Capítulo 5

Ahora.

Cuando Emily se despertó se encontró los dulces ojos de Mick, sobre ella. Esbozó una tímida sonrisa, antes de desperezarse lentamente.

- ¿Cuánto tiempo llevas despierto?- Le preguntó en voz baja.

Él pareció pensárselo un poco, torciendo el gesto.

- No lo suficiente...

Ella abrió los ojos, ligeramente azorada, mientras dejaba que Mick le acariciara la mejilla. Sabía que no trataría de ir más allá. No después de lo de la noche anterior.

Se incorporó de la cama, y se quedó sentada. Él hizo lo mismo, y simplemente se quedaron mirándose a los ojos sin saber qué decirse.

Finalmente Mick carraspeó.

- ¿Qué quieres hacer hoy? Tienes el día libre, ¿no?.

- No sé...- Dudó ella- No tenía nada pensado.

Mick vaciló un momento

- Esta tarde podemos ir a lo de Rossi- Le propuso recordando la invitación del día anterior.

Esperó por su respuesta, pero sólo se encontró con su expresión perpleja.

- Cuando me los encontré ayer estaban planeando una reunión en su casa.- Le explicó de forma resumida.

- Oh...- Balbuceó Emily. No tenía ni idea. Supuso que lo habían hablado antes de que ella llegara acompañada de Hotch- Bueno... ¿Quieres ir?.

Mick se encogió de hombros.

- Podemos pasar un rato.

Emily se quedó observándolo durante un instante, preguntándose por primera vez qué era exactamente lo que tenía Mick en mente cuando había decidido ir a verla a Virginia. Podía haberla llamado por teléfono simplemente, pero sin embargo, había viajado hasta allí sin siquiera avisarla.

Y ahora estaba en su casa. Más concretamente en su cama.

Y no acababa de entender por qué.

- Prepararé el desayuno- Le dijo levantándose de la cama- Si eres paciente te lo traeré aquí- Añadió guiñándole un ojo.

Emily se quedó sola en la habitación. Se recostó nuevamente un rato. Dio un par de vueltas, y luego se levantó. Se dirigió a la cocina donde encontró a Mick afanado preparando unas tortitas con mermelada y zumo de naranja.

Abrió los ojos cuando la vio.

- No soy una persona paciente- Le informó Emily con expresión inocente. Y se sentó junto a la barra de la cocina.

Mick se echó a reír, y optó por servir el desayuno allí mismo. Se sentó a su lado, y comieron entre risas y miradas cómplices.

Cuando terminaron, recogieron entre los dos y pusieron el lavavajillas. Mick volvió entonces a sentarse en una de las butacas de la barra y le pidió que lo acompañara. Emily lo miró con gesto resignado, pero finalmente tomó asiento junto a él.

La oyó suspirar profundamente, mientras bajaba la vista al suelo.

Él simplemente puso su mano sobre su mentón y la obligó a mirarlo.

- Tenemos que hablar.- Le pidió en voz baja.

Ella entornó los ojos, dejándolos en blanco. Se cruzó de brazos con evidente molestia.

- Emily...- La llamó con un tono suave de advertencia.

Y cuando se volvió hacia él, Mick se encontró con su mirada fría...

- ¿De qué quieres hablar?.- Le espetó sin ocultar su incomodidad.

- Han pasado más de seis meses...- Le recordó, tratando de comenzar aquella conversación de forma tranquila.

- Siete...- Le rectificó ella de forma cortante.

- Siete...- Cedió él, aunque no veía gran diferencia entre seis o siete meses.

- ¿Y qué?- Le cuestionó Emily encogiéndose de hombros.

Mick ignoró una vez más su intento por retarlo, e hizo justamente lo contrario a lo que Emily pretendía. Siguió hablándole sin alterarse.

- Que sigues sin querer hablar de lo que ocurrió.

- Y tú sigues dándole más importancia de la que tiene...- Le replicó ella inmediatamente, como si hubiera tenido preparada la respuesta de antemano.

Él suspiró con resignación y se levantó de la butaca. Emily lo observó con curiosidad mientras se dirigía hacia su maleta, que aún continuaba junto al sillón, y buscaba algo dentro. Volvió con unos papeles en la mano que Emily no supo identificar.

Los extendió hacia ella.

- Toma... Debí darte esto hace tiempo...

Emily se mantuvo con los brazos cruzados.

- ¿Qué es...?- Preguntó con desconfianza.

Mick resopló de nuevo. ¿Por qué lo tenía que hacer todo siempre tan difícil?.

- Cuando Charles te examinó le pedí que hiciera un informe..- Le explicó brevemente. E inmediatamente vio su expresión nerviosa- Tranquila... No están tus datos personales... Se lo pedí con la intención de dártelo, pero luego no me atreví.

Ella frunció el ceño, decidiendo si cogerlos o no.

- ¿Para qué quieres que lo tenga?- Insistió ella sin hacer ningún movimiento para aceptarlos.

