CAPITULO 8.

Antes

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En la soledad de la cabaña, Emily tenía demasiado tiempo para pensar. Y pensar era algo realmente horrible. La marcha de Mick le produjo un desasosiego que jamás había sentido antes. Su lugar seguro. Su lugar seguro estaba ahora en grave riesgo. Y todo porque ella había tenido un conflicto moral a la hora de desempeñar "su trabajo". Y evidentemente Morente se había enfadado, y tenia que reconocer que se le había ido la mano.

Pero no era para tanto. Lo de aquellas chicas era mucho peor que lo de ella. Y ahora se encontraban en peligro, al igual que Mick. Y todo por su culpa.

Y además podía compartimentar. Aún podía hacerlo, a pesar del dolor físico que sentía, a pesar del escalofrío que la recorría cada vez que su mente trataba de recordar eso. En realidad, no tenía un recuerdo claro. Sólo flashes que iban y venían. Flashes que eran interpretables para que no dolieran tanto. Flashes que podía simplemente arrinconar en una esquina de su mente.

Así que se fue a dormir, con la esperanza de que Mick apareciera al día siguiente, sano y salvo, y la devolviera... ¿A dónde?... No sabía decirlo exactamente.

Desde luego no a casa. Su casa estaba al otro lado del océano. Su casa estaba ahora en un frío ataúd junto al que sus amigos la habían llorando.

Fue cuando se dio cuenta de lo sola que estaba.

Las pesadillas aparecieron tan pronto como consiguió conciliar el sueño. Se despertó aterrada, entre gritos, y sin recordar siquiera lo que había soñado. Sólo con una sensación de vacío insoportable, como si de repente realmente hubiera estado enterrada en aquel ataúd, a dos metros bajo tierra.

A manotazos, consiguió encender la luz, mientras se concentraba en averiguar dónde estaba y cómo había llegado allí. Cuando finalmente tomó conciencia, todo el horror volvió de golpe, y fue cuando sintió que empezaba a faltarle el aire. Salió de la cama como si quemara, su cuerpo chocó contra el suelo, y se quedó allí, tendida, dando bocanadas, tratando de que el aire volviera a sus pulmones. Sin siquiera quitarse la ropa, se arrastró, gateando, hasta la ducha. Abrió el agua helada, y sintió las gotas atravesando su piel como un cuchillo. Y por un momento volvió la nada, el no sentir, el no pensar. Así que simplemente se quedó allí, acurrucada... Y por fin pudo volver a respirar.

Luego perdió la consciencia.

Lo primero que sintió al despertar, fue la calidez en su piel.

Lo segundo, fue una suave luz sobre su rostro.

Lo tercero fue el dulce olor de los jazmines.

Y luego oyó la voz de Mick junto a ella.

- Gracias a Dios...

Ni siquiera le extrañó. Mick era el calor, la suavidad y la dulzura. Todo estaba bien cuando él estaba cerca.

Abrió los ojos lentamente, y se encontró con su sonrisa.

No pudo evitar sonreírle también.

- ¿Donde estoy?- Le preguntó tratando de incorporarse, pero inmediatamente se sintió mareada.

- Ey... No intentes levantarte...- Le pidió con suavidad, obligándola a volver a recostarse.- Llevas días semiinconsciente. Has estado delirando...

Lo miró sin comprender. Lo último que recordaba era haberse metido en la ducha.

- ¿Qué pasó?

Mick suspiró, y la tomó de la mano. Le reconfortó notar que por fin estaba caliente.

- Te encontré en la ducha, no reaccionabas... Tenías síntomas de hipotermia... Estás en casa de un buen amigo. Es médico, ha estado cuidando de ti...- Y luego se detuvo, tratando de evaluarla- Emily, ¿Qué hacías metida allí dentro?.

- No sé exactamente- Le respondió con expresión culpable- Creo que tuve una pesadilla... Pero no recuerdo con qué...- Añadió con la incertidumbre dibujada en el rostro.- ¿Has estado aquí todo el tiempo?.- Y recordó el motivo por el que se había quedado sola- ¿Qué pasó con las chicas?.

