Os dejo el segundo capítulo. Aquí comienzo a contar lo que sucedió. No sé si preferís que vaya alternando escenas (presente- pasado- presente...) o si a partir de aquí cuente primero todo lo que ocurrió. Estoy un poco indecisa al respecto, así que si tenéis alguna preferencia, sólo tenéis que decirlo ;) .

Feliz año nuevo.

CAPITULO 2

Unos meses antes. Francia.

A Emily siempre le gustó Paris. Posiblemente fuera una de sus ciudades favoritas. Le encantaba recorrer sus calles, pasear junto al Sena, o perderse en los Campos Elíseos para desconectar del día a día. Estaba enamorado del bullicio de la gente, de su ambiente ecléctico y de su aire bohemio.

Pero definitivamente era el peor momento para estar allí.

Oculta tras una identidad protegida, después de sobrevivir a Doyle, apenas salía del apartamento en el que vivía, o malvivía, desde que había tenido que salir huyendo de Estados Unidos. El FBI, conjuntamente con la CIA, habían intervenido para salvar su vida y habían tomado todas las decisiones por ella mientras aún estaba inconsciente en el hospital de Bedesta.

Se sentó en la pequeña terraza, que daba hacia su cafetería favorita, y respiró el suave aroma de los jazmines en flor. Era de noche, y desde allí, tenía una visión privilegiada del cielo nocturno y de las constelaciones.

Pero echaba tanto de menos a sus amigos, que dolía. Y dolía aún más saber que habían llorado su muerte cuatro meses atrás. Ella estaba casi recuperada de sus heridas, y había reanudado parte de su actividad laboral en la medida de lo posible teniendo en cuenta su propia situación.

Lo que no esperaba en absoluto era que desde la CIA, requirieran sus servicios para volver a trabajar encubierta. Ni siquiera sabía cómo habían sido capaces de pedirle algo así, sabiendo el infierno para el que acababa de pasar. Había tenido la opción de negarse, por supuesto, pero cuando le habían informado de que había otro agente que podía estar en peligro, y que sus habilidades y experiencia eran justo lo que necesitaban para la misión, simplemente aceptó.

Ahora, con una taza de café entre las manos, trataba de prepararse mentalmente para volver a convertirse en alguien que no era. Pero al fin y al cabo ¿Eso no era lo que había estado haciendo toda la vida?.

La CIA llevaba más de un año detrás de una organización criminal que se había ido extendiendo por distintos países. Traficaba con drogas, armamento y últimamente se había iniciado en la trata de blancas. Había un agente que llevaba infiltrado en la organización desde hacía casi un año, formando parte del equipo de seguridad del que parecía ser uno de los cabecillas, Diego Morente, pero no habían tenido contacto con él desde hacía semanas, y necesitaban infiltrar a alguien más sólo para comprobar que estaba bien. No sería una misión larga, y eso fue lo que la decidió a dar el paso.

Ni siquiera sabía a quien debía buscar. Por la seguridad de ambos, no le habían facilitado la identidad del agente en cuestión. Sólo debía tomar buena nota de quienes se encontraban en la mansión donde vivía Morente, e informar a sus superiores. Entraría como traductora. Morente, había estado buscando a alguien de confianza que sirviera como intérprete entre sus clientes.

Tres días después, se encontraba en la mansión, soportando las desagradables manos de dos de sus hombres mientras la registraban. Evidentemente no llevaba ni micro ni armas.

La hicieron pasar a una suntuosa biblioteca a la que se llegaba a través de un largo pasillo repleto de estatuas que imitaban a las antiguas griegas. Luego, la dejaron a solas y simplemente se quedó esperando mientras curioseaba entre los libros que llenaban las estanterías. Pasó su dedo, por el borde de las tapas, recorriéndolas, hasta que se detuvo en una antigua edición de los Cuentos de Edgar Alan Poe. Lo cogió de la librería, casi emocionada de tener aquella joya entre sus manos.

- Me alegra saber que aprecia a los grandes autores, Señorita Bianchi.

Una voz, a sus espaldas la sobresaltó. Se dio la vuelta y se encontró frente a frente con Morente, al que había reconocido perfectamente por las fotos. Alto, elegante, moreno y atlético. En realidad, teóricamente, se ajustaba a su tipo de hombre. Y sin embargo no había nada en él que le resultara atractivo.

- Marcela, por favor.- Lo corrigió con una sonrisa, mientras se dirigía a él para estrecharle la mano.

Morente, sostuvo su mano, en lugar de estrecharla, e inclinándose levemente le dio un beso en el dorso. Emily, un poco sorprendida, la retiró con suavidad tratando de controlar el estremecimiento que la recorrió al contacto de sus labios con su piel. No podía explicar el motivo, pero había algo en él que le desagradaba profundamente.

- Marcela...- Repitió Morente. Y luego se detuvo a contemplarla- Pierre no me dijo que era tan hermosa.

Emily apartó la vista durante un instante, aparentando perfectamente sentirse halagada.

