SNK no me pertenece, si ese fuera el caso, el mobuhan sería canon.
LA INTERESADA
Hoy es día de que los señores Ackerman tendrían que haber visitado la cantina, pero no llegan en todo el turno.
Al final, Traute se cena sin muchas ganas su porción de las sobras del ceviche.
Tiene un vacío emocional que podría compararse como cuando en nuestra niñez cancelaron nuestro programa favorito de último minuto.
O como cuando te preparas a recibir en tu casa a familiares muy queridos que no llegan y ni siquiera avisan.
Al día siguiente, el mundo se le ilumina como los ve llegar.
Cuando su jefe le avisa que atenderá al matrimonio Ackerman y a dos mesas aledañas, casi tiene el impulso de decirles que los echó de menos el día anterior. Afortunadamente se da cuenta antes de hacerlo.
Traute piensa que si bien le causa malestar pensar que siempre será una anónima en sus vidas, por lo menos puede verlos, por lo menos tenía material de fantasía.
Algo con lo que podía imaginarse cómo se sentía estar acompañada.
En la conversación que escucha por partes mientras les lleva comida y bebida, se entera que al siguiente fin de semana estarán vacacionando en el barrio. Algo que suena como un viaje familiar, porque escucha de pronto dos nombres de mujer y dos de hombre que por desgracia no memoriza.
¿Quiénes son esos?
¿Qué representan en sus vidas?
Quiere saberlo.
Quiere verlos.
Traute hace todo lo necesario para convencer a su jefe de darle el siguiente sábado de descanso, le jura que un pariente de la capital vendrá ese día, que será la última vez que le pida permiso un sábado, casi teme tener que ofrecerle favores sexuales a su patrón, pero por suerte lo convence cuando se compromete a hacer ciertas labores extras en los siguientes días.
Cumplir con lo acordado es cansado, pero cree que valdrá la pena cuando pueda descubrir un poco más acerca de la vida de los Ackerman, aunque el sábado no logra verlos por ningún lado.
Es cierto que no sabe dónde se han hospedado, que no tiene ni idea de los planes que tenían para ese día, pero no los mira ni en la playa, ni en el muelle, ni en la capillita de la virgen María, y se le hace mucho no verlos en los tres lugares más visitados por los turistas, pues es que casi no tiene nada más que ofrecer este desgraciado barrio.
No tiene ni idea de lo que realmente sucede.
Uri sufrió una descompensación.
Ahora está hospitalizado en el Centro de especialidades Médicas al que va cada tres semanas, y no tiene ni idea de que en el barrio Zemo, hay una mujer que no deja de pensar en él ni en su esposo.
Dos jueves después, en ese que sí era el día de descanso de la mesera, decide salirse del encierro de su departamento, a caminar en la playa.
No porque sea muy amante, sino porque es de las pocas cosas que puede hacer gratis.
Empero.
Sus planes cambian.
Cerca de la playa hay un restaurant de mariscos con techo de ramada. Una mesa llena de por sí sobresalía mucho, pero un hombre de sombrero le hace voltear de inmediato para darse cuenta que es el ex policía, que justo a su lado tiene a un hombre joven de cabello negro, luego un rubio, una mujer de cabello castaño y anteojos, un joven de cabello castaño claro, una anciana entre los 99 y la muerte, un joven de corte casi a rape, una pelirroja, una chicuela de rasgos asiáticos, y el hombrecillo que tiene por marido sentado a su izquierda. Por cierto que Uri se ve un poco menos desmejorado que la última vez que lo vio.
Parecen una gran familia. Una escena digna de una película.
Con todos en la mesa bromeando entre sí.
Traute sabe que no debe, que se estaría gastando lo que ni siquiera tiene, pero se sienta en el restaurante a un par de mesas de distancia: ni muy lejos para no alcanzar a ver nada, ni muy cerca para darse a notar.
Pide un coco del que le llevan el agua en un vaso y la fruta en un plato, enorme contraste con la mesa de los Ackerman, donde se ve repleto de platillos, y el coco queda reducido a un mero antojo de la chicuela de rasgos asiáticos.
¿Qué edad tiene? ¿Doce o trece?