Mick soportó el bombardeo de preguntas sin inmutarse, manteniendo su mirada cálida sobre ella.

- Las chicas están bien... Aunque no pudimos detener a los cabecillas... Pero están a salvo... No te preocupes.- La tranquilizó. Tenía ya bastantes problemas como para que se inquietara por eso- Y luego volví a por ti. Afortunadamente pude hacerlo a tiempo... No sé qué habría pasado si hubieras tenido que esperar a mi contacto. Debías llevar horas allí metida.

Ella bajó la vista sintiéndose un poco estúpida. ¿Cómo se le había ocurrido hacer semejante tontería?. La respuesta en realidad era simple. No lo había pensado.

Cruzó la mirada con él, esperando algún reproche por su parte. Pero no lo hubo.

- ¿Tienes hambre?.- Le preguntó, recordando que llevaba un par de días sin comer nada sólido.

Ella afirmó con la cabeza, un poco avergonzada en realidad.

Mick sonrió abiertamente, y le acarició la mejilla. Le pediré a Charles que te eche un vistazo, a ver si le parece bien que podamos sacarte al jardín, ¿De acuerdo?...En un momento vuelvo...- Añadió levantándose de la silla en la que había permanecido durante horas, junto a su cama.

De nuevo Emily sintió aquella sensación de desasosiego. Le resultaba tan extraño. Aquello sólo le había pasado con Mick. No entendía la razón.

Al poco Mick volvió acompañado de un hombre de unos sesenta y largos años, de cabello blanco y expresión amable, que la saludó con afabilidad.

Aún así, casi saltó de la cama, cuando él extendió la mano hacia ella para comprobar su temperatura.

Inmediatamente retiró la mano y el hombre mayor cruzó una mirada preocupada con Mick, que se había vuelto a sentar a la silla esperando a que la examinara.

- Lo siento...-Se apresuró Emily a disculparse con los dos.

Había sido totalmente involuntario. Pero aún podía notar su corazón latir acelerado.

Charles pareció no darle mayor importancia al asunto.

- ¿Cómo te sientes?- Le preguntó absteniéndose de volver a tocarla. Mick le había explicado lo que le había ocurrido, y había podido examinarla mientras estaba inconsciente, e incluso le había tomado muestras para descartar enfermedades de transmisión sexual. En honor a la verdad, lo ético habría sido esperar a que ella hubiera dado su consentimiento, pero las circunstancias eran las que eran, y Mick al fin y al cabo no habría hecho aquella petición si no lo hubiera creído absolutamente necesario.

- Creo que bien...- Le dijo tímidamente- Aún tengo algo de dolor... Pero es soportable- Añadió omitiendo que en algunos lugares el dolor no era tan soportable. Sin embargo, prefirió no pensar demasiado en ello. Pensar en ello, era lo que más dolía en realidad.

- Bien... Entonces, quizás te venga bien tomar un poco de aire... Avisaré a Martha para que os prepare el desayuno en el jardín.

Con una sonrisa, se retiró.

- ¿Quién es Martha?- Preguntó Emily con curiosidad, al tiempo que trataba nuevamente de incorporarse para sentarse en la cama. Esta vez tuvo la precaución de hacerlo con más lentitud, y aceptó la ayuda de Mick.

- Su empleada de hogar- Le informó Mick- Charles es muy buen médico, pero es incapaz de freír un huevo...- Añadió con sorna.

Emily se mordió el labio, al tiempo que arqueaba una ceja.

- Me temo que no puedo criticarlo...- Dijo encogiéndose de hombros.

Mick se echó a reír por primera vez desde que todo había ocurrido. Y sobretodo, lo alivió saber que ella aún era capaz de bromear.

- Es bueno saber que no eres capaz de cocinar..Lo recordaré si algún día se te ocurre invitarme a cenar a tu casa..- Se burló de ella.

