SNK no me pertenece, si ese fuera el caso, Sasha se habría quedado con Nicolo para siempre.


LA INTERESADA


Capítulo: Detrás de la puerta…


30 de noviembre.

Ese jueves fue maldito.

Fue el día en el que la infidelidad de Kenny se hizo pública.

Kenny se había reunido desde temprano con unos viejos colegas, y había prometido volver a casa a las diez de la noche.

Sus planes habían cambiado.

En todo el día no había visto televisión, hasta las seis de la tarde en ese pequeño bar, cuando su infidelidad ya era noticia nacional.

Se despidió de sus amigos casi en seguida.

Si la bomba iba a estallar, era mejor que estallara de una vez.

Apenas entrar a la casa, encontró a Mikasa bajando la escalera.

Se dio cuenta de que iba de salida.

La adolescente a su espalda llevaba una mochila, como cuando dormiría fuera de casa.

Kenny estuvo a punto de preguntarle si ella quiso dormir en otro lado, o si Uri le pidió que se fuera, pero antes de que pudiera hablar, la chiquilla se acercó a zancadas y lo abofeteó.

Claro que a Kenny le dolió el golpe, pero más que nada lo paralizó la estupefacción.

¿Qué mierda se creía esa mocosa para pegarle?

—Uri me hizo prometer que no te diría nada, pero de golpes no hablamos.

«Esto no se va a quedar así»

Kenny quiso hacerle daño.

Cuando menos jalarle la oreja o el cabello.

Mikasa se le escabulló con una facilidad que irritó aún más al adulto.

Era bastante pequeña en comparación a su tío. Además de ágil y rápida.

Cuando menos quiso darse cuenta la chicuela ya había llegado a la puerta.

El manotazo que dio intentando jalarla por la mochila había sido en vano. Mikasa corrió ni bien había salido de la casa. Ni siquiera se molestó en intentar cerrar la puerta.

Kenny por un segundo pensó en perseguirla hasta darle alcance.

En tomarla por los cabellos para gritarle hasta dejarla sorda.

No lo hizo.

Si su marido no lo mataba por infiel, definitivamente lo haría por ponerle una mano encima a su sobrina.

Cada vez que Mikasa lo hacía enojar, evitaba pegarle porque recordaba que Uri se había puesto furioso cuando golpeó a Levi por darle una paliza al primogénito de Grisha Jaeger.

—¡Uri pero si lo envió al hospital!

—¡La violencia no justifica más violencia!

Si hasta lo había amenazado con divorciarse si lo volvía a hacer.

No. Era mejor dejar las cosas como estaban.

Cerró la puerta.

Comenzó a caminar para irse a la habitación que compartía con su marido.

Cuando escuchó música en el piso de arriba, hasta giró la vista para verificar si el tocadiscos estaba donde siempre, y así era.

Uri debió haber prendido la radio que llevaba consigo cuando hacía el quehacer por la casa.

La canción estaba a punto de terminar, y efectivamente confirmó que era la radio, como comenzó a escuchar la voz del locutor.

—Y ahora la canción que no han parado de pedir en todo el día.

Tan pronto como inició, Kenny la reconoció, y eso que solo la había escuchado una vez, en ese mismo día, de camino a la casa.

Era la supuesta canción que Uri había escrito. La que hablaba de un esposo infiel.

No tenía ganas de escucharla.

Uri debió haber pensado lo mismo como cambió de estación.

Lo siguiente que se escuchó fue el eslogan de la radiodifusora que ponía música romántica del ayer, antes de que iniciara una melodía que Kenny tardó en identificar, pero que reconoció mientras un recuerdo azotaba su mente.

Kuchel, sonriendo entre la diablura y la complicidad, con su notorio pero no avanzado embarazo.

Me voy… Les he dejado un disco titulado: Música para que mi hermano coja.

La que sonaba era una de las canciones que sonaba de fondo mientras lo hicieron por primera vez.

Su abuelo aún vivía y dormía en el piso de abajo.

Ya estaba en las últimas.

Kuchel y Uri se turnaban para dormir en su cuarto por las noches.

Para acompañarlo por si necesitaba algo, o para que si moría mientras dormía no lo hiciera solo.

Y era obvio que el anciano sospechaba lo que había entre su nieto y "su amigo", pero como nadie se lo habían dicho abiertamente, usaron la música para camuflajear cualquier sonido durante el sexo.