Como sea. De cualquier modo ya es más alta que el hombrecillo. O al menos eso nota Traute cuando se levanta al sanitario.
El restaurant estaría casi vacío de no ser por ellos.
Traute incluso piensa que no hay prisa. Podría quedarse mucho tiempo de sobremesa sin que las meseras la vean feo porque por el día y la hora la playa está vacía.
Lo ve reírse, los ve felices, y como para coronar el momento, un pastel llega ante la anciana.
La mujer luce confundida, parece que incluso el joven a su lado tiene que recordarle que es su cumpleaños. Traute aprovecha para ir al baño sin una necesidad real, solo para asomarse y ver que las velas rezan que la mujer está cumpliendo cien años.
Al final, solo vuelve para pedir la cuenta.
Ha visto suficiente para ser tan miserable como feliz.
Ha visto la verdadera dicha, pero al mismo tiempo, ha visto cuan inalcanzable es para ella.
Cuando se pone de pie, por un segundo lo fantasea: Se imagina pasando justo al lado. Saludando a Uri, y él la invita a sentarse, a ser parte del momento.
Pero no.
Eso no pasa.
Traute no le habla a Uri. Solo se va de largo.
Ella no lo mira.
Él, en cambio, lo hace.
La reconoce.
Por un segundo piensa en hablarle.
Piensa en invitarle a sentarse.
Se reprime.
Teme que traerla a un momento tan íntimo haga que los demás la vean como a una intrusa.
Para el martes siguiente los Ackerman van a la cantina.
Para sorpresa de Traute, Uri luce más desmejorado que la última vez que lo vio, y está casi segura, que incluso lo está más que en la penúltima.
Como si cada vez se fuera poniendo peor.
A partir desde entonces sus visitas se acortan, e incluso pareciera que Uri lucha por demostrar que está bien cuando claramente no lo está, como si por terquedad suya insistiera en que fueran a ese lugar cuando en realidad debería estar descansando de lo sea que le esté aquejando.
Llega el punto en el que las visitas se recorren al miércoles. Para entonces Uri luce a que se ha vuelto casi puro hueso. Y sin embargo sonríe.
Su sonrisa luce un poco tétrica en su huesuda cara. Pero es como si estuviera decidido a no quedarse sin alegría sin importar las circunstancias.
Traute se ve tentada a preguntarle qué es lo que lo tiene así de flaco.
No lo hace. Pero Uri quizás ha leído su mente como sonríe y le insiste que su marido es una fiera en la cama.
—Soy puro hueso de tanto que me hace el amor.
Kenny no es parte de su buen humor.
Le devuelve una mirada de amargura.
Como si lo detestara.
Como si quisiera callarlo a golpes.
Y en el fondo se ve tentado a ello.
Y la mesera piensa que solo se queda a su lado por el dinero, pero que la situación con el ricachón ya es insoportable.
Duda mucho que Uri tenga fuerzas para el sexo, o en todo caso, ha de matarle la pasión el pensar en tocar a un hombre que está muy lejos de ser lo que había sido, por mucho que en su momento le hubiera tenido deseo.
Pero las cosas no son como ella cree.
Pero no lo creería ni aunque se lo dijeran.
A partir de entonces. Traute deja de saber de ellos.
No los vuelve a ver ni en las próximas tres semanas, ni en las seis siguientes.
De hecho han pasado muchas semanas. Meses. Y comienza a preguntarse si no tuvieron un accidente o qué cosa pasó para que no volvieran.
Si alguien estuviera en sus zapatos diría que está triste.
Vacía.
Carente de motivación.
Casi tiene deseos de buscar su número en algún directorio telefónico para ver si se entera de algo.
Lamenta mucho no haber entablado una amistad porque ahora no tiene derecho a llamar como si nada, como haría cualquier otro de sus conocidos. Hacer una llamada de cortesía.
Le pesa pensar que no volverá a verlos, y conforme pasan los días, no se vuelve más fácil aceptarlo.
Su cabeza todo el día da vueltas, preguntándose qué pasó, dónde están, lo felices que lucen, se imagina el anhelado reencuentro, jurándose que esta vez sí haría lo posible por concretar una amistad.
