Nota.- Dije que advertiría al llegar a esta escena. Bueno, pues aquí toca mi charla previa para quien quiera leerla antes del capítulo. Al respecto diré que ha sido algo realmente difícil de escribir (No se debe olvidar, además, que esto solo es un fanfic con lo cual jamás se asemejará a algo real). Había escrito cosas parecidas pero creo que esto ha sido mucho más complicado. Y de hecho, la he reescrito varias veces.He intentado que sea detallada, pero tratando al mismo tiempo que no sea tan gráfica como para resultar grotesca.. Por eso, he procurado centrarme más en describir las emociones de cada personaje (Emily y Mick), que en los hechos en sí.

Espero que a nadie le resulte demasiado desagradable (aunque se supone que es justo lo que deberían transmitir este tipo de escenas), pero al mismo tiempo espero que no sea "fácil" de leer.

Sed libres para opinar lo que pensáis. Sinceramente, no creo que vuelva a escribir nada así otra vez.

CAPITULO 6

Antes

Morente no ocultó su satisfacción al término de la velada. Habían acordado que la transacción se realizaría al día siguiente por la mañana. La "mercancía", estaría lista para la recogida en el punto acordado. Los compradores- tres finalmente- se quedarían a dormir esa noche en la mansión, y juntos acudirían al lugar de la transacción. Morente no quería arriesgarse lo más mínimo.

Uno a uno se fueron retirando, y Emily aprovechó para salir un momento a la terraza del salón. Esperaba que Mick pudiera avisar a tiempo a la agencia para informarles de todo. Estaba segura de que no esperaba que la transacción sucediera tan pronto. Debieron haberlo previsto. Morente no dejaba nada al azar. Fuera, apoyada en el balcón, dejó que la suave brisa de la noche le acariciara la piel.

Notó la presencia de alguien detrás de ella. Supo que era Mick sin siquiera mirarlo. Luego se cercioró cuando éste se colocó a su lado, asegurándose de que no estaba demasiado cerca.

- Vete a tu habitación y espérame. Cuando todos se hayan dormido te sacaré de aquí. Lo prepararé todo para que puedas irte sin levantar sospechas. Morente saldrá temprano. Ni siquiera se dará cuenta de que ya no estás. El resto de la operación es cosa mía y de la agencia.

Emily se quedó en silencio durante unos instantes. Pudo detectar el tono enojado en la voz de Mick, que ni siquiera se había molestado en mirarla mientras le hablaba.

- ¿No es un riesgo que me vaya antes de la transacción?- Le preguntó ella con sus ojos fijos en el jardín.

Lo oyó resoplar antes de continuar.

- Lo que es un riesgo es dejarte un día más aquí. Hablo un poco de ruso, y aunque Morente no te lo haya contado, también él. Los oí hablar en la biblioteca... De ti...

Emily abrió los ojos sorprendida, y se volvió hacia él, a pesar de que sabía que no debía hacerlo. Alguien podría verlos.

- Oh...- Susurró en voz baja- ¿Y tienes miedo por mi virtud?- Se burló de él.

Mick se giró hacia ella, atónito. ¿Realmente? ¿Le parecía que aquello era un juego?.

- Tengo miedo de que Morente acepte que seas parte del trato- Le espetó- Hiciste muy bien tu trabajo con Ivanov- Le recriminó duramente.

Ella se sorprendiò de sus malos modos, y le dio prácticamente la espalda, volviendo a centrarse de nuevo en el jardín.

- Supuse que Ivanov sería de interés también para la agencia... No creas que sólo lo hice para complacer a Morente.- Le recordó con frialdad.

- Bien...Pues entonces ya has cumplido con tu parte del trabajo. Esta noche te quiero fuera de aquí.

Emily jadeó.

- ¿"Me quieres..."?- Repitió ella ofendida- ¿Eres mi dueño ahora?.- Le reprochó.

Mick suspiró. Era imposible discutir con ella. Nunca había conocido a nadie que se creyera tan autosuficiente... Salvo él mismo, claro.

- Por favor...Emily- Le rogó suavizando el tono.

Aquello fue lo que necesitaba para que ella se tranquilizara. Se volvió hacia él, y casi dio un salto cuando se lo encontró apenas a unos centímetros de su rostro, con sus ojos fijos en ella. Inmediatamente se ruborizó como si volviera a tener quince años. Esquivó su mirada demasiado intensa, y se apartó de él, dirigiéndose hacia el salón.