Emily entornó los ojos, con un suspiro de resignación.

- Entonces será mejor que me invites tú a mí...¿No crees?- Le sugirió siguiendo su broma.

- Hecho...- Le replicó él sin siquiera pensárselo dos veces, con aquella sonrisa descarada tan típica de él- Cuando salgamos de aquí, te invitaré a cenar...- Añadió ahora en voz baja.

Y a Emily le pareció que lo decía absolutamente en serio. Lo miró confusa, pero él no parecía dudar de su propuesta.

Un silencio un poco incómodo se instaló entre los dos durante unos segundos, hasta que Mick la animó a levantarse.

Se levantó de la silla, y la apartó un poco para ayudarla a incorporarse.

- Despacio, ¿De acuerdo?.- Le recordó sosteniéndola por la cadera, y cogiéndola de la mano con su mano libre.- Avísame si te mareas.

Emily se giró hasta quedarse sentada en el borde, y aunque tuvo que agarrarse a Mick, pudo levantarse. Aún se sentía débil, sin embargo, y unos segundos después acabó sentada en la silla. Descansó´un poco, y luego se atrevió a dar unos pasos. La cosa fue mejorando, hasta que Mick se atrevió a soltarla, aunque sin alejarse demasiado de ella.

- Tienes el baño justo ahí- Le informó señalando la puerta a un extremo de la habitación- Supongo que querrás asearte...- Le dijo, y acto seguido hizo una pausa con expresión de reprimenda- Con agua caliente...Las duchas frías se acabaron ¿de acuerdo?- Le advirtió- Avisaré a Martha para que te ayude a bañarte.

Emily se quedó rígida durante un instante.

- Está ocupada haciendo el desayuno... Y créeme Mick... que hay cosas que una chica debe hacer sola- Añadió alzando una ceja.

Mick esquivó su mirada, un tanto avergonzado. Emily sonrió. Era la primera vez que lo veía ruborizarse y resultaba realmente refrescante. Con él allí de pie, sin saber qué hacer, dio unos pasos más sola, hasta llegar al baño. Entró cerrando la puerta detrás de ella.

Unos minutos después, volvió a abrir la puerta, y se encontró con Mick exactamente en la misma posición. No pudo menos que echarse a reír.

- ¿Puedo avisarla ya? ¿Señorita autosuficiente?- Refunfuñó él- No quiero que tengas un accidente en esa bañera sólo porque tengas ansias de demostrar que eres independiente. Además, querrás cambiarte... Te he comprado algo de ropa... Por si no lo sabes, llevas unos días con ese poco atractivo camisón puesto...

Por primera vez, Emily se detuvo a contemplar la horrenda indumentaria que llevaba. Parecía el camisón de la abuela.. Recordó haberlo visto en la cabaña mientras buscaba algo que ponerse. Ese pensamiento se cruzó con lo que Mick había dicho justo antes.

- ¿Me has comprado ropa?- Le preguntó con incredulidad- Me das miedo, Mick Rawson...- Se burló de él- Espero que no se parezca a ésto- Añadió entre risas cogiendo los bordes del camisón.

Mick la contempló embelesado mientras reía, tratando de encajar la imagen que tenía delante de sus ojos, con la imagen de ella aterrorizada en una esquina. Le pareció todo tan irreal que por un momento dudo de que fueran la misma persona. Se preguntó cuánto tiempo tardaría ella en aceptar lo que le había ocurrido.

- Te sorprenderías del buen gusto que tengo...- Se jactó él acercándose a ella unos pasos. Ella se mantuvo en su sitio, cruzándose de brazos con expresión divertida.

Se detuvo a sólo unos centímetros de su rostro, y fue cuando notó que ella se estremecía ligeramente.

Mick dio un paso atrás.

- Emily... Lo siento...- Se disculpó sintiéndose como un idiota- No quería asustarte...Llamaré a Martha.