Siguen pasando los meses, y recién habiéndose cumplido el año sin ir a la cantina, en uno de los días de descanso de la mesera, ella vuelve a verlos.
Aunque no como hubiera esperado.
Unas fotografías del ex policía besándose con otra mujer son exhibidas en todos los programas de chismes de Shiganshina.
No se habla en todo el día de otra cosa.
Incluso en el canal más visto fueron cancelados un programa de aerobics y uno de cocina para seguir echándole leña al fuego.
Diversa gente opinando que si el ex policía, hubiera continuado en el cargo, habría sido destituido por el escándalo.
Periodistas que comentan que Kenny y su pareja solían estar muy activos en las marchas por los derechos de los homosexuales, además muestran fotografías que sustentan eso, pero que ni Uri ni él habían asistido en los últimos dos años, y que incluso en sus eventos de caridad, solían ir en su representación Hanji Zoe –quien se sabía era jefa del área de producción en su empresa-, o Erwin Smith –esposo del sobrino de Kenny-.
También se exhibió una fotografía de la boda de Kenny y Uri –únicamente aparecen ellos dos-, que se había guardado para la posteridad, puesto que fue una de las primeras en realizarse tan pronto como se legalizó el matrimonio igualitario.
Traute imagina una que esa habrá sido una boda enorme, hasta que el corresponsal del evento narra que en la boda, no hubo más de diez personas. Incluso relata que en la boda del sobrino de Kenny, hubo muchísima más gente, aunque no rebasaban las treinta personas.
Para las seis de la tarde ya se ha vuelto chisme nacional.
Se menciona que Uri perteneció a los Reiss, una de las familias más ricas del país, pero que más de treinta años atrás había dejado el que había sido su hogar, por circunstancias que no habían salido a la luz, aunque apenas dos meses atrás, Uri había estado presente en la fiesta donde su sobrina Frieda, fue presentada ante la sociedad como la futura esposa de Willy Tybur, heredero del corporativo con el mismo hombre –Incluso se exhibe una fotografía de Uri acompañado de su esposo en pleno brindis… Por cierto que muy para sorpresa de Traute, Uri ya no luce para nada como la última vez que lo vio… sino que ya está más repuesto-.
Para entonces, mientras se come su ensalada de lechuga y cebolla –no le puso jitomate porque es temporada en la que su precio está por los cielos-, la mesera está que gruñe de indignación pura.
¡Ella es mucho más bonita que la mujer con la que Kenny Ackerman se había besado!
¡Por qué ha sido esa y no ella la amante de Kenny!
Además, ella estaba segura de que si esa mujer se había besado con Kenny en plena calle, había sido con intención de que alguien los viera, y si de algo se podía jactar, es que ella habría hecho lo posible por ocultar que tenía una relación clandestina con ese hombre.
Nunca le habría dado ese disgusto a Uri.
Ella habría respetado su lugar, porque a un hombre de dinero no se le debían hacer esas humillaciones.
Aparte se ha dicho que Uri escribió la letra de una canción que apenas se estaba exhibiendo en la radio, incluso los reporteros leen la letra con la que cualquier esposa que se sabe engañada podría identificarse.
—Bueno. Si Uri escribió esas cosas, es obvio que sabía que su esposo tenía a otra —Decían en la televisión.
Traute no deja de preguntarse cómo la estará pasando Uri.
Su humillación es del dominio público, y tratar de imaginar el verdadero peso de cómo es además tener que soportar las miradas de los vecinos, amigos, y conocidos, le hace tenerle lástima.
A la noche siguiente, luego del trabajo, apenas y llega a tiempo para ver la repetición de los chismes de la tarde, que fueron básicamente lo mismo, aunque profundizando en la relación que tenía anteriormente la ahora amante con ambas familias –Los Reiss y los Ackerman-.
Pasan los días y el tema se vuelve repetitivo, hay un deseo colectivo de que ya se cambie de conversación, justo parece que eso quedará de lado, cuando sucede otra cosa que agita el avispero.
La mujer con la que Kenny se besaba en las fotografías, se había colado en el estacionamiento de las instalaciones donde se producía la salsa Hizuru, diciendo que no se iría hasta no hablar cara a cara con Uri. Tal es el escándalo, que en poco tiempo ya habían llegado los reporteros, aunque se habían situado afuera de la empresa, enfocando a la rubia mujer, y a las personas –posiblemente empleados- que se acercan a pedirle que se vaya.
