes y joyas de todo tipo, y estuve feliz de vaciarlo en mis bolsillos. Había visto a las mujeres usar cosas como estas en eventos donde había fungido como Guardián. Eran más que opulentos, yacían sobre ellas como obras de arte o colgando de sus orejas como si trataran de eclipsar los candelabros. El contenido de esta caja probablemente valía decenas de miles, tal vez cientos de miles, y fácilmente más de lo que había ganado en todo un año antes. Y la finalidad de estas joyas no era nada más que mostrar la riqueza de aquel que las portaba. No proporcionaban nada de valor, sólo eran un símbolo de poder y fuerza.
Bueno, los fuertes pueden caer. La riqueza se puede arrebatar. Y nuevas fuerzas se levantarán con el poder de todo.
Por supuesto, se esperaba que parte del botín se le entregara a Galina y parte de ello sería devuelto a nosotros como parte de nuestro pago por el trabajo. Sin embargo, nadie extrañaría un par de aretes de diamantes. Los rodé entre mis dedos, recordando mi pequeña fantasía del día anterior mientras los guardaba en mi bolsillo. No era raro que nos quedáramos con una pequeña propina de vez en cuando y yo no lo hacía a menudo. La última vez que tomé algo para mí fue cuando encontré un paquete de cocaína en un trabajo similar y que revendí por algo de efectivo. A un precio de 150 por gramo o más en las calles, era un poco de dinero rápido y la alta demanda facilitaba la venta entre algunos clientes de élite.
Y aunque estaba seguro de que los diamantes se venderían igual de bien en el mercado negro, tenía un plan muy diferente para estas pequeñas bellezas.
Rose me sorprendió un par de días después. Había empezado a esperarme de forma regular, y a menudo la visitaba a diario; dos veces al día cuando podía. En la mayoría de mis visitas nos dedicábamos a conversar antes de despedirme con una mordida para recordarle lo que vendría con el tiempo. Siempre trataba de persuadirla sobre su despertar, hablándole sobre lo que nos esperaría después. Lo que implicaría nuestra vida. De vez en cuando me preguntaba qué hacía yo fuera de estas paredes y le daba imágenes generales. Si quedaba alguna duda provocada por mis palabras, siempre la borraba con cada nuevo regalo.
Sin embargo, no hubo ninguna duda o pregunta sobre lo que quería hoy. En el momento en que entré, la vi. Siempre la veía inmediatamente, por supuesto, pero hoy, veía casi todo de ella. Estaba vestida con la diáfana prenda roja que tanto había disfrutado eligiendo para ella e iba adornada con nada más que sus pendientes de diamantes. Entre eso y las marcas en su cuello proclamándola como mía y sólo mía, me encendí en un instante.
Estuve sobre ella en el siguiente momento, manteniéndola en su lugar contra la silla mientras se levantaba para encontrarse conmigo a medio camino. Sus brazos se envolvieron alrededor de mi cuello, al mismo tiempo que yo tomaba sus piernas y las colocaba alrededor de mi cadera, la levanté con nuestros labios sellados en un beso caliente. Sus dedos tiraban de mi cabello, exigiendo más mientras mis manos masajeaban su culo, haciéndola que se pegara más contra mí.
Hubo un pequeño grito patético cuando la aparté de mí y la tiré sobre la cama que seguía desordenada, pero la seguí inmediatamente. Rose trató de apartarse de mí arrastrándose hacia atrás, tal vez en broma, pero yo no se lo permitiría. La agarré por los tobillos y la arrastré hacia mí de nuevo, golpeando su pierna en reprimenda por el desafío. Ella había pedido esto, y yo estaba condenadamente decidido a dárselo. La pequeña descarada no podría tentarme sin repercusiones.
Las bragas a juego que venían con su diminuto conjunto fueron destruidas a continuación. Si alguna vez quería volver a usar esto, y me aseguraría de que lo hiciera en alguna ocasión, no necesitaría esta pequeña y molesta prenda. El encaje se veía bien en ella, pero se veía igual de bien en el suelo en lo que a mí respecta.