Él la contempló durante unos segundos, tratando de mantener la calma. En su estado, lo último que quería era tener una discusión con ella.

- Creo que te serviría para afrontar los hechos- Le dijo con voz calmada.

Y ella apartó la vista de él, negándose siquiera a mirarlo.

- No necesito ésto para saber lo que ocurrió...- Le espetó a la defensiva- Yo estaba allí, ¿recuerdas?. Y al fin y al cabo... Tú eres el que olvidas que yo entré allí por voluntad propia, que nada de aquello hubiera pasado si yo me hubiera limitado a hacer lo que se esperaba de mí- Añadió con frialdad- En cierto modo, también fui responsable.

Pero sus ojos estaban demasiado brillantes como para resultar convincente.

Mick dio un paso hacia atrás, con los ojos abiertos como platos por la impresión. Abrió el informe y lo extendió hacia ella. Él no necesitaba leerlo, se lo sabía de memoria.

- Heridas defensivas, contusiones, hematomas, laceraciones, desgarros...- Comenzó a recitar.

Emily palideció..

- No hagas eso... -Le rogó con la respiración agitada.

Mick dejó el informe sobre la encimera

- ¿Esto se lo permitiste tu?- La cuestionó con amargura, señalando los papeles con el dedo- ¿Esto es culpa tuya?

- Mick...- Volvió a susurrar tratando de contener las lágrimas- Por favor...

Él se detuvo, contemplándola. Dándose cuenta de cómo hacía la posible para que ni una sola lágrima saliera de sus ojos. Por un momento le había levantado la voz más de lo que pretendía, y sólo cuando vio su reacción se contuvo, maldiciéndose. Si él no era capaz de mantener una conversación sosegada, ¿cómo iba a esperar que ella lo hiciera?.

- Emily...- La llamó recuperando su voz pausada- Lo único que pretendo es ayudarte. No he venido a hacerte las cosas más difíciles...Yo...- Balbuceó. No sabía cómo excusarse.

Emily asintió con la cabeza, en silencio. Sabía que tenía razón. No podía echarle en cara que tratara de ayudarla. Pero él no lo entendía. Y ella no era capaz de hacérselo entender.

- ¿Podemos dejarlo por hoy?- Le pidió con voz cansada, con sus brazos recogidos nuevamente sobre su pecho y la vista en el suelo- Acabas prácticamente de llegar... Aún tenemos tiempo para hacer esto...

Mick sintió una infinita compasión por ella, y al mismo tiempo, se recriminó a sí mismo por haberla presionado de aquel modo.

- De acuerdo...- Le dijo finalmente- Pero quédate con el informe...- Añadió señalándolo con un gesto- Léelo cuando estés preparada.

- Vale...- Cedió ella, y se levantó de la butaca- Voy a llamar a Rossi, para ver a qué hora es lo de la reunión... Si aún quieres ir.

- Claro...- Contestó dándose por vencido en aquella conversación. Tendría que esperar otra oportunidad.

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A media tarde, Emily y Mick acudieron a la merienda- cena, que Rossi había organizado. El resto del equipo los recibió con entusiasmo, tratando de ocultar la preocupación que tenían después de haberla oído hablar con Mick. Habían cuchicheado entre ellos, pero no habían llegado a ninguna conclusión fiable. El único monstruo que conocían vinculado a Emily se llamaba Ian Doyle, y estaba muerto.

La velada transcurrió como siempre solía hacerlo, entre risas y camaradería entre compañeros. Cuando comenzó a hacerse de noche, decidieron trasladar la pequeña fiesta a la terraza, y todo se afanaron por comenzar a trasladar entremeses, platos, y demás, a la mesa de madera que Rossi tenía instalada fuera. La noche era fresca y agradable, y había una enorme luna llena en el cielo.

Emily había recogido las copas usadas, y entró en la cocina a buscar más copas. Aunque por su estado, no podía tomar vino, sabía que era el momento en que Rossi solía ofrecer alguno más selecto de su bodega. Morgan trató de eximirla de colaborar en el cambio hacia la terraza, pero Emily le dirigió una mirada asesina, y optó por dejarla tranquila. Mick, que lo había presenciado, se había echado a reír y la acompañó a la cocina para ayudarla a buscar y llevar las copas.

- ¿Necesitas ayuda? - Le preguntó a riesgo de que lo obsequiara con la misma expresión de furia.

Pero ella parecía haberse calmado del todo.

- Las copas están aquí- Le informó, al tiempo que comenzaba a sacarlas de uno de los estantes de la cocina- Necesitamos...- Y se quedó pensativa durante un momento tratando de hacer recuento- Ocho contigo- Concluyó con una sonrisa en la cara- El agua también se puede beber en copas, Rawson- Se burló ella al ver su expresión un poco desencajada.

