Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia es mía por completo.
Capítulo 4
Sesshomaru dio un brinco en la cama. Las manos le temblaban y tenía la respiración agitada. Se pasó una mano por el cabello mientras reconocía la habitación en la que estaba. Era la habitación de Rin, claro.
Volvió a cerrar los ojos, respirando despacio para tranquilizarse. Casi de inmediato el dolor en sus costillas le pasó factura.
Otra vez había tenido esa pesadilla, y como todas las veces anteriores era incapaz de salvar a Inuyasha. Hubo un tiempo en que dejó de tenerlas, pero al llegar a casa de Rin las pesadillas volvieron con más fuerzas que antes.
Quitó las sábanas para salir de la cama, se puso de pie, pero en el segundo siguiente estaba yéndose contra el buró y el vaso de vidrio del que había bebido agua terminó hecho añicos en el suelo.
La puerta de la habitación se abrió de golpe y la imagen de Rin, en pijama y con el cabello suelto compensó el dolor que sentía. Se veía maravillosa con ese conjunto. El pequeño short le llegaba apenas a la mitad de las piernas y la blusa de tirantes dejaba al descubierto una piel cremosa que lo tentó como un demonio.
—¿Estás bien? —Sesshomaru volvió a sentarse en la cama.
—Trataba de ir al baño, lamento levantarte.
Rin se acercó a él, se agachó y comenzó a recoger los restos del vaso.
—¿Seguro que no quieres que visitemos un médico? Estas empezando a preocuparme.
—Un médico hará muchas preguntas y es lo que no necesito.
—Mira, con que vayamos a una consulta en alguna farmacia bastará, pero en serio necesito que un médico te valore —Sesshomaru iba a replicar, pero ella levantó una mano—, si te mantienes en esa actitud te juro que hablaré con la policía, porque no quiero un muerto en mi casa.
La cara enojada de Rin, hizo que Sesshomaru soltara una risita, que le dolió en todo el cuerpo.
—A las siete, y si no estás de pie a esa hora, olvídate de que pise una farmacia.
La sala de consultas era un hervidero de gente. Rin se tropezó dos veces con un par de niños que corrían y otro con una mujer que caminaba de un lado a otra vuelta loca. Para su desgracia, su paciente no estaba en mejores condiciones. Habían tenido que tomar un taxi especial hasta la farmacia y luego ella había tenido que pedirle ayuda al taxista para sentarlo en una de las bancas.
Ahora, por si no fuera poco, él miraba a un lado y otro como si alguien fuese a plantársele enfrente para matarlo. Aunque si ella se ponía a pensar, quien quiera que lo hubiese dejado tirado en esa calle seguramente ya se había dado cuenta que seguía vivo. Así que entendió su miedo.
Cinco minutos más tarde, un hombre con una bata blanca y un logotipo de alguna fundación, salió para ayudar a Sesshomaru a entrar. Rin se levantó para ir con él, pero el teléfono le sonó en ese momento.
—Te alcanzo enseguida —dijo, corriendo la pantalla para responder.
—Te tengo una buena y una mala noticia —Sango gritaba eufórica del otro lado de la línea.
—Por experiencia prefiero la mala.
—Bueno, no regreso mañana como lo tenía previsto, peeeero —arguyó antes de que Rin dijera otra cosa—, ya conseguí mi ascenso. Si todo sale como lo tengo planeado te prometo estar ahí para el fin de semana.
—Eres todo un caso —replicó dejándose caer en una de las bancas—. No tengo más remedio que seguir intentando hacer mi vida junto a Kirara.
—No exageres, seguro cuando vuelva se van a adorar que no querrás que me la lleve.
—Diré a favor de Kirara que al menos deja que la acaricie.
—¿Ves? No es para tanto.
—Tengo que colgarte, Sango, me están esperando.
—¿Es algún hombre? —dijo con voz pícara—, porque de no ser así mejor deja que te cuente mi noche.
