CAPITULO 7

Antes

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Alrededor de una hora después, llegaron a una cabaña a orillas de un lago. El lugar estaba en absoluto silencio a excepción de las lechuzas y los grillos. No parecía que hubiera nadie más por allí. Emily supuso que era el lugar donde se encontraba con su contacto.

Mick se bajó del coche y lo rodeó para abrirle la puerta. Emily aún estaba envuelta en la sábana con la que la había cubierto después de la agresión. La ayudó a bajarse del coche y la sostuvo por la cintura para que pudiera apoyarse en él. Cojeaba y estaba descalza, por lo que optó por volverla a coger en brazos y recorrió el camino que les separaba de la cabaña. No era muy grande, pero tenía lo justo para pasar unos días. Una pequeña salita unida a una aún más pequeña cocina era lo que Emily podía divisar desde el umbral. Al fondo vio una puerta donde supuso que estaría el dormitorio y el baño. Mick la dejó un momento, de pie, y desapareció tras aquella puerta. Volvió con una manta gruesa, se la puso sobre los hombros, y la guió hasta el sillón, donde simplemente se quedó acurrucada, con la vista perdida en la chimenea que ahora él se afanaba en encender.

Emily no podía entender por qué parecía tan nervioso. Tampoco había sido para tanto.

Por fin, cuando se aseguró de que el fuego se mantendría encendido, se acercó hasta ella, y se quedó de cuclillas mirándola con preocupación.

- Está bien... Esto es un lugar seguro...Cada dos semanas mi contacto tiene que venir, salvo que yo lo avise para que venga antes. Calculo que aparecerá a lo sumo dentro de un par de días. Cuando venga, si yo no he regresado, quiero que te vayas con él. ¿De acuerdo?.

- ¿Te vas?.

Mick percibió de inmediato la angustia en su voz.

- Tengo que volver. Es de noche. No les extrañará que Morente no salga de su habitación. Hasta mañana no comenzarán a sospechar. Es evidente que la operación no se celebrará, pero aún tengo tiempo de llegar hasta donde tienen retenidas a las chicas. Hoy le acompañé hasta allí.. Tengo que liberarlas, esta noche, antes de que ocurra nada más.

- No puedes hacerlo sólo...- Le dijo ella con los ojos muy abiertos. Le aterrorizaba la idea de que le ocurriera algo mientras ella simplemente estaba allí, sana y salva.

- No hay más opciones, Emily... Aunque avise a la agencia, ya no hay tiempo para que intervengan.

A Mick le sorprendía el hecho de que pareciera tan inquieta por él, después de lo ocurrido.

- Todo esto es mi culpa...- Se lamentó cabizbaja. Sintió deseos de llorar, pero se contuvo. No quería parecer débil ante sus ojos.

A él le conmovió precisamente el esfuerzo que hacía por mantenerse firme. ¿Era esa su forma de protegerse de la realidad?. Le acarició la mejilla con delicadeza. Notó cómo temblaba ligeramente bajo su tacto, y la miró a los ojos deseando haber matado a Morente más lentamente.

- No digas eso.- La consoló- Nada de esto es tu culpa...

Pero ella insistía.

- Quiero ayudarte... He estropeado la misión...- Dijo sintiéndose terriblemente responsable.

Y fue cuando él se dio cuenta de que aún estaba en shock. ¿Por qué estaba tan preocupada por la misión en lugar de hacerlo por sí misma? ¿Era la forma que tenía de negar el trauma?.

- Emily... ¿Te das cuenta de lo que te ha ocurrido?- Le preguntó suavemente- Lo sabes... ¿No?..

Esperó que su voz no hubiera sonado demasiado alarmada, pero era exactamente así como se sentía.

Ella lo miró desconcertada. ¿De qué le estaba hablando?. ¿Cómo no iba a saberlo? Ella estaba allí cuando "eso" pasó... Cuando "eso" había pasado... Pero era mejor no pensar en "eso"... Era mejor pensar en el trabajo, en la misión, y en esas chicas. Esas pobres chicas sí que tenían problemas. No tenía derecho a quejarse. Ella estaba bien. "Eso", no era nada.

- Claro...- Se limitó a contestar. Pero un instante después, apartó la mirada y se acurrucó en la manta.