Ella abrió los ojos, conteniendo la respiración durante unos instantes, para luego comenzar a respirar de forma agitada. No había sido su intención reaccionar así. Confiaba en él. Plenamente. Y necesitaba que lo supiera.

- No..- Susurró, cerrando ahora la distancia entre ellos. Luego le tomó la mano con suavidad- Hazlo tú...- Le pidió mirándolo a los ojos.

Mick la miró con la confusión dibujada en el rostro. Emily leyó inmediatamente su temor.

- No pasa nada... Confío en ti- Le aseguró sin asomo de duda- Y al fin y al cabo, no vas a ver nada que no hayas visto ya...- Añadió alzando una ceja- Supongo que no llamarías a Martha para que fuera a la cabaña a ponerme este camisón...- Le recordó astutamente.

Mick tragó saliva, aún más perplejo que antes. Y no porque no fuera cierto lo que había dicho, sino porque parecía que había olvidado que aquella no era la primera vez que la había visto desnuda. ¿Era posible que no lo recordara?. Sabía que ante un hecho traumático, la víctima podía olvidar desde simples fragmentos hasta todo lo ocurrido por completo. Sospechaba que al menos, había bloqueado una parte.

- ¿Estás segura?- Le preguntó con preocupación- Emily...Te has puesto a temblar en cuanto me he acercado.

- Lo sé...- Admitió ella con un débil suspiro- Pero de verdad.. Prefiero que me ayudes tú a tener que lidiar con una desconocida. Ya te lo he dicho... Confío en ti.

Él pareció meditarlo un poco, pero finalmente aceptó hacerlo. La acompañó hasta el baño, y entró detrás de ella. Aunque ella insistiera en restarle importancia, sólo por su forma de moverse, sabía que aún debía sentir mucho dolor. Sus movimientos eran lentos, y cojeaba un poco aún. La herida de su pie no estaba curada, pero aún sin ver lo que ocultaba el camisón, podía darse cuenta de que todavía tenía hematomas, aparte de los que lucía en su rostro. Lo tenía menos hinchado, pero los cardenales se habían oscurecido con el paso de los días.

De espaldas a ella, la ayudó a desvestirse mientras que esperaban a que la bañera se fuera llenando de agua. Mick se aseguró esta vez, de que el agua que caía, estuviera a la temperatura correcta. Emily se mordió el labio con fuerza para tratar de amortiguar el gemido de dolor que salió de su garganta, al levantar los brazos en alto para quitarse el camisón.

Mick optó por no decir nada, y sólo se quedó contemplando con la respiración contenida las heridas que los cristales habían dejado en su espalda. Un pensamiento terrible pasó por su cabeza. Morente era atlético. Iba al gimnasio, no tenía sobrepeso, pero solo por su altura y musculatura, debía pesar casi noventa kilos. Sintió náuseas. Ese era el peso que ella había tenido que soportar sobre aquellos cristales. Por un momento notó que le faltaba el aire, y tuvo que apoyarse momentáneamente en el lavabo.

Emily, aún de espaldas, no se dio cuenta de su estado, hasta que se fue a meter en la bañera, y se giró levemente para pedirle ayuda.

Lo miro con expresión confusa, pero Mick reaccionó con rapidez, y la sostuvo con la mano, hasta que ella se introdujo en el agua, que ahora la cubría hasta el pecho. Momentáneamente se fijó en la pequeña cicatriz sobre su seno izquierdo. ¿Era la marca de un trébol?. No había forma de que aquello se lo hubiera hecho voluntariamente. Tomó nota mental para realizar las correspondientes averiguaciones.

Emily suspiró con suavidad, cerrando los ojos. Estaba caliente. Se sentía bien.

- Esperaré fuera a que termines...Sólo avísame... ¿De acuerdo?

Abrió los ojos cuando escuchó su voz.

- ¡No...!- Le pidió con vehemencia- Quédate por favor...No quiero estar sola.

Mick no pudo negarse cuando vio su mirada de ciervo asustado.