Su pequeña risa se convirtió en un grito cuando mis dos dedos se hundieron en ella sin previo aviso. Ella intentó patear y alejarse por un momento, pero mi fuerte agarre la mantuvo en su lugar. Querido Dios, seguía tan apretada y cálida. Era mejor de lo que había podido recordar en cualquiera de mis sueños.
Me moví lentamente dentro y fuera de ella, sacando mis dedos casi hasta la uña antes de sumergirme de nuevo en ella. Con el tiempo, esos gemidos de incomodidad se volvieron más de placer a medida que ella se humedecía gradualmente, su cuerpo se calentaba bajo mi toque. Observé cómo sus pechos se alzaban con cada respiración agitada y en poco tiempo se encontró moviéndose contra mi mano, rogándome por más.
La tenía justo donde la quería, en la cúspide de su placer, cuando la dejé ir y retrocedí. Su frustración se desató con un gruñido que casi igualaba el mío.
—Eso no fue agradable, Roza, provocarme de esa manera. —Sonreí, observándola moverse y tratando de encontrar alivio sin mi ayuda. En el momento en que su mano se movió hacia su coño, sin embargo, la golpeé alejándola, dejando que mis dedos le rozaran los muslos por si acaso—. No te atrevas.
—¡Dimitri! ¡Por favor! —Sus manos se aferraron a las sábanas, retorciéndose por el esfuerzo necesario para no tocarse.
—Todavía no he descubierto qué voy a hacer contigo. Ese fue un truco bastante sucio. Puede que merezcas un castigo. Estoy tentado de salir de aquí, sin besos, sin mordida, sin nada.
Sus ojos se convirtieron en fuego en el momento en que mencioné la mordida. Todo era un engaño de mi parte, por supuesto. Yo era tan adicto a su sangre como ella era adicta a la mordedura. Bueno, tal vez no tan adicto, pero no iba a irme sin probarla.
Especialmente, como odiaba recordarme a mí mismo, tendría que irme sin hacer lo que quería hacer en este momento. No podía entregarme a mi propio placer si eso le daba incluso una onza de control sobre mí. Mi polla ya estaba protestando por mi resolución mientras presionaba contra la bragueta de mis pantalones, y sólo podía imaginar la satisfacción de sentirme lleno y follándola donde mis dedos habían estado sólo momentos antes. Aunque todavía no.
Sin embargo, lo que podía hacer era ejercer mi control sobre ella y volverla loca en el proceso.
—¿Es eso lo que quieres, Rose? ¿Quieres que me vaya? ¿Debo dejarte sola?
Su labio tembló mientras sacudía la cabeza, su cabello bailaba con gracia sobre sus hombros mientras mantenía el contacto visual conmigo.
—¿Entonces serás una buena chica?
Con un único y agudo asentimiento, la acerqué al borde de la cama y me arrodillé. Sus rodillas se apretaron juntas, pero las separé con una sonrisa y dejé que mis manos vagaran por la suave piel de la parte interior de sus muslos. Ni el entrenamiento ni las batallas habían dejado cicatrices aquí. La piel era perfectamente suave y cálida bajo mi tacto.
Su cabeza cayó hacia atrás cuando me moví más arriba, deslizándome lentamente por debajo de la tela que apenas la ocultaba de mi vista, y dejando que mi dedo trazara la línea de su hendidura. Le di una vuelta a su pequeña protuberancia una vez, sólo lo suficiente para hacer que sus caderas subieran un poco antes de que ella se bajara de nuevo sin nada más que una mirada de advertencia de mi parte. Rose incluso tuvo la gracia de parecer avergonzada por su desobediencia.
Con una mano tocándola suavemente, coloqué la otra firmemente en su muslo, sintiendo la forma en que su sangre corría bajo mi palma.
Disfruté viendo cómo cada nuevo toque la ponía cada vez más bajo mi hechizo. Un movimiento de un lado a otro la hizo estremecerse. Un suave roce con dos dedos arriba y abajo entre sus delicados pliegues la hizo suspirar. Y mi favorita, un pulgar presionando ese pequeño botón mientras mis dedos la provocaban, caliente y húmeda, la hizo gritar por mí.