- Está bien... - Susurró antes de desaparecer.

El salón estaba ya vacío. Parecía que todos se habían ido a dormir. Cuando puso el pie en el primer peldaño de la escalinata de acceso a la segunda planta, Morente la detuvo con su mano.

- ¿Os conocíais tú y Damon anteriormente?- Le preguntó directamente- Os he visto ahí fuera.

Emily abrió los ojos, y su respiración se paralizó durante un instante. Había visto perfectamente la desconfianza instalada en los ojos de Morente.

- No- Negó ella entornando los ojos- Pero creo que a él sí le gustaría conocerme- Añadió con coquetería, y rezando para que la creyera.

Notó la mirada de Morente sobre ella, evaluándola, tratando de determinar si mentía. Su corazón comenzó a latir a mil por hora, mientras esperaba su reacción, pero en todo momento, mantuvo la sonrisa en su rostro.

- No puedo reprochárselo...- Dijo éste finalmente.

Emily bajó la mirada con fingida timidez y suspiró relativamente aliviada. Aún podía ver que Morente no estaba del todo convencido. Así que dio un paso hacia él, para tratar de disipar sus dudas.

- En realidad... No es mi tipo...- Le susurró suavemente al oído, y luego se apartó de él.

Morente estrechó sus ojos sobre ella. "Sigue evaluándome", pensó Emily. Mick ya le había advertido que era muy desconfiado.

- ¿Vas a dormir ya? ¿Te apetece una última copa?- La invitó tomándola de la mano.

Y Emily supo que no habría forma de que escapara de aquello sin despertar sus sospechas. Valoró la situación. Una copa no tenía por qué significar nada más. Luego se iría a su habitación y en unas horas, estaría fuera de allí.

- De acuerdo- Aceptó encogiéndose de hombros. Miró en dirección al mueble bar del salón, pero cuando fue a dirigirse allí, Morente tiró de ella impidiéndole continuar.

- No aquí- Le dijo en voz baja- Ven conmigo.

Y sin soltarla de la mano, subió la escalinata con ella, hacia el ala oeste, mientras Emily lo seguía desconcertada. Finalmente se detuvo frente a una puerta al final del pasillo. Se volvió sonriendo hacia ella antes de abrirla.

La había llevado a su dormitorio.

Todas las alarmas de Emily se dispararon en aquel mismo instante. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Respiró hondo, y entró en la habitación, dispuesta a hacer cualquier cosa para mantener su tapadera. No se trataba de protegerse sólo a sí misma, sino también a Mick y además de garantizar el éxito de la misión.

Morente había dispuesto una pequeña mesita de cristal frente a la cama, con una botella de vino, y dos copas. Vertió el vino en las copas y le ofreció una. Emily se acercó, aceptándola, y bebió un sorbo. Reconoció perfectamente el vino. Un burdeos bastante caro. Lo había tomado varias veces en casa de Rossi. Las palabras que Mick le había dicho el día anterior resonaron en su cabeza. "Morente no aceptaba un no por respuesta" recordó. Un escalofrío la recorrió.

- Eres absolutamente hermosa...- Le dijo dejando su copa sobre la mesita. Y luego dio un paso hacia ella.

Emily se quedó paralizada durante unos instantes. Simplemente esperando su próximo movimiento, aunque no era difícil averiguar cuál sería. Era evidente la razón por la que la había invitado a su dormitorio. Pero la transacción se produciría al día siguiente, y la había visto hablando con Mick, no podía simplemente tirarlo todo por la borda y ponerlo a él también en riesgo, sólo por una cuestión moral.

Así que cuando él tomó su copa y la dejó también sobre la mesa, no dijo nada. Tampoco cuando dio un paso hacia ella, y le acarició la mejilla. Ignoró el escalofrío que la recorrió cuando la besó en los labios, con demasiada vehemencia como para que resultara mínimamente agradable. Trató de fingir que le gustaba, y esperaba que él estuviera demasiado pendiente de sí mismo, como para fijarse en sus reacciones. Contuvo las náuseas cuando él deslizó el tirante de su vestido y poco después éste cayó a sus pies. Emily se terminó de deshacer de él, junto con sus zapatos, y se dejó guiar hasta la cama. Tumbada en ésta, le permitió que besara su cuello, que recorriera con sus labios cada centímetro de su piel, que la tocara con lascivia tragándose sus deseos de salir corriendo.