Kenny en un segundo lo recordó todo: Los besos y caricias que le daba a su ahora esposo. Al entonces muchachito que tuvo que desnudar con las manos temblándole de la ansiedad porque era demasiado tímido.

Fue sacado del recuerdo porque Uri cambió la estación.

Quizás lo que menos quería el ex Reiss era escuchar esa canción.

Al final, Kenny no supo exactamente cuánto tiempo pasó. No tenía ningún reloj cerca, ni se había movido de su lugar, pero Uri dejó de cambiar de estación como se topó con una donde había música alegre. Sencillamente en ese momento no debía tolerar escuchar canciones románticas.

Kenny no supo cuántas canciones más se escucharon mientras seguía de pie en el pasillo.

Al final decidió que lo mejor era entrar y enfrentar la situación, antes de que se volviera más difícil.

Cuando entró al cuarto, fue como si el tiempo hubiera avanzado.

Entendió por qué Mikasa lo había golpeado, porque cuando vio a su esposo, también quiso golpearse él.

Uri se veía feliz en la mañana, y ahora tenía el semblante caído.

La música alegre contrataba demasiado con la apariencia de perro apaleado de su marido.

Lucía como si hubiera enfrentado años de penurias.

Tardó varios segundos en devolverle la mirada con esos ojos grises, pero cuando lo hizo, su rostro no se movió. Tampoco lloró.

No se veía triste, sino dolido.

Destrozado.

Más destrozado que dos años atrás, cuando le diagnosticaron la enfermedad que puso en peligro su vida.

Ni siquiera en los peores momentos de su tratamiento lo hicieron sentir tan deshecho como ahora.

Uri, sin cambiar su expresión, estiró el brazo para apagar el radio.

Kenny, viendo esa cara, no pudo hablar.

Uri, en cambio, lo hizo.

Le habló mientras desviaba la mirada. Como si no quisiera verlo, como si Kenny ni a eso tuviera derecho.

—Delante de tus sobrinos tuve que mantenerme digno.

»Justo cuando Mikasa llegó de la escuela, vio la noticia.

»Todavía no me hacía a la idea de que ella me estaba pidiendo explicaciones, cuando llegó Levi.

»Tu sobrino se vino de la empresa en cuanto terminó de pagarle a los trabajadores.

»Les mentí diciéndole que yo te había dado permiso de serme infiel a raíz de mi enfermedad, que no me preguntaran más detalles, que fue un acuerdo entre nosotros, y además Mikasa es muy chica para estar escuchando esas cosas.

»Ninguno me creyó, y si me creyeron no estuvieron de acuerdo.

»Mikasa se encargó de señalarme que si te di consentimiento por mi enfermedad, que eso ya tendría que haber acabado desde que me curé. Además Levi me dijo que si supuestamente te di permiso de tener amoríos, igual debería dejarte por caer tan bajo al involucrarte con Alma Lenz.

»No sé cómo pude mantenerme inmutable delante de ellos.

»Levi me propuso conseguir un cerrajero para cambiar la chapa antes de que volvieras, también quería golpearte, pero le hice prometerme que no lo haría.

»Mikasa se ofreció a sacar tus cosas por la ventana, e incluso dijo que te iba a poner la grita de tu vida, aunque también le hice prometer que no te diría nada.

»Al final tu sobrino se tuvo que ir al cierre contable, y Mikasa se quedó mucho más tiempo conmigo, hasta que me dijo que se iba a dormir fuera porque no te quería ver.

»Y ahora me doy cuenta que no recuerdo si me dijo a donde se iba.

»Y soy tan mal tío, que no tengo ni ganas ni cabeza como para intentar averiguar dónde está.

—Mikasa es una chica lista que sabe elegir lo que le conviene —Por fin habló Kenny— Sabe perfectamente en casa de quienes puede dormir, y con quienes no.

»No tienes que sentirte culpable si no te preocupa donde pueda estar.

—No me siento culpable, solo que reconozco que no me estoy portando como el buen tío que se supone que soy.

»Yo tendría que cuidarla sin importar nada.

»Aunque da igual, lo último que haría Mikasa es causarme un disgusto justo ahora— Hasta este punto no había volteado a verlo, así que cuando Uri decidió girar la cara, tuvo una sensación incómoda al recibir de lleno la mirada de su esposo.