Mick suspiró sin saber cómo ayudarla. Jamás se había visto en una situación así. Había coincidido con Emily en solo una ocasión, y sabía que era tremendamente fuerte e independiente. Incluso se habían permitido coquetear durante aquel caso en San Francisco, pero ninguno de los dos se había atrevido a intentar nada más. No al menos mientras estaban trabajando. Luego había pensado en llamarla, pero finalmente no lo había hecho. No le parecía que fuera una mujer para una relación superficial, y tenía que admitir que le daba un poco de miedo empezar algo con ella y que luego se convirtiera en algo demasiado serio para las circunstancias laborales que ambos tenían.

Y allí estaba ahora, delante de él, con la mirada perdida, vacía, como si de la mujer que había conocido sólo quedara el fantasma.

- Te prepararé algo caliente para que comas... -Continuó él tratando de llamar su atención- El baño está en el dormitorio... Deberías ducharte para poder curarte las heridas...En el armario hay algo de ropa de diferentes tallas... Coge lo que quieras..

La ayudó a levantarse y la acompañó hasta la puerta del dormitorio. La observó con inquietud mientras se dirigía al baño hasta que la perdió de vista. Odiaba la idea de dejarla sola en aquellas circunstancias, pero tenía a varios criminales durmiendo en la casa donde acababa de matar a su anfitrión y a un grupo de mujeres retenidas esperando a que alguien viniera en su ayuda. Y hasta donde él sabía, ahora mismo era el único que podía salvarlas.

Emily entró en el baño, y dejó caer la manta y la sábana al suelo. Se metió en la ducha sin molestarse siquiera en calentarla, a pesar de que caía helada sobre su cuerpo. En realidad, parecía que no era capaz de sentir el frío, y al mismo tiempo el frío le sentaba bien. Si pensaba en que el agua debía estar fría, no tenía que pensar en nada más. No supo cuánto tiempo debió estar allí metida, bajo la ducha. Supuso que mucho, porque para cuando salió, la piel de la yema de sus dedos estaba arrugada y sus uñas comenzaban a estar moradas. Sólo entonces fue consciente de que el agua debía estar realmente helada.

Pero era mejor el agua helada que el dolor físico que la laceraba por dentro.

Era mejor el agua helada que el deseo irrefrenable de gritar.

Era mejor el agua helada que sentirlo aún dentro de ella.

Y su boca... Y sus manos... Y su olor...

Definitivamente el agua helada era lo mejor.

Volvió al dormitorio, envuelta en una toalla, y buscó en el armario algo que ponerse. Se sorprendió de la variedad de ropa que había dentro. Tanto de hombre como de mujer y, como había dicho Mick, de diferentes tallas. En realidad, si lo pensaba tenía sentido. Aquel sitio debía ser punto de encuentro no sólo para Mick sino para otros agentes.

Se puso un pantalón corto y una camiseta que le quedaba un poco larga. No había ropa interior, pero tampoco la echó de menos. Luego se volvió a poner la manta sobre los hombros, desechando la sábana.

Cuando volvió, descalza, aún cojeando y con las manos fuertemente unidas sobre el pecho, se encontró a Mick, en la cocina, calentando un caldo de lata. Le sonrió con preocupación al verla, ignorando los pequeños restos de sangre que dejaba en el suelo al caminar. Ella se esforzó en devolverle el gesto. Se acercó a él, y simplemente se quedó observando lo que hacía.

- Sé que no es mucho- Le dijo vertiendo un poco del caldo en un cuenco. Luego se lo ofreció con amabilidad- Pero esto solo es un lugar de paso.

Emily cogió el cuenco y miró a su alrededor buscando un lugar donde sentarse. Justo detrás de ella había una pequeña mesa, con una silla a cada lado. Se sentó en una de ellas, y en lugar de tomarse el contenido del cuenco, colocó sus manos a su alrededor. Estaba caliente. Se sentía bien. Mick tomó asiento frente a ella, y posó su mano sobre la de ella.

- ¿No tienes hambre?- Le preguntó. Aunque suponía la respuesta. Ofrecerle algo de comer había sido un gesto de amabilidad, pero dudaba de que fuera capaz de pasar cualquier cosa por su estómago.