Las cosas se pusieron realmente mal cuando él se despojó de su propia ropa, quedándose desnudo frente a ella, y empeoraron cuando él alcanzó el cierre de su sujetador, y se deshizo de él, justo antes de apretarse contra su cuerpo. Comenzó a temblar, y sintió deseos de gritar, cuando él metió la mano por dentro de su ropa interior, y comenzó a tirar de ella hacia abajo.

Y fue entonces cuando toda su capacidad de compartimentación se fue al traste e instintivamente, comenzó a moverse, tratando de escapar de él. Pero estaba aprisionada bajo su cuerpo, y la tenía prácticamente inmovilizada.

Y se dio cuenta de que no podría volver a hacer lo que hizo con Ian Doyle. Nunca más.

- No...no - Susurró primero.

Pero cuando él la ignoró, su tono fue subiendo, hasta que concentró todas sus fuerzas en sus manos para empujarlo hacia atrás. Podía sentirlo tan cerca de ella, que no sabía como haría para no vomitar.

- ¡Nooo!- Gritó finalmente, y lo golpeó con sus puños en la espalda, mientras trataba de zafarse de él.

Pero solo consiguió enojarlo más..

- ¡Tranquilízate... !¿Quieres?- Le exigió en tono impaciente- ¿Para qué creías que te traje aquí?.

Emily sintió su erección pegada a su cuerpo, y luchó con más fuerza, gritándole que la dejara en paz. En lugar de dejarla, parecía que su rechazo lo excitaba más, y la agarró con más firmeza. Atrapada como estaba, se defendió con uñas y dientes, mientras trataba de no pensar en el hecho de que si no conseguía sacárselo de encima, iba a violarla.

Cuando continuó chillando, Morente optó por taparle la boca, y fue entonces cuando Emily aprovechó para morderle la mano, atravesándole la carne con sus dientes.. Notó el sabor metálico de la sangre en su boca. Morente, saltó hacia atrás, agarrándose la mano ahora ensangrentada, mientras que Emily, casi desnuda huyó hacia una esquina, buscando algo con qué defenderse. Lo primero que encontró fue la botella de vino que estaba junto a las copas. De un golpe, la rompió, convirtiéndola en un arma contra él.

- ¡Maldita hija de puta!- Gritó él con desprecio- ¡Te voy a enseñar buenos modales!.

Cuando se acercó, ella lo atacó con la botella, haciéndole un corte en la cara. Morente, reaccionó dándole un golpe en el rostro que la hizo caer a un lado. Antes de que pudiera volver a tocarla, se acurrucó en una esquina, con la botella firmemente agarrada entre sus manos. Ni siquiera se percató de que sangraba por la nariz.

- ¡Aléjate de mí!- Chilló Emily, blandiendo la botella ante él de forma histérica.- ¡No vas a tocarme!

Morente, se echó reir. A Emily le pareció que había perdido completamente el juicio. ¿Le divertía aquella situación? ¿Qué clase de hombre era aquel? A su lado Ian era un santo. Doyle jamás habría sido capaz de hacerle algo así.

Cuando de nuevo se acercó a ella, agarrándola del brazo, Emily volvió a hacerle otro corte a la altura del pecho, pero Morente no se amilanó y tiró de ella. Emily se resistió y forcejearon hasta que él consiguió finalmente arrebatarle la botella. Aterrorizada, dio unos pasos hacia atrás, hasta que pisó un cristal roto en el suelo, y perdió el equilibrio, momento que Morente aprovechó para golpearla nuevamente en el rostro haciéndola caer al suelo. Hecho una furia, la cogió del pelo y la arrastró por la habitación, volcando en el proceso la mesita de cristal, que se rompió en mil pedazos, junto con las copas que aún estaban sobre ella. Emily, chilló, pataleó y lloró, sabiendo que de nuevo estaba totalmente indefensa. Gimió horrorizada, cuando él se echó nuevamente sobre ella, y metió su sucia mano entre sus muslos..

Totalmente indefensa, sólo pudo rogarle una y otra vez que no lo hiciera, con la plena conciencia de que no serviría de nada. Ni siquiera notó los afilados cristales procedentes de la mesita, clavándose cruelmente en su espalda bajo el peso de él..