Rin comenzó a reírse, en efecto, era un hombre guapo el que la esperaba, pero no tenía nada que ver con la fabulosa noche que seguramente había tenido su amiga. Solo de imaginar su cuerpo bajo la ducha, el centro entre sus piernas le recordaba que hacía mucho tiempo no estaba con ningún hombre.
—Sí, es un hombre y me está esperando.
—¡Por Dios! Tienes que contarme.
—Y lo haré, pero no en este momento.
—Ok, guapa, te hablo más tarde.
Rin colgó el teléfono y luego se levantó para meterlo en la bolsa de su pantalón. Cuando dio la media vuelta para volver a la consulta, se topó con su peor pesadilla. Allí delante de ella estaba Bankotsu, con una camisa negra y unos pantalones ajustados que lo hacían verse condenadamente bien. Volvió a darse la vuelta implorando para que no la viera. No estaba preparada para encontrárselo después de tanto tiempo. EL corazón bombeándole a todo lo que daba era la evidencia.
—¿Rin? —dijo él con esa voz que ella recordaba a la perfección y supo que estaba perdida. Se dio la vuelta con una sonrisa.
—Bankotsu, ¿qué haces aquí?
—Vine porque uno de mis chicos tuvo un esguince —él se le quedó mirando, fue un momento incómodo, porque ella no supo qué más decirle—. Estás preciosa.
—Gracias, tu tampoco estás mal.
Alguien llamó a Bankotsu.
—Tengo que irme.
—Claro.
Bankotsu dio la vuelta, pero se detuvo y volvió a girarse.
—Rin, he intentado llamarte, pero creo que cambiaste tu teléfono. Y hace una semana fui a casa pero no me atreví a molestarte. No sabes cuánto te extraño.
Sintió que el corazón se le detuvo con sus palabras. Ella había fantaseado un par de veces con volver a verlo, y en todas sus fantasías se había preparado para decirle cuanto lo odiaba, que era su peor error, pero tenerlo enfrente era otra cosa. Las palabras parecían habérsele acabado y sólo podía imaginarse que Bankotsu se arrodillaba frente a ella y le pedía perdón. Ya no lo amaba, de eso estaba segura, sin embargo no podía olvidar lo que habían vivido de la noche a la mañana. Y ella seguía añorando los días en los que fue plenamente feliz.
Aspiró profundo para tratar de pensar con claridad.
—Hubo un tiempo que te extrañé mucho, Bank, pero ahora estoy tratando de rehacer mi vida.
—¿Ya me olvidaste? —preguntó volviendo a acercarse.
—Te encargaste de que hiciera eso.
—Y haré también que me perdones.
—Oh, no, Bank, claro que te perdono, pero eso no significa que volveremos a estar juntos.
De nuevo uno de los hombres del gimnasio volvió a llamarlo.
—Ve que ya te esperan.
—Sólo cinco minutos, no más.
—Nada.
—Iré a verte.
Bankotsu se dio la vuelta, sin darle tiempo a responder. Lo vio alejarse, como lo había visto hacía un año, saliendo de su casa dejándola con el corazón hecho pedazos. Era un cretino, al que había amado con locura, pero ya estaba más que dispuesta a pensarse dos veces las cosas.
Sesshomaru salió en ese momento de la consulta. La miró con el ceño arrugado.
—Vaya compañía.
—Lo lamento, tuve que responder el teléfono.
Sesshomaru se recargó del hombro de Rin y salieron juntos de la consulta.
Rin llegó casi a las diez de la mañana a la pastelería. Dejó a Sesshomaru acostado con los analgésicos que le dio el médico y un paño con hielo donde tenía la fractura.
Ayame no iba ese día, así que le tocaba pasarse atendiendo a ella sola. Al medio día, decidió cerrar para prepararse algo de comer. Para su sorpresa, al llegar Sesshomaru estaba parado, metido en su cocina y con una Kirara pavoneándose por la repisa.