Ella se encogió de hombros con expresión de disculpa,

- No mucha...- Admitió ella- Pero gracias... Se siente bien el calor después del agua fría...- Bromeó sin darse cuenta de que Mick abría los ojos como platos.

- Emily... El agua está helada aquí...- Le señaló atónito. Estaban en una zona de montaña y apenas habría unos diez grados como mucho. Dentro, con la chimenea se estaba caliente, pero el agua debía tener la temperatura exterior, o menos aún.

Ella lo miró perpleja, como si no entendiera de lo que le hablaba.

- ¿De veras?... No me pareció tanto...

Mick suspiró con evidente inquietud, mientras observaba cómo se esforzaba por tomar un poco del caldo. Supuso que lo hacía simplemente para tranquilizarlo a él, y eso lo hizo aún peor. Seguía pensando en los demás antes que en sí misma.

- ¿Te vuelves ya?- Le preguntó ella volviendo a centrarse en la misión.

- En un momento...- Le respondió él, aunque cada parte de su cuerpo le decía que no la dejara sola- Pero antes tenemos que curarte las heridas, ¿de acuerdo?.

Emily le devolvió una expresión aún más confusa de la que ya tenía.

- ¿Qué heridas?...

Y luego pensó que efectivamente debía tenerlas. Morente había sido bastante "brusco" con ella y recordaba que la había golpeado en la cara, y que posiblemente habría sangrado. No podía asegurarlo a ciencia cierta, claro. Había evitado mirarse en el espejo del baño al ducharse, y practicamente lo había hecho con los ojos cerrados, acurrucada en un ovillo dentro del plato de ducha. Y luego, al vestirse ¿había dedicado algún momento a comprobar el estado de su cuerpo?. La respuesta era no.

Sólo cuando notó que Mick contenía la respiración con el desconcierto reflejado en la cara, reaccionó.

- No creo que tenga nada grave... .-Le aseguró ella tomando un poco más de caldo. Estaba caliente, y sentaba bien a pesar de que no tenía hambre.

- Emily... - Balbuceó él sin saber qué decir. ¿Cuánto tiempo podía estar alguien en estado de shock? ¿Cuánto tiempo podía negar alguien la realidad?.- Tenemos que hablar de esto... No estoy seguro de que te des cuenta...

- Estoy bien, no te preocupes- Le interrumpió ella con voz calmada- Lo más importante ahora es que rescates a esas chicas, Mick. Yo estaré bien. Esperaré a tu contacto y me iré con él si tú no has vuelto antes. Seguiré el plan. Te lo prometo.

"Sí, ese era el plan". Pensó él. Y cómo odiaba aquel plan. Pero era el único que tenía.

Asintió con la cabeza, incapaz de verbalizar cualquier expresión que significara que aquello le pareciera una idea minimamente buena.

- De todas formas... Me iré cuando compruebe cómo estás- Insistió él, nada dispuesto a dar su brazo a torcer- Traeré el botiquín- Añadió levantándose de la silla para dirigirse hacia la cocina. Revolvió por los cajones, hasta que extrajo una pequeña caja de color blanco y una cruz verde dibujada encima.

Emily supuso que dado el trabajo que tenían, allí debía tener un poco de todo. Se incorporó y se quedó de pie sin saber muy bien qué hacer.

- Siéntate en el sillón- Le pidió el mientras la acompañaba hasta allí.

Cuando ella se hubo sentado, ambos se quedaron en silencio durante unos instantes.

- ¿Cómo quieres hacer esto?- Le preguntó ella un poco desorientada.

Él frunció el ceño y miró a su alrededor. Cogió una butaca que había frente al sillón y la acercó hasta éste, quedándose justo delante de ella.

- Será mejor que te recuestes- Le sugirió él, mientras se centraba en abrir el botiquín y comprobar su contenido. Había lo típico. Gasas, alcohol, vendas, tijeras, pomadas, pinzas... Y luego cosas no tan típicas: un pequeño bisturí, un dosis de adrenalina, agujas, hilo... Rezó para que no fueran necesarias éstas últimas.

Emily se tendió en el sillón, con la vista fija en el techo. No entendía por qué, pero de repente se sentía nerviosa. Cuando lo miró a los ojos, supo que él se sentía del mismo modo.