De pronto un hombre bajito, sin intentar razonar ni nada, se le acerca y la toma sobre sus hombros como en una escena digna de lucha libre, para caminar y sacarla de las instalaciones. Incluso hace el amago de aventarla, pero al final solo la baja con cierta brusquedad.
—¡Si te vuelvo a ver por aquí te va a caer una demanda de acoso! —Es lo único que le grita el hombre, uno que Traute reconoce como uno de los que había estado en la mesa en aquella ocasión de haberlos visto en el restaurant, quien casi en seguida el reportero, explica que es Levi Ackerman.
El resto de la noche se fue en explicar que Levi Ackerman era un participante activo del maratón por los huérfanos del sida, organizado por el corporativo Tybur –la que actualmente es la única empresa de telecomunicaciones en todo el país-. Que tal era su condición física, que se le había sugerido participar en los torneos donde se elegían los representantes a nivel mundial en las olimpiadas, pero que él había dicho que no estaba interesado en dedicarse de lleno a los maratones, que únicamente participaba para ayudar a los niños. Por lo demás Levi Ackerman mantiene un perfil demasiado bajo. Incluso rara vez asiste a las marchas por los derechos de los homosexuales, el que casi nunca falta es su esposo –de quien muestran fotografías y Traute lo reconoce de la vez que estaban en el restaurante en la playa-.
Traute, lo único que piensa mientras ve una de las pocas fotografías públicas de Levi –corriendo en el maratón-, es que es alguien a quien no debería hacer enojar porque él no se detendrá por lo que la gente pudiera pensar.
Por fin parece que el rumor comienza a enfriarse, es entonces cuando sucede otra cosa, de la que ella es testigo.
En un día que parecía común y corriente en la cantina, Traute de pronto reconoce a la presunta amante de Kenny, recién entrando y sentándose justo en una de las mesas que le tocaba atender.
Le lleva el menú porque va a atenderle como si nada.
Luego de un tiempo prudencial se le acerca a preguntarle qué ordenará.
—Por ahora esperaré a que llegue el señor Ackerman —Dice la mujer.
Traute no puede creerse su cinismo de citarse en ese lugar con Kenny, menos mal que su semblante inexpresivo no muestra nada.
Muy para su sorpresa, no es Kenny el que llega, sino Uri.
Uri que luce perfectamente saludable, claro que ya lo sabía desde que la fotografía en la fiesta de su sobrina que lo había mostrado, pero no era lo mismo a verlo en una imagen, a tenerlo de carne y hueso frente a sus ojos.
El hombre ha recuperado su peso. Se ve fuerte, e incluso parece que el cabello volvió a crecerle. Traute lo nota demasiado natural, incluso más claro que la peluca que había estado usando hacía un año atrás. Como si próximamente se le empezaría a poner grisáceo, pero al fin y al cabo se había recuperado.
El Ackerman por matrimonio, con su ropa fina, su porte, y su caminar digno del dueño del mundo, parece gritarle a la mujer: soy mejor que tú, zorra.
Traute casi quiere aplaudirle el hecho de que vaya como si nada, sin odio en la mirada, con su dignidad intacta, como mirando a alguien que no tiene importancia.
Supone que a Uri no le afectó en nada el desliz de su esposo, que porque tiene dinero a él se le resbala todo, que qué importa si la gente se burló, él sigue siendo rico mientras los demás siguen en la mediocridad.
La mujer no parece sorprendida de verlo, sino que de hecho, parece que precisamente con ese Ackerman se citó, que no es como si quedó con Kenny y Uri se presentó.
El ex Reiss, con diplomacia, le invita a que pida lo que quiera, que él va a pagar la cuenta.
La mujer se pide un coctel de camarón y un refresco.
—A mí me trae una orden de ceviche —Decía Uri—Una coca, y un cuchillo filoso para matar a la mujer que se acostó con mi esposo —Esto último lo dice con tanta seriedad que ambas rubias se quedan anonadadas— Solo estaba bromeando —Agrega en tono divertido, como si fuera la cosa más graciosa.