»Sé perfectamente que ella jamás haría algo para herirme —Lo dijo con un claro reproche, aumentando más la incomodidad en Kenny— Incluso aunque los comentarios que me hacía hoy eran hirientes, solo se enfocaba en lo que consideraba que era mejor para mí.

Kenny se había vuelto extraordinariamente cínico.

Se convenció de que no era tan grave si tenía sexo extramarital.

Quizás no era del todo bueno. Pero se convenció de que no era del todo malo.

No planeaba separarse de Uri. No iba a dejar que él se enterara de sus "deslices". Y había minimizado la culpa convirtiéndose en el mejor y más servicial de sus enfermeros: Vació su cómodo de vómito y otros fluidos aún más desagradables, le ayudó a bañarse y le cambió el pañal cuando fue necesario. Y todo lo hizo sin ponerle cara de asco ni de empleado.

Había sido su soporte, así que no tenía que reclamarle si por "distraerse" se había involucrado con otra mujer, porque no le había fallado en ser su enfermero, o al menos eso de eso se había convencido, y ahora la culpa que sentía lo estaba aplastando.

Se sentía culpable.

No de haberse involucrado con otra mujer.

Kenny era tan cínico que pensaba que la falta de sexo –aun sí fue a raíz de una enfermedad- era suficiente justificación para tener una aventura extramarital.

Pero ahora se sentía culpable de ver a Uri así de destrozado.

Además de que le incomodaba su mirada de reproche.

Sabía que la merecía, pero saberlo no le hacía más fácil tolerarla.

¿Qué podía hacer?

¿Había algo que pudiera minimizar el dolor en su marido?

Lo único que se le ocurrió fue decir la verdad.

Alma Lenz no había significado nada.

Solo había sido un cuerpo para desfogarse y nada más.

Incluso podía morirse y a él no podría importarle menos.

—Uri —Fue interrumpido.

—No hables —Dijo tajante.

»No es necesario que digas algo en esta noche.

—Pero… —De nueva cuenta fue interrumpido.

—¿No crees que por hoy ya tuve suficiente?

»Las noticias, tus sobrinos, hasta Rod me llamó para decirme que sentía lástima por mí…

»Dejémoslo así.

A Kenny no le pareció que fuera lo mejor. Pero como no quiso hacerlo enojar, no presionó.

—Como quieras.

—Si quieres cenar te compras algo, yo no te esperaba a esta hora y no estoy de humor para cocinar. De hecho Mikasa dejó hecha la cena suficiente para mí.

—No te preocupes…

»¿Quieres que me vaya a dormir a la habitación de al lado? —Preguntó, solo por si acaso.

—No es necesario… somos esposos, y no importa si las cosas están tensas entre nosotros, siempre dormimos juntos.

Aunque lo que Uri dijo no concordaba con sus acciones.

Kenny lo sintió distante, como si en lugar de tenerlo en la misma casa lo tuviera a kilómetros.

El mayor no cenó. Uri en cambio bajó a cierta hora a calentarse la comida y a cenar acompañado de una copa de vino… incluso bebió más de una botella.

Kenny se calentó un café que ni se bebió con tal de vigilar a su pareja. Se dio cuenta de la cantidad de alcohol que bebió. No estuvo de acuerdo en que se emborrachara pero tampoco le dijo nada.

Cuando lo dormido el sillón, lo cargó de regreso a la habitación.

Y al final, durante horas. Lo vio dormir pese a que Uri mantuvo el mismo gesto de reproche que tenía despierto.

A la mañana siguiente, quizás por la desvelada, Kenny despertó prácticamente a la hora de la comida.

No era que acostumbrara a levantarse temprano, pero normalmente despertaba cuando menos cinco horas antes.

Uri ya no estaba a su lado, y se medio-vistió para ir a buscarlo.

Era primero de diciembre, y no era raro que su esposo para entonces comenzara a poner música navideña, pero dada su tensa situación, supuso que no estaría de humor. Pero para su sorpresa, bajando a la planta baja, comenzó a oír villancicos.

En la sala, Uri estaba como si nada terminando de adornar el árbol navideño acompañado de Erwin, Levi y Mikasa.

El rubio colocó los adornos en la zona alta, Mikasa en la parte media y Uri en la parte baja.

Levi les estuvo acercando las figuritas que colgaban.

Mikasa y Erwin ya se habían desocupado de la escuela –el rubio era maestro de Historia en la secundaria donde Mikasa estudiaba-, y Levi había hecho lo posible para desocuparse temprano para visitar a Uri.