Él tuvo que morderse la lengua, por haber desconfiado de su compromiso con el bienestar del bebé. Pero al mismo tiempo, se alegró de que de nuevo fuera capaz de bromear. Había sido buena idea acudir a la reunión con ella. Verla interactuar con el resto del equipo, le dio mucha información sobre el apoyo que podría recibir de ellos en caso de que fuera necesario. Y estaba seguro de que lo sería. Le habría gustado quedarse a solas a hablar con ellos, pero ella se las ingenió de algún modo, para que eso no sucediera, como si hubiera adivinado sus intenciones.

- Me alegra que estés más animada- Le dijo mientras Emily terminaba de sacar las copas del armario- Me gusta verte reír- Luego la miró en silencio durante unos instantes, deteniéndose en cada detalle de su rostro, de su cuerpo, de su forma de moverse. Se quedó absorto contemplándola como si la hubiera visto por primera vez.

Emily sintió la intensidad de sus ojos sobre ella, y se detuvo con la mano posada sobre la última copa. Lo tenía frente a ella, justo al otro lado de la barra de la cocina.

- No puedes hacer eso, Mick...- Le advirtió con los ojos muy abiertos.

Mick salió de su trance, y se encontró con su expresión casi aterrorizada. ¿La había intimidado? ¿ La había molestado de alguna manera?. Le dirigió una mirada confusa, sin saber la razón por la que de repente se había puesto tan seria.

- No puedes enamorarte de mí- Le aclaró ella con la respiración agitada- No puedes hacer eso...

Ahora era él el que estaba sorprendido por la conclusión que había sacado, simplemente por su forma de observarla. Hasta ese momento, ni siquiera se había dado cuenta, de cuán certera había sido. Era como si ella lo conociera mejor que él mismo.

- ¿Y qué pasa si ya lo he hecho?- La cuestionó casi sin pensar en lo que estaba diciendo- ¿Qué pasaría, Emily?.

Ella jadeó al obtener la confirmación que tanto temía. Se maldijo a sí misma. Debía haberlo visto venir antes, debía haber estado preparada desde hacía mucho tiempo.

- Que sería un error- Le espetó ella más duramente de lo que pretendía- No pienses que porque este hijo sea tuyo, nosotros vayamos a tener un futuro juntos... Mick...

- Esto no tiene nada que ver con el bebé, Emily- La corrigió él con suavidad- Se trata sólo de ti y de mi.

Una voz los interrumpió desde la terraza.

- ¡Chicos!- Los llamó García- ¡Rossi necesita algo donde servir el alcohol! ¡Ha traído uno de sus especiales de la bodega!.

Emily se sintió aliviada de no tener que continuar con aquella conversación. Se excusó con Mick, cogió las copas sosteniendo cuatro en cada mano, sujetas por la parte más fina, y se dirigió a la terraza, dejándolo a él, pensativo en la cocina.

Cuando llegó a la mesa, todos estaban esperándola con una sonrisa en la cara. Ella entornó los ojos, sabiendo de antemano que era la única que no se iba a emborrachar aquella noche. Justo cuando iba a dejar las copas sobre la mesa, miró hacia Rossi que estaba descorchando la botella de vino. La balanceó orgulloso antes sus ojos.

- ¡Lo siento Emily... !Me parece que te vas a perder un burdeos de la mejor cosecha- Se burló de ella.

Emily iba a replicarle con alguna ocurrencia, pero las palabras se le quedaron atragantadas en la garganta y la sonrisa se le congeló antes de que pudiera esbozarla. Reconoció el vino de inmediato.

Aquel vino. Justo aquel vino. Aquella maldita botella de vino.

Y se quedó lívida. Sintió como si sus extremidades ya no fueran suyas. Pero se negó a que nadie se diera cuenta. Se esforzó por mantenerse de pie. Se esforzó tanto en mantenerse de pie, que no fue consciente de que las ocho copas cayeron de sus manos, estrellándose contra el suelo en mil pedazos. Ni siquiera las oyó, tan absorta como estaba en aquella botella de vino.

Todos se volvieron hacia ella, que ahora parecía un fantasma. Como si estuviera catatónica, como si no estuviera allí.

- ¿Emily?- La llamó Rossi con inquietud.

Tardó en responder, y levantó la vista hacia el resto del equipo. ¿Por qué todos la estaban mirando como si hubiera perdido el juicio?. Hizo el ademán de dejar las copas en la mesa, y dio un paso hacia adelante, cuando notó la mano de Hotch deteniéndola con brusquedad.

- ¡Cuidado! ¡Los cristales!

Y ella lo miró sin comprender. J.J., le señaló hacia sus manos.

- Las copas...- Susurró con la misma preocupación que el resto reflejada en la cara.

Emily miró hacia sus manos vacías. ¿Dónde demonios estaban las copas?. Y bajó la vista al suelo. Estaba lleno de cristales, de diminutos cristales, justo delante de sus pies.

Miró hacia la botella de vino, que ahora estaba sobre la mesa y luego otra vez hacia los cristales. Y entonces fue como si su memoria la hubiera llevado de vuelta hacia el infierno.