Mantuvo sus manos en las sábanas de la cama mientras mis manos trabajaban en su cuerpo, pero cuando mi lengua reemplazó mis dedos, sentí que agarraba mi cabello mientras gritaba. Permití esta única concesión porque me daba la libertad de mantener el resto de su cuerpo en su lugar mientras trataba de acercarse más.
—¡Dios mío! —gritó, dejando que todo lo demás se convirtiera en murmullos incoherentes.
Sonreí y zumbé contra ella, y la sentí retorcerse en respuesta.
Rose no duró mucho más bajo mis atenciones, cada grito se volvía cada vez más frenético mientras intentaba aguantar a pesar de mi mejor esfuerzo para empujarla más hacia ese acantilado. La sentía tan cerca, tan cerca, y en el momento en que se cayó del borde con mi nombre en sus labios, giré la cabeza y le mordí el muslo.
El hecho de mezclar el sexo y la mordedura no me había resultado atractivo al principio, pero cualquier duda que hubiera quedado después de mi despertar y la repentina aparición de Rose, se desvaneció con este único momento.
Podía probarla, toda ella, en mi lengua. Su dulce esencia se mezclaba perfectamente con el sabor de su sangre y me alimenté con avidez, manteniendo sus piernas separadas mientras su orgasmo recorría su cuerpo en oleadas de placer.
Por primera vez desde que la había probado, me resultó casi imposible dejar de alimentarme de ella. Quería más. Lo quería todo. Me aparté, satisfaciéndome con sus labios y dejándola probar su sangre que aún permanecía en mi boca. Ella se apartó al principio, pero me presioné contra ella hasta que finalmente cedió. En poco tiempo, Rose me devolvía el beso con igual vigor, jadeando y recuperando el aliento cada vez que mordía su oreja o mandíbula. No me permití volver a su cuello, sabiendo que no podría evitar la tentación de morderla de nuevo.
Finalmente, nuestro río de aguas blancas de deseo apasionado fluyó en suaves olas, perturbado solamente por el ocasional movimiento de nuestras caderas o un toque aquí y allá.
Besé la parte superior de sus pechos, que seguían cubiertos por el diáfano vestido rojo, y luego me dejé caer a su lado en la cama, acercándola a mí. Me acarició el cuello con la nariz antes de relajarse contra mi hombro y caer en un maravilloso aturdimiento causado por las endorfinas que sabía que la mantendrían saciada durante horas.
Mientras ella tarareaba por su satisfacción, esbocé una pequeña sonrisa por mi propia satisfacción causada por haber domado a la pequeña descarada.
—Buena chica, Roza. Buena chica.
Chicas, ¿qué les pare éste capítulo? Para mí es uno de los más fuertes, porque fue el que me evitó enamorarme de este Dimitri Strigoi. La mente de Dimitri es cada vez más retorcida y enferma, y aquí lo podemos ver. Lamentablemente nuestro Dios Ruso ha perdido toda la humanidad que había en él, y ahora sólo fantasea con dominar a Rose, con hacerla suya por la fuerza, y apagar totalmente ese fuego que nuestro Dimitri amaba en ella. La quiere sumisa, callada, y dispuesta a acatar sus órdenes sin pensarlo dos veces. Y lamentablemente lo logra, convierte a Rose en una muñeca sin fuerza de voluntad. Yo creo que el recordar la forma en que somete a Rose y la forma en que ella se deja someter es lo que más matará a Dimitri en el siguiente libro.
Pero bueno, ¿ustedes qué opinan? ¿Siguen amando a esta versión retorcida y sin sentimientos de Dimitri? ¿Con cuál Dimitri se quedarían, Strigoi o Dhampir?
Y bueno, seguimos con la dinámica de los reviews, si quieren el capítulo antes del próximo miércoles tendremos que llegar a los 950 reviews.
Ahora sí, cuídense y nos leemos en el próximo capítulo.