Cuando Kenny recibió la mirada de sus sobrinos, había un claro rencor en la mirada.

—Mi amor —Dijo Uri, como si nada— Espero no te moleste que pusiera el arbolito sin ti.

»Pero ya quería ponerlo y tú seguías dormido.

Normalmente Kenny accedía de mala gana a ayudarle a él y a Mikasa, pero por algún motivo, por esta vez no le hizo gracia que no lo incluyera.

El resto del día fue tenso.

Kenny no sabía qué era peor: si el que sus sobrinos le estuvieran dedicando feas miradas, o el que Uri se estuviera portando más meloso de lo normal, como queriendo decirle al mundo que todo estaba bien entre ellos.

Erwin por su parte también actuaba.

Luchaba por actuar como si nada. En una posición meramente neutral.

El ex Reiss todo el tiempo se mantuvo en su papel de esposo enamorado, pero al entrar a su cuarto para descansar al final del día, se transformó.

Su falsa sonrisa desapareció dando paso a un semblante serio.

Kenny quería que Uri estuviera bien, que no trajera esa cara, que no se estuviera sintiendo como se sentía.

Se le sentó a su lado, planeando decirle lo que iba a decirle la noche anterior, que su aventura no había significado nada, pero antes de que pudiera hablar, Uri le ganó la palabra.

—Te perdono.

—¿Eh? —Tal declaración había descolocado totalmente al mayor.

—Dije que te perdono —Agregó sin emoción.

»Cometiste un error y voy a perdonarte.

Kenny estaba totalmente estupefacto.

—¿Eso es todo…? ¿No vas a gritarme? ¿O a pregúntame por qué lo hice?

—Puedo hacerlo si quieres.

—No —Dijo tajantemente— Aunque… ¿Eso será suficiente? ¿Todo estará bien entre nosotros?

—Quizás aún no lo parece.

»El perdón no es un acto, es un proceso.

»Necesito tiempo para sanar del todo.

»Pero las cosas volverán a ser como antes.

El ex policía asintió aunque dudaba.

—¿Por qué no luces feliz, Kenny? —Preguntó Uri— ¿No querías que te perdonara?

No era eso, sino que se preguntaba si realmente sería así de fácil.

Si un "te perdono" bastaría para que todo volviera a ser como antes.

—¿O es que no querías que te perdonara para mejor alejarte? —A Kenny lo descolocó el tono derrotado de Uri, por lo que en seguida habló.

—Claro que lo quería, es solo que me tomó por sorpresa que me dijeras que sí.

—¿Entonces no planeabas dejarme por Alma?

—¡¿Qué?! —Preguntó estupefacto— Desde luego que no.

Y el bajito apenas se pudo calmar.

4 de diciembre…

—Dije que no, Uri… —Dijo Levi enérgico—Tuviste una crisis nerviosa. Así que te quedas a descansar y me voy a asegurar de eso así me tenga que venir mientras Mikasa está en la escuela.

»No le quiero pienso pedir ayuda a Kenny —Dijo molesto con él.

—Pero estamos en diciembre —Dijo Uri— Las transacciones suben y es el cierre de año.

—¿Y qué…? El diciembre pasado estabas muy débil para trabajar, y todo lo pudimos hacer bien yo y Hanji.

»¿O qué…? ¿No vas a confiar en nosotros?

—Bueno sí.

—Entonces no discutas. Vas a descansar hasta que no te vea mejor.

»Mikasa te va a tomar la presión mañana, tarde y noche. Y si hay algún problema, dejo todo para venirme.

—Su presión está un poco baja —Comentó Mikasa, quitando el esfigmomanómetro del brazo de su tío político.

Habiendo Uri pasando por una enfermedad, Levi, Mikasa, Kenny e incluso Erwin estaban capacitados para tomar signos vitales y demás labores básicas de enfermería. Además de que tenían allí algunos aparatos médicos.

Uri tenía días colgándole llamadas a Alma Lenz, así que no le cayó para nada bien enterarse que ella lo había ido a buscar a la empresa y le estaba haciendo un escándalo delante de sus clientes, proveedores y trabajadores, por lo que terminó llorando histéricamente en el baño, hasta que Levi lo sacó de allí luego de echar a la amante de su tío. Quiso llevarlo con doctor Jaeger para que le diera algún calmante pero Uri se negó, aunque eso no evitó que lo recluyera en la habitación que compartía con Kenny.