- Gracias...- Le replicó volviendo a alzar los ojos hacia él- A mí no me dijo que iba a tratar con un hombre tan culto y refinado.

Desde donde estaba, pudo darse cuenta con satisfacción, que había inflado su ego, lo cual era justo lo que había pretendido conseguir.

- Puedo ver que su lengua materna es el inglés... Pero su apellido es italiano, y además habla varios idiomas. Es una mezcla interesante.

- Mi padre era italiano, y mi madre en realidad era francesa, aunque mis abuelos se trasladaron al Reino Unido siendo ella aún una niña. Les gustaba mucho viajar, y se preocuparon de que yo pudiera hacer lo mismo durante el tiempo que viví con ellos. Luego ya lo hice por mi cuenta... Así que domino el francés, alemán, italiano, español, árabe... Y hablo un poco de ruso.

Morente la miró con interés. Parecía complacido con su presencia y con su experiencia.

- Sus habilidades serán de mucha ayuda. Dentro de unos días daré una cena con algunos de mis clientes, y espero que me facilite las cosas con ellos- Añadió con sus ojos fijos en ella. Emily sintió un escalofrío. No le había gustado la forma en que la miraba. Pero respiró hondo y tomó el control de la situación.- Seguro que sabrán apreciar sus cualidades.

- Para eso estoy aquí...- Le replicó con un ligero movimiento de sus pestañas.

Un suave golpeteo los interrumpió. Morente se disculpó y se dirigió a la puerta, entreabriéndola ligeramente mientras hablaba con alguien. Desde donde estaba, Emily apenas podía oírlos, y menos aún ver de quién se trataba. Suponía que sería alguien del servicio de seguridad. Se preparó para tomar nota de sus rasgos, para informar a su vuelta. No sabía si era la persona a la que buscaba, así que básicamente consistía en memorizar todo lo que pudiera.

Pero finalmente, Morente abrió la puerta completamente para que el otro hombre entrara. Emily se quedó petrificada durante unos segundos al reconocer a Mick Rawson parado en el umbral. Por un momento vio su propia sorpresa reflejada en el rostro de él, pero rápidamente ambos consiguieron dejar las emociones a un lado, y volver a meterse en su papel.

- Damon, esta es Marcela... Supongo que estará agotada. ¿Podrías ayudarla con su maleta y acompañarla hasta su habitación?.

- Por supuesto- Dijo Mick reaccionando rápidamente. Con un gesto de la mano, le indicó que lo acompañara. Emily simplemente se acercó hacia él y lo siguió.

- La veré en la cena. A las ocho. - Se despidió Morente de forma cortés, antes de que desapareciera detrás de la puerta.

Emily se volvió hacia él, dirigiéndole una sonrisa.

- Allí estaré...

Y luego caminó tras Mick atravesando el vestíbulo, hasta llegar a la escalera. Subieron juntos hasta la segunda planta en completo silencio; recorrieron el pasillo y finalmente llegaron a una habitación situada en el ala este de la mansión.

Emily no sabía qué hacer, Ni siquiera sabía si podía dirigirse a él de alguna manera. Desconocía si había cámaras que pudieran delatarlos. Pero parecía que Mick sí que estaba al tanto de este extremo. Cuando llegaron a la puerta del dormitorio, la abrió y después de mirar a ambos lados del pasillo, prácticamente la empujó dentro.

- ¡¿Qué demonios?!- Exclamó cuando estuvieron a solas- ¡¿Qué estás haciendo aquí?!.

A Emily le sorprendió el tono enojado de su voz.

- Aparentemente asegurarme de que estás vivo...- Respondió ella con ironía- Y definitivamente lo estás.

Mick se pasó la mano por la cabeza, contemplándola de arriba abajo. Sólo habían coincidido en un caso hacía varios años, pero la había recordado inmediatamente. ¿Cómo olvidarla?. Una mujer así era imposible de olvidar. No dudaba de sus cualidades para trabajar infiltrada, pero había sido un riesgo para ambos enviarla hasta allí.

- ¿Quién te ha enviado?- Le preguntó cuando por fin consiguió tranquilizarse.

- Supongo que los mismos que te enviaron a ti. Estaban preocupados porque no te reportabas.

Mick asintió con la cabeza.

- Me estoy ganando su confianza, y créeme que Morente no es un hombre que confíe fácilmente en nadie. El teléfono no es seguro, sólo para situaciones de emergencia. Simplemente no podía escabullirme para contactar cuando está planeando una reunión importante.

- Me habló de eso...- Recordó ella.

- Para eso te ha traído aquí...- Resopló él. Emily podía ver a la legua que no le gustaba nada aquella situación- No deberías haber venido... Esos tipos son verdaderamente peligrosos y la clase de negocios en el que se mueven...- Hizo un gesto de negación- Por no hablar del propio Morente... No sé cómo han enviado a una mujer.

Ella jadeó realmente ofendida.

- ¿Perdona?- Le reprochó incrédula- ¿Me estás diciendo que no puedo hacer este trabajo porque soy una mujer?.