Mick se frotó las manos para calentarlas antes de tocarla, y aún se detuvo, justo cuando notó el ligero temblor que la recorrió al rozarla con sus dedos.

Inmediatamente retiró la mano.

- No voy a hacerte daño...- Le dijo con suavidad- Te lo prometo.

Y esperó con todo su corazón que fuera verdad. Al menos estaba seguro de que no le haría daño del modo en que aquel miserable se lo había hecho.

Ella asintió con la cabeza, dándole permiso para continuar. Pero aún así, tuvo que agarrarse a los bordes del sillón cuando Mick le subió con cuidado la camiseta, sólo lo necesario para comprobar el estado de su vientre. No se atrevió a hacerlo más allá de eso. Tendría que ser suficiente.

Su respiración se paralizó durante unos segundos, cuando vio más claramente los intensos tonos morados que estaba adquiriendo los hematomas producto de los golpes que le había propinado. Y luego su vista se dirigió directamente hacia una cicatriz justo debajo de su ombligo. ¿Cómo es que no la había visto cuando la había encontrado en la habitación de Morente?. La miró confuso, sin atreverse a formular en alto la pregunta.

- Ya te dije que no era la primera vez que lo hacía...- Le recordó ella mordisqueándose el labio inferior.

- Veo que tampoco acabó bien... - Le señaló él en voz baja- Parece relativamente reciente...

Notó cómo ella tragaba saliva.

- Hace cuatro meses. Él escapó. Oficialmente estoy muerta hasta que lo atrapen.

Mick abrió los ojos atónito. No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Hacía cuatro meses que había pasado por algo así y la habían vuelto a enviar a una misión similar?. ¿En qué diablos estaban pensando?.

Pero evitó decir en alto lo que se le estaba pasando por la cabeza.. Primero se centró en curarle los cortes, le puso tiritas en los que sangraban levemente, retiró con sumo cuidado los cristales que aún le quedaban incrustados en la espalda, y le vendó el pie que tenía un corte más serio. Tal vez hubiera necesitado puntos, pero se sentía incapaz de hacerla pasar por eso en aquel momento.

Emily no se quejó ni una sola vez. Parecía como si estuviera anestesiada. Mick dio por hecho que debía ser efecto del trauma.

Luego, volvió al botiquín, cogió una crema para los hematomas, y la repartió por cada uno de ellos con suavidad. No sólo tenía en el estómago, también por la cara, el cuello, las piernas, los brazos y la espalda. Cuando llegó a los muslos, se sintió enfermo al comprobar que tenía las marcas de los dedos de aquella bestia en la parte interior.

Al extender la crema por esa zona, notó su respiración agitada, e inmediatamente se detuvo. La miró a los ojos, y se encontró con su expresión angustiada. Le ofreció una sonrisa tranquilizadora, y le acarició la mejilla dulcemente. "Ey...Estás a salvo. No volverá a lastimarte" Le recordó con suavidad. Optó por dejarle la crema a mano para que terminara de administrársela ella misma.

Luego, guardó lo demás, de nuevo en el botiquín, y lo llevó hasta la cocina.

Emily se incorporó y se quedó sentada en el sillón. Esperó a que él se acercara de nuevo.

- Tengo que irme ya. He estado fuera demasiado tiempo, y aún me queda una hora para volver.- Miró el reloj. Debían ser más de las dos de la madrugada.- Estarás bien, te lo prometo. Este sitio es seguro.

Ella sonrió tímidamente. Mick se levantó y se dirigió a la puerta.

- Mick...- Lo llamó cuando estaba a punto de salir. Éste se volvió hacia ella- Cuando volvamos... Preferiría que nadie se enterara de ésto... Después de lo de Doyle...No quiero que esto se sepa...

La estudió tratando de averiguar qué había más allá de aquella extraña petición. Pero en realidad ya no tenía tiempo para interrogarla. Tampoco le pasó desapercibido que había mencionado el nombre de su anterior agresor. El apellido le era familiar, pero no podía recordar dónde lo había oído. Ya tendría tiempo de averiguarlo.

Con un ligero gesto de asentimiento, se despidió de ella.

Cuando cerró la puerta tras él, un escalofrío lo recorrió.