La televisión estaba encendida y mostraba justo la escena de Levi sacando a Alma Lenz de la empresa.

—Debiste arrojar a esa piruja al charco de lodo —Dijo la hija de Khaled.

—Mikasa —Llamó Uri— ¿Qué vocabulario es ese?

—Apaga esa mierda —Dijo el hijo de Kuchel a su prima.

—¡Levi! —Exclamó el ex Reiss, con un claro reproche por el epíteto.

—Uri no debería estar viendo esas cosas —Agregó el aludido, ignorando totalmente el reclamo del otro adulto— Trae una película, un tejido, un bordado.

»Lo que sea para que se distraiga en lugar de ver las secciones de chismes.

—Iré por mis palillos para que juguemos.

Y efectivamente, en esa mesa que Uri usó para comer en su cama cuando estaba muy débil, allí Mikasa tiraba los palillos, para por turnos levantar uno a uno de los palillos, sin mover los demás o perderían el turno.

Era un juego tradicional en la nación de su difunta madre, pero por ocurrencia de ellos le agregaron que quien moviera un palillo aparte del que iban a mover, no solo perdía el turno, sino que recibía una pregunta del otro que tenían que responder con sinceridad.

—Fallaste, Mikasa —Dijo Uri, en un rato que Erwin entró a la habitación a dejarles bocadillos— A ver… —Se quedó pensativo— ¿Ya diste tu primer beso?— La adolescente se ruborizó furiosamente al tiempo que enmudecía.

—Descuida, Mikasa —Dijo Erwin— Yo haré como que no escuché nada —Agregó sonriendo con picardía antes de salirse del cuarto.

—Anda, tienes que responder —Dijo Uri, moviendo el palillo para señalarla de forma acusadora y bromista.

—Bueno, tío… En realidad fue un accidente.

»El otro día al querer besar a Eren en la mejilla para despedirme, él se movió en el último segundo, ¡y lo besé en la boca!

»Solo fue un beso rápido pero… ¡Me derretí por dentro!

Uri vio a Mikasa tan ilusionada que sintió ternura, y a la vez miedo.

No quería que su sobrinita sufriera una desilusión.

No quería.

Levi mientras tanto estaba limpiando toda la casa a fondo.

No quería darle motivos a Uri como para que quisiera usarlos de pretextos para levantarse. Así que no iba a irse hasta no haber dejado impecable hasta el último rincón.

Durante el juego de palillos, al principio era fácil, porque las piezas superficiales estaban sueltas, pero llegaba un punto donde se volvía más difícil, y un palillo no se quitaba hasta varios intentos.

Era entones cuando se les ocurrían las preguntas más fuertes.

—Ash —Se quejó la chiquilla por equivocarse.

—Bueno Mikasa… Quiero que me digas porqué traes los ojos con apariencia de haber llorado.

La adolescente tardó unos segundos en responder.

—Tuve una discusión muy fea con Historia…

»Le dije que su mamá era una zorra.

—¡Mikasa!

—Ya sé, tío… Pero es que ve a su madre como la víctima cuando claramente no lo es.

»Se molestó conmigo y dijo que no iba a volver a hablarme nunca.

»¡Pero es que no entiendo por qué la defiende!

—Es su madre, Mikasa.

—Pero Alma nunca la ha querido.

—A veces uno quiere a las personas más de lo que se merecen.

—¿Lo dices por mi tío?

—Sí —El clima de revelaciones hacía que incluso las hicieran cuando no era "su turno".

—Bueno… tú sigues…

Uri intentó mover un solo palillo pero fue en vano, movió otro indirectamente y supo que había fallado.

—Bien, Mikasa… Haz tu pregunta.

—¿Es cierto que le diste permiso a mi tío Kenny de serte infiel por tu enfermedad? —Uri no pudo ocultar la estupefacción que sentía al recibir semejante pregunta— Contesta… Juramos siempre decirnos la verdad si era con los palillos.

—No, Mikasa… No se lo di —Dijo Rindiéndose.

—¿Entonces él te engañó y tú lo perdonaste?

—Errar es de humanos —Fue lo que Levi escuchó que su tío político decía cuando entró a revisar si las cortinas estaban limpias.

—Lo dices como si se hubiera confundido y por error terminó entre las piernas de Alma.

Uri no pudo evitar mostrarse tan herido como se sintió.