Luego de llevarles la comida, Traute, por ratos, les da vistazos.
La mujer habla y Uri le escucha, a veces agrega algo a la conversación, pero la mayoría del tiempo no se muestra interesado, incluso a veces no la mira. Pero no parece molesto, sino aburrido, como cuando escuchas a alguien por obligación, como cuando oyes por enésima vez la anécdota tediosa de un familiar no muy querido mientras mantienes los ojos en la comida para ver si capta la indirecta y se calla.
Se pregunta si ella está intentando justificarse, y a Uri simplemente no le importa lo que le diga. La odia. Punto.
Traute se acerca a recoger los platos para disimuladamente ver si es capaz de escuchar algo.
Uri aprovecha para pedirle que cuando pueda le lleve otro refresco.
—Quise informártelo yo antes de que se esparciera el rumor —Decía la mujer. Toma una pausa antes de soltar la bomba— Estoy embarazada.
La mesera deja caer uno de los platos, aunque es tan poca distancia de la mesa que no se rompe, y como se recompone en seguida y lo levanta como si nada, parece un mero accidente arbitrario.
Muy para su sorpresa, Uri no se ha inmutado.
—No sé por qué crees que tenías que informármelo… Digo, no es como que seas de mi familia, pero, si quieres que te felicite antes quiero preguntarte si eso no te pone en riesgo, porque un embarazo a tu edad...
—¿Insinúas que soy una vieja? –Es lo único que alcanza a escuchar Traute antes de alejarse.
No sabe lo que Uri le dice, pero sea lo que sea no se lo dice con gesto burlón ni agresivo, aun así está logrando que la mujer se irrite.
Se hace un poco tonta antes de llevarle el refresco, a ver si posponiendo su ida logra escuchar algo mejor que lo que sea que esté diciendo ahora.
A ver si escucha perfectamente los mejores reclamos.
Cuando por fin piensa que ya se ha tardado lo suficiente sin verse muy obvia, se acerca a dejar el refresco.
—¿Y según tú por qué Kenny tiene que hacerse responsable por tu embarazo?
—Porque es el padre de este bebé.
¡Carajo!
Tiene que alejarse justo ahora que se ha puesto tan bueno.
Uri luce inconsecuente, pese a todo, no mucho tiempo después vuelve a llamarle para que traiga la cuenta.
—¿Cómo que la cuenta? —Escucha a la mujer— Si tú y yo tenemos que hablar —Le oye decir a la mujer antes de alejarse.
Mientras le imprimen el cálculo, Traute piensa que después de todo, quizás sí le hirió la noticia y por eso quiere apresurar lo más pronto posible su salida, incluso del nuevo refresco que ha pedido, apenas se habría bebido la mitad.
Cuando le lleva la cuenta. Uri sigue sin alterarse, mientras la mujer parece a punto de perder los estribos.
—Kenny no puede ser el padre —Comenta viendo la cuenta para saber cuánto va a pagar.
—Yo únicamente he estado con él en los últimos meses.
—Pero él se hizo la vasectomía antes de conocerme porque no quería hijos —La mujer por un segundo se tambalea.
—Las vasectomías a veces fallan —Agrega recomponiéndose casi en seguida.
—Pues si insistes se hará una prueba de ADN cuando la criatura nazca, pero ni aunque fuera el padre significará que tenga que dejarme para casarse contigo —Dice Uri, sin agresividad ni nada, como si más bien quisiera aclararle.
—No puedo creerlo... Tú que siempre te decías tan correcto, y no te importa dejar un hijo sin su padre.
—Mira Alma… Si a ti no te importa tener hijos que tus padres terminan criando con cuanto casado te metes, ¿por qué me tendría que importar a mí? —Agrega sacando el dinero para pagar la cuenta.
—No he terminado de hablar.
—Pues yo sí —Dice poniendo algo de dinero en la mesa a modo de propina— No estuve manejando por hora y media porque quisiera venir a escuchar estupideces, sino que quise tener un acto de cortesía antes de exigirte que me dejes en paz… ¿Quieres burlarte? ¿Quieres jactarte de que soy el máximo cornudo nacional? ¿Quieres buscar a mi esposo…? ¡Hazlo! Pero a mí me dejas en paz, no me llames ni a la casa ni a la empresa porque no tenemos nada que hablar. Ni siquiera me busques para insistirme con lo del supuesto hijo porque ni que hubiera sido yo el que se acostó contigo.