Únicamente sintió el dolor desgarrador que la atravesó cuando aquel monstruo hizo realidad la peor de sus pesadillas.

Trató de abstraerse de aquel infierno. Cerró los ojos intentando pensar en cualquier otra cosa excepto en lo que le estaba ocurriendo. Mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, pensó en su equipo, su familia, en los trucos de magia de Reid, en sus noches de chicas con J.J. y García, o en sus conversaciones con Rossi. Pero aquello tardaba demasiado, aquello estaba tardando realmente demasiado. Y se fue a su lugar seguro. A las montañas en los Alpes franceses. Se imaginó en el porche de la casa de su abuelo, mientras éste la enseñaba a reconocer las constelaciones. Allí siempre se sentía a salvo.

Y en su lugar seguro por un momento todo desapareció.

El dolor

El terror

La humillación

La culpa

Hasta que no quedó NADA.

.

.

.

Mick acababa de regresar de la zona de los garajes, dejando el coche que iba a utilizar para sacar a Emily a hurtadillas, con las llaves puestas, y asegurándose de que el resto del personal de seguridad estuviera justo en los lugares donde debía estar. Había hecho una ronda por la parcela para cerciorarse de que todo estaba debidamente preparado. Simplemente tenía que esperar a que Morente se fuera a dormir. Entró en la casa y decidió subir a la segunda planta. Iba a girar hacia el ala este, hacia la habitación de Emily, cuando oyó los ruidos que procedían de la habitación de Morente. Tuvo un mal presentimiento y giró hacia el ala oeste en dirección hacia el dormitorio de aquel.

Aún no había llegado a la puerta cuando escuchó sus gruñidos como si fuera una animal.

Y se quedó petrificado durante un segundo.

Se detuvo junto a la puerta y con el aliento contenido escuchó cómo alguien lloraba. "No cómo alguien lloraba" rectificó, sino "cómo Emily lloraba".

Si alguna vez se había preguntado si un llanto podía ser suave y desgarrador al mismo tiempo, allí tenía la respuesta.

Hubiera deseado derribar de una patada aquella puerta, pero con frialdad recordó que no debía llamar la atención del resto del servicio.

Puso la mano en el picaporte, con la seguridad de que estaría abierta. Morente nunca la cerraba.

Se le heló el alma. Ante sus ojos tenía, con descarnada crueldad, lo que había estado intentado evitar desde que Emily había aparecido. Supo que aquella imagen se le quedaría grabada en su retina para siempre. Hasta el más mínimo detalle. Hasta el más pequeño cristal que había en el suelo.

Y debajo de ella. Cristales. Cristales rojos, teñidos con su sangre.

La estaba violando sobre cristales.

Y tuvo que contener la furia que le recorrió el cuerpo. No podía cometer errores.

Cerró la puerta detrás de él.

No hubo un solo pensamiento para la misión. La única razón por la que optó por un método silencioso para matar a Morente, fue que no perdió la consciencia de que si alguien lo escuchaba, ninguno de los dos saldría de allí con vida.

Sólo lamentó que hubiera sido demasiado rápido. Lo dejó a un lado, tirado en el suelo, como la basura que era y luego se volvió hacia Emily.

Ella, aún tardó unos segundos más en darse cuenta de que ya no sentía el peso de Morente sobre ella. ¿Había acabado? ¿Se había terminado aquel horror? Sin plantearse siquiera a qué se debía, retrocedió arrastrándose hacia atrás, invadida por el pánico hasta que su espalda sangrante dio contra la pared, donde quedó hecha un ovillo. Escuchó su nombre varias veces, y gimió aterrorizada apartando la mirada, tratando de protegerse. Una mano la rozó, y la rechazó a manotazos histéricos. Y luego una voz que le resultaba familiar. Alguien le estaba hablando. Alguien que no era Morente.

- Soy yo... Mick...Emily, cálmate...Se acabó...- Le dijo suavemente.

Y entonces Emily volvió a la realidad, y como si le fuera la vida en ello se abrazó a él, con todas su fuerzas. Sintió los brazos reconfortantes de Mick, alrededor de su cuerpo tembloroso, mientras éste seguía susurrándole palabras que en realidad, nunca recordaría. Su voz y sus brazos eran ahora su lugar seguro y de algún modo irracional pensó que así sería para siempre.