—Mikasa —Llamó Levi— Ven al cuarto de lavado… no supe cómo programar la lavadora —En otro momento Uri se habría acordado que no tenía ropa por lavar, pero no tenía cabeza para nada.

La adolescente bien supo que su primo la había sacado para hablar.

—Párale a tus comentarios.

—Tú piensas lo mismo.

—No lo niego. Pienso que no debió perdonar a Kenny, pero Uri hoy tuvo una crisis nerviosa, si le causas otra te tumbaré los dientes a patadas.

No hubo necesidad de más palabras. Cada quien volvió a lo suyo.

Otro error de Uri, y él de manera nerviosa esperó la pregunta de su sobrina.

—¿Entonces sí escribiste esa canción que te atribuyen en todos lados?

—Sí, Mikasa… yo la escribí —Respondió con miedo, esperando un interrogatorio, pero este nunca llegó.

Cuando Kenny llegó, se sorprendió de tener a su sobrino y a Erwin en la casa.

—¿Qué hacen aquí?

—Tu maldita piruja fue a hacer una escenita a la empresa, y Uri terminó con una crisis nerviosa.

—No es mi piruja.

—¿Entonces qué es…? ¿Tu futura esposa?

Kenny sin dudar se acercó, seguramente para golpearlo por el comentario.

Levi ni se inmutó, aunque en medio se les puso Erwin.

—¿Acaso tengo que recordarles que Uri sufrió una crisis nerviosa?

Kenny no dijo más.

Se fue en dirección a su cuarto, y antes de tocar, escuchó la conversación.

—¿Por qué dices que uno puede superar una decepción amorosa, tío?

—Porque tuve otro novio antes que tu tío.

«¡¿QUEEEÉ?!» Kenny casi gritó para sus adentros.

Uri nunca había dicho nada. Y por lo idiota que era para los besos, hasta había asumido que había sido el primero en besarlo.

—¿Y qué pasó con él? —Preguntó Mikasa.

—Teníamos una relación a escondidas, aunque se suponía que acordamos "salir del closet" ante nuestras familias… Yo sí lo hice y por hecho me echaron, pero él se arrepintió y no dijo nada.

—Qué maldito —Dijo la adolescente, sabiendo bien que uno de los momentos más difíciles en la vida de su tío, es cuando decidió confesar su homosexualidad, y se imaginó que enfrentar a la par su primer desilusión, solo debió volverlo aún más doloroso.

—Tomé el dinero que mi padre me daba para desaparecer de su vida, y me subí en el siguiente autobús sin pensar mucho en el rumbo.

»Caí en el barrio más peligroso para ser homosexual, pero allí conocí a tu tío.

»Jamás le dije a Kenny que tuve otro novio.

—¿Por qué no?

—Porque no valía la pena ni siquiera mencionarlo.

Mikasa se quedó pensativa, como preguntándose qué otra cosa debía preguntar.

—¿Alguna vez has vuelto a verlo?

—Sí —Dijo Uri— En la fiesta de compromiso de mi sobrina…

»Me saludó como si nada y yo hice lo mismo. Aunque inmediatamente presenté a tu tío como mi esposo —Kenny en vano intenta recordar algún hombre en especial, pero entre tanto gentío no logra hacerse ni idea de cual pudo haber sido.

—¿Cómo se llamaba? —Preguntó la adolescente.

—Theo Magath.

El oyente intentó recordar ese nombre en alguno de los que saludaba a Uri en esa noche… No lo consiguió.

Para antes de que salga Mikasa del cuarto, Kenny logra alejarse de la puerta.

La adolescente se dirige a la cocina que es donde están Erwin y Levi.

—Uri pregunta si van a quedarse a cenar para pedirles una pizza o algo.

—Dile que no se preocupe, que nosotros ya nos vamos —Respondió el hijo de Kuchel.

—Bueno, igual pediré la pizza para mí y Uri.

—Iré a despedirme de él —Anunció Levi y le hizo la seña a Erwin para que se acercara también.

Luego de despedirse de Uri, y de que Mikasa entrara al cuarto a tomarle la presión en lo que llegaba la pizza, Levi se acercó a su tío.

—Escuché que Mikasa te pegó porque Uri le hizo prometer que no te diría nada —Kenny no respondió. No sabía a lo que quería llegar su sobrino— Yo no iba a darte solo una bofetada, pero ya que Mikasa te hizo lo que yo quería hacerte, es justo que yo haga lo que ella quería.