La escena hizo que su corazón volviera a palpitar. Era una tonta, porque Sesshomaru solo iba a estar unos días, pero en ese momento se daba cuenta que se sentía completamente sola. La llegada de Sesshomaru y Kirara pusieron su rutina de cabeza. Había pasado de dormir en su King Size, a un mullido mueble. Y sus sueños se habían acortado por tener que cuidarlo por las noches. Era un cambio que no se esperaba, pero que acababa de hacerla desear más.
Antes, pasaba horas metida en la cocina horneando, tratando de olvidar que tenía el corazón roto para no sentirse deprimida, y adoptó esa rutina como algo normal, porque claro que adoraba su trabajo, sin embargo, no iba a pasarse toda la vida sola en la pastelería.
Kirara bajó de la repisa para restregársele en el pantalón, en ese momento. Sesshomaru se giró con un cucharón en la mano.
—Tuve que entrar a tu cocina, moría de hambre.
—No hay problema, tengo en la pastelería mis trastos especiales.
Sesshomaru colocó un plato de espaguetis en la barra, con salsa, que le recordó que estaba famélica.
—Puedes probar —dijo él sentándose del otro lado con una lentitud que ella lo miró esperando a que el dolor se reflejara en su cara.
—Gracias.
Rin sacó otro plato de la alacena y se sirvió un poco antes de sentarse frente a él. Mientras comía, y lo veía ahí sentado, recordó la noche que lo encontró. Estaba un poco recuperado, y al parecer el medicamento había hecho algún efecto porque ya se ponía de pie solo.
—¿Puedo hacerte unas preguntas? —Sesshomaru levantó la mirada de su plato.
—Preferiría que no.
Ella hizo una mueca.
—Pero como te estás quedando aquí, pensé que tal vez debería saber algo, no sé…
—Nada de preguntas sobre cómo llegué a esa calle golpeado.
Las esperanzas de Rin cayeron hasta el suelo, pero no se dio por vencida.
—Bueno, ¿a qué te dedicas, Sesshomaru?
—Trabajaba para una agencia de autos.
—Trabajabas…
—Sí, porque con estos días ausente, seguro que perdí el trabajo.
Rin asintió.
—¿Y qué vas a hacer ahora?
Sesshomaru iba a darle otro bocado a su comida y volvió a mirarla ceñudo.
—No lo sé, tal vez fingir demencia y quedarme a vivir contigo.
Ella se echó a reír.
—Podría darte trabajo en la pastelería.
Esta vez fue el turno de él para reírse.
—¿En la pastelería dices? —ella se encogió de hombros. Si lo pensaba un poco no era una mala idea. Ella necesitaba ayuda entre semanas, tal vez si él…—. No sé preparar ni un huevo —confesó él, sacándola de sus pensamientos.
—Eres un mentiroso, has hecho estos espaguetis y te quedaron perfectos —respondió apuntándolo con el tenedor.
—Sólo seguí las instrucciones de la caja, no fue tan difícil.
—Bueno, será algo parecido. Yo te enseño y tú aprendes.
—Eres una mujer imposible.
—Vaya creí que el imposible eras tú.
Sesshomaru volvió a prestarle atención a su plato de espagueti. Aunque Rin aun no terminaba sus preguntas. Esperó a que terminaran de comer para volver a insistir.
—¿Y eres casado?
Él suspiró antes de mirarla.
—No.
—Ok… —murmuró.
El silencio volvió a rodearlos. Tenía tantas ganas de preguntarle en qué estaba metido, pero ante su renuencia decidió dejar de insistir. Ya tenía suficiente por un día. Se levantó para llevar el plato al fregadero.
—¿Quién era el hombre con el que hablabas en la mañana? —preguntó él dejándola helada. La había visto con Bankotsu.
—Nadie importante, un conocido.
—Eso pensé…
—Sí, era lógico si hablaba con él.
—No me refería a eso, es que tú haces muchas preguntas, pero no respondes nada.