Uri se pone de pie pretendiendo alejarse, la mujer le persigue insistiéndole.
La mesera cree que no sabrá nada más como los ve salir del negocio.
Lástima. Con la poca información que obtuvo, cuesta creer que sobrepasaron la hora almorzando juntos en la cantina.
Más tarde, a Traute le encargan que vaya a la pescadería de la vuelta un pedido de camarones.
A veces se los llevan a domicilio, pero como el encargado de la pescadería advirtió que estaban sin personal para la repartición, el dueño anunció que alguien iría a recoger el pedido.
Cuando Traute va por el encargo, todavía no terminaban de empaquetarlo, así que mientras espera ve perfectamente a Uri, aun discutiendo con la amante de su marido.
En realidad es ella quien discute, con ambos de pie es evidente la diferencia de altura, y Uri luce más pequeño, pero no por ello menos imponente.
Es evidente que quiere evadirla, pero Alma se interpone para que no se suba a su vehículo. El carro no es económico, pero tampoco es lo que pensó que él estaría manejando, y si bien no es ostentoso, por lo menos se nota que lo trae muy bien cuidado.
—Mira —Dice Uri— No pienso dejar a mi marido, y menos para que tú te lo quedes.
—No seas ridículo y ten dignidad.
—Piensa lo que quieras, pero ya déjame ir, Alma.
—No hasta que me escuches lo que tengo que decir —Dice jalándolo de la camisa.
Traute, solo por un segundo supone que Uri va a golpearla, a darle un manotazo, o al menos a intentar alejarse.
—Alma —Su voz denota indignación, pero no hace ni por apartarse— Suéltame.
La mujer, todavía se da el lujo de jalonearlo.
Graso error.
A pocos metros detrás de Alma, Traute mira a la chiquilla de rasgos asiáticos que reconoce de la vez que los Ackerman estaban comiendo en la playa. La chicuela ya está más desarrolladita, ya parece que está más adentrada en la adolescencia. Se da cuenta del fuego en su mirada como parece notar lo que está pasando, y a la velocidad de un trueno se acerca para tomar a la mujer por los cabellos.
—Grandísima perra, ¡suelta a mi tío!
Como en escena digna de telenovela, la chiquilla jalonea a la mujer haciendo incluso que se encorve. Uri intenta apartarla sin mucho éxito, -tampoco es que pueda alejarla sin herirla y es obvio que no la quiere lastimar-. De pronto llega un rubio que Traute reconoce como Erwin Smith, él simplemente levanta a la chiquilla enrollándola con un brazo, mientras que con el brazo libre toma con delicadeza las manos de la adolescente para indicarle que suelte a la mujer.
La chicuela le obedece, no sin antes jalonear la cabeza de un lado al otro, con claras intenciones de hacerle el mayor daño posible antes de soltarla.
Alejándose pocos metros el hombre la baja. Y aunque su vista queda hacia Alma, de reojo mira a la adolescente para detenerla en caso de ser necesario.
Traute piensa que las cosas se pondrán muy buenas como ve a Levi Ackerman llegar.
—¿Cómo supiste que estaba acá? —Pregunta Uri al sobrino de Kenny.
—Llamaron a tu casa para avisar que estabas acá con Alma —Responde Levi— Mikasa tomó la llama y fue a avisarnos. Por eso venimos.
—Yo solo quiero hablar con Uri para abrirle los ojos —Dice la mujer mirando al aludido— ¿No sientes vergüenza que los sobrinos de tu esposo vean tu falta de dignidad?
—¡Tú eres la que se mete con casados! —Dice la adolescente— ¡Tú deberías estar avergonzada!
«Esa chiquilla es de cuidado» Piensa Traute
«No solo no tiene miedo de pelear, sino que también sabe insultar»
Alma Lenz luce tan sorprendida que el único en superar su estupefacción es Uri.
—Mikasa —Reprende tomándola del brazo y alejándola— ¿De dónde sacaste esa bocota?