—¿Entonces vas a gritarme?

—No… Aunque sé que Mikasa únicamente se habría limitado a gritarte cuanto insulto se le ocurriera, pero yo no voy a gritarte, solo te diré que mientras tú engañas a tu marido con alguien tan bajo como Alma Lenz, Uri te engañaría con alguien mejor que tú, y mira que encontrar a alguien mejor que tú no le tomaría mucho esfuerzo, porque existen, y él se lo merece.

El mayor no pudo refutarle nada.

Su sobrina y su esposo comenzaron a ver una nueva película cuando la pizza llegó, pacientemente esperó a que terminara sentado en la sala, y muy para su desgracia, para cuando se asomó al cuarto, Mikasa se había dormido.

—Mocosa —Llamó Kenny, pretendiendo hacer que se levantara, pero Uri no lo dejó.

—Ay, no seas malito… Se ve tan plácidamente dormida que me da sabe qué despertarla.

»Mejor vete a la otra habitación.

Kenny se dio cuenta que solo era un pretexto, que quizás Uri lo culpaba de la escenita que Alma había hecho y le tenía rencor, y por eso no lo quería durmiendo con él.

No dijo nada: Se fue.

9 de diciembre…

Uri ya estaba bien, tanto que incluso se sintió con suficiente fuerza de no colgarle a Alma, y hasta aceptó verse con ella para hablar cara a cara.

De regreso Kenny lo notaba serio hacia él, y no entendía por qué.

No debería culparlo de algo que él mismo eligió hacer.

Para la noche tuvo su respuesta.

—Alma Lenz me dijo que va a tener un hijo tuyo.

—No estarás así porque le creíste, ¿verdad…? Sabes que me hice la vasectomía.

—No es que le hubiera creído que está embarazada, es solo que tengo dudas si usaste o no preservativo para que Alma crea que la podrías embarazar —Kenny palideció— ¿No usaste? —Inquirió molesto, aunque ya fue más una indignada afirmación— Lárgate.

—Uri… —Fue interrumpido.

—Dije que te largues… No te quiero ver la cara.

»Si no ibas a respetarme por lo menos te hubieras cuidado al menos para no arriesgarme. ¿O acaso crees que planeo morirme de SIDA?

—Escucha… —Uri no lo dejó ni hablar.

—No me importa si te largas a la habitación de al lado, a la calle, o con aquella maldita.

»Solo vete.

—No, Uri —Dijo tajante— Tenemos que hablar.

Su interlocutor dio un gruñido frustrado mientras se ponía de pie.

—¿A dónde vas?

—Si no te vas tú me iré a la otra habitación.

—Pero tú dijiste que siempre dormiríamos juntos sin importar si las cosas estaban tensas.

—Síguele, y me voy a la casa de Levi —Kenny entonces entendió que insistir solo lo estaba empeorando.

Lo mejor era dejarlo en paz.

—No es necesario que te vayas… Me iré yo.

Y de mala gana se fue a dormir a la habitación de al lado.

11 de diciembre…

Las cosas con Uri seguían tensas. Kenny dormía demasiado incómodo, despertó muy temprano, incluso antes de que Mikasa se fuera a la secundaria. Hasta la encontró sentada mientras Uri le servía un licuado.

—Mi amor —Saludó Uri sonriendo radiante, como si el distanciamiento de dos días atrás solo fuera una mera ilusión — Parece que pasaste mala noche —Comentó en referencia al semblante cansado— Deja darte un café —Dijo colocando agua caliente en una taza.

—No es necesario, Uri.

—No me lo desprecies, amor —Dijo acercándose a simular que le besaba la mejilla, para hablarle en voz baja— Actúa natural, no quiero que Mikasa sepa, pero quiero que me acompañes al hospital —Se apartó en seguida.

Kenny no dijo nada, fingió una calma que no sentía mientras se preguntaba qué pasaba.

—¿Te has estado sintiendo mal? —Preguntó cuándo Mikasa se fue.

Tuvo miedo de que la enfermedad hubiera vuelto.

—Ya te enterarás… Acompáñame, querido.

Duraron un rato esperando hasta que el doctor Grisha se desocupó. Mientras tanto esperaron en su consultorio.

—Buenos días, señores Ackerman —Saludó el médico— ¿En qué puedo ayudarles?

—Bueno —Inició Uri— Es mejor que vayamos al grano.

