Bubble gum
Gumdrop
Drop it like a lollipop
Never let the craving stop
A million flavors
Breathe 'em in
Rainbow colored oxygen
Don't you worry 'bout a thing

Kid in a Candy Store - JoJo Siwa

Sobre Amaimon y sus dulces

Sus ojos verdes persiguieron la figura de la anciana encorvada que empujaba el pequeño carro de la compra tras ella.

Estaba seguro de que en el pasado aquella mujer había pertenecido a una elite de humanos con una energía espiritual desbordante.

Arrugo la nariz respingada antes de saltar a la terraza del siguiente mientras le seguía el paso. No le interesaba de ninguna forma particular, siendo un demonio asumía que su deseo de destruirla era de lo más normal.

La sensación de ser indestructible frente a sus oponentes exorcistas lo impulsaba a deambular por Assiah en busca de nuevas emociones y aventuras…por los menos hasta que su aniki decidiera que era suficiente y le obligase a volver a la aburrida academia.

Salto de un techo a otro y cuando la vio ingresar en la pequeña casita con un jardincito verdes y florido en la parte delantera no se lo pensó en seguirla. La mataría en un segundo o comprobaría si lo que sentía aun prevalecía en la fortaleza de aquella anciana.

El aroma dulce de las flores hizo que cerrara los ojos perezosos por un segundo, estiro los dedos portadores de aquellas aterradoras garras y preparó sus pies inquietos para dar el primer salto al interior de la casa.

-buenas noches jovencito…- el tono aguado y suave lo dejo clavado al suelo antes de girar como un robot oxidado el cuello en dirección a la voz.

La mujer estaba tranquilamente acomodada sobre un banquito junto a la puerta, un gato blanco y gordo se arremolinaba sobre sus rodillas. Unas campanitas que colgaban junto al marco tintinearon cristalinamente. Un espasmo le recorrió la nuca y lo hizo fruncir los labios en una expresión desorientada.

-Voy a matarte…- su voz sonó agitada, ocultando un sesgo de emoción mientras le temblaba la lengua dentro de la boca. La mujer giro el rostro en su dirección y él pudo notar, además de la piel arrugada, las ranuras apretadas donde se suponía que estarían los orbes de algún color mortal.

-vaya…eso no es muy amable…- la mujer acomodo una de aquellas manos pequeñas y arrugadas sobre el gato que parecía más una pequeña pelota que un felino en sí y volvió a llevar el rostro hacia adelante, como si de alguna manera pudiese percibir la luz anaranjada sobre los setos bajos y verdosos que había junto a la pequeña cerca.

Algunas personas pasaron de manera apresurada por la vereda angosta y la situación de un momento le resulto ridícula. Amaimon aflojó la tensión en sus hombros y la observo en silencio por un momento.

-voy a matarte…- la amenaza salió de su boca sin la fuerza inicial y antes de volver a abrir la boca prefirió morderse el labio con un colmillo afilado.

Lo pacifico de aquella mujer y de la simple imagen del sol bajando mientras el mundo se teñía de colores dorado lo mantuvieron de pie donde estaba…La campanita volvió sonar detrás de él y entonces dio un salto certero hacía atrás antes de que la anciana pudiera golpearlo en el vientre.

-Wow! Eres veloz…- la ancianita mantuvo el puño en alto antes de suspirar con suavidad, su gato gordo seguía hecho un remolino sobre la banca – pero no podrás vencerme…-

Su ceja se volvió un grupo de espasmos agitados antes de abalanzarse sobre la mujer. Le arrancaría la piel de a trozos. Se impulso sobre el suelo con la punta de los pies y con ambos brazos estirados espero el momento del impacto…pero nunca llegó.

Los huesos de la mandíbula de su rostro mortal crujieron como la leña al fuego, el dolor fue tan potente y real que le chillido le emergió desde lo más profundo del pecho.

Su cuerpo chocó contra el suelo rasgándole el saco divertido que su hermano había conseguido para él y la mujer parada frente a él continuo encorvada hacia adelante con los puños dentro de los bolsillo como si no acabase de partirle la quijada.

-ve a casa…no quiero matarte – la voz quebrada de la mujer le hicieron hervir la sangre mientras se sujetaba con las manos la parte del rostro que sentía que se le caería si las quitaba de allí.

Bufo furioso y sin esperárselo estiró la mano al aire cuando vio la pequeña bolita que acababa de tirar en su dirección.

El pequeño caramelo rosado parecía un chiste en medio de su palma.

-come uno de estos cada día y comenzaras a ver el sentido de la vida…- la mujer sonrío curvando su boca fina y sus ojos ciegos. El gato-bola salto de forma aplastante sobre el suelo y él solo pudo verlos dirigirse hacía la puerta principal. Su respiración pareció apaciguarse de alguna manera y parpadeo mientras el dolor parecía ir disminuyendo de a poco.

Los orbes verdes parecieron salirse de su rostro cuando la vio voltear sobre si misma en su dirección. El demonio apretó el caramelo en su puño y se mantuvo sentado entre las plantas del pequeño jardín.

-no olvides lavar tus dientes luego – la mujer le dio su advertencia y luego como si nada hubiese pasado desapareció junto a su mascota en el interior de la casita mientras las campanillas resonaban en la brisa.

Recordaría a aquella mujer y la mataría en cuanto se volviese un poco más fuerte…el joven Amaimon hizo reventar el envoltorio del caramelo y se lo puso dentro de la boca adolorida.

Antes de ponerse de pie se tomó un momento para contemplar la primera estrella de la noche, lucero…

"El sentido de la vida"… quizás era un buen consejo.