No supo cuánto tiempo pasó hasta que miró detrás de él, y vio el cuerpo sin vida de Morente, tirado en el suelo. Su cabeza tenía una posición extraña, y estaba en un charco de sangre. Tardó un poco en darse cuenta del motivo.

Se separó un poco de él, olvidándose por completo de que estaba desnuda.

- Lo has matado...- Susurró sin ninguna entonación en su voz.

Mick se mantuvo en silencio, observándola con una mezcla de ira, dolor y compasión. Tenía cortes, arañazos y moratones por todo el cuerpo. Y luego estaba la sangre.. Era incapaz de averiguar si tenía alguna herida abierta en algún otro lugar, aparte de la evidente hemorragia nasal que le había provocado al golpearla.. No estaba seguro de que Emily fuera consciente de la gravedad de lo ocurrido, dado su estado practicamente catatónico. Ni siquiera creía que ella se diera cuenta de su desnudez, y eso lo hizo reaccionar. En lugar de contestar, se dirigió a la cama y cogió una de las sábanas. Cuando fue a pasársela por los hombros, vio los cristales clavados en su espalda y le recorrió un escalofrío. Retiró los más grandes y luego la cubrió. Emily le dirigió una expresión confusa, como si no supiera realmente qué hacía allí.

- Tengo que sacarte de aquí antes de que se den cuenta de que está muerto.- Le dijo en voz baja.

Pero ella parecía en trance con la vista fija en el cuerpo inerte de su agresor, totalmente ajena a las palabras de Mick.

- Emily...¿Lo entiendes?, No puedes quedarte aquí.- Insistió él cada vez más intranquilo.

Emily parpadeó un par de veces, antes de mirarlo directamente. Afirmó con la cabeza. A Mick le impresionó su cambio inmediato de expresión. Parecía como si hubiera pulsado un interruptor y de repente hubiera otra persona allí con él.

- ¿Cómo vamos a hacerlo?.- Le preguntó con voz calmada.

- Te sacaré en brazos...¿De acuerdo?- Le dijo él. Tengo que atravesar la sala. Si nos encontramos con alguien, no quiero que digas nada. Fingiremos que estás inconsciente - Luego la observó con inquietud- ¿Podrás hacerlo?.

- No moverme y no hablar...- Repitió ella como si fuera una autómata- Puedo hacerlo...

Pero él no pareció demasiado convencido. En cualquier caso, daba igual. No tenían otra opción.

La terminó de envolver en la sábana, y la alzó en brazos. Se ajustaron al plan, y bajaron la escalinata, en dirección al salón. Mick podía notar cómo Emily temblaba aún contra su cuerpo, y rezó para que nadie se diera cuenta. A esas horas, casi todo el mundo debía estar dormido. Sólo parte del equipo de seguridad estaba despierto, y él era el jefe de seguridad. No debería ser difícil.

Justo cuando abrió la puerta principal, Angelo, otro de los hombres de confianza de Morente, lo llamó.

- Creo que esta vez se le fue la mano... - Rió al verlos- ¿Está muerta?.

Mick tuvo que hacer un esfuerzo para no partirle la cara.

- No... Pero casi...- Le respondió obligándose a fingir que aquello tambièn le divertía- Morente me pidió que me deshiciera de ella... Tal vez tarde un rato... Quiero dejarla lejos de aquí. ¿Te encargarás de todo?... Por Morente no tienes que preocuparte, se ha ido a dormir y no creo que se despierte hasta mañana.

Angelo pareció complacido por el hecho de que le había pedido que lo sustituyera. Mick sabía perfectamente que era justo lo que ambicionaba desde hacía tiempo. Simplemente lo había utilizado en su favor.

- No hay problema- Aceptó entusiasmado.

Mick se volvió a la puerta y la abrió. Justo antes de salir, oyó la voz de Angelo a sus espaldas.

- Puedes tomarte el tiempo que necesites...- Le dijo con diversión- Aún está viva después de todo...Yo cuidaré del fuerte... Ya sabes...

Mick respiró hondo, mientras sentía que los demonios lo llevaban. Pero fue algo totalmente contrario a lo que pensaba lo que salió de su boca.

- Quizás lo haga...

Si su tono sonó demasiado contenido para lo que pretendía, Angelo no lo notó.