»Como usted sabe mi esposo me engañó… —Kenny dio un respingo porque no se había esperado que su marido fuera a decir eso— Nunca usó preservativo y estoy un poco preocupado.

»Así que voy a necesitar que nos haga análisis de todas las enfermedades venéreas posibles.

Estuvieron en eso medio día.

En unos días podrían pasar los resultados, pero el médico bien les dijo que por las dudas, aun si los exámenes de SIDA daban negativo en esta ocasión, tendrían que repetirlos en seis meses.

—Ahora déjame en la iglesia —Pidió Uri— Te veo más al rato.

Kenny estaba molesto, avergonzado, humillado.

Si le iba a decir que lo perdonaba para que eso les viniera causando un problema cada tanto, mejor no debió hacerlo.

Estaba irritado.

Su malhumor no había disminuido cuando Uri volvió a la casa.

—Sé que hoy en el hospital pasamos un momento horrible, Kenny —Dijo el bajito mientras el mayor ni lo volteaba a ver— Te traje un regalito para que veas que no hay rencores.

Kenny no estaba de humor para abrir regalos, pero tampoco quiso discutir.

Rompió la envoltura sin nada de ganas: era una caja de condones.

No pudo disimular la frustración que semejante regalo le dio.

—¿Y esto para qué me lo das?

—Para que los uses en cada relación sexual —Le respondió como si estuviera explicándole a un niño y eso lo irritó más— Ya sea que te metas con una amante, e incluso conmigo en los próximos seis meses.

—¿Qué? —Preguntó indignado.

—Escuchaste al doctor Grisha… todavía tendremos que repetir ciertos exámenes en seis meses. Solo quiero protegerme por si tú ya te infectaste, y no me has pasado nada a mí.

La cara de Kenny reflejó indignación pura.

—Si vas a dudar de mí no debiste decir que me perdonabas.

—Ah, no… Una cosa es que te perdone, y otra es que me vaya a arriesgar.

—Pero acaso era necesario tanta humillación llevándome al doctor sin decirme a qué iba.

—¿Humillación dices…? Humillación es lo que me hiciste tú.

—Si vas a vivir reprochándome ese error entonces no entiendo por qué me perdonaste.

—No es reproche, pero como te digo, no me voy a arriesgar a morir de SIDA.

Kenny se puso tan furioso que se fue antes de quizás terminar agrediéndolo físicamente.

Más tarde renunció a su orgullo.

Uri no le había gritoneado hasta cansarse el día que su infidelidad se volvió noticia pública, y si le estaba tratando así era porque en el fondo lo merecía.

Tendría que ceder.

Se le recostó a un lado mientras lo abrazaba.

Uri tembló con su roce, girándose a hundirse en su pecho casi en seguida.

—No debí llevarte al hospital sin decirte a qué íbamos.

—Ya hombre, los dos actuamos como un par de imbéciles pero es mejor olvidarlo.

—Pero si yo lo hubiera hablado antes de llevarte… —Fue interrumpido.

—Da igual. Ya no le des más vueltas.

Hacía tanto tiempo que no estaban abrazados de esa forma.

¿Cuándo había sido la última vez?

Cuando menos no en estos días, no luego de su fotografía besándose con Alma Lenz.

El mayor probó su suerte y comenzó a besarlo. Uri correspondió y su marido continuó probando hasta donde podía llegar: Profundizó el beso, lo acarició, lo apretó contra sí. Pero cuando comenzó a querer quitarle la ropa, Uri lo detuvo con sus manos.

—Kenny.

»No quiero pelear, pero sigue firme mi petición de que uses preservativo.

—Como quieras —Dijo de mala gana.

Estaba ofendido, pero sabiendo que no tenía opción, estiró la mano para acercarse la caja.


CONTINUARÁ…


Notas:

Quise mostrarles el lado que Traute no vio ni se imagina.

Casi no les quiero perdonar al anime por haber puesto a Uri de cabello castaño, pero no voy a negar que sus ojos grises son hermosos –en el anime me parece que los tenía grises antes de la tonalidad púrpura que le daba el titán primigenio… de hecho detrás de las líneas púrpuras siguen viéndose grises-. Y por eso puse que Uri los tenía grises aquí.

El juego que Uri y Mikasa juegan es como los palillos chinos, pero ni modo de ponerle chinos aquí.


Publicado el 14 de noviembre de 2018