Ella volvió a sentarse. Él tenía razón, ella no contestaba ninguna. Y no estaban en igualdad, si quería que él le contara cosas, ella debía responder a sus preguntas.
—Es mi exnovio, nos separamos hace un año.
—¿Te estaba molestando?
—No, solo nos encontramos y lo saludé como lo hubiera hecho con cualquier otra persona.
Sesshomaru se levantó para llevarse su plato. Rin se levantó también.
—Déjalo, yo los lavo. Es mejor que descanses un rato, debe dolerte mucho.
—Gracias.
Él salió de la cocina caminando despacio.
Rin se ocupó de los platos y luego bajó de nuevo a la pastelería. Habló con Sango mientras hacía las cuentas del día y por fin pudo contarle cómo había encontrado a su nuevo compañero de habitación.
—¿Cómo es que metes a un hombre que apenas conoces a tu casa, Rin?
—Sabía que ibas a regañarme, pero de verdad estaba muy mal, y…
—¿Y si está metido en algo grave, y si es un asesino?
Rin se echó a reír.
—Sango, no es nada de eso. Es un vendedor de autos, que tuvo un accidente.
—¿Eso te dijo?
—Que es vendedor de autos, sí, el accidente, en realidad apenas quiere hablar al respecto.
—No me dejas tranquila.
—Pues tendrás que quedarte tranquila, porque él volverá a dormir aquí como todas las noches y no va a apretarme el cuello, no lo ha hecho antes.
—Eres una completa desconsiderada. Hablaré con Kagome para que vaya a visitarte mañana. No me quedaré tranquila sabiendo que ese hombre está ahí.
—Kagome apenas tiene tiempo con la guardería.
Kagome era otra de sus amigas. No tenía tanta comunicación como con Sango, pero era la otra parte con la que complementaban su amistad.
—Igual le diré, seguro que se hace un espacio.
—Lo que tú digas. Ahora te cuelgo. Tengo un libro de cuentas abierto y quiero ir a la cama. O mueble…—dijo sonriente.
—No te vas a salir con la tuya.
—Ya lo hice —respondió antes de colgar.
Terminó de anotar las ventas en el libro y fue correr las cortinas de las vitrinas. Apagó las luces del exhibidor y se asomó a la calle para mirar. Cuando volvió a entrar, un escalofrío le recorrió la espalda. Rin no era supersticiosa, pero estaba segura que alguien la miraba. Regresó de nuevo hacia la calle. Las tres cuadras que alcanzaba a ver desde su local, estaban desoladas, a excepción de la camioneta blanca de su vecino que llevaba años estacionada en el mismo lugar. Tal vez haber dormido muy poco le estaba destrozando los nervios.
Continuará…
Hola, preciosas, aquí me tiene otra vez. Este capítulo salió más rápido de lo que esperaba. Muchas gracias por los lindos comentarios que me dejaron en el capítulo anterior y también a esas chicas nuevas que se unieron a la lectura.
Les tengo un pequeño regalito en mi grupo de Girls Danperjaz, una pequeña novelilla de romance/drama. Aclaro, los personajes son originales, nada de ningún fandom, pero espero les guste. Son bienvenidas a leer.
Les dejo por aquí la sinopsis para que se animen.
Argumento: Emmaline caprichosa, manipuladora y oportunista, ha decidido dar la última estocada como cazafortunas antes de empezar de nuevo su vida en otro lugar, y la mejor manera de lograrlo es enamorar al viudo multimillonario, Edmundo Sierra, pero lo que ella no espera es el obstáculo que representa su hijo y heredero.
Nicolás Sierra jamás se ha metido en los asuntos de su padre, pero el que vaya a casarse con Emmaline, es algo que no puede permitir. Desde que la mira por primera vez, descubre a la oportunista debajo de aquel rostro bonito y está decidido a desenmascararla. Lo único que no se espera es verse seducido también por la peligrosa mujer.