- Bien...En ese caso... Voy a tener que decirlo... Agente Prentiss.- Se burló de ella con una sonrisa traviesa, mientras arrastraba una butaca hasta llevarla al borde la bañera.- Al final yo tenía razón cuando te dije que te costaría recuperarte de mí... - Añadió recordándole sus palabras durante el caso de San Francisco.

- ¡Oh Señor!- Exclamó Emily tratando de no reír, y aprovechó para salpicarle con el agua, que ahora estaba llena de espuma.- ¿Se puede ser más engreído agente Rawson?.

- Yo solo digo lo que digo... Y tengo razón cuando lo digo- Replicó éste con tal galimatías que ni siquiera él sabía lo que estaba diciendo.

Emily de nuevo tuvo que contener la risa. Cogió la esponja de baño, y la extendió hacia él.

-. Anda, haz algo útil y enjabóname la espalda- Le ordenó sin miramientos

Mick le hizo un saludo militar, con la esponja chorreante en la mano.

- ¡A sus órdenes mi comandante!- Exclamó con voz grave.

Emily aún riendo, se echó levemente hacia delante, rodeando sus piernas con sus manos, para darle acceso.

En cuanto dejó de mirarlo, Mick cambió la expresión de su cara. Ya no quedaba asomo de diversión en ella. Con sumo cuidado, comenzó a dar pequeños toques suaves tratando de esquivar los cortes de los cristales, pero era practicamente imposible. Fue cuando se dio cuenta, de que a pesar de que la había revisado en la cabaña, aún tenía un pequeño cristal en la espalda, que saltó al roce de la esponja. Un pequeño gemido salió de la boca de Emily.

- Lo siento- Se disculpó retirando la esponja como si realmente aquello hubiera sido culpa suya.

Emily abrió los ojos, como si lo leyera como un libro abierto.

- ¿Qué tengo?- Le preguntó con voz vacilante.

- Aún te quedaba algún cristal...- Le explicó en voz baja.

Y tan pronto como dijo esas palabras, notó como ella nuevamente se quedaba sin aliento. Evidentemente no era nuevo para ella. Casi todos se los había retirado en la cabaña, pero en aquel momento ella aún no era demasiado consciente del alcance de sus lesiones. Ahora podía ver en sus ojos, que por fin se había dado cuenta.

- ¿Es muy malo?...

- Se curará- Le aseguró él- No hay ninguna herida profunda.

Y luego todo transcurrió como en un mal sueño.

Emily bajó la cabeza durante un instante, como si tratara de tomar una decisión imposible. Y eso era exactamente lo que estaba haciendo. Finalmente, la vio levantar uno de sus brazos, delante de sus ojos, examinando por primera vez el estado de su cuerpo. Con gesto serio, fue evaluando cada lesión que tenía a la vista. Mick la observaba en absoluto silencio con expresión preocupada.

Pero Emily en ese momento, ya se había olvidado por completo de su presencia. Vio los hematomas de sus brazos, de su estómago, de su pecho, y no quiso ni pensar en como estaría su rostro. No recordaba como se había hecho la mayoría de sus lesiones, pero en su mente tenía perfectamente claro el golpe que le había dado en la cara. Luego bajó hasta sus piernas, vio la herida de su pie, que tendría que volver a vendar, sin duda, y luego subió por ellas hasta llegar a sus muslos. Aún con la espuma del agua pudo ver perfectamente las huellas de los dedos de Morente en ellos.

Su estómago dio un vuelco, y se agarró al borde de la bañera justo a tiempo para vomitar fuera de ésta la bilis.

Mick reaccionó de inmediato, y puso una de sus manos sobre su espalda, y con la otra comenzó a acariciarle el cabello, mientras ella, sin nada más en su estómago, empezaba a jadear como si le faltara el aire.

- Está bien... Emily... Está bien... Ya estás a salvo... Respira...Todo irá bien.. Te lo prometo...- Le susurró al oído- Respira... Sólo respira...

Y optó por abrazarla todo el tiempo que fuera necesario.