—No la regañes, Uri —Dice Levi, aunque sin quitar los ojos de la mujer— Únicamente ha dicho la verdad. La hemos educado bien.
»Pero tienes razón, Mikasa no debe rebajarse al nivel de esta piruja.
»Ni tú tampoco.
»Vete. Y llévatela contigo.
—¿Cómo crees que te voy a dejar?
—¿Crees que Mikasa tenga que hablar algo con esta mujer?
—Desde luego que no.
—Entonces llévatela. Porque mientras esté aquí no vas a poder evitar que intervenga.
—Tienes razón —Dijo con calma— Vámonos, Mikasa— Indica antes de rodear a Alma como si nada, incluso se mete al carro pero la adolescente no se mueve— Mikasa… Dije que nos vamos —Reitera con más firmeza.
Traute nota que la chiquilla no está conforme, pero tampoco parece que quiera desafiar una orden directa de ese hombre. Así que se sube en el asiento del copiloto.
Cuando se han ido. Levi voltea a ver a la mujer.
—Debieron quedarte claras las cosas cuando te saqué de la empresa —Dijo con frialdad. Alma Lenz por un segundo parece que quiere despotricar pero Levi le gana la palabra— No tengo ni la clase ni la paciencia de Uri, y si tú te le vuelves a acercar, o a llamar, o no te largas en este instante, no respondo de mí.
—Aún no he terminado de hablar.
—Yo no hablo con putas —Dice con evidente desprecio— Te quiero fuera de mi vista en cinco segundos.
—Oye pero…
—Cuatro.
—Pero…
—Tres —Alma Lenz no se mueve de la estupefacción— Dos —Se gira y empieza a correr —Uno —Para entonces ya está dando vuelta en la esquina, como si no le importara su supuesto embarazo.
Desde hace dos minutos a Traute le han entregado su pedido, pero se ha quedado a mirar, y sin duda, ha valido la pena.
La mesera piensa que el que Erwin Smith sea gay es una lástima. O al menos eso piensa mientras lo atiene a él y a su esposo en la cantina.
Llegaron dos minutos después de que ella se reintegrara a su labores, y agradece que aparentemente no la reconozcan como la mirona de la pescadería, porque ha podido escuchar una que otra cosa mientras les lleva cerveza y ceviche, como que aparentemente Levi critica a Uri por haber perdonado tan fácilmente a su tío Kenny.
—Entiendo tu frustración pero al mismo tiempo entiendo a Uri –Dice el rubio— Ha perdonado a tu tío porque lo ama.
—Lo ha perdonado por imbécil… —Es lo último que escucha antes de alejarse luego de recoger los platos del ceviche.
—Entiendo a tu tío —Es lo que dice Erwin cuando Traute les lleva un pescado zarandeado— De estar en su lugar yo estaría actuando como él.
»Querría estar contigo así tuviera que compartirte.
—No seas cursi, Erwin.
El rubio se ríe porque evidentemente bromea, pero al mismo tiempo, mira a Levi con una intensidad que denota que habla en serio.
Querría estar a su lado sin importarle nada.
Pasan los días y Traute no vuelve a ver a ningún miembro de esa familia.
La mesera rememora a Uri.
Le tiene algo de pena porque ama a un hombre que no le es del todo fiel, pero al mismo tiempo piensa que es un lujo que puede darse, porque tiene el dinero para mandarlo al diablo cuando se le plazca. Para conseguirse otro si quisiera.
Es obvio que si lo ama no lo hará. Al mismo tiempo que Kenny, no va a dejarlo por interés –o al menos eso piensa ella-.
Pero Uri puede comprar todo el amor que quiera.
Además a la gente rica no le pasan las mismas cosas que a los pobres.
Qué más da si todo el mundo se burla de su amor de mentiras. Él sigue siendo rico mientras la mayoría vive en la mediocridad.
La gente rica es falsamente feliz.
Pero esa felicidad falsa es mejor a la verdadera infelicidad de los pobres.
La gente rica no sabe de tristezas.
Traute no sabe, ni imagina, que en un hospital de Liberio, Levi Ackerman está mirando a su marido en estado de coma. Viéndolo lleno de cables y todo tipo de aparatos.