Él dio un paso hacia ella, mirándola a los ojos.

- No- Negó tajantemente- Me refiero a que en el peor de los casos hablamos de trata de blancas, ¿Qué crees que te harán si te descubren?... Y aunque no te descubrieran...Morente tratará de que pases por su cama antes de que te vayas... Y créeme que no acepta un no por respuesta.

La boca de Emily hizo una "O" perfecta, comprendiendo inmediatamente a dónde quería llegar y el cuadro que tenía a la vista era realmente desagradable. Ni en sus peores sueños había imaginado repetir la historia de Doyle. Supo por qué la habían elegido para aquella misión. Y no había sido únicamente por sus conocimientos lingüísticos. Habían dado por hecho que volvería a hacerlo si era necesario.

- En cualquier caso...Mi misión ha terminado... Puedo irme...

Él jadeó de pura frustración.

- No puedes irte. Ahora no te dejará marchar. Al menos hasta la reunión... Supongo que eso no te lo dijeron cuando te enviaron aquí...

Emily pareció meditar durante unos segundos sus opciones.

- ¿Cuándo es la reunión?- Preguntó. Su mente de agente, ya estaba de nuevo en marcha.

- Mañana. Tiene la intención de subastar la mercancía al mejor postor.

- ¿La mercancía?- Y rápidamente hizo las conexiones necesarias- No te refieres sólo a drogas y armamento, ¿verdad?... La venta incluye mujeres.

- Así es...- Le confirmó él.- De hecho, ese será el negocio principal.

- Mick, tenemos que detenerlos...

El suspiró, sabiendo que tenía razón, pero no le gustaba en absoluto la idea de que ella se involucrara en aquel asunto. No podía entender por qué la habían enviado, conociendo a la perfección el perfil de Morente.

- De acuerdo. Te quedarás hasta que se realice la transacción. Luego te sacaré de aquí, como sea... Y esperemos que Morente no intente nada antes...- Luego resopló enojado- No puedo entenderlo... Su perfil estaba claramente delimitado...Sabían el riesgo que corrías...¿Qué esperaban que hicieras?,

Sólo cuando la vio apartar la mirada se dio cuenta de lo evidente.

- No es la primera vez que lo haces... ¿Verdad?- En realidad, no era una pregunta, sino la conclusión a la que había llegado.

- No... - Susurró ella. Y luego alzó la vista para enfrentarlo- Supongo que han dado por hecho que no tengo inconveniente en repetirlo...

Mick notó inmediatamente que trataba de ocultar su enfado. No le extrañaba. La habían enviado allí sin advertirla de lo que pasaría.

- Son unos miserables...- Refunfuñó él, y luego se volvió hacia ella- Oye, no tienes que hacer eso... Te sacaré antes de aquí... ¿De acuerdo?.

Ella negó con la cabeza. Odiaba tanto la idea de poner en peligro a aquellas mujeres, como la de acostarse con Morente.

- Haré lo que tenga que hacer- Afirmó ella, tratando de mantener a raya sus emociones.

Mick la observó detenidamente. Detrás de aquella máscara de frialdad, podía ver su vulnerabilidad. En aquel momento habría querido tener delante a su jefe de equipo para partirle la cara. Quizás lo hiciera cuando volviera.

- Tengo que irme... No quiero levantar sospechas por estar demasiado tiempo aquí contigo...- Le advirtió.

Pero cuando salió del dormitorio, su pensamiento seguía centrado en ella.

No sabrían cuándo sería la transacción hasta que no lo discutiera en la cena. Tenía que admitir que el hecho de que Emily conociera varios idiomas, era una ventaja para ellos.

Emily, por su parte, intentó mantenerse enfocada en lo que debía hacer. Recorrió la habitación, que estaba suntuosamente decorada. Quizás demasiado para su gusto. Resultaba demasiado ostentosa, como el resto de la casa. Abrió la pequeña maleta que había traído consigo, y sacó la ropa que había seleccionado para su misión, incluidas prendas más formales por si las necesitaba. Guardó todo en el armario, y dejó fuera un vestido largo, de color negro, con escote palabra de honor. Ahora, después de haber hablado con Mick, se lamentaba de no haber escogido algo mas recatado. En el interior de la habitación había un baño, lo cual agradeció. No quería estar recorriendo aquellos pasillos para ducharse. Se dio un baño de burbujas, y una hora después estaba lista para la cena.

Cuando bajó las escaleras, uno de los empleados de servicio la guió hasta el gran salón comedor, donde ya estaba esperando Morente, sentado a un extremo de la enorme mesa de roble que lo presidía. Se dio cuenta de cómo sus ojos se dilataban al verla, sin ocultar su satisfacción por la elección de su indumentaria, que resaltaba cada una de sus curvas. Emily se sintió demasiado expuesta como para que aquello resultara mínimamente cómodo. Aún así, le sonrió con cierta coquetería, y a una indicación de su anfitrión, tomó asiento en el otro extremo de la mesa.

Suspiró manteniendo la sonrisa y se obligó a meterse en el papel que le habían asignado.