Ni sabe que ha recibido una noticia atroz.
—No entiendo —Dice el sobrino de Kenny— ¿Qué es lo que ha querido decir?
—Que su esposo no va a despertar. Lo siento mucho —Dice Grisha Jaeger, que intenta mantener el semblante firme, porque no va a decirle, no va a demostrarle que sabe perfectamente cómo se siente, que semejante escenario le hace rememorar el pasado, donde también vio a su primer amor en la misma situación, sabiendo que nunca más abriría los ojos.
—No es cierto —Dice Levi— Miente… Erwin no puede… —Su voz se apaga porque teme que si continúa comenzará a llorar.
—¿Entonces no hay nada que se pueda hacer? —Pregunta Uri, obligándose a mantenerse firme porque él también quisiera ponerse a llorar junto a Levi.
—Solo queda esperar a que la naturaleza siga su curso —Inicia Grisha— A menos que… —Levi adivina perfectamente lo que va a decir por lo que se adelanta.
—Lárguese… —Se lo dice sin levantar la voz, pero en un claro enfado— No diga más, no se atreva o le juro que al que le haré la eutanasia será a usted.
El médico no insiste. Se va.
Levi no se aparta de Erwin para nada, Uri coordina todo para que los amigos de Erwin entren a despedirse silenciosamente de uno en uno. También les pide no hacerle ningún comentario a su sobrino político porque no está de humor. Hanji –ocultándose para llorar en ratos- se encarga de la empresa lo mejor que puede ahora que ni Levi ni Uri están yendo.
—Erwin… —Uri en algún momento escucha a Levi hablarle a su esposo— Teníamos planes… hablamos de adoptar un hijo en un futuro lejano… Si me escuchas, no me hagas esto.
»No me dejes.
Traute, no tiene ni idea de que como reza el título de la telenovela que ve los sábados en la noche: Los ricos también lloran.
CONTINUARÁ…
Notas:
En la mesa de ramada al lado de Kenny y Uri, están Erwin, Mikasa, Hanji, todo su escuadrón en la serie y la abuelita es una OC.
En los años 80s en la televisión abierta pasaban programas de aerobics, donde mujeres con trajes entalladísimos o muy reveladores hacían ejercicios, y la cámara se enfocaba muuucho en ciertas zonas. Algo que ahora sería un escándalo, pero en ese entonces era normal. Algo muy parecido era cuando el maestro Roshi –DB- se ponía a ver esos programas –pueden buscar videos en youtube-.
Mi hermano me explicó parte de la realidad que difiere mucho de lo que muestro en este fic. Antes del 94 la homosexualidad caía en categoría de enfermedad mental, así que en ese entonces te podías ir con un psiquiatra a ir a recibir terapia y medicamento para "curarte". Y vaya, siendo que donde vivo fue uno de los primeros lugares en México donde se legalizó el matrimonio igualitario, hasta iban los reporteros de periódicos locales a tomar fotos y a entrevistar –antes se tenía que hacer todo un show legal, toda clase de amparos legales, por lo que fácilmente la gente se enteraba que alguien se quería casar, y llegaban los periodistas-. Por eso puse que según se mostraban fotos de la boda de Uri y Kenny. Traté de narrar todo como en las secciones de chismes del espectáculo, espero y se hubiera entendido.
Puse que Levi corría por los huérfanos del SIDA, haciendo un guiño a que no hace mucho, un dibujo suyo de la pluma de Isayama se subastó para esa causa.
Obviamente no es que Uri no esté digamos "sufriendo" por lo que pasó con Kenny, pero públicamente no va a derrumbarse, mucho menos ante Alma.
En este universo existe Historia, como hija de Alma, por eso Uri le dice « Si a ti no te importa tener hijos que tus padres terminan criando con cuanto casado te metes», porque Historia al igual que en el canon, es una hija bastarda que terminó al "cuidado" de sus abuelos maternos.
Piruja es una forma de llamar prostituta, puta, etc.
En este AU Grisha está casado con Carla, era viudo porque Dina quedó con muerte cerebral luego de un accidente de tránsito y por eso se reflejó en Levi.
Publicado el 29 de octubre de 2018.
